— ¿Por qué me hiciste venir si le tienes tanto miedo a las alturas? —preguntó Kurt, tratando de reprimir una sonrisa cuando Blaine se escondió profundamente en su cuello.
— Porque creí que sería valiente, —se quejó Blaine.— Pero de verdad hay mucho viento aquí arriba.
— Es la Ciudad de los Vientos, —dijo Kurt, y esta vez no pudo evitar reírse de su novio en todo su adorable terror.
— Me quiero bajar.
— No puedes. Todavía ni siquiera llegamos hasta arriba.
— ¿Qué? —su grito desesperado sólo hizo que Kurt se riera más fuerte mientras tiraba de él fuertemente hasta su costado.
— Abre los ojos.
— ¡No!
— Anda. La vista es increíble.
— No.
— Blaine. Abre los ojos.
Lo hizo a regañadientes, pero no había nada que ver más que un penetrante azul profundo cuando los ojos de Kurt se fijaron en los suyos antes de besarlo lentamente, sintiendo como Blaine se relajaba bajo su toque.
— Hmm, —Kurt vio la sonrisa de Blaine en sus ojos mientras cambiaban de ámbar a dorado, y los pliegues familiares aparecían alrededor de ellos.— Tienes razón, —continuó Blaine.— La vista es increíble.
— Mira hacia allá, —dijo Kurt, girándose para señalar un barco en el Lago Míchigan.
— ¡Kurt! ¡No te muevas! —gritó Blaine, enterrando su rostro en la parte posterior del abrigo del castaño.— Estaba bien cuando te estaba mirando.
— ¡Lo siento, lo siento!
— Y deja de reírte.
— No puedo evitarlo,—dijo Kurt, riendo más fuerte y limpiando sus ojos llorosos.— Eres tan gracioso. Cuando viajemos, me tienes que prometer que podremos subir a la Torre Eiffel.
— ¿Para que puedas reírte de mi desgracia? —murmuró Blaine en el cuello de Kurt.
— Sí.
— Voy a estornudar en tu flamante y nuevo abrigo de casimir de longitud media en pálido gris melange, —bromeó Blaine.
— No te atrevas, o te soltaré.
— Lo siento. Nada de estornudos, —dijo Blaine ofreciéndole una débil sonrisa.— Uff. Estamos bajando.
— Sin embargo volveremos a subir, —dijo Kurt feliz.
— ¿Qué? No. Estás tomándome el pelo, ¿verdad?
— Es una rueda de la fortuna, Blaine.
— Mátame ahora.
— Pero entonces te perderás la demás diversión.
— No me importa.
— Y nunca sabrías qué se siente tenerme dentro de ti, —le susurró Kurt al oído. Enredó sus brazos a su alrededor nuevamente, empujando su rostro con la nariz hasta que Blaine levantó la cabeza, con los ojos fuertemente cerrados, y dejándose besar profundamente. Una vez más Kurt sintió el momento en que Blaine se relajó, más que nada porque la fuerte presión que hacía en su brazo se aflojó, enredando los dedos en su cabello castaño en su lugar.
— Realmente quiero sentir eso, —murmuró contra los labios de Kurt.
— ¿Abrirás los ojos?
— Cuando sienta el suelo bajo mis pies. —le dijo.
— Okay. —Kurt lo besó una vez más, y siguió besándolo hasta que el movimiento de la rueda de la fortuna se alentó y saltó de la canastilla para tenderle la mano a Blaine.— Ven. Ya se detuvo.
— No puedo, —susurró.
— Tú puedes, —lo animó Kurt.— Ya puedes abrir los ojos.
— No... no puedo, —dijo Blaine con los dientes apretados, abriendo los ojos para encontrarse con la mirada confusa del encargado.— De verdad no puedo.
— Señor, necesito que baje de la canastilla. Es eso o que vuelva a subir para que los demás puedan bajar.
— ¡Oh Dios, no! —gritó Blaine mientras corría con la cara roja hasta los brazos de Kurt, quien se rió y lo besó suavemente.
— ¿Un poco paralizado por el miedo?
— No... —Tirando de él más cerca por las solapas de su abrigo, lo besó brevemente en los labios.— Tenía otros problemas. —Se empujó firmemente contra Kurt, cuyos ojos se abrieron como platos cuando sintió la dureza de Blaine.
— Oh. Lo siento. Estaba tratando de distraerte.
— Y funcionó.
— Um... ¿Vamos al carrusel? —preguntó Kurt con voz aguda.
— Claro.
Dieron tres vueltas en el carrusel, durante las cuales se comportaron como locos enfermos de amor -tomándose de las manos a pesar de que sus caballitos subían y bajaban a destiempo. inclinándose en busca de dulces besos robados que dejaron a un grupo de chicas adolescentes gritando de encanto, y simplemente tocándose lo más que podían. De la mano bajaron del carrusel y Kurt hizo un gesto hacia las sillas voladoras.
— ¿Quieres probar?
— Um... —Blaine tragó saliva.— ¿Qué tan alto es?
— Oh, no lo sé, —dijo Kurt despreocupadamente,— cuarenta metros mas o menos.
— ¿P-podemos no hacerlo? Se ve peor que la rueda de la fortuna.
— Blaine, se ve aterrador. Estaba bromeando. No hay manera de que me suba a eso, —le sonrió y besó su frente.— ¿Podríamos ir al mini golf en su lugar?
— ¡Sí! ¡Hagámoslo!
...
— Creo que te amo más que nunca, si eso es posible, —dijo Kurt contra la mejilla de Blaine cuando regresaron al hotel.
— ¿A pesar de que te pateé el trasero en el mini golf?
— A pesar de eso.
Girándose, Blaine lo atrapó del abrigo nuevamente y tiró de él, hundiendo al instante la nariz en su cuello.— Estás tan sexy en este abrigo, no tienes idea de cuanto. —Aspirando el aroma de Kurt profundamente, pasó su lengua sobre el chupetón que le había dejado las noche anterior, disfrutando del gemido de Kurt ante su toque.— Además de que mantiene tu cuello caliente, lo que significa que puedo esconder mi cara cuando el viento sea frío.
— Pero aquí no hay viento, —dijo Kurt con voz entrecortada cuando sintió los dientes contra su delicada piel.
— Lo sé, pero he estado esperando todo el día para hacer esto.
— Te-tenemos reservaciones para la cena...
— Tenemos tiempo.
Moviendo sus manos hacia los botones, rió cuando Kurt apartó sus manos para desabotonarse él mismo, colgando el abrigo cuidadosamente antes de regresar a sus brazos una vez mas.
— Blaine, tengo muchísimas ganas de estar desnudo contigo... pero tampoco quiero que se pierdan las reservaciones.
— Está bien, —dijo Blaine ligeramente, aunque sus manos se abrían camino entre las capas de la ropa de Kurt, en busca de su suave piel.— Podemos esperar. Un ejercicio de autocontrol. Además de que todo lo que hemos hecho hasta ahora ha sido completamente perfecto. ¿Por qué querría perderme una cena?
— Sólo soy consciente de que no tendremos todo esto la próxima semana, —dijo Kurt con tristeza. —Volveremos a las citas, a los toqueteos rápidos y desesperados con un pie puesto contra la puerta de mi habitación.
— Lo sé... pero también me gusta eso de nosotros. Hace que el tiempo que pasamos a solas sea todavía más especial. Y ya sabes que algún día sólo nos preocuparemos de Martin interrumpiéndonos.
— Hmm, —dijo Kurt mientras caminaba hacia el baño,— Tal vez un gato no sea una buena idea después de todo.
— ¿A dónde vas?
— A ducharme, y a alistarme para la cena, —le respondió.— ¿Has visto el baño? ¡Es enorme!
— ¿Hay espacio para mi? —preguntó Blaine esperanzado.
— Por supuesto.
Se desnudó en segundos, y corrió al cuarto de baño antes de sumergirse bajo el chorro de agua caliente y presionar a Kurt contra la pared donde lo besó salvajemente, pasando las manos por cada parte de piel que tenía a su alcance.
— Blaine... —Kurt trató de sonar imponente pero en realidad, cuando tu novio está frotando su pene contra el tuyo y acariciando tus pezones con un dedo al mismo tiempo, ¿qué se supone que puedes hacer?
— Por favor... —rogó Blaine entrecortadamente.— Por favor. Necesito tocarte, saborearte.
— Pero esta noche...
— Será mucho mejor porque seremos capaces de durar, —volvió a intentar, y Kurt suspiró con intenso deseo.
— No, —dijo él con un poco más de autoridad.— Quiero que esperemos. Me encanta la incitación, el coqueteo, las manos entrelazadas.
— Puedo hacer todo eso.
— Por favor, Blaine.
— Okay, —accedió, aunque de mala gana.— ¿Estarías totalmente en contra de una ardiente sesión de besos?
— En absoluto.
...
— ¡Vamos, Kurt! —le llamó Blaine mientras rebotaba impaciente a un costado de la cama.— ¿Qué te está tomando tanto tiempo?
— Mis labios se ven como si llevara el labial rojo más profundo, —vino el gemido de detrás de la puerta del baño.
— ¿Y? Los míos se ven como si hubieran sido picados por abejas. Sal ya. Estoy hambriento.
— Estabas excitado hace cinco minutos.
— Y todavía lo estoy. Pero la... ¡Oh por Dios! —La puerta se abrió y Kurt apareció -el cabello perfectamente moldeado y vestido con un inmaculado traje azul marino y corbata rojo oscuro.
Blaine se puso de pie -llevando un traje gris claro con corbatín oscuro- y caminó hacia la puerta del baño donde tomó su mano.— Eres tan increíblemente hermoso, —susurró con ojos brillantes.— Wow. Simplemente... Wow.
— Gracias, —murmuró Kurt mientras se ruborizaba en la más dulce sombra de rosa.— Tú también luces muy apuesto. Verdaderamente como un distinguido caballero.
— ¿Qué he hecho para merecer a alguien tan maravilloso como tú? —Blaine se maravilló cuando pasó delicadamente un dedo a lo largo de la mandíbula de Kurt.— Me siento tan afortunado de ser tu acompañante esta noche.
— Esta y todas las noches, espero, —bromeó ligeramente.
— Siempre.
— Te amo, Blaine.
— Yo también te amo, Kurt.
— ¿Me permites? —ofreciéndole su brazo, los ojos de Kurt se encontraron con los de Blaine mientras le regalaba una deslumbrante sonrisa, y juntos salieron a cenar.
Cenaron en Rivera -un restaurante de mariscos a las orillas del Lago Míchigan, donde compartieron Langosta y champagne, aunque Kurt sólo bebió una copa antes de declararse oficialmente mareado.
— No creo que el alcohol sea lo mío, —dijo con una sonrisa de disculpa hacia Blaine.
— Probablemente algo bueno, —le devolvió la sonrisa con adoración mientras recargaba su barbilla en la palma de su mano,— Tal vez cambies de opinión cuando entres a la universidad.
— No lo creo, —respondió Kurt.— No creo que te guste si yo...
— ¿Qué? —preguntó Blaine, un breve momento de incomodidad haciéndose notar en la boca de su estómago.
— No importa, —Kurt negó con la cabeza con decisión, luego continuó brillantemente.— Ya no bebes tanto como antes.
— Nope. Otra vez, probablemente algo bueno. Mi abuelo era alcohólico.
— No lo sabía.
— Sí. El papá de mi mamá. Ella no bebe para nada debido a eso, y Cooper y mi papá no beben demasiado. Creo que yo heredé su habilidad para usar el alcohol como confort. Cuando me deprimo bebo. Especialmente cuando Luke murió.
— ¿Y ahora?
— Y ahora te tengo a ti, —sonrió radiante.— Y tus brazos son la mejor fuente de consuelo que hay.
— Y el pastel de queso, —dijo Kurt mientras leía el menú de postres.
— Por supuesto, el pastel de queso también, —sonrió Blaine.— Me presiono demasiado para elegir entre los dos.
Se tomaron su tiempo para caminar de vuelta al hotel -a pesar de la fría brisa que informaba que el invierno estaba cerca. De la mano, envueltos en bufandas y abrigos, se detuvieron en una banca para mirar por encima del agua mientras Kurt descansaba su cabeza en el hombro de Blaine.
— En el restaurante, cuando dije algo acerca de no beber en la universidad...
— Sí, ¿qué ibas a decir? —preguntó Blaine -el pánico y la inquietud volvieron.
— Iba a decir que no te gustaría si llegara a casa borracho a las cuatro de la mañana.
— ¿Por qué me marcarías borracho? Te perdonaría.
— No... porque estaba esperando que tu estuvieras ahí también.
Un silencio se apoderó de ellos, durante el cual Blaine dejó escapar un largo suspiro mientras miraba las luces de la ciudad danzando sobre el agua. Podía sentir los ojos de Kurt en él, mirándolo desde donde estaba y esperando a que finalmente respondiera.
— Tú sabes, Kurt... hay un largo camino por recorrer de aquí a la universidad. Sigues siendo un estudiante de penúltimo año. Yo... sugiero que por ahora... dejemos esta conversación a un lado y volvamos a ella a su debido tiempo.
— Entonces... No.
— No es un no... —contrarrestó Blaine mientras se sentaba derecho y lo miraba a los ojos.— Tú sabes que sueño con un futuro juntos. Lo hemos discutido antes. Por favor no te preocupes, Kurt. No voy a ir a ninguna parte.
— ¿Lo prometes?
— Lo prometo.
Satisfecho, Kurt se dejó besar y se mantuvo firme al lado de Blaine mientras paseaban de vuelta al hotel, donde Blaine trató de desabotonar el abrigo de Kurt sólo para lograr que sus manos fueran apartadas del camino otra vez.
— No toques el abrigo, Anderson, —dijo Kurt altivamente.
— ¿Puedo tocarte a ti en su lugar? —dijo sonriendo.
— Sí, puedes hacerlo.
— Por fin, —suspiró mientras sus manos se perdían inmediatamente en el nudo de la corbata de Kurt.— Luces tan endemoniadamente bien en este traje pero...
— Luciré mejor sin él... ¿cierto?
— ¿Soy tan predecible?
— Sí.
Riendo suavemente, Blaine capturó su boca en un beso, tierno al principio pero pronto inclinó la cabeza cuando la boca de Kurt se abrió ampliamente bajo su toque, sus lenguas se encontraron mientras la camisa de Kurt caía al suelo. Blaine le bajó los pantalones también, dejando a Kurt en un par de bóxers ridículamente ajustados que enfatizaban la silueta de su endurecido miembro.
—Estoy percibiendo un desequilibrio, —dijo Kurt, deslizando los ojos sobre Blaine que seguía completamente vestido, hasta los zapatos.
— Eres gracioso.
— Blaine, —Kurt se paró con una mano en la cadera, mirándolo fijamente.— Cuando tu novio está de pie frente a ti y está casi desnudo, no es ni el momento ni el lugar para llamarlo 'gracioso.'
Blaine simplemente rió más fuerte.
— Bueno, si quieres que esté igual, será mejor que me desvistas, —lo incitó, sentándose en la orilla de la cama.— Los zapatos primero.
— ¿Me deseas? —le preguntó mientras se arrodillaba entre los pies de Blaine y le quitaba los zapatos y calcetines.
— Sabes que sí, —respondió -su voz grave de deseo mientras los dedos de Kurt se arrastraban sobre sus tobillos.
— Lo digo en serio, ¿realmente me deseas?
Kurt se paró entre sus piernas, mirándolo fijamente mientras deslizaba su corbata alrededor de su cuello y la dejaba caer al suelo.
— Joder, sí.
Angustiosamente lento, Kurt se quitó la ropa interior, dejando al descubierto su duro y palpitante miembro centímetro a centímetro mientras los ojos de Blaine se agrandaban con intenso deseo.
— ¿Quieres sentirme dentro de ti?
Hizo a un lado la camisa de Blaine mientras unos dedos ágiles recorrían suavemente toda su clavícula, abajo hacia su esternón y luego de vuelta a hasta sus pezones.
— Sí, —respondió Blaine en un susurro.— Más que a nada.
Kurt lo empujó suavemente con su cuerpo hacia la cama, desabrochándole el pantalón y quitándoselo rápidamente junto con su ropa interior antes de besarlo en los muslos. Se detuvo de pronto, mirando hacia la suave y delicada piel de la cara interna de sus muslos donde se unen con la ingle. Agachándose, Kurt rozó su rostro ahí por un momento -satisfecho con el aroma de Blaine, para recorrer su lengua sobre la piel, dentro del pliegue y escuchando alegremente los suaves gemidos que Blaine hacía mientras su miembro se endurecía. Sin advertencia, Kurt mordió.
— Santa... ¡Mierda! —gritó Blaine, sus dedos volando al cabello de Kurt en sorpresa.— Oh Dios, eso es bueno, —luego suspiró mientras Kurt se ocupaba de la piel entre sus dientes, mordiendo, chupando y jalando hasta quedar satisfecho con la marca de color púrpura oscuro que había creado.
Ignorando resueltamente su miembro, Kurt depositó dulces y suaves besos sobre el estómago de Blaine, sonriendo contra la piel mientras los músculos se tensaban bajo sus labios.
— Hazlo otra vez... —gimió Blaine.— Márcame otra vez.
Kurt miró hacia arriba, con ojos oscuros, y sonrió antes de morder a lo largo de su línea del tesoro*, dejando un reguero de marcas que dejaron a Blaine hecho una masa temblorosa mientras se retorcía en la cama.
— ¡Mierda, Kurt! Mierda, mierda, mierda.
— Tan elocuente y encantador, —bromeó mientras se deslizaba a lo largo de todo su cuerpo. Creó marcas por todas partes. En el estómago, en el pecho, en el cuello y en los hombros, ninguna parte de su cuerpo fue olvidada mientras Kurt chupaba, mordía, tomaba y saboreaba hasta que Blaine finalmente se apoderó de él por el cabello y se estrelló en sus labios, forzando su lengua directo en la boca de Kurt, quien la recibió ávidamente.
— Tómame, —Blaine se las arregló para decir entre besos calientes.— Sólo tómame.
Permaneciendo inmóvil sobre él, Kurt tragó con nerviosismo y asintió.— Okay. Estoy un poco... nervioso.
— No lo estés.— Lo tranquilizó Blaine.— Eres increíble y te lo digo en serio, lo único que quiero en este momento eres tú; llenándome completamente y haciéndome gritar tu nombre. Te amo. Hazme gritar y rogar por más, Kurt. Sé que puedes hacerlo.
— Oh Dios, eso es... es realmente caliente.
Los nervios se desvanecieron en favor de la excitación mientras tomaba el lubricante de la mano extendida de Blaine y derramaba un poco en su palma. Pasó su mano experimentalmente sobre el perineo de Blaine, después frunció el ceño ligeramente.
— ¿Podrías... podrías um... tal vez... arrodillarte? Es para poder ver lo que estoy haciendo.
— Bebé, haré lo que tú quieras que haga. —gruñó cuando lo besó antes de caer ansiosamente en cuatro patas.— Me quieres abierto para ti, ¿huh?
— Sí, —exhaló Kurt mientras sus dedos danzaban sobre el apretado agujero de Blaine. — ¡Oh, Dios, sí!
— ¿Quieres ver tus dedos dándome duro?
— Mierda... sí.
— Hazlo, Kurt.
— Oh Dios, —Respirando profundamente, Kurt empujó un tembloroso dedo dentro de él y fue recompensado con el sonido más sucio que alguna vez escuchó a Blaine hacer.
— ¡Santa mierda! —gritó mientras alzaba la cabeza antes de dejarla caer nuevamente contra la cama.— Mierda... mierda. Okay. Espera, Kurt. Sólo... sólo... espera un segundo.
— ¿Hice algo mal? —preguntó Kurt, entrando en pánico.
— No... no, para nada. —Levantándose nuevamente, encontró la mano libre de Kurt y la apretó.— Sólo estoy tratando desesperadamente de no venirme justo ahora.
— Oh. —Esperó, con un dedo enterrado dentro de la calidez de Blaine hasta que sintió que se relajaba y vio un pequeño e imperceptible asentimiento. Sacó su dedo casi por completo, maravillándose ante la resistencia de las paredes de Blaine a su alrededor, entonces empujó nuevamente. Blaine era un desastre, balbuceando incoherentemente mientras Kurt lo estiraba y Blaine trataba de empujarse hacia atras, tratando de cogerse él mismo en la mano de Kurt tan duro como podía.— ¿Podrías decirme... cuando estés listo?
La respiración de Blaine era entrecortada, sus manos empuñando las almohadas y la cabeza inclinada mientras luchaba contra el abrumador impulso de agarrar su miembro y terminar de una vez por todas. Al principio no escuchó a Kurt -demasiado abrumado de placer... y de Kurt, incitándolo a volver a preguntar, mordiendo su trasero por si acaso.
— ¡Ah! —gritó, de pronto consciente de las uñas de Kurt arañando su espalda y de su otra mano estirándolo más.— Por favor no muerdas mi culo, Kurt... por favor. Digo, hazlo... por favor hazlo... pero no ahora. Te quiero dentro de mi y no hay forma de que vaya a durar si...
— ¿Me quieres dentro de ti ahora?
— Sí, —gimió.— Sí Kurt... ¡Oh Dios, sí!
Caliente.
Apretado.
Perfecto.
Esas tres palabras pasaron por la mente de Kurt mientras se empujaba dentro de Blaine por primera vez. Fue despacio, abrumado de lo apretado que se sentía alrededor de su miembro, pero con el tiempo se detuvo, sus bolas empujando duro contra la deliciosa curva del trasero de Blaine mientras se inclinaba para besar la base de su espina dorsal.
— ¿Todo bien allá atrás? —preguntó Blaine por encima del hombro.
— Se siente como... se siente como si estuviera volviendo a casa, —fue la mejor manera que encontró para explicarse, pero Blaine entendió y sonrió.
— Tengo muchas ganas de besarte justo ahora.
— Yo también, —sonrió Kurt.— ¿Crees que...? tal vez... ¿crees que puedas recostarte sobre tu espalda?
— Por supuesto.
Retirándose completamente, Kurt esperó a que Blaine se diera la vuelta antes de acomodarse entre sus piernas, donde se inclinó y lo besó tiernamente.
— Mucho mejor, —sonrió Blaine.
— Totalmente. Y ahora puedo empujarme dentro de ti otra vez.
— Hmmm. —La sonrisa de Blaine era radiante y Kurt pensó que nunca lo había visto más hermoso mientras entraba en él una vez más. La cabeza echada hacia atrás, la boca ligeramente abierta, la gloriosa garganta y el cuello deliciosamente expuesto, Blaine gimiendo suavemente mientras Kurt observaba otro rizo liberándose del gel, volviéndose más y más desaliñado. Sus ojos brillaban mientras Kurt se movía lentamente, acostumbrándose a la sensación de estar dentro de él y preguntándose si había en el mundo algo mejor que esto. Sus embestidas eran poco profundas, lo que le ayudó a Blaine inmensamente, sintiendo disminuir ligeramente la urgencia de su situación, poniéndose a observar el exquisito rostro de Kurt.
El ceño fruncido en concentración, un rubor extendiéndose por el cuello y mejillas de Kurt cuando empezó a moverse más duro y más profundo, hasta que abrió los ojos y se encontró con la mirada de Blaine.
— Me estás mirando, —jadeó.
— No puedo evitarlo. Eres hermoso.
— Mis brazos están temblorosos. —Una pequeña, casi tímida risa brotó de sus labios cuando detuvo sus movimientos por un segundo.
— Pon mis piernas sobre tus hombros, —sugirió Blaine.— Entonces te puedes poner de rodillas.
En el segundo en que se reacomodó, Kurt se sintió mejor y se movió rápidamente.— Mierda, Blaine... Oh si... sí.
Blaine gritó fuertemente cuando sintió a Kurt rozando su próstata, levantándolo de la cama mientras Kurt empujaba sus piernas más cerca de su cara y lo cogía duro.
— Se siente tan bien... —gimió Kurt, pero Blaine era incapaz de contestar mientras envolvía una mano alrededor de su miembro. Dos embestidas más fue todo lo que necesitó antes de que se derramara por todo el estómago, respirando con dificultad y dejándose caer contra las almohadas con un gemido.
Kurt lo vio mientras el climax lo golpeó, sus ojos fuertemente cerrados y todo su cuerpo convulsionando. Se quedó mirando cómo los chorros de semen se disparaban de su pene y luego se escurrían entre sus dedos haciendo un charco en su piel. Doblándose hacia adelante, se empujó más profundo que nunca mientras se las arreglaba para atrapar los labios de Blaine, y luego meter la lengua en su boca mientras se venía con un profundo gemido, su miembro palpitando hasta que se derrumbó y las piernas de Blaine cayeron sobre la cama.
— Me siento como de cien, —gimió Blaine mientras envolvia los brazos alrededor de la cintura de Kurt.
— Tienes como cien, —vino la respuesta apagada ante la que Blaine se rió.— Pero te amo de todas maneras.
— ¿Estuvo bien?
— ¿Es en serio? —Kurt se apartó un poco para mirarlo a los ojos.— ¿Estoy completamente deshecho y cansado y me estás preguntando si estuvo bien? ¡Estuvo fantástico!
— ¿Te gusta estar arriba?
— Ambas tienen beneficios... —reflexionó, —pero hacerte llegar y verte así por mi causa, se siente increíble. Justo ahora tengo que salirme de ti y en serio no quiero.
— Ah, pero luego puedes empujarte de nuevo, —sonrió Blaine.— No precisamente ahora, —agregó rápidamente.
— Claro que no, —rió Kurt.
Se limpiaron rápidamente, demasiado agotados como para preocuparse por una ducha mientras se arrastraban debajo de las sábanas. Blaine apoyó la cabeza en el lugar ya familiar del pecho de Kurt y besó los dedos de la mano que descansaba suavemente en su mejilla.
— Hoy ha sido perfecto, —susurró, mirando cómo Kurt sonreía con los ojos cerrados.— Gracias.
— Cualquier cosa por ti, —murmuró Kurt antes de caer en un sueño profundo.
*Línea del tesoro: Línea de vello en el vientre de un hombre, entre el ombligo y la parte superior del pubis.
