Llegado un punto terminan rodeados de guardias que de manera muy vacilante apuntan con sus armas a ambos si saber qué hacer.
—¿Qué haces? ¡Es la chica del atentado! —pregunta a América el que parece estar a cargo.
—¡Tiene que salir de aquí!
—Por qué habría de salir, con lo que costo atraparla. ¿Dónde está el General Rogers?
—Es una... es... Inmunidad diplomática —responde en ruso y es que siempre ese par de palabras juntas representan un problema.
—¿Ha ordenado eso Obama?
Estados Unidos se humedece los labios.
—Yes.
Ella le mira de reojo y vuelve a sonrojarse porque la está ayudando y no entiende por qué. El hombre que está dando las órdenes bufa y pide que bajen las armas pero de todos modos el beso y la forma en la que la ha tocado y abrazado su hermano hoy como no había pasado nunca. América se relaja un poco más.
—La escoltaremos hasta el aeropuerto
Asiente y la mira de reojo.
—Ve a Moskva y saca de ahí a Rossiya. Llévalo a Putin —le pide de nuevo en el dialecto cerrado—. Yo vendré cuando acabe.
—¡No me des ordenes, cerdo! ¡No me fío de ti! —ella le escupe.
América aprieta los ojos y se limpia la cara pensando que tiene que ir él a Moscú y abortar la misión entonces... Todos les miran nerviosos y un par de ellos se acercan a ella para detenerla.
—Voy a ir con ella —decide.
—What?! No. No, no, no... Eso no puedes hacerlo —asegura uno de los marines.
—¿Por qué no puedo? —frunce el ceño.
—Tienes prohibido ir a Russia y países aliados y lo SABES.
—La acompañaré al aeropuerto.
El hombre niega con la cabeza rotundamente y de manera definitiva.
—No. Esto está bastante mal ya de por sí. Déjala ir y ven conmigo
—No, yo la escolto, id con Frantsiya en el bunker.
—No vas a escoltar a una chica que intento asesinarte. No. Y no importa cuánto protestes. Llévensela —ordena el hombre.
—Sí voy a hacerlo —se le encara irguiéndose en toda su altura.
—Pues yo o alguien va a llamar a Obama, que tenemos instrucciones PRECISAS para este tema —da un paso atrás atemorizado, pero toma su radio igual.
—No! —se la quita.
—¡Dame eso en este momento! —protesta poniendo los brazos en jarras. Es un hombre ya mayor de esos pocos que esperan respeto pero el estadounidense la rompe—. América!
El nombrado le mira, tan rebelde.
—Vas a arrepentirte de esto, NO vas a ir a Russia.
—¿Por qué no?
—¡Porque está completamente prohibido!
—Entonces voy a mi casa.
—Vas a ir al hospital a ver a Canada.
Entrecierra los ojos y asiente.
—Come on, sígueme
Se va tras él mientras los demás soldados detienen otra vez a Bielorrusia para llevarla al aeropuerto. Ella no deja que la agarren, de hecho se vuelve loca intentando saltar sobre América otra vez.
En general, requieren a un montón de gente para que la detenga como la vez pasada pero al final lo consiguen, mientras el hombre se lleva a América por todos los pasillos de nuevo, que le sigue sin problema hasta que llegan, para su horror, a un cuarto en el que esta Francia sentado hablando por teléfono.
Estados Unidos tensa completamente la espalda.
