Hola a todos de nuevo!

Esta vez me he pasado con tanta tardanza pero he tenido varios problemas y no he sido capaz de escribir por un tiempo. Siento haberles hecho esperar tanto tiempo pero ya estoy de vuelta y espero no volver a ausentarme durante tanto tiempo ^^

Bueno, este capítulo es algo más corto que los anteriores pero no quería estar más tiempo sin actualizar y además creo que también les dejará con algo de intriga que es lo importante de esta historia, que nunca sabes qué es lo que pasará en el siguiente capítulo xDDD

Espero que lo disfruten ^^


Todo lo que le dijo su hermano era cierto, las sospechas de Ichigo, todo era verdad y ella no había querido creerlo. Pero ahora lo estaba viendo con sus propios ojos: su novio estaba besándose con otra chica. ¿Desde cuándo la había estado engañando?

Su estado de shock empezaba a convertirse en un sentimiento de furia, había vivido engañada durante tanto tiempo que el solo hecho de pensarlo la enfurecía cada vez más. Apretaba sus puños con fuerza, deseaba vengarse de él, pero solo una palabra cruzaba su mente en ese momento.

– ¡Mentiroso! –Gritó ella con todas sus fuerzas.


– ¿Habéis oído eso?

– ¿El qué? – Preguntó Ishida.

– Yo no he oído nada –comentó Chad.

– ¿Seguro? –Volvió a preguntar Ichigo–. Yo juraría haber oído la voz de Rukia.

– Bah, ¿ahora oyes voces? No me digas que estás enamorado de Kuchiki –dijo Ishida.

– ¡Ichigo está enamorado de Kuchiki-san! –Decía Keigo emocionado justo antes de recibir un puñetazo del pelinaranja.

– ¡Callaros de una vez!

Curiosamente, la orden de Ichigo causó efecto y todos se quedaron callados, momento que aprovechó el joven para agudizar el oído.

– Es ella, no hay duda, está discutiendo con alguien –dijo antes de levantarse y salir corriendo.

– Vaya, parece que en verdad está enamorado –dijo Ishida con sarcasmo.

– C'est l'amour –dijo Keigo medio inconsciente en el suelo.

El pelinaranja entró de nuevo en el instituto guiándose por las voces que daba Rukia. Se la notaba muy enfadada y bien sabía Ichigo que cuando ella se ponía así de furiosa era mejor no meterse de por medio, pero debía reconocer que estaba preocupado por ella. Empezó a subir las escaleras lo más rápido que podía ir hasta que llegó a la azotea y pudo ver a la morena discutiendo muy acaloradamente con Kaien, mientras que otra chica se apoyaba en la barandilla, quien observaba a la escena sonriendo con cierta maldad.

– ¡Me culpaste a mí de infiel cuando eras tú el que me estaba engañando a mí! ¡Me hiciste sentir como una mala novia cuando tú me has estado usando durante todo este tiempo! –Le gritaba Rukia llena de ira.

– ¿Acaso vas a negar que tú no me has engañado con ese Kurosaki? –Inquirió Kaien.

– ¡Solo me dio un maldito beso!

– Vaya, ya lo has reconocido.

– ¡Sí, lo reconozco, no como tú que desde un principio me has sido infiel!

– ¿Cómo puedes afirmar algo así si solo me has visto hoy?

– Porque lo sé, varias personas me lo comentaron pero yo estaba tan cegada por ti que no les creí, fui muy tonta al confiar en ti, debí haberme dado cuenta mucho antes de todo esto.

– Ya te advertí que si tú no me dabas lo que yo quería tendría que buscarlo en otras.

– ¡No digas tonterías! ¿Intentas que vuelva a sentirme culpable? De eso nada, tú me has engañado. Si no estabas contento conmigo, ¿por qué no me dejaste? Hubiera sido más caballeroso por tu parte haberme dejado por otra mujer en vez de estar con las dos al mismo tiempo.

– No te dejé porque me dabas pena –dijo sonriendo con maldad.

– ¡Serás…!

Rukia iba directamente hacia él, parecía como si fuera a abalanzarse sobre su cuerpo para darle un buen bofetón, o quizás varios. Pero antes de que pudiera hacer nada notó la presencia de otra persona que se acercaba a ella, tomándola de sus manos y su cintura para alejarla de Kaien.

– Vaya, ya ha llegado el salvador –dijo el joven Shiba con ironía.

– ¡Ichigo, suéltame! –Gritaba Rukia.

– Déjalo ya, Rukia –comentó el pelinaranja mientras miraba a Kaien con furia–. ¿De qué sirve pegarle? No vas a arreglar nada con eso, no puedes cambiar todas sus mentiras, déjalo ya.

La chica se dio cuenta de que Ichigo tenía razón, que ya no podría cambiar nada de lo que había ocurrido y comprendió que el tiempo que había pasado junto a Kaien había sido solo una mentira. Ella fue su juguete, solo eso, no sentía nada de amor o cariño por ella. Para él, Rukia solo había sido un objeto.

Dejó de forcejear y bajó los brazos rendida. Toda la furia que se había acumulado al ver aquel beso se esfumó de repente, dando paso a una profunda tristeza.

– ¿Ya te has calmado, cariño? –Inquirió Kaien con sorna.

– Cállate –susurró ella–. No vuelvas a dirigirme la palabra… Ichigo, vámonos.

– Eso, vete con tu querido.

– Vete a la mierda, Shiba –dijo Ichigo esta vez–. Déjala en paz y vete con todas esas chicas, seguro que te complacen muy bien.

– Seguro que son mejores que esa mosquita muerta –Rukia se desplomó al oír aquellas palabras de Kaien, el mismo hombre que minutos antes había sido su novio.

– Lo dudo mucho, Shiba –añadió el pelinaranja–, pero lo cierto es que tú nunca podrás comprobarlo, ¿verdad?

El joven Kurosaki le giró la cara a Kaien y, rodeando la cintura de la pequeña morena con uno de sus brazos, se la llevó de allí, bajando lentamente las escaleras. Pero ella no decía nada, estaba muy seria y con la mirada perdida, como si no se encontrara allí en ese momento.

– ¿Te encuentras bien? –Le preguntó el chico sin recibir ninguna respuesta–. Rukia… ¿me estás escuchando?

Silencio.

Al llegar al primer piso del instituto, donde se encontraban sus respectivas aulas, Ichigo se colocó delante de ella posando las manos sobre los hombros de la chica.

– Ey, Rukia, mírame –le dijo lo más sereno que pudo, intentando hacerle ver que él estaba a su lado para ayudarla. Pero aún así ella seguía con la mirada perdida, como si le diera miedo enfrentarse a los ojos castaños del chico–. Rukia, por favor… mírame… por favor.

Al fin Rukia se decidió a mirarle mientras respiraba profundamente para controlar las lágrimas que amenazaban con salir de sus orbes azules.

– Ya lo sé –habló ella esta vez–, ya sé que me avisasteis de que esto acabaría pasando.

– No iba a decirte eso.

– ¿Ah, no? Nii-sama suele decirme siempre esa frase.

– Pero yo no soy Byakuya, yo soy Ichigo.

– Ya –la joven se mordió el labio inferior el cual temblaba levemente, como si estuviera a punto de llorar.

– Rukia, el descanso está a punto de terminar y…

– Quiero irme de aquí, no quiero volver a verle, quiero irme.

– Está bien, está bien, le diré al sensei que no te encuentras bien y te acompañaré a casa.

– No, no quiero ir a casa.

– ¿Entonces?

– No sé –cada vez se mordía más fuerte el labio–, pero sácame de aquí, por favor.

– Vale, ve a por tus cosas, yo avisaré al sensei y me iré contigo.

Rukia solo asintió y fue hacia su clase. Recogió todas sus cosas aún con la mente en otra parte, como si aquello solo fuera una pesadilla, aunque esa era una pesadilla de la que no iba a despertar. Cuando terminó de guardar todo el material, se colgó la mochila a sus hombros y salió del aula justo antes de que sonara el timbre que anunciaba el fin del descanso. La chica apoyó su espalda en la pared del pasillo y agachó la cabeza, pues no quería ver como todos sus compañeros volvían a las clases mientras la miraban incrédulos. Y, sobre todo, no quería ver a Kaien.

Poco después llegó Ichigo con el profesor y, una vez que éste vio el pálido rostro de la morena, dio su consentimiento al pelinaranja para que la acompañara a casa.

– ¿Te encuentras mejor? –Le preguntó el chico cuando ya estaban fuera del instituto.

– No sé como estoy…

– Ya, entiendo. ¿A dónde quieres que te lleve? –Rukia se encogió de hombros.

– Me da igual, solo no me lleves a casa.

– Eso ya lo sé… ¿pero no te apetece ir a algún sitio en especial? ¿Tomar algo o ver a alguien?

– ¿Ver a alguien?

– Sí… alguien a quien necesites contarle esto para desahogarte, aunque bueno… también me tienes a mí.

– ¿Podrías venir conmigo a la Universidad?

– ¿A la Universidad? Bueno, está lejos, deberíamos ir en autobús.

– Yo tengo dinero y la parada del autobús está cerca de aquí.

– Está bien, vamos.

Media hora después se encontraban en el campus universitario y Rukia empezó a caminar con paso firme hacia algún lugar que Ichigo no conocía.

– ¿Ya habías venido antes aquí? –Le preguntó.

– Alguna vez –contestó ella sin parar de caminar hasta que llegó al sitio que estaba buscando–. Es aquí.

Ichigo miró el edificio que se alzaba frente a ellos. No era muy alto pero se veía amplio y espacioso, los muros eran blancos y tenía grandes ventanales, por lo que la iluminación debía ser increíble. Varios estudiantes entraban y salían del edificio en cuestión, la mayoría de ellos iban en grupos, riendo y comentando las distintas anécdotas que habrían vivido en sus clases. Algunos se sentaban en el césped para jugar a las cartas, y otros simplemente se tumbaban allí para descansar un poco.

– Así que esto es la Universidad –dijo el pelinaranja mientras miraba como dos chicas iban corriendo hacia la parada para no perder el autobús que les llevaría de vuelta a casa.

– Sí –dijo Rukia–, bueno, solo es una parte.

– ¿Esperas a alguien aquí?

– Estoy buscándole –contestó sin dejar de mirar al frente, como si esperara que alguien saliera por aquella puerta principal.

– Ah –dijo Ichigo algo perplejo. Volvió a mirar a su alrededor y entonces se percató de que había algo escrito en la fachada del edificio, indicando lo que era–. Facultad de Ciencias… ¿esperas a tu hermano?

– ¿Y ahora te das cuenta?

– Pues sí, ¿algún problema? –Dijo algo cabreado.

– Eres torpe.

– Gracias por los halagos… ¿pero tú crees que Byakuya estará aquí?

– Eso espero… jii-sama le dijo que podría venir y seguir estudiando mientras no descuidara su trabajo en el campo. Debería estar aquí, solo tenemos que esperar un poco.

– Creo que no hace falta, viene por ahí.

Rukia miró hacia la dirección que Ichigo le marcaba y pudo ver a su hermano saliendo de la facultad con una carpeta en su mano izquierda y las llaves del coche en la derecha. Cuando el joven Kuchiki vio a su hermana allí esperando se sorprendió levemente, aunque lo que más le llamaba la atención era la expresión de su rostro. Se la veía triste y demacrada, ¿habría vuelto a pasar algo con sus padres?

– Rukia –dijo algo confuso–, ¿qué haces aquí? ¿Ha pasado algo en casa?

– No,… bueno sí, pero eso no es lo importante. ¿Puedo hablar contigo?

– Claro, aunque… –miró su reloj–, a jii-sama no le hará gracia ver que me retraso.

– Si quieres podemos dejarlo para…

– No –le cortó Byakuya–, quiero saber qué te pasa. Vamos a la cafetería, ya me inventaré algo.

– Vale.


– Te lo dije –saltó Byakuya cuando Rukia terminó de contarle todo lo que había pasado–. Te lo advertí y no me hiciste caso.

– Ya lo sé –dijo la chica agachando la cabeza e intentando con todas sus fuerzas no llorar.

– Ey, Byakuya, no creo que sea buena idea recriminarle eso ahora –comentó Ichigo.

– ¿Acaso es mentira lo que estoy diciendo? –Preguntó el pelinegro algo enfadado.

– No, claro que no.

– Entonces cállate.

Ichigo resopló mientras apretaba con fuerzas sus manos. Sabía por experiencia propia que era imposible llegar a un acuerdo con Byakuya cuando éste estaba malhumorado. ¿Cómo podría Hisana soportar a un hombre así?

– Debe tener muchísima paciencia para aguantar a un cascarrabias como éste –pensaba el pelinaranja.

– ¿Y bien? –Volvió a preguntar Byakuya dándole otro sorbo al café que había pedido–. ¿Por qué has venido a verme?

– Porque necesito tu consejo –dijo la joven.

– ¿Mi consejo? Esa es buena –dijo soltando una carcajada.

– Oh vamos, Byakuya –saltó Ichigo enfurecido–, no deberías comportarte así con ella y menos en este momento.

– Tú no eres quien para decirme a mí qué es lo que tengo que hacer, mocoso.

– ¿Acaso estás enfadado con ella? –Le recriminó.

– En parte sí, por no hacerme caso.

– ¿En parte? –Preguntó confundido.

– Estoy más enfadado con ese Shiba… me mosquea y también me intriga.

– ¿Intrigarte? –Dijo Rukia confundida–. ¿Por qué?

– ¿Qué motivo puede tener para estar con varias mujeres a la vez?

– Venga ya, no lo estarás diciendo en serio, ¿no? –Le recriminó Ichigo riendo con sorna–. Creo que es evidente, Shiba simplemente las quiere para divertirse y "jugar" con ellas. Parece mentira que alguien como tú haga esa pregunta, será que el matrimonio te está volviendo más conservador.

– ¿Insinúas algo? –Dijo Byakuya en un tono amenazante.

– ¿Yo? Nada.

– ¿Sabes una cosa, insecto? –Su furia aumentaba cada vez más–. Yo no necesito irme con otra chica teniendo a la mujer a la que amo esperándome en casa, ¿entiendes? –Rukia se sorprendió ante esa declaración–. ¿O es demasiado difícil de entender para ti, "revolucionario"?

– Para nada –respondió Ichigo algo más asustado–, y yo no quería decir eso.

– ¿No? ¿Entonces lo que quieres decir es que tú sí estarías con varias mujeres a la vez?

– ¡Tampoco! –Dijo nervioso–. Yo no soy como Kaien.

– Entonces ambos somos "conservadores", según tú, claro.

– No me refería a eso, creo que me he explicado mal.

– Bien, entonces haz un esfuerzo y explícate, y esta vez escoge las palabras adecuadas sino es mucho pedir.

– A ver… –Ichigo pensó un buen rato antes de volver a hablar–. Lo que quería decir es que parece que el matrimonio te ha cegado. No todos los hombres son como nosotros dos, hay tipos a los que les gusta tener una aventura aún teniendo novia.

– Eso ya lo sé, no soy idiota.

– ¿Entonces por qué has hecho esa pregunta? –Dijo Ichigo nervioso y confundido.

– Me estáis mareando –intervino Rukia mientras se terminaba el zumo.

– Tranquila Rukia, lo explicaré lo más fácilmente posible para que tu amigo lo entienda –Ichigo torció el gesto al notar ese sarcasmo tan característico en Byakuya–. Veamos, lo que digo es que todo este asunto no tiene sentido.

– ¿No? –Preguntó Kurosaki.

– No, es evidente que Shiba es un casanova como otro cualquiera, ¿pero que conseguía estando con Rukia durante este tiempo? Si no me equivoco creo que ellos dos no llegaron a terrenos más íntimos… –en ese momento Byakuya frunció el entrecejo y miró a Rukia, como si pudiera leer sus pensamientos–. ¿O me equivoco?

– No-no nii-sama, no te-te equivocas –contestó ella nerviosa y algo asustada. Sabía que su hermano no podía leer la mente pero a veces lo parecía, sobre todo siendo un tipo tan intimidante como lo era él.

– Bien… es bueno saberlo –añadió él y volvió a mirar a Ichigo–. ¿Sabes ya a lo que me refiero?

– No –respondió el pelinaranja con cara de póquer. Byakuya resopló cansado.

– Tendré que explicarlo todo. Rukia, ¿cuánto tiempo llevabas saliendo con ese indeseable?

– Tres meses –dijo sorprendida–. ¿Por qué lo preguntas?

– ¿No os resulta raro que un tipo como Shiba, que solo está con las mujeres por sexo, haya aguantado tres meses sin tocar a Rukia?

– Vaya –Ichigo meditó mucho aquella pregunta–. Sí, tienes razón, no tiene sentido.

– Un hombre que solo quiere mantener relaciones se cansaría muy rápido de una chica que siempre se negara. La habría dejado antes de cumplir un mes juntos.

– ¿Quieres decir que Kaien buscaba algo más de mí? –Preguntó la chica.

– Exacto. Sino no tendría motivos para haber estado contigo esos meses. Además eres tú la que ha cortado con él, si no lo hubieras hecho aún seguiría contigo hasta conseguir lo que quiere.

– ¿Y qué quiere? –Cuestionó Ichigo.

– Pues mira, eso no lo sé, no soy adivino –contestó con ironía terminándose el café.

– Tsk –Ichigo miró a Rukia–. ¿Tú no sabes nada? Después de todo eres la que más le conoce, nosotros ni siquiera podíamos dirigirle la palabra.

– Ni lo haré –añadió Byakuya.

– ¿Yo? –Rukia se quedó pensando, intentando recordar algo que le pareciera extraño–. No lo sé. Todo lo que ha pasado ya os lo he contado. Siempre insistía mucho con el tema de… acostarnos, incluso tenía celos de Ichigo. Se creía que le engañaba con él.

– ¿Y por qué tenía esos celos hacia este inútil? –Ichigo lanzó una mirada de furia a Byakuya.

– Pues porque pasaba mucho tiempo con él –contestó la Kuchiki,

– Siempre has pasado tiempo con él, desde que eras una niña. No me parece un motivo muy convincente para ponerse celoso.

– ¿Qué importa eso? –Dijo Ichigo.

– Mucho, como ya te dije antes, es evidente que quiere algo de Rukia pero no está enamorado de ella, por tanto, si no siente amor, ¿a qué vienen esos celos por un amigo de la infancia?

Tanto Rukia como Ichigo se quedaron un momento en blanco, mirándose a los ojo sin saber muy bien qué decirle al pelinegro.

– Oye Byakuya, ¿no has pensado que serías un gran policía o abogado? –Sugirió Kurosaki.

– Deja de decir tonterías, ¿ha pasado algo entre vosotros dos?

– ¿A-Algo? –Preguntó de nuevo el pelinaranja.

– Sí, algo lo suficientemente cercano como para que Kaien tuviera sospechas de que ibas a robarle a su novia.

– Claro que no ha pasado nada.

– No-no, nada –volvió a negar Rukia. Byakuya miró a los dos muchachos y pudo notarles nerviosos, aparte de que un leve sonrojo empezaba a asomar por sus mejillas.

– ¿Vosotros creéis que soy tonto o qué? –Les recriminó con cierta autoridad–. ¿Qué habéis hecho?

– Nos besamos –dijo Rukia de golpe, sin pensarlo–. Nos besamos una vez y creo que él nos vio.

Byakuya se quedó largo rato mirando a su hermana, intentando asimilar la información que le acababan de dar. Unos segundos que a Ichigo se le hicieron eternos, ¿qué pasaría con su vida ahora? ¿Le mataría Byakuya o finalmente lo haría Soujun? Lo que estaba claro es que a ninguno de los dos hombres Kuchikis les agradaba la idea de tener a Ichigo como miembro de la familia.

– ¿Os besasteis? –Preguntó Byakuya, como si aún no hubiera entendido bien esa frase.

– Sí –dijo Rukia esta vez con algo más de miedo.

– Genial –desvió su mirada a Ichigo–, pienso matarte.

– Nii-sama por favor, ya tiene suficiente con papá.

– Ah, ¿papá lo sabe? Bueno, entonces no vivirás mucho tiempo, amigo.

– Bueno, papá en realidad no sabe toda la verdad –la morena se mordía el labio inferior nerviosa.

– ¿Qué quieres decir?

Después de que Rukia le contara todo lo que había pasado aquella noche, Byakuya se volvió a quedar algo pensativo. Miró a Ichigo y notó como éste se sentía algo intimidado por su mirada. Debía reconocer que la actuación del chico aquella noche era muy honorable por haber protegido a su hermana así, pero había algo más que le seguía molestando.

– Reconozco tu valor aquella noche y te agradezco lo que has hecho por Rukia, pero tengo una pregunta que hacerte.

– Tú dirás –dijo él algo nervioso.

– ¿Cuáles son tus intenciones con Rukia?

– ¿I-intenciones? –Dijo él algo nervioso.

– Sí, no creo que besaras a mi hermana sin ningún motivo, ¿no?

– No, no, por supuesto que no.

– ¿Entonces cuáles son tus sentimientos hacia ella?

– Pues… –el muchacho notaba que la cara le ardía de pura vergüenza–, ¿tengo que decirlo?

– Sí, y rápido a ser posible.

– Bueno, yo… en fin… siento muchas cosas por tu hermana, Byakuya –dijo sin poder mirar a Rukia de la vergüenza que estaba pasando. Aunque lo cierto es que ella estaba tan nerviosa como él.

– Kurosaki, haz el favor y ve al grano, no puedo perder más tiempo.

– Que la quiero, maldita sea –confesó alzando un poco la voz–. Ya lo dije, ¡contento?

– No mucho –dijo Byakuya sin inmutarse, tan serio como de costumbre–. ¿Vas en serio con ella?

– Lo iría.

– ¿Cómo que "lo irías"? ¿A qué te refieres?

– A que no estamos saliendo juntos.

– Porque ella estaba saliendo con Shiba, supongo.

– Supones bien.

– Ya veo, entonces ahora sí saldréis juntos, ¿no?

– Yo eso no lo sé, la que tiene que decidir es ella –dijo mirando a la joven Kuchiki.

– Tienes razón –Byakuya dirigió la mirada a su hermana–. Y bien Rukia, ¿qué vas a hacer?

– Yo-yo-yo –tartamudeaba nerviosa–. No puedo decidir ahora –dijo con tristeza–. No he estado muy segura de mis sentimientos hacia Ichigo en todo este tiempo y ahora con todo lo que ha pasado no soy capaz de pensar con claridad.

– Ya veo –el pelinegro volvió a mirar a Ichigo y le dio una palmadita en el hombro–. Te lo tendrás que currar para que mi hermana quiera salir contigo, pero sobre todo para que mi padre te acepte.

– Gracias por los ánimos –dijo el chico resignado.

– Un placer –Byakuya se levantó cogiendo su chaqueta–. Me voy ya, es tarde.

– ¿Hisana no ha venido a la Universidad? –preguntó Rukia.

– No, no se encontraba muy bien y la he convencido para que se quedara en casa.

– ¿Está bien? ¿Le pasa algo? –Volvió a preguntar preocupada.

– Sí, solo son nauseas. Dentro de una semana tiene su primera revisión médica así que ya te informaré. Tú preocúpate más de esa Shiba. Me sigue dando mala espina.

– Claro.

– Y tú cuida de ella, mocoso –le dijo a Ichigo–, o si no te…

– Byakuya, puedes estar tranquilo –le cortó el pelinaranja.

–Bien.


– Te agradezco mucho que hayas venido a visitarme, no conozco a nadie en este lugar y a veces me siento un poco sola cuando Byakuya no está en casa, no sé si me entiendes.

– Claro que sí, mujer –dijo Matsumoto mientras calentaba el agua para preparar una infusión–. Es lo más normal del mundo.

– Y estas nauseas parece que no se van nunca –decía Hisana mientras se sentaba llevándose una mano al abdomen.

– No te preocupes, verás como con esta infusión se te pasa enseguida.

– Eso espero –suspiró y miró el reloj de la cocina–. Byakuya se retrasa, espero que no le haya pasado nada malo.

– Te preocupas demasiado por todo, Hisana –dijo Rangiku mientras le servía la infusión en una taza y se sentaba a su lado–. Así normal que tengas tantas nauseas, no es solo por el embarazo.

– Es cierto, pero él nunca llega tarde, sabe que Ginrei-sama es muy estricto con el horario y la puntualidad.

– A lo mejor se ha encontrado con un viejo amigo y han ido a tomar un café.

– No creo, Byakuya no es así –Hisana rió–. Él siempre antepone su trabajo y sus responsabilidades.

– Sí, la verdad es que ahí tienes razón –dijo Matsumoto riendo también–. ¿Y si se hubiera encontrado con una ex?

– ¿Con una ex? –Hisana volvió a reír–. No digas tonterías.

– ¿Tonterías? ¿Tan raro sería que se cruzara con una ex novia?

– Claro, él solo ha estado conmigo, Ran –dijo Hisana sonriendo y bebiendo un poco–. Tenías razón, esto parece que me está calmando un poco, y además está muy bueno.

– ¿Byakuya te ha dicho que tú has sido su única novia? –Preguntó la pelinaranja confundida.

– Sí –la miró–, ¿tan raro es?

– Hisana –Matsumoto suspiró y tomó una de las manos de la joven entre las suyas–. Siento decirte esto pero Byakuya te está mintiendo, tú no has sido la única chica en su vida.

– ¿Qué-qué quieres decir? –Preguntó ella como si no hubiera entendido nada de lo que acababa de contarle.

– Pues que hace unos años yo estuve saliendo con tu marido, fuimos novios.


Y bien, ¿qué les parece?

Matsumoto revelando su pasado a Hisana, ¿como se lo tomará ella ahora? xD

Espero sus reviews con ganas ^^ Yo intentaré actualizar lo antes posible.

Cuídense y nos vemos en el siguiente! :D