Días pasaron y Astoria no volvía en sí. Parecía dormida, con sus ondas castañas enmarcando sus ocultos ojos esmeralda. Slytherins y Gryffindors la visitaba diariamente, pero no así un rubio orgulloso y herido en lo más profundo de su ser, en su amor propio, en su corazón. Sí, sentía un enorme vacío en él al no verla, ni escuchar su risa o simplemente discutir con ella; pero de ninguna manera iría a visitarla, pues para él, había jugado con Potter y con él y eso jamás se lo perdonaría.
Todos lo días veía con rabia y desprecio la snitch dorada que había atrapado especialmete para ella y el recuerdo se veía empañado por ese beso que presenció entre el "imbécil" de Potter y Astoria que lo lastimaba en contra de su voluntad. Sabía ya que no era orgullo lo que sentía, era amor y lo llenaba de odio a la vez por caer "tan bajo" con alguien que había jugado con él a su manera de ver las cosas.
Llegaron las vacaciones de Navidad y los chicos partieron hacia sus hogares. Todos menos el Príncipe de Slytherin, quien no quería celebrar ni ver a nadie, pues Narcissa iría a pasar la Navidad con Andómeda y el pequeño Teddy a su cuidado. La verdad él no quería salir de su encierro, quería olvidarse de todo a la voz de ya.
Draco se había amargado enormemente desde lo sucedido con Astoria y agriaba su carácter día con día, dejándose llevar por la oscuridad que tanto se temía. Todo Slytjerin y el trío verde plata lamentaban la situación profundamente. La situación era inaguantable.
-Astoria volverá y todo saldrá bien- repetía Nott a una triste Pansy, quien día con día observaba melancólicamente las pertenencias de la ojiverde en el dormitorio que ambas compartían.
Blaise se encontraba desesperanzado, pues lamentaba desde lo más profundo de su ser haberle fallado a Draco en su única oportunidad de ser feliz.
Los Gryffindor se notaban decaídos por no poder hacer nada para ayudar a Astoria y Harry trataba de infundirles ánimo diciendo que tarde o temprano el temple de la chica saldría a relucir para remediar el problema y sacarla de la situación. Ron, Hermione y Ginny deseaban con todas sus fuerzas que eso fuese cierto.
Fue en víspera de Navidad, cuando todo el colegio estaba casi vacío, que después de la cena -a la que por cierto, Draco no bajó- que no soportó más la situación y fue a verla. Al hacerlo sintió el corazón dividido entre amor y odio tan grandes que ambos rivalizaban en ese momento por dominar el corazón del altivo chico ojigris.
Entró sigilosamente a la enfermería cuidándose de no ser visto por nadie, ya que en ese momento los pocos habitantes del castillo se encontraban celebrando y era el momento ideal para ir sin ser descubierto. Con un palpitar acelerado se acercó poco a poco a las camas vacías hasta encontrarla a ella. Ahí, pálida, impasible, dormida. Con el brillo de sus ojos apagados por la implosión en la que estaba sumida. Draco no pudo evitar entristecerse al verla así, a ella, a la orgullosa chica que más de una vez se le había plantado enfrente diciéndole en la cara que no se casaría con él.
En ese momento, se detuvo ante ella observándola largamente. De pie junto a la cama, decidió sentarse un momento y rozándole la mano (pues no se sentía capaz de hacer más que eso), habló en un murmullo casi imperceptible:
-Vuelve- fue lo único que dijo, cerrando los ojos fuertemente, pues prefería verla al lado de Potter, pero recuperada y no ahí, postrada en silencio en esa fría cama. Le costaba mucho hacer todo eso, pero sentía la imperiosa necesidad de intentar hacerla reaccionar
Minerva McGonagall, los profesores, los preocupados Greengrass que no se explicaban lo que sucedía y la misma Narcissa Malfoy habían acudido a visitar a Astoria con vanos esfuerzos para devolverla a la vida de antes, incluso Daphne, llegó desde Francia para darse cuenta de que su hermana pequeña no era más que esa persona inmóvil en la cama que no daba señales de nada, más que de una acompasada respiración y eso era todo.
En San Mungo habían dicho lo mismo que Pomfrey y que no tenía caso trasladarla allá porque solamente era cuestión de tiempo y esperar. No había pociones milagrosas, ni hechizos, nada que pudiera hacerlo, salvo la misma Astoria que tenía que luchar consigo misma por volver.
Pasaron algunos instantes en los que nada sucedía y Draco permanecía allí, dudando si irse ya o esperar algo, algún indicio que le hiciera saber que ella se iba a poner bien. El rubio colocó la cabeza entre sus brazos con aire derrotado. En ese instante Astoria murmuró algo con los ojos aún cerrados y su corazón dio un enorme vuelco al oírla. Se incorporó de un salto y corrió hasta Pomfrey en el Gran Comedor, la cual se sorprendió al escuchar a Draco decir que la ojiverde de Slytherin estaba reaccionando. Ni siquiera la medimaga o alguno de los presentes recordaron cuestionar a Draco sobre su presencia a esas horas en la enfermería, pues lo importante es que la chica estaba dando señales de que quería regresar a su vida y eso era lo importante ahora.
Efectivamente, Astoria volvió en sí, rodeada por algunos profesores que la miraban sonrientes y Draco no tuvo el valor ni el coraje para visitarla más, aunque en el fondo le tranquilizaba enormemente que ella estuviese de nuevo con ellos. Su orgullo era aún más fuerte que el amor y eso estaba muy claro.
Fue después de las vacaciones y una vez que todos los alumnos se hubieron reintegrado a sus labores normales en el colegio, que una triste castaña de una mirada verde pero apagada, retornó sola a las mazmorras sin comprender aún del todo lo que le había pasado, pero sin embargo sabía que tenía que continuar con su vida. Mientras caminaba rumbo a su sala común, sentía la cabeza todavía distante y las cosas se aclaraban poco a poco y recordaba todo lo sucedido antes de desvanecerse por casi un mes completo. Lamentaba su conducta y esperaba poder enmendar sus errores, pero sabía perfectamente que Draco jamás iba a permitirle explicarle las cosas y eso era un dolor punzante para ella.
Al llegar a Slytherin, se encontró con el recibimiento caluroso hasta donde era posible de sus compañero, quienes la llenaban de palabras de apoyo, menos Millicent, claro y algunos otros le daban un leve abrazo en señal de bienvenida. El trío verde Plata, en cambio, se abalanzó hacia ella ni bien la vieron traspasar el umbral de la puerta, rebosantes de felicidad al ver de nuevo a la chica con ellos. Astoria sonreía, pero sus ojos ya no eran los mismos de antes, La pena se le notaba a través de ellos.
Una vez terminada la bienvenida, la chica decidió recostarse un poco, pues aún se sentía débil por lo acontecido y se dispuso a subir los primeros escalones hacia su dormitorio.
-Con que has regresado- la recibió una fría voz desde lo alto de las escaleras
-Sí - respondió ella débilmente temblando como una hoja en su interior al ver al rubio altivo, mirándola desde arriba con un mar de reproche en sus palabras. Todo estaba claro ya: Draco no le perdonaba el beso con Harry y no le daría oportunidad de explicarle, era todo en vano.
-Permiso…- acotó ella subiendo sin verlo a los ojos.
-¿Dónde dejaste a Potter, Greengrass? -su apellido, la acababa de llamar por su apellido y ella hizo acopio de valor para replicarle:
-No lo sé, Draco, déjame pasar.
-¿Así que te besas con él un día y después ya no le importa si reaccionas o no? -dejó saber venenosamente el blondo, deseando lastimarla y lacerarla tanto como ella lo había hecho con él.
-Apártate por favor- repuso la ojiverde tratando de contener el llanto por las crueles palabras del chico.
-¡Eres igual que todas, Astoria, es totalmente comprensible que prefieras estar con Potter, que es un héroe, en lugar de casarte con un maldito exmortífago!, ¿No?- rugió el Príncipe de las Serpientes con el odio impregnado en cada una de las palabras que soltaba. Eso era todo, dejaba traslucir su rencor y su veneno, sus celos con esa frase. Todo Slytherin calló, pues ese era un tema incómodo y delicado entre las serpientes.
Astoria lo miró con furia destellando en sus ojos y subiendo las escaleras rápidamente, le abofeteó el rostro sonoramente al tiempo que le gritaba:
-¡Eres un imbécil, Malfoy!, un completo imbécil que no entiende nada!
El blondo la enfrentó sin importarle la presencia de muchas personas en la sala. Estaba cegado en ése momento
-¿Qué debo entender, Astoria?, ¿Qué Potter es mejor para ti porque es el Elegido y yo el maldito mortio que intentó matar a Dumbledore?- le gritó sosteniéndola por las muñecas en un arranque de ira.
-¡Basta ya, Draco!- Rugió Nott subiendo inmediatamente, perdiendo su habitual paciencia y encarando decididamente al blondo, se le plantó enfrente para decirle al tiempo que liberaba a la chica de sus manos.
-¡Ella jamás ha pensado ni dicho semejante infamia de ti, eres un idiota!
El rubio iba contestarle a Nott, pero al ver el semblante de Astoria, quien lloraba profusamente, se contuvo. No soportaba verla llorar y peor aún, él lo había provocado todo. Pansy sostuvo a la castaña y Blaise la ayudó a conducirla al dormitorio.
-¡Esto es inconcebible, Draco! -espetó fríamente el moreno antes de irse con las dos chicas.
-Eres un maldito patán- concluyó. Draco no se movió.
Nott, ya abajo, se dejó caer en un sillón cabizbajo
-Acaba de reaccionar de una implosión y tú actuando tan bajo- espetó el castaño.
El ojigris no contestó, pero sabía que era verdad. No podía esperar para echarle en cara su ¿odio?, o su amor herido a ella, a la castaña de ojos esmeralda; a la única que lo hacía sentirse descontrolado. Sí, era lo que Blaise había dicho: Un maldito patán.
-Draco…-llamó Pansy bajando las escaleras tomándolo de la mano y sacándolo de la sala común. El chico la siguió como autómata.
-No sé que pasa por tu cabeza al tratar así a Astoria -le dijo una vez libres de miradas incómodas- Sí, besó a Potter, lo entiendo, pero no es motivo para tu comportamiento irracional; ella está delicada y lo sabes. No la perturbes más y si no la amas, déjala ser feliz con el Gryffindor o con quien ella elija; pero deja ya de lastimarla y búscate otra diversión. ¿En tu diccionario mental nunca pasó la idea de que Astoria reaccionara besando a Potter porque estaba celosa de la Hufflepuff que te besó a ti?, Es probable eso, ¿Ya lo consideraste?- concluyó la pelinegra, quien ya se marchaba de nuevo dentro de las mazmorras sin darle tiempo a Draco a reaccionar.
Él, que la había escuchado en silencio, plantado orgulloso ahí, como estatua, con una ceja levantada, ahora se derrumbaba. No, no lo había pensado así. En todo momento la víctima era él y sólo él. Nunca pensó que la castaña sintiera ¿celos?, pero podría ser…si ella respondía a sus besos de un modo en que sólo alguien enamorado podía hacerlo entonces era posible, ¿era posible que la ojiverde lo quisiera?
-¡Maldición! -murmuró golpeando el muro de piedra hasta sangrar de los nudillos. ¿Qué hacer ahora?, ¿Hablar con ella y preguntarle? No, no, iba a ser demasiado; primero la agredía y luego se volcaría en disculpas, no, no así, porque todavía no descartaba del todo su vieja teoría con la que había vivido todo éste tiempo. Entonces decidió hacer realidad la única idea que se le venía a la mente…
Astoria recostada en la cama, sufría silenciosamente recordando las crueles palabras del rubio ojigris y las meditaba. ¿Cómo era posible que él creyera semejante cosa?. Negaba una y otra vez. De pronto, un olor conocido la inundó arrancándole una lágrima de esperanza. Era media noche y a su lado en la cama, había aparecido un hermoso narciso blanco. Un narciso de media noche.
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¡Comentarios por favor!!! y perdonen la tardanza, la escuela me trae loca.
Besos desde México
