Hola a todos los que están sentados frente a una pantalla leyendo esto! Y también a los que no lo están haciendo, jejeje. Este capítulo es una especie de… bonus, por así decirlo: un Edward POV!!!! Gracias a Luz Cullen Chiba por sugerirme hacer esto! Al principio estaba un poco indecisa al respecto, pero intenté hacerlo, y bueno, a mí me gustó el resultado, espero que a ustedes también :D
El POV está compuesto de tres partes, pero no se preocupen (por si lo estaban), decidí incluir las tres de una sola vez en este capítulo, así que es un poco extenso, de hecho, el más extenso que leerán.
Una cosa más, aprovechen! Porque muy probablemente este será el único POV de un persona diferente a Bella que haré!
Disclaimer (si, de nuevo): Después de escribir este POV, estoy totalmente segura de tres cosas: primera, Edward Cullen es totalmente mío, aunque por ahí haya algunas que no lo quieran aceptar; segunda, S. Meyer lo creo para mi; tercera, Jane Austen escribió su libro para que yo pudiera escribir esto… demasiada modestia, lo sé! ;)
Y ahora, como estoy segura de que no les interesan las estupideces que digo aquí, en negritas, los dejo que pasen alo que escribo abajo!
A la lectura mis valientes!!
Capítulo 27
Ojos de Vampiro
Primera parte: Historia
'Viernes. Ha llegado. Mañana emprenderé el viaje', pensé la mañana de ese día. Mi memoria, tan exacta como lo había sido desde hace ya tiempo, recordó algunos sucesos que habían pasado, no sólo desde que Emmett y yo llegamos a Rosings, sino desde que puse el primer pie en Netherfield.
Aquel, día me encontraba sumamente aburrido. La presencia de los Posley me molestaba, nunca había entendido porque a los Hale les gustaba rodearse de ellos, de los simples seres humanos; y no encontraba placer alguno en la compañía de alguien que podría descubrir nuestro secreto. Como sirvientes, ciertamente eran indispensables, pero la amistad y relaciones debían ser mantenidas sólo entre nosotros; no nos alimentábamos de ellos, era cierto, pero siempre existía el riesgo de que perdiéramos el control y… nos convirtiéramos en asesinos, no hay otra palabra mejor para decirlo.
Pero a Jasper y su hermana procuraban rodearse de personas, siempre estaban buscando en el campo, en las ciudades, en toda clase de lugares donde hubiera gente dispuesta a relacionarse con ellos, atraídos por la belleza y la fortuna. Sin embargo, no todo era tan fácil como puede parecer, poseer una elevada fortuna e impactante belleza no nos daba el poder de hacer cuanto quisiéramos, completamente en libertad. Siempre había una condicionante: el sol. No podía haber sol, teníamos que viajar en temporal de lluvias, o en invierno, cuando el sol permanece oculto tras las ventiscas de nieve. Por eso en Londres pasábamos la mayor parte del año, cuando no podíamos permitirnos viajar por el país.
Había otras alternativas, desde luego, mis padres viajaban fuera del país, hasta el continente, a lugares donde podían pasar más desapercibidos. Esto nunca tuvo atractivo para mí. Desde aquel fatal día en Carlisle me encontró, moribundo, y me dio… esta pobre imitación de vida… eran contadas las cosas que me atraían… No es que odiaría a Carlisle por lo que había hecho, sabía lo difícil que había sido para él, el autocontrol que había desarrollado iba más allá de lo imaginable. Además, me fue guiando, me enseñó toda clase de cosas. No, no podía odiarlo, se convirtió en un padre para mí, y yo, en su único hijo, adoptando también su nombre y su fortuna.
Pero se dio cuenta de que yo no era feliz. Y no podría serlo, pensé, y aún lo hago, que me había convertido en un monstruo, en un vil asesino, que robaba vidas para saciar su hambre, para continuar con su existencia maldita. No pertenezco a ninguna parte, ni al cielo, ni al infierno, ni al tierra… ¡¿qué clase de ser soy?! ¡¿por qué puede existir una criatura tal?!
Un monstruo… si, que se alimenta de la sangre de otras criaturas, que las mata para saciar su sed eterna…
Y la sangre humana el principal alimento de nuestra… especie; pero no de nosotros. Carlisle, Esme, los Hale, yo… todos habíamos elegido… ser una especie de… vegetarianos. No nos alimentamos de personas, sólo de animales. Pero aún así, no dejo de pensar que le robamos la vida a un ser vivo. Mi fuerza, mi desarrollado sentido de la vista y el olfato, mi velocidad, mi aparente encanto y belleza, incluso mi facultad especial para leer las mentes, todo me convertía en un depredador, en el mejor depredador, aunque no quisiera serlo.
Sin embargo, después de un tiempo, comencé a calmar mi ira, ira hacia lo que me había convertido. No tenía necesidad de respirar o de dormir, y los días eran tediosas secuencias aturdidoras. Y comencé a viajar, con Carlisle, que siempre me ha apoyado. Fue… liberador. Me ayudó a alejar de mi esas ideas, tal vez no me deshice de ellas, pero pude dejarlas bajo la superficie, donde hacían menos daño.
Y fue en uno de estos viajes, en donde Carlisle conoció a Esme. Ella había intentado quietarse la vida, saltando a un precipicio. Carlisle y yo nos encontrábamos cerca, y él comenzó a percibir el olor a sangre. Corrimos hasta el lugar, y aún estaba con vida. Carlisle ha estudiado medicina, muy afondo, y diagnóstico que no se podría salvar. Ella utilizó su último aliento para susurrar un nombre, el que habría de ser su hijo, un bebé que nació para morir a los pocos días. Carlisle se conmovió, y la convirtió. Entonces Esme se volvió su compañera, a la vez que también fue mi nueva madre.
Sucedió, que a partir de aquel momento, nos establecimos en una antigua propiedad de Carlisle, Pemberly. Esme encabezó su remodelación, contratamos sirvientes humanos, y finalmente nos mudamos. Mi padre comenzó a ayudar a los habitantes de las cercanías, y pronto fuimos muy populares entre ellos. O al menos entre una parte de ellos.
Cometimos un error. Acostumbrábamos cazar en un bosque un tanto alejado de Pemberly, pero que quedaba oculto para miradas indiscretas. En una ocasión, Carlisle y yo fuimos sorprendidos mientras comíamos. Por nada más y nada menos que el Señor Ephraim Black, líder de su comunidad. Al principio, él y sus acompañantes querían matarnos, como si eso fuera posible, pero Carlisle les explicó todo sobre nosotros, y al final vieron que éramos inofensivos para ellos. Esa misma noche, se selló el Tratado: nosotros no alejaríamos de sus tierras y no morderíamos a ningún ser humano en los alrededores, y ellos a cambio no revelarían nuestro secreto.
Comenzamos a ser precavidos, a partir de ese momento. Nos ausentábamos con más frecuencia de la región. En esa época fue cuando encontramos a los Hale. Jasper y Rosalie, hermanos reales. Estábamos asombrados, habíamos encontrado a otro par de vegetarianos, tal como nosotros, y nos convertimos en una nueva y pequeña familia. Además nos proporcionaron una ventaja: ellos también tenían algunas cuantas propiedades a lo largo del país; así que compartimos las suyas y las nuestras, proporcionando una mayor amplitud de residencias, y por tanto facilitando nuestra vida desapercibida.
Eventualmente, también se unieron a nuestro clan Lady Irina De Denali, prima hermana de Esme (pero habían decidido decir que eran hermanas), último miembro de su familia, que había sido convertida –junto con su hija- por su esposo; y Emmett, convertido también por Carlisle, yo lo encontré después de ser atacado por un oso en el bosque.
**** * ****
Segunda parte: Sentimientos
Pero regresando al viaje a Netherfield, como ya lo dije, no me sentía emocionado por estar ahí. Algunas veces, Rosalie encontraba personas interesantes, pero está vez no había sido así, así que lo antes posible la convencí de que enviara a los Posley de vuelta a su casa.
Y ahí Jasper conoció a la Señorita Alice Swan, hermana de la Señorita Isabella Swan. Bella Swan… ambas hermanas eran atractivas, pero a mi no me interesaba relacionarme con el género humano, no mientras me considerara a mi mismo una amenaza. Y además, yo parecía disgustarle, pero no logré saber porque. Había algo especial con ella, principalmente que no podía escuchar sus pensamientos. Lo había intentado, en lugares repletos de gente, y en lugares donde sólo había unas cuantas personas; pero no, nunca puede ver uno sólo de sus pensamientos, lo que me hizo sentir frustración… ¿por qué, en todos mis años de vida, nunca me ha había sucedido algo así?
Después descubrí algo más. Sucedió una tarde, cuando su hermana estaba enferma en Netherfield. La Señorita Bella estaba sentada cerca de una ventana, y una ráfaga de aire entró a la habitación, llevando hasta a mí su aroma, el aroma de su sangre… pasó por mi garganta e inmediatamente comencé a sentir el ardor de la sed… creí que enloquecería. Nunca antes había percibido un aroma tan atrayente, tan seductor, el más delicioso… en mi mente comenzó a dibujarse grotescas escenas… de mis venenosos colmillos aferrados a su blanco, delicado, perfecto cuello… sentí como mi autocontrol se desvanecía… pero no podía hacerlo, no podía dañar a un ser humano… me puse de pie en un salto, derribando la silla, y salí tan rápido como pude de la habitación, y de la mansión.
Regresé por la noche, y noté que la ventana de la habitación en la que se encontraban las Señoritas Swan estaba abierta. No resistí la tentación y me acerqué. Ambas hermanas estaban dormidas. Me atreví a entrar, sin respirar, después de todo no era vital para mí. Me acerqué a ella, a Bella, y la contemplé. Era hermosa, aunque no me había permitido notarlo antes. Comprendí porque Rosalie, que me sentía como propiedad suya, se sentía amenazada por ella. Su respiración acompasada elevaba y descendía su pecho. Lustrosos mechones de cabello caían con gracia alrededor de su rostro, y el retumbante sonido del palpitar de su corazón era muy audible para mí. Pero entonces, se removió en la silla, y sus ojos se movieron bajo sus párpados; por precaución, me moví hasta una esquina de la habitación que quedaba totalmente en penumbras. Pero sus ojos se abrieron, y tuve que escapar velozmente, no sin antes aspirar una profunda bocanada de su embriagador aroma.
Sentí ira contra mí, ira porque lo que acaba de hacer… pude estar a punto de matarla… era irresistible para mí… así que decidí alejarme por un tiempo, con la imagen de ella durmiendo grabada en mi mente. Decidí ir a buscar a Emmett, el sabría ayudarme, apoyarme. Así que me ausenté unos días. Cuando regresé, la Señorita Alice estaba al borde de la muerte… y tuvimos que ausentarnos…
Y ahora, me encontraba en Kent, visitando a mi tía, y a mi prometida, aunque ninguno de los dos estuviera conforme con el matrimonio arreglado. Y la Señorita Bella Swan también estaba aquí. Recordar su olor fue un nuevo reto para mí. En el tiempo que estuvimos alejados, había pensado en algunas ocasiones en ella, pero verla ahora, tenerla aquí físicamente, era otra cosa. Me molestó notar que yo parecía serle indiferente, y cuando trataba de hablar con ella, ambos éramos fríos y distantes. Pero aún la encontraba atractiva, aún me tentaba su sangre, aún mantenía conmigo aquella imagen de ella dormida. Me consolaba con contemplarla desde una distancia considerable. En una ocasión, tomé su mano, cuando la ayudé a subirse al carruaje. Era muy suave y cálida, y pude sentir el rítmico palpitar de su corazón bajo su piel, entre sus venas y arterias. Y recordé mi piel fría y dura, e imaginé que era mejor de este modo, tenía que resignarme a vivir así. Una conversación que escuché entre ella y la Señorita Mary Stanley, me confirmó la antipatía que Bella sentía hacía mí.
Ella evitaba Rosings, me di cuenta de eso, peo no quise aceptar que fuera debido a mí, imaginé que mi tía le molestaba. En una ocasión que paseaba por el bosque, me pareció percibir su aroma. Lo seguí, hasta que finalmente la encontré. Lloraba en silencio. Imaginé que sería respecto a algún familiar, y se lo pregunté, pero pareció molesta, así que me alejé.
Pero a partir de ese día, yo comencé a deambular por le bosque, siempre buscando su perfume, siempre siguiendo al estela que dejaba tras de sí, y cuando nuestros caminos se cruzaban, yo me disculpaba y me alejaba; hasta que me atreví a solicitarle autorización para acompañarla en sus paseos, para mi sorpresa, dijo que sí. Pero sólo tuve la oportunidad de acompañarla en pocas ocasiones, hasta que un día dejó de asistir. Alarmado, me precipité a Rosings, donde encontré a su primo, el Señor Newton. Le pregunté por ella y me dejo saber que no se encontraba bien de salud. Lo dejé hablando sólo y acudí presuroso a la rectoría. Y ahí estaba ella, perfectamente bien. Me retiré en seguida, meditando sobre eso. Tal vez ella me estaba evitando.
Más sin embargo, decidí alargar nuestra estadía en Hunsford, quería estar cerca de ella, mirarla por un poco más de tiempo, y luego marcharme, y evitar que nuestros caminos se volvieran a cruzar.
Pero, entonces, escuché los pensamientos de Emmett, sobre una conversación que había mantenido con ella. Me asombró, porque me pareció descubrir que tal vez habría una oportunidad de que Bella Swan no fuera indiferente respecto a mí. La idea se aferró en mi mente, y varias noches vagué fuera de su ventana, imaginando que ella se asomaba y me sonreía… hasta que finalmente, ayer, la encontré abierta, su ventana estaba abierta. Me aventuré una vez a entrar en su habitación, y la contemplé de nuevo mientras dormía. Y me quedé ahí, mirándola soñar, olvidándome de las horas y de la existencia de todo lo demás… hasta que de pronto, una palabra escapó de sus preciosos labios. 'Edward' dijo. Me paralicé. Al principio creí que había despertado, pero mis ojos, capaces de ver tan bien en la oscuridad como durante el claro día, me dijeron que aún dormía. Entonces pensé que tal vez había escuchado mal. Acerqué más mi rostro al suyo, para comprobar que estuviera dormida una vez más, y sucedió de nuevo. 'Edward'. Está vezsi estaba segura de haber escuchado mi nombre, mi nombre pronunciado por ella. No lo dijo con cariño, ni con dulzura, simplemente lo dijo, pero sentí como mi frío corazón se agitaba sin control dentro de mi marmóreo pecho. Dejé la habitación, sin darme cuenta apenas de lo que hacía, y me perdí en el bosque, hasta el amanecer. Sólo podía pensar en ella, y libraba una lucha interna. No podía permitirme amarla, la exponía demasiado, la arriesgaba a que terminara matándola; y no podría vivir con eso, ya no tendría sentido, me odiaría demasiado. Finalmente, unas horas después del amanecer, me sentí derrotado. Percibí su encantador aroma, y fue claro que lado había ganado.
Perseguí desesperadamente su olor, a través del bosque, por senderos y fuera de ellos, hasta que la encontré, sentada sobre una rama torcida. Me acerqué lentamente, pero ella me vio y se puso de pie. Hice uso de mi velocidad y llegué hasta ella en un segundo.
-Señorita Swan- le dije.
Pero ella me ignoró y continúo su camino. Me quedé plantado en mi sitio, viendo como se alejaba. Mi mente se puso en blanco. 'Es mejor así' fue lo único que se me ocurrió pensar. Pero casi al mismo tiempo, en respuesta, un sonoro 'No' emergió de las profundidades de mi cerebro. No, había llegado hasta aquí, me había rendido, tenía que continuar. Si ella me odiaba, tendría que escucharlo de sus labios.
Continué detrás de su tentadora esencia, aún sobre la lluvia, cuando comenzó a llover, era tan especial, que podía percibirla. La ví de nuevo, cuando se dirigía hasta un claro del bosque, donde una cúpula se eleva sobre varios pilares. Me apresuré a llegar hasta ahí antes que ella. Ella pasó frente a mí sin mirarme y se recargó contra una columna, cerrando los párpados sobre sus ojos castaños.
- No se preocupe por mí, ya pensaba retirarme- dije en voz alta.
- No tiene que hacerlo- me respondió, abriendo los ojos.
- Siento, sí antes… sí antes le ocasioné algún inconveniente o incomodidad, Señorita, yo sólo… sólo quería saber si su salud se encontraba mejor- dije, pues sentía la necesidad de disculparme y justificar mi comportamiento.
-Si, he estado mejor. Creo que fue algo pasajero, gracias- respondió ella.
No supe que más decir, así que nos quedamos en silencio. Me giré, para no incomodarla con mi mirada, simulando que contemplaba el paisaje. Continuaba lloviendo, seguramente sus ropas estarían tan mojadas como las mías. Con un repentino impulsó, decidí acercarme a ella. Ella me miró, sorprendida. Busqué su mirada y respiré profundamente.
-He luchado en vano, ya no puedo más. Soy incapaz de contener mis sentimientos. Permítame que le diga que la admiro y la amo apasionadamente. Me ha hechizado en cuerpo y alma, Señorita Bella, y no puedo más- declaré, vertiendo el contenido de mi corazón con esas simples palabras, aceptando por fin que la amaba. Mi respiración se había agitado, cosa extraña en un ser como yo.
Ella enrojeció y sólo me miró. No pude contenerme más, y terminé por decirle todo lo que había pasado por mi cabeza la noche anterior, lo dije sinceramente, hablando con toda la sensibilidad que fue posible. Le hablé de todo, de todo, hasta de la diferencia que me había impedido reconocer el amor que le profesaba. Y me encontraba en tal grado de animación, que terminé proponiéndole matrimonio. Todo mi ser se tensó, con la expectativa de la respuesta. Esperaba, sinceramente que ella se sintiera como yo, que me amara aunque fuera un poco.
-Creo, Señor Cullen, que en estos casos se acostumbra a expresar cierta gratitud o agradecimiento por los sentimientos manifestados, aunque no puedan ser igualmente correspondidos. Es natural que se sienta está obligación, y si yo sintiese gratitud, no dudaría en darle las gracias. Pero no puedo; nunca he ambicionado su consideración, y usted me la ha otorgado muy en contra de su voluntad. Siento si le he ocasiono algún daño con esto, y espero que ese daño no dure mucho tiempo. Los mismos sentimientos que, según dice, le impidieron darme a conocer sus intenciones durante tanto tiempo, vencerán sin dificultad ese sufrimiento- fue su respuesta, respuesta que me desarmó, haciendo que mi corazón se encogiera, y que paralizara. Tal vez, tontamente, había estado seguro de que ella aceptaría. Si hubiera sido posible, me hubiera roto en pedazos. Mi mente, que poseía gran velocidad de pensamiento, evaluó todo lo que yo acababa de decir, buscando el error que me hubiera llevado a tal resultado.
- ¿Esa es toda la respuesta que voy a tener el honor de recibir? Permítame, entonces solicitar el motivo por el cual se me rechaza- le solicité, muy perturbado y decepcionado. Tenía que saber, tenía que comprender porqué, la única mujer que he logrado amar en mi insípida existencia, rechazaba los tiernos sentimientos que mi corazón habían alojado por primera vez.
Pero su respuesta sólo aumentó más mi confusión.
- En ese caso, yo, también, quisiera solicitar el motivo de que con tan escasa cortesía, insultándome y ofendiéndome, me diga usted que le gusto en contra de su voluntad y de su juicio. ¿Cree usted que, aún si hubiera existido un motivo que hiciera a mis sentimientos favorables hacia usted, me sintiera tentada de aceptar al hombre cuyo orgullo le impide relacionarse con seres 'inferiores' a su clase, ni aún cuando sea con el motivo de darle noticias de un familiar enfermo? Usted mismo lo ha dicho, pertenecemos a mundos diferentes-
Me quedé sin palabras, no imaginé ni quise dar una respuesta para semejante comentario.
-Me parece que poseo todas las razones del mundo para tener un mal concepto de usted. No hay nada que pueda justificar su altanero e injusto proceder. No se atreverá usted a negar esto. Pero lo felicito, porque ha revolucionado la manera en que se muestra el orgullo- en este punto la miré con más atención, intentando adivinar hacia donde se dirigía su acalorado discurso- Tal vez usted, su familia y sus amigos se sientan muy distintos a nosotros, con su palidez y sus rasgos perfectos, crean que es un requisito mostrar el orgullo a cada paso que dan. ¿O va a negar que no comer ni un solo bocado en los lugares a los que ha sido invitado, y frente a personas que no son "como usted", no es por orgullo? Y, cuando, como lo he visto hacer, evita salir al pueblo ¿no es para evitar mezclarse con "ese tipo de personas"? Y no cometa usted el error de creer que este comentario es sólo fruto de mi antipatía. No, no es así. Sabe bien, caballero, que incluso los habitantes de los alrededores de Derbyshire no tienen buena opinión sobre usted o su familia. Y no me atrevería a mencionar algo así sin fundamentos; el Señor Black ha hecho un comentario al respecto- dijo la Señorita Bella.
Mi mente analizó todo lo que esta dama acaba de decir, y una luz de comprensión me alcanzó. Rasgos perfectos, no comer, no salir al pueblo… el Señor Black… ¿sería posible que la Señorita Swan hubiera descubierto, nada más que mediante atando cabos de ideas sueltas, lo que yo era? Empero, seguía hablando de mi orgullo y atribuyendo a él algunas frases que yo había dicho. En estas frases no me refería a cuna o dinero, sino a naturaleza. Decidí que era importante averiguar que tanto sabía al respecto. Recordé que además de belleza, la mujer que amaba también poseía una aguda inteligencia.
-¿Ha dicho Señor Black?- dije enarcando una ceja- disculpe, pero ¿se refería al Señor Ephraim Black?-
Ella se tomó un momento antes de responder, como si mi pregunta la hubiera desconcertado.
- No. No tengo el gusto de conocer a ese Señor Black. Del Señor Black que yo hablaba era el Señor Jacob Black, y su padre, el Señor William Black- respondió.
Ambos nos quedamos en silencio. Medité su respuesta. Tal vez no sabría nada sobre Ephraim, pero sin duda, su nieto y tataranieto le habrían dicho algo al respecto… pero era imposible, el tratado no sería violado jamás, ese fue el acuerdo, y la familia Black fue la que lo firmó. Así que después de todo, la Señorita Swan podría o no conocer la verdad, el secreto, lo pudo haber descubierto por sus propios medios. Salí de mis pensamientos y la observé. Casi en el mismo instante, la expresión de su rostro cambió, adquiriendo una intensidad asombrante. No hubiera necesitado poder leer su mente, ni siquiera que dijera lo que dijo a continuación; en ese momento lo supe, supe con total seguridad que ella lo sabía, y sólo me quedaba esperar el veredicto.
-Su piel es my pálida- comenzó a decir titubeante- y… fría, muy fría. Nunca come. Sus amigos y su familia tienen los mismos rasgos… perfectos. Sus ojos parecen cambiar de color… algunas veces son muy claros… y otras son oscuros…Y creo que su olor… despide usted… un aroma… muy agradable… Algunas veces, veo que se encuentra lejos, pero en seguida está cerca… como si… se moviera con mucha rapidez… Y… nunca sale a la luz del sol…- su respiración se agitó, y apartó su mirada de la mía.
Ya había pasado, ella había notado exactamente las cosas que revelaban mi condición. Respiré más libremente, por utilizar la expresión. Y estaba preparado, preparado para que ella se horrorizara y me señalara con el dedo, gritando al mismo tiempo el monstruo que yo era.
- ¿Qué es lo que cree saber, Señorita Bella?- dije en voz baja y calmada.
- Lo sé, Señor Cullen, conozco su secreto- respondió en voz apenas audible, aún para mi, y casi sentí como la sangre fluía con mayor rapidez dentro de sus venas.
Quise correr, decirle que ahora que lo sabía tenía que alejarse de mí, y de todos los que son como yo. Que corría peligro… pero al mismo tiempo deseaba que dijera que no le importaba, que ahora que lo sabía, que conocía los motivos de mi comportamiento, ella también podría amarme… Pero me quedé inmóvil como una estatua, tenía que escucharlo, escucharlo de sus labios del color del carmín, escucharle decir la clase de asesino a la que pertenecía.
- ¿Qué es lo que soy?- le pregunté en.
Ella me miró, como si no pudiera creer que le hiciera una pregunta como esa.
- El Señor Black los… los llama fríos- murmuró, desviando de nuevo la mirada.
- ¿Fríos? Supongo que tiene razón.- le respondí, deteniéndome a pensar un momento en el acertado sobrenombre. Pero yo no deseaba eso, yo aún necesitaba que lo dijera…- Pero usted conoce otro nombre, usted… usted lo sabe- hice un pausa - Dígalo, dígalo en voz alta-le exigí, mi cara tal vez luciría como una máscara de piedra, pero mi corazón emanaba tristeza… esta existencia me impedía ser… feliz. Ella contuvo la respiración, pero finalmente lo dijo, lo dijo y atravesó mi ser, cual afilada espada.
- Vampiro- la palabra resonó en los alrededores, la lluvia había parado y no había ningún otro sonido en el verdor que nos rodeaba- Usted es un vampiro, Señor Cullen- agregó.
La espada entró y salió limpiamente de mi frío pecho, cuando vi que su expresión no era de espanto o asco, como yo hubiera esperado que fuera.
- ¿Y no está asustada?- la pregunta me salió casi sin pensarla.
- No, no lo estoy- dijo Bella después de un momento de reflexión- No creo que usted me haría daño-
Su respuesta elevadamente inesperada para mí, no podía creer que lo hubiera dicho.
-¿Porqué?-
- Supongo que… si usted hubiera deseado hacerme daño, ya lo hubiera hecho-
Otra respuesta sorprendente, y muy bien pensada. Pero está vez, me pareció imprudente; tal vez todavía esperaba que corriera y huyera, ahorrándome el dolor que me causaría saber que no me amaba por mi, no por lo que era.
- ¿Sabe de que me alimento, Señorita Swan?- le dije con amargura, intentando hacerla comprender.
- El Señor Black dijo que… que ustedes no eran como los otros…-
- No me ha respondido- interrumpí, molesto.
- De sangre- espetó finalmente, con un dejo de voz- pero el Señor Black.
- No importa lo que él Señor Black haya dicho. Es sangre, sin importar lo demás-
De nuevo, nos quedamos en silencio.
-Y usted, su sangre… tienen un olor muy particular, muy especial para mí… irresistible…- le dije, sin darme cuenta que las palabras salían de mi boca, y sin saber porque decía una confesión como aquella. Me sobresalté con tal declaración. Había dicho demasiado, había sido suficiente. Me alejaría de ella, tal como había pensado, y esperaría que ella creyera que esto había sido un mal sueño.
-En fin, lamento mucho haberla molestado de esta manera, pero no debe preocuparse, si así lo desea, no me volverá a ver- dije mientras me retiraba.
- ¿Se va? ¿Así sin más? ¡Sin decirme nada sobre Alice!- exclamó.
Me detuve. ¿Alice? Pensé con sorpresa. Tal vez ella esperaba alguna especie de información sobre ella, no se me había ocurrido pensarlo antes. Tal vez por eso yo le disgustaba tanto, ella me veía como la única fuente de información al respecto, y yo me había comportado terriblemente al no mencionarle una palabra al respecto… pero aún así, no podía hacerlo…
- No puedo decir nada al respecto, discúlpeme – fue todo lo que le dije, antes de continuar con mi camino.
**** * ****
Tercera parte: último encuentro
Así que me marché dejándola ahí sola. Me había forzado hasta el límite, había deseado que ella me amara tanto como yo la amaba a ella, pero no era posible. No era posible porque ella sentía que no conocía la verdad. Que había secretos en donde quiera que mirara. Y por que yo había sido egoísta e insensible. Me preocupe sólo por averiguar sus sentimientos sobre mí, olvidándome de sus otros sentimientos. No pude decirle ni tan solo una simple palabra de aliento sobre su hermana, sobre su adorada hermana. No puede hacerlo ni siquiera cuando ella me lo exigió, cuando la naturaleza era testigo de su reclamo, de su dolor. ¿Y por que no lo hice? Por cobarde, porque imaginé que si le revelaba esta otra verdad, ella me odiaría aún más, y eso no podría soportarlo; por que ella pensaría que fue mi culpa, y tendría razón. Porque, otra vez, me sentía como un asqueroso monstruo… La ira me invadió, y arranqué un árbol de tajo, lazándolo tan lejos de mí como me fue posible. Luego corrí, corrí a una velocidad de vértigo, durante varias horas. Más me detuve. Comprendí que no podía huir, de absolutamente nada. No podría reparar el daño hecho, pero podía hacer algo. La Señorita Swan quería conocimiento, y yo se lo podría otorgar. Le diría la verdad sobre Alice, tal vez la verdad aligeraría el dolor. Las consecuencias ya no eran importantes, si amaba a Bella, era ella la prioridad. Así que regresé, y comencé a escribir una larga carta.
En ella le explicaba todo, desde algunas cosas sobre mí, y sobre lo que era ser vampiro, una explicación detallada de las cosas que ella ya había notado. Y todo sobre Alice, sobre donde está, y sobre lo que pasó con ella…
Escribí, escribí hasta que el sol salió de nuevo, aprovechando que como vampiro no necesitaba dormir.
Y me apresuré a buscarla. Aún partiría ese mismo día, pero quería que Bella tuviera esa carta en su poder antes de hacerlo. Me imaginé que trataría de evitar ver mi partida. Fui al bosque, a buscarla, y rápidamente encontré su aroma. Comencé a llamarla por su nombre, aunque sabía que estaba lejos de ella. Corrí hasta donde estaba, temiendo que me escuchara y huyera. Sin embargo, se quedó donde estaba.
-Señorita Swan- la saludé al mismo tiempo que hacía una reverencia- esperaba verla hoy en Rosings.
- Lamento que hay creído eso- respondió fríamente.
- Me imaginé que estaría por aquí, disculpe si mis gritos al llamarla la asustaron, he venido corriendo tan rápido como me fue posible… tal vez he debido venir a caballo para…para… - al principio, utilicé el mismo tono frío de ella, pero terminé con preocupación mi frase, me sentía algo fuera de mi mismo, y no sé porque dije esa última parte.
- ¿Qué? ¿guardar las apariencias?- dijo ella con las cejas elevadas en un arco- ¿eso quiso decir?-
Guardé silencio. Por una vez más, quise tratar de leer su mente, de conocer exactamente que era lo que pensaba sobre mí.
- Sí, algo parecido es lo que tenía en mente, Señorita Swan, pero reconocer que usted lo ha expresado más claramente. Eso me lleva al motivo por el cual estoy aquí- respondí al cabo de un momento, cuando mi intento de ver sus pensamientos fracasó.
- No debe preocuparse por eso, no le revelaré a nadie… su verdadero yo- replicó con amargura. Su respuesta me tomó desprevenido, y se lo confesé.
- Sabe, Señorita Swan, usted nunca deja de sorprenderme. Como ya le dije en una ocasión anterior, me resulta muy difícil saber que es lo que piensa… aunque sería más adecuado decir que es imposible conocer lo que piensa… o por lo menos de la manera en que yo intento hacerlo-
Y ahora ella, era quien lucía sorprendida, y a pesar de todo, la situación me hizo sonreír.
- Una cosa que no logró descifrar. Puedo leer las mentes… si así se le puede llamar… cada mente, aún a una considerable distancia, puedo escuchar los pensamientos de una persona… pero la suya, Señorita Swan, la suya no. Es como un espacio en blanco. En una habitación repleta de personas, puedo escuchar sus cabezas repletas de pensamientos triviales... y luego… nada- le dije mirándola, cumpliendo con mi palabra, de revelarle todo aquello que quisiera saber, y aún más.
- ¿Hay… hay algo mal con mi cabeza?- me preguntó, dejándome atónito.
- Yo escucho los pensamientos, Señorita Swan, ¿y usted cree ser la que tiene algo mal?- no pude evitar sonreír- … creí que había descubierto más sobre mi…naturaleza-
-¿Acaso hay algo más que descubrir?- replicó molesta- suficiente es encontrarlo aquí hoy, aún cuando el día es soleado-
-¿Por qué? ¿Acaso esperaba que me convirtiera en polvo?- dije disgustado- No, Señorita Swan, si eso espera, le digo que no pasará. No puedo, no podemos exponernos a la luz del sol… nos expondríamos a ser… notados-
- ¿Porqué?, yo no creo que nada seria más notorio que convertirse en un montón de cenizas frente a los ojos de una multitud-
-¿Quiere saber porque?- dije acercándome más a ella- ¿en verdad quiere saberlo?- deseé que su respuesta fuera afirmativa, fui egoísta una vez más, pero sólo una.
-Si- respondió instantáneamente.
Algo dentro de mi cabeza comenzó a girar en espiral, y me mente, usualmente calculadora y alerta, se volvió autista a todo lo demás. Casi sin pensarlo, la sujeté por la cintura y enredé sus brazos alrededor de mi cuello. Sabía que era una falta, sabía que estaba atentando contra las reglas, todas, y sabía que después lo lamentaría, pero necesitaba hacerlo. Comencé a correr, sin pensar que tal vez la velocidad a la que nos desplazábamos podría asustarla.
Llegamos hasta un claro del bosque, donde los rayos solares iluminaban con intensidad el espacio. Tal como yo lo quería. La dejé sobre una roca y comencé a quitarme el saco, mientras me dirigía a la luz.
Quería que ella no sólo comprendiera lo que yo era, sino que también lo viera, que pudiera ver con sus propios ojos en lo que yo me había convertido…
Cuando la luz comenzó a bañar mi piel, me di la vuelta hacia ella y observé con cuidado su reacción.
-¿Lo ve? ¿Sabe a que me refiero? ¿Comprende por que no puedo acercarme a la luz del sol? No lo puedo hacer, por más deseos que tenga…- exclamé, instándola a que no dejara de lado nada de la verdad, la verdad que yo me había propuesto a revelarle. Sin embargo, su rostro expresaba algo totalmente distinto a lo que yo esperaba.
- Pero, es… hermoso…su piel es hermosa… -dijo en voz baja.
Me molesté, no estaba viendo claramente el asunto, mi intención era que conociera todo sobre mí; y su respuesta, sólo me recordaba que esta hermosa piel era la máscara perfecta de la muerte.
-¿Hermosa? ¡Es la piel de un asesino! ¿Cree que me agrada ser lo que soy? ¿Esto? Soy el mejor depredador del mundo, los Black lo saben, ¿no se lo dijeron? Todo invita hacía mí, mi voz, mi cara, incluso mi olor… cómo si necesitara algo de eso, como si pudieran luchar contra mi… usted lo ha visto-
Sentía dolor e ira, nuevamente era un ser despreciable, mi propia boca había dejado eso en claro, ella y yo éramos diferentes… yo era un cazador y ella, ella era la presa…yo era peligroso, su sangre me tentaba a serlo… ¿Y qué esperaba revelándole todo? ¿Compasión? ¿Comprensión? Ya no lo sabía, no tenía sentido saberlo, sólo me alejaría de ella.
- Siento mucho haberla molestado, no… tenía la intención de hacer nada de esto… yo sólo quería darle esto- le dije tendiéndole la carta que había escrito, aquella que le revelaría la verdad sobre todo- sólo quería aclarar todo esto, me parece importante que conozca su contenido, y estoy seguro de que encontrará algo de su interés. Y ahora, disculpe que no la regrese al camino, pero me parece que ya me he propasado lo suficiente…- por último, lamenté que mi condición de caballero quedará manchada por esta acción, debía acompañarla de regreso, pero no podría hacerlo.
- Puedo encontrar el camino sin ayuda, Señor Cullen- me interrumpió, y comenzó a avanzar. No esperé a que se hubiera perdido de vista, y yo también me fui.
Cuando llegué a Rosings, mi tía exigió una explicación por mi conducta, pero no se la di. Emmett no me preguntó nada, como sabía que haría. Todo estaba listo para la partida, y al cabo de una media hora comprendimos el viaje.
Cuando pasamos frente a la rectoría, deseé que Bella Swan estuviera espiando tras de los cortinajes y me viera marchar, y que su corazón contuviera un suspiro; mas, ella, ahora sólo podría odiarme, si ya había leído la carta. Y sentí la necesidad de estar ahí, a su lado, cuando ella leyera mis palabras, cuando cada línea abriera un herida, que se recargara en mi hombro, de enjugar sus lágrimas, de besar tiernamente su frente, de que su dolor fuera mi dolor…Con resignación y amargura, recordé que esa mañana, en el bosque, sería la última vez que la vería. Para siempre.
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