Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

Hasta ahora conseguí internet para subir el capítulo, he estado desconectada del mundo. Perdón.

A leer.

Música para este capítulo: Things We Lost In The Fire - Bastille

Yo era la cerilla y tú la roca,

tal vez nosotros comenzamos este incendio.

Nos sentamos a observar

todas las cosas que habíamos quemado en la pira.

Estas son las cosas que perdimos en el fuego,

¿entiendes que nunca volveremos a ser los mismos?

Capítulo 28: Los Truenos Solo Ocurren Cuando Llueve.

—Creo que es lo mejor dejar que él me adopte.

Bella's POV.

Edward me mira un par de segundos en silencio, quizás pretendiendo que no he dicho nada y eso me hace desear haber esperado a por otro momento porque justo ahora, sé que he arruinado una de las pocas noches de paz que hemos tenido desde que llegamos aquí. Con la culpa pesándome en el pecho, acorto la distancia hasta que mis rodillas se doblan en el borde de la cama y pongo mis manos a los costados para sostenerme.

—Dime algo, por favor —susurro con la cabeza gacha.

—Qué otra cosa podría decirte además de no, Isabella. Absolutamente no —sólo los músculos adyacentes a su boca se estiran bajo su piel, el resto de su cara no demuestra nada, ni siquiera enojo. El único sentimiento que logro captar es la determinación en su voz.

—Tienes que hacerlo —me muerdo el labio y desvío la mirada, insegura de lo siguiente que debo decir. Prometimos no más secretos—. William es un hombre poderoso, mucho más de lo que tu empresa y tu familia pueden soportar.

—Creí haber dejado claro que eso ya no me importa. Haré lo que esté en mis manos para salvar a la constructora. Todo, menos perderte —la línea de su mandíbula se marca con severidad.

—William no pudo volver a tener otro hijo debido a su enfermedad y ahora quiere convertirme en su única heredera. Él no me dejará ir, Edward, me lo dijo. Juró acabar con todo lo que tienes si no le traspasas mi custodia y te alejas de mí.

—Así que eso hizo... —sale de las sábanas, rodea la cama y se planta frente a mí—. ¿Ese cabrón no sabía de tí hasta hace unos meses y ahora quiere darte todo lo que tiene? —se pasa las manos por el pelo y luego presiona mis mejillas entre sus dedos—. No puedo dejarte, aura, no lo haré.

—¡Pero no tenemos opción! —imito su agarre sobre su rostro con mayor fuerza de la necesaria y lo atraigo hacia mí—. Te hará daño... no quiero que te haga daño. Yo me muero, baby, me muero si tú...

El beso llega inesperadamente y me cuesta trabajo responder a la pasión de sus labios en los míos. El beso no se siente casual, sino todo lo contrario. Se siente como uno de esos besos tan viscerales cuyo único fin posible es la cama.

Siempre que Edward me besa de esta manera es porque a nuestro alrededor existe una atmósfera de seducción que lleva formándose por horas, pero ahora estoy desconcertada. No sé de dónde viene su súbito deseo, no tiene razón de ser en un momento como este, cuando estamos teniendo una charla tan delicada.

—Uhm... Edward... —coloco las palmas de mis manos en sus antebrazos y comienzo a empujar levemente.

Él se separa y sumerge sus dedos bajo las mangas de mi bata tirando hacia atrás hasta que la prenda cae al suelo.

—Tenemos que hablar —murmuro, distraída por sus caricias sobre mis clavículas.

El viento que se cuela por el balcón abierto me hace envolver los brazos a mi alrededor y ocultar mi desnudez. Pretendo tomar la bata del suelo y volver a cubrirme, pero él me toma por la cintura y su brazo serpentea por mi espalda hasta acunar mi nuca con su mano y sus dedos se enredan en mi pelo, impidiéndomelo.

—Abre la boca —ordena con los dientes apretados, su pulgar y dedo medio presionando contra la parte trasera de mi. cuello.

—¿Qqqué... Edward, por favor, qué estás haciendo?

No hay respuesta verbal, solo la de sus caderas chocando con las mías llevándome hacia la pared a un lado del tocador, y mientras la luz de la luna ilumina su cuerpo y dibuja las siluetas de su nariz y sus pestañas, comprendo que este es él despidiéndose, es él cediendo... Por eso tanta prisa, por eso tan pocas palabras.

Edward me está dejando ir y este es el adiós, así que separo mis labios; Edward sonríe y se detiene por un segundo antes de inclinarse y quitarme todo el aliento cuando su lengua acaricia mi paladar y manda temblores a mis entrañas. No sé cómo sentirme, no sé si estar agradecida por su acto de confianza o sentirme rota por su partida.

Quiero decirle que esto no será para siempre, que tengo un plan... pero quizás él no quiera esperarme años, solo quiere amarme hoy, ahora... y seguir adelante.

Abro las piernas y enrosco mis brazos en su cuello. Mis movimientos son bruscos y torpes, como si él hubiera logrado canalizar todo su delirio al juntar su boca con la mía; puedo sentir su misma desesperación y pensamientos obnubilados por la angustia. Sus manos me toman los muslos y los coloca en sus caderas.

No hay mucha ceremonia en desvestirnos, ¿qué tanta podría existir cuando yo ya estoy desnuda y él está en bóxers?

Reacciono a sus toques, que aún a través del frenesí logran ser mesurados, a sus besos bajo mi oreja y a sus gemidos cuando paso mis manos abiertas por su pecho; entre mis piernas se forma esa agradable humedad y la dolorosa anticipación, el rubor cubriendo desde mi pecho hasta mi frente; el calor y la sensación de que no estás lo suficientemente cerca.

—¿Me estás diciendo que sí? —no puedo evitarlo. Traté de sostenerlo bajo mi lengua, pero me es imposible no preguntar—. ¿Vas a dejar que William...?

Su ceño perlado de sudor se frunce, sus nudillos se vuelven blancos de la presión sobre mis caderas y niega, una y otra vez agita la cabeza, lo que me hace no terminar la frase.

—No, aura. Nunca aceptaré dejarte ir. Solo estoy demostrándote por qué tú tampoco deberías hacerlo, no te des por vencida conmigo.

Es una súplica, una que no puedo ignorar... pero no puedo arriesgarme. Él se tiene que ir.

«Quiero que sientas la conexión que hay entre los dos —continúa—. Cuando te veo me siento inminentemente atraído hacia tí, soy incapaz de mirar en otra dirección cuando te tengo cerca.»

—¿En qué clase de persona me convertiría si dejo que William acabe contigo solo para tenerte a mi lado? ¿Cómo de egoísta tendría que ser para permitirlo? —entierro mis uñas en su espalda para añadir fuerza a mis palabras—. No será para siempre. Cuando William muera y yo tenga la mayoría de edad entonces podremos volver a estar juntos, sin que nada lo impida. Por favor, Edward, te lo suplico... Déjame hacer esto por nosotros.

Me deposita en el suelo y me castiga con una mirada glacial.

—Nos sacarás de un infierno para meternos en otro.

—Será temporal. En cambio, si no hacemos esto, será para siempre. ¿No lo ves? Esto puede llevarte a la cárcel si William lo desea y yo nunca, nunca, me perdonaría por ello.

«Si William lleva a la ruina a la empresa que ha pertenecido por generaciones a tu familia, nunca más podré estar contigo —sentencio atropellando las palabras—. No podré verte a los ojos sin pensar que por mi culpa lo perdiste todo. Si no me dejas hacer esto... estás poniendo una fecha de vencimiento sobre nosotros.»

Sus ojos verdes con trazos turquesas se abren por un momento ante el dolor y la derrota... Sí, sabe que no hay salida. No para nosotros.

—¿Cuánto tiempo?

—Cinco años —exhalo—. Es todo lo que pido.

—Si te pasa algo me muero, aura —me abraza hasta arrancar todo el aire de mis pulmones y tengo que luchar por respirar, pero no huyo de su agarre, solo trato de hacerlo más fuerte... más eterno—. ¿Qué voy a hacer sin tí tanto tiempo? No puedo.. . —hay un sonido desde el fondo de su garganta, tal vez es un jadeo, pero para mi suena como me imagino que debe oírse un corazón al romperse.

—Vamos a sobrevivir, baby. Recuerda que aunque nos alejen, nunca dejarás de ser el hombre al que le juré que sería suya hasta que la muerte nos separara.

OoO

Nuestro despertar es melancólico. Amanecemos en los brazos del otro y suspiramos al vernos, sabiendo que pronto tendremos que decir adiós.

No excusamos con Victoria y tomamos el desayuno en la cama. No hay risas, solo miradas largas y caricias, tampoco hay ninguna conversación. ¿Qué más podríamos decirnos?

Antes de por fin levantarnos de la cama, hacemos el amor, pero el orgasmo es triste y llena de lágrimas mi rostro; Edward las besa todas y susurra en mi oído hasta que el temblor de mis extremidades cesa.

—Sht, mi vida —continúa moviéndose dentro de mí, tan lento que apenas es perceptible el movimiento de sus caderas bajo las sábanas—. Es tan bueno tenerte así, mía, mi aura.

Jadeo ante una estocada especialmente profunda que me trae de vuelta desde cualquiera que haya sido la dimensión a la que mis pensamientos me habían arrojado y caigo poco a poco en la realidad.

No quiero que te vayas. No lo hagas. Las palabras en la punta de mi lengua.

En la ducha, él lava mi pelo y el resto de mi cuerpo, luego yo hago lo mismo con él. Al salir del servicio, pasamos otra hora tumbados sobre las sábanas, desnudos y húmedos.

—Tienes una mirada muy suave —murmura—. Fue lo primero que noté de ti cuando te conocí.

—¿Y te gusta?

—Estoy acostumbrado a las miradas endurecidas que deja la experiencia en las personas. Los años nos muestran que la gente buena es poca y que la confianza es algo que se paga caro. Cuando te veo, es como si regresara en el tiempo a cuando era joven y pensaba que la luna me seguía a todas partes.

—La luna nos sigue, baby —digo seria—. No tengas duda de eso.

.

.

.

La aguja penetra mi piel, y es tan fina que se siente como una cortada de papel; dolorosa y caliente.

—Ya está —dice Nigel y coloca una bandita sobre el punto rojo que ha dejado la jeringa—. Necesitaremos que vengas la próxima semana para observación.

—Eso no será… problema —Wiliam se acerca hacia mí—. Yo mismo la traeré.

Flexiono mi brazo, esperando sentir algo diferente… pero no hay nada. Había esperado sentir un mareo o algo parecido después del procedimiento.

Una vez salimos de la habitación antiséptica, William me coloca una mano en la espalda y me guía hacia el elevador.

—¿Está hecho? —inquiere.

—Sí —contesto—. Él se irá y luego mandará todos los papeles necesarios para que mi custodia pase a sus manos.

—Muy bien, muy bien… No me gustaría parecer apresurado, pero lo mejor es que te mudes conmigo y con Carmen a la casa. Ya tendrás tiempo para comprar ropa y todo lo que haga falta. Tú sabes, esto será un proceso largo. El cambiar tu apellido y modificar mi testamento, así como tramitar tu visa a España.

—¿España?

—Allí está tu verdadera casa, Isabel, la casa que la familia Arnau ha habitado por generaciones.

—No se preocupe, —exhalo. ¿Qué caso tiene discutir? ¿Qué más da Italia o Francia o cualquier otro lugar? Todo me aleja de él —, sé lo ansioso que está de separarme de todas las maneras posibles de Edward y su familia.

—Como he dicho, no me considero un hombre cruel, así que él y su hermana tienen dos días para irse, puedes aprovecharlos para despedirte de ellos.

Las puertas del ascensor se abren y no me preocupo por fijarme si él sigue detrás de mí. Corro hacia Edward y Victoria, sentados en el lobby, y los apresuro a la salida.

—Dos días, Isabel —dice William en voz alta.

El semblante de Edward se oscurece y le pongo una mano en el pecho para detenerlo.

—Vayámonos, por favor.

Victoria nos mira con el ceño fruncido, pero no dice nada sino hasta que estamos sobre la acera.

—¿A qué se refería con eso?

Edward la toma de la mano mientras abre la puerta del auto.

—Tenemos que hablarte sobre algo, cariño.

.

.

.

Nos demoramos una hora en escoger un lugar adecuado, al final Edward se inclina por un restaurante de aspecto rústico, a sabiendas de que no hay un lugar preciso para la conversación que vamos a tener.

Cuando el mesero se va con nuestras órdenes, Victoria se inclina sobre la mesa con las cejas alzadas.

—¿Y bien? ¿Van a hablar o esta es solo otra parada antes de que por fin me digan lo que está pasando?

Edward me mira y yo asiento una sola vez antes de entrelazar mis dedos con los suyos.

—William va a adoptar a Isabella y tú y yo regresaremos a América.

Al principio creo que hay demasiado ruido en el local y Victoria no escuchó lo que Edward dijo, pero luego ella tuerce la boca hacia un lado y entorna los ojos, tamborileando los dedos sobre la mesa.

—¿Eso quiere decir que vinimos hasta aquí, persiguiéndote, cuidándote, para que al final te vayas con él?

«Cuando Edward me llamó diciendo que me necesitaba, yo corrí hacia él porque lo amo, porque es lo único que me quedó luego de que perdí a mi hija. Yo lo animé para que viniera detrás de ti, porque no quería que estuviera solo, él estaba dispuesto a dejar que todo se pudriera con tal de volver a tenerte y tú… —sus ojos se llenan de lágrimas—. Esa familia está maldita, Isabella. Ellos destruyen todo lo que tocan».

—Victoria, no ha sido una decisión fácil, pero sí sé que es lo mejor. Yo no puedo atreverme a dejar que Edward lo pierda todo solo por mí, porque eso es lo que William prometió que haría. ¿Qué clase de amor tan cruel permite que todo se destruya con tal de tener a tu lado a quien quieres? Además, no será para siempre. Cuando William muera todo se solucionará.

Victoria se limpia las lágrimas sin mucha ceremonia con el dorso de su mano; toda su piel ruborizada por el enojo. En el fondo sé que ella está molesta porque a través de nosotros, estaba volviendo a vivir, y al ver que nos separamos sus esperanzas sobre el amor verdadero se han muerto otro poco.

—¿Cómo puedes permitirlo, Edward? Ni siquiera has corroborado que ese hombre esté diciendo la verdad, él podría haber mentido sobre ser el padre de Isabella. Él…

—Nos hicieron pruebas de sangre para el tratamiento, Victoria. Él es mi padre —explico.

Ella regresa sus ojos a mí y me levanta su dedo índice.

—Estás cometiendo un gran error, Isabella. Uno muy grande… y te vas a arrepentir de lo que has hecho.

OoO

De regreso al hotel, Victoria se encierra en su habitación sin ninguna otra palabra.

—No pensé que lo tomaría tan mal —digo con desánimo.

—Tienes que comprenderla. Ha vivido cosas terribles —dice Edward contra mi pelo.

Al entrar a nuestra propia habitación, recargo la cadera contra el escritorio junto a la ventana y miro por entre mis pestañas a Edward, que cierra la puerta poco a poco hasta que está recargado en esta.

—William me ha dado dos días. Solo cuarenta y ocho horas contigo —confieso mientras saco mis pies de las sandalias y las hago a un lado.

Él deja caer las llaves sobre la mesa con un sonido estrepitoso y me encuentra a medio camino, descalza y nerviosa.

—Dos dias, aura —dice retóricamente, suspirando con los ojos en el techo y sus manos sosteniendo las mías—. ¿Qué hago contigo en tan poco tiempo?

—Darme recuerdos —respondo—. Recuerdos que me duren cinco años.

—No. Nos veremos en seis meses, hallaré la manera de verte sin que nadie se entere.

—Pero si ellos nos descubren...

—¿En realidad tú serás capaz de soportar cinco años? —alza una ceja, retándome.

—No —me rindo—. Te veré de nuevo en seis meses, pero ahora dime con qué clase de recuerdos me dejarás.

Sus ojos brillan y se abren.

—Vayamos a Florencia.

—¿Qué hay allí?

—Una iglesia erigida para los amantes como nosotros.

OoO

Narrator's POV.

Cuando William entra a la casa de estilo victoriano de altos techos y colores ocres, lo primero que ve es a Carmen parada a un lado del recibidor, con los dedos entrelazados y el pie golpeando contra el piso de mármol.

—¿Qué sucede? —inquiere. Carmen siempre ha sido una esposa flemática, por lo que verla en este estado le provoca ansiedad y un ataque de tos.

—Emmet está aquí —advierte ella y mira hacia las escaleras.

—¡Príncipe! —Emmet emerge del estudio con los brazos abiertos y los hoyuelos dibujándose a un lado de su sonrisa—. ¡Qué gusto ver que estás mucho mejor!

—¿Qué haces aquí? —William avanza hacia Carmen y le indica que se vaya con un gesto de la cabeza, irritado ante el mote que su hermanastro siempre se ha empeñado en pronunciar.

Emmet lo llamaba "príncipe" para recordarle que siempre lo odiaría por haber sido el favorito de su padre, a quien todos veían como "El Rey" de la industria.

—Me enteré de las buenas noticias: encontraste a Isabella. Nunca he menospreciado tus habilidades —completa mientras termina de avanzar hacia él. Sabe que si hay algo que a Emmet fascina es poder verlo desde su enorme altura en esa silla de ruedas, inválido y débil, inferior a él.

William suspira, pues no está de humor para pelear con él o discutir el cómo es que se enteró a cerca de Isabella.

—Ella se mudará aquí dentro de unos días, espero que no la incomodes con tu personalidad tan… encantadora.

Emmet levanta una ceja. Claramente se había perdido de algo. ¿Isabella viviría en la casa? ¿Y Edward?

Deja que William se marche antes de llamar a Bareilles al estudio en busca de respuestas.

Cuando se entera que William va a adoptarla, maldice a todos los Dioses y se da cuenta que Renée tiene ahora un solo propósito: convencer a Isabella de dejar la herencia en sus manos o...

Bueno, la otra era una opción muy remota.

Hacer que William lo pusiera a él como tutor sustituto en los papeles de la custodia en caso de que él falleciera.

Le parecía todo de una inconmensurable molestia. A final de cuentas, era él quien debía heredar todo; había nacido primero que William y, lo más importante, Isabella era su hija.

—Otra cosa, —pregunta Emmet, abandonando sus cavilaciones para pasar al segundo punto que le interesa incluso más que Isabella—, dijiste que Cullen no está solo.

—Así es. Él vino con su hermana, Victoria Cullen —asegura Bareilles, confundido por las inquietudes de su jefe. ¿Qué importancia tenía si Cullen tenía o no compañía?

Emmet se incorpora de su posición reclinada sobre la silla de cuero y se chupa los labios.

—¿Cómo es ella?

—No la he observado muy bien…

—¿Es una preciosa pelirroja? Vamos, si es quien estoy pensando entonces no hay hombre lo suficientemente ciego como para no ver lo hermosa que ella es. Contéstame.

—Sí, señor. Es una pelirroja muy guapa —carraspea Bareilles—. Pero, si me lo permite, tiene un carácter que deja mucho que desear. Es prepotente y testaruda, muy testaruda.

Emmet sonríe y asiente repetidamente. Es ella.

Victoria.

Mi Victoria.

OoO

El siguiente capítulo está casi terminado. Gracias por la espera.

Un beso.

Amy W.