No había duda que los rosales estaban creciendo más grande este verano que el anterior, medito el ingles con una pequeña sonrisa, desde que había aplicado un poco de sus artes arcanas los rosales que el frog había traído desde el otro lado del mar habían florecido hermosamente bien en esa casa estilo imperialista que ambos habían construido en una de las riveras de los grandes lagos
- Arthur – grito un pequeño corriendo hacia el muchacho que se quedo inmobil ante los pequeños gritos
-¡Matthew!– inquirió el mayor al ver al pequeño todo cubierto de tierra - ¿qué diablos te paso? – pregunto mientras sacaba un pañuelo y empezaba a limpiar la cara de la pequeña colonia
- Alfred me empujo al lodo – replico el pequeño señalando hacia su gemelo que corría a toda prisa hacia ambos
- ¡No es cierto! – grito el mayor enérgicamente – el solo se cayó – refuto algo cansado por la carrera
- Es verdad que él me empujo al lodo – repuso el canadiense escondiéndose detrás del mayor – además que asusto a kuyumaro – gruño el canadiense algo bajo
- Mentiras, todas son mentiras – inquirió el pequeño mirando feamente a su mellizo, cosa que el mayor pudo notar
- Alfred dime la verdad – reclamo el mayor mirándolo seriamente – Matthew nunca me ah mentido y espero que tu tampoco – dijo en un tono de voz bastante peligroso, lo que ocasiono que el pequeño norteamericano bajara la mirada nerviosamente – y ¿bien? – pregunto seriamente mirando mas inquiridoramente al menor
Ese día Alfred aprendió que mentir era malo y Matthew aprendió que una simple mirada de Arthur obraba maravillas para descubrir la verdad entre las mentiras
