Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lynyrd Lionheart, yo solo la traduzco.


GOD LOVE HER

Capitulo veintidósThe House That Built Me

(La Casa que me Formó)

Edward's POV

Sabía que dejar a Bella era comportarme como un supremo gilipollas, pero no creía poder soportar las preguntas que sabía que haría si la despertaba.

Así que no lo hice.

Intenté justificarme a mí mismo mis acciones mientras daba vueltas en la oscuridad, guiándome por el tacto para vestirme. Temía que si encendía la luz y subía la persiana, Bella se despertaría. Una vez que estuve vestido, palpé hasta encontrar mis llaves y, una vez que estuvieron en mi mano, dejé silenciosamente la habitación.

En el pasillo, me quedé quieto un momento con la cabeza presionada contra la puerta. Por mucho que no quería enfrentar las preguntas de Bella, había otra parte que quería desesperadamente que ella estuviera a mi lado mientras enfrentaba un pasado que no podía olvidar, sin importar lo mucho que lo intentara. Fui a alcanzar el pomo de la puerta, mi cabeza se había convencido de que la iba a despertar, incluso si solo era para escucharla decir que todo estaría bien, pero alejé la mano en el último momento.

Si quería superar eso y ser alguien que mereciera a Bella, entonces tenía que hacer eso solo.

Respiré profundamente, luego me alejé de la puerta y me di la vuelta, caminando hacia la entrada del motel.

El espectro de Chicago y la miseria que había sentido allí y en los pueblos más pequeños que rodeaban la ciudad, siempre había estado en mi mente. Había estado ahí, pero nunca lo había reconocido, contento con la nueva vida que estaba forjando con Carlisle y Esme. Ellos me estaban dando una segunda oportunidad. Una oportunidad que, incluso a los nueve años, sabía que necesitaba desesperadamente. Había estado feliz de tomar esa segunda oportunidad e irme con ella.

Luego nos mudamos a Forks y lo jodí todo en un mal intento de ganarme la atención del ángel del pueblo.

Fue el día en que Isabella Swan vino a la escuela y me ignoró, actuando como si no existiera, que el espectro en el fondo de mi cabeza empezó a moverse al frente. Bella fue la primera persona por la que realmente había querido ser mejor y, en su lugar, había caído en malos hábitos y arruinado todas las oportunidades con ella.

O eso había pensado hasta la noche en los acantilados cuando ella aceptó marcharse conmigo. En ese momento sentí más felicidad de la que había sentido nunca y el espectro de Chicago nunca había sido tan fuerte.

Así que en ese momento hice un plan. Le haría a la chica perder la cabeza por mí, volvería a Chicago y le mostraría a la ciudad que me atormentaba que lo había superado y tendría mi felices para siempre.

Por supuesto, todos mis planes se detuvieron en el segundo en que Bella le había hablado fríamente a Charlie sobre sus planes de ir a Cornell. Le hizo frente a su padre, me había defendido a mí, a nosotros, y yo nunca había estado tan orgulloso de nadie como lo estaba de ella en ese momento.

Tampoco me había sentido nunca tan desconsolado, ni siquiera cuando Bella dejó de darme los buenos días después de mi increíble acto de estupidez en el primer año. En ese momento estuve seguro de que nunca la tendría. Esta vez, la tenía, pero iba a perderla por Cornell y sus sueños. Los únicos sueños que yo tenía la involucraban a ella. A veces yo era médico en esos sueños, pero ella siempre estaba presente.

Aún así, Bella creía en mí. Creía que yo podía hacer grandes cosas y parecía querer estar conmigo mientras las hacía. Así que, por ella, iría a escuelas y miraría los programas e intentaría convertirme en alguien de quien ella pudiera estar orgullosa. Me convertiría en el hombre fuerte y capaz que ella merecía. Si ella decía que podía ser médico, entonces me convertiría en un maldito médico solo para demostrar que ella tenía razón.

Y, vale, también porque yo quería ser médico desde la primera vez que vi a Carlisle Cullen y él salvó mi vida.

Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, tenía que volver al comienzo. Porque, por mucho que la creencia de Bella en mí me elevara, era lo suficientemente listo como para darme cuenta de que si yo no creía en mí mismo, estaría destinado a fracasar. Estaba harto de sentirme como un fracaso, de sentir que le fallaría a Bella.

Mi primera parada en mi misión para enfrentar mi pasado era la primera casa hogar a la que había sido enviado. No la recordaba muy bien. En ese momento tenía tres años y sufría por la muerte de mis padres. Tenía vagos recuerdos de una pareja que se veía cansada y media docena de caras de niños que se burlaban. En esa casa, no habían sido los adultos los que me hicieron sentir miserable, sino los otros niños.

El vecindario estaba en muy mal estado. Probablemente habrían pasado unos buenos quince años desde que viví allí, pero el tiempo no había sido bueno con esa casa o sus alrededores. Obviamente, la pareja de mis recuerdos ya no vivía aquí. Las ventanas estaban cerradas con tablas y el césped no había sido tocado por una cortacésped en lo que parecían años.

― Lleva ocho años abandonada.

Asustado, me di la vuelta para ver a una mujer joven que estaba al lado del buzón de la casa. Tenía unos cansados ojos azules y todavía llevaba un gastado albornoz rosa, que estaba fuertemente atado en su cintura.

― Llevo cinco años viviendo aquí y nadie ha mirado siquiera este lugar. La mujer a la que le compré mi casa dijo que la pareja que vivía ahí, recogió y se mudó a Florida tres años antes de que yo llegara. Desearía poder permitirme el mudarme a Florida. ― Sus ojos se volvieron distantes y levantó la cara, como si pudiera sentir el sol de Florida en ella. ― Pero ahora se han ido y esa monstruosidad está condenada. Van a echarla abajo el próximo viernes. De cualquier manera, ¿por qué la estás mirando?

― Viví ahí, ― contesté. ― Fue hace mucho tiempo.

― Bueno, pareces haber ascendido desde entonces. ― La mujer señaló mi ropa con la cabeza. Era la del día que Bella y yo dejamos Forks. Ropa que Esme había comprado para mí. Supuse que debía verse bastante elegante en este vecindario. Esme solo compraba mercancía de alto nivel. ― Si yo fuera tú, volvería al lugar de donde eres y olvidaría este lugar. Cualquier lugar tiene que ser mejor que esto.

La mujer sacó su correo del buzón y se lo puso bajo el brazo. Se despidió de mí con la mano y entró en su casa, cerrando firmemente la puerta detrás de ella.

Volví a mirar la otra casa con añoranza. Había esperado que podría ir ahí y encontrar mi cierre y poder volver a Bella. Solo había vivido en dos lugares en Chicago. Esta casa y la otra que recordaba muy bien.

Una casa grupal. Mi primera casa grupal, para ser exactos. Fue donde probé por primera vez el crimen y donde mis, bastante largos, antecedentes juveniles tenían sus comienzos.

Con una última mirada a la decrépita casa, arranqué la moto y conduje hacia el último lugar al que realmente quería ir.

El siguiente edificio frente al que paré era mucho más grande que el primero. Ese vecindario se parecía más a lo que recordaba que era hace todos esos años. El vecindario no era el mejor, pero estaba un peldaño por encima del que había dejado. Me sentí casi enfermo mientras miraba su exterior blanco. Recordé a Bella diciéndome que volver no arreglaría las cosas y, por primera vez desde que dejamos Forks, me pregunté si no tendría razón. ¿Por qué me estaba haciendo a mí mismo pasar por eso? ¿Qué esperaba conseguir?

No había vivido ahí desde los nueve años. ¿Cómo se suponía que iba a ayudarme volver a un lugar en el que no había entrado en trece años?

Había estado tan consumido por mis pensamientos que no me había dado cuenta de que estaba caminando hacia el edificio hasta que mi mano ya estaba en el pomo de la puerta. Paré y bajé la vista a mi mano. La alejé y en su lugar llamé al timbre al lado de la puerta. Tras un momento de silencio, escuché el sonido de pisadas.

Se detuvieron y la puerta se abrió un poco. Una pequeña mujer joven con el pelo liso rubio pálido y grandes ojos marrones me miró. Me parecía familiar y supongo que ella también debió de reconocerme, porque sonrió ampliamente y abrió la puerta de golpe, lanzándose a mí. La atrapé, devolviéndola el abrazo y sintiéndome ligeramente desconcertado.

― ¡Pero si es Edward Masen! ― dijo con una risa. Me soltó y estiró el brazo para revolverme el pelo. ― Reconocería esta mata en cualquier parte. Trece años y todavía sigue tan loco como siempre. ― Dio un paso atrás, todavía sonriéndome ampliamente. Sabía que mi expresión debía de haber sido de alarma y me preocupaba que ella esperara que supiera quién era, pero ella solo rió. ― Por supuesto no me recuerdas. Nunca recuerdas a las chicas a las que les has roto el corazón. Soy-

― Kate, ― le corté, dándome cuenta ahora de la razón por la que me parecía tan familiar. Había crecido hasta convertirse en una encantadora joven, pero la pequeña niña que una vez me había enamorado era muy aparente en sus rasgos. ― Ahora te reconozco.

― ¿Qué estás haciendo aquí, Masen? Cuando te fuiste a Palatine, imaginé que no volvería a verte.

― Ahora es Cullen. Fui adoptado hace nueve años. Y estoy aquí... bueno, tú recuerdas como eran las cosas en este lugar. ― Me encogí de hombros inútilmente. No había visto a Kate en trece años. Si no podía desnudarle mi alma a Bella, entonces definitivamente no podría desnudárselo a una chica que era una extraña.

Sin embargo, Kate entendía. Ella había estado ahí, ella había vivido la vida.

― Necesitabas volver y recordar, ― dijo suavemente. ― Conozco la sensación. Vienes aquí para poder probarte a ti mismo que todo lo que ellos dijeron, cada vez que te despreciaron, todo era mentira. Que eres lo suficientemente bueno y que puedes llegar a ser algo.

― Sí. ― Me pasé la mano por el pelo. Kate volvió a entrar en el edificio y yo la seguí.

― Ahora soy voluntaria aquí, ― me dijo, llevándome por un pasillo. ― Volví de visita hace unos tres meses y terminé apuntándome como voluntaria para el verano. ― Se encogió de hombros. ― Se verá bien cuando solicite plaza en el programa de trabajo social de NEIU* y me permite ayudar a niños como... bueno, nosotros.

Kate me llevó por una puerta y entramos en una habitación llena de unas dos docenas de niños de los tres a los dieciséis años. Kate entró en la habitación, pero yo me quedé en el umbral de la puerta. Podía ver a media docena de niños con heridas en varios estados de curación que iban del morado oscuro de un moratón nuevo al amarillo verdoso de uno que estaba casi curado. Vi a Kate acercarse a un niño de unos cinco años que tenía un ojo negro y el labio cortado. Cuando él le sonrió ampliamente, reveló que le faltaba un diente y yo me sentí como si hubiera viajado atrás en el tiempo. Yo había sido ese chico una vez. Los recuerdos que normalmente eran vagos y borrosos volvieron rápidamente a mi cabeza y pude recordar ese lugar como si hubiera estado ahí el día anterior. Me metí el puño en la boca y cerré los ojos lo más fuerte posible, intentando bloquear los recuerdos que luchaban por llegar a mi mente.

Ir allí había sido una mala idea. Bella tenía razón. Volver no había hecho otra cosa que recordarme todas las cosas malas y estúpidas que me habían hecho, y que yo había hecho.

No quería esos recuerdos. Quería a Bella. La quería tanto que tenía mi móvil fuera con su número marcado antes de darme cuenta de lo que planeaba hacer. Bajé la vista a mi teléfono, mi pulgar se cernía sobre el botón de llamada. La quería, pero no quería exponerla a esa parte de mi vida. Ese era mi pasado y con Bella quería estar firmemente afianzado en el futuro.

Pero, le había prometido contárselo todo igualmente...

― ¿Estás bien? ― Salté cuando Kate puso su mano en mi brazo e hizo la pregunta. Kate echó su mano atrás, pero siguió mirándome con preocupación en sus ojos oscuros. Sacudí la cabeza y presioné el botón de cancelar, guardando el teléfono en mi bolsillo.

― Estoy bien... estoy bien... yo solo... ― Me pasé la mano por el pelo otra vez. Era un hábito nervioso que tenía, uno que Esme odiaba. Ella decía que mi pelo era lo suficientemente salvaje sin que yo lo pusiera peor. ― Creo que venir aquí ha sido una mala idea.

― Sígueme. ― Kate agarró mi brazo y me sacó de la habitación, llevándome a una pequeña oficina vacía. ― ¿Has hablado de ello con alguien, Edward? Recuerdo como era vivir aquí. Walter ya no dirige este lugar, pero recuerdo que él era duro y tú siempre eras su blanco favorito.

Me senté en una silla y enterré la cara en mis manos.

― Nunca fue un gran problema. Obtuve una segunda oportunidad, tomé la segunda oportunidad y era feliz. Estaba mejorando. Todas las estúpidas cosas ilegales estaban en el pasado. Entonces... ― dejé la frase.

Kate se sentó en la silla frente a la mía.

― ¿Entonces? ― apuntó.

― Conocí a una chica. Isabella Swan. Es hermosa, Kate. Lista, divertida... simplemente... increíble... E hice algo estúpido para conseguir su atención. Eso no hizo nada más que recordarme este lugar y las otras docenas de lugares como este, y me hizo preguntarme si todas las personas que me dijeron que yo era un fracaso tenían razón.

Kate se inclinó hacia delante, cruzando sus brazos sobre su pierna.

― Todos lidiamos con esa mierda, Edward, ― dijo suavemente. ― Todos lidiamos con la crisis de identidad y la baja autoestima... y o lo conseguimos o no. ¿Qué le pasó a tu Bella?

― Está en Chicago conmigo, ― admití, luego me encontré contándole toda la historia a Kate. Lo cubrimos todo desde mi primer día en Forks hasta yo dejándola en el motel con solo una nota esta mañana. Cuando terminé, lo primero que ella hizo fue golpearme en el brazo. Fuerte.

― ¡Burro! ― me llamó mientras yo maldecía y me frotaba el brazo, mirándola con el ceño fruncido. ― ¿Tienes a la chica de tus sueños enamorada de ti y dispuesta a viajar a través de país contigo, y tú la abandonas en vuestra habitación de motel para poder venir a tu vieja casa grupal y obsesionarte? Tengo que corregir mi declaración anterior. 'Burro' no es suficiente. ¡Eres un burro estúpido!

― ¿Crees que no lo sé? ― le solté. ― Sé perfectamente que debería haber hablado con ella pero, ¿qué demonios digo, Kate? Todo esto- ― moví mi brazo alrededor de la habitación ― -estoy intentando hacerlo para poder ser el hombre que ella merece. No quiero meterla en esto.

― Como he dicho, eres un burro estúpido. ¿Se te ha pasado por la cabeza que tal vez, solo tal vez, ella ya cree que tú eres el hombre que merece? Si es la mitad de increíble que dices que es, entonces es lo suficientemente lista como para saber lo que quiere. Toda esta- ― me señaló ― -cosa de 'tengo que hacerlo todo solo para que ella pueda amarme' que estás haciendo es irrespetuosa para ella. Mira, Edward, sé que no hemos hablado en trece años, pero voy a darte un consejo. Deja de obsesionarte con si mereces o no a la chica y aprecia cada segundo que tienes con ella. La gente que amamos no está aquí para siempre y tú no quieres ser una de esas personas que se preguntan '¿y si?' al final del día.

― Suenas como si supieras mucho sobre eso, ― murmuré. Sabía que sonaba petulante, pero nunca me había gustado que me regañaran y me gustaba mucho menos cuando venía de alguien que ni siquiera me conocía.

― Lo hago. ― La voz de Kate era fría y sin emoción. ― Recuerdas a mi hermana Irina, ¿verdad? Murió hace dos años.

Eso me dejó sentado en shock y mirándola fijamente.

― Kate... lo siento mucho, ― respondí rápidamente. ― ¿Qué... qué pasó?

― Nos llevaron a otra casa grupal cuando teníamos catorce. Era incluso peor que este lugar, así que nos escapamos. ― La voz de Kate no dejó el tono sin emoción. ― Nos enganchamos a algunas mierdas, Edward. Drogas. Irina se enganchó especialmente a la cocaína. Yo estaba tan ocupada colocándome con hierba y trabajando en McDonalds que no me di cuenta de lo malo que era hasta que encontraron su cuerpo. La cocaína es más cara que la marihuana. Irina terminó siendo golpeada hasta la muerte por su chulo cuando no pudo pagar. ― La voz de Kate se quedó pillada en la última palabra y, como si eso fuera el catalizador para destrozar la pared que la había rodeado mientras hablaba, enterró la cara en sus manos y sollozó. Yo me quedé sentado en mi silla y la miré fijamente en shock, incapaz de moverme o hablar. Sus palabras resonaban en mi cabeza y, en ese momento, me di cuenta exactamente de lo afortunado que era porque me hubieran sacado de allí cuando lo hicieron.

― Yo... Kate...

― No. ― Kate levantó la mano y sacudió la cabeza. ― No digas nada, Edward. Sé que lo sientes, todos lo hacen siempre, pero eso no me devuelve a mi hermana. Fue el peor golpe de realidad que he tenido pero me metí a rehabilitación durante un año después de eso y estoy limpia desde entonces. Hizo falta que mi hermana muriera para enderezarme, para que tuviera algo de ambición. No permitas que Bella te deje, o algo peor, sé tu catalizador, Edward. Porque eso apesta y nunca te perdonarás a ti mismo.

Pensé en Bella, sentada en nuestra cama de motel con una amplia sonrisa y un puñado de panfletos de universidad, diciéndome que ella creía en mí. Pensé en la forma en que ella respaldaba mi sueño de ser médico sin reservas y me di cuenta de que Kate tenía razón. No podía dejar que mis miedos e inseguridades me derribaran hasta el punto de perderla. Si yo no creía ser lo suficientemente bueno para Bella, entonces nunca lo sería. Tenía que mostrarle que su creencia en mí estaba bien depositada y eso significaba contarle todo y luego seguir adelante sin inseguridades entre nosotros.

Me puse de pie y abracé fuertemente a Kate. Ella envolvió sus brazos a mi alrededor y se colgó a mí como a una cuerda de salvamento, y yo le permití terminar de sollozar su dolor por su hermana.

― Gracias, ― susurró cuando terminó. ― Todavía me vengo abajo así de vez en cuando, siento que hayas sido la víctima esta vez.

― Está bien. ― Moví la mano restándole importancia. ― Yo... ¿dónde está enterrada Irina?

Kate murmuró el nombre de un cementerio y me dijo como llegar.

― Finalmente conseguí ahorrar lo suficiente para poner una lápida hace seis meses. ― Dio un paso atrás y se limpió las lágrimas. ― Ha estado bien verte, Edward pero, ¿me perdonas si digo que espero que nunca tengamos que volver a vernos así?

― Estás perdonada, ― acordé con una amplia sonrisa, besándola en la mejilla. ― Gracias, Kate. ― Me giré hacia la puerta pero luego paré. ― ¿Ese niño pequeño, al que le falta el diente? Dile que cuando pelee con chicos mayores, tiene que atacar sus rodillas. Si puede darles ahí, los otros caerán rápidamente.

― No voy a ayudar a Trevor a aprender a pelear, Edward. ― Kate sonrió débilmente y rodó los ojos.

― Entonces dile que no será siempre así. Que hay esperanza para todos nosotros, no importa el asco que parezca la vida ahora mismo.

― Se lo diré, ― prometió Kate.

Asentí y luego salí de la habitación y me alejé de la casa grupal, listo para enfrentar a Bella y esperando no haberlo jodido todo con mis inseguridades y problemas.

- . - . - . - . -

― Mis padres murieron cuando tenía tres años. Me pusieron en una casa de acogida inmediatamente, donde estuve un año. No se estaba mal allí. Quiero decir, no era exactamente un cálido y acogedor hogar, pero era mucho mejor que otros lugares, pero la pareja ya tenía demasiados niños. Al ser el nuevo, fui yo quien fue enviado a la casa grupal. Ahí es donde las cosas feas empezaron.

Bella y yo estábamos sentados en el césped frente a la tumba de Irina. Había un buen metro de espacio entre nosotros y sabía que Bella no estaba feliz conmigo, pero estaba escuchando. Probablemente eso era más de lo que merecía. La miré para ver su reacción, pero ella solo me miraba con una expresión impasible, así que seguí.

― Al hombre que dirigía la casa grupal, Walter, no le importaba mantenernos a raya con golpes, y yo era un chico particularmente difícil de tratar. Quería a mis padres de vuelta, así que seguí comportándome mal, creyendo que si era lo suficientemente malo, me llevarían de vuelta con ellos. Tenía cuatro años, realmente no comprendía que la muerte significaba que ellos no iban a volver. También fue ahí donde empezó mi experiencia con la delincuencia juvenil. Empezó con cosas pequeñas, metiéndome en peleas y pintando las paredes con spray. Luego acabé con un grupo de chicos más mayores que se dedicaban a robar.

― Robaste. ― La voz de Bella era inexpresiva. ― ¿Acabaste en el reformatorio? Nunca había oído eso de ti.

― No. Era bueno en ello y no me pillaron durante más de un año. Cuando lo hicieron, lo dejaron pasar porque era un lindo niño de cinco años, pero me enviaron fuera de Chicago. Me enviaron a otra casa, esta vez en Palatine. ― Me incliné hacia atrás apoyado en mis brazos y miré a Bella. ― Robé mucho, Bella, pero rara vez me pillaban. En mi última casa, pasaba tiempo con un grupo que terminó tumbando a un niño y quitándole el dinero. Supongo que podrías decir que iba con una banda, o lo más parecido a una banda de la que puede ser parte un niño de nueve años. El chico al que tumbamos, terminó siendo hermano del quarterback del equipo de fútbol del instituto local. Yo era el chico nuevo del grupo, así que fui usado como chivo expiatorio. Acabé malherido por los golpes y fue cuando conocí a Carlisle. Él era mi médico. Iban a llevarme al reformatorio, pero Carlisle intervino a mi favor. Él y Esme iban a mudarse pronto, así que dijo que me adoptaría y me alejaría de allí. A la policía local no le importaba lo que me pasara mientras no les diera más problemas, así que me dejaron ir con Carlisle y Esme. Me ofrecieron una segunda oportunidad y estuve limpio de antecedentes hasta Forks.

― ¿Qué pasó cuando llegaste a Forks? ― preguntó Bella con voz suave.

― Conocí a una chica y por primera vez me encontré realmente atraído por alguien del sexo opuesto, pero ella estaba con otro tipo. Yo era un idiota, Bella, pero pensé que siendo el chico malo haría que me desearas.

― Eso es idiota, ― dijo de acuerdo. ― Supongo que no has cambiado mucho desde nuestro primer año. Todavía eres un idiota.

― Merezco eso, supongo, ― murmuré.

― Sí, y escucharás más cosas. ¿Qué le pasó a ella? ― Hizo un gesto hacia la tumba de Irina.

― Dejó la casa, terminó en la calle como prostituta drogadicta cuando tenía catorce y la mató su chulo. Su hermana está limpia y va a la universidad ahora. Kate es la que me habló de Irina. Fue su toque de atención. ― Me puse de rodillas para poder acercarme a Bella. ― Sé que esta mañana he sido un burro, Bella pero, por favor, dime que no lo he jodido hasta el punto de no retorno... porque realmente no quiero que perderte sea mi toque de atención.

Bella miró la tumba de Irina un largo momento, luego estiró el brazo y agarró mi mano fuertemente en la suya.

― Te amo, gilipollas, ― murmuró, poniéndose de pie y levantándome con ella. ― No te desharás de mí tan fácilmente y no me importa las cosas estúpidas que hiciste cuando tenías nueve años. Lo que me importa es lo que haces ahora y, si alguna vez vuelves a dejarme con solo una nota de una linea, no solo volveré a Forks sin ti, sino que lo haré con tu moto mientras tú te quedas atrapado en una habitación de motel sin ropa. ¿Soy clara?

― Como el cristal, ― contesté inmediatamente. Luego me incliné y presioné mis labios contra los suyos, enterrando mis manos en su pelo y sujetándola fuertemente contra mí. Ella envolvió sus brazos a mi alrededor y devolvió el beso con la misma pasión. Finalmente nos separamos, jadeando.

― Es hora de que empiece a mirar hacia delante, ― dije cuando recuperé el aliento. ― Mañana, ¿qué te parece si vamos a ver algunas escuelas? No estoy muy interesado en volver a Chicago, pero es un comienzo.

― Mientras hagamos una parada en Ithaca, te seguiré a donde sea que vayas... a no ser que sea algún lugar doloroso. No me gusta particularmente el dolor.

Reí y me incliné para besar a mi chica de nuevo. Luego, envolviendo mi brazo alrededor de su cintura, caminé a su lado hasta la moto. Miré una última vez la tumba de Irina y luego me prometí a mí mismo que esa sería la última vez que miraría atrás.

Era hora de seguir adelante.


*Universidad del Noreste de Illinois


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-Bells :)

PD.: Algunas habéis creido que este es el último capitulo y no es así, la lista marca que este es el capitulo 28 porque también he subido los outtakes, pero este es el capitulo22 así que, aunque no queda mucho, todavía queda algo de historia.