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FRIEND ZONE.
XXVIII: Fiesta de grado (II)
Palabras: 2.595.
Hinata había estado un mes entero, todo un mes, incluso pudo haber sido más tiempo, mentalizándose, construyendo muros, encontrando determinación; había estado preparándose para ser indiferente ante cierto rubio, para erradicar las estúpidas mariposas que le raspaban el estómago cada vez que estaba cerca… para disimularlas al menos.
Se había distraído. Cada día en el colegio con Kiba, Ino y Temari, cada domingo con Itachi y, en contadas ocasiones, con Sasuke.
Ella había puesto empeño, no podía dejar de quererlo instantáneamente, pero el mantenerse alejada había servido para calmar su interior. Lo extrañaba, a Naruto, su amigo… pero Kiba hacía un excelente trabajo para desviar sus pensamientos e Itachi había aparecido de manera maravillosa para hacerla sonreír con su presencia nueva y refrescante. Los domingos se convirtieron, sin que se diera cuenta, en su día de relajación; caminaba con el muchacho Uchiha –a veces con su hermano menor también-, escuchaba una de sus interesantes historias, reían y luego Itachi se mostraba atento a cualquiera de sus palabras, comían un helado, una paleta o un raspado y frecuentemente andaban en bicicleta, uno al lado del otro. A Hinata le encantaba sentir el viento en la cara mientras pedaleaba, oír el sonido del agua que se movía suavemente en el río a tan sólo unos metros de la calzada, ver los cabellos negros del muchacho balanceándose con la brisa, en combinación con los ojos de carbón luciendo concentrados ante cada pedaleo cuando la carretera se inclinaba más había arriba. En esos momentos todo lo demás pasaba a segundo plano, sólo cerraba los ojos y disfrutaba… El mundo era tan bello. No había nada malo. Itachi se convirtió rápidamente en un amigo cercano; era confiable, amable, interesante, serio, inteligente, era bueno escuchando y también muy divertido. La hacía reír y, al tiempo, le generaba confianza y paz.
Pero cuando Naruto hubo susurrado una felicitación en su oído toda la calma, pasividad y armonía que con tanto esfuerzo y ayuda había construido durante el mes desapareció. Para completar, su madre había estado comportándose tan típicamente como una… madre, que quiso morir ahí mismo.
Afortunadamente Kiba había llegado con un grito exagerado de "¡que posen con Kiba!", salvándole de paso el trasero. Hubo un momento en que llegó a sentir que, ahora que el trío estaba de vuelta, podían regresar a ser Los Tres Chiflados, pero luego, cuando Kiba la arrastró consigo a otro lugar, supo que eso no era posible.
Kiba la salvó nuevamente de sí misma y de su estúpida debilidad.
Luego se sentaron juntos con la mirada fija en la enorme proyección del muro; era un video de cada uno de los momentos grupales. A Hinata le gustó. A Kiba no tanto. —¿En serio tenían que grabarme mientras me sacaba ese moco? Maldición, eso era un momento íntimo…
El coordinador Ibiki abrió la pista de baile.
Ella le acarició suavemente la espalda con una palmadita. —Seguro nadie lo notó, Kiba-kun…
—¿Tú crees?
—Claro —esbozó una sonrisa alentadora—, nadie se fija en esas cosas.
Pero pronto Hinata descubriría que la gente es más detallista de lo que se piensa. Bueno, la gente como Ino. —Ey, Kiba —la rubia despampanante sonrió coqueta, sacudiendo suavemente el hombro de su amigo como eliminando alguna pelusa inexistente—, te ves bastante guapo con esmoquin, ¿sabes? —Hinata no se había fijado, pero era verdad: lucía extremadamente bien con su traje de etiqueta.
Kiba sonrió sugestivo, alzando una ceja. —¿Ah? ¿Intentas flirtear conmigo, rubia?
Los labios de Ino se estiraron un poco más, sus demenciales ojos azules brillando con malicia, meciendo su largo cabello rubio extrañamente suelto y sedoso antes de hablar: —Lo siento, pero los chicos que se hurgan la nariz no son mi tipo, Kiba.
Hinata sintió un peso en el estómago (¡pobre Kiba!), Ino no debía ser tan cruel… Aunque habría sido demasiado optimista el pensar que la rubia se quedaría callada ante una oportunidad brillante de burla. Miró preocupada a su amigo, sus ojos afilados se abrieron con sorpresa por un segundo, pero sólo fue uno, después soltó una carcajada y una sonrisa gigante se estampó en su rostro. —Habla la que se come los mocos en clase —la cara de Ino se volvió un poema, abrió la boca para protestar, pero Kiba apresó su codo, arrastrándola con él—. Oh, cállate y vamos a bailar, Ino.
Y con las luces bajas como lo estaban, con la música vibrando en el aire, mientras se alejaban de ella, Hinata pudo jurar que un sonrojo adornaba las mejillas de la muchacha. —¡S-sólo porque me gusta esa canción!
—Sí, sí, como digas.
Una gran alegría por su amigo la invadió. Él se merecía lo mejor, lo mejor del mundo… y si quería a Ino, entonces había que suponer que la rubia era el concepto de "lo mejor del mundo" en su diccionario. Sí, ella era buena para él. Y aunque se sentía aliviada, hasta contenta por él, no pudo evitar (aunque trató con gran fuerza) el sentirse absolutamente celosa. No, Hinata, eso es egoísta, ¡basta! Kiba-kun es bueno, Kiba-kun se lo merece…
Pero si él y Ino estaban juntos… ella estaría sola. Kiba la querría más a ella, ese era el pensamiento que la aquejaba. Tenía la vista fija al frente, en el lugar donde los había visto desaparecer entre las personas, cuando una voz recientemente familiar la hizo sonreír. —¿La cumpleañera está sola? —¡y, oh, sabiduría detrás de esas palabras!
Dio la vuelta y sus ojos se iluminaron en alegría. —¡Itachi-san!
Y aunque alzó la voz para que la oyera (gracias a la música), Itachi se inclinó hacia ella antes de sonreírle de manera sobria. —Feliz cumpleaños, Hinata-chan —dijo, con una sonrisa pequeña—, y felicidades también por tu graduación.
Las mejillas de Hinata se sintieron calientes. El rostro del muchacho estaba cerca, sus ojos oscuros brillaban fijos en ella. —G-gracias… —balbuceó con torpeza, desviando la mirada a un lado tímidamente. Aunque había pasado mucho tiempo con Itachi, aún no podía dejar se sentirse intimidada con su presencia. No ayudaba mucho que él fuera tan guapo y que siempre la mirara a los ojos. "Me gustan" le había confesado tranquilamente una vez ", son como perlas y a veces me parece que son transparentes… Tan diferentes a los míos. Puedo ver todo lo que piensas tan sólo mirándote a los ojos, Hinata-chan" y ella se había sonrojado furiosamente aquella vez, pensando que, aunque los ojos de Itachi eran oscuros y diametralmente opuestos a los suyos, también demostraban mucho. A ella también le gustaban sus ojos.
Una sensación cálida pullo su mejilla derecha, en el lugar donde Itachi posó los labios. Trastabilló un poco y pudo jurar que su rostro era de un color fosforescente. Esperaba que con las luces bajas como lo estaban Itachi no notara su sonrojo. Ella lo miró sorprendida, pero Itachi era el hombre de las mil sorpresas. En menos de un segundo tenía una cajita roja entre los dedos. —Es tu regalo… —él susurró—, no es nada espectacular, pero… espero que te guste.
Pero sí era algo espectacular.
—Itachi-san… yo… —lo miró extasiada, sorprendida, anonadada. ¿Por qué él le daba un regalo tan bello como ese? Un anillo pequeño, adornado con una piedrilla en el centro… y Hinata sabía lo suficiente para entender que no era barato—es…
Él la interrumpió, notablemente aliviado al ver que le había gustado. —Tiene tu nombre en la parte de atrás… Bueno, en lo oscuro no lo puedes ver, pero bajo la luz-
—Te creo, Itachi-san —Hinata lo miró suavemente—, pero… me siento mal al recibirlo. Debió costarte mucho…
—No es para tanto —Itachi le arrebató el anillo y él mismo lo acomodó en su dedo anular. Hinata se sonrojó cuando los ojos negros la miraron nuevamente—, tenía que darte algo bonito, Hinata-chan.
Una sonrisa suave se abrió paso en sus labios y, en un puro momento de adrenalina, de locura, le rodeó en un abrazo. Itachi abrió los ojos con sorpresa. —¿N-nueve de junio, verdad? No olvidaré ese día… —ella dijo y él sólo pudo reír.
Ella definitivamente no olvidaría el día en que Itachi Uchiha había nacido. Debía recompensarlo.
Él pensó que no necesitaba más recompensa que ese abrazo, así que la acercó un poco más, presionando su espalda desnuda. Hinata tembló ligeramente. —¿Sería mucho pedir que bailaras conmigo, Hinata-chan…? —pidió con suavidad.
Hinata ya estaba un poco mareada en el aroma acido de hombre que Itachi desprendía. —S-ería un placer, Itachi-san —, pero ni en los momentos más críticos Hinata Hyüga olvidaba su educación.
Cuando la mano del muchacho Uchiha encerró suavemente la propia, guiándola hacía la pista, un martilleo en el pecho la sobresaltó. Apenas llegaron él le hizo dar un gracioso giro, besó el dorso de su mano y la atrajo de la cintura con su mano derecha, la izquierda le sirvió para apresar su derecha y Hinata, haciendo uso de sus muchas clases (gracias a su madre) posó su mano izquierda en el hombro derecho de él.
Algo era claro: Uchiha Itachi era un caballero.
—Te conté antes que me encanta el baile, ¿cierto, Hinata-chan? —él mencionó con una sonrisa satisfecha.
Empezaban a moverse y sus movimientos, los de Itachi, eran precisos y elegantes. La guió suavemente y ella se sintió afortunada porque sus rodillas no se doblaron. —N-no lo hago muy bien con tacones… —se disculpó tímidamente.
—No sé de qué hablas, lo haces estupendo —un nuevo giro. Él la soltó y Hinata trastabilló irremediablemente.
—¡I-Itachi! —chilló, los ojos lavanda se abrieron por completo llenos de miedo. Ya se sentía en el suelo, cuando una mano grande la sostuvo fuertemente por su espalda. Cerró los ojos. Su cabello ondeaba en el aire y su trasero no sufrió daño alguno. Unos brazos la rodeaban, la sostenían… sus propios brazos se habían estirado frenéticamente y ahora rodeaban el cuello de alguien, el cuello de Itachi. Una risa ronca llegó a sus oidos, un sonrojo salvaje a sus mejillas… Sus ojos se abrieron.
—Me llamaste Itachi —él murmuró suavemente, estaba tan cerca que podía sentir su aliento.
—L-lo siento… —pudo morir de la vergüenza ahí mismo. Su cara seguramente era un poema. Él se había inclinado para sostenerla, ella aún no podía estar de pie por sí misma y, aunque su primer instinto fue soltar su agarre en el cuello masculino, no era tan tonta para soltarlo. Se aferró un poco más.
Itachi no dejaba de verla. —Me gusta.
Su sonrojo no podía ser mayor, seguro.
Él pronto la ayudó a enderezarse, volvieron a la posición normal, pero ninguno de los dos cambió la posición de sus manos. La música se volvió un poco más lenta, era una balada romántica… y Hinata se sintió débil. Su corazón empezó a latir lento y rápido al tiempo… la amabilidad de ese hombre empezaba a conquistarla.
—No te había dicho que luces hermosa, Hinata-chan —el murmullo tierno se mezclaba con la suave melodía, pero se hizo perfectamente audible—, bueno, debo decir que te ves particularmente hermosa la noche de hoy, porque la verdad es que siempre luces hermosa… —e Itachi se notaba un poco nervioso. Ella le dedicó una cálida sonrisa, tan cálida como sus mejillas. El color rojo subió a su rostro.
—Tú t-también estás muy g-guapo, Itachi-san —dijo, recostándose en su hombro derecho. Un olor delicioso le llegó desde su cuello. Lo olfateó disimuladamente (era un extraño hábito, pero parecía que se quedaría con ella eternamente), y pensó en cómo describir el aroma de Itachi: como la maracuyá. Sí, justo como esa fruta—, bueno, debo decir que te ves particularmente guapo la noche de hoy, porque la verdad es que siempre luces guapo…
La risa de Itachi vibró entre ellos. —Siempre eres tan divertida.
Hinata sonrió ante el cumplido y cerró nuevamente los ojos para casi saborear la música, recostada en el cómodo hombro, con la quijada de Itachi acariciando su frente. Hinata sonrió siendo totalmente inocente de los filosos ojos azules que los observaban minuciosamente, cuyo propietario ardía intensamente en silencio, sentado en una silla, con un vaso de whiskey en la mano… Ella sonrió sin ser consciente del muchacho rubio que se repetía una y otra y otra vez: "ella es mía" y "diablos, tengo que aprender a bailar´ttebayó".
Hiashi Hyüga entrecerró los ojos para enfocar mejor la visión hacia la pista de baile antes de hablar. —¿Con quién está Hinata? —preguntó con voz áspera—Ese no es ni Naruto ni Kiba.
Los veintiséis pares de blancos ojos Hyüga restantes repartidos alrededor de la mesa siguieron la misma dirección, donde la adolescente mencionada bailaba una tonada romántica con otro muchacho. Los murmullos no se hicieron esperar; "¿Hinata-chan tiene novio?", "no le veo bien la cara", "no, pero parece muy guapo", "Hinata está muy joven para tener novio. Hiashi, ¿no le habías dado permiso hasta los dieciocho?", "jujú, mi primita se rebeló", pero el primero en proferir un comentario interesante para Hiashi Hyüga fue su sobrino: —Es Uchiha Itachi.
¡Un Uchiha! De nuevo los susurros insoportables llegaron a sus oídos, pero rápidamente los ignoró y se giró hacia el muchacho: —Dime todo lo que sepas, Neji.
Neji asintió, cual hombre fiel, dispuesto a recitar: —Itachi Uchiha, primogénito de Fugaku Uchiha y Mikoto Uchiha. Finalizó quinto semestre de Derecho en la Universidad Privada de Konoha, es un alumno destacado, querido por la mayoría de los maestros. Cumpleaños: nueve de junio, edad: diecinueve, fruta preferida: la pera, pasatiempo: leer y, según la población femenina de la universidad, es el soltero más codiciado.
Hiashi asintió complacido. Hanabi se dijo que Neji era un maldito genio. —¿Cómo diablos sabes todo eso, primo Neji?
Los ojos serios de su primo brillaron con autosuficiencia: —Sólo lo sé —Neji cerró los ojos—, además me disputé el puesto con él… claro, antes de que apareciera Tenten.
—¿El de soltero más codiciado? —Hanabi alzó una ceja, luciendo escéptica, pero se privó de hacer comentarios.
Hiashi, quien había estado intentando atar cabos en su cabeza, volvió a hablar: —¿Y cómo llega él a relacionarse con Hinata?
Neji trastabilló, obviamente desconociendo la respuesta. —Bueno… —carraspeó—Olvidé mencionar que su hermano pequeño, Uchiha Sasuke, es compañero de Hinata-sama desde hace mucho. Quizá se hayan conocido por medio de él.
Hiashi asintió, nuevamente complacido por la útil respuesta de su sobrino. Ese chico iba a llegar lejos como abogado.
Hanabi rodó los ojos. —La ciclovía.
—¿Qué? —Hiashi se fijó en su hija menor.
—Lo conocimos en la ciclovía, Hinata se tropezó con él y luego descubrió que era hermano de Sasuke-san —explicó calmadamente—. Eso es todo.
—Oh… —la madre, quien había decidido quedarse al margen de la conversación, intervino por primera vez con el brillo del entendimiento extendiéndose en su rostro—ya veo. Por eso Hinata-chan insistía tanto en ir los domingos…
—Hanabi —Hiashi Hyüga habló con voz dura, pero Hanabi no se sobresaltó, tan sólo lo miró con parsimonia. Ella ya estaba acostumbrada a estas cosas—. ¿Qué relación llevan exactamente esos dos?
—Una de amistad, padre —respondió, para luego pensárselo un poco—, aunque, si me permite opinar, yo diría que a Itachi le gusta mi hermana.
Hiashi asintió, decidiendo que mantendría vigilado a ese muchacho. La señora Hyüga sonrió con ternura hacia la parejita que aún bailaba y Neji sólo podía pensar en la forma de castrar a quien pretendía el corazón de su prima. Si Neji hubiera mirado a la mesa de al lado, a la Uzumaki, descubriría otro sujeto al que querría castrar. Pero no lo hizo.
Por ahora sólo se consideraba peligroso a Itachi Uchiha.
Decidí que sería divertido mostrar cómo ha ido la noche para Hinata hasta el momento. ¿Qué les pareció? Espero también haber aclarado la relación que llevan Itachi y Hinata.; No están juntos, son amigos, pero a ella lentamente la va conquistando el encanto Uchiha (¿Y quién podría culparla?) :D Me encanta escribir de la familia Hyüga, me inspiro bastante en la mía... que es una sola locura.
Gracias por sus comentarios, los aprecio a todos. Cada uno es importante para mí. Y, les parecerá mentira, pero muchas veces me surgen muchas ideas sobre las cosas que me dicen en ellos.
Nuevamente me despido. :*
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