DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es una adaptación.
-¡Por Dios, Ally! –exclamó Rosalie. Se estaban poniendo los vestidos de baile puesto que era miércoles, y los miércoles había que ir a Almack's lloviera o hiciese sol, con amantes muertos o sin ellos-. Mira que estás nerviosa. –Porque Alice, al oír un timbre en el piso de abajo, se había precipitado hacia la ventana para ver si estaba en la puerta el carruaje de Jasper Whitlock. Pero sólo era el vendedor de hielo-. ¿De verdad estás bien? ¿No te habrás resfriado al caerte al río?
Alice, mirando desconsoladamente su reflejo, pensó que si lord Malfrey había matado a Jasper Whitlock, tendría que comprarse un vestuario nuevo, porque aunque no estaba casada con él, se sentiría como una viuda.
CHAPTER 28
-Estoy bien –murmuró respondiendo a su prima.
-Pues no lo parece. Pellízcate un poco las mejillas. Así, así estás mejor.
-Rossie –comenzó Alice, mirando a su prima a través del espejo-, ¿te acuerdas de que dijiste que creías que Jasper Whitlock estaba enamorado de mí?
-Ajá –contestó Rosalie, probándose los pendientes de zafiro de Alice y admirando el brillo de las gemas.
-¿Y que pensabas que a lo mejor yo estaba enamorada de él?
-Sí. –Rosalie se pellizcó las mejillas-. ¿Por qué?
-Ay –suspiró Alice-. No, por nada.
Rosalie se volvió hacia ella enarcando las cejas.
-¡Alice! –exclamó, con ojos brillantes como los zafiros de los pendientes-. ¡Tú le quieres!
-No –se apresuró a contestar ella-. No es verdad. –Y de repente hundió la cara entre las manos-. ¡Está bien! Le quiero. Le quiero y es demasiado tarde, porque he sido horrible con él. ¡Ay, Rossie!
Y de pronto, todas las lágrimas que se negaron a aparecer tras la ruptura con lord Malfrey, comenzaron a caer en torrentes que recordaban al Ganges durante los monzones.
-¡Ally! –Rosalie jamás había visto llorar a su prima y no sabía qué hacer-. ¡Ay Ally! ¡Cariño! ¡No llores! El capitán te quiere, estoy segura. ¿Acaso no fue anoche a rescatarte de aquellos espantosos pescadores?
Pero aquello sólo logró que Alice sollozara todavía más. Rosalie, sin saber qué hacer, fue corriendo a por su madre, que acudió a medio vestir e hizo lo que hacen las madres cuando ven sufrir a uno de sus hijos: estrechó a Alice contra sus generosos pechos e intentó calmarla.
-Vamos, vamos. No pasa nada –le dijo-. Creo que están saliendo todas las emociones de ayer. Mira, más vale que hoy te quedes en la cama con un calentador.
Alice, horrorizada, se zafó bruscamente de los brazos de su tía.
-¡No, no! Estoy bien. Tengo que ir a Almack's. ¡Tengo que ir a Almack's como sea!
Porque si tenía alguna posibilidad de volver a ver a Jasper Whitlock, sería sólo en un lugar, el lugar donde se reunía todo el mundo los miércoles por la noche. Y ese lugar era Almack's.
-No me parece sensato, chiquilla –protestó preocupada Esme-. Pareces agotada. ¿No prefieres quedarte con Lillian y los niños y…?
-¡No! –exclamó Alice, casi ahogándose-. ¡No! ¡No!
La señora Cullen se la quedó mirando extrañada. Al cabo de un momento se encogió de hombros.
-Bueno, como quieras. Pero daos prisa, niñas. Salimos dentro de media hora.
Media hora no era suficiente para que Alice se tranquilizara y reparase los desperfectos que las lágrimas habían causado en su rostro. Y no era suficiente para que Rosalie se familiarizara con aquella nueva criatura: una prima Ally que lloraba, y nada menos que por Jasper Whitlock, que era su enemigo acérrimo. Por lo tanto fue un grupo muy solemne el que llegó a Almack's esa noche…, aunque Rosalie recuperó pronto la serenidad cuando Emmett McCarthy se adelantó para pedirle una cuadrilla. Alice se dedicó a rondar por las habitaciones buscando una cara… sin encontrarla.
-No está –gimió cuando Rosalie salió de la pista para atarse el zapato-. ¡El capitán Whitlock no ha venido!
-Pues claro que no –contestó su prima-. Todavía es temprano, Ally. No te preocupes.
Pero Rosalie no lo entendía. Ella no había oído lo que Alice le dijo a Jasper la noche anterior. Y no sabía nada de lo sucedido con lord Malfrey y por lo tanto desconocía la posibilidad de que Jasper estuviera muerto con una bala en el cerebro.
Y el hecho de que lord Malfrey tampoco hubiera llegado todavía no era ningún consuelo para Alice. ¿Qué clase de hombre se atrevía a asomarse por Almack's después de intentar hacer una cosa tan horrible? No, no era de extrañar que lord Malfrey no diera señales de vida. Pero lo que Jasper era muy diferente. Jasper Whitlock jamás se perdía una noche en Almack's. la única explicación de su ausencia era que estuviera muerto… o que odiara a Alice. En cualquier caso, Alice estaba destrozada, y rechazó a todos los jóvenes que se acercaron a ella a pedirle un baile, hasta que finalmente la señora Cullen le aconsejó:
-Querida, ya sé que todavía estás sufriendo por tu ruptura con el conde. ¿Pero no crees que deberías dar una oportunidad a estos agradables caballeros? Eres muy joven cariño, y aprenderás a amar de nuevo…
Tuvo gracia en cierto modo que en el mismo momento en que la señora Cullen pronunciaba esas palabras, atravesó la puerta un hombre con las puntas del cuello demasiado bajas. Alice no necesitó ver el rostro del dueño de aquellas puntas para saber a quién pertenecían. Sólo un hombre en todo Londres llevaba las puntas del cuello a una altura tan poco elegante.
De manera que con un grito de alegría Alice se precipitó hacia él. –Capitán Whitlock –saludó Alice-. Buenas noches.
Él la miró inexpresivo, aunque con una chispa de sorpresa en sus sardónicos ojos. Se comportaba como si Alice se le acercara corriendo a través de una pista de baile todos los días de la semana.
-Lady Alice –contestó con helada cortesía.
Aquella cortesía atravesó a Alice como un cuchillo, hiriéndola como no habría podido herirla una palabra poco amable. ¡Jasper Whitlock era cortés con ella! ¡Con ella! Cielo santo, la situación no podía estar peor. Peor incluso de lo que ella se había permitido imaginar. Lo único más terrible habría sido una bala.
Con el corazón encogido de miedo, Alice hizo lo único posible, dadas las circunstancias. Agarró a Jasper del brazo y se lo llevó a la alcoba más cercana, donde pudieran dejar las cosas claras de una vez por todas.
-Alice –dijo Jasper, bastante irritado mientras ella le metía a empujones detrás de una cortina de terciopelo donde estarían a salvo de miradas curiosas-. ¡Por Dios! ¿Qué pasa?
Alice no se podía creer que Jasper le preguntara eso, cuando ella llevaba el día entero sufriendo como si se le partiera el corazón.
-¿Qué qué pasa? –exclamó-. ¿Qué qué pasa? ¿Por qué no contestaste mi nota?
Él se encogió de hombros, intentando enderezarse la chaqueta después de que Alice le llevara a tirones hasta el reservado.
-¿Y por qué tenía que contestar? Sabía que te vería esta noche.
Alice le miró entornando los ojos.
-Ah, con que sabías que me verías esta noche, ¿no?
-¿Por qué te empeñas en repetir todo lo que digo? –preguntó Jasper-. ¿Y por qué tienes esa cara?
Alice se llevó de inmediato las mano a la cara.
-¿Qué cara? ¿De qué me estás hablando?
-Pues no sé… Estás… colorada. Claro que tampoco es de extrañar después de todo lo que pasó anoche. Probablemente tendrás fiebre. Tus tíos no deberían haberte dejado venir. Pienso hablar con ellos…
-¡Jasper! –gritó ella, dando una furiosa patada en el suelo.
Él la miró extrañado.
-¿Y ahora qué he hecho?
-¿Por qué te comportas así?
-¿Cómo? –preguntó él, verdaderamente sorprendido.
¿Por qué eres tan… tan educado? –le acusó Alice, señalándole amenazadoramente con el abanico-. Más vale que no sigas por ahí. Ya te dejé claro en la nota que siento mucho lo que dije anoche.
Jasper esbozó una media sonrisa, pero sólo con una comisura de la boca.
-Es cierto. Aunque, entre las muchas cosas desagradables que me dijiste anoche, no mencionabas a cuál te referías exactamente.
-Lo sabes muy bien –contestó Alice altanera-. No me lo hagas repetir.
-¿Sí? Pues yo creo que más vale que lo repitas –replicó Jasper, cruzándose de brazos-. Me parece que me lo debes.
Sabiendo que se estaba poniendo más colorada que un tomate, pero sin poder hacer nada por evitarlo, Alice bajó la vista al suelo.
-Pues… siento haber dicho que no me importas.
Pero Jasper no quedó satisfecho. Seguía mirándola de brazos cruzados.
-¿Y eso?
-Pues porque… porque sí me importas. Un poco.
¡Hola! Bueno, pues aquí tienen otro capi ;)
Sólo falta uno, en el que se aclararan todas las cosas, se descubrirán muchos secretos… es decir: FALTA SÓLO EL GRAN FINAL! Haha
Me da penita que sólo falte un capi… =/ pero en cuanto acabe esta, ya tengo escritos varios capis de otra historia de este estilo pero esta vez es mía xD
Bueno, Besos,
Christina.
