XXVII

Aome P.O.V

Recién salíamos de Atlanta, ya nos encontrábamos en la carretera amplia y recta, por suerte ya teníamos todo empacado. De pronto recibí un mensaje de Inuyasha.

"Ya nació"

-¡AH!- grité sorprendida asustando a Sango y a Miroku que iban a delante.

-¿¡Qué pasó?!- preguntaron los dos al mismo tiempo preocupados.

-¡YA NACIO!- grité con lágrimas en los ojos, de inmediato llamé a Inuyasha.

-Eso fue rápido- Respondió, podía sentir la sonrisa en sus labios.

-¿Cómo es, cómo está mi madre, quién la ayudo? ¡Dime!- respiré agitada secándome las lagrimas pero seguían cayendo.

-Primero que nada respira y saca la cabeza por la ventana- me reí ante su comentario

-Voy a ponerte en alta voz- dije apretando el botón.

-¡Hey Inuyasha escupe de una vez!- dijo Sango riendo.

-Si mira que nos tienes en tensión- agregó Miroku.

Bueno, bueno, les digo. Por cuestiones del universo me tocó a mi ayudarla, hubo una complicación durante el parto así que tuvieron que sacarlo por cesaría, tu mamá es una mujer muy fuerte Aome y para ser sincero no sé como lo hacen, parir es peor que la milicia- los tres nos reímos ante su comentario -¡Es en serio!- seguimos riendo –En fin, ¡Tu hermano es una bola, pesa 3 kilos 195 gramos!-

-Wao realmente es grande- dije sorprendida –¡Dime más como es, dime, dime!-

-Lo único que puedo decirte es que es una bola con cabello negro, solo lo vi cuando lo sacaron y pues estaba cubierto de baba rosada- los tres hicimos cara de disgusto –¿Por cierto crees que Eric me odie? Me siento un poco mal porque me tocó cortar el cordón umbilical, Eric debía hacer eso-

-Bueno no debería molestarse, tal vez se sienta triste pero él entenderá, solo estabas tu así que más bien debería agradecerte- le dije buscando tranquilizarlo -¿Estás con mamá?-

-Ahorita voy camino al hotel a tomar una ducha y luego regreso, mi madre y las trillizas están con ella, cuando llegue te llamo para que hables con ella- quité entonces el alta voz.

-Vale…gracias por esto Inuyasha- le dije en un susurró escuchando su respiración.

-¿Tengo que tener práctica no crees?- su comentario me tomo sin duda por sorpresa pero no pude evitar sonreír.

-Si deberías a demás es probable que yo no sea tan controlada como mi madre- él se rió –No pero en serio de verdad muchas gracias, no tienes idea lo que significa para mi que no haya tenido que pasar por esto sola-

-No te preocupes Aome- fue lo único que dijo –Te llamo en un rato-

-Vale, te amo-

-Yo más-

Miroku no iba lo suficientemente rápido y yo estaba perdiendo la paciencia sin embargo no decía nada ya que sabía que iba lo más rápido posible, tanto por nuestra seguridad como porque su auto no era muy nuevo. Iba impaciente, comiéndome las uñas, Sango se giraba a verme tratando de tranquilizarme pero obviamente era imposible así que decidí que escucharía música ya que siempre lograba relajarme. Inuyasha me llamó aproximadamente una hora después de cuando habíamos hablado, mi madre estaba durmiendo así que no pude hablar con ella sin embargo él me mando una foto de mi hermanito lo cual me hizo sacar lágrimas como una tonta.

Por fin llegamos a Kiawah Island a eso de las ocho de la noche yendo directamente a la clínica en donde Inuyasha nos esperaba en la entrada. Salí corriendo saboreando la brisa salina que tanto caracterizaba a mi hogar hasta llegar a los brazos de Inuyasha en los cuales salté dándole un beso firme. Detrás de nosotros una garganta carraspeó.

-No quisiera interrumpir pero estamos en un lugar público- dijo Miroku con una sonrisa, yo le saqué la lengua mientras Inuyasha los saludaba.

-¿Lista para conocer a tu hermano?- me preguntó haciendo que sintiera mariposas en la barriga por los nervios, él tomó mi mano y me miró a los ojos –Vamos- yo asentí y comenzamos a caminar, bueno yo quería correr pero Inuyasha me mantenía a trote. Finalmente nos encontrábamos frente a la puerta color crema con el numero 471 gravado en una placa de madera –Están adentro- Respiré profundo y asentí girando el pomo de la puerta helado en mis manos.

Al entrar en la habitación todo estaba en completo silencio, una lámpara amarilla alumbraba tenuemente dejando a la vista a mi madre sobre la cama, Eric a su lado y entre los brazos de ambos mi pequeño hermano. Los dos subieron la mirada al verme regalándome la sonrisa más sincera. Con lágrimas en los ojos caminé hasta ellos sentándome en el espacio libre de la cama mientras le daba un beso en la frente a mi madre y uno en la mejilla a Eric. Sin decir nada, mamá tomó al pequeño bulto que estaba en sus brazos arropado en mantas azules. Me mordí el labio mientras sonreía tratando de ahogar las lagrimas, sin problema pero nerviosa tomé al bebé en mis brazos sintiéndome la hermana mayor más feliz del mundo. Sota era una bolita rosa de cabello negro con las mejillas infladas y coloradas.

-Hola hermanito- susurré sonriendo tocando su naricita con mi dedo índice, alcé la mirada viendo como mi madre tenía los ojos cristalizados -¿Cómo estás?- susurré meciendo a mi hermano.

-Un poco cansada y adolorida pero bien, nada que no haya hecho antes- su voz era ronca, notaba el cansancio en sus palabras pero a su vez la felicidad.

-¿A qué hora llegaste?- pregunté viendo a Eric.

-Hace como tres horas- me respondió serenamente.

-¿Qué se siente ser padre de nuevo?- le pregunté recibiendo una simple risita. En eso escuchamos como alguien tocaba la puerta y alzamos la mirada, era una enfermera.

-Disculpen pero ya se han acabado las horas de visitas y es momento de llevarnos al pequeño- informó muy amable la chica. Yo asentí un poco desanimada colocando de nuevo al bebé con sumo cuidado en la pequeña cunita cristal viendo como se llevaban a mi hermano. A penas cerraron la puerta ésta volvió a abrirse dejando entrar a Inuyasha que camino hasta mi lado abrazándome por la cintura.

-¿Cómo se siente?- preguntó Inuyasha.

-Mejor- respondió mi madre sonriente.

-Inuyasha creo que no te hemos agradecido lo suficiente por lo que has hecho- dijo Eric levantándose para darle un abrazo lo cual me sorprendió pero me alegró.

-De verdad que no se que hubiera hecho si no hubieses estado allí- complementó mi madre estirando su mano para que Inuyasha la tomara.

-No hay de qué pero usted realmente fue la que me hizo mantener la compostura- dijo el un poco apenado.

-Siempre tan modesto- respondió mi madre, en eso aparecieron por la puerta la señora Izayoi con mis hermanas, seguidas de Sango, Miroku, Shippo, Kohaku y los señores Stoner para despedirse de mi madre, habían estado en el cafetín comiendo.

Los besos fueron y vinieron en despedidas y felicidades, mis abuelos regresarían en la mañana y vaya que recibirían una sorpresa. El camino de regreso a casa fue bastante gracioso teniendo a las trillizas contando todo lo acontecido durante el día e Inuyasha contando su parte después de que se lo pidiera unas cuantas veces. La señora Izayoi y yo nos encargamos de ayudar a las chicas a bañarse y a quitarse todo el maquillaje mientras Inuyasha hacia algo de cenar para ambos. Las trillizas se durmieron casi de inmediato al igual que la señora Izayoi dejándonos a Inuyasha y a mi solos en la cocina.

-¿Qué tal tu examen?- preguntó mientras acariciaba mi pierna.

-Larguísimo- respondí recordando las cuatro horas que duré –Pero creo que salí bien, logré responder todo por lo menos- El asintió recogiendo nuestros platos y vasos para colocarlos en el lavavajillas automático. De la mano caminamos hasta el sofá en donde nos desplomamos uno encima de otro -¿Qué día ja?- susurré abrazando su torso.

-Y que lo digas, de verdad no tienes idea de cuantas veces entré en pánico-

-Pero lo hiciste bastante bien a mi parecer- por impulso subí la mirada viendo su ojos fijamente –Algún día serás un buen padre- las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera pensarlas cosa que siempre me sucedía con él. Noté la sonrisa ante mi comentario o tal vez se burlaba de mi porque debía estar roja como un tomate.

-Siempre y cuando tu seas la madre- susurró dándome un beso en la punta de la nariz abrazándome más a su cuerpo lo cual me hizo reír nerviosamente –Me iré pasado mañana con mi madre a Nashville, apuesto que quiere pasar un día más con tu familia, regresaré el veinticuatro por la noche después de la cena- yo asentí, ya lo extrañaba pero era justo que pasara tiempo con su familia.

-Ya te extraño- susurré enterrando mi rostro en su cuello, el simplemente me apretó más fuerte –Inuyasha…- aquella no era una pregunta que quería hacer pero sabía que era necesaria -¿Cuándo te vas exactamente?- él sabía a lo que me refería por lo que tensó sus músculos –Dime…-

-El primero de Enero- la fecha me cayó de la patada sentí como si un luchador de sumo me cayera encima y se revolcara sobre mi robándome el aire –No me dejan ni pasar la resaca tranquilo…- murmuró buscando humor en la situación, yo me reí débilmente el me arregló entonces sobre su regazo dejando mis piernas a cada lado, alzó mi rostro con su mano en mi barbilla haciendo que lo mirara a los ojos –Te prometo que daré lo mejor de mi para regresar pronto- con un nudo en la garganta asentí y lo abracé por el cuello, nos quedamos así por un rato –Aome…estás un poco tensa ¿No crees?- no pude evitar sonreír ante la frase que tanto había utilizado las últimas semanas para relajarme de la mejor manera. Sin responder se levantó del sofá llevándome consigo tal y como estábamos –Hay que arreglar eso- dijo haciéndome reír mientras subía las escaleras dirigiéndose a mi cuarto.


Inuyasha se fue junto con su madre dos días después del nacimiento de mi hermano, justo el dia en que él y mamá regresaban a casa. La vida con mi hermano en casa sin duda era bastante diferente y a veces me olvidaba de que tenía un nuevo hermano. Aunque ya eran vacaciones navideñas Kiawah Island estaba usualmente desierta como siempre en esta época, casi siempre venían los turistas durante el verano y la primavera. Los días mientras llegaba Inuyasha traté de mantenerme lo más ocupada posible, decorando la casa, montando el arbolito de navidad, comprando los regalos etc.

En uno de mis tantos viajes de compras pasé por la tienda de antigüedades en donde siempre le compraba los regalos a mis abuelos, miraba una de las tantas vitrinas llenas de dijes, collares, brazaletes, cofres y mil cosas más cuando de pronto divisé un relicario dorado en forma de corazón, por alguna razón llamó mi atención. Con cuidado de no tumbar el resto de las cosas saqué el relicario de la vitrina acariciándolo entre mis manos.

-Ese relicario tiene una gran historia- dijo la dueña de la tienda, la señora Lining –Verá hace muchos años ya en la época de colonización uno de los soldados se enamoró de una chica de alcurnia sin embargo como el era tan solo un peón su unión no era aceptada por sus padres de alta sociedad. Ellos se veían a escondidas por las noches en las penumbras de un viejo árbol de naranjas. El relicario se lo había regalado su abuela el cual contenía en su interior una pequeña flor morada con una foto suya para que la protegiera durante los tiempos de guerra. La chica movida por las intenciones de su abuela quiso hacer lo mismo. En su jardín florecían rosas de primavera amarillas, así que tomó una de las flores y con su imagen aun adentro le colocó el relicario al muchacho para que lo protegiera durante las batallas hasta el día en que se acabara la guerra y pudiesen huir juntos-

-¿Y qué pasó después?- pregunté muy intrigada, de alguna manera podía identificarme con la historia.

-La guerra terminó pero el joven no apareció, la muchacha pensó que el chico había muerto cayendo en una grave depresión, sus padres la comprometieron con un conde pero entonces justo el día de la boda mientras la arreglaban en su cuarto el muchacho apareció, había sobrevivido, sus heridas eran muy graves por lo que tuvo que esperar un buen tiempo a que sanaran antes de poder regresar, sin importar lo que dijera nadie los dos huyeron. Ese relicario los mantuvo unidos hasta el final de sus días y fue de generación en generación hasta que llegó a aquí, la joven que lo trajo explicó que no tenía a quien dárselo- la señora Lining se me quedó viendo con una leve sonrisa –Se que tu novio es Marine Aome, creo que sería un lindo gesto de tu parte si le regalaras esto- Yo la miré y luego volví a ver el relicario en mis manos lo abrí notando que estaba vació –Tu decides que flor poner y la foto que has de agregar-

-Creo que me lo llevo- le dije sonriendo, ella asintió.

Al salir de la tienda decidí que era hora de regresar a casa para dejar los regalos y después ir al a mi lugar secreto, tomar una flor de cayena y colocarla en el relicario. Al llegar a la playa tenía el relicario en mis manos, caminé hasta el árbol inspeccionando cada rama en busca de la flor perfecta sin embargo todas eran muy grandes, pero entonces vi un pequeño retoño que estaba por florecer, con cuidado lo corté de la rama y con cuidado lo coloqué dentro del relicario. Me quedé un rato más en la playa disfrutando de los recuerdos que habían en ella cuando decidí regresar a casa. Cuando llegué le mandé un correo a Izayoi pidiéndole que por favor me mandara la foto de Inuyasha y yo que habían tomado en la boda de Hana, rápidamente me la envió y la arreglé en la computadora para poder colocarla dentro del relicario, la imprimí y la coloqué con sumo cuidado en él, lo cerré con el retoño de cayena dentro y plante un beso sobre la superficie fría guardándolo de nuevo en el pequeño saco de terciopelo en el que me lo había entregado la señora Lining.


Llegó la noche buena y nos encontrábamos en la repartición de regalos luego de la cena tradicional. En eso sonó la alarma de mi celular que había programado para que me avisara cuando debía salir para ir a buscar a Inuyasha. Eran las nueve de la noche así y él llegaba a las nueve y media. Salí al garaje y tomé la van de mi madre excusándome unos minutos para ir a buscarlo. Cuando iba llegando al aeropuerto no pude evitar sentirme ansiosa por verlo. Me estacioné teniendo aun que espera quince minutos para su llegada. Me fui a la zona de recibimiento, el aeropuerto estaba prácticamente desolado como era de esperarse. Ahí me encontraba yo parada con vestido vinotinto y sandalias negras de tacón cuando lo vi llegar, estaba recogiendo su bolso el cual guindo en su hombro muy amablemente se despidió del hombre de la puerta, estaba un poco lejos y la urgencia de estar junto a él tomó lo mejor de así que salí corriendo, él de inmediato me miró al escuchar mis tacones en el suelo. En ese momento solo podía verlo a él, noté que dejó caer su bolso en el suelo y abrió los brazos para que saltara en ellos lo cual hice enlazando a su vez mis piernas en su cintura.

-Alguien está feliz de verme- susurró riendo. Yo me despegué para verlo sacándole la lengua para luego darle un beso –Te extrañé- dijo suspirando.

-Creo que mi posición queda clara- dije sonriendo. Con cuidado me puso en el suelo viendo como levantaba con un poco de dificultad su bolso -¿Y tu quién eres? Santa Claus, está como lleno eso-

-¿No crees que iba a llegar sin regalos para todos? A demás mi madre también mandó algunas cosas- Caminamos hasta la van y él colocó su bolso en la parte de atrás -¿Me dejas manejar? Quiero llevarte a un lugar antes de ir a casa- yo asentí un poco insegura pero lo dejé, tenía curiosidad. Inuyasha comenzó a manejar pero no estaba segura de a donde íbamos hasta que nos paramos frente a un camino de tierra, era su lugar secreto o bueno nuestro.

-No creo estar con la indumentaria necesaria para subir- le dije bajándome del auto al mismo tiempo que él.

-¿Y quien dijo que ibas a caminar?- con una sonrisa en sus labios se agachó un poco frente a mi insinuando a que me montara en su espalda.

-¿Inuyasha estás seguro? Soy un poco pesada-

-¡Keh! Súbete de una vez- fue lo único que dijo y yo acaté ordenes. Subimos la colina hasta llegar a nuestro destino, hacia un poco más de frio que lo normal pero no llegaba a ser congelante. Con delicadeza me dejo en el suelo mientras admiraba la vista –Quiero darte tu regalo aquí- dijo seguro pero nervioso a la vez, se giró a verme y tomó ambas manos –Aome…- comenzó respirando profundo –Yo se que esto no será fácil, lo que nos viene, no puedo decirte a donde voy y no se hasta cuando tenga que quedarme- sin poder evitarlo el nudo en mi garganta se formó –Por eso…quiero hacerte una promesa- soltó una de mis manos entonces y lo vi buscar en su bolsillo sacando una caja de terciopelo negro haciendo que mi corazón se acelerara desesperado –No…No quiero pedirte matrimonio en este momento porque siento que no es el momento ideal, que no lo podremos disfrutar pero…esto- dijo abriendo la caja –Es una promesa de que volveré y de que algún día nos casaremos, siempre que tu me quieras- en la caja había un collar con dos anillos entrelazados de plata, yo ya estaba en lágrimas asi que con manos temblorosas tomé la caja acariciando los anillos -¿Así que…aceptas?- yo subí la mirada y asentí frenéticamente, él tomó el collar de la caja y me lo colocó con sumo cuidado plantando un beso en mi cuello.

-Mi regalo es algo parecido, pero está esperando en casa- logre decir luego de un momento de apreciar mi regalo. Nos dimos un beso más y volvimos a bajar.

Cuando llegamos a casa Inuyasha parecía el propio Papá Noel saludando y entregando regalos a todos, mi familia también había comprado unas cuantas cosas para él. No fue si no hasta las doce que todos se fueron a dormir que decidí darle mi regalo a Inuyasha, nos fuimos a la playa sentándonos en la arena yo le di la bolsa de terciopelo y el la tomó curioso mientras la abría mostrando el relicario.

-Es un relicario, pero tiene historia, alguna vez protegió a un soldado en la guerra y lo ayudó a sobrevivir y a volver a casa, en él hay una flor de cayena y una foto nuestra…para que te proteja- él abrió el relicario con cuidado viendo su contenido sonrió levemente para cerrarlo de nuevo y colocárselo.

-Gracias- dijo dándome un beso de esos que me quitaban el aire.

-Creo que mejor vamos a mi cuarto- le dije al sentir sus manos en lugares en donde no debían estar en un lugar publico. El se rió y me alzó de manera nupcial hasta llevarme a mi habitación en donde declaramos nuestro amor.

La siguiente semana fue bastante dura, Inuyasha y yo nos separábamos ni para ir al baño, todo lo hacíamos juntos aprovechando cada momento que teníamos. Para mi desgracia llego el 31 de diciembre, día que temí desde que Inuyasha me dijo cuando se iba. Durante el día tuve varios altos y bajos pero Inuyasha me ayudó a mantener la compostura aunque sabía que el también estaba descolocado como yo.

Ese día tendríamos una fiesta en casa con los Stoner, mis abuelos, mi familia, Miroku e Inuyasha. Siempre nos turnábamos, él año pasado fue en casa de los padres de Sango. Todos estábamos muy bien vestidos, no de gala pero presentables.

Sango estaba más tranquila que yo pues ella ya había vivido las ausencias de Miroku sin embargo notaba que no estaba del todo feliz, ella sonreía pero la felicidad no le llegaba a los ojos. Varias veces me percaté de cómo Miroku le daba palmaditas a Inuyasha en el hombro y le susurraba alguna cosa, probablemente intentando animarlo.

De un momento a otro se hicieron las 11:59 pm empezando así la cuenta regresiva en el televisor, siempre veíamos la transmisión en la Gran Manzana de Nueva York.

10…9…8…7…6…5…4…3…2…1…¡Feliz Año!

Gritamos todos en unísono junto a el reportero de la televisión. Como era de esperarse todas las parejas se dieron un beso incluyéndonos a mi y a Inuyasha el cual tenía un leve sabor a despedida lo cual me cayó de la parada pero tuve que ignorar aquello y darle un abrazo a los demás.

Cuando terminamos de recoger y arreglar la casa para que mi madre no tuviera que hacer nada, todos comenzaron a irse. Inuyasha le explicó a mi madre que había una fiesta en el hotel y que quería llevarme, ella asintió sin problema y yo lo vi un poco dudosa ya que no había comentado nada al respecto. Junto con Miroku fuimos hasta el hotel y si había una fiesta pero ni nos molestamos en pasar por ella, fuimos directo a su habitación presidencial y nuestros amigos en una al lado bajo de nosotros. Al llegar a la suite me quedé sin palabras, habían velas por todas partes, pétalos de rosas por el suelo que hacían un camino hasta su habitación en donde se esparcían alrededor de la cama, era hermoso, era romántico, pero era una despedida. Comencé a llorar silenciosamente sintiendo su mano en la mía que me guió hasta la cama acostándome en ella se colocó sobre mi y comenzó a secar mis lágrimas con sus labios plantando besos suaves por donde habían caído.

-Por favor…no llores más, quiero que esto sea el mejor recuerdo para ambos- sus palabras me dolieron aun más haciéndome caer más fuerte en la realidad de que debía irse, pero tenía razón, no era momento para llorar, era el momento para hacer de aquello la mejor noche de nuestras vidas. Respiré profundo tranquilizándome para subir mis manos a sus mejillas y acercarlo a mi para besarlo. Las palabras no eran necesarias nuestras acciones hablaban por si mismas. El toque de Inuyasha sobre mi piel nunca había sido tan delicado, tan lleno de amor y emociones y aunque cada movimiento era una despedida a su vez era un te amo.


Desperté sintiéndome relajada y un poco desubicada, miré a mi alrededor pero estaba sola en la habitación de Inuyasha, el corazón se me aceleró haciendo que me levantara de la cama de un solo golpe corrí hacia el baño peor no había nadie mire en la cocina pero estaba absolutamente sola, volví a la habitación para ver la hora pero ya era demasiado tarde, eran las once de la mañana, Inuyasha definitivamente se había ido comencé a llorar tirándome en la cama cuando entonces noté un papel en su lado de la cama, temblorosa lo tomé leyendo lo que decía con letra tosca.

Aome,

Espero que me perdones el haberme ido pero no podía decir adiós de nuevo, no hubiese resistido y hubiese sido más dramático para los dos. Solo quiero que sepas que te amo y que siempre estas y estarás presente en mi, prometo escribirte lo más seguido que pueda y encontrar alguna computadora para poder hablar por Skype. Estos seis meses han sido los mejores de mi vida y solo puedo imaginar como serán los que vienen a tu lado. No tienes idea de todo lo que te extrañaré. Te amo Aome y se que nos veremos pronto.

Perdóname, Inuyasha

Me quedé perpleja releyendo una y otra vez la carta llorando con toda la fuerza que tenía, luego de unas horas me quedé dormida con las lagrimas frescas en mi rostro y aquel pedazo de papel tan valioso en mi pecho.

Inuyasha se había ido.


Hey! Como estan? Un poco triste este cap pero bueno en algun momento tenía que irse :( qué les pareció? Bueno trataré de actualizar lo más pronto posible! Gracias por el apoyo chicas sus palabras me ayudan a escribir :)

Aqui esta el collar que le dio Inu a Aome - necklaces_detail_img_

Y bueno el relicario creo que no necesita imagen ya que es el que ella le regala en la primera peli :)

Besos! xoxo