Hola mis amores!

No me maten por favor! ;3;

Con mucho pesar y con mucho esfuerzo os traigo la continuación del capítulo.

Se que no me merezco su perdón... aun a sabiendas que debería de haberlo subido hace ya dos semanas, el tiempo no me ha dado para más. HE estado liada con los trabajos, exámenes y cosplays que he tenido que hacer a lo lardo del mes de Abril... y realmente me pone triste que mi amado fic se haya quedado un poco en segundo plano.

Pero como todos sabreis, yo nunca abandono un fic, aunque no lo parezca, es muy importante.

DAROS LAS GRACIAS A TODOS MIS SEGUIDORES! REVIEWS, FAVS Y FOLLOWS! CADA VEZ SOMOS MÁS! Y LLEGAMOS A LOS 350 REVIEWS! *^* Me siento orgullosa y amada por todos vosotros, gracias! T^T

Y bueno, quería dejaros esta continuación que dará mucho de que hablar... en fin! Espero que sea de su agrado!

Aquí os dejo la continuación:


Capítulo 28: Separación.

Cabalgaban a gran velocidad por las extensiones de bosque que rodeaban la ciudad de Trost. A cada galopada, Eren pensaba. Pensaba en cómo habían llegado a esa situación. Escapando de sus superiores, de la gente que amaba, de todos aquellos a los que consideró amigos. Ni Dylan ni Rivaille le habían comentado nada al respecto. Sólo que su vida, y la de sus hijos, corrían peligro.

Eren miró a su derecha, encontrando la expresión seria de Rivaille mirando al frente. Tenía la corazonada de que estaba pensando en algo, lo intuía. Conocía a Rivaille, había convivido con él… Y sin embargo, cada vez que intentaba acercarse a él para comentarle algo, su garganta se cerraba.

Agachó la cabeza, encontrándose a Rellie entre sus brazos. Estaba agarrado a él por una manta que le recorría el hombro y la espalda, impidiendo cualquier movimiento que le molestase. Se encontraba dormido, como era costumbre a esas horas. Los rallos del sol incidían directamente en las copas de los árboles, dándole la sobra necesaria al camino. Levantó la mirada por un momento, viendo como el sol se escondía cada milésima de segundo ante sus ojos sobre las hojas y ramas de los enormes árboles.

Tenía miedo. Estaba muerto de miedo. Su corazón corría a mil por hora. El solo pensar que sus hijos corrían peligro por las circunstancias que fueran llenaba su cuerpo de inseguridad y pánico. Rellie se removió entre sus brazos. Había entendido por Hanji, que los niños, ya desde el vientre materno, podían asimilar los sentimientos de sus madres, y mucho más fuera de ella.

Intentó relajarse por su bebé, el cual había abierto sus ojitos, mirándolo con esa mirada verdosa que le había enamorado. Le sonrió, como sólo podía hacerle a él y a su hermana. Intentando transmitirle la paz que en realidad debería de transmitir.

Volvió a mirar a Rivaille, el cual había llevado la mano donde portaba un bulto colgado también en una manta alrededor de su cuello y espalda: Edriel. La pequeña había comenzado a gimotear, haciendo que Rivaille llevara su mirada hacia donde la bebé le miraba suplicante. Estaba un tanto incómoda y quería volver con su mami. Pero Rivaille supo como consolarla. Intentó arrullarla desde la posición donde se encontraba.

Y la pequeña dejó de llorar, cerrando los ojitos ante los movimientos de su papá. Y Eren guardó esa expresión de Rivaille por el resto de su vida: Aquella sonrisa que había hecho que su corazón danzara a mil por hora, aquella que solo puedes ser vista cuando eres padre… Y que Rivaille le había dedicado a su hija desde lo más profundo de su corazón.

Dylan miraba la escena un tanto apartado. Él se encargaba de proteger a Eren desde la retaguardia y podía ver todo a su alcance.

Sintió una pequeña punzada en el corazón al ver la escena. Sentía celos. Lo hacía. Había tenido a Eren para él solo, había conseguido apartarlo de Rivaille un tiempo. Pero por lo visto, el destino no quería separar a esos dos. Por mucho que la vieja dijera que Rivaille y Eren no podían acabar juntos, el destino tenía otros planes para ellos. El moreno bajó la mirada un instante, pensando en los acontecimientos vividos.

A parte de comenzar esa efímera relación con Eren, había sido maravillosa. Le amaba… y lo reconocía. Se había enamorado del portador de los genes de titán. Aun conociendo las recomendaciones de la vieja y de las advertencias de Ángela, él había caído en el hechizo del amor.

Volvió a levantar la mirada, intentando olvidar todo aquello. Le dolía, y no podía soportarlo…

-Estamos cerca del muro, en un par de horas llegaremos al final. – comentó, haciendo que Eren y Rivaille se dieran la vuelta un momento, mirándole.

Dylan les aguantó la mirada, intentando ser fuerte. Debía de serlo. Por él, por Ángela… por Eren.

Sintió un pequeño escalofrió, uno tan ínfimo que no pensó que fuera un mal presentimiento. Estaban a escasas dos horas y habían salido con el tiempo justo y pensado, aunque hubiera sido repentino. Ángela estaba dandoles el tiempo que necesitaban antes de que Frederic se diera cuenta.

Pero algo andaba mal. Esa pequeña sensación se había incrementado con el pasar de los minutos, haciendo que ese escalofrío fuera mayor. Y, por inercia, giró la cabeza para verificar lo que podría estar pasando.

Y su tiempo se detuvo unos instantes… No era posible…

::

Ángela se estaba colocando la camisa que hace poco había sido arrancada de su cuerpo por Frederic, el cual se encontraba tumbado en la cama que le había sido asignada por el comandante Erwin.

Lo había hecho. Lo había hecho de nuevo. Pero era la única forma de haberles dado más tiempo tanto a Eren, como a Dylan y Rivaille. Ya lo había hablado con Dylan y era una cosa que sólo ella podía hacer.

Era la distracción, el cebo, el conejito de indias… ella no podía salir fuera de los muros de manera inmediata. Si lo hacía, lo más probable es que nana se diera cuenta y todo el plan habría fracasado de forma inminente.

Frederic la miraba desde la cama, con su mirada penetrante. Se encontraba tumbado bocabajo, con el pelo revuelto y los brazos metidos debajo de la almohada. Había echado de menos los momentos de pasión vividos con la rubia, y no era para menos. Llevaba cosa de 5 meses sin haberla visto. Sonrió de lado y se levantó con pesadez, recorriendo el perímetro de la cama para quedarse delante de ella.

-Hacía mucho tiempo que no teníamos algo parecido… ¿Te ha gustado? – la preguntó acariciándole la mejilla. La chica apartó la cabeza por pura reacción. Hacía mucho tiempo que no estaba con Frederic, y lo sabía. Pero aquella experiencia no la había recordado tan desagradable.

El mayor frunció levemente el ceño y se sentó en la cama, soltando un suspiro. La muchacha se quedó ahí, quieta, sin hacer nada. Aun su camiseta estaba sin abrochar y sus pantalones estaban tirados al otro lado de la habitación.

-Sigues siendo igual de fría que siempre. – el comentario del otro hizo que soltara el aire que había estado acumulando. Ni siquiera se había dado cuenta de en qué momento lo había hecho.

Ángela no comentó, ni siquiera tenía intención de hacerlo. Se sentía vulnerable y sola. Estaba sola en todo eso. Se acurrucó entre las sábanas que sobresalían de la cama, esperando que ellas le dieran la protección que Dylan normalmente le daba.

-¿Te has enterado de la última noticia que corre por toda central? Aunque he de decir que es confidencial, pero las malas lenguas siempre se sueltan. – la voz de su comandante la hizo girar la cabeza, viéndole a través de su flequillo desordenado.

-¿A qué noticias se refiere?

-Annie Leonheard. – sus miradas se encontraron. – Hace poco que se escapó de la prisión subterránea de Trost – comentó demasiado tranquilo ante los ojos de la rubia.

-¿Cómo es que no se me informó sobre eso? – preguntó con cierto toque de molestia en su voz. Ni siquiera Erwin la había dicho nada al respecto. El moreno soltó una risa.

-No era necesario… después de todo, es responsabilidad de los altos mandos del ejército. – Se volvió a levantar, acercándose a la ventana que había enfrente de la muchacha. – Por mucho que se te contara tu no podrías haber hecho nada.

Ángela frunció el ceño, aun enfadada por el comentario. La habían dejado de lado. Antes, ellos la contaban todo. Desde lo más insignificante hasta lo más escondido en los archivos del ejército. Entonces, ¿por qué?...

Frederic sonrió con maldad al ver la expresión de la chica, apoyándose en el marco de la ventana.

-Parece que te enfadaste, Ángela… - la rubia le miró con la mirada filosa. – Pero para contarte cosas hay que tener confianza… y eso es algo que tú has perdido por completo…

-¿A qué se refiere? – preguntó con cierto toque de temor en sus palabras. Aunque intentase esconderlo, estaba muerta de miedo.

-¿De verdad creías que no me iba a dar cuenta? – la sonrisa de Frederic se ensanchó aun más, haciendo que el cuerpo de la más pequeña sintiera un ligero escalofrío recorrerle la espina dorsal – Ahora mismo deben de estar cerca de ellos…

Ángela ensanchó los ojos lo máximo que pudo. No podía ser. Era imposible…

-Has sido una niña mala, Ángela. Y a los niños malos hay que castigarlos… - Fréderic se acercó a su cuerpo.

La rubia estaba aterrada. Ya no quedaba nada de lo que pudo haber sido. Había fallado… les había fallado a los tres. No había nada que pudiera hacer ya. Sintió a Fréderic tumbarla en la cama con brusquedad.

Pensó en su pasado. Estaba pasando lo mismo que experimentó al llegar a las manos de Frederic. Un pánico horrible y desolador. Una lágrima resbaló por su mejilla… y después todo se volvió negro.

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Armin caminaba por el piso bajo de la legión. Algo le decía que las cosas no marchaban bien. A parte del revuelo que se había formado al enterarse de que el comandante del norte había llegado hace apenas unas horas, la ausencia de Eren y de Rivaille le había crispado los pelos a Erwin.

EL rubio no era tonto. Aunque no supiera lo que se cocía a las espaldas del sargento y de su mejor amigo, tenía la corazonada de que corrían un grave peligro. Con ligereza se encaminó hacia las caballerizas, esperando que los caballos de esos dos estuvieran allí, y que ese pequeño miedo interno que tenía se pasase.

Paseó por los pasillos, llegando a la cocina, donde Ymir leía una carta con cierto asombro y miedo en su mirada, pero no reparó en ella. Historia estaba a su lado, impaciente a lo que su amiga y amante leía con tanto miedo.

Cruzó el dintel de la puerta que daba al exterior, cogiendo el camino que dirigía a las caballerizas y empezó a correr. Corrió todo lo que sus piernas le dieron, llegando al lugar en menos de un minuto. No estaba para tonterías y menos sabiendo que su corazón se encontraba en un puño ante esa estúpida sensación.

Entró en el establecimiento, aún con la respiración agitada por haber corrido. Miró el lugar, intentando localizar con la mirada al caballo negro de Rivaille y el marrón de Eren. Pero al no reconocerlos con la mirada, una punzada en el pecho le sobresaltó. Recorrió el enorme lugar, con impaciencia.

-Joder… - llegó a la cuartilla del caballo de Eren, con rapidez y asomó la cabeza. Y al no verlo allí su corazón se aceleró aún más.

No estaba.

Armin se revolvió los cabellos con impaciencia. Esto estaba mal. Muy mal. ¿Qué estaba ocurriendo?

::

-Ymir, tranquilízate. – le había dicho Historia, sujetándola del brazo.

La morena se había levantado de golpe, con intenciones de salir del lugar. Estaba sofocada y con un ataque de nervios enorme. Aquella carta la había asustado, y más sabiendo de quien provenía.

Historia la abrazó por la espalda, haciendo que la morena se tensara por un instante. Aún sabiendo que era Historia la que la abrazaba, seguía rehuyendo el contacto físico. Suspiró con pesadez, intentando relajarse. Se había alterado. Y eso era algo que alguien como ella no se podía permitir.

Cogió las manos de la rubia, haciendo que el abrazo se rompiera.

-Debo ir, Historia. – Habló la morena. Historia la miró sin comprender. – Tengo que ir con ellos. No sé como la carta ha podido llegar a mis manos, pero es su letra. Y debo responder como parte de ellos que soy.

La rubia ensanchó la mirada, entendiendo las palabras de su compañera.

-Pero… Ymir. No puedes. Sabes que estás bajo custodia del ejército ahora. Te han dejado seguir siendo parte de ellos aun a sabiendas de que eres un Titán. No hagas que te manden a la orca, por favor. – La mirada suplicante de la rubia le caló hondo.

Sabía que el ejército la había dado una segunda oportunidad aun sabiendo de su condición. Era un titán, si. Y lo llevaba con mucho orgullo. Pero el deber hacia los suyos era lo primero. Y más sabiendo que sus vidas corrían peligro. Y que ella era el único contacto que poseían en el interior de las murallas.

-Lo siento, Historia. – la acarició las mejillas con las manos. – Pero debo ir. Me necesitan.

-¿Y qué pasa conmigo? ¿Yo no te necesito? – gritó la rubia, encarándola. Ymir la soltó, sorprendida por la actitud de la pequeña. – Eres lo más importante que me queda, Ymir. No puedo dejar que te vayas…

-Ven conmigo. – soltó con voz decidida.

-¿Qué? – respondió sorprendida.

-Historia… ven conmigo.

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Tenía un mal presentimiento. Lo llevaba teniendo desde hace más de dos horas. Y no se le había ocurrido en ningún momento mirar hacia atrás hasta hace apenas unos minutos.

Joder… ¿por qué? ¿Ángela les había delatado? No. Eso era imposible.

Su sargento no era capaz de hacer algo así, y menos a sabiendas de que la vida de Eren correría peligro.

¿Entonces? ¿Cómo era posible que seis soldados de la legión del norte les estuvieran pisando los talones?

Sus caballos corrían lo máximo que daban sus cascos. Dylan miró a Eren. Su mirada denotaba miedo, pero a la vez decisión y coraje. Ese muchacho era capaz de hacer cualquier cosa, y más si sus hijos estaban en peligro.

Después puso su mirada en Rivaille, el cual agarraba con insistencia a Edriel, la cual había comenzado a gimotear en el mismo instante en el que el curso de las cabalgadas había empezado a ser frenético.

Apretó los dientes con fuerza.

-¡Mierda! – gritó al aire, desesperado. Los ojos habían comenzado a escocerle y unas ganas inmensas de dar la vuelta y enfrentarles le habían invadido el cuerpo.

-¡No hagas cosas de las cuales luego puedes arrepentirte, idiota! – La voz del sargento le hizo mirar hacia donde se encontraba.

Rivaille tenía la mirada fijada al frente, pero sabía perfectamente que se estaba dirigiendo a él. Aunque conociera a esos soldados, era muy probable que acabara insertado en uno de sus sables antes que poder hablar con ellos. Los conocía. Todos los soldados del norte eran crueles por naturaleza.

Chascó la lengua y miró a Eren, el cual estaba delante suya. No podía mirarle la cara, pero su espalda estaba tan rígida que podría romperse de un solo golpe. Si al menos pudiera hacer algo por protegerle…

En ese mismo instante, Rivaille se acercó a él, entregándole el bulto que poseía en brazos. Aun con la marcha de los caballos, Dylan había conseguido acomodar a Edriel en sus brazos, mirándole con extrañeza y sorpresa. Rivaille le había entregado su máximo tesoro. Su hija.

-Sargento, que… - pero cuando iba a reclamarle el por qué de esa acción, Rivaiile detuvo su caballo, bajo la atenta mirada del moreno.

Al oír el relinchar de un caballo, Eren se dio la vuelta, haciendo que su corazón diera un brinco al ver a Rivaille unos metros alejado de él, completamente parado.

-¡Rivaille! – Hizo que su caballo cambiara de rumbo, quedando parado a escasos 10 metros del sargento - ¿Qué haces, Rivaille? ¿Por qué te detienes? – preguntó, con la voz temblorosa.

Rivaille ignoró los comentarios de Eren. Lo que él había estado pensando desde el momento que había sido avisado por Dylan que los soldados del norte les perseguían, había sido la manera de darle tiempo a Eren para que saliera de los muros y estar a salvo. Había estado dándole vueltas al asunto durante mucho tiempo, intentando encontrar la solución a ese pequeño bache que se habían encontrado. Y la única forma razonable que se le había ocurrido era esta…

-Voy a enfrentarme a ellos. Así tendréis tiempo de sobra para poder llegar a los muros y poder atravesarlo. No sé cuanto tiempo podré hacerlo pero, es mejor que nada. – había hablado tan deprisa que Eren tuvo que parpadear más de una vez para asimilar la información.

Pero se habían quedado parados, los tres, en medio de ese camino de tierra.

-¿Es que no me habéis oído? – frunció el ceño. - ¡VAMOS! Iros de una vez. Esos idiotas no tardarán en llegar. No perdáis el tiempo.

-Pero… - Eren le miró suplicante - ¿Se está escuchando? ¡No pienso dejarle aquí tirado! – La voz de Eren revotó entre los árboles, llegando a sus odios de forma dolorosa.

-No es lo que crees, Eren. Lo hago para que puedas escapar y proteger a los niños, ¿No lo entiendes? – la voz de Rivaille había sonado estricta y seca, como siempre.

-No pienso dejarlo aquí, de ninguna manera. Juré protegerlo. A usted y a los niños. – bajó la mirada, con la voz temblorosa. – ¡No puedo perderlo!

-¡Deja de ser tan egoísta por una vez en tu vida y piensa en tus hijos por una vez! ¡Ellos son los que deberían de importarte en estos momentos, no yo! – Eren le miró sorprendido. Era una de las pocas veces que Rivaille le había alzado la voz de esa manera.

Eren se quedó sin habla, mirándole. Era cierto. Sus hijos eran lo primero. Pero… Rivaille era su vida, sin él, no podría estar completo. No serían una familia.

-¡Reacciona, Eren! – Levantó la mirada, encontrándose con la de Rivaille - ¡Ellos son tu prioridad! Ahora… ¡Vete!

-¡Pero…!

-¡VETE! – Una lágrima salió de los ojos de Eren, recorriéndole la mejilla derecha. No quería separarse de Rivaille… no otra vez.

El sonido de unos cascos aproximándose le sacó de su ensoñación. A lo lejos pudo verlos, acercándose con rapidez.

-¡Eren! – el grito de Dylan le trajo a la realidad, haciendo que su caballo comenzara a correr. Miró por última vez a Rivaille, el cual le miraba con la mirada afligida. Con dolor.

-"Te quiero" – pudo leer en sus labios. Cerró los ojos, dejando que más lágrimas salieran de sus ojos.

-Yo también le quiero… - sollozó, mientras su caballo cabalgaba con rapidez, dejando atrás a Rivaille.

El sargento sonrió de lado, observando cómo Eren desaparecía de su campo de visión.

-¡Ahí están! – el grito de uno de los soldados del norte le dio la señal a Rivaille de que estaba cerca. Posicionó sus manos en los mangos de las cuchillas.

Todo, lo hacía por él, por sus hijos… por protegerlos.


Buaaaaaaahhh!

No he tenido tiempo para nada más!

El cap deja mucho que desear, ya que es un poco como... no se... dejémoslo ahí .-.

Rivaille! Vas a dar tu vida? Enserio? Que va a pasar con él...

Dylan y Eren continuan los dos hacia la frontera del muro pero... qué les esperará allí?

ummm ummm... Dónde está Mikasa que no aparece en ninguno de los nuevos caps de la historia?

Quién le escribió la carta a Ymir?

Muahahaha todo se sabrá en los próximos caps mis amores!

En fin, os voy dejando, que tengo que seguir con mi tarea ;3;

OS amo y como siempre...

UN LINDO REVIEW?

Nos leemos en la siguiente actualización! 3