Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son exclusivos de Rumiko Takahashi. Esta historia está libre de fin de lucro.


Capítulo veintiséis.

Estaba dando vueltas en la gran silla de Sesshōmaru, quien se encontraba parado frente al gran ventanal de la oficina, mientras atendía una llamada que parecía importante.

Había tomado la decisión de acompañar al hombre por la mañana, ya que estaría libre hasta el mediodía. Ya que le había tocado cubrir un evento de moda muy importante, en dónde una gran gama de marcas y agencias internacionales estarían presentes.

Sesshōmaru colgó la llamada y dejó en el teléfono en su lugar, enseguida cogió una carpeta que estaba descansando sobre el escritorio, y sentándose en la orilla de éste se dispuso a checar los documentos.

—¿Le han dicho que se ve muy atractivo con anteojos? —Preguntó, para así llamar la atención del hombre que la ignoraba olímpicamente.

—¿No tiene a alguien más para molestar? —Sesshōmaru evadió completamente su cuestión.

—Que grosero es —suspiró—. Y no, hoy amanecí con ganas de joderle la existencia, esposo mío.

—Hmm…

El albino en ningún momento desvió su atención de lo que estaba leyendo en esos papeles, restándole así importancia a su presencia o eso le hacia sentir.

—Ni porque le doy un cumplido cede.

—Sandeces.

—Que aburrido es —torció la boca. Pero en ese instante recordó algo—. ¿Sabe por qué se irá Inuyasha?

—Ya lo sabe.

—¿Independencia? —Masculló entre dientes—. No me convence.

—Rin —apartó las hojas de sus ojos dorados, los cuales ahora se centraron en ella—. No me cuestione cosas que no sé, y que mucho menos me importan.

—¿En serio no le importa? —Se detuvo de golpe y apoyó sus manos en los muslos del hombre—. Pensé que ustedes ya se llevaban mejor.

—Tal vez en su imaginación.

—Hmm… —Se echó de nuevo hacia atrás y se cruzó de brazos—. ¿Ira al evento?

—No sé.

—¿Mucho trabajo?

—Sí.

—Es una lastima —hizo un puchero—. Tenía la esperanza de presumir a mi marido a todas las escuálidas modelos que han querido algo con usted, y para callar ciertos rumores.

—Lamento no servir para su pantomima.

—Siempre tan simpático, Sesshōmaru —se levantó y se plantó frente al hombre, quitándole los papeles de la mano, para que así le prestara atención a ella—. Éste no es el marido que me prometió.

—Jamás le prometí nada —La encaró.

Su piel se erizó, al momento en que la fuerte mano se posó en su espalda baja y la pegó al cálido y fornido cuerpo varonil.

Miró directamente a esos ojos bañados de oro, mientras sus manos recorrieron descaradamente el pecho cubierto por el chaleco, para terminar enredado sus manos detrás de la nuca del albino.

—Creo que debí haberle dado un regalo por la mañana, para que no estuviera tan estresado —acarició los delgados labios masculinos con los suyos y le sonrió provocadoramente—. O tal vez, aún estamos a tiempo. Me gustaría darle un buen uso al escritorio.

—Será para otra ocasión.

Sus ojos se abrieron por completo, su respiración se detuvo y una extraña sensación le golpeo el pecho.

¿Sesshōmaru la estaba rechazando?

—Me rechaza.

—No.

—¿No? —Retiró sus manos del hombre y las cruzó, mostrando su enfado.

—En cinco minutos tengo una junta —respondió, al momento en que acercó el rostro al suyo—. Y cinco minutos no son suficientes para mí.

—Hmm… —Ladeó la cabeza y lo miró de reojo—. Pensé que era mejor mintiendo, Sesshōmaru.

Sesshōmaru cogió el teléfono y pulso uno de los botones, lo cual implicaba que estaba marcando a una conexión de la oficina.

—¿Ya hay gente en la sala? —Cuestionó y esperó una respuesta inmediata.

Sí, señor —respondió la secretaria.

—Bien, avisa a los restantes que vamos a empezar —colgó la llamada.

—Vaya, que manera de no hacerme sentir poca cosa para usted.

Él se apartó y se dispuso en guardar la carpeta que estuvo checando anteriormente y, apagó el monitor del ordenador.

Tan rápido como terminó, la cogió de la mano y le hizo avanzar el mismo camino que él.

—¿A dónde vamos? —Comenzó a caminar lento y pesadamente.

—A la mentira.

—Vamos, sólo estaba jugando.

—Pero yo no.

Cuando menos lo pensó, ya estaban enfrente de la puerta que conectaba la sala de juntas con la oficina presidencial.

Estaba bromeando, ¿no?

En ese instante recordó que ese hombre no tenía sentido del humor y siempre hablaba seriamente. Y aunque ella si se había sentido rechazada, rápidamente entendió que no fue así, ante la rápida negación por parte del albino.

Ahora estaba ahí, siendo observada por ejecutivos de la empresa de su marido. A pesar de que reconocía algunas caras, la verdad es que no sabía el nombre de ninguno a excepción de Inuyasha. Éste último le miró desconcertado, ante su presencia en una reunión que parecía importante.

—Inuyasha.

—¿Qué? —Espetó con su típico tono agresivo.

—Una silla para nuestra invitada.

—¿Rin se va a…?

—Aun no veo esa silla —Le miró fríamente.

—Ok, ok…ya voy.

Inuyasha no tardó ni un minuto en tomar uno de los asientos, para enseguida colocarlo al costado de la silla principal de la mesa.

Mientras tanto los presentes, sólo se quedaron mirando curiosos, ante la peculiar situación que estaba protagonizando con su marido.

¡Qué vergüenza!

Se dio cuenta que algunos tenía la boca semiabierta, con toda la intención de cuestionar lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, ninguno se animaba, ya sea por considerarlo imprudente o no provocar a Sesshōmaru.

—Esperó y nadie tenga la imprudencia de cuestionar de la presencia de mi señora —amenazó abiertamente.

—Para nada, Sesshōmaru —habló uno de los hombres más grandes—. Al contrario, es un placer ver a su señora esposa por aquí.

—Muchas gracias —fue lo único que pudo decir, a las gentiles palabras del hombre.

—Rin… —La llamó Inuyasha, que ya había colocado la silla para ella.

—Gracias —suspiró derrotada.

En ese instante llegaron los últimos integrantes de la reunión, los cuales también mostraron asombro ante su presencia, aun así, se mantuvieron en silencio y cogieron sus puestos.

—Empecemos —Sesshōmaru ordenó al momento en que tomó asiento.

No podía creer que eso estuviera pasando y que la estuviera castigando de esa manera, sólo por un comentario soez de su parte. Pero de algo estaba segura, es que se las iba cobrar a su maridito, por hacerle pasar un momento tan bochornoso e incomodo como ese.

¡Sesshōmaru Tukusama se las iba a pagar!

~O~

—¡Por fin hemos terminado! —Exclamó el fotógrafo.

—Aun faltan dos sesiones —le recordó Kanna.

—¡Oh! —Shippō cerró los ojos y dejó escapar un afligido suspiro—. Supongo que no hay más remedio. Me sacrificaré por el bien de las modelos, para que luzcan hermosas en las paginas de la revista.

—Que sacrificado —escupió divertida.

—¡Jefa! —La nombró refunfuñando—. Deferías confiar más en las palabras de tu humilde y sencillo fotógrafo.

—Pides demasiado, Shippō —rió.

—Querida…

Todos viraron hacia la dirección en dónde la voz provenía, descubriendo así a Kagura.

—Dime —le sonrió a su amiga.

—¿Tienes tiempo? —Preguntó, mientras se quitaba los pesados pendientes y se giraba hacia la dirección de su camerino.

Vio la hora en el reloj de su celular, para ver que tanto tiempo tenía disponible, antes de que empezara su siguiente ronda con las modelos que estaba en la lista.

—Ve —dijo Kanna—. Yo te cubro.

—Gracias —se acercó a su amiga, a la cual le dio un fuerte abrazo y un beso tronador en la mejilla—. Te debo una cubeta de helado.

—Sí —respondió secamente la mujer albina.

Se separó de su amiga y compañera, para enseguida avanzar hacia dónde su otra amiga le estaba esperando.

Las dos caminaron en silencio hasta llegar al camerino que, la pelinegra compartía con la modelo que había participado en la misma sesión de hace unos minutos atrás. Pero la cual se había quedado en quien sabe dónde, dándoles un poco de privacidad.

—Tanto tiempo y nos vemos por cuestiones de trabajo —dijo Kagura, la cual despachó a los ayudantes.

—No puedes culparme por ello —se acercó a la mujer y le ayudó con el cierre de la espalda—. Eres tú la que se volvió cotizada.

—Beneficios de tener un novio poderoso e influyente, supongo…

—Con o sin él, siempre ha sido muy solicitada —corrigió a su amiga—. Hablando de… ¿cómo te ha ido con él?

—Bien.

Terminó por desvestir a la modelo y, en seguida le entregó una larga bata morada de seda. Así cubriendo el curvilíneo cuerpo de la supermodelo de talla grande.

—He visto más vida en un muerto —fue irónica.

—Agarra mi bolso y abre el cierre de la pequeña bolsa del interior —le pidió Kagura.

La miró extrañada, pero no objeto la petición de su amiga y fue directamente al voluminoso y fino bolso de piel de Kagura.

Abrió la bolsa y rápidamente se encontró con el zipper al cual hizo mención, así deslizándolo y encontrarse con un sólo objeto en ese pequeño y escondido espacio.

Lo cogió con sus dedos y sus ojos se abrieron, ante la semejante sorpresa que tenía literalmente en sus manos.

En seguida viró hacia la pelinegra, la cual estaba más atenta en verse al espejo, que a lo que le pidió hacer.

—¿En serio? —Espetó anonadada.

—Sí.

—¡Vaya! —Se acercó a Kagura—. ¿Cuándo? Nadie a mencionado nada al respecto.

—No lo hemos hecho público, aún…

—¿Se puede saber por qué?

—Claude y yo hemos estado muy ocupados en nuestros trabajos, y lo que menos deseamos era que nos estuvieran hostigando por nuestra próxima unión —respondió con parquedad y elegancia.

—Así que esperarás a que se cierre la temporada —dijo, sin quitar su vista del caro y pesado anillo de compromiso.

—Me voy a retirar, Rin.

Giró su rostro hacia Kagura, que estaba sentada frente al espejo, perfilándose la altiva ceja izquierda.

—¿Él te lo pidió?

—Por supuesto que no —torció la boca en una seca sonrisa escarlata—. Decisión mía.

—Hmm…

Se mantuvo en silencio al no tener idea de que preguntarle al respecto, ya que su mente, aun trataba de procesar la repentina decisión de la modelo de ojos carmesíes.

—Ya estoy muy vieja para estar en este mundo —Kagura habló por si sola—. Aparte, ya no es algo que disfrute como antes. He cumplido con mi cometido, es momento de abrirme a nuevas experiencias.

—¿Familia?

—¡Oh por Dios, no! —Rió abiertamente, algo sumamente raro en la pelinegra—. ¿A caso me ves cara de ser una esposa virtuosa?

—No —sonrió—. Pero uno nunca sabe, Kagura.

—Estamos en la misma sintonía —le informó—. Claude tampoco tiene interés en ser padre y esas cosas, lo niños no son su fuerte. Aparte, ¿crees que hubiera aceptado a sabiendas que yo no deseo ser madre ni por error?

—Buen punto —cogió la silla que estaba a su costado y se sentó al lado de la modelo, que se giró hacia ella, se cruzo de piernas y la miro implacablemente con esos ojos bañados de sangre—. Así que ambos van en el mismo tren.

—Así es.

—Felicidades, encontraste al príncipe de tus sueños —le cogió la mano izquierda y colocó el anillo en el dedo anular de Kagura—. ¿Y ahora a que te dedicaras?

—He platicado cosas con Jakotsu…

—¿Planeas robárselo a Sesshōmaru? —Le miró curiosa.

—Planeo fundar una marca —aclaró—. Jakotsu ya tiene un nombre prestigioso en el ámbito.

—Y supongo que tu posees los recursos.

—Durante mis años trabajando como modelo, he formado una capital considerable —presumió abiertamente—. Podría vivir toda una vida con ello, y aun así me seguiría quedando después de muerta.

—No lo dudo —se cruzó de brazos—. Creo que sería interesante que ambos se asociaran. Aparte, ya se conocen todas sus manías, así que no habría problemas.

—Así es.

—Pero si eso llegase a ocurrir, entonces…

—Sí —atajó rápidamente—. Jakotsu tendría que vivir en Francia.

—Hmm… —Suspiró—. Eso sería bueno, necesita alejarse de aquí.

—¿Lo dices por Bankotsu, querida?

—Sí —carraspeó la garganta—, y por todo lo demás. Han sido muchas cosas en tan poco tiempo. Jakotsu no la ha pasado muy bien que digamos.

—Es una estúpida sufrida —atacó sin miramientos—. Siempre tengo que estar cuidando de que no se estrelle contra la pared.

Observó a la apática y soberbia modelo, que parecía todo, menos una buena persona. La verdad es que era alguien que tenía un sentido de la lealtad acérrima, y eso lo había descubierto por la excéntrica relación que mantenía con el modisto.

No sabía si dicha amistad había nacido, por ser las ovejas negras de sus respectivas familias; o porque ambos compartían esa lucha de salir por su propio pie, sin el apoyo de los que se suponía debían haberlos alentado.

—No quiero adelantarme a nada, pero siento que los voy a echar de menos.

—¡Dios, no! —Exclamó de inmediato—. No empieces con tus cursilerías.

Ella no pudo más que reír ante las palabras y la cara de aburrimiento que le regalaba la modelo.

—Dejemos este tema para después —Kagura se irguió más y la vio fríamente—. ¿Qué ha ocurrido con Sesshōmaru?

—Hmm… —Suspiró fuertemente y ladeó su rostro hacia un costado—. ¿Qué quieres saber en sí?

—¿Has conseguido algo con tu conquista?

—La verdad —ambas se dedicaron una penetrante mirada—, no lo sé.

—¿No lo sabes? —La cuestionó iracunda.

—He tratado de mil formas, pero no sé si alguno de mis intentos ha logrado algo —torció la boca con disgusto—. Sesshōmaru tiene una manera de actuar que me confunde.

—¿De qué manera?

—De la manera en la que puede que todo este surtiendo efecto, o de que él también este actuando para su propio beneficio.

—No me sorprendería, después de todo es hijo de la mejor actriz que he conocido en mi vida —escupió Kagura.

—De hecho —dejó escapar una amarga risa.

—¿Y tú?

—¿Yo qué? —Alzó la ceja en señal defensiva.

—No te hagas tonta, sabes a lo que me refiero —la enfrentó sin miedo.

—Conmigo, nada ha cambiado —afirmó sin dudarlo.

Kagura la observó minuciosamente, como si pudiera descubrir si sus palabras eran verídicas o no. Algo que le molestaba en demasía.

—Deja de mirarme así, que te estoy diciendo la verdad —alzó un poco más la voz.

—Ya lo veo —habló burlona y giró su rostro hacia otra parte, bostezando en señal de aburrición.

Su quijada se tensó y apretó con fuerza sus brazos sobre su pecho, mostrando su molestia, ante la poca credibilidad que recibía de todos aquellos que sabían que su matrimonio con Sesshōmaru era falso.

—¡Oh, lo siento! No pensé que estuviera ocupado.

Las dos viraron hacia la mujer que, había interrumpido el incómodo momento entre las dos. Encontrándose así, con la modelo que había compartido cámara hacia unos momentos con Kagura.

—Pasa, querida. Que no has interrumpido nada —habló Kagura—. Así me das la oportunidad de presentarte de manera correcta a la esposa de Sesshōmaru Tukusama.

La joven modelo la barrió de pies a cabeza, aunque no de una manera despectiva, más bien demostraba mucha curiosidad.

—Así que tú… —la mujer terminó de entrar al camerino y la encaró abiertamente—. Vaya, sí que eres totalmente opuesta a lo que creí.

—¿A sí? —No sabía que decir al respecto, no se sentía nada cómoda al ser el centro de atención de la pelirroja modelo—. Eso me hace suponer que conoces a mi esposo.

—Así es, trabaje para él en una colaboración que realizo en Paris —le informó—. Aunque aun estoy sorprendida que alguien pudiera atrapar semejante pez…

La mujer le sonrió de una manera bastante amena y, sus palabras no parecían tener ningún tipo de veneno para regalarle. Sólo se mostraba expectante y curiosa.

—Sí, me lo dicen a menudo… —dijo con cierto disgusto.

—¡Oh lo siento! —La modelo se disculpó rápidamente—. No quería ofenderte, ni mucho menos hacerte sentir incomoda. Es sólo qué…

—Caroline fue rechazada por Sesshōmaru —Kagura notificó sin miramientos.

—¡Kagura! —La modelo alzó la voz avergonzada.

—¿Qué? —La pelinegra miró maliciosamente divertida a su compañera de trabajo.

Vio a ambas mujeres que, por mera casualidad de la vida, resultaban ser que era una de las tantas pretendientes de su marido y la otra fue oficialmente la amante de éste.

—Vamos, no te preocupes —intervino y trató de amenizar el momento—. No me molesta en absoluto, puedes estar tranquila.

—Pero… —La modelo la miró preocupada—. Dios, discúlpame. No sólo mi japonés es horrendo, sino que te has enterado de esto de una manera tan…

—Está bien —le sonrió a la mujer—. Tampoco es para darle tanta importancia.

—¿En serio? —Cuestionó asombrada.

—Ya está acostumbrada —aclaró Kagura—. Aparte, esto no le afecta en nada a Rin. Al contrario, parece que le llena el ego y la vanidad.

—¡Ah! ¿Sí? —Le regaló su curiosa atención.

—Bueno, es… —No sabía que decir al respecto.

—Por supuesto que sí. Después de todo, tantas modelos detrás de Sesshōmaru, y terminó casándose con una simplona redactora de una revista de modas.

—¡Oye! —Exclamó ofendida.

—Lo digo con amor —agregó Kagura.

—Bueno, es hija de André…

Kagura y ella voltearon a ver a la mujer pelirroja, que había sacado ese comentario como no queriendo la cosa. A pesar de que le hizo recordar el motivo, por el cual estaba casada con Sesshōmaru.

—¿Conoces a mi padre? —Preguntó interesada.

—Por supuesto, soy una fan acérrima de las telas producidas por la textilera Lowell.

—Oh… —Observó a la sonriente mujer—. Así que supones que mi matrimonio fue porque soy hija de…

—No, no… —Alzó las manos y las movió de un lado al otro, tratando de negar tal acusación—. Sólo quiero decir que por ser del mismo ámbito y de…de… —el nerviosismo se apoderó de la modelo.

—Tranquila, querida —le pidió una entretenida Kagura—. Rin no se enoja por cosas como estas.

—Se le llama costumbre —rectificó, para enseguida suspirar y ver a la avergonzada mujer que tenía de frente—. No estoy ofendida, así que no te preocupes. Es normal para mí, el que saquen ese tipo de conjeturas.

Conjeturas verdaderas.

—Aun así, me disculpo. Fui irrespetuosa.

—No hay nada de que disculparse, Caroline —le regaló una suave sonrisa a la modelo—. Es normal que piensen eso, aunque no sea cierto.

»Mejor dime, ¿cómo se dieron las cosas con mi marido? —Espetó intrigada.

—¿En serio quieres hablar de ello?

—Sí…

Sólo pudo sonreír, ante la cara de espanto que le regalaba la modelo de ojos verdes, la cual no se podía creer su descaro, al querer saber de las que pudieron haber estado en la cama de Sesshōmaru.

~O~

—Hubiéramos sido la revista que, consiguió una entrevista con cada una de las supermodelos, sino fuera porque te casaste con el hombre que una de ellas deseaba.

Shippō se río ante el comentario lleno de sarcasmo, Kanna siguió con lo suyo y ella sólo pudo ver a la mujer, que resultaba ser nada más que la madre del hombre en cuestión. Aunque su comentario decía toda la verdad, ya que las Asano habían rechazado el entablar una entrevista con la editorial.

—¿Ahora vienes a recriminarme, Irasue? —Cuestionó con tono burlesco.

—Para nada querida, sólo necesitaba sacar mi pena —dijo con ironía.

—Ajá… —rió por lo bajo.

—Jefa mayor —interrumpió el fotógrafo—, si me permite. Tengo que decirle que usted no necesita de esas mujeres, con su sola dirección hace grande la editorial.

—Eso lo sé, niño —se pavoneó descaradamente—. Pero gracias, tus lambisconerías me vienen bien de vez en cuando.

—Cuando guste, jefa mayor —hizo una reverencia con una pícara sonrisa.

—Horror —Kanna escupió con modulada voz.

—Y pensar que sólo me hacía la barba a mí —suspiró.

—Los zorros evolucionan…

Viró hacia Kanna, y sólo pudo reír ante el comentario tan acertado que salieron de los labios maquillados de rosa.

—Dime algo, hija… —Irasue volvió a imponerse en la pequeña habitación.

—¿Qué cosa, madre? —Preguntó divertida.

—¿Vendrá el malagradecido hombre que tengo como cachorro? —Espetó, aunque su atención parecía estar más interesada en las fotos que le enseñaba Shippō.

—No lo sé —alzó los hombros—. Me dijo que todo dependería de su trabajo.

—Hmm… —Apretó los labios en una línea recta.

—¿Ocurre algo? —Se cruzó de brazos y miró a la albina mayor—. No parece haberte sentado bien esa respuesta.

—Esperaba que te hiciera compañía.

—Bueno —suspiró—, no creo que yo fuera la compañía adecuada para él. Sabes que tengo que cubrir la nota.

—Aun así… —Arqueó la ceja y la vio fijamente—. Hubieran callado algunas bocas.

—No es algo que me importe, y mucho menos a él…

—Les guste o no, viven de este medio —habló reciamente—. No me agradan en absoluto las noticias que han estado circulando últimamente.

Observó a su suegra y se dio cuenta de que ese tema no era agradable para ella, algo peculiar viniendo de una mujer que se reía de ese tipo de notas.

Ella había estado tan fundida en su trabajo, que se había desconectado de absolutamente todo. Por lo tanto, apenas se había enterado de los chismes que habían circulado últimamente, siendo su matrimonio el ojo del huracán.

Las malas lenguas empezaron hablar desde la llegada de una famosa supermodelo irlandesa, que había firmado un contrato con la compañía de su marido, para ser el rostro de la exclusiva colección que lanzaría Jakotsu.

Las notas amarillistas habían especulado hasta el cansancio, de una posible relación entre dicha modelo y Sesshōmaru. En dónde afirmaban que, la irlandesa había sido escogida y pedida específicamente por Sesshōmaru. Hecho que, por supuesto era totalmente faso, ya que dicho pedido había sido requerido por el mismo Jakotsu.

Pero dichas habladurías hicieron más ruido cuando, en un pequeño coctel ofrecido por la misma empresa, se habían tomado fotos en donde supuestamente ambos habían estado juntos. Y todo se había tornado mucho más serio, porque en dicho evento ella no había asistido. Así dando entrada a las especulaciones de posibles problemas entre Sesshōmaru y ella.

Sesshōmaru no le había dicho nada al respecto, porque para él eso no tenía importancia alguna, y lo entendía, porque así era.

Sin embargo, ella supo del tema gracia a Inuyasha, que algo preocupado le informó lo que la prensa andaba escupiendo sobre su matrimonio. En dónde incluso, ya estaban sopesando la idea de un posible divorcio. Incluso empezando a llamar a su unión cómo:

El fracaso del siglo.

Los acosos no se tardaron en hacer presentes, en especial con sus padres, los cuales fueron las principales víctimas de las cancinas preguntas de mal gusto.

Inu No Taishō se había limitado a decir que, no se creyeran todo lo que los medios decían.

En cuanto a André, simplemente se había reído de ellos con su característico porte soberbio y sarcástico.

Irasue también había sido acosada, aunque ella al igual que su amigo de infancia, había tomado la misma actitud.

En lo que se refería a ellos, ningún periodista se había animado a cuestionar a Sesshōmaru. Demostrando el miedo que le tenía a éste, tal vez por alguna mala experiencia que se hayan llevado con su marido.

Lo que respecta de su parte, no había sido acosada en ningún momento, ya que se había enajenado tanto del mundo, que no habían podido dar con ella ni por equivocación.

Los chimes jamás habían sido algo que le preocupara, ya que nunca había sido detectada en el radar.

Se sabían que era hija de André Lowell, que trabajaba para Irasue Lundgren y que había tenido una relación con Bankotsu Niikura. Sin embargo, jamás había llamado la atención de la prensa, hasta que empezó su relación con Sesshōmaru Tukusama.

De alguna manera, eso había sido de las cosas que había resentido un poco, que, su estilo de vida tan privado y sosegado se hubiera convertido en la bufona de todo el mundo.

—¿Desde cuándo te preocupan el qué dirán, Irasue?

—¿A que viene esa pregunta? —Irasue se mostró ofendida, dando más dramatismo al colocar la mano sobre el pecho—. Obvio que siempre me ha importado, en especial cuando atentan con la felicidad de mi retoño.

—Tu retoño… —Trató de no reírse al repetir la palabra—…no necesita de tu preocupación. Créeme que eso no merma su interés en tu hija política.

Irasue la barrió de arriba hacia abajo, algo que le resultó incómodo y le preocupó el comentario que fuera a soltar. Mientras Shippō y Kanna se mantuvieron al margen, viendo la charla entre las dos.

—No dudo de tus encantos, querida —atacó sin miramientos—. ¿Pero has visto a la modelo?

—Aush… —Exclamó «dolida»—. Gracias, yo también te quiero.

—No dudo de mi hijo, pero eso no quita que sea hombre…

—Lo bueno es que no dudas de él —rió—. Vamos, el día que tú hijo quiera cogerse a otra que no sea yo, me lo dirá en la cara y me pedirá el divorcio. Así que tranquilízate, la irlandesa no ha podido superar mis «encantos».

—Vaya seguridad, no sé dónde he visto antes —sonrió menguadamente—. A sí, de André. Eres su misma imagen, Rin.

—Gracias por el cumplido —sonrió halagada—. Y cómo te lo dije, no tienes nada de que preocuparte. Tú hijo no me es infiel, y el matrimonio va perfecto.

—Confió en ti, cariño.

—Gracias —suspiró algo incomoda—. Diablos, ¿saben dónde quedan los baños?

—¿Te anda jefa? —Shippō preguntó divertido.

—Sí, desde hace rato que me lo estoy aguantando.

—Los de la prensa están al fondo a la derecha —le informó, Kanna.

—¿Lo públicos? —Preguntó empezando a retorcerse.

—¿Por qué los públicos? —Le preguntó intrigada su suegra.

—Porque ahorita están solos, y los otros…ya te imaginaras…

—Están en la primera planta, en el primer pasillo a la derecha, jefa —le informó Shippō.

—Muchas gracias…

Sin pensárselo mucho, salió trotando de la habitación, para dirigirse hacia los sanitarios tan rápido que le fuera posible, antes de que alguna desgracia le pasara.

Se evitó la pena de tomar el ascensor del recinto, al ser sólo un piso de diferencia, así que opto por las solitarias escaleras. De esa manera llegaría más rápido y evitaría cualquier platica innecesaria.

Luego de su molesta caminata sobre los escalones, empezó a recorrer el gran salón en dónde se realizaría la función principal. Se percató que algunos invitados ya habían llegado. A pesar de ello, parecían perdidos en sus propios asuntos, por lo tanto, pasó desapercibida por todos, hasta que topó sin querer con alguien.

—Lo siento…

—Rin —fue interrumpida, por esa voz que conocía a la perfección.

Levantó la mirada y se encontró con el rostro de Sesshōmaru, que estaba siendo acompañado por Inu No Taishō, Izayoi e Inuyasha.

—¡Oh! —Sonrió tontamente—. Viniste.

—¿El trabajo? —Espetó parcamente.

—Sigo con ello, pero he venido a… —Miró a los presentes, que le sonreía al verse ignorados—. ¡Tíos! ¡Mocoso! —Exclamó y se acercó a los mayores, para saludarles con un beso en la mejilla—. Me alegra verlos por acá.

—Igualmente, hija —habló Izayoi—. Por lo que veo, estas muy ocupada.

—Bueno, algo así… —Sonrió a medias—. Ya terminé con las entrevistas, pero me falta cubrir el espectáculo.

—Supongo que Irasue, debe estar causándote presión —afirmó Inu No Taishō.

—De hecho, sí. Está en el camerino checando lo que se ha logrado hasta ahora.

—Ya veo que lo de explotador viene de familia —carraspeó Inuyasha.

—Algo así —rió ante el comentario del menor de los albinos.

—¿A dónde ibas? —Volvió a llamar su atención Sesshōmaru.

—A… —En eso recordó de sus ganas de ir a drenar a su inflamada vejiga—. Al baño, y si me disculpan, tengo que ir con urgencia. No tardo.

Se puso de puntas y le dio un corto beso en los labios a su esposo, al cual se había pasado, al darle prioridad al saludo a los demás.

Sin decir más, recorrió el trecho con largas zancadas, así llegando a los benditos baños que, como había supuesto, estaban completamente solos. Sin pensarlo mucho, cogió el primer cubículo a la mano y se adentró a cumplir con sus necesidades.

~O~

Al introducirse a la sala principal, localizo rápidamente a la familia Tukusama, haciendo énfasis en su hijo. El cual parecía más interesado mirando hacia una dirección, que en sus acompañantes. Pero sin darle más importancia, se encamino hacia ellos, con el porte y elegancia que le caracterizaba.

—Buenas noches —saludo con voz apática.

—¡Buenas noches, Irasue! —Izayoi fue la primera en saludarle y darle un beso en la mejilla.

—Hola, querida —sonrió a medias—. Me da gusto el verte.

—Igualmente —le sonrió dulcemente—. ¿Buscas a Rin?

—No, ya sé dónde esta —miró de soslayo a su hijo.

—Así que vienes por Sesshōmaru —acertó Inu No Taishō.

—Tan perspicaz como siempre, querido —se mofó—. Si no les molesta, me lo robo por unos minutos.

Sin si quiera consultarle a su hijo si estaba de acuerdo, dio camino hacia uno de los pasillos más solitarios del recinto. Y sin necesidad de ver hacia atrás, sabía que su hijo le seguía los pasos con calma y sobriedad.

Al detenerse, fijó su atención en Sesshōmaru, quien no parecía muy interesado en lo que fuera a decirle.

—Ya hablé con Rin, pero ella pasa de todo. Esa niña no comprende que ya no es alguien libre y que tiene cosas a las cuales darle importancia.

—Si es por las habladurías, pierde su tiempo, madre.

—Y veo que a ti también te importa poco —alzó la ceja molesta—. Entiendo que no vale la pena el desgastarse en tonterías como esas, pero sabes muy bien que aquí se puede perder mucho.

—No sé a lo que se refiere.

—Sabes muy bien a lo que me refiero, Sesshōmaru —su sonrisa se amplió aun más—. O tal vez, se te ha olvidado el verdadero motivo por el cual te casaste con Rin.

Su hijo frunció el entrecejo fuertemente, mostrando el cólera que se había posesionado de él en cuestión de segundos.

—Sesshōmaru, te conozco muy bien. Y sé que este lindo matrimonio, no fue por amor —le recordó descaradamente—. No los juzgo, creo que han hecho el mejor negocio de sus vidas, y por eso me preocupa que todo su cuento se les vaya de las manos.

—Si esto era de lo que quería hablar, me retiro, madre.

Sesshōmaru se giró con toda la intención de marcharse y dejarla sola, como acostumbraba cada vez que sacaba comentarios que le enojaban.

—Trate de darle un poco de celos a tu mujer, pero por lo visto, ella no parece tener interés en ti —atacó de golpe, consiguiendo que su hijo se detuviera abruptamente—. Me pregunto, sí tu actuarías de la misma manera, si la situación fuera al revés.

Caminó con distinción y parsimonia hasta su hijo, quien se había quedado estático y sin mirarla.

Lo cogió del brazo, ganándose así la intensa mirada dorada, que estaba más oscura que de costumbre. Era como si el iris se hubiera cubierto de un color oro viejo, una mirada idéntica a la de Inu No Taishō, cuando perdía los estribos.

—Dime, Sesshōmaru. ¿Sigues en el juego o no?

—No provoque el que le pierda el respeto, madre.

—Sólo eso me faltaría, que fueras tan ingrato y te olvidaras de quien soy —sonrió de lado—. Ya te lo dije, me preocupa que tu mejor negocio se pierda por tu ineptitud. Y no sólo por los chismes en sí, sino porque no has logrado que tu mujercita esté presada de ti. No hagas que dude de tus capacidades como hombre, Sesshōmaru.

—¿Eso es todo, madre? —Preguntó con los dientes apretados.

—Te aconsejo el que calmes las aguas, tu padre se ha mostrado nervioso y André no esta muy contento con todo este circo. Recuerda que, si deseas ser el siguiente líder de la textilera, no sólo debes mantener contenta a la hija, sino también al padre.

Su hijo se zafó del agarre y se marchó sin decir ni una sola palabra, mientras ella sólo pudo sonreír al ver que, aun tenía el don de provocar la ira de su pequeño cachorro.

A parte, había conseguido más información de la que se había imaginado en esa simplona charla. Algo que, realmente la había dando una grata sorpresa, una que parecía que jamás vería en su vida.

—Quien te viera Sesshōmaru Tukusama —susurró para sí misma.

—Veo que ya conseguiste hacerlo enfadar —dijo una voz grave y potente.

—Es mi hobby, ya sabes…

Inu No Taishō se colocó a su costado, totalmente erguido, con la mirada perdida al frente, con ese frío temple que lo caracterizaba y con las manos en las bolsas del impecable pantalón negro.

—No creo que esa sea la forma de ganarse su amor, Irasue.

—Me ama a su manera, pero lo hace —aseguró—. Y también sabe que esta es mi manera de amarlo.

—No has cambiado nada.

—Gracias.

—Eres imposible, Irasue —rió roncamente.

—Eso me dice mi psicólogo.

—¿Vas al psicólogo? —Interrogó dudoso.

—¿Por quién me tomas, Tukusama? —Preguntó con indignación—. Por supuesto que no, yo no lo necesito.

—Eso suponía.

—Claro…

El silencio se apoderó de ellos rápidamente, algo que curiosamente le hizo recordar aquel tiempo cuando estuvieron casados.

—Supongo que le advertiste sobre los escándalos que han surgido últimamente.

—Sí.

—¿Crees en la palabra de nuestro hijo? —Espetó curioso.

—¿Crees en él, Inu No Taishō? —Lo cuestionó agresivamente.

—Creo que le es fiel a Rin —respondió serenamente—. De lo que dudo es de lo que siente por ella.

—Pensé que ya habías aceptado que su relación era legitima —le miró de reojo.

—A veces no se que pensar de él —fue sincero—. Es algo que me recuerda a ti.

—¿A sí? —Espetó burlona.

Inu No Taishō se giró hacia ella y la encaró abiertamente, como siempre lo había hecho desde que se conocieron.

—¿La ama?

¿Me amas?

Torció los ojos al recordar esa pregunta tan irritante, que le había hecho Inu No Taishō, aquella vez en que su matrimonio se estaba cayendo en pedazos.

—Respóndeme.

—Pregúntaselo a él —hizo un ademan con sus manos, mostrando rechazo y aburrición.

—Él no me dirá nada y lo sabes —dijo con voz escabrosa.

—Yo ya te he dicho todo lo que intuyo, no hay más que decir.

—No has cambiado nada.

—¿Me estas recriminando, querido? —Lo enfrentó si temor—. Porque si a esas vamos, no te quedas atrás.

Inu No Taishō oprimió la mandíbula con tal fuerza, que fue perceptible a simple vista la presión ejercida. Algo que, peculiarmente le heredó a su hijo mayor.

—No, y jamás lo haría —aclaró—. Eres la madre de mi hijo y fuiste mi esposa, mi respeto y cariño siempre seguirán presentes, y lo sabes.

—Menos mal —chasqueó la lengua hastiada—. Como sea, no tengo mucho que decirte al respecto. Lo que sea lo que sienten el uno por el otro, esta ahí. El problema es que los dos son un par de idiotas —sonrió abiertamente.

—¿Qué es lo que te causa tanta gracia, Irasue?

—Nada —mintió—. No te preocupes por los chismes, Sesshōmaru hará algo al respecto.

—¿Te dijo qué?

—No, pero ya tiene la presión sobre su espalda —echó un mechón de su larga melena platinada hacia atrás.

—¿Rin?

—No, esa niña está más atenta en la inmortalidad del cangrejo, que en su propio matrimonio —delineó su ceja con el dedo índice—. Ella confía ciegamente en Sesshōmaru, así que no se preocupa del que dirán.

—Hmm…

—Aunque no estaría mal, el que esa niña fuera un poco más exigente y celosa.

—No puedes pedirle mucho —se cruzó de brazos—. Es la viva imagen de André.

—Por desgracia, pero da igual —miró a su acompañante de abajo hacia arriba, ganándose así la mirada del hombre—. Ya me aburriste, así que me retiro.

—También fue un placer, Irasue —dijo sarcástico.

—De nada —le dio una escueta sonrisa.

Sin decir más, dio paso hacia el segundo piso, en dónde se encontraba el equipo de Rin. Tenía que revisar algunas cosas más, antes que la susodicha se hiciera presente y empezara la siguiente etapa del trabajo.

~O~

Habían pasado unos minutos y su cuerpo se sentía libre de la presión bilógica, que le reclamó su cuerpo. Sin embargo, se había quedado un tiempo más sentada en el inodoro, mandando algunos mensajes que no había podido responder durante todo el día.

Al primero que respondió fue a su padre, el cual se encontraba atendiendo algunos negocios familiares en Londres. Aparte, fue a checar como marchaba las cosas en la vieja hacienda que le pertenecía por herencia.

También le respondió a Hakudōshi y Jakotsu; éste último sería el mayor ausente de la velada, ya que su participación sólo era de invitado y eso no iba de acuerdo con él. Por lo tanto, había decidido el no ir a dicho evento.

Vio la hora en el celular y sólo faltaba diez minutos para que la primicia se hiciera presente, por lo tanto, ya era hora de volver al trabajo.

Al instante en que se alzó de su asiento improvisado, la puerta principal fue abierta de golpe, provocando el que se quedará estática de momento, esperando a escuchar que había ocurrido.

Oyó el errático taconeo y como dicha mujer tocia con una fuerza impresionante, a tal grado que incluso le provoco una sensación de escorzor y dolor en su garganta, de sólo imaginarse el esfuerzo que hacia ante tal acción.

Una de las puertas de los baños fue abierta estrepitosamente y, el circo de vomito se hizo presente. A lo que le hizo posar sus dedos del pestillo de la puerta de su cubículo, para saber que estaba pasando. En especial, al imaginarse lo que dicha mujer está haciendo, provocándole una mezcla de pena y enfado.

Sin embargo, todo su pensamiento paso a pánico, al momento que se escucho un fuerte golpe, que le hizo que se le congelara no sólo el cuerpo, sino también el alma.

Abrió la puerta y giró su rostro hacia la dirección que había escuchado todo y se encontró con un cuerpo semi tirado en el suelo.

—¡Oh por Dios! —Exclamó asustada.

Corrió hacia la mujer y se dio cuenta de que no sólo estaba desmayada, sino que había manchas de sangra sobre la puerta, la taza, las manos de la mujer y el vestido. No era un mar de sangre, pero era preocupante.

Se acercó a la chica sin pensárselo mucho, le retiro el cabello que cubría el rostro de la mujer, para darse cuenta de quien se trataba.

—¡Sara! —Gritó el nombre con angustian—. ¡Sara, por favor despierta!

La cogió entre sus brazos, importarle absolutamente nada, quedando ambas en el suelo. Colocó la cabeza de la modelo sobre su regazo para tratar de ayudarla, pero se dio cuenta que sería imposible, al darse cuenta de que se había dado un fuerte golpe en la cabeza, al tener una considerable abertura en la frente, la cual estaba sangrando.

—¡Sara, por favor! ¡Reacciona! —Pedía inútilmente entre sollozos—. ¡¿Qué hago?! ¿Cómo te ayudo?

Su cuerpo temblaba, sus nervios estaban al tope y no pudo evitar el llorar, ante la situación que estaba viviendo.

Sus ojos no podían creer lo que estaba presenciando, Sara estaba mucho más delgada que antes, la piel estaba pegada prácticamente al hueso y las facciones de su rostro eran exageradamente anguladas.

Habían pasado tan solo unos cuantos meses desde la última vez que la vio, y ahora era prácticamente une esqueleto andante.

¿Por esto había pasado su madre?

Su llanto se intensifico con fuerza, estaba demasiado aterrorizada para poder hacer algo, había entrado en estado de shock, porque en ese momento no estaba mirando a Sara, sino a su madre, a Kikyo.

—¡Lo siento, lo siento tanto! —Decía torpemente entre llantos—. Lo siento…

Su celular empezó a sonar con fuerza, logrando sacarla de su trance y así tomar la llamada que estaba entrando, sin siquiera darse cuenta de quien se trataba…

Rin.

La imperial voz de Sesshōmaru, la trajo de vuelta a la tierra y se dio cuenta de la gravedad de la situación.

Nunca había estado tan agradecida de escuchar la voz de su esposo, como en ese momento.

—Sessh…Sessh…por favor… ¡Dios! —No podía contener sus sollozos.

¿Qué ocurre? ¿Por qué lloras? —Impuso una voz más grave y preocupada.

—En el baño —contestó lo más claro que pudo—. Ven al baño rápido, ha pasado algo horrible. Se trata de Sara…

¿Sara? —Pronunció dudoso.

—Después te explico, pero por favor ven rápido, te lo suplico.

Voy para allá —Sesshōmaru cortó la llamada.

Con manos temblorosas, marcó el número de emergencias, los cuales atendieron su llamada al instante.

Les dio la dirección e hizo caso ante las indicaciones dadas, por la operadora que le había atendido.

Al finalizar la llamada, dejó el móvil en el suelo y posó dos de sus dedos en el cuello de la mujer, para checar el pulso. A pesar de que sabía que, la modelo seguía con vida, en especial al notar la pausada y algo errática respiración de la mujer.

—Vas a estar bien, Sara —trataba de convencerse a ella misma—. Te prometo que vas a estar bien… —habló con la voz quebrada.

No pudo soportar más y volvió a perder contra el llanto, mientras abrazaba el frágil cuerpo de Sara.


¿Cómo han estado mis hermosas lectoras?

Espero que muy bien, que este inicio de año haya empezado con el pie derecho y que todo vaya a la perfección en sus vidas y en la de sus allegados.

Antes que nada, quiero aclarar un pequeño punto que, a muchas de ustedes las dejó con cierta preocupación y mal sabor de boca.

Sí, se trata sobre Inuyasha y los sentimientos que guarda hacia Rin…

Como dije en la nota del capítulo anterior, no es un punto el que deban preocuparse, ni mucho menos para que lleguen a pensar que existirá un InuRin, tal cual en la historia. O sea, yo jamás pondría a los hermanos en contra por una mujer.

Pero tampoco es para que se sorprendan sobre este pequeño juego llamado BROMANCE, el cual he utilizado desde Cambios Inesperados, en dónde la amistad y cercanía creo que daba mucho más a pensar en ese fic, que en Gentle Lie.

Inuyasha no esta enamorado de Rin, su atracción hacia ella es comprensible, en especial al ser un hombre joven que vive al lado de mujer tan carismática y hermosa como Rin. Pero las cosas no pasaran a más. En especial con semejante perro rabioso que tiene la dama en cuestión, como su marido.

Creo que se hicieron un poco bolas, con mi intensión superficial, con mi atracción al InuRin. Que como dije, he planteado mucho más en Cambios Inesperados, que acá…

¿Si algún día llegue hacer algo sobre la pareja?, lo tengo en contemplación, porque la verdad no me quiero quedar con la espinita de como me saldría un fic de dicha pareja, que la verdad me parece interesante y divertida.

Y no se me sulfuren, que aquí no se le esta quitando nada a nadie, ni siquiera Kagome aparece en esta historia, así que no hay algo que afecte gravemente. Así que relájense y tomen las cosas con más calma, que aquí nadie le esta quitando el novio de verdad a nadie. Son solo personajes, así que dalay.

Ya aclarado ese punto, quiero dar las gracias a cada una las personas que han seguido y puesto en favoritos la historia, como también a cada uno de los lectores silenciosos, que, aunque no lo crean, su visita esta registrada.

Y como siempre, mi amor infinito para cada una de mis nenas que me han dejado su hermoso comentario. Los cuales leo con mucho amor y cariño, y las cuales son:

MinaaRose, Millyh Taisho, floresamaabc, GabyInuTisho, frikireader, arg. melber, Maril Delgadillo, Star fiire -Lupita Reyes, RenBellatrix, Daniela Taisho, LilisTaisho, Mayuzz, gina101528, Kazamasousuke, Nohe, BABY SONY, Stephanie.Z, Stella Aparicio Pereyra y Cleoru Misumi.

¡Muchas gracias!

Como cada publicación, les invito que se unan al grupo de Facebook Elixir Plateado, que esta dedicado a la pareja SesshRin. Y que también se pasen a las plataformas en dónde mi querida amiga La Rozeta sube su arte, tanto de nuestra parejita, como de otros animes o series.

Todos los links los encontraran en la descripción de mi perfil de fanfiction.

Bueno mis preciosuras, les deseo un bonito fin de semana, que se la pasen bien, que se diviertan y se me cuiden mucho.

¡Nos estamos leyendo!