Capítulo 28
Derek despertó con el tacto de unos labios cálidos besando los suyos.
Todavía amodorrado por el sueño, levantó una mano con pereza para acariciar a la persona que le había despertado de aquel modo tan agradable. Sonrió cuando sus dedos palparon el corto cabello, y abrió los ojos para toparse con los marrones de Stiles.
- Buenos días – saludó el chico antes de darle varios besos cortos, seguidos de otro más intenso.
El Beta respondió al beso con ganas, y llevó la mano libre hasta la cintura de Stiles, obligándole a que se tumbara encima de él. El adolescente obedeció en el acto y, aprovechándose de la ventaja de su posición, comenzó a besar el cuello y hombros de Derek, besando cada parcela de piel que tenía a su alcance según iba bajando por su cuerpo. Cuando llegó al estómago, y sin ningún tipo de reparo, lamió los músculos tan bien definidos.
Derek sintió un cosquilleo en el estómago, y trató de alejarse de la lengua de Stiles. Pero apenas se movió un milímetro, Stiles le empujó del pecho para que se estuviera quieto, y volvió a lamerle; esta vez desde el ombligo hasta tocar la cinturilla del pantalón vaquero.
- No hagas eso – pidió el hombre lobo, acariciando con calma la espalda de Stiles.
- ¿Por qué no? – preguntó con una sonrisa picarona, dando una nueva pasada que terminó en un beso húmedo - ¿No te gusta?
Derek cerró los ojos, soltando un gemido de placer, pero enseguida se obligó a concentrarse.
- Me recuerda a alguien – murmuró, llevando una mano hasta la cabeza del chico y jugando con su corto cabello – Alguien en quien no quiero pensar ahora.
- ¿Y eso? – apretó las piernas contra las de Derek, obligándole a que él cerrara las suyas y estuviera completamente a su merced – Yo creo que estás disfrutando mucho – lamió uno de sus pezones, ya erectos, para a continuación darle un leve mordisco.
- Hmmm – jadeó con una mezcla de placer y dolor, y nuevamente trató de moverse para quitárselo de encima – Prefiero que seas tú mismo.
- ¿Yo mismo? – preguntó curioso pero sin mirarle a la cara, más concentrado en lo que había de cuello para abajo – Si estoy siendo yo mismo – dio otro lametazo que terminó con un mordisco más fuerte.
- ¡Stiles!
El grito de Derek sonó extraño a sus propios oídos. Como más lejano.
Volvió a sentir la lengua y los dientes del adolescente sobre su cuerpo, ajeno a su petición, pero entonces fue consciente de otros detalles.
Lo primero que le llamó la atención, y que no cuadraba en aquella escena, era que la cama en la que estaban tumbados, no era como recordaba: No se parecía en nada al colchón de su loft, blando y confortable; sino que era duro como la piedra.
Lo segundo que le extrañó, y que le hizo fruncir el entrecejo pese a que una parte de su cerebro seguía concentrado en aquella lengua; fue el hecho de que el corto cabello de Stiles de pronto había crecido, hasta convertirse en toda una melena de largos y suaves mechones rubios.
La suma de esos detalles, unido a un nuevo mordisco que esta vez abrió una herida en su estómago, fue lo que le llevó a comprender que estaba soñando.
Y que no era Stiles quien estaba allí.
Derek abrió los ojos al tiempo que se incorporaba en el suelo. Sobre él, el cuerpo de Kate permaneció bien aferrado a su cintura, con una pierna a cada lado cual amazona cabalgando un purasangre. Las manos de la mujer jaguar recorrieron su pecho desnudo, manoseándolo, y sonriendo con picardía cuando fue consciente de que Derek ya había despertado.
- Buenos días, cielo – canturreó.
Derek no tenía ni idea de dónde estaba ni cómo había llegado allí, pero tampoco quiso perder el tiempo averiguándolo. Ahora sólo quería quitarse a Kate de encima, y dejar de sentir el peso de su cuerpo sobre el suyo.
Le agarró de la cintura con ambas manos y la lanzó con todas sus fuerzas, al tiempo que empezaba a incorporarse para poner los pies en el suelo.
Kate salió despedida al haber sido cogida por sorpresa, aunque se repuso con rapidez. Y antes de que Derek hubiera terminado de ponerse de pie, ella ya estaba a su lado, empotrándole contra una pared de piedra de la que sólo ahora era consciente.
Desde su nueva posición, pese a estar acorralado entre la pared y un depredador que ya tenía los colmillos fuera, Derek fue capaz de hacerse una idea del sitio donde estaba: Era una pequeña cueva, de unos cuatro metros cuadrados, con una obertura que debía dar acceso a otra más grande. Aunque no podía estar realmente seguro, pues tras ese hueco no había más que oscuridad.
Si ahora mismo podía ver algo, era gracias a una pequeña hoguera que había en el otro extremo de la cueva.
El lugar resultaba claustrofóbico, aunque de fondo podía oír el sonido de agua corriente, indicativo de que debía haber un río (tal vez subterráneo) por allí cerca.
Hacía años que no estaba en el interior de una cueva.
La última vez fue cuando su madre vivía, y visitó con ella a la parte de la familia de Sudamérica. Por ello, tuvo claro que se encontraba en una de las miles de cuevas que poblaban aquella zona y que, entre otras muchas especies, servían como hogar para los jaguares.
Derek soltó un gruñido… Pese a que ya le había repetido un millón de veces que irían a su territorio para formar su propia manada, no había esperado que lo hicieran en una auténtica cueva. Como si fueran dos simples animales.
Pero estaba claro que Kate se encontraba mucho más cerca de su lado animal que del humano, y que las comodidades hacía mucho que dejaron de tener importancia para ella: En aquella cueva no había más que varias bolsas de cuero, y la fogata que apenas calentaba el lugar.
Después de todo, ella misma lo dijo: Cuando tuvo que abandonar Beacon Hills, durante más de un año vivió en soledad, tan sólo aprendiendo a desarrollar sus habilidades como jaguar, y sin importarle el contacto de otro humano… Hasta que él mismo tuvo que pasar cerca de su territorio, cuando acompañó a Cora para instalarse con la manada, y acabar llamando su atención.
Definitivamente, su mala suerte no parecía tocar fondo.
Sólo necesitó dos segundos para tener una buena panorámica del lugar en que se encontraba, tras lo que decidió que ya era hora de apartar a Kate.
Salvo que no le resultó tan sencillo como esperaba: En cuanto hizo el simple amago de empujarla otra vez, ella le agarró de las muñecas y las levantó hasta colocarlas contra la pared, a cada lado de su cabeza.
Derek trató de soltarse, sin éxito, y ella sonrió con malicia. Se pegó completamente a él, dejando que palpara perfectamente cada curva de su anatomía, y de paso sintiendo ella la suya…
Aunque la mujer se encontró con un pequeño detalle, que no estaba del todo a su gusto.
Kate lanzó una mirada curiosa a la entrepierna del hombre lobo.
- ¿Qué es lo que le pasa al pequeño Derek? – preguntó con ese puchero tan detestable – Hace un segundo parecía estar más contento.
- Hace un segundo creía estar con otra persona – respondió Derek en el acto, sin temor a las posibles represalias.
La sonrisa de prepotencia que Kate tenía, murió en cuanto el hombre lobo le recordó que cada vez que cerraba los ojos, no era ella la que estaba a su lado.
Seguía sin soportar que ocurriera algo así.
Con un rápido movimiento, agarró las dos muñecas de Derek con una de sus manos, colocándolas encima de su cabeza y bien apretadas contra la pared. Con la otra mano, ya completamente libre y con las garras fuera, arañó el pecho desnudo de Derek, dejando cuatro surcos que iban desde el pecho hasta la parte baja del estómago.
Derek apretó los labios, soltando un leve quejido pero al menos sin gritar de dolor, sabiendo que era lo que ella estaba esperando.
- Sabes que así sólo vas a conseguir que me cabree. Y mucho.
El mostró una sonrisa que era todo sarcasmo.
- Lo siento.
Los ojos de Kate brillaron, incapaz de contener la ira, y besó la boca de Derek. Lo hizo de un modo brutal, consiguiendo que chocaran sus dientes con los de él. Y cuando él se negó a mover los labios y responder al beso, no dudó en usar sus colmillos para rasgar el labio inferior del hombre lobo.
Justo en ese momento, clavó una garra en el hombro que aún no había terminado de curarse, y esta vez sí que gritó de dolor. Kate aprovechó para meterle la lengua hasta el fondo y devorar su boca como había deseado hacer desde que le vio tras su regreso a Beacon Hills.
Cuando por fin se separó, las heridas dejadas por sus garras ya habían empezado a cerrarse, dejando sólo restos de sangre manchando la piel.
Derek escupió en cuanto Kate se hubo apartado, una mezcla de saliva y sangre, y la miró con gesto desafiante.
- Por qué eres tan cabezota – murmuró ella, sibilina, pegándose tanto a él que las puntas de sus narices se tocaron.
- Ya te lo dije – respondió con el mismo tono prepotente – El que haya aceptado estar contigo, no significa que te lo vaya a poner fácil.
Kate gruñó, rabiosa, y soltó sus muñecas antes de que le entraran ganas de abrirle en canal de arriba abajo. Soltando un bufido, paseó por la pequeña cueva sin temer que Derek fuera a salir corriendo.
Mientras él se quedó quieto y con la cabeza alta, ella no dejó de dar vueltas, cual animal enjaulado, lanzando de vez en cuando miradas cargadas de odio.
- No lo entiendo – dijo de pronto – Cuando nos conocimos estabas ansioso por estar conmigo… Por tenerme desnuda y sólo para ti… ¿Por qué demonios no puedes ser como antes?
Derek negó con pesar, pero más asombrado que dolido por sus palabras.
- Estás más loca de lo que pensaba – dijo sin tapujos, y de nuevo sin temer las consecuencias - ¿En serio crees que voy a ser capaz de sentir algo por ti que no sea odio?
- Por qué no – replicó, cual niña pequeña - No te pido que me recites poemas de amor, como seguro que habrías hecho con ese mocoso… Pero al menos sé el animal que se supone que eres.
El Beta volvió a negar, cerrando incluso los ojos.
- Es absurdo perder el tiempo intentando explicártelo. Da igual lo que diga, seguirás creyendo lo que te dé la gana.
- Muy bien…
De pronto, cuando parecía que Kate iba a darse por vencida, se abalanzó sobre Derek, pegándose completamente a él. Y cuando Derek, de nuevo, intentó alejarse de ella, ella volvió a sujetarle con facilidad las dos muñecas, golpeándolas con fuerza contra la pared. Lo hizo con tal rapidez, que resultó humillante para el hombre lobo que se suponía que era.
Pero su honor de ex Alpha dejó de tener importancia cuando notó que, con la otra mano, le clavó en el cuello una jeringuilla que no había visto hasta ahora.
Antes de que los efectos del acónito empezaran si quiera a hacer efecto, Kate tiró la jeringuilla al suelo, y con la mano ya libre fue hasta su entrepierna.
El tacto de sus dedos sobre la tela vaquera le provocó un escalofrío, y trató sin éxito de alejarse. Sólo consiguiendo que el efecto del acónito actuara más rápido, al latir su corazón con más rapidez.
- ¡Estate quieto! – gruñó la mujer jaguar, obligándole a separar más las piernas, dándole una patada a uno de sus pies, al tiempo que clavaba las garras en sus muñecas.
Él gruñó de dolor, y Kate aprovechó el momento para apretar su ingle.
Lo hizo con dedos humanos, no queriendo estropear esa parte en concreto de su anatomía; aunque dicha parte no respondió como ella habría esperado.
- Qué coño te pasa – rugió, mirando a una entrepierna que no estaba ni mucho menos dura – ¡Es que te has vuelto un monje!
Derek no protestó esta vez. Sabía que no había mucho que pudiera decir, y en esos momentos lo único que quería era dejar de sentir aquellos dedos asquerosos, aunque fuera por encima de la tela vaquera.
Pero cuando Kate buscó la hebilla del cinturón y, con rápidos movimientos, consiguió desabrochar el pantalón, no pudo seguir mordiéndose la lengua.
- Aparta tus garras de mí – gruñó, tratando de alejarse de ella, y empezando a sentir el mareo a causa del veneno.
- ¿Por qué? – sus ojos brillaron cuando vio la tela de los calzoncillos – Sé lo mucho que te gustaba que te tocara.
Él apretó los labios y luchó con todas sus fuerzas por apartarle de ella, consiguiendo sólo que Kate apretara con fuerza su miembro flácido y aullara de dolor.
- Será mejor que te estés quietecito – advirtió Kate con voz sibilina, un segundo antes de meter la mano dentro del calzoncillo y acariciar la carne blanda.
Derek tragó con dificultad y cerró los ojos en un desesperado intento por alejarse de allí.
Casi deseaba que apretara más fuerte. Que incluso sacara sus garras y las clavara sin miramientos, por doloroso que pudiera llegar a ser… Pero prefería eso a que le estuviera acariciando con cuidado. Como si realmente le importara lo que él sintiera, y quisiera que disfrutara con todo aquello.
- ¿Por qué cierras los ojos? – susurró Kate sin dejar de recorrer los dedos por la parte más íntima de su cuerpo. Y si su voz dulce no era suficiente para causarle ganas de vomitar, le dio un inocente beso en la mejilla – Sé que en el fondo te gusta.
- Preferiría que me dieras otra paliza.
- ¿Eso es una amenaza? – rió, juguetona, besándole esta vez en los labios, pese a que Derek apartó la cara – ¿O sólo intentas ponerme cachonda?
El Beta bufó ante la absurda insinuación, y la miró a los ojos con los labios apretados.
- Creo que no eres precisamente tú la que tiene ese problema.
El comentario consiguió borrar la sonrisa de Kate, y Derek se apuntó un tanto.
- Tienes razón – apartó la mano para tener un buen plano del miembro flácido – Es una verdadera pena – chasqueó la lengua – Con las ganas que tenía de ver lo mucho que habías crecido ahí abajo… - Derek mostró una sonrisa más que desagradable, pero ella no pareció desanimarse – Supongo que tendré que esmerarme un poquito más.
Dicho esto, aprovechando que su prisionero cada vez tenía menos fuerza por el acónito, le besó con rabia, sin darle opción de apartarse y metiéndole la lengua hasta el fondo. Y cuando se separó de él, casi un minuto después, mientras Derek trataba de quitarse el mal sabor, escupiendo, Kate se arrodilló y recorrió el estómago con su lengua. Varias veces.
Derek tragó con dificultad y trató de llevar las dos manos hasta la cabeza de ella, deseando arrancársela, pero la mujer clavó los colmillos en su estómago, traspasando con facilidad la piel.
Mareado por el dolor, que se sumaba al del veneno, esta vez no pudo evitar que siguiera tocando, besando y lamiendo su cuerpo como a ella le diera en gana.
Sólo fue capaz de apretar los labios con fuerza, obligándose a no dejar escapar un mísero gemido (ya fuera de placer o de disgusto), sabiendo que cualquier de las dos opciones sería del agrado de Kate.
Lo que no pudo evitar, por mucho que lo intentó, fue que varias lágrimas se escaparan de sus ojos, al contemplar impotente cómo le usaban: La misma mujer que lo hizo en el pasado cuando era demasiado inocente como para saber lo que estaba ocurriendo de verdad, hasta que fue demasiado tarde; y que volvía a hacerlo ahora, siendo esta vez consciente pero sin poder hacer nada.
Con miedo, como si se tratara de un arma y no unos labios, contempló humillado, avergonzado y asustado, cómo ella le bajaba los pantalones lo justo para dejar libre su miembro, todavía flácido, y acercaba su boca poco a poco, mientras le sonreía desde el suelo.
Pero cuando estaba a punto de rozar sus labios... Cuando ya estaba sintiendo el aliento sobre su cuerpo; Kate paró.
Lo hizo sin previo aviso, como obligada por algo ajeno, y le miró de nuevo.
Aunque esta vez no sonreía.
Al contrario, sus labios mostraban una mueca de molestia, y tenía el ceño fruncido.
- ¿Has oído eso?
Derek, en esos momentos, sólo podía oír el propio latido de su corazón.
Kate no esperó a que respondiera. Se puso en pie rápidamente, y miró en dirección a la overtura que daba acceso al resto de la cueva.
Y al exterior.
Durante unos segundos sólo pudo oírse la respiración agitada de Derek, todavía paralizado pese a que esta vez no había nadie sujetándole. A su lado, Kate alzó un poco el rostro, la nariz, y de pronto sonrió con malicia.
Devolvió entonces la atención al hombre lobo, más que contenta por el hecho de que todavía siguiera alterado… Y si era por un buen motivo o no, eso era lo de menos.
Sin decir nada, fue hacia una de las bolsas de cuero que Derek había visto antes, y se la cargó al hombro.
- Mami tiene que hacer unos recados – dijo con voz dulce, dándole un par de palmaditas en la mejilla – Sé bueno y espérame sentado, ¿quieres?
Derek no respondió. Ni siquiera la miró.
Pero a ella, como siempre, no le importó mucho su mutismo. Sólo se alegró de ver cómo Derek se dejaba arrastrar por la pared, apoyando la espalda contra la fría roca, hasta acabar sentado en el suelo. Una vez allí, no hizo amago siquiera de abrocharse el pantalón.
- No creo que tarde mucho – comentó ella, poniéndose en cuclillas un segundo y dándole un beso en los labios, que él trató de rehuir sin éxito – Pero con suerte traeré algo de comer.
Un segundo más tarde, Derek se quedó solo.
En cuanto dejó de oír las pisadas de Kate, se abrochó los pantalones con movimientos torpes y manos temblorosas. El temblor no cesó una vez que pudo cubrir su cuerpo y sentirse un poco menos expuesto.
Se limpió con rabia las lágrimas, al ser consciente de que estas no habían parado, y apretó los dientes con fuerza, obligándose a no soltar ningún sollozo… Por mucho que ya diera lo mismo y por mucho que ella no pudiera oírlo. Él sí lo oiría y no quería hacerlo. No quería tener una prueba más de lo atrapado que estaba en aquella situación.
En el fondo era culpa suya por haber sido tan iluso.
Kate le dijo lo que quería de él, y era absurdo pensar que esperaría más tiempo hasta conseguirlo. Más incluso cuando ya había perdido demasiado tiempo teniendo que llevarle a otro lugar y alejarle de su antigua vida. De su hogar.
Se preguntó dónde estarían. La última vez que estuvo consciente, era de noche y estaban en mitad de una carretera. Ahora, sin nada que le permitiera ver el exterior y con el acónito corriendo por sus venas; ni siquiera sabía si era de noche o de día.
Debían haber pasado horas desde que Kate le envenenó por primera vez, y entonces ella dijo que acababan de pasar la frontera. Si hubieran ido corriendo por el bosque, como ella sugirió, ahora podrían estar en cualquier lugar de México. Pero al tener que moverse por una carretera secundaria, y tener que cargar luego con él; no podían estar muy lejos.
El Beta soltó un bufido de disgusto, esta vez hacia sí mismo.
¿Qué más daba dónde estuvieran? Ya fuera lejos o cerca de California, nunca regresaría allí. Nunca podría alejarse de ella.
Ni siquiera intentó inspeccionar el resto de la cueva, ahora que estaba a solas.
Acabaría detestando el lugar, daba igual cómo fuera, y ni siquiera tenía fuerzas para ponerse en pie. Y tarde o temprano, más temprano que tarde, tendría que acostarse con ella, por desagradable que resultara…
Intentó pensar con su parte animal, tratando de convencerse de que sólo sería un acto físico. Una necesidad animal, y que en el pasado llegó a ser placentero.
No debería costarle tanto. Aunque sólo fuera para darle lo que quería y que luego se olvidara de él. O con suerte, que le matara cuando ya hubiera cumplido con su parte de compañero y macho de la futura manada.
No encajaba con el comportamiento del jaguar pero, siendo Kate, cualquier cosa era posible.
"Ojalá sea así", suspiró Derek al tiempo que cerraba los ojos, totalmente debilitado por el acónito. Un veneno que cada vez le resultaba menos doloroso por eso de llevar días sintiéndolo en su cuerpo, y que se parecía más a una droga que nublaba todos sus sentidos.
Se preguntó si así es cómo se sentían los humanos cuando acababan de chutarse una buena dosis de cualquier mierda.
Soltó aire con dificultad, notando todavía una leve punzada en el pulmón que Kate perforó el día anterior, e intentó alejar su mente de aquel lugar. Buscar un poco de paz hasta que ella volviera.
- ¿Derek?
Quien le llamó, lo hizo estando a su lado. Tan cerca de él, que no entendía cómo no la había oído llegar, con acónito o no recorriendo sus venas.
Era la voz de una mujer.
Pero no era la voz de Kate.
Extrañado, Derek abrió los ojos. Y cuando pudo ver quién estaba allí, su asombro creció aún más.
- ¿Cora?
Cora Hale asintió. Y cuando vio que Derek no hacía amago por ponerse en pie o decir algo más, se sentó en el suelo para quedar a su altura.
Dudó unos instantes sobre qué hacer. Su hermano estaba pálido y aún había restos de sangre en su pecho, y de lágrimas en sus mejillas. Su corazón latía desbocado, y la tristeza que emanaba de todo su cuerpo era casi asfixiante, junto al leve olor a acónito.
Pero estaba vivo, y eso era lo importante.
Ser consciente de ello, hizo que Cora se decidiera a actuar: Abrazó a su hermano con todas sus fuerzas, apoyando la cabeza en su hombro al tiempo que empezaba a llorar de alegría.
Jamás había permitido que nadie la viera llorar, ni siquiera su único hermano… Pero esta situación era muy distinta a la de cualquier otro día de su vida.
- Gracias a Dios que estás bien – murmuró sin dejar de llorar, y sin dejar de apretar su cuerpo contra el suyo, como si esperara fundirse con él – Estaba tan preocupada…
Notó entonces las manos de Derek, que hasta ahora habían permanecido inertes, agarrando su cintura. Pero en vez de responder al abrazo, como ella esperaba, la apartó un poco de él y rompió el abrazo.
- ¿Cómo me has encontrado? ¿Por qué estás aquí? – preguntó cuando pudo mirarla a la cara.
- Pude sentirte – sonrió, orgullosa de sí misma – Y no iba a dejar que siguieras en manos de esa psicópata - De pronto la seguridad de su expresión desapareció, y empezó a temblarle el labio al tiempo que sus ojos se llenaban otra vez de lágrimas – Siento lo que te dije – susurró, y no necesitó mucho más para abrazarle de nuevo, con más fuerza que antes – No es verdad que mamá y papá murieran por tu culpa. Fui idiota por decirte eso.
Derek tuvo que tragar varias veces para recuperar siquiera el habla.
Seguía sin poder creer que su hermana pequeña estuviera allí. Y no sólo aparecía, como salida de la nada, sino que encima lo hacía para abrazarle (cuando no había hecho nada parecido desde que se reencontraron), y para pedir perdón por lo que le dijo por teléfono tantos días atrás.
Aquello era demasiado… Ni siquiera creía que fuera real, sino una alucinación fruto del cansancio, las heridas que aún no habían terminado de curarse, y tanta concentración de veneno en su organismo.
Pero el olor de ella, el calor que desprendía su cuerpo… Eso era imposible de imitar.
Por fin reaccionó, sobrecogido por las lágrimas de Cora, y respondió al abrazo con ganas. Lo hizo pensando en todas esas veces en que quiso hacerlo en el pasado, pero cuando la culpa y los secretos le impedían mostrar ese resquicio de humanidad que le quedaba.
Ahora no era así. Ahora era más humano que lobo, más chiquillo asustado que hombre; con lo que no era cuestión de pensar si era lo que debía hacer o no. Ahora sólo podía pensar que Cora, su hermana, estaba allí con él, y que le estaba perdonando por lo que ocurrió con su familia.
Si no fuera por lo que había pasado diez minutos atrás, diría que ese era el momento más feliz de toda su vida.
- Está bien – murmuró cuando las lágrimas de Cora no cesaron – No pasa nada. No te preocupes.
- Tenía tanto miedo de que te hubiera hecho daño… – siguió Cora, no rompiendo durante un segundo el abrazo.
"Ya lo ha hecho", se dijo Derek, besándola en la frente.
Ella sonrió, siendo por un instante esa chiquilla de tantos años atrás que siempre sonreía por todo, y que jamás habría imaginado lo que un día llegaría a vivir.
Derek desearía poder verla sonreír todos los días…
Pero ese sueño quedó atrás hace mucho tiempo.
- Tienes que irte antes de que Kate vuelva.
- ¿Irme? – preguntó extrañada, pero luego le miró con determinación – No pienso irme a ningún sitio sin ti.
- No lo entiendes… Ella…
- Sé lo que quiere – le cogió de las manos y las apretó con fuerza – Y sé lo que ha dicho que hará si no te quedas con ella… Pero ha habido un cambio de planes.
- Es demasiado peligrosa… Ya me he enfrentado a ella y apenas pude rozarla.
- Y por eso he llamado a la caballería.
- ¿Qué?
- Creo que se refiere a mí.
Chris Argent apareció de pronto, atravesando la oquedad por la que Derek aún no había mirado siquiera, y apagando la linterna que llevaba en la mano al ver que allí sí había luz.
- ¿Chris? – preguntó con los ojos muy abiertos, al tiempo que se ponía en pie con la ayuda de Cora - ¿Qué haces aquí?
- ¿Tú qué crees? Hemos venido para llevarte a casa.
Derek necesitó unos cuantos segundos para comprender lo que implicaba que el ex cazador estuviera allí, con él, y estando más que claro que había venido con Cora.
Y en cuanto lo hizo, la rabia que había sentido antes, cuando podía notar las manos de Kate tocándole sin su permiso; volvieron a hacer acto de presencia.
Por desgracia, el acónito también le estaba afectando en ese sentido, y su enfado se pareció más un lamento desesperado.
- No… No debías saberlo… - miró a Cora – No deberías estar aquí ninguno… Si ella…
- Ya me encargaré luego de eso – interrumpió el humano – Y siento decirte esto, Derek, pero tú no decides lo que debo o no debo saber.
- No lo entiendo – miró intermitentemente a su hermana y al cazador – ¿Por qué arriesgarte? Sigo siendo tu enemigo.
- Dejaste de serlo hace mucho tiempo – colocó una mano sobre el hombro del Beta – Mucho antes de salvarme la vida con aquella bomba.
- Pero… Es tu hermana… Y yo…
- La familia es mucho más que sangre – dijo con voz grave – Igual que una manada es mucho más que un Alpha y sus Betas.
Derek apretó los labios ante las palabras del cazador.
Si lo pensaba bien, Chris fue el único de los Argent que nunca le puso una mano encima. Incluso Allison lo hizo una vez, cuando las mentiras de su tía estuvieron a punto de pervertirla…
Fue recordar lo que era capaz de hacer Kate, y tuvo clara cuál era la decisión que debía tomar.
- No puedo… - les dijo en un susurro - Si me alejo, ira a por vosotros… La única manera de evitarlo es quedándome a su lado.
- No vamos a abandonarte.
- No os pido que lo hagáis. Soy yo el que ha decidido.
- Eres idiota – replicó Cora – Si no pudiste con ella era porque estabas sólo. Eras un Omega. Pero ahora que estamos todos aquí…
Derek iba a seguir explicando el millón de motivos por los que debían irse de allí, y lo antes posible; cuando el último comentario le hizo detenerse y alzar una ceja en gesto de curiosidad.
- ¿Todos?
Chris pasó el brazo de Derek por sus hombros, ayudándole a mantener su peso, e indicó a Cora que precediera la marcha.
- Todos.
