Capítulo 28: Sentirse bien


Título del capítulo: Feeling Good (Cover) de Muse


Ni bien llegaron a casa de BJ, Greg salió del auto y avanzó a través de los varios adolescentes que ya estaban allí. Se dirigió directamente hacia la cocina para conseguirse una cerveza, y BJ apareció detrás suyo.

—Oye, Lestrade —dijo BJ.

Greg parpadeó y dirigió su mirada hacia él.

—Uh… hola, BJ.

BJ sonrió con sorna.

—No eres tan cabrón cuando Mikey no está cerca, ¿eh?

—Um… bueno…

BJ le dio una palmada en el hombro.

—Oye, entiendo; querías quedar bien con Mikey.

Greg sintió que se sonrojaba, su piel ardiendo cuando volvió a ver a BJ.

—N-no, no fue por eso.

BJ simplemente quedó mirándolo.

—No, en serio; no me gusta, ¿está claro?

—Mmjmm —dijo BJ mientras recolectaba dinero de las personas que entraban.

Usualmente se tenía que pagar entre cinco a diez libras cuando entrabas a la fiesta. Steward, el hermano mayor de BJ, trabajaba en una cervecería de la familia y podía conseguir toda clase de alcohol gratis, pero a los hermanos Masters les gustaba ganar dinero.

—Mira, Lestrade —dijo BJ finalmente guardando unas cuarenta libras en su bolsillo—. Te he visto acechar a varios chicos en las fiestas, ¿sabes? No eres exactamente disimulado cuando buscas algo para coger.

Greg se volvió a sonrojar de nuevo.

—Pero te vi junto a Mikey, y no me puedes mentir sobre eso.

—¡No estoy mintiendo! —insistió Greg.

BJ bufó.

—Lo que digas, Lestrade. Tu y Mikey lo harán oficial pronto. Invítenme a su boda, ¿sí? Prácticamente fui yo quien los hizo conocerse.

Greg frunció el ceño y el otro adolescente rió, le dio un trago a su bebida y se fue a la sala de estar. Greg bebió su cerveza rápidamente, para después servirse otra y dirigirse afuera a fumar.

{oOo}

Después de dos cigarrillos Greg volvió a entrar, tomando otra cerveza antes de unirse a Dimmock, Molly, Joe y Dylan. Los últimos dos habían llegado hace unos diez minutos y Greg agradecía su presencia. Con Joe y Dylan cerca, Dimmock y Molly no dirían nada sobre Mycroft.

Eso no los detuvo de reirse y susurrar entre ellos cada vez que Greg revisaba su celular o le echaba un vistazo a la puerta de entrada.

Dimmock estaba apoyado contra la pared con un brazo alrededor de Molly, y en el otro brazo llevaba un vaso con cerveza. Molly estaba bebiendo su usual limonada y no dejaba de sonreír sobre su bebida a Greg.

—¿Qué? —gruñó Greg, cuando Joe y Dylan empezaron a hablar de fútbol.

—Nada, nada —dijo Molly encogiéndose de hombros, pero aún sonriendo.

—Me estoy empezando a cansar de ustedes dos —dijo Greg, para luego suspirar.

—Bueno, no seamos groseros —dijo Dimmock. Greg le sacó el dedo medio.

—¿Por qué están discutiendo? —preguntó Dylan.

Greg miró a Dimmock, quien sonrió de lado antes de responder.

—Por nada.

Joe y Dylan se miraron entre ellos antes de volver a su charla sobre fútbol, dejando que Greg fulminara con la mirada a Dimmock y a su novia.

{oOo}

Greg estaba en su quinta cerveza cuando vio a Mycroft. Se quedó a mitad de lo que estaba diciendo, haciendo que tanto Dimmock como Molly se volvieran a ver quien era la fuente de su atención.

Mycroft estaba sirviéndose cerveza del barril y sonrió cuando vio a Greg. Llevaba puestos esos pantalones de cuero que tanto le gustaban a Greg, con un cinturón a cuadros blancos y negros. Su camisa blanca, que tenía los botones abiertos hasta casi la mitad estaba dentro de sus pantalones, y una chaqueta azul aterciopelada envolvía su torso a la perfección.

Greg tragó saliva, sus ojos prácticamente saltando cuando deambularon por el cabello desordenado de Mycroft, hasta sus ojos, que llevaban delineador negro y sombra azul oscuro, y luego hacia sus labios absolutamente besables, para luego dirigirse a sus collares de cuero que colgaban alrededor de su cuello y bajar hacia su esbelta figura; hacia su jodidamente hermoso trasero, y finalmente hacia sus delgadas piernas que llevaban un par de botas negras con los pasadores plateados sin abrochar.

—Y lo hemos perdido —musitó Dimmock.

—Vete a la mierda.

Esa fue la respuesta de Greg antes de terminar su cerveza y pasar al lado de Joe. Dylan ya estaba junto a una chica rubia y Joe tenía sus ojos fijos en una morocha en la esquina, así que Greg tenía confianza de que no lo verían estar junto a Mycroft.

Greg entró a la cocina, donde Mycroft estaba volviendo a llenar su vaso.

—Hola, Gregory —dijo Mycroft con una sonrisa.

—Mikey —dijo Greg, sirviéndose también.

—Me gustaría salir a fumar, ¿a ti? —preguntó Mycroft.

—Oh, sí —dijo Greg asintiendo.

Mycroft sonrió y lo guió fuera de casa, eventualmente saliendo por la puerta. Greg dejó que se cerrara tras de él, y bajó los escalones junto a Mycroft para dirigirse hacia la calle.

Mycroft sacó una cajetilla de cigarrillos y le ofreció uno a Greg, pero Greg quería algo más, así que muchas gracias,pero no. Envolvió sus brazos alrededor de Mycroft y tiró de él, haciendo que el jadeo de sorpresa de Mycroft se volviera pronto en un gemido cuando Greg presionó sus labios contra los suyos.

Greg lo besó un poco más fuerte cuando Mycroft hizo a un lado sus cigarrillos para poder sostener a Greg de su cintura. Greg sintió una lengua presionarse contra su labio inferior, acariciando y prácticamente rogando poder entrar. Y bueno, ¿quién era Greg para negarle a Mycroft lo que quería?

Abrió sus labios y gruñó cuando la lengua de Mycroft entró y acarició la suya antes de entrelazarse con ella. Greg gimió, su lengua lamiendo el piercing de Mycroft y sus papilas gustativas.

Se acercaron más, y Greg pudo sentir a Mycroft presionándose contra él, el perfume del otro adolescente añadiéndose a la deliciosa neblina de lujuria que había aparecido. No sabía cómo alguien podía llegar a oler tan delicioso, pero Dios, Mycroft olía jodidamente bien.

Las manos de Greg se movieron por la espalda de Mycroft, acariciando la suave tela de su chaqueta antes de levantarla. Acarició la espalda de Mycroft nuevamente, sintiendo la piel caliente por encima de la delgada capa de algodón de la camisa de Mycroft.

Se dirigió más hacia abajo y ladeó su cabeza, Mycroft dominando el beso y explorando por completo su boca. Finalmente descansó sus manos sobre el maldito y glorioso culo de Mycroft. Pasó sus palmas por encima de ambas nalgas antes de enterrar su dedos en ellas y agarrarlas con fuerza.

Mycroft jadeó cuando fue tirado hacia adelante, Greg eliminando la no existente brecha entre ellos. Al mismo tiempo se tiro hacía adelante, frotándose con fuerza contra la entrepierna de Mycroft.

—Joder, Greg —gimió Mycroft, dejando besos sobre el cuello de Greg, mordisqueando suavemente la piel que encontraba.

Greg gruñó en respuesta, disfrutando las acciones y el firme trasero de Mycroft demasiado como para tomarse la molestia de hablar. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que tuvo un toqueteo adecuado; a Mycroft no le importaba besuquearlo en la escuela, pero prefería que su uniforme permaneciera intacto.

Mycroft y Greg estaban frótandose sin verguenza alguna uno contra el otro, y la boca de Mycroft había vuelto a los labios de Greg, succionando y mordisqueando su labio inferior antes de volver a colocar su lengua dentro suyo.

Greg gimió con fuerza, enterrando sus dedos en el encuerado culo de Mycroft para juntar sus cuerpos. Mycroft nuevamente rompió el beso cuando la necesidad por respirar se volvió demasiado fuerte. Enterró su rostro en el cuello de Greg, respirando con dificultad, mientras que su pene se tensaba contra sus pantalones.

Haciendo una pausa, Greg colocó suaves besos sobre la cabeza de Mycroft antes de dirigirse a su mejilla y luego a su oreja.

—¿Por qué no vamos adentro? —preguntó suavemente—. Como a una… ¿cama?

Mycroft rió y se alejó un poco, sus ojos azules oscureciéndose con lujuria.

—Aún no, Gregory.

Greg gruñó.

—¿Por qué no?

—¿Por qué apresurar algo tan bueno? —murmuró Mycroft, las mismas palabras que había dicho hace varias semanas atrás.

Greg suspiró y besó a Mycroft de nuevo.

—Me estás matando, ¿lo sabías?

—La anticipación puede tener su propia recompensa, Gregory.

—¿Qué mierda significa eso? —exigió Greg.

Mycroft volvió a reír y lo besó con suavidad, sus labios cálidos y gentiles contra los de Greg. Acababa de alejarse para decirle algo cuando la puerta trasera se abrió de golpe, y tres chicos y dos chicas salieron trastabillando y riéndose.

Mycroft entrelazo sus dedos con los de Greg y lo llevó un poco más lejos, dejando a los otros adolescentes gritando y riendo en la calle. Mycroft llevó a Greg al otro lado de la casa, cruzando el estacionamiento de concreto.

Greg jadeó cuando fue tirado hacia atrás, tropezando y conectando su cuerpo contra la fría pared. Mycroft volvió a colocarse cerca de él, sus dedos desabrochando el cinturón de Greg mientras lo besaba.

—M-Mycroft —gimoteó Greg cuando el cierre de su pantalón fue tirado hacia abajo y sus calzoncillos hechos a un lado para que la suave y fría mano de Mycroft pudiera liberar su erección.

—Baja mi cremallera —ordenó Mycroft, moviendo sus labios para lamer la oreja de Greg. Greg gimió e hizo lo que le pidieron, sus dedos temblando cuando su cuello fue atacado por la habilidosa lengua de Mycroft.

Finalmente logró liberar la erección de Mycroft y gruñó nuevamente cuando sus manos fueron echadas a un lado, los dedos largos de Mycroft rápidamente envolviendo sus miembros. Dio un largo tirón, y aunque se sentía demasiado duro sin lubricante, aún así enviaba ondas de placer en todo el cuerpo de Greg.

Las manos de Greg volvieron al culo de Mycroft, apretando su nalgas cubiertas y acercando al pelirrojo lo suficiente como para embestirse hacia adelante. La mano de Mycroft se sentía maravillosa en su prepucio, y mejor aún sobre todo su miembro, y Greg gimió contra sus labios cuando fueron tomados nuevamente con fuerza y pasión, un beso absolutamente sucio.

Greg no sabía cómo alguien podía besar tan bien; Mycroft usaba la cantidad justa de lengua, dientes y labios, e incluso sus jadeos hacían que Greg se exitara. Bueno, ahora no era el tiempo de pensar en eso; Mycroft lo estaba masturbando, masturbándolos, y Greg debería pensar en eso.

Así que atrajo a Mycroft incluso más cerca, entrelazando y enterrando sus dedos el trasero del genio, sus caderas moviéndose con cada giro en la muñeca de Mycroft. Estaba gimiendo con fuerza contra la lengua de Mycroft, su piercing acariciando sus papilas gustativas, haciendo que Greg gruñera.

El calor estaba rápidamente acumulándose en las entrañas de Greg y su cabeza estaba nublada por el alcohol y los besos de Mycroft, y el perfume de Mycroft, y por Mycroft… bueno, su cabeza estaba completamente nublada por Mycroft.

Los dedos de Mycroft sostuvieron los miembros con firmeza, acariciándolos desde la base hasta la punta, su pulgar ocasionalmente rozando el líquido que escurría de ambas hendiduras. Greg gimoteó cuando dio un tirón particularmente fuerte y una embestida de sus caderas hizo que el calor se descontrolara en todo su cuerpo, hasta sus dedos de los pies.

Los labios de Mycroft estaban duros, magullados, y pronto se separaron para poder respirar. La cabeza de Greg se echó hacia atrás para descansar contra la fría pared, con los labios hinchados entreabiertos y cada aliento haciendo que su pecho se rasgara.

Podía sentirse cerca, podía sentir que Mycroft también lo estaba. Las manos del adolescente más joven se estaban moviendo más rápido, su agarre volviéndose incluso más fuerte, y su respiración se incrementó un poco cuando dirigió sus labios al cuello de Greg para hacerle un chupón.

—M-Mycroft… —tartamudeó Greg, gimiendo cuando Mycroft se apoyó contra él—. M-mierda, oh Dios —continuó—. Mierda, eres tan… guh… aaahh…

—¿Tan… qué? —preguntó Mycroft, su aliento rozando la oreja de Greg—. Dímelo, Greg.

Greg gimoteó cuando el pulgar de Mycroft acarició su glande. La otra mano de Mycroft sosteniendo la cadera de Greg con fuerza, sus dedos enterrándose doloramente allí mientras Mycroft lo tocaba.

—Di… me… —dijo Mycroft de nuevo, su orden un poco fuera de lugar por el pequeño gemido que hizo al hablar.

—Tan… jodidamente… hermoso —dijo Greg entrecortadamente, su espalda arqueándose de la pared—. ¡Pe-perfecto, oh Dios!

La mano de Mycroft se movía cada vez más rápido, Greg gruñendo, gimiendo, y en general, simplemente haciendo ruidos ridículos. Mycroft no estaba mejor que él, enterrando su rostro en el cuello de Greg, sus gemidos amortiguados por su camisa.

—Dios, que sexy estás —gruñó—. ¿Te vestiste para mí?

—Mmjmm —dijo Greg asintiendo, admitiendo lo que tanto había estado negando desde que salió de casa.

La mano libre de Mycroft se movió y sus dedos se enterraron en la espalda de Greg antes de dirigirse a su trasero. Agarró una nalga y tiró de Greg hacia adelante.

—¡Mycroft! —gritó Greg mientras se venía, su semilla chorreando entre ellos, manchando sus camisas y la mano de Mycroft.

Mycroft gimió y mordió con fuerza el cuello de Greg mientras se empujaba hacia adelante nuevamente, derramando por fin su orgasmo, llenando su mano ya pegajosa con más semen.

Continuó tocando a través de ambos orgasmos, su manos bajando la velocidad, evitando tocar las sensibles cabezas, mientras ambos temblaban y jadeaban uno contra el otro. Greg ahora estaba apoyado por completo contra la pared, sus piernas temblando y sintiéndose débil. Mycroft era una presencia pesada contra él, todo su cuerpo temblando levemente mientra se tranquilizaba.

Cuando Greg pudo pensar con claridad, tiró de Mycroft, sus ojos marrones encontrándose con los azules antes de que sus labios se unieran. Compartieron besos suaves y perezosos hasta que volvieron a separarse, Greg sonriendo estúpidamente y Mycroft riendo.

—No necesitas una cama para pasar un buen rato —comentó Mycroft cuando dio un paso hacia atrás. Buscó en su bolsillo derecho del pantalón y sacó un paquete arrugado de servilletas. Hizo su mejor esfuerzo en limpiarlos a ambos, pero la camiseta de Greg de The Living End estaba manchada, y también la de Mycroft.

—A la mierda tú y tus camisas blancas —gruñó Greg, pasando un pulgar por encima de una larga mancha encima de su ombligo.

Mycroft rió y sostuvo la camisa de Greg para abotonarla un par de botones más arriba.

—¿Ves? Problema resuelto.

—Oh, sí, dile eso a mi mamá.

—Sólo arroja tu camiseta en el lavarropa después de que haya puesto toda tu otra ropa; no se dará cuenta —dijo Mycroft.

Greg alzó una ceja.

—Sueles esconder muchas camisetas manchadas, ¿no?

—No ando revelando todo por allí, Gregory querido.

Greg bufó y se aseguró de que ambos tuvieran la cremallera levantada antes de abrazar a Mycroft.

—Ahora si me gustaría ese cigarrillo, Mycroft cariño.

Mycroft rió y permitió que Greg lo guiara hacia el otro lado de la casa.