El vehículo empezó a desplazarse con Adrien en su interior. El cual mantenía los ojos cerrados y la cabeza apoyaba en el respaldo del asiento.

La pequeña conversación con la familia Dupain había sido suficiente para descolocarlo. El abrazo fraternal de Sabine, el efusivo ánimo de Tom y las palabras cariñosas habían provocado que su pecho saltará de alegría y al mismo tiempo un nudo se formará en su garganta.

Su familia había sido así tiempo atrás; con su madre siempre cuidándolo, su padre motivándolo con una sonrisa y miles de palabras de afecto que significaban todo.

Extrañaba mucho aquellos días que sabía perfectamente que no volverían y que ahora solo vivían en su menoria. Pero no era momento de pensar en eso.

Llegó a casa sin mayor inconveniente, agradeciendo a su guardaespaldas por el viaje y deseando con todas sus fuerzas que su padre no fuera muy estricto con el castigo que se avecinaba en su apretada agenda.

Agradeció que la botella de alcohol estuviera escondida... a menos que su padre decidiera rebuscar en su habitación dado el extraño escenario en el que lo había encontrado.

Por favor, que no encontrará la botella.

—Hola Natalie, ¿Mi padre está ocupado?

Preguntó a la asistente que esperaba en la recepción de la casa, deseaba encontrar algo en el rostro femenino que lo ayudará a afrontar lo que de avecinaba, sin éxito. La vio sorprenderse ligeramente cuando volteó a verlo para después acomodar correctamente sus anteojos que se habían movido ligeramente de su posición original, pero nada más.

—Te está esperando en su despacho Adrien —La mirada serena de la mujer lo incómodo, obligándolo a apresurar el encuentro con su padre para alejarse de aquella incomoda situación.

Caminó hasta la oficina de su padre y dio un par de golpes firmes contra la puerta de madera anunciando su presencia, intentando con todas sus fuerzas mantener la calma e ignorar su pulso acelerado.

—Adelante —La voz autoritaria de Gabriel provocó que abriera la puerta, extrañando al rubio con la imagen que se encontró.

Su padre estaba dándole la espalda, parado junto a la ventana que daba al patio trasero en vez de su habitual lugar frente al escritorio. Sin saber muy bien qué hacer esperó a que le volviera a dirigir la palabra, no planeaba interrumpirlo cuando seguramente estaba pensando en algo.

Esperó a que preguntará por Marinette, que cuestionará sus actividades del día anterior ó por qué le había parecido buena idea invitarla sin supervisión alguna.

Y la verdad es que no creía tener respuestas aceptables para ninguna de esas preguntas.

—Sé que hoy tenías la tarde libre, pero necesito que te alistes. Tendrás una pequeña conferencia y una breve sesión de fotos para mostrar los rostros que representarán la empresa esta temporada.

Adrien se extrañó ante aquella petición que normalmente le hubiera llegado por labios de Natalie, pero no se atrevió a cuestionarlo.

—Ahora mismo padre, ¿A qué hora es el evento?

—A la una. Te necesito en la limusina a las doce y media. Puedes retirarte.

Adrien se dirigió a su habitación sin cuestionar nada más, midiendo sus pasos con el fin de no parecer demasiado ansioso, intentando no pensar en la sensación de ser observado por su padre a pesar de la puerta de madera que los separaba. Debía dejar de leer libros con mundos distópicos, el gran hermano ya estaba tatuado en su cabeza.

Tomó la botella que había escondido tan bien como le había sido posible, agradeciendo que pareciera no haber sido movida en su ausencia.

—¿Crees qué mi padre la encontrará? —Cuestionó al gato negro que había salido de su escondite.

—De ser así no la hubiera dejado donde la encontró chico.

—Será mejor deshacernos de esto.

Aprovechó el momento para invocar su transformación y desechar la botella en un contenedor de basura público. No estaba dispuesto a probar su suerte manteniéndola escondida por más tiempo.

Más tranquilo se dirigió al evento, aunque hay había ciertas cosas que le estaban poniendo los nervios de punta.

Por ejemplo, intentó no pensar en las cosas que podrían salir mal en la conferencia junto a Emilie. Confiaba en que la chica no realizaría ningún comentario de mal gusto en la entrevista, después de todo, algo cómo eso le costaría el trabajo en la empresa de su padre.

O que Chloé podría aparecer y afianzarse a su brazo, provocando un momento incómodo entre ella y la azabache, su padre debía dejar de hacer sus eventos en el hotel Bourgeois.

Debía agradecer que el evento parecía no estar preparada con suficiente antelación, pues no podía ver a su amiga de la infancia por ningún lado. Cuando se giró nuevamente se encontró con la mirada azul de Emilie, que en ese momento iba cruzando el estético vestíbulo del hotel hasta su dirección.

—Hola Adrien querido, ¿me has extraño tanto como yo a ti? ¡Eh estado tan ocupada! Pero no te preocupes, hoy estoy libre para que me lleves a algún lado. ¿Qué tal a ese bonito restaurante de la Torre Eiffel? ¡Podríamos ver toda París desde ahí!

Adrien se mantuvo sereno, con las manos escondidas en los bolsillos. O al menos asi fue hasta que la azabache intentó colgarse de su cuello.

—Pensé que te lo habia dejado en claro Emilie —decía tras dar un par de pasos para atrás, descolocando a la chica que se había quedado con los brazos estirados a su dirección.

Ella lo observó con una ceja alzada, hasta que lo recordó.

—Oh Adrien, no te preocupes por eso. Entiendo si te sentiste presionado, pero no pasa nada —se inclinó ligeramente hacía él con las manos escondidas en la espalda —estoy dispuesta a darte otra oportunidad —concluyó con un coqueto guiño.

Intentó no bufar en ese momento, si bien se encontraban relativamente solo no podía darse el lujo de ser tan tajante como le gustaría.

—Te lo diré una última vez Emilie, no me interesa verte más de lo estrictamente profesional. Con permiso.

Sin decir más Adrien se dirigió hasta Natalie, que estaba pasando por ahí con otros empleados, terminando de pulir los últimos detalles del precipitado evento. Dejando a Emilie sola, que no volvió a dirigirle la palabra en todo el evento, seguramente dada su indignación.

Estaba seguro de que todo se había acabado por ese día cuando se dirigía nuevamente a su habitación, tuvo que poner su mano sobre el bolsillo de su chaqueta pata que Plagg no saliera en ese momento, ante la mirada penetrante de su padre.

—Padre, ¿qué haces aquí?

—¿Creías que dejaría el asunto de la mañana zanjado sin un tipo de explicación? —El comentario de su padre había sonado ligeramente divertido, en contraposición a su semblante serio.

Lo observó palmear el lugar a su lado, provocando que se acercará mecánicamente hasta su padre, sentándose a su lado.

¿Cuándo había sido la última vez que habían estado tan juntos?

El día de Simón dice, aunque él no lo sabe. Se obligó a recordar.

—¿Qué quieres saber? —Se obligó a preguntar al no saber qué debía decir en ese momento.

—¿Quién es ella Adrien?

—Su nombre es Marinette, es una amiga de la escuela.

—¿Y que hacia aquí tu amiga? —Si le hubieran preguntado, Adrien hubiera jurado que su padre había usado un tono distinto cuando dijo la ultima palabra.

—Yo...—Intentó pensar en una buena excusa cuando esta no existía, suspiro con desgano, decidiéndose a decir la verdad. Ellos no habían hecho nada malo a pesar de lo que su padre, Natalie o cualquier otro podría pensar.

—Estoy esperando —La voz de su padre le recordó que no tenía tiempo para perderse en sus pensamientos.

—Deje de frecuentarla antes del campeonato de Esgrima y no pudo acompañarme al evento. La invité a hacer un maratón de películas, como una pequeña celebración.

—E imagino que sus padres estaban enterados de esto.

—Por supuesto, los señores Dupain aceptaron siempre que Marinette regresara temprano a casa y que les avisáramos si decidíamos salir de la mansión para comprar algo. Cosa que no fue necesaria, sus padres nos prepararon una merienda muy sustanciosa.

—¿En serio crees que me creeré algo así? —Su padre había sonado casi ofendido, como si estuvieran tomándole el pelo.

Cosa que no era del todo cierta.

—Disculpa padre, pero no veo por qué deberías dudar de mi palabra, si te parece puedes preguntar a los señores Dupain. Estoy seguro de que no les molestara explicar lo que yo mismo te acabo de decir.

—Quizás lo haga —Un breve silencio incómodo se formo entre ellos, con el contacto visual como único lazo entre ambos varones —Esa chica me parece familiar, ¿la conozco?

—Por supuesto, es la chica que ganó el concurso del bombín del año pasado. También es la representante de nuestra clase, posiblemente la viste en alguna reunión del Colegio —Desde la pantalla de tu computador, quiso añadir.

Gabriel se levantó, antes de continuar.

—Imagino que no debo explicarte por qué ha estado mal que la señorita Marinette y tu estuvieran aquí sin supervisión y por qué espero que me consultes tus decisiones antes de realizar cualquier movimiento.

—Por supuesto, padre —Gabriel asintió con un movimiento de cabeza.

—Natalie me hizo el favor de comprar algo para ti, entiendo que tu educación al respecto es suficiente para saber cómo utilizarlo. Pero si tienes alguna duda no dudes en preguntarlo —Adrien desvió su mirada a la mesa de su escritorio, siguiendo la de su padre —Recuerda que esto no es algún tipo de permiso, solo espero que actúes con precaución.

—Claro, padre.

El hombre se fue, dejando al rubio solo que no tardó en dirigirse hasta la pequeña caja negra depositada enfrente del computador.

—¿Qué es eso? —Preguntó Plagg mientras Adrien abría la caja con curiosidad antes de ponerse ligeramente pálido.

—Condones.

No sabía qué clase de novela se había montado su padre en la cabeza, pero imaginaba que su situación actual era el más incomodo que pudo pensar jamás.

Al menos no le negó continuar viendo a Marinette, ¿cierto?


Gracias por leer, votar y comentar. XD

Estamos cerca del final de este fic, por si se lo preguntaban.