Dragon Ball H.S
La
chica del cabello azul
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2
(Capítulo 28)
Había caminado largamente por la playa, buscando una forma de llegar hasta el borde del mundo, para descubrir que había más allá de esa línea donde el cielo y el agua se fusionaban. Como no había encontrado un modo de ir hasta allá, decidió regresar a donde se encontraban aquellos dos hombres con los que se suponía debía de quedarse, quizá ellos sabrían como llegar hasta allá.
Tranquilamente y mirando en todas direcciones, el pequeño Gokú caminaba entre las calles, frente a las tiendas que en aquellos momentos se encontraban cerradas, debido principalmente al Torneo de Artes Marciales.
- ¿En donde estarán todos? –Se preguntó a sí mismo cruzando descuidadamente una calle.
El sonido atronador del rechinar de unas llantas lo hizo sobresaltarse, giró el cuello para mirar qué ocasionaba ese sonido. Un monstruo metálico de pequeños ojos redondos estaba a punto de golpearlo.
- ¡Cuidado! –escuchó que gritó alguien al mismo tiempo que era empujado hacía la banqueta.
- ¡Mira por donde vas idiota! –gritó el sujeto sobre el monstruo de metal antes de estrellarse de frente contra uno de los postes de luz.
- ¿Qué fue eso? –Preguntó Gokú a la joven que se encontraba sobre él. De piel clara y cabellos azules, al igual que sus brillantes ojos. Usaba un corto vestido de color rosa, en su espalda colgaba una pequeña mochila del mismo color y calzaba tenis oscuros.
- ¡Eres un tonto¿No sabes cruzarte las calles o qué te pasa? –Reprendió ésta poniéndose de pie y sacudiéndose la ropa.
- ¿Y tú quien eres? –preguntó de golpe el pequeño Gokú.
- ¡Trátame con respeto¿Quieres? Acabo de salvarte la vida, ahora deberías de tratarme como si fuera tu ama o algo por el estilo.
- ¿Qué es una ama? –Preguntó Gokú curioso.
- Alguien a quien obedeces en todo lo que te diga –respondió la chica de mal humor.
- ¡Ah¿Como los hombres con los que me dejó mi abuelito? –Preguntó Gokú emocionado. La chica lo miró extrañada, si lo habían dejado bajo el cuidado de dos personas adultas¿donde estaban?
- Sí –respondió-, más o menos. ¿En donde está tu abuelito?
- En el Torneo de las Artes Marciales¡él peleará y ganará! –comentó Gokú con los puños en guardia y lanzando unos golpes al aire.
- Si tu abuelito está en el torneo¿por qué no estás tú allá? –Preguntó la chica.
- Los hombres con los que me dejó me dijeron que me fuera –sonrió.
- ¡Vaya idiotas! –replicó la chica indignada-. Pues bien, creo que lo que debe de hacer una chica linda como yo sería llevarte hasta ese lugar… -decía para sí misma y lo miró de reojo- aunque quizá después quieras aprovecharte de mí… ¡hay no que horror!
- Oye ¿qué tanto estás diciendo?
- No nada… mira –explicó- ¿sabes llegar hasta el lugar del Torneo?
- No –sonrió.
- Bien, entonces te llevaré si prometes no hacerme nada extraño¿de acuerdo?
- ¿Nada extraño? –El semblante de Gokú mostraba su ignorancia ante las palabras de la chica.
- Sí, extraño, como querer aprovecharte de mí, sé bien que soy una chica muy linda y tú debes de ser un niño precoz, así que será mejor que no se te ocurra ninguna tontería conmigo¿de acuerdo?
- ¡Está bien! –aceptó Gokú sin haber entendido una sola palabra que la chica había dicho.
- Antes de irnos, necesito saber tu nombre.
- Yo me llamó Son Gokú.
- Que nombre tan extraño, jamás lo había escuchado.
- ¿Ah sí, tú como te llamas?
- No te importa –replicó la chica y comenzó a caminar.
- ¡Oye espérame! –llamó Gokú andando tras ella-. ¿Por qué no me dices tu nombre?
- ¡Cállate y camina! –Replicó ella sin tomarlo en cuenta.
Las calles seguían tan desiertas como al principio, los locales cerrados. El sol se encontraba en la parte más alta del cielo, arrojando sobre las cabezas de Gokú y su joven acompañante sus calurosos rayos, la caminata bajo esas condiciones habría resultado agotadora, sin embargo una corriente de aire refrescaba sus rostros de una forma muy agradable.
- Apropósito –comentó la joven- no pareces ser de por aquí¿Dónde está tu casa?
- Vivo con mi abuelito en la montaña Paoz –respondió alegre.
- ¿Qué? –Se sorprendió ella- Eso está muy lejos de aquí¿por qué demonios se les ocurrió venir?
- Mi abuelito me prometió traerme al Torneo y aquí, decidió que él también participaría y ganará, por mí –comentó fascinado.
- Estás loco, se ve que no sabes que clase de peleadores hay en el torneo. Todos ellos son muy fuertes, dudo mucho que tu abuelito logre vencerlos a todos ellos, además de que no tuvo un entrenamiento de preparación como todos los demás. ¿Tú le pediste que participara?
- Sí
- Entonces será tu culpa si algo malo le pasa a tu abuelito, estarás muy contento cuando esté en un hospital sin poder moverse.
- Mi abuelito ganará, él es muy fuerte, mucho más fuerte que yo –dijo ampliando su sonrisa. La chica lo miró y se compadecía de él en silencio.
Algún tiempo después, llegó hasta ellos el rugir de la gente que miraba el Torneo de Artes Marciales. Escuchaban el rumor de las conversaciones, los gritos de la gente que anunciaba sus productos para que los demás los compraran. Por allí helados y por allá aguas frescas, no podía faltar el sujeto que les decía que compraran sus recuerditos del Torneo y el que vendía boletos para estar en los palcos de la plataforma (los cuales no existían).
Abriéndose paso entre la multitud, Gokú y su nueva amiga llegaron hasta la entrada principal de la plataforma, allí ya era muy difícil avanzar, pues la gente había comenzado a entrar para tener un buen lugar a los costados de la plataforma y apreciar bien los combates.
- Diablos, por aquí no podremos entrar –se lamentó la joven.
- ¿Por qué no nos saltamos la barda? –Preguntó Gokú señalando más allá de toda la muchedumbre.
- ¿Sabes de qué tamaño estás? –Preguntó molesta la chica-. Aunque yo la saltara, tú no serías capaz de hacerlo.
- Claro que puedo, vamos –dijo y jaló a la joven para que lo siguiera.
Se colocaron a un lado de la barda y Gokú se preparó para saltar.
- No espera, por aquí pueden vernos y nos echarían –lo detuvo la chica- vayamos por el otro lado.
Dieron la vuelta, por ese lado había mucho menos gente, sólo pasaba de ves en ves un despistado que buscaba la entrada principal. Aguardaron unos momentos hasta que los alrededores estuvieron completamente despejados.
- Bien¡ahora! –dijo Gokú y saltó sin esperan a su joven acompañante.
- ¡Eres un tonto¿por qué me dejas sola? –Gritó ella desde el otro lado de la barda.
- Deja de quejarte y salta.
- No seas idiota, yo no puedo hacer eso¡soy una dama!
- Pero tú dijiste que si podrías.
- ¡Cállate y regresa!
Gokú saltó de regreso la barda, desconcertado por la actitud de aquella chica.
- Ahora –indicó ella- con mucho cuidado ayúdame a subir. Colócate aquí viendo hacía la pared –dijo colocando a Gokú junto a la barda- ¡Y QUE NO SE TE OCURRA MIRAR HACÍA ARRIBA!
- ¿Por qué querría hacer eso? –preguntó Gokú sin darle importancia.
Sintió el peso de ella sobre sus hombros momentos después.
- No… no te vayas a mover –le pedía ella con voz temblorosa-. Por Dios, no alcanzo… -decía- Oye, sube a la barda y ayúdame a subir.
- No puedo hacerlo, pesas mucho –replicó Gokú intentando mirarla a la cara. Cuando ella se dio cuenta de que estaba mirando hacía arriba, su pie se proyectó contra la nuca del niño y su frente golpeó la pared.
- ¡TE DIJE QUE NO ME MIRARAS! –Gruñó ella subiendo su pierna a la cabeza de Gokú para alcanzar el borde de la barda. Cuando ella estuvo sobre la pared, Gokú cayó de espaldas frotándose intensamente la frente para mitigar el dolor que sentía.
- ¡Apresúrate o los combates comenzaran y nos los perderemos!
Lentamente, Gokú se puso de pie, aun sobándose la frente, saltó la barda y se sentó a un lado de la chica.
- ¿Por qué hiciste eso? –Preguntó con el entrecejo fruncido.
- Porque estabas intentando verme la ropa interior –replicó ella.
- Yo no quiero ver algo que está sucio –contestó el niño.
- ¡Cállate, no está sucio! –gritó ella golpeándolo de nuevo en la cabeza. Gokú cayó de frente golpeando el suelo con el rostro.
- ¡Levántate no seas holgazán y ayúdame a bajar! –Gritó la chica desde lo alto de la barda-. ¡Y si vuelves a mirarme esta vez te matare! –Amenazó antes de comenzar a bajar. Gokú se mantuvo de pie mirándose los pies mientras ella descendía.
- Ahora vamos, los combates están a punto de comenzar.
Juntos caminaron hacía donde se encontraba la plataforma, la emoción de Gokú crecía mientras más cerca se encontraban del lugar. Por fin podría ver los combates y a su abuelito pelando con todas sus fuerzas, sabía que él no perdería, Gokú conocía gran parte de sus habilidades y sabía qué tan fuerte era Son Gohan, así que tenía una gran confianza en que su abuelito resultaría ganador en todos los combates. Su abuelito sería el campeón mundial de las artes marciales.
O eso pensaba él.
«-( H.S )-» ™
