Capítulo 28: En las calles

Hoy, por fin, visitaremos Hogsmeade. Y será mi primera visita oficial y autorizada legalmente por mis padres.

Tengo que confesar que guardo muchas expectativas sobre esta visita. Últimamente he estado muy ocupado, pero no me olvido de La Librería de Alejandría. No sé si ya he escrito sobre este lugar, pero es una librería que me recomendó Tessa Nott. Ella cree que allí encontraré libros interesantes, como La Magia. Estoy ansioso por encontrarla y ver qué secretos se esconden allí. Tengo el presentimiento de que encontraré muchas cosas de mi interés. Pero puntualmente, estoy en búsqueda de algo específico.

He investigado en la biblioteca de Hogwarts, pero la información que hay allí no es suficiente. Quiero, mejor dicho, necesito saber más sobre Los Guardianes Negros. Siento que si logro comprenderlos y conocerlos en profundidad muchas de mis preguntas se aclararán. Necesito conocer a las personas con las que nos estamos enfrentando.

El Mago de Oz es un Guardián, estoy convencido. Pero no puedo olvidarme de otra pieza clave de este rompecabezas: el Mago es también un seguidor de Grindelwald. Lo cual, es bastante comprensible, y hasta predecible. Después de todo, Grindelwald fue uno de los más poderosos brujos oscuros de toda la historia... Y creía en la supremacía de la magia por sobre todo lo demás. Eso no parece muy distinto al pensamiento de Los Guardianes, ¿verdad? No es de sorprender que el Mago de Oz haya decidido continuar con lo que Grindelwald dejó incompleto. Siento que la clave de todo esto se esconde detrás de una simple frase que no puedo sacarme de la cabeza: El Bien Mayor. Necesito saber más sobre eso.

Me pregunto cuánto sabe mi padre al respecto de todo esto. ¿Habrá hecho ya la asociación entre Los Guardianes Negros y el Mago de Oz? Seguramente… Pero, ¿qué estará haciendo para detenerlos? Quisiera poder compartir todos estos pensamientos con él, pero sé que no puedo. Se enfurecerá al ver que, a pesar de todo lo que me ha sucedido en los últimos dos años, sigo empecinado en entrometerme donde no me corresponde. Comprendo que intenta protegerme, pero él debería poder entender que yo no me quedaré simplemente de brazos cruzados viendo como una guerra estalla frente a mí. No cuando las personas que quiero corren riesgo.

A veces mi padre logra confundirme. Todos dicen que nos parecemos mucho… Incluso él me lo ha dicho en algunas ocasiones. La gente no se cansa de repetirme que mi padre era igual de entrometido y problemático que yo. Pero si es así, ¿entonces cómo puede ser que él no sea capaz de entenderme? ¿Por qué se empecina en limitarme, en hacerme a un lado de los problemas? No soy un niño, ya tengo trece años. Y detesto que me traten como si fuera incapaz de comprender lo que está sucediendo. Talvez mi padre no cree que yo sea lo suficientemente capaz como para manejar la verdad… Talvez cree que no soy tan buen mago como él.

Si es así, entonces se equivoca. Soy mejor que él. Y se lo demostraré.

Albus terminó de escribir en el Diario con su pluma inteligente y releyó lo que había escrito. Por un instante, estuvo tentado de tachar el último reglón. Pero no lo hizo. Después de todo, esos eran sus pensamientos escritos con la mayor crudeza y libertad posible.

Noviembre había pasado rápidamente delante de Albus y sus amigos, y para alegría de éste, Cardigan y compañía no habían causado ningún problema en las últimas semanas. Así que la mañana del primer sábado de Diciembre, Potter se despertó de muy buen humor y emocionado ante la perspectiva de la primera visita al pueblo de magos.

—¿Listo para Hogsmeade? —le preguntó Scorpius, quien ya había terminado de vestirse.

—Siempre estoy listo, Malfoy —se burló Albus mientras que cerraba su diario con un hechizo y lo guardaba en su baúl.

—¿Qué escribes ahí, Albus? —le preguntó Scorpius con fingida inferencia. Potter lo conocía, y sabía que su rubio amigo estaba siendo carcomido por la curiosidad. Albus sonrió divertido.

—Todo —respondió evasivamente.

—¿Todo? —repitió Scorpius, confuso.

—Sí, todo. Escribo todo lo que me sucede, lo que pienso… He escrito también sobre lo que nos sucedió durante los dos años que estuvimos aquí… —le explicó más detalladamente Potter.

—¿Para qué lo haces? —quiso saber Scorpius, mientras que bajaban las escaleras para encontrarse con Hedda. Albus se encogió de hombros.

—No lo sé… Me ayuda a aclarar mis pensamientos. Y gracias a la pluma inteligente que me regaló James a veces descubro algunos pensamientos o ideas que no sabía que tenía en mi mente… —trató de explicarle Potter. La última frase que había escrito esa mañana volvió a su memoria. Vaciló unos instantes, preguntándose si debía de contarle a su amigo lo que acaba de revelarle su mente…

—¡Hogsmeade! —gritó repentinamente la voz de Hedda Le Blanc, sobresaltándolos. Albus se sorprendió de verla tan radiante. Hacía mucho tiempo que su amiga no se veía tan feliz.

—Alguien está emocionada, ¿eh? —comentó Scorpius al verla. Para sorpresa de Albus, Hedda se sonrojó.

—¿Emocionada? ¿Por qué habría de estar emocionada? —se apuró a desmentir la pálida muchacha—. Será mejor que bajemos a desayunar —ordenó Hedda.

Scorpius y Albus cruzaron una mirada confundidos, pero antes de que pudieran hacer alguna otra pregunta, Hedda comenzó a caminar hacia la salida de la Sala Común, en dirección al Gran Salón. Ambos la siguieron.

Rose los esperaba en la puerta del Gran Salón, con los brazos cruzados y el ceño levemente fruncido.

—¡Llegan tarde! —exclamó Weasley, al verlos aparecer por el pasillo que comunicaba con las mazmorras—. Apúrense a comer… Con Ely y Lysander los estamos esperando para ir todos juntos —explicó la pelirroja, mientras que los escoltaba hasta sus lugares en la mesa de Slytherin.

—Cielo santo, siento que mi cabeza va a estallar de tanto escucharte, Rose —exclamó Scorpius, mientras que se sentaba y se preparaba para desayunar.

—Si me hicieran caso entonces no tendrían que escucharme hablar tanto —se defendió Weasley.

—Si te escuchara, la vida dejaría de ser divertida —insistió Scorpius.

Rose rodó los ojos, ignorándolo y ocupó un lugar en la misma mesa junto a Hedda. A los pocos minutos, Elektra y Lysander abandonaron la mesa de Gryffindor para sentarse también con ellos.

Durante el último tiempo, aquello se había convertido en una especie de costumbre. Muy gradualmente y sin que la gente lo notara, Albus había logrado introducir a sus amigos leones en la mesa de las serpientes sin que nadie le dijera algo al respecto. Algunos le dirigían miradas desconcertadas, unos pocos meneaban sus cabezas en signo de desagrado, pero nadie había dicho palabra.

Posiblemente la razón de todo aquello se encontrara en que muchos en la casa de Slytherin le tenían respeto, y otro tanto de alumnos le tenía miedo. El resto, simplemente se llevaba bien con Albus Potter y no tenía problema en que sus amigos estuvieran allí.

Lo cierto era que los chicos habían conseguido sentarse juntos, al menos durante los desayunos y por un breve tiempo sin que nadie los molestara.

—Tengo ganas de visitar Honeydukes… Mi hermano dice que es genial —comentó Lysander, mientras masticaba una porción de tarta de arándanos.

—Sí, es verdad… Tiene muchas golosinas —coincidió Scorpius, encogiéndose de hombros, quien conocía el lugar gracias a la visita clandestina que había hecho, el año anterior, con Albus.

—¿Por qué Hogsmeade es tan especial? —preguntó Elektra, siempre curiosa.

—¿Por qué? ¡Es uno de los pocos pueblos que quedan en el Reino Unido compuesto solamente por magos! —exclamó Rose, atónita ante la pregunta.

—Oh… —aceptó Ely, asintiendo solemnemente con la cabeza como si un secreto se acabara de revelar ante sus ojos.

—Podríamos ir a tomar una cerveza de manteca a las Tres Escobas, ¿no creen? —propuso Albus quien comenzaba a emocionarse con la idea de salir del castillo y visitar otro lugar.

—¡Claro! —aceptó Lysander, sonriente.

Pocos minutos más tarde, Neville Longbottom reunía a los alumnos mayores de trece años para partir camino a Hogsmeade. Alumnos de todas las casas se agolpaban emocionados, listos para emprender el camino hacia el pueblo que guardaba cientos de atracciones para ellos. Albus se encontraba haciendo la fila para abandonar el castillo cuando sintió una mano que lo tomaba de la túnica y tiraba de él hacia un pasadizo secreto escondido detrás de un tapete en la pared. Instintivamente, sacó su varita de la túnica, listo para defenderse.

—¡Soy Tessa! —susurró una voz en la penumbra del pasillo secreto.

Lumos —pronunció Albus manteniendo su varita en alto.

La luz de la misma impactó sobre el rostro de Tessa Nott. Llevaba el cabello negro suelto que contrastaba con su piel clara y sus ojos negros, profundos y rasgados. Los labios de la muchacha se curvaron en una sonrisa divertida.

—¿Te asusté? —se burló de él.

—Necesitas mucho más que un pasillo oscuro para asustarme, Tessa —rió Albus. La muchacha acentuó su sonrisa.

—Solo quería desearte suerte en tu visita… —le dijo Nott.

—Gracias —aceptó Albus, algo confundido.

—Y también quería asegurarme de que encontraras la Biblioteca de Alejandría —agregó perspicazmente la chica, mientras que extendía en su dirección un trozo de pergamino donde había escritas una serie de instrucciones.

—¿Cómo sabes dónde queda este lugar? —le preguntó Albus, sorprendido.

—Puede que todavía no pueda visitar Hogsmeade con el colegio… Pero yo ya he estado ahí, Potter —le dijo ella, cómplicemente. Albus abrió la boca para hacerle otra pregunta, pero Tessa se le adelantó. —Será mejor que te vayas, o perderás a tus amigos —le recomendó la morocha.

—Te debo una —le dijo Potter mientras que descorría el tapete para abandonar el pasadizo secreto.

—Ya tendrás oportunidad de devolverme el favor —le aseguró Tessa, riendo.

Albus se alejó sin poder evitar que una sonrisa se le dibujara en los labios ante el último comentario de la chica. No sabía por qué, pero Tessa siempre tenía ese efecto sobre él: lograba hacerlo sonreír, e incluso reír, con sus ocurrencias y sus respuestas inteligentes y atrevidas. Y mientras que buscaba a sus amigos entre la multitud, Albus hizo su primer descubrimiento del día: Le agradaba pasar tiempo con Tessa, y mucho.

Al llegar al pueblo, Lysander logró convencerlos a todos de visitar primero Honeydukes. Albus prefirió no discutir. Después de todo, el local de golosinas era perfecto para su plan. Siempre se encontraba repleto de estudiantes y así le sería más fácil escabullirse entre la multitud. Solo necesitaba unos minutos sin sus amigos para poder visitar la Biblioteca de Alejandría.

Así que Potter esperó pacientemente fingiendo interesarse por unos caramelos que se hallaban cerca de la puerta de salida, y cuando ninguno de sus amigos se encontraba cerca, aprovechó para abandonar el local. Buscó el papel donde Tessa le había dejado las instrucciones, y comenzó a leerlas. Quedaba bastante alejado del centro de Hogsmeade, donde se encontraban la mayoría de los estudiantes. Iba a tardar más de lo que había calculado. Por un instante, se preguntó si valía la pena. Y al segundo siguiente, se convenció de que sí.

A paso rápido, Potter recorrió las calles del pueblo mágico en búsqueda de una de las librerías más antiguas de Inglaterra, en la cual esperaba encontrar la información que buscaba.

La Librería de Alejandría era una casa antigua, posiblemente una de las construcciones más antiguas del pueblo. Sus paredes de piedra estaban cubiertas de hongos y parecían mantenerse en pie por pura magia. Había varias tejas desprendidas y desperdigadas por los alrededores del local. Sobre la entrada colgaba un pequeño cartel de madera carcomido por el tiempo donde figuraba escrito el nombre del lugar en una caligrafía sumamente prolija que contrastaba con la desprolijidad de la construcción.

Apenas cruzó la puerta el olor a papel, tinta y encierro lo abrumó. El lugar estaba mal iluminado, y cientos de libros, papeles y rollos de pergamino se agolpaban por todas partes, colocados unos sobre otros, dentro de estanterías o incluso sobre el suelo. En el centro del lugar se alzaba una única mesa, sobre la cual yacían múltiples tinteros, plumas provenientes de distintos animales (águila, faisán, avestruz y unas muy coloridas que Albus dedujo que debían ser de aves exóticas), y pilas de pergamino, algunos a medio escribir. No había nadie a la vista.

—¿Hola? —llamó Albus mientras que daba un paso vacilante hacia delante. Nadie respondió. Albus avanzó hacia la mesa del centro de la tienda. —¿Hay alguien aquí? —insistió Potter.

Nuevamente, no recibió respuesta. Lanzó una mirada de soslayo hacia la mesa frente a él. Uno de los tinteros se encontraba abierto sobre la mesa, con una pluma, todavía húmeda, junto al mismo. Había un pergamino todavía secando, también. Lo cual le decía que alguien había estado allí hacía no mucho tiempo, escribiendo. La curiosidad lo invadió mientras que esperaba, y se inclinó levemente para leer lo que acababan de escribir sobre aquel pergamino.

—A menos que sepas leer el idioma de los duendes, dudo que logres entender lo que he escrito ahí —le dijo una voz femenina a su espalda. Albus giró sobresaltado en búsqueda de la persona que le había hablado.

Una mujer anciana de aspecto solemne yacía de pie frente a él, cargando sobre sus brazos varios libros que aparentaban ser más pesados que ella misma. Y a pesar de que su voz había sonado severa, lucía una sonrisa en los labios.

—Disculpe… No fue mi intención… —quiso disculparse Albus.

—¡Oh, claro que lo fue, muchacho! Sentiste curiosidad y quisiste leer. No hay nada de que avergonzarse en ello. Si la gente no sintiera curiosidad por leer yo no tendría trabajo —lo interrumpió la anciana, mientras que daba la vuelta al escritorio y apoyaba los libros en el suelo junto al mismo—. ¿Hace mucho que me esperas aquí? —le preguntó la mujer.

—No… Recién llego —mintió Albus.

—Perfecto…Mi nombre es Dakota Davis —se presentó la anciana—. ¿Y a quién tengo el gusto de conocer? —preguntó Dakota, su mirada sagaz clavada en Albus.

Por unos segundos, Albus pensó en mentirle y darle otro nombre. No quería que nadie lo relacionara con la información que había ido a buscar allí. Pero su instinto le dijo que Dakota Davis no era una mujer fácil de engañar.

—Albus Severus Potter, señora —respondió finalmente el muchacho, con una leve inclinación de cabeza. Dakota alzó las cejas, sorprendida de la respuesta.

—¿Potter? —repitió la señora Davis, como si quisiera asegurarse de que había escuchado bien. Albus asintió con la cabeza. Sabía que la mujer quería preguntar más. Sabía que quería saber si era pariente del famoso Harry Potter. Pero nuevamente su instinto le decía que Dakota no iba a preguntárselo, y no se equivocaba. —¿En qué puedo ayudarlo, señor Potter? —le preguntó educadamente Dakota, recobrando su sonrisa amigable.

—Pues… No sé si hay algún libro al respecto, pero… —empezó a decir Albus, sin saber exactamente cómo hacer el pedido.

—No se preocupes, señor Potter. Siempre hay un libro que se adapta a lo que uno busca… Solo hay que saber dónde buscarlo —le aseguró Dakota.

—Busco información sobre Gellert Grindelwald —aceptó la propuesta Potter. Dakota asintió pensativamente.

—Grindelwald… Es un tema muy amplio, señor Potter. Talvez pueda ser más específico —le pidió la dueña de la biblioteca.

—Intento entender mejor su forma de pensar… Su ideología. Quisiera algún libro que pudiera explicarme la época de Grindelwald desde otra perspectiva… —intentó explicarse Albus.

—Entiendo… Suele suceder que la historia siempre la cuentan los que ganan, ¿no? A veces es interesante conocer la otra cara de la moneda —comprendió a la perfección Dakota.

Albus la vio encaminarse hacia una de las bibliotecas, y con un movimiento de varita, la mujer atrajo hacia ella uno de los libros más altos. Sacudió el polvo que lo cubría antes de entregárselo a Albus.

—Este libro fue escrito al poco tiempo de que Dumbledore derrotara a Grindelwald… Fue escrito por uno de los seguidores más fieles del mago oscuro mientras cumplía su condena en Nurmengard. Cuenta cómo fue el camino recorrido por Grindelwald y sus seguidores de una forma bastante particular —le explicó Dakota mientras que le extendía el libro.

Albus tomó el libro y leyó el título de la portada:

Camino hasta Numengard:

La historia de un sueño frustrado

—Creo que lo encontrará muy interesante de leer, señor Potter —agregó Dakota, con voz cautelosa.

—Ya lo creo, señora Davis. ¿Cuánto le debo? —preguntó Albus mientras que buscaba en sus bolsillos dinero para pagar.

—Nada —se apuró a responder Dakota. Albus la miró sin comprender. —No puedo cobrarle al hijo de Harry Potter —agregó con una sonrisa algo burlona.

—Si este libro resulta tan bueno como usted me ha dicho, planeo volver seguido aquí, señora Davis, así que no le conviene regalarme los libros —se rió Albus, mientras que sacaba una bolsa con dinero para pagar.

—Si vuelves, entonces podrás pagarme el próximo libro, muchacho —insistió Dakota. Albus leyó en su mirada que no aceptaría el dinero, y terminó por guardarlo nuevamente en su bolsillo. —Ha sido un placer conocerlo, señor Potter.

—El placer ha sido todo mío, señora Davis —aseguró Potter mientras que guardaba el libro en un bolsillo mágico de su túnica y se preparaba para abandonar el local.

Antes de salir del mismo lanzó una última mirada a Dakota Davis. La mujer se encontraba sentada frente a la mesa, con una pluma en la mano, continuando el pergamino que había dejado a medio escribir. Albus sonrió. A pesar de lo excéntrica que podía llegar a resultar esa mujer, Potter se había llevado una buena imprensión de ella.

Recorrió el camino de regreso al centro de Hogsmeade sumergido en varios pensamientos. Deseaba volver al castillo para poder leer el libro que Dakota Davis le había obsequiado. Tan distraído se encontraba que no notó que lo estaban siguiendo.

—¿Haciendo compras solo, Potter? —preguntó la voz burlona de Portus Cardigan. Albus giró instintivamente hacia la fuente de sonido.

Portus y Taurus se encaminaban hacia él con miradas desafiantes y las varitas en mano. Detrás de ellos caminaba Dimitri Kurdan y Morfeo Reech, un muchacho de quinto año pero que aparentaba ser mucho mayor. Albus comprendió rápidamente que se encontraba en seria desventaja.

—No es seguro caminar solo por esta zona de Hogmeade, Potter… Nunca sabes con qué podrías cruzarte —comentó irónicamente Taurus, y una sonrisa macabra se dibujó en sus labios, desentonando completamente con su apuesto rostro.

—¿Acaso no tienen nada mejor que hacer además de seguirme? —rió Albus, desafiante, mientras que intentaba ganar tiempo para planear un escape. Su mirada viajaba rápidamente en todas direcciones, buscando una ruta de salida.

—Te dije que ibas a pagar por haberme sacado del equipo de Quidditch, Potter —susurró Cardigan, con furia contenida. Albus volvió a reír, mientras que lentamente movía su mano derecha hacia la varita guardada en su bolsillo.

—Tú solo te sacaste del equipo con tu patético juego, Cardigan —dijo Albus sin pensar. Inmediatamente se dio cuenta que había sido una mala idea, pues Portus había levantado su varita y lo apuntaba directamente al pecho.

—Te crees tan importante y tan poderoso… Pero la realidad es que simplemente eres un niñito bueno para nada que se escuda detrás de la sombra de su padre —lo provocó Portus. Supo que había dado en el clavo con aquel comentario, pues el rostro de Albus se transformó.

—Oh, no me digas que realmente pensabas que todo era mérito tuyo, Potter… —rió Taurus, quien también había notado la reacción de Albus—. Si no fuera por tu padre, la gente si quiera se acordaría de que existes.

Albus tragó saliva, mientras que intentaba contener su ira. Sabía que Cardigan y Zabini estaban intentando provocarlo, y lo estaban consiguiendo. Y no iba a permitírselos. No iba a darles el gusto de sacarlo de sus casillas, de que conocieran su mayor debilidad.

—Al menos yo tengo una sombra detrás de la cual escudarme… En cambio, a sus familias ni la sombras les quedó para que ustedes heredaran —arremetió Potter, recuperado. El rostro de Portus se encrespó ante el cometario, y Albus supo que había recuperado el control de la situación.

—Eso está por verse, Potter —escupió las palabras Cardigan—. ¡Desmaius!

¡Impedimenta! —respondió rápidamente Albus, rechazando el hechizo. Pero entonces, Zabini alzó su varita antes de que Albus pudiera responderle.

¡Incarcero! —gritó Taurus, y Potter sintió fuertes cadenas amarrarse a todo su cuerpo tumbándolo al suelo.

—Parece que sin todos tus amigos respaldándote no eres tan difícil de derribar, Potter —rió Cardigan mientras que se acercaba a él con la varita lista para volver a atacar.

Albus pudo ver la sonrisa de satisfacción en su rostro, y supo que Portus estaba a punto de lanzarle una maldición. Aún así, no apartó la mirada. No pensaba darle ese gusto. Cardigan abrió la boca para pronunciar el maleficio... Pero entonces un cuervo, salido de la nada, sobrevoló la calle y se lanzó enfurecido contra él.

—¡Diablos! ¡Sáquenme a este pajarraco! —gritó Portus enfurecido, mientras que zarandeaba los brazos tratando de ahuyentar al cuervo, el cual volvía una y otra vez, intentando picarle el rostro.

—Shadow, basta —pronunció una voz de mujer, grave y desapasionada. Inmediatamente el cuervo cesó su ataque.

Albus pudo ver de soslayo a una mujer que caminaba por la calle hacia ellos. Era una mujer joven, posiblemente de la edad de su madre, pero la seriedad en su rostro la hacía aparentar más años de los que en realidad tenía. Era un rostro afilado, de pómulos prominentes y expresión de pocos amigos. Llevaba un caminar rígido y fuerte, que denotaba autoridad. Pero lo que atrajo completamente la atención de Albus fueron sus ojos. Solo había visto esos ojos en una persona…

—¿Qué sucede aquí? —preguntó seriamente la mujer, su cabello corto enmarcando su rostro adusto.

Cardigan y Zabini parecieron vacilar ante la figura de aquella mujer que intimidaba e invariablemente provocaba temor en sus observadores. Detrás de ellos, Dimitri Kurdan y Morfeo cruzaban miradas nerviosas, y se encogían tratando de pasar desapercibidos.

—Nosotros solo estábamos… —intentó explicarse Taurus.

—No me mientas —le dijo la mujer, clavando su mirada penetrante en Zabini. Éste pareció quedar momentáneamente paralizado bajo aquellos ojos, y por un instante, pareció incluso estar ausente.

Entonces la mujer rompió el contacto visual, y Taurus pareció volver en sí solo para lucir una clara expresión de terror. Albus dedujo lo que acaba de suceder: la mujer se había metido en su mente. Legimencia.

—Eres la misma escoria que tu padre… —susurró la mujer y su expresión pareció endurecerse aún más si acaso era posible.

Luego, giró para mirar a Portus. Y entonces, éste hizo algo sumamente estúpido: apuntó con su varita en dirección a ella.

Fue un instante. Albus ni siquiera la vio sacar la varita de la túnica. Pero en un segundo y sin pronunciar siquiera una palabra, la mujer había lanzado un hechizo contra Cardigan. El hechizo impactó en el pecho de Portus, tumbándolo al suelo y haciendo que su varita saliera disparada en el aire. El cuervo que lo había atacado minutos antes tomó la varita con su pico, y sobrevoló hasta posarse en el hombro de la mujer. Ésta extendió la mano, y el cuervo le tendió cuidadosamente la vara de madera.

La mujer inspeccionó atentamente la varita, mientras que Cardigan se incorporaba dificultosamente del piso. Su túnica lucía un pequeño orificio en el sitio donde el hechizo lo había golpeado, como si se tratara de una quemadura diminuta.

—Madera de fresno, 21 centímetros… Núcleo de unicornio, ¿verdad? —dijo la mujer mientras que hacía girar la varita de Portus entre sus manos. Portus no respondió. Lucía aturdido y atemorizado. —Es una varita buena para maldiciones… Aunque de seguro eso ya lo sabes, ¿no es así? —Siguió hablando sin obtener respuesta—. La varita elije al mago… Es interesante, porque mi varita también es excelente para maleficios, y sin embargo, jamás elegiría a alguien como tú, muchacho —agregó clavando su mirada gélida en Portus.

Y entonces, sin previo aviso, partió la varita de Portus en dos, y lanzó ambos pedazos a los pies del muchacho.

—Espero que la próxima vez encuentres una mejor varita… Alguna que sea buena para pelear un duelo limpio —le espetó la mujer. Portus lucía completamente aturdido, su mirada fija en los trozos de su varita que yacían a sus pies. — Fuera de aquí... Los cuatro—ordenó finalmente.

Solo Cardigan pareció vacilar ante la orden, su mirada todavía fija en donde se encontraban desparramados los restos de su varita, como si deseara tomarlos. Pero entonces, sus ojos se encontraron con los de la mujer, y supo que ella no se lo permitiría. Sin otra opción, Cardigan tuvo que abandonar la calle junto con sus tres compañeros, dejando atrás a Albus y a su varita rota.

La mujer esperó hasta que los muchachos desaparecieran de su vista antes de inclinarse junto a cuerpo tumbado de Albus, que permanecía encadenado.

—¿Te encuentras…—comenzó a decir ella, pero sus ojos, de un radiante color violeta, se encontraron con los verdes de Albus. Y la mujer se quedó momentáneamente sin palabras, incapaz de completar la oración.

Por la mirada que le dedicaba en ese momento, Albus sintió como si la mujer lo conociera. Pero él estaba seguro que nunca antes se habían visto. Él recordaría unos ojos como aquellos, de un color tan inusual. Ojos que solo había visto una vez… En el rostro de una niñita de once años llamada Nina.

Y sin embargo, aquella mirada penetrante le decía otra cosa. Le decía que sí se conocían. O al menos, se reconocían mutuamente.

—¿Te encuentras bien? —logró finalmente formular la pregunta la mujer de ojos lilas, mientras que con un movimiento de varita lo liberaba de las cadenas. Albus se incorporó sentándose en el suelo.

—Eso creo… Gracias —respondió Potter, sin poder evitar sentirse curioso sobre la mujer frente a él.

—¿Puedes caminar? —le preguntó ella, mientras que se enderezaba en toda su estatura. Era alta.

—Sí, claro —aseguró Albus, mientras que también se levantaba del suelo.

—Te acompañaré de regreso hacia el centro del pueblo, por las dudas —propuso ella, empezando a caminar.

—De todas formas no creo que regresen… —comentó Albus sin poder evitar sonreír feliz del susto que la chica le había dado a sus compañeros de Slytherin.

—No fue leal lo que hicieron… Cuatro contra uno. Debería darles vergüenza —murmuró por lo bajo ella, mientras que meneaba la cabeza.

—No, ellos no tienen vergüenza —aseguró Albus, más para sí mismo que para su compañera. Ella le dedicó una mirada de soslayo.

—Parece que te has ganado algunos enemigos en el colegio, ¿eh? —comentó la mujer con cierto sarcasmo.

—Nunca busqué tener enemigos… Ellos simplemente aparecieron —quiso defenderse Albus.

—Sí, eso suele sucederle a algunas personas —agregó ella, y Albus creyó ver una especie de sonrisa en su rostro.

El resto de la caminata transcurrió en absoluto silencio. Solo se escuchaba el aletear del cuervo que sobrevolaba sobre sus cabezas, siguiendo a su dueña. Albus deseaba hacer cientos de preguntas a aquella mujer desconocida que había aparecido de la nada para salvarlo. Quería saber su nombre, al menos. Pero no se animaba a preguntar. Así llegaron al centro del pueblo sin que Albus supiera la identidad de quien lo acompañaba.

—Supongo que desde aquí sabrás dónde encontrar a tus amigos —le dijo la mujer, con cierta ironía. Albus sonrió ante el comentario.

—Sí, creo que puedo solo desde aquí —le respondió. La mujer asintió con la cabeza y sin decir nada más, se alejó.

Albus permaneció unos instantes aturdido en su lugar, y luego, volviendo en sí, se encaminó hacia Las Tres Escobas, donde esperaba reencontrarse con sus amigos. Deseaba contarles lo que le había sucedido, pero al mismo tiempo eso suponía explicarles por qué se había alejado de ellos y qué hacía solo en las afueras del ó a las Tres Escobas y buscó con la mirada a sus amigos. Ninguno de ellos se encontraba allí, pero en cambio, había otra cara conocida.

Zaira Levington le sonreía desde una esquina del local, prácticamente escondida entre la multitud, con la capucha de su túnica sobre la cabeza. Habría pasado desapercibida a cualquiera que estuviera allí. Pero no a Albus.

No pudo evitar sentirse feliz de encontrársela allí. Y luego, lo invadió la intriga. ¿Qué hacía Zaira Levington allí?

—¿Profesora? —preguntó Albus una vez junto a ella. Zaira le hizo un gesto para que tomara asiento en su mesa.

—¿Cómo has estado, Albus? —le preguntó ella.

—Bien… ¿Acaso mi padre la mandó aquí para que me controlara? —dudó Potter. Zaira rió ante la pregunta.

—No, Albus. Tu padre me envió aquí para que cuide de Hogsmeade —respondió con sinceridad la muchacha—. Ya no podemos confiarnos tanto en los lugares como éste.

—Ya lo creo —comentó él todavía con cierto resentimiento por lo que acaba de sucederle.

—¿A qué te refieres? ¿Viste algo, Albus? —se preocupó Zaira, frunciendo el entrecejo e inclinándose hacia él.

—Bueno… Hace solo unos minutos cuatro de mis compañeros de Hogwarts intentaron atacarme en una de las calles de Hogsmeade —resumió Albus, fingiendo falsa despreocupación. Zaira alzó las cejas, sorprendida ante la respuesta de su ex alumno.

—¿Estás bien? —preguntó Levington, más preocupada aún que antes.

—Sí, pero no gracias a mí. Una mujer me salvó —siguió con su relato Albus. Ahora que había empezado, no quería detenerse. Deseaba poder compartir aquello con alguien, y Zaira era la personal ideal para hacerlo.

—¿Una mujer? —insistió ella, y una expresión peculiar se dibujó en su rostro.

—Sí, una mujer alta, de cabello corto… Y ojos violetas —la describió Albus. Repentinamente, una sonrisa divertida se dibujó en los labios de Zaira, y Albus la escuchó reír por lo bajo. —¿La conoce? —preguntó Potter, sorprendido.

—Sí, la conozco. Acabas de conocer a Scarlet Raven, Albus —respondió Levington, todavía sonriendo.

—¿Raven? ¿Es algo de Nina Raven? —insistió Potter, a quien ahora los cabos comenzaban a cerrarle.

—Es la madre —respondió Zaira.

Tenía sentido. Aquellos ojos únicos solo podían significar una cosa: Eran herencia familiar. De madre a hija.

—¿Pero qué hace esa mujer aquí? ¿Vive en Hogsmeade?—preguntó Albus, confundido. Zaira se reclinó sobre el asiento y negó con la cabeza.

—Scarlet está en Inglaterra pagando una deuda de hace varios años… —respondió ella.

—¿Qué deuda? ¿Y usted cómo la conoce? —insistió Albus. Pero el rostro de Zaira le dijo que no obtendría las respuestas que buscaba.

—Sería mejor que hablaras con tu padre, Albus. Él podrá responderte mejor que yo —le indicó Zaira.

—¿Mi padre? ¿Por qué habría de preguntarle a él? —inquirió Potter confundido.

—Porque tu padre es la razón por la cual ella está aquí —sentenció Zaira.


Para los que pedían un poco de acción, espero que este capítulo haya saciado un poco su sed! :)

Pienso que ya es hora de ir dándole un cierre a algunos de los misterios de esta historia, ¿no creen? Ya era hora que Albus y Scarlet se conocieran.

Sobre este capítulo... Espero que ustedes puedan extraer algunos datos "valiosos" para la historia. Porque los hay, y son varios.

Como siempre, responderé reviews:

maddie sophie: Sí, yo también creo que Zaira y Scarlet son una buena dupla. Y sí, ambas han vivido situaciones parecidas. Prometo que dentro de poco van a tener más información sobre Scarlet y podrán comprenderla un poco mejor. ¿Así que tenes curiosidad por los Patronus de los chicos? Jajaja, ¡Que pregunta! No te diré el patronus de todos... Tendrás que elegir un solo personaje!

jjaacckkyy: Sí, supongo que el capítulo pasado dejó entrever un poco sobre el pasado de Scarlet... De hecho, he revelado bastante sobre ella. Pero puedes quedarte tranquila de que pronto sabrás más sobre Scarlet Raven. Tiene una historia muy interesante para contar!

Manuel Canabal: ¡Aquí te traje el capítulo que me pediste! Jajaja. Estuviste cerca con tu "predicción"... Después de todo, pasó algo "raro y peligroso", ¿no? Aunque no creo que fuera lo que te esperabas, ¿verdad? Octavius y Romanoff... Recuerda esos dos nombres. Los vas a leer mucho a partir de ahora. ¿Piensas que algo va a pasar en Hogwarts? ¿Por qué? ¿Pudiste visitar "Memorias de Ted Lupin"? Lamentablemente tengo un poco abandonada esa historia... Por suerte son una serie de one shots, así que no tienen una verdadera continuidad. Pero necesito mucha inspiración para escribir esos capítulos.

mikaelita cullen: Veo que Scarlet nuevamente a despertado la inquietud de muchos lectores, jajaja. Pues, es difícil imaginarse a Scarlet como una niñita dulce y tierna en la infancia, ¿verdad? Pero me quedo con una frase que dijiste sobre Scarlet y Zaira: Las circunstancias las hicieron iguales. Es una excelente observación. ¡Oh, Sergei! Por favor, no te olvides de él. Hiciste bien en remitirte a TDH, porque Sergei Romanoff será un personaje muy importante para esta saga.

Rose Black Malfoy: ¡Sí, lamento no haberte enviado estos capítulos para que los revisaras! Es que estoy saturada con cientos de cosas y no tuve tiempo para enviartelos, ya que no quería atrasarme demasiado actualizando. Lentamente todos las cabos sueltos van a empezar a unirse. Seguramente ahora se entiende mejor la relación entre Octavius y el Mago de Oz... Después de todo, el Mago y Sergei son viejos amigos. Y a su vez, Sergei es el tío de Octavius. ¿No confías en Cho Chang? Me encantaría escuchar los motivos! La verdad es que no recuerdo bien la quinta película, pero al menos en el libro no fue Cho quien traicionó a Harry, sino su amiga. Sobre gente joven en la Orden... Bueno, Harry simplemente está intentando protegerlos. Pero si llegado el momento la Orden necesita de gente joven entre sus líneas, Potter terminará llamándolos.

Alfy Malfoy: Gracias por el review! Espero que hayas disfrutado también de este capítulo. Saludos!

Herart: Harry... Sí, él ha mejorado mucho con los años. Ha aprendido a no ser tan impulsivo y a pensar antes de actuar. Sigue sin poder dominar la Oclumencia (vamos, tampoco puede ser perfecto! jaja), pero sí ha aprendido algo de Legimencia, lo cual es muy difícil. Soy de las que creen que algunas habilidades... Pues, son innatas. Como la capacidad de Harry de realizar esos poderoso patronus... Innato. O la Oclumencia de Snape... Para el resto de la gente, esas son habilidades que toman años en adquirirse, ¿se entiende? Pero para resumir: sí, Harry es un excelente mago, posiblemente uno de los mejores. Sober Rusia... Sí, las cosas están difíciles para la Orden por allá. Pero todavía quedan algunas cosas por decir al respecto ;)

Malfoy son: mi más ácido lector... jajaja. ¿Crees que el final de esta historia es predecible? Espero no estar arruinandolo! Personalmente no creo haber dado demasiado información en el capítulo pasado, sino la necesaria para que los lectores puedan hacer algunas conexiones escenciales para la historia. ¿Pero piensas que hubo algún spoiler? ¿Dónde? No me di cuenta si fue así... Jajaja. Sobre tu pedido... Sinceramente, ¿Albus /Nina? No haré comentarios al respecto, jajaja.

silvers draco: Victoire. Es un personaje al cual le voy dando forma de a poco. Al principio la había imaginado como una niña bonita y delicada. Pero después me lo replanté, pues no me imaginaba a Ted Lupin en pareja con alguien así. Y entonces decidí que Vicky tenía que ser un personaje fuerte y ardiente... difícil de manejar. Como el fuego. Y ahora estoy muy contenta con ella. Sobre Zaira y Scarlet... Desde que decidí introducir a Scarlet en esta historia que supe que ella se llevaría bien con Zaira. Tienen mucho en común. Sobre Sergei Romanoff... Sí, él ha salido en un capítulo antes... en el último capítulo de TDH. Puedes releerlo si deseas saber un poco más de personaje. ¿Ted con dos padrinos? Jajaja, no lo creo. Lamentablemente Draco nunca podrá ocupar el lugar de Harry en el corazón de Teddy. Fueron muchos años de ausencia por parte de la familia Black. Harry es ahora la familia de Ted. Y siempre lo será. Sin embargo, Draco podría llegar a incorporarse... Con mucha paciencia y tiempo de por medio.

Atra Rosae: Sobre Theodore Nott... Él no estuvo en contra de Voldemort porque pensaba que Riddle era "malo". Estuvo en su contra porque creía que Voldemort llevaba las de perder en la guerra. Fue pura supervivencia, no hubo nobleza en su elección. Claro que eso no quiere decir que estará a favor del Mago en esta guerra... Ni lo contrario. ¿Por qué desconfías tanto de Zaira? Créeme, es una buena chica. Yo no recuerdo haberte dicho que Scarlet se había ido por perder un amor... Jajaja, creo que eso lo creó tu propia mente. Pero es una teoría interesante. Sobre Ted y Draco... Esto es recién el comienzo. Hay buena predisposición de ambos, lo cual es bueno. Oh... No es el Mago el que está metido en tantos países. Esos son los Guardianes Negros, quienes planean tomar control de toda Europa. El Mago se ocupará fundamentalmente de Inglaterra, y su amigo Sergei Romanoff se encargará de Rusia. El problema es que si el Mago ayuda a Romanoff para derrocar el gobierno ruso, entonces Sergei lo ayudará después para derrocar Inglaterra. ¿Se entiende?

adrisstbdt: ¡Que bueno que te guste que vaya de acá para allá! Porque a veces me da miedo que se puedan perder con tantos viajes y personajes! Sí, pobre Albus... él está convencido de que sabe muchísimo sobre el Mago y su Rebelión... Obviamente no sabe tanto como cree. Scarlet... ¿Yo dije acaso que los Guardianes Negros mataron al padre de Nina? Jajaja, me divierte mucho leer las distintas teorías sobre el pasado de Raven. ;)

Dianne Potter: Victoire... Me alegro que sea un personaje que le guste a la gente. Como dije en otro review, la personalidad de Victoire la terminé de definir en el libro pasado, cuando decidí que ella y Ted serían una pareja formal y duradera. Entonces supe que Vicky tenía que ser mucho más que una cara bonita, porque de lo contrario Ted no se habría enamorado de ella. Una muchacha de fuerte caracter, arrebatada, luchadora e indomable. Feroz y salvaje... Así como le dije a otro lector... Victoire Weasley es fuego.

Ashamtly: Jajaja. sí, las alertas son lo más! Te enteras exactamente cuándo actualizan las historias! ¿Dudas de que Cho este verdaderamente dispuesta a ayudar a la Orden? Bueno, supongo que exiten razones para pensar algo así... Veremos que dice el tiempo. Sobre incluir a Tom en la Orden... Harry solo quiere evitar muertes innecesarias. Si la guerra se desata verdaderamente, todo el mundo se verá involucrado, y todos tendrán que pelear para salvarse. Pero mientras tanto, cuando todo permanece todavía secreto, la Orden del Fénix es el único frente de ataque, y quienes estén dentro de ella están potencialmente en riesgo.

Eugenia Lestrange: sobre Ted y Draco... Sí, es extraño, ¿verdad? Cuesta imaginarse que algún día puedan llegar a tener una relación verdaderamente cercana. Y de hecho, talvez eso nunca pase. Pero son familia... Y Draco siempre ha puesto a su familia ante todo. Talvez sea hora de que Ted vuelva a formar parte de la familia Black. Sobre la relación entre Zaira y Scarlet... Creo que llegarás a entenderla mejor cuando leas la historia pasada de Raven. Muy pronto. Sobre Albus y Tessa... ¿me estás pidiendo un beso entre ellos? Jajaja, oh, nose si todavía estan preparados para algo así. Por cierto, no conosco Blog Hogwarts, ¿qué es? Yo no tengo problema en publicar mi historia en otro lugar, de hecho, me encantaría!

Sev Snape: Eres la primera persona que nombra a Jinx... Parece que nadie se sorprendió de que hubiera un "sospechoso" sobre la desapareción del Tercer Ojo del depto de Misterios. Tu teoría sobre que posiblemente le alteraron la memoria para hacerlo pensar que fue él quien robó el Ojo es una posibilidad... Lamentablemente, no puedo decirte si es verdad o no. Sobre la posibilidad de que el Mago atacara Hogwarts o el pueblo... Bueno, era muy posible que no lo hiciera, pero la Orden no está dispuesta a arriesgarse. Los hijos de ellos se encuentran allí. ¡Y nuevamente eres la primera persona en notar la reacción de Scarlet ante el nombre del ruso "Krauss". Sí, ellos dos se conocen de los viejos tiempos, jajaja. Es todo lo que puedo decir. Sobre tus dudas respecto al Mago... Sí, él y Sergei son amigos. Y sobre su edad... ¡No pienso decirte eso! Jaja.

Heart of Melon: ¡Nuevamente me alegro de que el personaje de Victoire les haya gustado! Tenía muchas dudas con ella... Veo que Ted y Draco también te llamaron la atención a vos. Como dije en otros reviews, es una relación que recién comienza a formarse. Los une una delgadísima soga, que puede seguir engrosándose a base de confianza, o puede romperse en cualquier momento. Pero tanto Draco como Ted parecen deseosos de que esto funcione, ¿no? Sobre la historia que me recomendaste.. Trataré de darme una vuelta en cuanto tenga tiempo libre! Gracias! ¡Sí, el nombre que debía sonarte era Sergei! Apareció por primera vez en el epílogo de TDH. Si no lo recuerdas, siempre es bueno pegarte una vuelta y releerlo jaja.

Jako1892: Si, supuse que era las misma persona que del review "jako". ¡Que bueno que te haya gustado tanto el capítulo! Me alegra mucho saberlo. Sobre tu pedido de algo de acción... Talvez este capítulo te sirva de consuelo por el momento. ¿Una pelea de Zaira y Scarlet contra Naomi? Sí, es verdad, eso sería memorable. Veremos qué sucede en el futuro... ;)

Clara: ¿Dos días? Bueno eso si que es leer rápido! ¿Te gustó más LGN? Algún día voy a hacer una encuesta de cual fue el libro favorito de cada uno, jaja! Sobre lo que escribiste de los personajes... Estuviste muy acertada. Albus es distinto a Harry, y cada día lo deja más en claro. Pero fundamentalmente, es distinto porque quiere serlo. Coincido en que Albus ha crecido en una realidad muy distinta a su padre... Nunca le ha faltado nada, no conoce el dolor ni la muerte de alguien querido... Y eso talvez lo vuelven un poco "ignorante" sobre algunas situaciones... En especial cuando se trata de distinguir entre el bien y el mal. Sobre Hedda... Creo que es uno de los personajes del cual me siento más orgullosa. Con ella tuve mucho trabajo, porque no quería que fuera perfecta, pero tampoco quería hacerla excesivamente defectuosa... ¿se entiende? Sobre Rose... Sí, ella se muestra segura, pero eso no necesariamente quiere decir que ella ES segura. Elektra... Si tuviera que elegir una palabra para describirla sería "inocencia"... Y la segunda palabra sería "pureza". Y Lysander... él es un soñador con los pies en la tierra! Ingenioso y gracioso. Te felicito porque has entendido a mis personajes a la perfección.

MarcoAL: Bienvenido a mi historia y gracias por el review! ¡Gracias por las palabras de aliento! Siempre me pone feliz saber que hay gente del otro lado de la computadora que lee lo que escribo. ¿No ves futuro en la pareja de Tessa y Albus? Bueno, talvez sea porque en general uno no termina casandose con su primer novio... Aunque siempre existe la excepción a la regla. Sobre un enfrentamiento entre Harry y Octaivus o Sergei... Sí, eso sí que sería digno de ver, ¿no? Ya veremos si sucede en algún momento...

Espero no haberme olvidado de responder ningún review! Si es así pido perdón!

Saludos,

G.