Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.

Capítulo 28

– ¿Alguien quiere tener la maldita gentileza de explicarme por qué demonios estoy escuchando disparos desde el piso de arriba?

Si había algo que más amaba Van Zant además del dinero y el poder, eran los habanos. Siempre tenía una excusa válida para deleitarse con uno, no importaba cuál fuera el motivo: desde cerrar un negocio o ver a sus enemigos arrodillándose ante sus acciones, Van Zant celebraba de igual manera una y otra vez sin cansarse.

En las últimas semanas sus finanzas no pararon de subir, sin Videl para interponerse, decenas, cientos de ladrones salían de sus guaridas sintiéndose libres de hacer lo que les placiera a plena vista de la policía, sabiendo que ésta no podría ponerles un sólo dedo encima. Y a consecuencia de ello, el tráfico y la venta de armamento ilegal no cesaron de llenar sus ambiciosos bolsillos.

– Él está aquí, jefe–le respondió uno de sus subalternos.

– ¿Él? –Cuestionó– ¿de quién diablos hablas?

– El Gran Saiyaman, señor, el Gran Saiyaman está en el casino.

Sin embargo, haber eliminado a la justiciera no significaba que el camino quedara completamente despejado. Aún estaba él, aquel sujeto vestido con ropas ridículas, dotado de unas habilidades que desafiaban toda lógica y comprensión. Y ese enmascarado, a diferencia de Videl, no sería posible liquidarlo con simplemente colgarlo de una soga.

Tenían que reconocérselo a ellos mismos, su victoria sobre Videl fue tan perfecta, tan sublime, tan esplendorosa, que se olvidaron de un diminuto pero gigantesco detalle: el Gran Saiyaman. Creyéndose victoriosos se durmieron en los laureles, y Gohan, al mejor estilo de un monstruo de pesadilla, venía gustosamente a despertarlos de sus sueños de grandeza.

Ubicándose en el sótano del edificio, sitio habitual donde Van Zant se refugiaba, él disfrutaba del sabor de la nicotina cuando un eco inconfundible llegó hasta sus oídos. Las voces y gritos provenientes del casino en la parte superior incrementaron su desconcierto, el cual tomó aún más ímpetu al generarse un alud de sus numerosos secuaces que se escondían allí abajo como ratas.

– Repite lo que acabas de decir.

– El Gran Saiyaman jefe, él está aquí.

– ¿Qué carajos está sucediendo? –Rock, quien también se encontraba ahí, se acercó visiblemente molesto.

– Al parecer, el payaso que juega al superhéroe decidió hacernos una visita–con frialdad, Van Zant le contestó.

Rock ni siquiera pudo comentar nada más, una violenta explosión ingresó por la puerta de la habitación llenándola de humo y escombros. No obstante, algo más, o mejor dicho, alguien, entró en la recámara junto con la detonación. Propulsado como un cohete gracias a la onda expansiva, Hibiki hizo acto de presencia de un modo que no le fue nada agradable.

– Ahí viene…ahí viene…–herido y con muchísima dificultad, Hibiki a duras penas fue capaz de advertirles.

Cortas pero poderosas, Van Zant no necesitó más palabras.

– ¡Cierren la puerta, cierren la maldita puerta! –vociferó apresurado, presintiendo el inminente ataque.

Cerrando la pesada portezuela de acero, los rufianes empuñaron sus rifles y revólveres a su vez que Rock les ordenaba a todos guardar silencio. Por un par de minutos no se escuchó ni una mosca, era una falsa paz que los alivió por un santiamén, un santiamén que se terminó cuando una tremenda abolladura con la silueta de un puño se dibujó en el metal.

– Vamos malnacido, vamos, qué esperas, aquí estamos, qué esperas–Van Zant susurró empuñando su pistola–nadie destruye mi casino y se va sin más, vamos, infeliz, entra de una vez, voy a sacarte los ojos con mis propias manos…

Cada golpe fue más intenso que el anterior, el grueso blindaje de la puerta iba gradualmente cediendo y no tardaría en desplomarse por completo. Los retumbos de esos titánicos puñetazos estremecieron hasta al más valiente de los delincuentes, ya era demasiado tarde para huir, estaban atrapados, la salida más cercana la tenían delante de sus narices.

– Va a entrar…

Y así fue, la entrada no resistió ni un segundo más y se rindió. Presas del pánico, los incontables matones allí amontonados vieron pasmados como se delineaba la figura del héroe enmascarado. Callado, pero firme, el Gran Saiyaman ingresó en el aposento intimidándolos con solamente dejarse observar.

– ¡Fueron ustedes, ustedes me la quitaron! –Gohan masculló apretando los dientes con rabia, y sin aviso, gritó llenando el lugar con su voz– ¡ahora quiero que me la devuelvan, devuélvanmela, devuélvanmela!

– ¡Dispárenle, dispárenle a este hijo de…!–Van Zant, al contrario de sus vasallos, no se asustó– ¿qué esperan, imbéciles?... ¡mátenlo, mátenlo!

Reaccionando, los cañones abrieron fuego descargando una lluvia de proyectiles que se estrellaron en la anatomía de Gohan uno tras otro. Si bien conseguían acertar en el blanco, las balas sencillamente se retorcían al tocarlo sin lograr rasguñarlo. Atónito, Rock empezó a correr lejos de la zona de guerra mientras realizaba, desesperadamente, una llamada telefónica.

Entre tanto, Van Zant y los suyos, no desistieron de sus actos, inundando el suelo con miles de castillos disparados, atestando la atmósfera con una espesa niebla de pólvora. Irremediablemente los cargadores de sus armas se vaciaron, acabando, temporalmente, con la tormenta de municiones que caía sobre Gohan.

Asombrándolos, el Gran Saiyaman empleó su velocidad desapareciendo como si fuera magia. Enseguida, se oyó un quejido acompañado del sonido hueco de alguien cayendo al piso. Al voltearse, descubrieron el cuerpo inconsciente de uno de sus colegas tendido en el pavimento. Pronto, esa escena se repitió una segunda vez, una tercera, una cuarta y una quinta.

No queriendo perder sin oponer resistencia, Van Zant les exigió a sus esbirros reiniciar las hostilidades cuánto antes. Normalmente, Gohan los hubiera neutralizado usando sutilmente su fuerza. Sin embargo, tal moderación titiló hasta palidecer subyugándose a la demencia. Y precisamente, los chillidos salidos de sus bocas, reaparecieron febriles en un pestañeo.

Eran gritos de dolor.

De agonía.

De desesperación.

De un absoluto terror.

Los huesos se rompieron, los músculos se desgarraron, la sangre humana empezó a acumularse gota a gota. Él no era el Gran Saiyaman, ni tampoco era Gohan. Se trataba de otro ser, el saiyajin salvaje que dormía en su interior, y que ahora, impulsado por la venganza, desataba sus más bajos instintos de pelea sin importarle quiénes fueran sus rivales.

– ¡Maldito, maldito! –Bido, hallándose en medio de la confrontación, desenfundó su revólver disparando como un loco contra Gohan– ¡muere maldito, muérete!

Con calma, Gohan caminó hacia Bido recibiendo sus tiros, y al éstos terminarse, lo dejaron desarmado a merced del nada heroico justiciero. Sintiendo como su espalda chocaba con una fría pared de concreto, Bido alzó la mirada buscando alguna forma para huir de allí. El policía maldijo su suerte, definitivamente fue muy mala idea haber acompañado a Bujin a ese apestoso casino.

– Lo sabía, podía oler el aroma podrido en ustedes, la policía estaba involucrada en esto–Gohan, acorralándolo, le afirmó– ¿por qué, por qué lo hicieron?

– No sé de qué…

– ¡Basta, ya basta, no más mentiras! –Gohan lo interrumpió–sé que aún me falta una pieza para comprenderlo todo, así que anda, dime el por qué.

– Ella misma se lo buscó, ella fue la que forjó su propio final–le manifestó sin medir las repercusiones que tendría–ya estábamos hartos de ella, de siempre estar metiendo su nariz donde nadie la llamó, de ser humillados día tras día, yo no me convertí en policía para ser ridiculizado por una mocosa que aún asiste a la escuela…

– Así que eso era, debí haberlo imaginado–objetó–me dan asco, son unos gusanos miserables, no merecen vivir.

– Acábame si eso te complace, pero hacerlo no la revivirá…

– Eres el segundo sujeto que me dice lo mismo, y al igual que él, estás equivocado–sujetándolo del cuello, él lo levantó en el aire– ¡yo me encargaré de hacerla volver, ella regresará a este mundo…y yo, y yo, podré estar con ella otra vez!

– ¡Eres un demente!

– Fueron ustedes los que me volvieron así, ahora pagarán lo que hicieron, yo los haré pagar.

Cerca de allí, Van Zant se levantaba notoriamente adolorido, comprobando que aún tenía aliados bajo su control, los condujo a lo que obviamente era un suicidio. Y a pesar de saberlo, eso no lo detuvo. Cargando un potente rifle en sus brazos, avanzó tambaleante buscando de arriba a abajo al vengativo superhéroe.

Paralizando sus pasos, halló a un Bido claramente sin vida. Analizándolo con brevedad, notó las marcas de una mano que se delineaban en la piel de su garganta. Al mafioso no le importó el deceso de ese uniformado, al contrario, su cadáver sólo encendió todavía más su deseo de liquidar a ese mequetrefe disfrazado.

– Vaya, esto sí que no me lo esperaba–Van Zant habló en voz alta, tratando de llamar su atención–sabes, me doy cuenta que tú y yo no somos tan diferentes, cuando es necesario sacamos el demonio interno que poseemos para acabar con cualquiera que se interponga en nuestros caminos.

Haciéndoles un ademán a sus escasos seguidores, Van Zant les indicó que estuvieran alertas.

– Únete a mí, piensa en todo el dinero que podríamos conseguir si trabajamos juntos–con elocuencia le sugirió, aunque aún no podía encontrarlo–no hay nadie en este mundo que pueda detenerte, eres invencible, ni siquiera un ejército completo sería capaz de vencerte–continuó intentando sacarlo de su escondite–vamos, sal, hablemos, dime qué deseas, te juro que te lo daré, sólo dime qué quieres…

– Lo único que quiero es verlos a todos ustedes exterminados…–materializándose enfrente de Van Zant, Gohan lo sujetó tal y como lo hizo con Bido.

– Sé razonable, podemos negociar–hablándole casi sin oxígeno, el pandillero trató liberarse de él.

– No, pagarás como los demás, no los perdonaré, no los perdonaré–Gohan lo increpó, dominado nuevamente por aquel odio irracional que lo poseyó al luchar con Cell años atrás–vas a sentir lo que ella sintió, exactamente lo mismo que ella sintió…

No sabiendo qué hacer, los adeptos de Van Zant dispararon hacia Gohan sin preocuparse en herir a su propio jefe. Y efectivamente eso pasó, el hijo de Milk se evaporó dejando solo a Van Zant quien recibió las balas. Al cabo de un parpadeo, las luces se apagaron para él. Era imposible, toda la felicidad que experimentó en los días anteriores se acabó sin poder evitarlo.

El tiroteo, por otro lado, no cesó. Gohan, ansioso por terminar con esa locura, reapareció siendo rodeado rápidamente por los pocos hombres que seguían combatiéndolo. Estos liberaron una sofocante ventisca de descargas, no obstante, para su sorpresa, aquel no era el verdadero Gran Saiyaman, en realidad era ni más ni menos que un señuelo, una ilusión.

Sin tregua, los proyectiles atravesaron esa fantasmal imagen impactando a otros de los tiradores. Sin darse cuenta, Gohan los puso a combatir entre sí. Estando atrapados en un círculo mortal, ellos mismos se liquidaron mutuamente, adornando con sus restos, aquel lúgubre sótano que apestaba a muerte.

Y tal olor lo asqueó. Gohan, viendo el mar rojizo que se extendía por doquier, le rogaba al cielo que la furia se esfumara. Ya no más por favor, ya no más, se decía en su cabeza. Por unos minutos una extraña quietud lo cobijó, sentía tanta vergüenza y repudio por sí mismo, pero por más que no hubiese querido tal cosa, él lo sabía: era inevitable, no podría vivir aguantando ese rencor en él.

– Acompáñame, mantén los ojos abiertos…

Oyendo esa frase, vio su plegaría desquebrajarse. Y él, el otro, el otro Gohan que existía en su alma volvió a poseerlo. La ira, esa sensación que tanta fuerza le otorgaba y que igualmente lo destruía, lo obligó a continuar sin importar el costo. Encontrándose a milímetros de concluir con su autodestrucción, Gohan se desvaneció, aún quedaba un insecto más que aplastar.

La noche estaba lejos de finalizar.

Fin Capítulo Veintiocho

Hola, qué tal. Tal vez no me lo crean, pero para mí fue difícil escribir este capítulo. Como de seguro lo saben, Gohan es mi personaje masculino favorito de la serie. Su forma de ser inocentona, torpe y tímida siempre me gustó, en cierto grado, me identifico con él por eso. Aunque, nunca he olvidado su otro lado, esa parte oscura que tiene cuando el enojo se apodera de él.

Anteriormente había dicho que no quería mostrar a Gohan como un demente vengativo, pero sin que pudiera evitarlo, caí en ello. Gohan se estuvo conteniendo por casi la totalidad de la historia, toda su rabia por no haber estado con Videl para salvarla, se sumó a la furia que se fue acumulando en él al ir descubriendo los hechos que desencadenaron la muerte de ella.

Siendo Videl una persona tan importante en la vida de él, imagino que la mera idea de perderla, sea cuál sea la causa, le provocaría una herida que ninguna semilla del ermitaño podría curar. Y al plantear el escenario bajo las circunstancias previamente mostradas, lo visualizo completamente descontrolado tal y como le sucedió al luchar con Cell en su infancia.

Comprendo totalmente si ustedes no llegan a estar de acuerdo con esta visión sombría de él, siéntanse libres de expresarse si así lo desean. Como les dije tiempo atrás, esta historia es un experimento, quería explorar esa figura sombría que late en Gohan y que sólo aparece cuando todas las barreras colocadas por la razón son destruidas. Espero al menos haberlos entretenido.

Antes de retirarme, les doy las gracias a ByaHisaFan, Naye 345, Mar-chan, Lector Shenlong, Son-Cindy y a Luis Carlos por sus comentarios en el episodio pasado.

Gracias por leer y hasta la próxima.