Los animales son buenos amigos – no hacen preguntas, no critican a nadie.
(George Eliot)

REMUS:

Al día siguiente siguió a sus amigos al desayuno sin hambre. Esa noche sería la luna llena, y sus nervios por el nuevo año harían que la transformación fuera peor. Sentía que los ojos grises de Sirius, todavía nublados por el sueño, miraban preocupadamente cómo movía su comida de mala gana con el tenedor.

-¿Todo bien, Lunático? –Preguntó Sirius eventualmente, pasándole un brazo alrededor de los hombros.-

-Claro, -le contestó, agachando la cabeza para que no pudiera ver lo pálido y cansado que se veía.-

-Quizás debas faltar a clase y quedarte en el dormitorio, -le dijo.

Al escuchar eso se olvidó de esconder su cara y lo miró alarmado.- ¡No! Es el primer día de clases. No voy a faltar.

-Por Merlín, Rem, -habló James, acercándose desde el otro lado de la mesa al ver su cara.- Te ves horrible.

-Más que lo usual, -concordó Peter.

-Gracias, chicos, -les dijo, moviéndose para que el brazo de Sirius cayera, sorprendiéndose al notar que extrañaba el calor.- Realmente saben cómo levantarme el autoestima.

-De verdad te ves mal, Lupin, -comentó una voz mandona al lado de Peter.- Quizás debas ir a ver a madame Pomfrey.

Remus levantó la vista y se encontró a Lily Evans mirándolo con sus grandes ojos verdes. Su amiga, Alice, que estaba sentada a su lado, parecía igual de confundida por su preocupación que los Merodeadores.

-No te metas, Evans, -le dijo Sirius- No es asunto tuyo.

Es asunto mío! –Exclamó, pasándose el largo pelo rojo por encima del hombro y frunciendo- Es un Gryffindor y está enfermo. ¿No recuerdas lo que dijo la profesora McGonagall al principio del primer año? "Su casa será como su familia".

-Nosotros somos su familia, -respondió Peter tímidamente. Nunca se había sentido cómodo hablando con las chicas, pero los Merodeadores parecían ser más importantes que su temor. Remus trató de no mostrar lo mucho que lo conmovían las palabras.

Lily abrió la boca para decir algo más, pero la interrumpió la profesora McGonagall, que entregaba los horarios. Lily tomó el suyo, pero detuvo a la profesora.- ¡Espere! ¡Profesora!

McGonagall la miró cuestionadoramente.- ¿Qué pasa, señorita Evans?

-¿No le parece que Lupin debe ir a la enfermería?

La profesora miró a Remus y puso cara de preocupación.- ¿Está bien, señor Lupin? Quizás deba ir a ver a la enfermera. –Remus notó la forma en que sus ojos miraban al techo encantado, como si el cielo del día le recordara la luna llena de esa noche.

Remus se ruborizó por la atención, volvió a agachar la cabeza.- No quiero. Quiero ir a clase.

-Si está enfermo, no debería esforzarse tanto.

-¡No lo estoy, estoy bien! –No pudo evitar contestarle. Lunático estaba demasiado cerca, y no le gustaba esa invasión a la privacidad de su parte humana.

McGonagall suspiró.- Muy bien, pero puede irse de cualquier clase si se siente mal. –Siguió entregando los horarios. Remus apoyó su cabeza en sus manos, sintiéndose mal por haber contestado así cuando sabía que la profesora sólo quería ayudarlo.

-¡Mira lo que hiciste! –Exclamó Sirius, mirando venenosamente a Lily.-

-Sirius, déjala, -la defendió James- Sólo trataba de ayudar.

-Oh, no la defiendas, James. Es una metida mandona.

-¡No lo soy! –Respondió Lily, indignada.- Sólo…

No esperó a escuchar el resto. Hablaban tan fuerte que le hacían doler la cabeza, y ver toda esa comida le revolvía el estómago. Los estúpidos nervios de principio de año empeoraban todo. Se paró de la mesa sin decir nada y caminó hasta las puertas.-

-¡Lunático! –Escuchó a Sirius llamarlo.- Perdón, amigo. Sé que odias que peleemos.

Remus negó con la cabeza.- Es sólo que no estoy de humor, Sirius.

-Lo sé. Perdón. No tendría que haber dicho nada.

Siempre le parecía raro que Sirius se disculpara tan fácilmente con él. Sacarle una disculpa para alguien más era como sacar sangre de una piedra. Generalmente se reía, o daba un golpe amigable en vez de pedir perdón.

Levantó la vista y vio que Sirius lo seguía observando, preocupado.

-Pero es verdad, Rem. No te ves bien.

-No puedo evitar cómo me veo, Sirius. Malos genes, ya sabes.

Él sonrió.- Sabes que no me refería a eso. Eres un chico muy guapo. Espera un año más y todas las chicas te estarán persiguiendo.

Remus resopló mirando a su amigo. Sirius, aunque no lo sabía, ya había atraído la atención de gran parte de la población femenina de la escuela. El pelo negro le caía suavemente hasta las orejas, y sus rasgos aristocráticos y ojos grises le daban un sentido de elegancia, algo que ni James, ni Remus, ni Peter podían esperar imitar. Todo en Sirius indicaba que era un sangre pura se clase alta, hasta el momento en que la sonrisa Merodeadora le iluminaba la cara.

Remus sabía perfectamente que era pequeño, flaco y lleno de cicatrices. Sabía que su ropa era muy vieja, sus ojos demasiado grandes, y era demasiado tímido como para siquiera ser la mitad de lo atractivo que era Sirius.-

-¿No me crees? –Le preguntó él, todavía estudiándolo con interés.

Se puso colorado.- Como digas, Sirius. –Sacó su nuevo horario y lo revisó.- Mira, primero Transfiguración. Si has terminado de desayunar, deberíamos ir.

Sirius levantó los hombros.- Bueno, -empezaron a caminar en dirección a esa aula.- Tú solo espera. Te van a estar persiguiendo. Persiguiendo.

-¿De qué estás hablando ahora? –Le preguntó exasperado, sin levantar la vista del horario.-

-¡De las chicas!

-¡En serio! –Metió el horario en su bolsillo y sacudió la cabeza.- Sabes tan bien como yo que si lo hicieran, y no lo harán, no podría estar con ninguna de ellas.

-¿Por qué?

-Bueno, ¿qué pasa si se enteran de, ya sabes?

-No les digas.

-Claro, porque esa es una gran base para una relación. No decirles la mitad de lo que soy.

Sirius se quedó extrañamente callado el resto de la caminata hasta el aula. Fueron los primeros y se dirigieron automáticamente a sus asientos, al fondo de la clase. Después de un rato le preocupó que no hablara. Miró a Sirius y vio que tenía cara de preocupación.-

-Eh, -le dijo, tocándole el brazo.- No importa. En serio.

-Pero es tan injusto.

-La historia de mi vida. De verdad que no importa. Lo prometo.

-Nosotros entendimos. Seguro debe haber una chica que también lo entienda.

-Lo sé, -le dijo- Claro que sí. Por eso no debes preocuparte.

Su expresión se relajó y sonrió.- Claro que sí.

La puerta se abrió y empezaron a entrar más alumnos. Tenían esa clase con los de Ravenclaw, así que no eran los únicos que llegaban temprano. Comenzaron a sacar su pergamino y plumas. Remus se sintió aliviado de haber podido calmar a Sirius. Detestaba que la gente se preocupara por él. Cualquier mentirita blanca era mejor que ver esa expresión perturbadoramente adulta de preocupación aparecer en su cara.

Y Remus sabía que había sido una mentira blanca. En realidad, más cercana a una negra. Sabía que nunca se permitiría acercarse tanto a alguien. No podía poner ese peso en los hombros de alguna pobre chica.

No, nunca dejaría que eso pasara. Formar el vínculo con los Merodeadores había sido suficiente. No tenía derecho a hacerles eso a sus amigos. No les importaba ahora, pero algún día se cansarían del deber que sentían por protegerlo y cuidarlo.

-¡Eh, chicos!

Lo distrajo de sus pensamientos la llegada de James y Peter, que lo miraron preocupados. Se forzó a sonreírles y se sintió aliviado cuando le devolvieron la sonrisa.

-¿Todo bien, Lunático? –Preguntó James, y él y Peter se sentaron en las sillas que estaban en frente suyo.-

-Claro.

-¡A sus lugares, damas y caballeros! –Habló McGonagall desde el frente de la clase.- Ahora están en tercer año, y espero que trabajen al mismo nivel.

Remus se acomodó en su silla y empezó a tomar notas.

-Este año estudiaremos transfiguración en animales y humanos. Como estoy segura que ya saben, transfigurar un ser vivo es mucho más difícil que un objeto inanimado. Las pociones para transfigurar gente o animales generalmente son complicadas, y los hechizos que hacen lo mismo son más difíciles todavía. Observen.

Y con eso, se transformó en una gata, con marcas parecidas a anteojos alrededor de los ojos.-

-¡Mierda! –Exclamó Frank desde el frente de la clase.- ¿Vamos a aprender a hacer eso?

La profesora volvió a transformarse y miró a Frank.- La boca, señor Longbottom. Esa fue una transformación animaga. Es un proceso muy difícil de completar y toma años de estudio, además de algunos hechizos y pociones muy complicados.

Muy pocos magos y brujas se vuelven animagos, y quienes lo hacen deben estar registrados en el Ministerio. No aprenderemos eso este año, o en ningún otro. Solamente estaba demostrando un tipo de transfiguración humana. Ustedes, por supuesto, comenzarán por cosas más pequeñas. Hoy tratarán de transfigurar erizos en alfileteros

Apuntó a una canasta que estaba contra la pared más cerca de su escritorio.- Por favor, vengan y con cuidado tomen uno. No toleraré crueldad hacia estos animales. Los llevarán a su escritorio e intentarán la transfiguración. El movimiento de varita es uno hacia arriba y un círculo en el sentido de las agujas del reloj. El encantamiento es ericius mutatio. Observen.

Se acercó a la canasta y suavemente tomó un erizo. Lo puso en su escritorio y demostró el hechizo.- Ericius mutatio. –El animal se transformó en un alfiletero marrón claro, lleno de alfileres plateados encima.- Finite incantatem. –El erizo reapareció, luciendo bastante sorprendido.-

-Eso fue genial, -murmuró Sirius.-

-Pobre erizo, -le contestó Remus.

Sirius giró los ojos.- Vamos, tonto.

Siguió a Sirius hasta el frente de la clase hasta que llegaron a la canasta. Los erizos, que parecían sentir la presencia de una criatura oscura, se alejaron hacia el otro lado de la canasta lo más rápido posible. Todos menos uno, que se quedó mirando a Remus medio dormido por unos segundos, antes de abrir su boca en un bostezo.

Remus se acercó y lo recogió suavemente. Sus espinas le hacían cosquillas en las palmas de las manos, lo sostuvo contra su pecho. No parecía tener nada de miedo. Remus se sentía perturbado. Nunca se había encontrado una criatura que no anduviera, por lo menos, con cuidado alrededor suyo antes, hasta las lechuzas que entregaban el correo lo miraban con sospecha.

-Mi erizo no me tiene miedo, -comentó cuando llegaron con Sirius a su escritorio.-

-¿Y?

-Bueno, la mayoría de los animales me tienen miedo. Excepto algunos mágicos. Y los perros más valientes.

Sirius lo miró, asombrado.- ¿Qué? ¿Hasta cuando no estás lobuno?

Se puso colorado y miró alrededor, para asegurarse de que nadie lo hubiera escuchado.- Bueno, obviamente se pone peor cuando lo soy, -le dijo- pero incluso ahora. Mira.

Se acercó al erizo de Sirius, que lo miró alarmado antes de formar una bola protectora. El suyo se quedó quieto en el escritorio, medio dormido, observando con interés.

-¿Puede ser un erizo mágico? –Preguntó James. Él y Peter habían dado vuelta sus sillas para poder escuchar la conversación.

-¿Será suicida? –Se preguntó Peter-

-No parece suicida, parece aburrido, -le respondió Sirius.-

Remus estiró la mano para acariciar al animal y sonrió cuando él le tocó la mano con el hocico.-

-Creo que acaba de caer en el encanto Lunático, -comentó James-

-¡Caballeros, si no comienzan a practicar, los separaré! –Advirtió McGonagall, acercándose para ver qué estaban haciendo y frunciendo al ver que no había ningún alfiletero.

James y Peter rápidamente tomaron sus erizos, que habían estado esperando impacientemente en sus mesas, y los pusieron en el escritorio de atrás. Los erizos notaron a Remus y se hicieron pelotitas.

-Me siento tan malo, -dijo Remus-

-No es tu culpa, amigo, -aseguró James- Mira esto. ¡Ericius mutatio! –El erizo que tenía en frente brilló y se convirtió en un alfiletero.-

-Sigue peludo, -comentó Sirius-

-Me gustaría ver cómo lo haces tú, Black.

-Bien, -Sirius se aclaró la garganta y movió su varita hacia el erizo.- ¡Ericius mutatio!

Sus espinas se volvieron plateadas, pero no hubo ningún otro cambio.- ¡Mierda!

-¡Ves! –se rió James- No es tan fácil como parece.

Cuando Peter lo intentó, su erizo se aflojó un poco y sus piernas desaparecieron. Para ese entonces, James ya había logrado que el pelo del suyo se fuera.-

-Vamos, Lunático, inténtalo.

-No quiero, -le dijo, poniendo su erizo protectoramente en su regazo.- ¿Qué pasa si lo lastimo?

-¿Cómo sabes que es un "él"?

-Puedo oler que lo es.

Los demás lo miraron.- ¿En serio? –Preguntó Peter-

-Sí, -le respondió, poniéndose colorado.- Puedo. Especialmente con criaturas de sangre caliente.

-Es un poco raro, sabes, -comentó Peter.

Se puso más raro, deseando haberse quedado callado. Sí era raro, raro y primitivo y salvaje. Se mordió el labio y no levantó la vista del erizo en su regazo. Parecía haberse dormido.

-¡No es raro! –Se quejó Sirius, cuando Remus levantó la vista lo encontró mirando venenosamente a Peter.

-¡No quise decir eso, Lunático! –Exclamó Peter, luciendo horrorizado- ¡No de esa forma! Sólo… -parecía no saber qué decir.-

-No importa, Pete, -le dijo, sin mirarlo.- Sé que no fue a propósito.

-Puedes usar mi erizo, -ofreció Sirius, dándole un empujoncito hacia él, haciendo que se encogiera más.-

-N-no. No tengo ganas. –Odiaba tartamudear en momentos como ese. Le recordaba vívidamente el juicio de su padre. No ayudaba el hecho de que se sentía mal y cansado gracias a la cercana luna llena. Su erizo le tocó la mano suavemente, como si sintiera que necesitaba que lo calmaran. Remus se preguntó si de verdad era un poco mágico.

-De verdad lo siento, -dijo Peter, sonando culpable.- Sabes que nunca pienso antes de hablar.

-No pasa nada, en serio, -se forzó a decir Remus, mirando a su amigo.- Es la l-luna. No tú.

-¿Quieres irte? –Preguntó James- McGonagall dijo que podías.

Negó con la cabeza sin decir nada.

Los demás lo miraron preocupados, pero cuando Remus se rehusó a decir más, volvieron a practicar. Remus se quedó sentado en silencio al lado de Sirius, acariciando la pequeña cabeza de su erizo. No levantó la vista cuando Sirius estiró la mano y le dio un apretón, pero se sintió mejor. Le devolvió el apretón y Sirius le dio una sonrisa rápida, antes de sacar su mano y volver a practicar el hechizo.

Para cuando la clase había terminado, Sirius y James podían hacer el hechizo perfectamente, aunque el alfiletero de Peter tenía cabeza de erizo, y sus alfileres eran marrones.

Remus no pudo intentarlo. McGonagall lo notó, pero no dijo nada.

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Esa tarde fue con menos ganas de lo normal que Remus se puso su capa y se preparó para ir con Madame Pomfrey. Peter, James y Sirius estaban jugando Snap explosivo en la cama de Sirius, lo que quería decir que las sábanas estaban medio quemadas.

Mientras se preparaba para irse, Sirius salió de su cama y le puso una mano en el hombro.- ¿Quieres que te acompañemos hasta la enfermería?

Era tentador, pero negó con la cabeza. No quería que ninguno de ellos se arriesgara a ser castigados por estar fuera después del toque de queda.

-No nos atraparán. Iremos bajo la capa de invisibilidad.

-No, -repitió, poniéndose la capa.- Estoy bien, Sirius. Sólo… ¿cuiden a Hamish mientras no esté?

-¿Hamish? –Preguntó James-

-Eh… -Hizo señas hacia su cama y se puso un poco colorado cuando Sirius bajó la vista y se rió, había visto al erizo durmiendo cómodamente en su almohada roja.-

-¿Te robaste el erizo de transfiguración?

-No exactamente, -le contestó, agachando la cabeza.-

-¿A qué te refieres con "no exactamente"? –Preguntó James, sonriendo y acercándose para recoger al erizo. Hamish se retorció un poco, pero se terminó acomodando en sus brazos.-

-Lo rescaté.

Sirius se rió.- ¿De qué?

-De una vida como alfiletero, -explicó- Los Slytherins y Hufflepuffs tenían clase después de nosotros. ¿Se imaginan lo que les podría pasar a los pobres e inocentes erizos en sus manos?

-Eso es cierto, -dijo Peter- Odiaría tener a Quejicus tirándome grasa encima mientras trata de transformarme en alfiletero.

Los demás hicieron muecas ante la imagen.- Eso es horrible, Pete, -se quejó Sirius-

-Me tengo que ir, -miró por la ventana, hacia el cielo que se oscurecía rápidamente.

-Cuidaremos a Hamish, amigo, -le dijo James, llevando el erizo hasta la cama de Sirius, donde las cartas de Snap seguían humeando un poco.-

-¡No te atrevas a jugar Snap con él en tu regazo!

-¡No lo haré! –Se quejó James- ¿Por quién me tomas?

-¿De veras quieres que conteste eso?

Remus evitó el embrujo de cosquillas que James le envió, los saludó con la mano y se fue a la enfermería, para que lo llevaran hasta el Sauce Boxeador.

Hola! Bueno, muchas gracias por los reviews, favoritos y esas cosas xD Como no actualicé ayer hoy entrego el capítulo que debo.. Este me gusta especialmente porque... bueno, me gusta el erizo xD

Muchas gracias por leer, nos vemos!