XXVIII

-Para mí que Phoenix es un caso del mismo tipo que Kurai-san. Maneja la luz, aunque sea de forma diferente. Si se dan cuenta, Kurai puede cambiar la cantidad de luz que hay en un sitio, pero por lo que vi de las técnicas de Phoenix, la cantidad de luz que ella puede concentrar se limita a la que haya en el lugar donde pelea.

-Es cierto… Pero hay algo que no cuadra en ella –Chôsuke dijo.

-¿De qué se trata?

-Es como si no fuera… Humana.

Ryoga recordó el símbolo grabado sobre la piel del desgraciado que había enfrentado a Phoenix en el bosque de la muerte, y sintió un escalofrío.

-¿Y qué sería entonces? –preguntó, tratando de olvidar aquel desagradable espectáculo.

-No lo sé… No soy muy ducho en esas cosas.

-Ni yo –la Hyuga dijo.

-Tampoco sé de eso –Shikaji aclaró, con Iwanori diciendo lo mismo.

-Es que sigo teniendo pesadillas con ella, desde el bosque de la muerte –se le escapó al Inuzuka.

-¿Por qué no nos lo habías contado? –Hikaru dijo, preocupada.

-Fue demasiado… terrible. Tanto así que ninguno de nosotros ha vuelto a mencionarlo, aunque me vino el recuerdo al oírte eso, Chôsuke-kun –Ryoga dijo. –Esa chica da mucho miedo, en serio.

-Será mejor que hables. Eso seguramente hará que ya no veas eso en pesadillas –Iwanori sugirió.

Ryoga asintió, pero no le salían las palabras. Hasta que de pronto, tras un indeciso "es que…", brotó la historia completa, casi sin que él se diera cuenta.

-… Cuando volvió a haber luz, el tipo estaba muerto en el suelo. El corte que ella le hizo tenía una forma concreta, algo así –y dibujó el símbolo con el dedo en la tierra. –No sé qué pueda significar eso, pero no me gustaría acabar igual.

La cara del Nara se volvió casi de piedra.

-El símbolo de los Caídos. No sé bien lo que implica y demás, pero lo vi en un libro.

-¿Caídos? ¿Qué rayos son los Caídos?

-Descendientes de ángeles y demonios.

Los ojos de Ryoga bailaron en un océano blanco de lo mucho que fue capaz de abrirlos. Casi tanto como la boca.

-¿Existen de verdad esos… bichos? –Parpadeó. –Yo pensaba que eran supersticiones.

-Por algo hay algo de sobrenatural en los Testament, y hasta en Hwoarang… -Chôsuke dijo, rascándose la barbilla.

-Espera, espera, para el carro. ¿Me quieres decir que de verdad piensas que ellos tienen algo de demonios, o ángeles, o de las dos cosas?

-¿Demonios? ¿De qué rayos están hablando? –Kaede preguntó, llegando y saludando con la mano.

-Hablamos de los Testament –Hikaru dijo rápidamente.

-Pues es una posibilidad. Si Phoenix-san es capaz de usar eso que Ryoga mencionó…

-¿Me pueden explicar qué es eso que Ryoga mencionó? Estoy más perdida que un pulpo en un garaje.

Chôsuke se lo resumió lo mejor que pudo, tragando saliva a ratos.

-Así que por eso mi hermano estaba algo alterado cuando peleé contra él… Ya decía yo que los Testament eran demasiado extraños.

-¿Por qué lo dices? –Hikaru dijo. -¿Algo pasaba con Shifuu?

-Creo que sólo yo puedo percibirlo, y porque somos mellizos, pero suelo notar con facilidad cuando Shifuu está molesto o preocupado por algo, y cuando todos salimos del bosque de la muerte, él estaba preocupado. Es más, creo que me habría vencido si hubiera estado como siempre.

-Seguramente vio lo mismo que Ryoga-kun, ya que es parte de ese mismo equipo –Shikaji dijo.

-Exacto –Ryoga dijo. –Y creo que a Inoko le pasa lo que a mí, se ha convertido en nuestra pesadilla habitual.

-Bueno, pues toca sencillamente decirlo… Tienes que sacarte eso de la cabeza o terminarás tomando tanta agua que sufrirás una intoxicación por agua –Hikaru replicó.

-Creo que pensar que Phoenix-san no es un ser humano no me ayudará a sacarme eso de la cabeza –Ryoga observó, poniendo una cara muy cómica.

-Hikaru tampoco lo es y no pasa nada –Shikaji dijo, burlón.

-Sí soy un ser humano. Sólo que soy un ser andrógino.

-Cierren la boca o llegará el condenado club de fans –Iwanori dijo.

-Eso no, por favor –Ryoga dijo, mirando a ambos lados. –Bueno, no hay moros en la costa, por ahora.

Sin embargo, Hikaru se transformó en un ratón por si las dudas.

-No planeo arriesgar mi pellejo –aclaró.

-Mientras no te vea algún gato… -el Akimichi dijo, tomando al ratón y colocándolo en su hombro.

-Salvo que sea Toramaru, que seguro sabría quién es –añadió Ryoga, mirando el símbolo que había dibujado. Se mordió el labio inferior, aún intimidado por la escena que le recordaba, y lo borró con un pie.

-Seguro… Él tiene muy buen sentido del olfato.

-Sí. Por cierto, ¿qué le pasa a tu mano, Ryoga-kun? –Kaede preguntó, recién notando el vendaje.

Ryoga se lo explicó.

-O hice algo mal, o mi elemento no es el fuego. Tendré que definirlo antes de que vuelva a pasarme otra cosa así.

-Pues con una sola mano, lo veo difícil –Kaede observó.

-Así que tocará esperar un buen tiempo. Lo que me recuerda que eso era el tema de conversación original, o casi.

-No… Hablábamos de cómo es que aguanto mi familia –Shikaji dijo.

-Con dificultad –respondió Kaede con sorna.

-Eso o Shikaji nos oculta algo…

-No oculto nada.

-Respondes demasiado rápido –Ryoga dijo, con malísima intención.

-¿Acaso quieren que diga una mentira o qué?

-Hay mentiras que son más divertidas que la realidad.

-La verdad es que si sobrevivo es porque me la paso fuera de casa.

-Y Shikaji apesta para mentir –Hikaru dijo, desde su forma de ratón.

-Se le nota aún más que a mí cuando miente –Kaede le dio la razón.

-Mi hermano sobrevive porque se la pasa "dentro" de casa –Ryoga se rió. –Que por cierto, mi madre dice que él ya podría pasar el examen de chûnin, esto es el colmo. ¡Y que conste que no le tengo envidia!

-Sí… -dijeron los presentes. -¡Negación!

-¡No le tengo envidia! Sólo me fastidia que sea mejor que yo.

-Tranquilo, que tú vas a tu ritmo.

-Al menos no es genin por ahora, así que le llevas ventaja en eso. De todos modos, no te preocupes.

-Buen punto, Chôsuke –Iwanori dijo.

-No me preocupo… Es que además tampoco quiero que crezca demasiado pronto, digamos. Ahora que nosotros estamos en peligro por los Uchiha, prefiero que al menos mi hermano pueda mantenerse al margen.

-Otro buen punto.

-Nadie puede mantenerse al margen porque ellos querrán hacer el máximo daño posible aquí –Kaede dijo, sombría. –Seguro les importa muy poco la edad y el rango de todos nosotros.

-Lastimosamente cierto –Hikaru dijo, saltando al hombro de Kaede. –Ya ni siquiera son ninjas. Son asesinos a sangre fría.

-¿Alguien más ha empezado a sentirse en peligro de extinción? –Ryoga dijo.

-Creo que buena parte de nosotros, pero presiento que quizás uno, o mejor dicho, una de nuestro grupo es quien tiene el mayor peligro –Iwanori dijo.

-Akidzuki… -susurró el Inuzuka.

Shiromaru lanzó un gemido.

-Exactamente. Y todo por ser la hija del Hokage.

-No olvides a Naruyoshi –Iwanori agregó.

-Él en cierto modo está a salvo, porque los Uchiha no lo vieron, aunque sí, él también está.

-Yo añadiría también a la madre de Hikaru y a Sora-sensei. Uchiha Sasuke las odiaba a ellas también, ¿no? –Kaede recordó.

-Bah, seguro que Sora-sensei le puede moler a golpes, le tengo mucha fe –Ryoga dijo. –Sólo espero que él no siga teniendo relación con ese… Yakushi como se llame. Dice mi padre que pareció desaparecer, y me alegro.

-¿Te refieres a Yakushi Kabuto? –Hikaru preguntó. –Creo que él desapareció después de Orochimaru. Y mi madre está recuperando el tiempo perdido, al igual que Sora-sensei. Además, ya ella derrotó a Uchiha Sasuke una vez.

-¿En serio? Entonces haces muy bien en tenerle fe a Sora-sensei, Ryoga-kun.

-Sí… Me declaro fan de ella desde este mismo momento. Y me refería a Yakushi Kabuto, sí. Como vuelva a aparecer, lo mataré yo mismo, aunque sea con ayuda.

-Te agradecería que no fueras mi fan… Porque eso te haría blanco de Uchiha también –dijo una voz, asustándolos.

-¡Me va a matar de un susto! –Ryoga dijo. –Ay… No pasa nada, seré un fan secreto de los que no andan persiguiendo a nadie.

Murasaki soltó una carcajada.

-Tu padre se enfadaría si supiera que no estabas alerta. Pero no le iré con el chisme. Y en efecto, Yakushi desapareció hace bastante tiempo. Lástima que él se hubiese ido por el mal camino.

-Y tan malo. Mi madre le debe algunos malos ratos, por lo que sé –Ryoga dijo con fiereza.

-Así es. Pero ni modo. Pensar que alguna vez me agradó él… Mal recuerdo del pasado. ¿De qué hablaban, chicos?

-Empezamos hablando de elementos de chakra, porque Ryoga-kun se accidentó por no saber cuál es el suyo –Kaede dijo.

-Ey. Quizá no fue por eso –él le recordó. –Pude hacer algo mal.

-Déjame ver –la maestra dijo.

Él le tendió la mano vendada, en silencio. Murasaki le quitó la venda y revisó las quemaduras.

-Angel-senpai debe tener bastante fe en ti como para enseñarte a manejar fuego, pero no creo que haya sido un descuido. Y por lo que veo, la herida se está recuperando poco a poco. Dime, ¿con qué elemento sientes que tienes afinidad, Inuzuka?

-No lo sé –Ryoga admitió. –Pero la verdad, el fuego me asusta un poco.

-Bien. Eso descarta el fuego. Ahora, una recomendación que les hago es que un día en que no estén haciendo nada, se concentren y traten de notar con qué elemento se sienten más a gusto.

-¿Ha dicho eso en clase últimamente? –el Inuzuka preguntó, suspicaz.

-Pero si ustedes ya no están en la academia.

-Yo sé por qué lo pregunto…

-Ah… Ya veo a qué te refieres. Pues no he tocado ese tema desde poco antes que ustedes se graduaran.

-Pues no sé quién le dio la idea a mi hermano para que él ya sepa cuál es su elemento de chakra –Ryoga dijo, al parecer traumatizado con ese hecho.

-Yo de ti sospecharía de tu madre –Hikaru dijo.

-¿Y ese ratón?

-Sshhh… Es por si los fans… -susurró Kaede teatralmente.

-Ah, ya veo. No seré yo quien hable de eso. Pero por si las dudas, piensen lo que dije. Les puede ser útil –y con eso, la maestra se fue, con Misaki, una preciosa gata blanca y negra, siguiéndole los pasos.

-… No me digas… -Ryoga dijo, mirando su mano vendada.

Por otro lado, en otra aldea, había un hombre en una casa en ruinas, tomando sake. Todo estaba en penumbra, pero al residente no parecía importarle. Igual, no veía.

-Abre la puerta –la ronca voz de Uchiha Sasuke sonó tras la puerta.

-Ábrela tú, ya que ves.

El recién llegado abrió la puerta usando una kunai y entró.

-Como siempre, todo está hecho un desastre.

-Para lo mucho que visitan…

-Pues vengo a proponerte un trato.

-No me digas…

-Ya contacté a dos de los antiguos Demonios Vivientes… Y falta Fusa.

-¿Acaso crees que trabajaré gratuitamente?

-Claro que no, y aquí hay algo por adelantado –Uchiha dijo, lanzándole una bolsa llena de monedas. Satouji la atrapó en el aire y sopesó cuidadosamente.

-Espero que pagues bien después de lo que quieras que hagamos…

-No es mucho… Sólo quiero destruir Konohagakure.

-Y al Hokage.

-Adivinaste.

-¿A quiénes has contactado?

-De los cuatro, sólo falta Fusa.

-Así que Kamai y Shiho ya están enterados.

-Sí… ¿Alguna idea de dónde está Fusa?

-El rumor dice que está escondido en Otogakure, aunque sé que no es verdad. Está viviendo en una cueva fuera de esta aldea, escondido y casi muerto de hambre.

-Bien. Te daría las coordenadas en un papel, pero recoerdé que eres ciego –y murmuró al oído de Satouji. –No faltes.

-Ya lo sé…

Con eso, Sasuke fue a la cueva que el guerrero ciego mencionó, y en efecto, un hombre pálido, con grandes ojeras y casi en los huesos estaba allá, acostado en una roca.

-Fusa.

El tipo abrió un ojo con lentitud y, al ver quién le hablaba, se permitió el lujo de abrir también el otro, igual de despacio.

-Uchiha Sasuke.

-Te veo mal. ¿Qué ha ocurrido?

-Una mala racha –evadió Fusa.

-Para que estés así de maltrecho… En fin. Siempre has sido más fuerte cuando estás en una mala racha. Vengo a proponerte algo.

El flacucho decidió que quizá aquella proposición acabase con su mala racha, así que se sentó, aún sin sostenerle la mirada al Uchiha.

-Te escucho.

-Estoy reuniendo a los cuatro Demonios Vivientes… Para destruir Konohagakure y al Rokudaime Hokage.

-¿Qué tiene de interesante para mí esa idea?

-Hay algunas mujeres a las que quiero ver muertas, y supuse que serías el indicado para eso.

Fusa se relamió.

-Eso sí es interesante. ¿Y qué recibo a cambio?

-Considera esto un pago por adelantado –y le lanzó una bolsa de dinero, tal como hizo con Satouji. –Además, pienso que la oportunidad de acabar al menos con la esposa del Hokage podría serte interesante.

Por primera vez, Fusa miró directamente a Sasuke, con unos ojos hundidos y oscuros.

-De eso puedes estar seguro.

-Bien. Nos veremos aquí mañana –y le lanzó un pergamino.

El tipejo lo atrapó al vuelo y volvió a acostarse sobre la roca, como si el Uchiha ya se hubiera ido.

-¡NAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGA! –la voz de Kinashi resonó por toda la cueva.

-¿Y ahora qué? –el muchacho dijo, negando con la cabeza.

-¡Te he dicho varias veces que no toques mis venenos!

-¿Y por qué me culpas a mí? Sabes que los venenos no me agradan, así que ni los toco, viborita.

-Entonces dime quién fue… O acabo contigo.

-Pregúntale a mamá, o a esa bruja, pero yo ni me acerco a tu habitación. Y. Lo. Sabes.

Una repentina ráfaga de viento estampó a Naga contra la pared, dejándolo sin respiración como había hecho Phoenix en su momento.

-¿Oí mal o has vuelto a llamarme bruja? –Danny había aparecido de pronto a la entrada, al parecer ocultando algo a su espalda.

-Lo eres –el Uchiha dijo, tosiendo mientras recuperaba el aliento.

-¿Has tocado mis venenos? –Kinashi preguntó, enojada.

-¿Y para qué quiero yo tus venenos? Habrá sido tu madre. O el mentiroso éste. –Danny se volvió al joven. –La próxima vez que me entere de que me llamas bruja, no lo contarás, porque te arranco las cuerdas vocales. Quedas advertido.

-Dudo que haya sido mi madre… Y Naga odia el veneno. Mi padre no está, así que eso sólo deja a una persona.

-Bien pensado.

-Te lo repito. ¿Para qué quiero yo tus venenos? Tengo mi propio modus operandi.

-Pues cuando encuentre a el o la culpable… Lo envenenaré tanto que querrá estar muerto –y la chica se encerró en su habitación.

-Yo pensaba que para eso servían los venenos –Danny dijo, burlona.

-Mejor ni abro la boca en esto –y Naga desapareció.