Interludio


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Todos estos días subsiguientes a su regreso se habían acomodado en una cotidiana rutina para la muchacha. En su mayoría, gracias a que no se han requerido sus servicios en ninguna misión complicada desde que regresó a la aldea.

Algunos de sus conocidos se mostraron interesados en escuchar anécdotas sobre la estadía en la mansión de la familia Kimura, más que nada sus padres y personas más allegadas, entre ellos Ino y su maestra.

Les había mostrado la bata roja que había utilizado aquella noche. La familia amablemente le había enviado ésta en un paquete a modo de presente, sin permitirle a la ninja una sola instancia de negarse.

En resumen, este tiempo ha sido pacifico. No se han presentado mayores inconvenientes para la rosada, dejando de lado el que su trabajo en la guardia médica no es lo que se puede llamar calmo. Después de todo, nada relacionado con un hospital puede ser calmo, sin importar cuán acostumbrada este a él.

Una vez que finalmente termina de cubrir un turno de medio tiempo en el mismo, unos quince minutos más tarde de lo acordado, abandona el sitio con prisa. Hoy no tiene planeado regresar a casa temprano. De lo contrario, tendría menos prisa.

Sai la está esperando en la cafetería que se encuentra tres bloques al sur de la biblioteca. La noche anterior, le llegó una carta que le pedía que se reuniese con él esta tarde, al salir de su turno. El mensaje aclaraba que no era una situación por la que deba alarmarse. Aún así, una mezcla de curiosidad y nerviosismo crecen en la joven a medida que avanza a su encuentro con el artista.

Antes de entrar al local, se detiene frente a la vidriera para observar su reflejo y acomodarse el peinado, y su ropa, antes de entrar, así como para descansar un poco del trote que la trajo aquí. Luego de cruzar el umbral, busca con la mirada a la persona que la había convocado allí en primer lugar.

Más temprano que tarde, divisa a Sai sentado en una de las mesitas de la izquierda, al fondo del local, y convenientemente apartado de la vista directa de la mayoría de los comensales.

Haciendo un gesto informal de saludo con la mano,se acerca al ANBU de la raíz.

—Lo siento por la demora.

—No hay problema. Discúlpame por ser tan repentino en mi invitación—Sonríe su compañero, negando sutilmente con la cabeza.

—Habría venido antes, pero tuve que quedarme durante más tiempo para cubrir el turno de otro compañero de trabajo—Explica, emanando un suspiro de cansancio cuando ya se encuentra finalmente sentada frente al moreno.

Manteniendo las apariencias, Sai pide café, mientras que Sakura pide un té helado para bajar su temperatura.

—Quisiera compartir cierta información contigo—Habla el dibujante, luego de que les sirvieran sus infusiones.

— ¿Con que esas tenemos, eh?—Emana con interés, dando un sorbo a su bebida.

—No es para meterte en nada raro. Comprendo si quieres algo de paz luego de todo lo que ocurrió, pero tengo ciertos datos... No son suficientes como para ser entregados, pero tengo la esperanza de que puedas darme algo de luz sobre el asunto.

—Cuéntame ¿Qué datos obtuviste?—Le pregunta con atención, manteniendo su mirada fija en la azabache del artista.

—En el país del Río parecen estar ocurriendo algunos sucesos extraños. Me han llegado historias sobre muertes inexplicables y síntomas raros. Algunos creen que es una enfermedad, pero la peor posibilidad es que sea un veneno.

—El País del Río...—Musita pensativa. Ese sitio le trae recuerdos…Unos recuerdos que hacen que sus ojos se abran de par en par ante lo que oye—Es el mismo país en donde encontramos la cueva en la que Akatsuki extrajo el Shukaku…

—Sí, pero mis rumores vienen de alrededor de la aldea de los Artesanos. Comprenderás que es solo un rumor, pero es un rumor peligroso si resultase ser cierto—Aclara Sai, sin variar su semblante de tranquilidad—Es importante que la aldea lleve un registro de los venenos existentes, y antídotos para ellos, o podría eliminarse a su ejército entero. Mira lo que pasó con Kankuro en la Arena, y lo que pudo haber sido de esa aldea si alguien con ese veneno hubiera entrado en ella, con intenciones más turbias que un simple secuestro, antes de que se supiera la cura.

Sakura baja la mirada, concentrada en sus cavilaciones. Su ceño se frunce con ligereza, dando a entender que un pensamiento no puede abandonar su mente.

—Yendo al grano, quieres saber si mi contacto tiene algo que pueda ayudar—Reflexiona volviendo a mirar al chico—Sino, no me lo estarías contando en primer lugar.

—Precisamente—Asiente el artista—Quizá sepas algo sobre él. ¿Está involucrado en esto?... Aunque es sólo un rumor, es uno del que quiero tenerme al tanto. Si puedo hacerme con una muestra de esa cosa para hacer ingeniería inversa, tendríamos un gran arma y una buena defensa, pero si eso llega a las manos de un enemigo, o si ya está en ellas... Digamos que las cosas serán difíciles.

La chica niega con la cabeza.

—No. No creo que esté involucrado en esto... El país del Río está lejos de la zona en la que permanece.

— ¿Conoces su posición?—Pregunta un tanto sorprendido—Parece que te mantuviste en contacto. Veo que la posición de espía te sentó bien.

—No es así… No del todo—Declina sin demasiada seguridad en su propia afirmación—Le he vuelto a ver, pero no sé exactamente dónde se encuentra. Sólo tengo una idea general.

—Así es como hace las cosas un espía—Concede, como si estuviese hablando de una trivialidad cualquiera—Si te interesa, te mantendré informada sobre lo que averigüe. No creo que yo sea el único tras la pista de estos sucesos.

—Oye, Sai.

—Dime.

—Si tú te enteraste de esto, significa que Raíz también ¿Cómo es que estás tan tranquilo?—Pregunta con ligera inquietud expresada en su faz.

—Aún no informé a la Raíz de estos rumores, no son lo suficientemente fuertes como para presentarlos. Y si los presento, es porque creo que la Raíz puede ayudar a la aldea con los datos que le otorgue—Explica con parsimonia, para tranquilizar a su compañera—Si lo piensas un poco, la raíz y nosotros no somos tan diferentes, al menos en nuestras intenciones.

Suspira un poco más relajada, terminando su té ya sin ningún nudo en la garganta que le impidiese pasarlo.

—En ese caso, mantendré los ojos abiertos.

—La información es sólo rumores, así que nadie la tomará en serio, ni yo lo hago—Señala con precaución en su voz—Sólo soy precavido. Me puedo permitir el lujo de atender cosas menores. Los peces gordos mueven grandes cantidades de dinero y reputación, por eso no pueden arriesgarse a cazar rumores no confirmados. Si yo le doy más valor de la cuenta a un rumor falso, no me pasará nada. Si ellos lo hacen, pierden dinero y credibilidad. Las cosas están tranquilas por ahora.

—Sí, te concedo eso.

Tras finalizar la merienda, Sai pide la cuenta al ver a la moza pasar por al lado de la mesa en la que se encuentran.

—Yo pago la cuenta. Yo te invité a venir aquí después de todo—Dice al recibir el papel con el importe sobre la mesa, depositando el dinero correspondiente sobre la misma.

Al ponerse de pie, la kunoichi se ve sorprendida por una nueva cuestión de parte de su compañero, que parece salir de la nada.

— ¿Fue cuando visitaste a la familia que rescataste?—Pregunta de manera ambigua el pálido ANBU, luego de que la moza se retiró de la escena con el pago.

— ¿Sorprendido?—Repregunta ella de modo capcioso, asintiendo a la duda con su tono de voz.

—Un poco—Se sincera tras su inmutable rostro sonriente, poniéndose a la altura de su compañera—Parece que te adaptas a compañías extrañas más rápido de lo que esperarías.

—A veces me pregunto qué harías tú si estuvieras en mi lugar, aunque ya me espero la respuesta—Comenta la joven, con una ceja alzada en suspicacia, mientras procede a retirarse del lugar.

—Honestamente, no tengo idea. Es la clase de cosas que solo sabes qué hacer cuando te ocurren—Responde siguiéndole el paso.

La chica asiente una vez más, totalmente de acuerdo con esa última afirmación. Sonríe ante la idea de que, quizá, la sensación de no saber cómo reaccionar ante la vida parece ser más normal de lo que creía.

Quizás, Sasori también ha dejado de seguir lógica alguna en su actuar. Quizá él tampoco sabe lo que está haciendo.

Esta nueva duda en su mente, la mantiene ocupada hasta que finalmente le toca separar su camino del de su compañero de equipo.

—Nos vemos, Sai. La próxima vez la cuenta corre por mí ¡Lo prometo!—Agita el brazo en señal de despedida.

Dicha esta frase, se gira para reanudar la marcha que la conduciría a su hogar. No obstante, unos pasos más adelante se topa con la mirada opalina de su amiga Ino en medio de la calle, que no deja contemplarla con picardía. La rosada puede imaginarse lo que está por ocurrir.

Sin romper el silencio, la rubia la escudriña, mientras la duda se acumula en sus ojos hasta que brillan de una manera casi aterradora. El ambiente alrededor de ellas se vuelve tenso. Ino se acerca a Sakura con velocidad y silencio, propios de una comedia, y sólo rompe éste para susurrar algo en su oído, con un tono entre amable y amenazante.

—Vienes conmigo y me cuentas todo, frentona—Habla la Yamanaka, sin dejar el drama que la caracteriza.

Una mezcla entre incomodidad y complicidad se adueñan de Sakura, que ya puede hacerse una idea de lo que está cruzando por la cabeza de su amiga.

—Está bien, está bien. No es lo que crees, de todos modos. Sólo no hagas una escena en público, puerca—Responde con una sonrisa forzada, devolviendo el apodo.

—A la florería. Ahora—Demanda, dando a entender que no aceptaría un no por respuesta.

—Ya lo dije, está bien—Ríe la Haruno con cierto dejo de resignación en su voz.

Esta es la clase de trato que mantuvo con Ino estos últimos años. Su rival fue una de las personas que más le ayudo a superar los meses siguientes a la partida de Sasuke, superada sólo por su maestra. No porque le confiara más su intimidad a Tsunade, sino porque el entrenamiento que tuvo con la Hokage fue precisamente lo que necesitó durante ese período de tiempo para poder enfocar su mente en otra cosa, y fortalecerse en el proceso.

Ino siempre le ha apoyado de dos maneras. La primera: en ella puede confiar para hablar de todo, o bueno… casi todo últimamente.

Y la segunda, se traduce exactamente a través de esta clase de situaciones: Ino fue afectada de otra manera por la partida del último Uchiha de la aldea. Sí, tuvo su periodo de duelo como Sakura, y sí, se volcó a su entrenamiento y a su vida para dejar el tema de lado. No obstante, ahí es donde las similitudes entre ellas se terminan.

Ino parecía haber logrado algo que Sakura aún no puede, o no quiere hacer: Dejar a Sasuke en el pasado.

Esto terminó siendo lo que más ayudo a Sakura. De alguna manera, Ino encontró el modo de continuar, de vivir, y de actuar de manera que, tanto para con ella como para con quienes le rodean, el pasado importe un poco menos.

A no ser que Sakura mencione el pasado, o necesite hablar de él, su amiga no le permite pensar en otra cosa que no sea el presente. Ya sea por conversaciones, por preguntas, o por escenas como la que actualmente está montando. Y eso le ayuda.

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— ¿Cómo es eso algo diferente a lo que parece? ¿Por qué otro motivo te encontrarías con Sai a solas?—Cuestiona Ino al tenerla finalmente frente a ella dentro del negocio de su familia, que al hoy ser sábado por la tarde, se encuentra cerrado al público.

—Él quería saber algo de anatomía para sus dibujos...—Arroja una mentira al azar, sin darle mayor importancia a sus propias palabras, craso error de su parte.

— ¡TE PIDIÓ QUE MODELARAS PARA ÉL!—La interrumpe su amiga, y ex rival, tan exaltada y sorprendida que no cabe en sí.

— ¡Que no fue nada de eso, joder!—Espeta, nerviosa y sonrojada ante la implícita acusación de su amiga.

— ¿Segura?—Pregunta de nueva cuenta, ahora confundida —Creí que coincidíamos en mis finos gustos, y tenía que rivalizar contigo de nuevo.

Termina la frase de manera jocosa.

—Primero: No, no me interesa Sai. Segundo: ¿Finos gustos?... No te creas la gran cosa. Tercero: ¿Sai? ¿En serio?—Cuestiona con una ceja alzada, totalmente incrédula e inconforme ante la pésima ocurrencia de Ino.

—No me mientas. Tú también has pensado en él de esa forma, al menos por un instante—Intenta convencer con un toque de picardía, agitando una mano frente a ella sólo para irritar aún más a su compañera.

—No. Ni por un segundo—Responde Sakura con mal humor en su semblante, negando abiertamente la acusación.

—Entonces me quedo con mi buen gusto. Mejor así, no pensaba compartirlo de todos modos.

Ambas se escuchan a sí mismas, en el silencio que sucede a las últimas palabras de la rubia. Luego, comienzan a reír de la situación.

— ¿En realidad creías que tenía algo con Sai?—Pregunta la rosada,una vez que consigue recuperar el aliento.

Ino, por su parte, ríe un poco más.

—No, sólo que me pareció divertido hacer que pareciera una "competencia". Por nostalgia… Tú sabes, por los viejos tiempos—Se sincera, tomando hoy el riesgo de mencionar el pasado frente a Sakura.

Normalmente lo evita, pero de vez en cuando lo hace sólo para ver su reacción, para ver si hoy es finalmente el día en que vea a Sakura sacar su corazón del pasado, y hacerlo latir al ritmo del presente.

—Pues, nunca desempatamos desde aquella vez—Responde su ex rival al rememorar los viejos tiempos, con una sonrisa nostálgica.

—Fue divertido, pero honestamente la competencia se ve un poco tonta hoy—Prosigue, riéndose de sí misma ante la visión de estos mismos recuerdos en su mente.

—Porque la ganaría—Dice Sakura exclusivamente para molestarla.

La rubia ríe de nueva cuenta ante la provocación, apoyando su espalda contra el puesto de la caja registradora detrás de ella.

—Eso de ser la favorita de la Hokage se te sube a la cabeza demasiado rápido. De no ser por el tamaño de tu frente, quizá explotarías—Devuelve la broma, sin perder el toque de antaño—No, no lo digo por eso. Lo digo porque no hay muchas cosas en común en las que competir. Nuestras técnicas no tienen nada en común. Tú eres médica y yo tengo los jutsus de mi familia. Tú y tu equipo pueden realizar misiones de impacto, cuando yo y el mío somos un escuadrón táctico. Yo me veo genial y tú…

Hace una pausa que le agrega drama al asunto, sólo para terminar con un pequeño giro de conversación.

—Es una broma, eso tenemos en común—Finaliza su discurso con otra broma, optando así por dispersar el pequeño momento emocional e incómodo que acababa de traer a cuento con su ataque nostálgico.

Sakura ríe entre dientes por el comentario final, entre siguiéndole el juego y dejándose llevar por la misma nostalgia que ella.

—Bueno, competíamos por él—La aprendiz de Tsunade saca el tema a luz por su propia voluntad.

Esto es extraño, e Ino lo nota, sonriendo para sus adentros. Parece que algo está por fin sanando dentro de su amiga.

—Pues, ya no competimos en eso. Lo mío fue un flechazo infantil, y nada más. Prefiero ayudarte a traerlo de regreso—Concede con un aire de relajación y honestidad en su porte, que no hace más que dejar perpleja a su compañera—Sé que te importa, y que para ti fue un compañero de equipo. Sé que tú harías lo mismo por mí, si algo le pasara a Chouji, o a Shikamaru.

—Gracias—Expele luego de un momento de silencio, tras haber podido procesar correctamente sus palabras—Créeme que hago lo posible por recuperarlo… Y me da bronca el haber podido hacer tan poco la última vez…

La Haruno aprieta sus puños, mientras recuerda su último encuentro con el Uchiha.

La kunoichi frente a ella logra escuchar la fricción de sus guantes, producida por la frustración concentrada en las manos de Sakura.

—Tranquilízate. No estás sola en esto. Naruto, Kakashi, Tsunade, todos hacen lo posible, y lograrán traerlo de regreso—Intenta apaciguar a su compañera, abandonando de momento la jovialidad anterior del ambiente— ¿Me permites decirte algo?

Sakura respira profundo, y asiente tras un suspiro, consiguiendo relajarse de su anterior negatividad.

—Te pido que mires lo que eres… Tonterías…—Bufa, retractándose por un momento de sus propias palabras. Reformula con menos tacto—No sueles usar la materia gris tras tu frente cuando estás molesta. Así que déjame decirte que ahora eres un médico, uno que aprendió tan rápido que en sólo un par de años se codea con los mejores en la aldea. También, eres una ninja de campo requerida para misiones de todo rango. Eres una de las únicas dos personas que puede afirmar haberse cargado a un Akatsuki, y la otra persona está en tu equipo. Eres una buena ninja, hija, alumna, rival y amiga de muchos. ¿Notas algo?

Detiene su nuevo monólogo sólo un instante, antes de responder por su ex rival de frente grande.

—No eres tus fracasos.

Sakura atiende a la "clase de autoestima" de su amiga algo desconcertada. Ino no solía ser tan agresiva cuando el tema de Sasuke estaba en la mesa, y tampoco es que esta clase de conversación sea frecuente entre ellas. No es que hablar de ello le moleste en sí. Es sólo que no sabe cómo reaccionar.

Sólo puede atenerse a observarla con confusión en su faz.

La Yamanaka sonríe de inmediato ante la reacción obtenida, prosiguiendo con su cometido de sacar a su amiga de su genjutsu auto impuesto.

—Eres demasiado genial, como para no lograr lo que te propones. Así que no dudo que traerás a Sasuke de regreso. Mi consejo es que mires lo que eres, lo que quieres conseguir y el por qué quieres conseguirlo. El pasado son sólo recuerdos, y tuviste suficiente de ellos.

Sakura sonríe ante la muestra de fé de su amiga. Luego, mientras las palabras comienzan a procesarse en su cabeza, encuentra una frase que le propone una buena pregunta.

"Porque quieres conseguirlo."

Esa… esa es una buena cosa en qué pensar. Hace ya tanto tiempo que quería traerlo de regreso, que ya no puede definir exactamente el por qué. Es como si los sentimientos que por él tenía, y aún tiene, de a momentos se confundieran con la promesa que hizo y con su deseo de ayudar a Naruto. Todas estas cosas se juntan y confunden en una masa amorfa, que desde hace tiempo sólo culmina en forma de una única frase:

"Tengo que traerlo a Konoha."

—Conozco esa cara—Señala Ino, al leer con detalle las facciones de la silenciosa kunoichi frente a ella—Estás recordando, en vez de mirar el presente. No me hagas sacudirte la cabeza desde adentro. El pasado para lo único que sirve es para hacerte llegar a lo que eres hoy, y por si no me oíste: No eres poca cosa.

—Supongo que eso tiene sentido—Musita con voz ausente, sin hallar ninguna otra reacción que pudiera expresar correctamente el cómo el punto de la rubia la hizo sentir.

Ino observa en silencio la reacción de su amiga, notando para su propia satisfacción que hay cierta novedad en ella.

— ¿Aun estás recordando cosas? Perdóname si me sobrepasé— Pide disculpas, notando finalmente que quizá cruzó algún limite en su entusiasmo—, pero en serio, me temo que por pasar mucho tiempo allí en el pasado…

—Gracias, pero no estoy recordando. —Interrumpe la mujer de pelo rosa, dejando sin palabras a su ex rival—Estoy pensando. En serio, lo que dijiste me ayudó. Sólo me diste una buena pregunta a la que buscar respuesta.

—Gracias, Ino—Repite una vez más. Quizás, de forma inconsciente, del mismo modo apático que cierta persona, aquella con la que ha estado pasando tiempo últimamente, suele hacerlo.

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Pasaron ya varios días desde que el Akasuna tuvo su último contacto con aquella familia, y con cualquier otro humano, días en los que encontró mejores formas de perder su tiempo. Formas menos aburridas.

Los civiles de distintos poblados no suelen ver nada raro en un peregrino, así que de cuando en cuando ingresa a éstos, tan sólo para escuchar algo distinto del sonido del bosque. También, para informarse sobre los hechos actuales, al menos hasta el límite de lo que los locales sepan.

Sasori aún tiene un par de hombres dispuestos, u obligados, a hacerle algún favor, pero no es sabio contactar con alguien si la idea es fingir estar muerto.

Más allá de eso, pasó gran parte de su tiempo meditando sobre la peculiar voluntad que, como agua, aún se le escapa desde que descubrió que existe. Sakura y los Kimura dejaron una pequeña marca en sus pensamientos, y una guía para encaminarlos.

Parece que la clave para una voluntad inmortal es el apego a otros... O al menos ese es el sinsentido que oye repetirse... ¿Cómo es ese apego? ¿Se asemeja a algo que conozca? ¿Clasifica la relación con ellos como afecto?

La verdad, él no tiene mucha idea al respecto... De todos modos, se ve casi inútil. A este paso, no se enterará hasta estar al borde de la muerte otra vez. De hecho, la prueba de fuego para su teoría implica estar al borde de la muerte… eso es la definición de algo molesto.

De a poco se hace a la idea de que su arte es incompleto. Puede replicar la belleza de un cuerpo humano a la perfección, e incluso puede tomar la belleza de la propia carne y volverla eterna, pero no puede darle alma a un muñeco, y menos aún una voluntad digna de llamarse arte... Sus obras están incompletas.

Sólo una de sus obras tiene una chance de ser completa: Él mismo. Lo sabe, y también sabe cuán difícil sería conseguir una voluntad similar a la que busca.
Por ahora, el plan se reduce sólo seguir vivo, a seguir aprendiendo. Quizá así, algún día tropiece con la solución, así como se tropezó con el problema.
Sin embargo, la idea de una espera indefinida es algo con lo que no quiere aprender a vivir.

Con la mirada apesadumbrada por este pensamiento, entra a una taberna. Solía frecuentarla para conversar con Deidara cuando viajaban de encubierto. Conoce a sus clientes, y conoce a sus dueños. Quizá ellos no sepan nada de él, pero eso no hace que el edificio deje de ser un sitio familiar en el que estar.

Compra un trago, con dinero obtenido por medios que no importan, y se sienta en una mesa arrinconada y apartada del resto de los humanos en mesas aledañas.

No piensa tomarlo, pero el alcohol de la bebida es un buen líquido con el que mantener su equipo en condiciones. Se encarga de limpiar el filo de sus senbons, y otros objetos cortantes, por debajo de la mesa, tomando precauciones para que nadie lo note.

El lugar no había cambiado demasiado. El mismo viejo alcoholizado está intentando mantener el sueño sobre la barra; dos adultos mayores, mucho más sobrios, toman sus tragos mientras juegan ajedrez… y ahora, dos visitantes nuevos arribando al sitio.

Es normal que un viajero se detenga a tomar un trago. Eso no es lo que le llama la atención de ellos. Lo que si lo hace, es que su caminar es forzado, como el de un par de hombres que llevan mucho andando a pie. Sin embargo, el estado físico de estos dos visitantes es demasiado bueno como para que un viaje común y corriente les afecte.

Los nuevos clientes toman asiento en la mesa contigua a la del marionetista.

Sentado y atendiendo sus asuntos, Sasori se dedica a escuchar lo que ocurre a su alrededor. Es increíble cuántas cosas puedes descubrir con sólo escuchar conversaciones ajenas en tabernas, la gente suelta su lengua en presencia de alcohol.

Probablemente, toda la información que reciba termine siendo inútil, pero al menos lo mantendría entretenido una buena parte de la noche.

— ¿De verdad crees que esté aquí?

Es lo primero interesante que escucha decir a los dos a sus espaldas, después de una seguidilla de tragos. Estos hombres deben estar en una misión de búsqueda. Parece que hoy sí escucharía algo de interés.

— ¿No podemos decir que ya lo buscamos, y que no está en esta zona? Vamos, ni siquiera sabemos si sigue vivo. ¿En realidad te crees que fingió su muerte?

El comentario llama su atención más de la cuenta. No puede ser, debe ser una casualidad. Además, si Akatsuki supiera que él está vivo, no enviaría a dos don nadie a buscarle.

—Vamos, imagínalo. Esto podría significar vacaciones pagas, y eso que no nos quita las verdaderas vacaciones.

— ¡Baja la voz, estúpido! —Le regaña en susurros su compañero de misión.

—Está muerto, y si suponemos que los rumores son verdad, y el fingió su muerte, entonces es obvio que está en una posición débil.

—Débil o no, él sabe de venenos. Eso es suficiente para hacerlo peligroso, pero más importante, lo hace valioso. Si los rumores son ciertos y nos encargamos de él podríamos sacar tanto dinero que jamás deberías preocuparte por las vacaciones.

Sasori comienza a maquinar. Esto no suena bien, pero no es suficiente para saltar a conclusiones. Es verdad, la descripción es demasiado adecuada para él mismo, pero Akatsuki conoce cuán peligroso puede ser. No enviaría a estos sujetos por él. Esto debe ser una confusión.

—Tenemos que encontrarlo. Buscaremos como se nos ordenó, y luego regresaremos con los demás a reportar resultados. Ahora, vamos a buscar un lugar donde descansar. Estoy cansado de dormir a la intemperie.

Los dos hombres se ponen de pie, y luego de pagar por los tragos se retiran del bar. La mezcla de cansancio y alcohol hace que no se percaten de que una hoja en blanco ha caído de su equipaje.

De manera disimulada, Sasori levanta el objeto con ayuda de sus hilos de chakra, y se retira del lugar para mantener un ojo en el sospechoso dúo.

Media hora más tarde, consigue una habitación en el mismo hospedaje que sus sospechosos, que además es contigua a la de ellos. Allí es donde observa el papel en blanco.

Se ve gastado. No tendría sentido conservarlo, a menos que tenga algo oculto en él.

Ya tiene experiencia con esta clase de mensajes. Los primeros años que vivió fuera de Suna, antes de que su cuerpo fuese modificado, había trabajado confeccionando venenos para una organización no afiliada a países o aldeas. Era procedimiento estándar el escribir instrucciones con químicos, que solo se observan cuando son expuestos al calor.

Decide echar los dados y poner el papel a unos centímetros del fuego de una vela.

Prende una que llevaba consigo dentro de los múltiples compartimentos de su cuerpo, y la deposita sobre un trozo de papel higiénico del baño de la habitación. Sobre su llama, mueve el papel para distribuir el calor. Para su sorpresa, comienzan a vislumbrarse las letras del mensaje.

"Sujeto discutido número 078. Averiguar la veracidad de su estado. En caso de contacto, contactar con base"

El mensaje claramente sólo puede ser entendido por aquel que conozca qué es el sujeto 078. Esperando, quizá, encontrar otro tipo de pista, sigue calentando el papel hasta que un símbolo, que conoce más que bien desde sus años más jóvenes, aparece frente a sus ojos: Una serpiente que se desenvuelve alrededor de un bastón. Una serpiente que se muerde su propio abdomen.

Son ellos, sus primeros empleadores, gente que le conoce… y parece que de alguna manera saben que está vivo.

Esto no puede dejarse así. Alguna medida debe ser tomada.


Nota de autor: PD: Basura