Disclaimer: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling. Yo no saco nada de todo esto.

28. TORMENTA

Sirius miraba a sus amigos con exasperación. Tras las Navidades en casa de James, habían regresado a Hogwarts para continuar con el curso escolar y acababa de comunicar a Remus y a Peter que no podía reunirse con ellos esa noche porque había quedado con Marlene. Potter se mostró interesado cuando Sirius rehusó decir el verdadero motivo de su cita con McKinnon, pero la estupefacción de Remus y de Peter era mucho más fuerte.

-Quieres decir, Sirius, ¿que otro ser humano ha aceptado salir contigo? –quiso saber Remus, lívido.

-Eso significa, ¡¿que van a reproducirse?! –intervino Peter con histerismo.

Antes de que Sirius dijera nada, James habló.

-¿Cuánto tiempo llevas con ella?

-Justo antes de las Navidades. Cuando conseguí entrar en la Sala Común de Ravenclaw.

James enarcó las cejas.

-¿Por eso querías entrar? ¿Para hablar con ella?

-Qué va. Quería entrar para ver la Sala Común. Dije cuatro en una de las preguntas que hace el pomo y, con cara de resignación y comentando que nunca pensaba que llegaría a ver eso, me dijo que la respuesta era correcta y me dejó entrar. Entonces…

Sirius se quedó sorprendido. Todos los estudiantes de Ravenclaw se encontraban en el centro de la Sala Común, rodeando a una chica de pelo largo y ondulado hasta la cintura que parecía estar soltando un discurso muy apasionado sobre un tema que el joven Black desconocía. Nadie parecía haberse dado cuenta de que había un punto rojo entre tanto azul, y Sirius decidió que era mejor quedarse a escuchar.

"Es absurdo. Puedo ver el colegio desde la ventana de mi casa. Andando llegaría en veinte minutos y tengo que dejarme una pasta en ir a Londres y coger el tren que tarda seis horas en dejarme en Hogwarts. ¡Luego se preguntan por qué Escocia quiere la independencia!" Terminó ella, vehemente y rechinando los dientes con furia.

"Marlene," habló uno de Ravenclaw, exasperado. "Es la sexta vez que lo oímos este año."

"Es verdad," dijo otro. "Siempre igual, ¿no te cansas?"

La aludida los fulminó con la mirada. "¡Eso os pasa porque vosotros sois de Inglaterra!"

"¡Yo tengo una pregunta!" Gritó Sirius, ajeno a la verdadera discusión que se había formado. Todos los allí presentes se mostraron sorprendidos al ver a un Gryffindor mezclado con tanto Ravenclaw. Marlene levantó una ceja; no esperaba encontrárselo allí, pero le dio rienda suelta a que aportara su opinión. Puede que la apoyara, teniendo en cuenta que era la primera vez que él oía dicho discurso. "¿Es que Inglaterra tiene más países?"

Varios estudiantes contuvieron la respiración por la osadía del chico. Marlene, por el contrario, se quedó mirándolo con una frialdad que reflejaba indignación y odio.

Segundos después, la chica estalló.

"¡Los ingleses nos llevan oprimiendo desde siempre!" Bramó. Hubo alumnos que retrocedieron, asustados. "¡Cabrones! ¡Por eso Escocia…!"

"¡Más despacio!" Replicó Sirius, confuso. "¿Qué es Escocia?"

Marlene tuvo ganas de cortar su piel a tiras y dársela de comer a su gato Siriusín como venganza.

"¡Maldito inglés opresor!"

Remus lo observaba sin parpadear; tanto que se le secaron los ojos. Peter no sabía si podía reírse, ya que dudaba que fuera una buena idea y más al ver que James se llevaba una mano a la cabeza.

-Pero, ¿te enamoraste de ella o qué? –preguntó James que cada vez le parecía más surrealista el hecho de que Sirius tuviera novia. Más aún teniendo en cuenta que nunca había mostrado interés en el sexo opuesto.

-No preguntes cómo, pero le estuve dando palique durante horas y de repente, ella me besó.

-¿Así de simple? –dijo Peter con los ojos abiertos como platos.

-Así de simple –contestó Sirius.

James se cruzó de brazos y apoyó el peso en la otra pierna.

-¿Por eso tanto rollo con Escocia? –el chico de pelo negro azabache miró con perspicacia hacia abajo-. ¿Por eso te has puesto un kilt?

-¡Ahora soy escocés! ¡Y Siriusín también!

El gato bufó, llevando también un kilt exactamente como su dueño.

-No, Sirius, eres inglés.

-¡Tú también eres un inglés opresor, James!

-¿Que inglés opresor ni qué mierda, Sirius? ¡Nací en Canterbury! ¡Soy tan inglés como tú!

Sirius decidió desviar el tema de la conversación tras un largo y profundo silencio.

-El problema es que como nunca me ha interesado tener novia, ahora no sé qué hacer con ella.

-Mantenerla con vida –sugirió Remus.

-Eso lo hago.

-Tratarla bien –siguió Peter.

-Me gusta preguntarle qué tal le ha ido el día.

-Regalarle cosas –intervino James.

-Dentro de nada es su cumpleaños. Quiero comprarle algo bonito en Hogsmeade.

-No prenderle fuego.

Por todos era conocido que Sirius Black tenía muchos talentos, pero saber mentir no era uno de ellos. El color de la piel de James se parecía sospechosamente al de una vela.

-Sirius Orion Black, dime por lo que más quieras que no has incendiado a tu novia.

El aludido soltó una carcajada nerviosa.

-¡Hala, James! Pero ¡qué barbaridad! –Potter no se dio por vencido tan pronto-. Es un consejo excelente, la lástima es que no me lo dijeras ayer.

-¿Qué pasó ayer?

-Tuve un pequeño incidente con la chimenea de la Sala Común de Ravenclaw.

Su mejor amigo se quedó callado durante unos breves segundos que a Sirius se le hicieron eternos. Sacudió la cabeza, tratando de concentrarse, y continuó hablando.

-Dime por lo más sagrado que no has lanzado un conjuro de Incendio a un par de troncos en la chimenea.

Sirius tomó aire.

-No he lanzado un conjuro de Incendio…

-¡Eres idiota! –lo interrumpió James quien se había percatado sin problema alguno de que el heredero de los Black estaba mintiendo-. ¡Puede fundir hasta la piedra de la chimenea!

-No, si ya… Y la de la habitación de al lado también. En Ravenclaw no están muy contentos conmigo en estos momentos. Marlene intenta ponerlos a mi favor, pero dice que se niegan a escucharla. Por lo visto, las quemaduras por magma son muy dolorosas.

-Me preguntó por qué –replicó James, poniendo los ojos en blanco-. ¿Y esta noche qué vas a hacer con ella? Espero que valga la pena, porque nos abandonas a nosotros –el joven lo fulminó con la mirada. Se sentía traicionado.

Sirius dibujó una enorme sonrisa.

-Parapente. Nos vamos a tirar de la Torre de Astronomía sin cuerdas ni nada.

Los tres merodeadores se quedaron por un momento sin habla. James fue el primero en reaccionar y se llevó ambas manos a la cabeza.

-¡¿Sirius, qué hablamos?! ¡La gente no es inmortal! ¡Tu psicólogo te dijo que tu conducta era peligrosa para la convivencia con otras personas! ¡Que tenías que cambiar! ¡Y encima arrastras a la pobre de tu novia! ¡Por Merlín, sí que debe de quererte como para arriesgar su vida por ti, por una tontería como esa!

El mago se detuvo para coger aire tras haber gritado a su mejor amigo. Respiraba con dificultad, y varios estudiantes se habían girado para observar al cuarteto en medio de los jardines del colegio. Un par de alumnas de Hufflepuff lo señalaron y se rieron. James sintió sus orejas enrojecerse; este año no paraban de burlarse de él por el tema del gato de su mejor amigo, que lo aterrorizaba de manera irracional.

Sirius frunció el ceño, confundido.

-No, James. Te equivocas. La idea fue de Marlene, yo dije que sí y ella se encogió de hombros.

A James le costó encontrar las palabras adecuadas.

-¿Me estás diciendo que has encontrado a alguien tan loco e inmortal como tú?

-Sí –afirmó Sirius como si hablaran de algo completamente banal-. Ah, en la próxima visita a Hogsmeade le he dicho que se venga con nosotros. Así la conocéis. Os parece bien, ¿no?

Remus sacudió la cabeza como si hubiera tenido una pesadilla y saliera ahora del trance al que se había sometido.

-No nos importa que venga. Entonces, Sirius, aparte de que sales con McKinnon, ¿alguna novedad más en tu vida?

-Ya no uso ropa interior –contestó señalando al kilt.

-¡Eso no nos interesa! –gritó Remus.

-Ahora vivo con James y sus padres. Pero me sabe mal –continuó Sirius, mirando al implicado que le quitó importancia con un gesto con la mano-. Estoy buscando algo por Londres, pero todo es carísimo. Mi tío Alphard, de los pocos decentes en esa familia de tarados –James rodó los ojos y se abstuvo de hacer comentarios-, me ha dado un montón de oro. Mi idea es comprarme una moto con ese dinero y luego buscar trabajo para alquilar un piso en Londres.

Tras sentirse los otros tres chicos un tanto avergonzados por no haber pensado tanto en su futuro como lo había hecho Sirius, Remus parpadeó varias veces antes de preguntar lo que creyó más lógico.

-¿Y por qué no alquilas un piso con ese dinero, buscas un trabajo, y te olvidas de la moto?

-Porque quiero una moto. La embrujaré para que vuele y la meteré en mi piso por la ventana.

-Pero, Sirius –dijo Peter aturdido-. Yo creo que Remus tiene algo de razón y deberías ahorrar y no comprarte la moto.

Lupin colocó una mano encima del hombro de Pettigrew.

-Peter, déjalo.

-¿Qué más da? Tengo a James para cubrir mis gastos.

James entornó los ojos. Justo en ese instante el equipo de quidditch de Slytherin regresaba del entrenamiento. Potter les dedicó una mirada hostil en cuanto se cruzaron, y la expresión burlona de los Slytherin cambió en cuanto repararon en Sirius. Algunos mostraban incredulidad, otros lo ignoraron, pero Mulciber estalló en carcajadas.

-¿Ahora llevas kilt, Black? ¿Vas cómodo con eso? –se mofó el bateador.

-Me pican un poco las partes, pero aparte de eso, esta tela afelpada para el frío me encanta.

James estalló en carcajadas, así como Remus y Peter. Los de Slytherin se quedaron por un momento incapaces de reaccionar, pero pronto recuperaron ese porte altivo y se marcharon al castillo.

Regulus dibujó una sonrisa antes de desdibujarse con la marea verde y plateada y cubrirse con la bufanda.


-Incendio.

Remus se llevó ambas manos a la cabeza, patidifuso. Había estado buscando a Sirius por todo el castillo para ir a clase de Pociones, y lo había encontrado de casualidad en el pasillo del ala Oeste, justo al lado del armario de las escobas, en el sexto piso. El corredor se encontraba vacío y el chico pensó que Sirius lo habría planeado todo para no tener testigos.

Aunque ese gato fuera odiado por el colegio entero, Lupin opinaba que no era motivo suficiente como para hacerle un conjuro de fuego.

-¡Sirius! ¿Qué haces?

El susodicho miró a Remus, acto seguido al gato y otra vez de vuelta a su amigo. Sujetaba al felino con una sola mano mientras que con la otra lo apuntaba con su varita. Con el ceño fruncido, contestó al rubio:

-Es evidente, ¿no? Acabo de hacer Incendio a Siriusín.

-Eso es crueldad animal, Sirius –constató Remus, tranquilo en apariencia.

-No te preocupes, Remus. Lleva un traje ignífugo que diseñé yo mismo. Antes lo probé en mí para asegurarme de que no ocurría nada y ahora lo he creado para ver si el gato también es inmune al fuego.

Remus llegó a la conclusión de que no le había escuchado correctamente.

-¿Dices que lo probaste contigo mismo primero?

-Sí.

El joven se mordió el labio y optó por ignorarlo.

-Vamos a Pociones, Sirius.

Dejó a su gato campar a sus anchas por el castillo, dándole instrucciones de que podía hacer lo que quisiera mientras él estaba en clase pero que regresara al retrato de la Señora Gorda por la noche. Siriusín salió corriendo y desapareció entre las sombras. Sirius y Remus dieron media vuelta y bajaron las escaleras camino a las mazmorras. Se encontraron por el camino a Mary, que iba con Lily, y Remus saludó a la pelirroja. Ella miró con suspicacia a Sirius en cuanto él fue directo a hablar con Mary y le comunicaba que había encontrado su libro de Pociones Avanzadas en la biblioteca.

-Gracias, Sirius –dijo ella con una sonrisa.

Entraron los cuatro juntos al aula, y Slughorn les perdonó que llegaran tarde gracias a que Lily estaba en el grupo. Sirius y Remus se sentaron con James y con Peter, ya que les habían reservado dos asientos, y Lily se sentó en primera fila seguida de Mary.

En el momento Slughorn ordenó que abrieran el libro por la lección número diecisiete, hubo un sonido de una explosión que provocó que todos miraran a la fuente de procedencia.

Sorprendiéndose de que no fuera Remus, Macdonald estaba cubierta de hollín en toda la cara y su pelo, despeinado, se había tornado negro.

-¡Maldita sea! ¡Me ha explotado como si fuera un Lupin cualquiera! –gritó ella, irritada.

-Esa expresión se dice mucho este año, ¿no? –comentó Peter con nerviosismo.

Remus se sintió ofendido. James y Sirius desternillándose de la risa no ayudó a que el chico se sintiera mejor. Lily tiró la mesa hacia atrás y se dirigió donde estaban sentados los merodeadores.

-¿Se puede saber qué le habéis hecho? –bramó Lily, apoyando con fuerza la palma de las manos en los pupitres de los chicos y haciendo que sonara.

-¡Señorita Evans! –le llamó la atención Slughorn-. Vuelva a su sitio, mi niña –ella se sintió violenta de que se dirigiera de esa manera hacia su persona, pero no dijo nada-. Ignoremos este incidente, detención para el señor Potter y el señor Black, y continuemos con la clase. Coged sangre de dragón, pelo de unicornio y unas cuantas algas marinas, por favor.

Lily fulminó con la mirada a James una vez más antes de ponerse manos a la obra con la poción, intentando ignorar que unos ojos negros estuvieran clavados en ella durante toda la clase.


Mary se sacudió la ceniza restante de sus hombros y, acto seguido, cogió todo el material que había desperdigado en su mesa para guardarlo nuevamente en su mochila. Lily la esperaba, tratado de ganar tiempo para pasar menos rato en la fiesta de Slughorn, aunque el hecho de que estuviera Dorcas en ella la animaba un poco. Tener que enfrentar a Severus ella sola la incomodaba, más considerando lo acontecido el año pasado, así que si estaba con una amiga le apetecía más acudir.

Las dos chicas levantaron la mirada en cuanto una sombra se proyectó hacia ellas. Lily ladeó la cabeza, cauta, a la par que Alan le devolvía la mirada sin inmutarse. Segundos después, centró toda su atención en Mary.

Para sorpresa de Lily, Mary lo observaba embelesada.

-Mañana vamos a Hogsmeade –empezó el chico-. ¿Te apetecería venirte conmigo y con unos amigos para ir por el pueblo?

Ella parpadeó un par de veces, sintiéndose fuera de lugar.

-¿Te refieres, a una pandilla de Slytherin?

-Sí –notando la reticencia de la joven, él se apresuró a tranquilizarla-. Pero no te preocupes, son muy majos una vez los conoces.

-Vale. ¿Dónde nos reunimos?

Alan sonrió, triunfal.

-A las diez de la mañana en la entrada de Honeydukes.

Mary asintió con la cabeza y el Slytherin dio media vuelta para salir del aula. Una vez fuera, el chico se detuvo al comprobar que varios estudiantes de su misma casa lo esperaban y su expresión no reflejaba demasiada simpatía. Él tragó saliva aunque, en el fondo, sabía que algo parecido ocurriría.

-¿Vas a traer a una sangre sucia? –lo acusó Mulciber, asqueado.

-¿Qué? Es Macdonald. La de las hamburguesas –rebatió él como si fuera algo primordial.

Los demás que iban con Mulciber se miraron entre ellos con cara de circunstancias.

Mary salió en ese instante de la clase del profesor Slughorn y se sintió violenta de ser el centro de atención de nueve alumnos de la casa de Salazar. Apretó la mandíbula y se puso en guardia.

-Hola –la saludaron ellos, cordiales y como si ella fuera su amiga de toda la vida. Alguno hasta hizo un breve gesto con la cabeza a modo de reverencia.

-Hola –contestó ella, pasmada.

Lily guardó la varita y se cruzó de brazos; las arrugas de su frente explicaban de sobra lo que sentía la Gryffindor, y Mary se carcajeó de la incredulidad.


James daba vueltas en el vestíbulo, cada vez más impaciente. Ya se había aprendido de memoria todos los dibujos que habían tallado en las enormes puertas de madera que conducían al interior del castillo de todo el tiempo que había pasado ahí.

Se sentía idiota. Era el último estudiante que quedaba para ir a Hogsmeade pero le preocupaba que Sirius no hubiera dado señales de vida desde la noche anterior. Sabía que había quedado con McKinnon, y que lo más seguro sería que él estuviera bien, pero no podía negar que algo de angustia lo carcomía por dentro en caso de que hubiera tenido algún tipo de accidente.

Justo cuando había decidido ir a hablar con la jefa de la casa de Gryffindor, la profesora McGonagall, dos figuras aparecieron del patio interior que se encontraba al lado de la entrada del castillo.

Eran Sirius y Marlene.

-¡Sirius! ¿Dónde estabas? –dijo James, quien había ido corriendo en su dirección. Saludó a Marlene y después reparó en que Sirius llevaba muletas y la joven lo ayudaba a estabilizarse.

James sintió un escalofrío en cuanto observó al gato de Sirius encima del hombro de Marlene y ésta actuaba sin inmutarse; como si fuera inmune a la malignidad del gato.

-En la enfermería.

La Ravenclaw suspiró.

-Tuvimos un pequeño problema ayer con el parapente y Sirius no cayó bien porque apoyó mal la pierna. Tiene que llevar muletas durante una semana.

James frunció el ceño.

-¿Y tú estás bien?

-Sí. ¿Por qué no iba a estarlo? –replicó ella, extrañada. James no comentó nada más.

-Remus y Peter nos esperan en Las Tres Escobas.


James se restregó los párpados, sin creerse que Mary, Lily y otra chica de Gryffindor de pelo rubio miel y que él no conocía estuvieran sentadas en una misma mesa con varios de Slytherin. Para su alegría, Severus se hallaba un par de mesas más hacia el fondo, con otros de su misma casa incluido el hermano de Sirius. Remus y Peter estaban en la parte derecha del pub, de cara a la ventana y observando pequeñas gotas de lluvia caer contra las pavimentadas calles.

-¡Pifia! –gritó Florence, señalando a Regulus.

Éste se puso lívido.

-Eso quiere decir…

-Que tu personaje muere –afirmó Snape, altivo.

Regulus refunfuñó por lo bajo, claramente furioso y sacando los papeles de jugador para crear uno nuevo.

-¿Qué gracia tiene este juego? Los personajes no mueren de verdad –dijo una voz de ultratumba.

Se giraron para comprobar quién había sido el que había dicho ese comentario tan espeluznante, y se encontraron con los ojos inexpresivos de Salazar O'Shea. Los escrutaba de manera calculadora, dando la impresión de que no era humano, y todos desviaron la mirada para centrarse nuevamente en el juego. Trataban de hacer como si el Gryffindor no estuviera allí.

James se encogió de hombros y se sentó a la derecha de Remus, cogiendo un trozo de chocolate que éste tenía en la mano, y le pegó un bocado.

-¿Algo emocionante que contar?

Se puso en tensión al percibir la hostilidad presente. Sirius lo escudriñaba como si no lo conociera y Peter había salido corriendo a una velocidad pasmosa, tanto que ni el chico de gafas se había dado cuenta de cuándo había desaparecido. La única persona que estaba tan perdida como él era Marlene.

-James, ¿estás loco? –habló Sirius como si se dirigiera a un niño de ocho años. James hubiera encontrado irónica la pregunta de no ser por la situación.-. Acabas de robarle a Remus su chocolate. Recuerda, James, chocolate. C-h-o-c-o-l-a-t-e –deletreó él.

James salió escopetado de la silla como si lo hubieran pinchado nada más reflexionó sobre las palabras del moreno. Marlene arqueó una ceja y Sirius se giró hacia ella para contarle la obsesión de su amigo por el chocolate. Remus persiguió a James.

-¡Te lo tienes bien merecido, Potter! –exclamó Lily, aunque no supiera muy bien qué había pasado-. ¿Dónde vas? –quiso saber la Gryffindor, mirando a Dorcas que se había levantado.

-Quiero jugar al rol. ¿Te vienes?

-Sabes que no –contestó la chica de ojos verdes con una sonrisa-. Estaré aquí con Mary.

El ambiente animado y cálido de Las Tres Escobas contrarrestaba brutalmente con el frío glacial del exterior, donde las nubes se alzaban amenazantes.

Una sonrisa retorcida brillaba a las afueras de Hogsmeade, acechando a los jóvenes estudiantes de Hogwarts, y se dirigió sin dudarlo ni un momento hacia el interior del pueblo; concretamente, hacia la entrada de Las Tres Escobas.

-Todo sea por el Señor Oscuro.

Se avecinaba tormenta.


N/Sango: Efectivamente, era Marlene McKinnon. Espero que hayáis disfrutado el capítulo :) ¿Reviews?

¡Nos leemos en el siguiente y gracias por leer!