Capitulo 28: El Castillo en el Campo
Charlotte se encontraba profundamente dormida, como una roca, incluso ronquidos salían de su boca, hasta el fondo de aquella montaña de almohadones y edredones, Natallie comenzó a escarbar mientras sollozaba. Aun no amanecía, y el farol afuera de la ventana era la única luz que lograba traspasar las cortinas que abrigaban la ventana cubierta por rocío de la madrugada.
La chica fue zangoloteada hasta que se despertó, encontró el rostro de Natallie lleno de tristeza y las lagrimas regaban sus mejillas pálidas, su cabello estaba recogido a medias y vestía de negro, su aliento a recién despertada inundaba la nariz de Charlotte. "Lo siento, lamento haberte despertado… Ah pasado algo terrible…" Charlotte se frotó los ojos al mismo tiempo que un bostezo y un ligero gemido salían de sus dulces labios, inhaló profundamente para intentar despertar completamente y así mismo atender a su amiga agobiada. "¿Qué es Natallie? ¿No puede esperar a la mañana?" Natallie chilló y negó con la cabeza mientras sus manos se aferraban a los hombros de Charlotte, alzó la mirada y sus ojos color azul cielo hablaron por ella, el asunto no podía esperar hasta la mañana. "Me ha llegado una carta…"
-"¿Es de Edward? ¿No vendrá, cierto? ¡Te ha dejado otra vez! ¡Ese patán! ¡Cuando lo vea…!" la chica interrumpió; "No es de Ed, es de… mi padre… Mi media hermana ha fallecido dando a luz a su hijo. Debo volver ahora, no puedo dejar a mi padre solo, tengo que volver a Chicago. Lo siento Charlotte, te he defraudado, te he abandonado… ¡Pero es mi familia! Tu eres como mi hermana y sabes que estaré ahí para ti siempre, así como siempre estaré para mi familia…" Charlotte tenía los ojos brillosos; "No me has defraudado, Natallie, ni me has abandonado… Eres una de las mejores amigas que he tenido, una verdadera amiga… De las mejores que tengo, de verdad, comprendo. No te pongas así… ¿Hay algo que yo pueda hacer por ti, querida Natallie?" La pobre muchacha se limpió la nariz y sollozó un poco antes de contestar a su amiga, suspiró y tartamudeando contestó; "Ya todo está arreglado, la carta había llegado temprano pero no la había visto hasta después de cenar, no te quise despertar hasta ahora que parto ya." Charlotte se levantó de la cama y se puso la bata encima, los zapatos de dormir y se acomodó la gran melena dorada que tenía un ligero brillo que era el reflejo de los rayitos de luz de afuera. "Iré a despedirte a la puerta."
Había un auto esperando a Natallie, ya sus maletas estaban colocadas en la cajuela y el chofer bostezaba mientras esperaba a la joven con la puerta abierta. Las amigas se abrazaron y Charlotte lloró al ver a Natallie subir al auto. Thank you, sus labios se movieron pero ningún sonido salió de ellos, Natallie le contestó, I love you, igualmente sin escucharse nada.
Charlotte ya no pudo regresar a la cama, el sol comenzaba a salir y ella estaba sentada en la sala de lectura de la biblioteca con un ejemplar de Romances Históricos por el Duque de Rivas, había comenzado a hojearlo en cuanto entró a la casa después de haber dejado a Natallie en la puerta. Realmente no estaba leyendo solo miraba las paginas hasta que se aburrió y se decidió a tocar el piano, aun era muy temprano así que colocó el pedal para el silencio y así comenzó a tocar suavemente las notas de una dulce armonía que iba improvisando.
Pronto llegó Biel y sorprendió a Charlotte en la biblioteca y descubrió un pilar de libros desacomodados, las obras que Charlotte había tomado con el fin de leer pero no se encontraba en un humor lector y había arrumbado todos los textos junto con Romances Históricos. "¿Y la dulce Natallie no te acompaña esta mañana, mi querida Charlotte?" La chica se ajustó la bata y se acomodó el cabello detrás de las orejas antes de quitar el pie del pedal y ponerse de pie, con un aire melancólico respondió a Biel; "Ella se disculpa con la abuela y contigo, Biel, ya que tuvo que partir esta misma mañana. Su media hermana falleció dando a luz a su bebé y Natallie se vio forzada a apresurar su regreso a Chicago."
-"Eso es terrible…"
-"Lo sé, pero la muerte es el remedio que nos llega sin saber… Eso lo que ha prendido a la fuerza." Esto último lo dijo mientras las yemas de sus dedos pasaban sobre las teclas del piano, al mismo tiempo Biel se había acercado a ella y Charlotte se detuvo, ya que Biel estaba justo enfrente de ella. "Pero no te preocupes, aquí estoy yo para hacerte compañía." Charlotte sonrió y sus mejillas se tornaron rozadas, Biel devolvió la sonrisa y pasó sus dedos sobre la mejilla de Charlotte hasta llegar a su frente en donde había unos cabellos que no se acomodaban aun, los peino suavemente y susurró; "Sé que no debería pero, me alegra que Natallie se marchara antes…" Charlotte contestó en voz baja también; "En efecto, no deberías, pero ¿por qué te alegra?" Biel, aun con sus dedos sobre la frente de la joven, rozó su piel hasta llegar a su barbilla, sosteniéndola de ésta; mirando fijamente a sus ojos verdes acuosos para darse cuenta de que alrededor del iris había un aro color azul obscuro y otro aro casi color amarillo rodeaba la pupila. "En realidad eres muy peculiar, Charlotte Ryefume."
El mozo interrumpió la escena, entró a la habitación para anunciar la llegada de un invitado. Charlotte peguntó que quien había llegado, al mismo tiempo que se apartaba de Biel para asomarse por la ventana. "Ha llegado el Señor Edward Rosefire." Charlotte gritó de emoción; "¡Es Ed!" salió disparada por la puerta y brinco a los brazos de su buen amigo y se colgó de él como si fuera una rama de un gran árbol. "También me da gusto verte, de nuevo."
-"¡Ven, ven! Déjame presentarte a alguien… Biel, él es Edward. Un muy buen amigo mío, y Ed; éste es Biel, vive con mi abuela y bueno, ya es amigo mío." Biel sacudió algo celoso la mano de Ed, ya que Charlotte lo había recibido muy optimistamente, "Mucho gusto, Biel."
-"El placer es mío, Edward."
-"¡Mi Nattie sigue dormida?" preguntó Ed a Charlotte mientras la buscaba con la vista, pero la mirada de Charlotte hizo que el joven se preocupara, "¿Paso algo malo?"
-"Ella ha partido esta mañana. Su padre la necesitaba, su hermana falleció." Ed entristeció; "¡Qué horror! ¡Yo que pensaba que por fin podría verla de nuevo!"
Terry se encontraba en un auto, las ventanas estaban empañadas por su suave aliento, a través del cristal había un paisaje borroso, apenas siendo iluminado por la dulce mañana de primavera; se encontraba en el campo y pronto llegaría al castillo de su padre, ahí pensaba pasar una temporada ya que se encontraba melancólico por la visita de Daisy.
Había llegado por fin a la propiedad en donde ya estaba todo listo para su estancia, lo recibieron los sirvientes con un gran desayuno, solo tomó un pan tostado y media taza de té. Subió a su habitación, todo en aquel castillo era de gran lujo pero nada podía llenar ese vacío en su pecho, llegó a una terraza en donde se desplomó sobre el barandal de piedra, quedando con la vista hacia el jardín. En frente de la propiedad había un lago, del otro lado de éste solo había melaza y arboles, el aire puro llenaba sus pulmones, el sol brillaba en el cielo azul claro y se podía escuchar a las avecillas silvestres cantar; pero aun así se sentía como enfermo, solo faltaba alguien para que aquel lugar fuera perfecto, su dulce y tierna Charlotte.
Thérèse estaba en el comedor tomando un gran vaso de jugo de uva, enfrente de ella un platón de fruta, huevos tibios y un par de panes, había jamón y queso, una jarra de agua fresca con hielo y una rodaja de limón, unas hojitas de menta y otros tres lugares puestos en la mesa. Llegaron Edward con Charlotte en brazo y Biel detrás de ellos, Biel le jaló la silla a Charlotte y Edward le colocó la servilleta sobre el regazo. Biel sirvió agua fresca a la joven mientras que Edward se sentaba junto a ella. "Muy buenos días a todos, me alegra que hayas llegado a desayunar Edward." Dijo la mujer, el chico ya tenía bocado y no pudo contestar, asintió con la cabeza en forma de agradecimiento, Biel tomó un trozo de pan y refunfuñón se lo metió a la boca.
Comieron en silencio, al finalizar el desayuno Thérèse fue quien rompió con el mutismo; "Querida Charlotte, he decidido mandarte un par de semanas al campo con Biel, ya sabes en la pequeña finca que tenemos para cosechar todos los alimentos del restaurante, ¿si lo sabías, no?" La chica negó con la cabeza, "Lo siento abu, no tenía idea… Pero si eso quieres…"
-"Creo que es necesario, ya que te vas a quedar conmigo, debo enseñártelo todo, desde la cosecha y agricultura, hasta como matar una gallina y servirla en caldo." Charlotte trató de no imaginar a la gallina pero fue inútil, al ver la imagen en su mente devolvió el bocado discretamente al plato y así mismo alejó éste. "¿Qué hay de Ed? ¡Abu, él acaba de llegar!"
-"Claro que es bienvenido al campo…"
-"Muchas gracias Señora, pero yo vengo de paso, solo vengo a pasar la noticia sobre Ben y Mary… Han vuelto a Inglaterra, con la madre de Ben, están comenzando los preparativos para ir a España a pedir la mano de Mary." Los ojos de Charlotte por poco se salieron de su cráneo, pero no era de sorprenderse, la boda ya se veía venir. Lo que realmente le causó gran impresión fue que los Corpseblue en realidad fueran a España. "Wow, me alegro mucho por Mary."
-"En ese caso, Biel y tu partirán al medio día, Bertha…" Entró la ama de llaves, "Por favor prepara una valija para Charlotte con ropa adecuada para la finca, se irán una semana y media."
-"Enseguida señora."
Edward se marchó antes del medio día, como era costumbre se despidió y no dijo a donde se marchaba, agradeció la comida y abrazó fuertemente a Charlotte antes de irse, le dijo en secreto; "No te preocupes por mí, nos veremos más pronto de lo que crees." La chica sonrió y soltó a su amigo. Biel junto con Thérèse y Charlotte despidieron al invitado en la puerta principal. Unos minutos después eran Biel y Charlotte a quienes la señora despedía, el auto había llegado y el chofer comenzó a cargar las valijas.
Charlotte abrazó a su abuela y le dio un beso en la mejilla, así mismo Thérèse besó a su nieta en la frente y luego se volvió hacia Biel a quien igualmente despidió como si fuera su nieto. Ambos subieron al auto y vieron la figura de la mujer desaparecer en la calle mientras avanzaban igualmente la ciudad quedaba atrás, pronto arboles y naturaleza rodeaba a los jóvenes y al auto en una carretera de tierra que levantaba el polvo cuando las ruedas del automóvil pasaban velozmente sobre aquella rural vialidad.
Antes de la hora del té Charlotte y Biel llegaron a la pequeña finca en donde había una pequeña propiedad repleta de sembradíos, al fondo una casita y a lado un molino de agua. A la luz del atardecer el campo se veía muy pintoresco y la suave brisa de la naturaleza jugueteaba con el cabello dorado de Charlotte. Ella corrió a la casita y comenzó a explorar todo a su alrededor. "¿De dónde viene el agua Biel?"
-"Hay un lago cerca de aquí, de ahí viene. El agua es dulce, pruébala…" Una vez dicho esto, Biel tomó uno de los baldes de madera junto al riachuelo del cual el molinillo acarreaba agua y lo llenó con el líquido para después empaparse con éste. "¡Ah! ¡Refrescante! Deberíamos ir a nadar, un día de estos." Charlotte enrojeció, desvió la mirada para toparse con el sol y los árboles bellos que rodeaban la casita, a lo lejos había una colina, una reja negra y grande destacaba, "¿Qué es eso de allá?" preguntó señalando con el dedo la colina y la reja, "Es un viejo castillo, es de algún noblecillo ingles. Pero casi siempre está vacío. El castillito está del otro lado del lago, pero la propiedad termina ahí, en donde se ve la reja." Biel abrazó a Charlotte y la empapó toda, ya que él mismo estaba mojado, la cargó y le dio de vueltas hasta que ambos cayeron al suelo. Entre carcajadas Charlotte se levantó y se quejó; "¡Mi vestido!" Biel se quitó la camisa para dejar al descubierto su cuerpo, sacudió su cabello castaño y sus ojos se posaron en Charlotte, "Si no te agrada estar empapada puedes cambiarte igual que yo…"
-"Yo soy una dama, y no lo haría frente a un chico, no me cambiaria el vestido frente a ti."
-"Comprendo perfectamente… Déjame escoltarte a tu habitación, petita." Biel cargó a Charlotte y la llevó dentro de la casita, la sentó sobre una cama y encendió una vela, la habitación era pequeña pero acogedora, dejó a Charlotte para que se cambiara y antes de salir sonrió para después cerrar la puerta.
Charlotte se miro al espejo y a la luz de la vela recordó aquel baile en casa de los Marbleutter y aquel muchacho con el antifaz negro y ojos azules. "Esta cerca." Se dijo así misma… Puedo sentirlo en mi pecho, miró a su alrededor y se recostó en la cama con la cara viendo el techo, "T- Te- ¡Ash! ¿Cómo se llamaba? T-Tom, no… ¿T-Timothy?... T-Ter…" Antes de poder descifrar el nombre de aquel muchacho se quedó dormida, ya que se había despertado muy temprano y había viajado. Estaba agotada y con la ropa mojada se desvaneció en sus sueños en donde el chico de los ojos azules nuevamente reinaba… "T-Terry."
