28. La primera ceremonia

En cuanto Ron se vistió, salieron los dos para la sala, las chicas iban a piropearles pero, al ver la cara de ambos, ninguna dijo nada.

- Creo que ya sé quien es El Oculto – Exclamó Harry a media voz cuando llegó a donde estaban las chicas

- ¿Quién? – Preguntaron las dos

- El ángel de la muerte

Harry se puso a explicarles la historia de sus sueños, lo que pasó en la playa antes de que supiesen que su tía Petunia había sido asesinada y las explicaciones de Emy sobre ese personaje. Los cuatro sentían un temor creciente dentro de su cabeza, que iba aumentando con las palabras de Harry.

- Daros la vuelta, no quiero que veáis a la novia hasta que esté vestida – Dijo Emy saliendo del baño

Los cuatro hicieron lo que se les mandó sin ninguna replica, ya que no querían que viesen la cara que tenían en ese momento. Las tres profesoras fueron a la habitación de Emy, en donde vistieron y perfumaron a la novia, y luego se vistió la madrina, que era la última en arreglarse. Mientras, Harry abría la puerta para dejar entrar a la profesora Sprout, que traía el ramo de la novia. Por su parte, Ginny y Hermione arreglaban, a golpe de varita, el traje de Ron, por quedarle un poco corto.

- Están muy guapos, chicos, y vosotras estáis despampanantes

- Gracias, profesora, usted también está muy guapa – Exclamó Hermione siendo cortés

- Las bodas siempre son una buena excusa para sacar las mejores galas – Se sonrojó la profesora – Ronald, veo que ha vuelto, es tranquilizador que los cuatro ya estéis en el colegio

- Sí, ya estamos todos juntos – Dijo Ron con tono sarcástico

- ¡Oh! – Exclamó la profesora

Los cuatro se dieron la vuelta y allí estaba la novia. Arabella estaba deslumbrante, realmente bella. Su vestido blanco, de estilo imperial, la sentaba a las mil maravillas, la tela era vaporosa, brillante como si llevara mil estrellas engarzadas a ella y se movía sutil con cada paso de la novia. Estaba muy guapa maquillada y su perfecto peinado, adornado con muchas flores secas pequeñas y blancas, le daban un toque romántico y ensoñador.

- Bell estás preciosa – Exclamó Ginny medio llorosa

- Sí, Bell, hoy estás sublime, no me quiero perder la cara de Remus por nada del mundo – Dijo Hermione

- Gracias, chicas

La profesora Sprout la abrazó lloriqueando y la piropeó una y otra vez. Emy y McGonagall salieron del cuarto, ésta última, también visiblemente emocionada, lo cual era bastante chocante por su habitual rectitud.

Emy se limitaba a sonreír y a disfrutar de la maravillosa escena. Estaba orgullosa de ser la madrina y de haber ayudado a su mejor amiga, le parecía encantador ver a las dos ancianas profesoras emocionadas como colegialas y ver a Harry y a Ron con la boca abierta sin poder decir nada, realmente Arabella era una novia espectacular. Emy no pudo evitar recordar la boda de su hermana Lily y a ella misma, mucho más joven y nerviosa, en medio de todos los preparativos, aún así, no se emocionó por ello, más bien todo lo contrario, le hizo sentirse mejor.

- ¿Vosotros no me vais a decir nada? Tenéis el privilegio de ser los primeros hombres para opinar

- Bella, estás muy guapa, no tengo palabras – Dijo Harry tímidamente

- Si no fuese porque Hermione ocupa mi corazón, no dejaría pasar la oportunidad de decirte que, si Remus no te dice lo espectacular que estás, me presento voluntario para ocupar su lugar – Ron se acercó a la novia, que reía por el piropo, y le dio un cariñoso beso en la mejilla

- Muchas gracias, Harry, y Ron, viéndote a ti, debo decir que no desaprovecharía la oportunidad, unos años más y ni Remus ni nadie – Arabella guiñó el ojo a Hermione y se dirigió a ella – Yo que tú le amarraba en corto, hay mucha loba suelta

- No dudes que lo haré

- Veo que nuestro alumno, Ronald Weasley, ha vuelto más elocuente de lo que ya era cuando se fue – Exclamó McGonagall un poco más recuperada emocionalmente, se fue hacia Ron y Harry y les guió hasta la puerta – Ahora ir a ver si los hombres ya están dispuestos y volver para comunicárnoslo

Harry y Ron fueron al apartamento de Remus y comprobaron que, a parte de estar preparado hacía ya más de una hora, estaba muy nervioso. Volvieron para decírselo a ellas y ya acordaron en que los cuatro jóvenes fuesen yendo hacia el despacho de Dumbledore, junto con el novio y el padrino. El director les esperaba junto con el resto de los profesores, excepto Snape y Wilcox, este último porque no estaba invitado y ni siquiera lo sabía, y el primero porque no le gustaban las bodas y se quedaba acompañando a su colega para las rondas por el colegio.

Dumbledore se había puesto sus mejores galas para oficiar la ceremonia matrimonial, ya que sería él quien los casara. El despacho estaba decorado con flores blancas de aroma intenso, sillas acolchadas en terciopelo rojo para los asistentes y la mesa, en donde normalmente había papeles y artilugios de todo tipo, estaba despejada y con una especie de mantel ceremonial con muchas velas blancas encendidas. Los cuadros de todos los antiguos directores se mostraban inquietos e impacientes hablando entre sí y mirando atentamente a la puerta cuando entraba alguien.

Harry contemplaba todo aquello sin decir palabra, lo que él daría porque fuesen Emy y Sirius los que se casaran allí pero intentaba consolarse con que, quizás, les aguardase algo mejor aún, aunque era bastante difícil. Sonrió al ver, a la izquierda de la mesa central, al profesor Flitwick al frente de una especie de órgano musical, acompañado con unas diez hadas, que revoloteaban a su alrededor jugando y tirándole polvos mágicos encima del pequeño profesor, provocando así, sus continuos estornudos. La hora de la boda tendría lugar definitivamente, les había costado mucho fijarla, a las once de la mañana y ya iban a dar en unos minutos, así que todos los presentes se sentaron a esperar que llegaran los novios. Primero llegó Remus, el cual se comía los dedos, porque uñas ya no le quedaban, junto con el padrino Sirius, aparentemente bastante tranquilo, por lo menos hasta que llegó Emy junto con McGonagall, que ocupó rauda el lugar en primera fila que le había guardado su amiga la profesora Sprout y la enfermera del colegio, la señora Pomfrey.

- Bell ya está abajo, así que podemos empezar cuando queráis

- ¿Qué tal está ella?

- Está preciosa

- No me refiero a eso ¿Está nerviosa?

- Pues la verdad es que no mucho – Emy miró a Sirius mientras procuraba que no se le notara que le temblaban las piernas por lo guapo que estaba – Deberías bajar con ella, te cogerá del brazo derecho y avanzaréis hasta el altar

- Ya sé que tengo que hacer, no es la primera vez

- Bueno, lo siento

- No... no... no era un reproche, era para que te tranquilizaras – Sirius se acercó un poco más a ella y le habló en voz baja – Aunque los nervios y ese vestido forman una bomba explosiva, estás impresionantemente bella hoy, querida

- Sirius, entre los nervios y tu perfume, puedo cometer una locura, así que si prefieres seguir manteniéndome alejada de ti, procura no provocarme – Contestó Emy acercándose aún más a él y dejándole sin habla

- ¡Qué! ¿Vosotros dos vais a seguir tirándoos mucho los tejos antes de que me case o podemos comenzar ya? – Se quejó Remus

- Voy – Emy sonrió pícaramente y guiñó un ojo a Sirius, luego se colgó del brazo derecho de Remus e hizo un gesto para que comenzara la música – Empezamos

Remus y Emy avanzaban por el pasillo bajo la atenta mirada de todos, Emy sonreía y hablaba bajo para que solo Remus la oyese.

- Bell me ha pedido que te dé una sorpresa, es una canción de entrada, así que cuando lleguemos, tú te quedas delante del altar y yo me voy, un poco de lado, para cantarla mientras la novia sube y avanza por el pasillo

- Pero si yo también te he pedido que cantes

- Lo sé pero eso no se lo he dicho

Nada más llegar al altar, la música cambio y el profesor Flitwick y las hadas tocaron "Si tú eres mi hombre y yo tu mujer". Emy comenzó a cantar dejando con la boca abierta a los asistentes que nunca la habían oído, entre ellos Dumbledore. Arabella llegó a la sala del brazo de Sirius y un intenso "¡Oh!" se oyó por parte de los invitados. Todos la miraban embriagados por su belleza y por la música que sonaba de fondo, una melodía tan romántica, que algunos no pudieron evitar emocionarse.

En el altar, Dumbledore dio la bienvenida a los novios, los padrinos y los asistentes. Se mostraba feliz por poder unir a una pareja que, para él, estaba destinada a unirse en sagrado matrimonio, una pareja que, a pesar de las vicisitudes de la vida, sabía enfrentar los problemas con sabiduría y coraje, una pareja que llenaba de orgullo su corazón y el de los presentes. Su discurso, basado en el amor mutuo entre una pareja y ésta con el resto de los amigos y la familia, calentó de esperanza a los asistentes provocando el sentimiento de que, en esta vida, todo podía ir mejor si nos mostrábamos cariñosos y respetuosos con nuestros prójimos. Harry no pudo evitar buscar la mano de Ginny, al igual que hicieron Ron y Hermione. A la mitad de la ceremonia, Emy volvió a elevar su voz para cantar una canción de alabanza a los espíritus buenos, para que protegieran al nuevo matrimonio. Luego llegaron los votos matrimoniales y, tanto Remus como Arabella, mostraron su inmenso amor con palabras muy bonitas. La ceremonia terminó con otro cántico, que esta vez había pedido Remus que se dedicara a su mujer, un tema precioso que prometía amarla por siempre y que desató las lágrimas de la novia. En cuanto la canción hubo terminado, los pocos asistentes y todos los antiguos directores, comenzaron a aplaudir a la feliz pareja para luego abalanzarse sobre ellos, llenándoles de besos y buenos deseos.

Viktor Krum se ocupaba de sacar las fotos que luego completarían su álbum de la boda, así que los novios posaron en varias ellos solo, luego con los padrinos y más tarde con el resto de los invitados. Mientras todos revoloteaban de un lado a otro, Sirius y Emy hablaban, muy juntos, en una esquina apartada.

- Ha sido precioso – Comentó Sirius cariñosamente - ¿Así qué fuiste tú quien cantó esa canción en la boda de James y Lily?

- Sí

- Pero ¿Cómo es posible? No te separaste de tu hermana en toda la ceremonia

- Es que no estaba dispuesta a cantar delante de todas aquellas personas, así que a Lily se le ocurrió grabarme

- Tu hermana siempre pensando en todo – Sirius se acercó un poco más a ella – Repito que ha sido precioso, parecías un ángel

- Gracias, aunque creo que ya me queda poco de ángel

- Es curioso... estoy muy cerca de ti y no noto el habitual campo de fuerza que nos separaba

- Es verdad, yo tampoco lo noto – Emy se extrañó, no se había dado cuenta de ello

- Así que, si te saludo con dos besos... quizás no pase nada

- Sería la primera vez que me saludes así

- ¿Prefieres que te salude de otra manera?

- Bien sabes que sí

- Pues, por si tú no lo sabes, me muero por hacerlo – Sirius se aproximaba hacia ella con toda la intención de besarla en la boca

- ¡Sirius! Te estaba buscando

- ¡PUES AQUÍ ESTOY, HOMBRE! – Exclamó Sirius con cierto tono de rabia por cortarle en ese momento - ¿Qué sucede Hagrid?

- Deberíais haceros una foto los padrinos solos

- ¡Es una buena idea! – Exclamó Emy divertida por la cara de pocos amigos de Sirius - ¿Por qué no vas a decirle a Viktor que, cuando termine, se quede para hacernos unas fotos?

- Tenemos que ponernos ahora, nos haremos una de grupo, todos juntos – Hagrid estaba encantado con todo aquello

Después de varias fotos de grupo, Harry y los chicos quisieron hacerse fotos con Emy y Sirius, una la seis juntos, otra los cuatro jóvenes juntos, otra Harry y sus dos tutores y por último, una Harry con Emy.

Mientras posaban para hacer la foto, Harry aprovechó para hablar con su tía.

- Emy, sé que tú estás al corriente de quien vaga por las noches en el bosque ¿Es el ángel de la muerte?

- No, no lo es – Emy abrazó a su sobrino, luego le besó y le revolvió el pelo como siempre – Harry, tienes que aprender a disfrutar de los pocos días de felicidad que brindan estos tiempos. Hoy no es un buen día para estar con inquietudes, disfruta de la boda y diviértete con Ginny, que está preciosa

- Lo sé... tienes razón, además ha venido Ron. Hoy no es el día, porque todo saldrá bien ¿Verdad?

- ¿Qué puede fallar hoy? – Emy sonrió de nuevo a su sobrino intentando contener las lágrimas

- Ya está – Dijo Viktor

- Nosotros nos vamos a la fiesta, creo que ya están puestos los canapés – Ron metía prisa a Hermione y a Ginny – Venga Harry, deja que se hagan ellos solos unas fotos – Ron soltó una carcajada llena de intención

- ¡Voy! – Harry miró a Emy y a Sirius – Sé que no debería decir esto pero... me alegro mucho de veros juntos y de buen humor

- Y pretendo estar de mejor humor – Dijo Sirius sonriendo

- Hasta luego

Viktor sacó unas cuantas fotos a los padrinos, que no podían apartar sus ojos el uno del otro. Si el profesor de vuelo se despidió, ellos dos no le oyeron.

- ¿Por dónde íbamos antes de que nos interrumpieran?

- Creo, Sirius, que te estabas planteando una nueva forma de saludarme

- ¡Ah, sí! Sabía que era algo así – Sirius se acercó de nuevo a Emy pero volvió a detenerse cuando, la mitad de los cuadros de los antiguos directores, comenzaron a silbarles y a cotorrear – Será mejor que nos vayamos para la sala, está claro que hoy no hay saludo

- Ve tú, yo tengo que ir al apartamento, estos zapatos me están matando

- Será mejor que te acompañe, en estos tiempos nunca se sabe

Emy se limitó a sonreír. Ninguno de los dos dijo nada por los pasillos, solo disfrutaban yendo de la mano y jugueteando con sus dedos, como si fuesen colegiales que acaban de descubrir que se gustan.

- ¡Dobby, Winky! – Emy esperó a que respondieran pero nadie lo hizo – Creo que no están. Buscaré los zapatos

- ¿Y si te doy el saludo aquí? – Sirius agarró con más firmeza la mano de Emy – Tomaré tu silencio como una afirmación

Sirius unió suavemente sus labios a los de Emy. Para ambos, aquella sensación, era igual que flotar, esta vez sí sintieron una energía recorrerles el cuerpo por completo pero era diferente, no era una descarga, era un estremecimiento de absoluto amor y placer. Al continuo beso se le unió un abrazo, sus manos necesitaban tocar a la otra persona para saber que aquello no era un sueño, una ilusión, sino una realidad maravillosa, una bandera blanca en medio de una guerra que pareciera no tener final. La respiración se entrecortaba pero ninguno de los dos estaba dispuesto a separarse del otro, sus cuerpos giraban como en una coreografía y con cada parte de su ser se buscaban para encontrarse. Ambos comenzaron a recorrer zonas desconocidas mientras sus miradas pedían permiso, permiso que no solo era concedido, sino que era obligatorio. Llegaron al cuarto y cerraron la puerta, se separaron un momento, sabían que estaban en la línea, un paso más y se entregarían el uno al otro, como tantas veces habían deseado.

- Me vuelves loco. No soy capaz de ser una persona lógica con respecto a ti, todo lo tuyo me trastoca y me lleva a ser alguien que no puedo controlar... Te amo tanto que a veces me duele ¿Lo sabes, verdad? – Los ojos de Sirius brillaban intensamente

- Lo sé, lo siento así, tú eres mi locura como yo soy la tuya. Así está escrito, es la única verdad de mi vida – Emy se abrazó a él como si de una niña asustada se tratara – Hoy no puede acabarse sin que tú sepas que eres el único, que has sido tú, eres tú y siempre serás tú con quien yo quiero estar... Sirius, yo quiero ser tuya el resto de mi vida... el resto de hoy

Un nuevo beso, mucho más tierno, más cómplice, se forjó entre ellos, las caricias pasaban de la ternura a la pasión. Exploraron cada rincón de ellos, probaron cada centímetro de su ser, contemplaron la hermosura de su desnudez, escucharon con placer cada uno de los suspiros y gemidos que emitieron hasta que ambos se unieron para ser un solo ser. Un silencio reinó en ese momento, un silencio sagrado para que nada, ni nadie pudiera quebrar el instante más puro que habían vivido en toda su existencia y así, desnudos en cuerpo y alma, se entregaron el uno al otro para acabar con la explosión de amor más maravillosa que se puede sentir.

En el cuarto que hay detrás de la mesa de profesores, estaba organizado un cóctel para todos los invitados a la ceremonia antes del almuerzo, ya que a la comida solo asistirían un grupo muy reducido de personas. Todo esto para mantener en secreto la boda y así poder disfrutar de ella sin prever ningún sobresalto. Los novios estuvieron hablando con todos los profesores, excepto los dos no asistentes, durante bastante rato. Sueños, planes de futuro, vacaciones, descendencia y más temas alrededor de la pareja, eran las cuestiones a tratar siempre con humor y buenos deseos.

Llevarían unos tres cuartos de hora allí y ni Emy ni Sirius habían aparecido, así que, tantos los novios como el director del colegio, comenzaron a preguntarse sobre su paradero pero luego se tranquilizaron al saber, por Ginny, que Emy quería ir a cambiarse por estar molesta con el calzado. Nadie pensó ni por un momento que Sirius estuviese con ella, es más, los novios estaban seguros que la estaba liando en la habitación donde ellos pasarían la noche de bodas.

Primero apareció Emy, cinco minutos antes de comenzar a comer, y luego llegó Sirius, cuando ya estaban todos sentados. A la comida se quedaban los novios, los padrinos, los cuatro Guardianes, el director, la subdirectora y Hagrid, el resto de profesores comían en el Gran Comedor para anunciar que, a las cuatro de la tarde, habría un acto especial en esa misma sala. Durante todo el almuerzo, las miradas de complicidad estuvieron presentes pero ninguno de los dos mostró más avance que ese, habían decidido que no era un buen día para anunciar su regreso como pareja, principalmente por no quitar protagonismo a los novios. Sin duda alguna fue una comida muy especial, en la que todos disfrutaron de la buena conversación y de la magnifica comida, especialmente preparada para ellos.

Emy se había encargado de contratar a un grupo de confianza, que conocía ella, para el baile, así que Sirius y ella se marcharon con el pretexto de tener que ir a ayudarles a montar los equipos. Los dos acabaron encerrados en el cuarto de las escobas que hay debajo de la escalera principal del vestíbulo. Evidentemente, allí volvieron a comerse a besos para terminar fundiéndose de nuevo en uno solo. Luego, disimulando lo máximo posible, volvieron al Gran Comedor y ayudaron a los músicos con los pocos equipos que quedaban por instalar.

El baile comenzó a las cuatro en punto de la tarde y allí se anunció, a bombo y platillo, que los profesores Remus Lupin y Arabella Figg habían contraído matrimonio esa mañana y en ese momento iban a abrir el baile como era tradición. Un precioso vals sonó en la sala y a media pieza Sirius no se contuvo más, cogió de la mano a Emy y la sacó a bailar delante de todo el mundo. Muchos se quedaron con la boca abierta, eso sí, por motivos diferentes. Los que les conocían bien, por ver que se estaban tocando sin ninguna clase de descarga, otros por volverlos a ver juntos de nuevo, algunos por lo bien que bailaban y otros por que ambos estaban muy guapos y hacían una pareja impresionante. El caso es que se veía como disfrutaban juntos deslizándose perfectamente por la pista.

- Se me había olvidado lo buen bailarín que eres – Exclamó Emy, la mar de contenta

- Tú tampoco lo haces mal – Ironizó Sirius sabiendo que ella era profesional

Harry y Ginny, lo mismo que Ron y Hermione, salieron a bailar y poco a poco se les fue uniendo la gente. Todos se divirtieron mucho durante todo el baile, aunque las carcajadas de Emy y Sirius por hacer cualquier locura, tenían expectantes a todos sus cercanos, hasta el punto de que ya nadie dudaba que ese mismo día iban a acabar juntos. Los aludidos se escaparon para preparar las bromas en el dormitorio de los novios, lo cual les hizo pasárselo en grande. Salieron de allí para volver a su apartamento y durante todo el trayecto ya no pudieron aguantar más y de las risas pasaron a los besos, los abrazos, las caricias y de nuevo las risas. Se unieron de nuevo, con más pasión y deseo, con más complicidad y menos timidez, para acabar abrazos en la cama, tapados por las suaves sábanas, relajados y felices como cualquier pareja después de haberse amado.

- Tienes que hablar con Harry. Él necesitará, ya en breve, una buena charla que le aclare que le pasa por su mente y por su cuerpo cuando está con Ginny

- ¿Y qué quieres que le diga si ni siquiera yo mismo soy capaz de poner palabras a este día?

- Las pondré yo – Emy se refugió en el pecho de Sirius y lo acariciaba mientras hablaba – Gracias por haber hecho, de la primera vez, lo que siempre había soñado, una experiencia con su justa medida de ternura, romanticismo, misterio y pasión; para mí, la mejor combinación posible

- Te amo

- Y yo a ti y te amaré siempre – Emy sintió la llamada que había estado temiendo todo el día – Sirius, he de decirte una cosa

- Claro, dime

- Hoy habrá otra ceremonia... hoy será La Ceremonia de La Unión

- ¿Qué? – Sirius cambió de talante por completo – Pero... pero... ¿Hoy? ¿Seguro?

- De hecho me están llamando – Emy se repetía una y otra vez "no llores, no llores" – Desapareceré pero nos veremos luego cuando ellos os reclamen como testigos... como la otra vez

- No pasará nada ¿Verdad? – Sirius abrazaba más fuerte a Emy y no sabía por qué

- Será una ceremonia más, da igual lo que suceda, ya todo da igual por que hoy he sido la mujer más feliz del mundo, por fin una mujer completa, llena del amor de su hombre – Emy besó dulcemente a Sirius

- Mañana les diremos a todos que volvemos a estar juntos, incluso se lo diré personalmente al imbécil de Wilcox

- Lo que tú quieras amor... ahora debo marcharme

- Pero Emy... estás desnuda

- Así es como ellos quieren que vaya, dejando el disfraz – Emy volvió a besarle pero esta vez su boca y sus manos temblaban – Te veré luego, te amo

Sirius se quedó allí mirando el hueco que había dejado la marcha de Emy y no pudo remediar que una idea macabra pasara por su mente, visualizó la cama de la abuela con su figura dibujada en las sábanas.