Capitulo 28:
El cumpleaños de Hermione fue un gran día para todos. La fiesta fue todo un éxito y la celebración se extendió durante la tarde. La chica de Ravenclaw ni se acordó de sus libros hasta que Susan se los devolvió una vez que el sol comenzó a bajar y empezó a refrescar.
Ron por su parte estaba muy contento, ya que estaba seguro que su futura esposa había tenido la mejor fiesta de su vida y tenía la certeza de que a partir de ese día Hermione festejaría su cumpleaños.
Pero las cosas eran distintas en este mundo. En esta fiesta de cumpleaños estaban presente Susan que había conseguido de una manera, un poco drástica, que Hermione festejara, y además, estaban Lisa Turpin y Padma Patil, unas chicas con las cuales Hermione , casi con seguridad, nunca había cruzado una palabra en su mundo de origen. Sin embargo le sorprendió, para bien, ver que las dos le tenían genuino aprecio.
Los días que siguieron fueron bastante tranquilos, pero ni bien entraron en el otoño se empezó a notar que los días duraban cada vez menos y comenzaron a llegar los primeros vientos fríos del norte que arrastraban las hojas secas de los árboles creando parches castaños sobre el césped de los jardines. El cielo perdió su color azulado para adquirir un tinta más grisáceo producido por las nubes, que pronto, no dejarían pasar la luz del sol.
-Bueno...- dijo Harry mirando hacia el sol que todavía estaba alto sobre el horizonte –Tengo un mal presentimiento sobre todo esto...-
Junto a él se encontraban Ron, Susan, Hermione y a pocos pasos de ellos estaba el resto de los integrantes del club de duelo esperando que apareciera el instructor.
-El profesor Black debe tener una razón para citarnos en los jardines en lugar del aula que tenemos asignada.- dijo Hermione pensativa. –Y no es necesariamente una mala razón.-
Ron miro a los alrededores. La mayoría de los chicos se encontraban charlando agrupados por su casa de origen y no interactuaban con los alumnos de otras casas.
Luna estaba conversando con Madeleine Pelton, su compañera de Slytherin. Lavender, Pansy y Parvati estaban sentadas en un banco hojeando una revista corazón de bruja. Hannah reía por algún comentario gracioso de Ernie. Los gemelos y John conversaban en voz baja y parecían estar recordando alguna travesura... o planeando alguna.
La única excepción eran ellos cuatro.
Un minuto antes de que fuera la hora oficial del comienzo los chicos vieron que el auror se acercaba con paso tranquilo al grupo de alumnos. El último de los Black tenía un estilo radicalmente diferente al de el fraude de Lockhart. Para empezar elegía un vestuario mucho más discreto que el antiguo profesor de Defensa. Además se percibía claramente que el hombre sabía lo que estaba haciendo.
-¡Buenos días chicos!- saludó Sirius de buen humor cuando llegó al grupo.
Ese buen humor se debía a que, aparentemente nadie había abandonado. Todo el grupo respondió el saludo del instructor del club de duelo.
-Me complace ver que todos pudieron acomodarse al cambio de horario- dijo Sirius tranquilamente. –Y que recibieron la noticia del cambio de horario.-
En realidad gracias a la lista que había hecho la clase anterior Sirius buscó, con la ayuda de la profesora McGonagall, un horario por la mañana que no interfiriera con las clases ni las prácticas de Quidditch de los miembros del club de duelo.
-Muy bien.- dijo Sirius con voz animada –Formen un semicírculo alrededor mío, por favor...-
En pocos segundos todos se habían reunido en torno a Sirius para escuchar lo que tenía que decir.
-Saber defenderse apropiadamente en una combinación de muchos factores- comenzó a decir Sirius –Se necesitan conocimientos de hechizos, astucia, coraje y trabajar muy duro para ser los mejores.-
Con eso Sirius buscaba aseguraba de incluir las características de todas las casas y que todos sus alumnos pudieran sentirse identificados con la clase.
-La primera parte de la clase será un poco de entrenamiento.- dijo Sirius, y agregó después de unos segundos. –Entrenamiento físico...-
Sirius observo como muchos cruzaban miradas confundidas entre si.
-Sabía que Sirius se traía algo entre manos- le susurró Harry a Ron.
Todos los nacidos muggles parecían saber de lo que estaba hablando Sirius. Sin embargo la mayoría de los sangre pura pestañeaban preguntándose a que se estaba refiriendo el auror.
-Trotar...- aclaró Sirius preguntándose como reaccionarían.
No tardo mucho en darse cuenta que a ninguno de los miembros del club de duelo parecía agradarle mucho la idea.
-Vamos no pongan esas caras- dijo Sirius dándoles animo –Los muggles pueden correr kilómetros y kilómetros sin ayuda de pociones ni nada. Ustedes pueden hacerlo también.-
-En realidad...- comenzó a decir Hermione pero prefirió no continuar con su frase.
-Muy bien, prepárense.- dijo Sirius. –No se preocupen no será mucho solo una vuelta alrededor del castillo... Comencemos.-
El grupo de treinta chicos comenzó a trotar siguiendo a Sirius que iba a la cabeza. En pocos minutos el grupo que al principio era compacto, comenzo a formar una columna que serpenteaba por los bordes del castillo siguiendo al instructor del club. En los primeros lugares iban los que estaban en mejor condición física, en los últimos los chicos que rara vez en su vida habían escuchado lo que era trotar. Ron, por su parte, agradecía haber comenzado a mejorar su estado físico cuando llegó a este mundo, de cualquier forma le costaba horrores mantenerse entre los primeros y al cabo de unos minutos empezó a sentir dolores en el vaso y en el hombro.
Sirius llegó al punto de partida mucho antes que sus alumnos ya que les había sacado unos buenos cien metros. Rápidamente sacó una lista de los miembros del club y fue marcando a los que iban llegando. Los hijos de muggles, en general, estaban mejor que los magos y brujas de sangre pura, seguramente porque practicaron algún deporte en sus colegios. La excepción era Hermione, que evidentemente, era una chica dedicada a su intelecto.
La última en llegar, caminando, pálida y sin aliento fue Pansy Parkinson. Sirius conocía a unos Parkinson, los dos eran un par de discriminadores fanáticos de línea dura, la chica podría ser su hija. Aunque al auror le costaba creer que esa dos personas tuvieran una hija en Gryffindor.
Marcó a Pansy como llegada en el último lugar y se lo volvió hacia su grupo. La imagen era lamentable, la mitad estaban tirados en el césped tratando de recuperar el aliento y la otra mitad no estaba mucho mejor.
Antes de que Pansy pudiera colapsarse en el suelo llamo la atención de la clase.
-Muy bien ¡arriba!- dijo Sirius –Síganme al aula-
Trabajosamente los chicos se levantaron y caminaron detrás del Sirius. Era una suerte que no se cruzaran a nadie ya que eran realmente un grupo lamentable.
Cuando llegaron al aula encontraron que había una mesa con varias jarras de jugo de calabaza. Que Sirius, seguramente, había llevado para que se refrescaran después de la maratón.
En pocos segundos comenzaron a circular vasos cargados de jugo y en poco tiempo, toda la clase recupero el aliento y se sentía de mucho mejor animo. Afortunadamente a ninguno parecía pesarle la distancia trotada minutos antes.
-Vieron les dije que no era tan duro- dijo Sirius.
-Tenía razón profesor Black- dijo Lavender casi completamente recuperada de la actividad realizada.
Casi todos asintieron de buen humor dándole la razón al auror.
-Tómense cinco minutos y continuaremos con la clase- dijo Sirius satisfecho.
Los chicos y chicas del club de duelo se juntaron nuevamente en grupos para continuar charlando. Esta vez sentado en los bancos que había en el aula.
Harry, Hermione, Ron y Susan se sentaron juntos seguidos por la hermana de Harry, que escuchaba la conversación del cuarteto.
-No fue tan duro como lo imagine- dijo Hermione con energía –Nunca fui demasiado buena para educación física ¿saben? Mi hermano siempre fue el deportista de la familia... jugando al fútbol, rugby, críquet y siempre corriendo detrás de cualquier cosa redonda que rebote por una cancha.-
Era evidente que Hermione no compartía el amor de su hermano por los deportes muggles.
-No te preocupes Hermione- dijo Harry terminando su vaso de jugo de un trago –Nosotros no estamos mucho mejor que tu. En el mundo mágico nadie se preocupa por correr... para que, si podemos aparecernos, usar la red flu o volar en una escoba.-
-Es verdad...- dijo Susan –Fíjate que yo termine muy cerca de ti. El único que lo hizo mejor fue Ron.-
-Es lógico que corra rápido si siempre está escapando de las autoridades.- bromeo Harry.
Todos rieron, incluso Ron. La hermana de Harry no.
-Muy gracioso Potter, me recuerdas a Herms en primer año...- dijo Ron.
Hermione le dio un golpe suave en el hombro. No le gusta recordar lo mal que había tratado a Ron.
-Eso fue hasta que me di cuenta que estaba equivocada, contigo Ron- dijo Hermione y agregó seriamente. –De cualquier manera tienes un preocupante hábito de meterte en problemas que seguramente no terminara bien-
-Pero, Hermione...- dijo Harry haciendo una mala imitación de un rostro de inocencia –Tu sabes que los problemas nos encuentran a nosotros.-
-¡Harry!- dijo Hermione. –Recuerda que tu también terminaste castigado y perdiendo decenas de puntos más veces de las que puedo recordar.-
-Y todas las ocasiones lo valieron...- confirmo Harry sin dudarlo, mientras recordaba la vez que Malfoy decidió echarle en cara a Susan que no tenía padres, y había llamado a Hermione sangre sucia.
-¡Harry!- dijo Violet mirando a su hermano severamente con sus ojos verdes. -No se quien te metió esas absurdas ideas de que todo se soluciona con violencia... Debes dejar esa actitud o podrían expulsarte.-
Era evidente que la chica había salido a su madre. Ron no podía imaginar que ese respeto por las reglas viniera por el lado de James.
-Violet...- dijo tranquilamente Harry –Espera a que alguien insulte a tus amigos, o le diga a mamá la palabra más horrible e insultante del mundo mágico y después me dices que fue lo que hiciste...-
La niña sabía a que palabra se refería su hermano, una que debería estar olvidada en estos tiempos de paz. ¿Sería posible que alguien la siguiera utilizando?
Antes de que la niña pudiera seguir meditando Sirius llamó nuevamente la atención de la clase.
-Chicos, chicas...- dijo Sirius parándose al frente del aula –Hasta el momento hemos estado practicando ejercicios que, si bien no tienen nada de mágicos, son esenciales al momento de defenderse. Y, por insignificantes que parezcan, más de una vez me han salvado la vida.-
El auror se detuvo un segundo para comprobar que todos lo seguían.
-Ahora debemos comenzar por un hechizo sencillo pero sumamente útil- dijo Sirius –El expeliamus.-
Muchos se decepcionaron ya que esperaban algo mejor. Mejor dicho, a diferencia de Ron, todos estaban decepcionados.
-Profesor Black...- dijo Zacharias Smith levantando la mano –Creo que muchos esperábamos aprender algo un poco más...- se detuvo unos segundos buscando la palabra correcta –Contundente.-
Sirius parecía esperar esa respuesta.
-Muy bien...- dijo Sirius sin hacerse ningún problema -¿Todos piensan lo mismo?-
Animados por ver un profesor tan accesible todos asintieron y dijeron creían que podían ver algo más avanzado. Ron pudo observar que algunos prefirieron quedarse en silencio como Hermione, Harry, Neville y Cedric Diggory.
-Bien...- dijo Sirius sacando su varita. –Entonces...- con un movimiento de su varita trajo a centro del aula un muñeco de pruebas que sostenía una varita.-Me imagina que nadie tendrá problemas en desarmar a nuestro amigo...-
Sirius miró la etiqueta de la compañía que fabricaba el muñeco.
"Hauser, Hammer und Hirsch" - Prager Strasse Nº 220 – Dresden - Freistaat Sachsen
-Nuestro amigo... Hauser...- completó el auror.
En ese momento todos se quedaron en silencio. Nadie sabía hacer un hechizo de desarme o no se animaba a hacerlo. Ron no abrió la boca, ya que sabía que lo que estaba haciendo Sirius era por el bien de todos ellos (por más que no les gustara).
-El hechizo expeliamus es uno de los hechizos más fáciles de dominar...- dijo Sirius –Y el primero que deben aprender a la perfección antes de pasar a encantamientos más difíciles. Por eso no nos moveremos hasta que todos aprendan a hacerlo.-
De buena o de mala gana, todos parecieron aceptar el razonamiento de Sirius.
Sirius dividió nuevamente a los chicos en grupos de trabajo. Los más grandes tenían alguna idea de lo que debían hacer y después de hacer algunas pocas correcciones y dar unos consejos los dejo practicando.
El grupo de los chicos y chicas de tercero era el más grande y el que creía requería más trabajo. Afortunadamente los buscapleitos presentes en el club eran de gran ayuda, ya que, Ron y Harry, no tenían casi problemas para realizar el encantamiento de desarme. Y estaban mostrándole al resto como hacerlo.
-Con este hechizo les patee el trasero a Crabbe y Goyle como mínimo diez veces- dijo Ron mientras desarmaba a Hauser de un expeliamus perfectamente ejecutado.
-¡Ron!¡La boca!- dijo Hermione reprendiendo al chico. -¡Y no seas arrogante!-
Los que necesitaron más trabajo eran los más pequeños que casi no sabían utilizar sus varitas. A pesar de eso Sirius no tuvo ningún problema en demostrarle varias veces el encantamiento hasta que recordaran bien los movimientos.
-Recuerden damas y caballeros.- dijo Sirius –Enfóquense, hagan los movimientos y digan el encantamiento... sientan la magia fluir.-
El auror notó, que los alumnos de primero y segundo, le ponían mucho empeño al igual que sus compañeros de más edad y que afortunadamente no los desanimaba que los resultados tardaran en llegar.
La primera en obtener un expeliamus bastante decente fue la menor de Weasley,
-¡Lo conseguí! ¡Lo conseguí!- dijo Ginny saltando de felicidad.
-Muy bien Ginny- dijo Sirius satisfecho –Muéstrale a tus compañeros como lo hiciste.-
El auror advirtió que a pesar de su corta edad y supuesta falta de experiencia, la chica tenía una gran destreza con la varita y no tenía ninguna duda de que sería una bruja muy hábil algún día.
Finalmente llegó el final de la clase pero nadie se apuró por irse, lo que Sirius tomo como una buena señal.
Cuando el auror llegó a la mesa de los profesores se lo notaba bastante satisfecho consigo mismo.
-Veo que ha sido una buena clase- dijo Remus ni bien su amigo se sentó.
-No te equivocas Remus- dijo Sirus sonriendo –La poción revitalizadora que estaba en el jugo me salvo... sino creo que ahora no tendría alumnos.- Lupin le dirigió una mirada reprobadora a su amigo –No me mires así Lunático... prometo que la voy a reducirla hasta eliminarla... Fue solo para que no se desanimen.-
-Espero que así sea- dijo Remus por lo bajo –O tendrás problemas... graves problemas.-
-Lo prometo- dijo solemnemente Sirius.
Remus conocía a su amigo lo suficiente para saber que hablaba en serio.
-Bueno...- dijo Remus –Así que dejando de lado que les diste una poción encubierta a tus alumnos...Estás contento con tu clase de hoy.-
Afortunadamente ningún profesor parecía estar escuchando o Sirius tendría problemas.
-Lo haces parecer peor de lo que es, Lunático... Y claro que estoy contento.- dijo Sirius de buen talante -Y ni siquiera la víbora que viene reptando por el costado de la mesa de Ravenclaw va a opacar mi humor.-
Remus observo hacia donde indicaba su amigo y vio que la profesora de Runas se dirigía hacía la mesa de los profesores llevando con bastante trabajo una enorme pila de pergaminos, mientras intentaba acomodarse las gafas. Sirius, por parte, hizo nota mental de nunca darle tarea a sus alumnos del club de duelo.
-Creo que nunca te lo dijimos Sirius, pero en séptimo año con James, hicimos apuesta...- dijo Remus.
-¿Quien ganó?- preguntó Sirius recordando con añoranza las apuestas que hacia con sus amigos.
-En realidad ninguno- dijo Remus lanzando un suspiro. –Yo dije que besabas a Alexandra para navidad y James para pascuas...-
Sirius se atragantó con el jugo que estaba tomando.
-¡Es que los dos están locos!- dijo el auror tosiendo. -¿Rydberg...?-
-James y Lily. Se llevaban bien...- explicó Remus tranquilamente –Y eso había pasado, tu perfectamente te podías besar con Alex...-
Sirius debía admitir que si alguien le decía cuando tenía dieciséis años que Lily y James terminarían casados y con tres hijos, se hubiera muerto de un ataque de risa. Ahora si le hubieran dicho lo mismo de Rydberg y él, se hubiera muerto de un ataque de pánico.
-Es una serpiente arrogante- dijo Sirius por lo bajo con desprecio –Como lo era la mayoría de mi familia...-
-Te repito lo que te dije desde que tenemos doce años- dijo Remus –La estás juzgando mal.-
-No lo creo- dijo Sirius sin pensarlo dos veces –Y espero que a ti y a James se les hallan vaciado la cabeza de esas estupideces.-
-No te preocupes Sirius eso fue hace muchos años...- dijo Remus y agregó riendo –No vamos a echarte amormentia en la bebida, sabes... Aunque los dos lo pensamos... ya que era una buena cantidad de galones la que estaba en juego.-
Sirius palideció un poco pensando en la posibilidad, le dirigió una mirada molesta a su amigo y, dudo un poco antes de seguir comiendo.
Afortunadamente para Remus el almuerzo fue tranquilo, ya que su amigo y su colega de Runas habían decidido simular que el otro no existía.
Por su parte Albus Dumbledore miraba complacido a los tres profesores, ya que, estaba muy satisfecho con su nuevo plantel docente. La clase de Remus era una de las preferidas por la mayoría de los alumnos de Hogwarts y el licántropo estaba recuperando el tiempo perdido en los últimos años de una manera acelerada. Alexandra había conseguido hacer las clases de Runas algo interesante y atrapante, cosa que antes de su llegada nadie hubiera creído posible. Y Sirius estaba enseñando a los chicos de su club a defenderse y por lo que había visto las cosas estaban marchando bien, de cualquier forma debía hablar con Sirius sobre la poción revitalizadora dentro del jugo.
La semana continuó sin que pasara ningún hecho importante. Peter Pettigrew no había dado señales de vida y en el profeta si bien mantenía la foto de el reo fugado en primera plana, cada vez tenía menos paginas dedicadas a su búsqueda y a las novedades del caso. Sin embargo la falsa calma que otorgaba la falta de cobertura periodística no se correspondía con la realidad. Sirius seguía firme en su posición de instructor del club de duelo, y Madame Bones, sin entrar en detalles, le dijo a su sobrina que seguía sumamente atareada con todo el asunto de la fuga.
Ron sabía que algo iba a ocurrir y, no bajó la guardia. Noche tras noche permaneció vigilando el mapa del merodeador durante horas antes de quedarse dormido. Si bien agradecía que John le prestara el mapa, sabía que era mejor no depender del niño que vivió en ese aspecto. Afortunadamente Harry y Susan mantenían sus intenciones de crear su propio mapa y todas las noches se reunían en la biblioteca para adelantar la construcción del mapa. Y si habían progresado mucho, no tenían nada concreto aun, solo un montón de líneas de Runas para transcribir, unas formulas de pociones y lo más importante de todo el compás que trazaría el mapa.
Harry había escrito una carta a un negocio de ingredientes mágicos de callejón Diagon, solicitando un presupuesto. La respuesta llegó rápido y no fue muy satisfactoria. Algunos de los ingredientes, como la cola de unicornio macho, eran muy caros. El dedo de Grindylow, lamentablemente, necesitaba ser comprado personalmente con una identificación que probara que el comprador era mayor de edad.
-No entiendo porque no nos lo venden- dijo Susan sonando molesta, después que Harry les mostró la carta.
Los tres estaban en la biblioteca jugando al ajedrez mientras acompañaban a Hermione, que estaba muy interesada en unos libros.
-Es un ingrediente que se utiliza en pociones que pueden resultar peligrosas si se hacen mal.- explicó Harry.
-Eso significa...- dijo Ron.
-Que vamos a tener que conseguirlo por nuestra cuenta...- completó Harry sombriamente.
-Genial...- dijo Susan desesperanzada.
Los tres se miraron un par de segundos.
-Lo único que no podemos conseguir porque es muy caro o porque no nos lo venden son la cola de unicornio y el dedo de Grindylow.- dijo Harry en voz baja –Las dos cosas las podemos conseguir aquí, en Hogwarts, pero... no tenemos mucho tiempo. Dentro de poco comenzara el invierno. Eso significa nieve y, además, el lago se congelara.-
-Si eso pasa podemos olvidarnos de construir el mapa hasta la primavera.- sentenció Ron.
Bajo las luces de las velas de la biblioteca, los tres se dirigieron miradas graves. Mientras escuchaban como el viento golpeaba en las ventanas.
-Hoy a la noche vamos a buscar un unicornio- dijo Harry sin darle más vueltas al asunto. –Traigan escobas... si tenemos que escapar rápido vamos a necesitarlas.-
Ron sabía que un buen plan de ataque siempre considera la retirada. Ya que podían encontrarse con algo de lo que conviniera huir rápido.
-Llevare la mía- dijo Susan. –Y algunas cosas que podamos necesitas... como unas tijeras.-
-Susan...creo que...- comenzó a decir Ron.
-Iré con ustedes Ron- lo interrumpió la chica.
Ron no quería poner a la niña en peligro, si por el fuera iría solo pero Harry estaba decidido a encontrar al unicornio.
-¡Susie!- susurró Ron tratando de no llamar la atención de Hermione –Puede ser peligroso.-
-El papel de caballero con armadura te queda lindo pero funciona con Hermie, no conmigo Ronnie- dijo la pelirroja tomándole el pelo a Ron. –Y ya sabes como somos los Hufflepuff una vez que nos hacemos amigos no nos despegamos ni en las buenas ni en las malas.-
Ron le dirigió una mirada de reproche a ella y Harry que no dijo nada.
-A las once de la noche en la sala de trofeos.- dijo Harry en voz baja.
Después de la cena Ron volvió a su cuarto y comenzó a preparar lo que necesitaba. Tomo sus dos varitas, su Nimbus 2000 y la escondió dentro de una capa de repuesto. Espero a las once menos veinte con la esperanza de pedirle a John el mapa del merodeador. Lamentablemente el niño que vivió, al igual que sus hermanos gemelos y Lee Jordan, no estaban por ningún lado. No hacía falta ser un genio para imaginarse que es lo que estaban haciendo.
Ron se deslizo por los pasillos de Hogwarts con el mayor sigilo posible. Los prefectos y los premios anuales habían terminado su ronda hacía una hora, pero siempre estaba la posibilidad de encontrarse con algún profesor, o a Sirius y a Remus dando una ronda nocturna. Afortunadamente no se cruzó con nadie en el camino hacia la sala de trofeos. Poco antes de llegar Ron se detuvo en un oscuro pasillo y sacó su espejo.
-Harry, Susan- susurró. –Estoy llegando, ustedes dónde se encuentran-
Afortunadamente los dos chicos no tardaron en aparecer.
-Llegamos hace menos de un minuto- susurró Harry –Estamos junto a la puerta, ven tranquilo que no hay nadie a la vista.-
Ron sin demorarse un segundo guardo su espejo y se dirigió, lo más rápido que pudo, al encuentro de sus cómplices. Cuando el reloj marco las once los tres estaban reunidos.
-Muy bien- susurró Ron –Hagamos esto lo más rápido que podamos. Y tratemos de pasar desapercibidos.-
Los tres comenzaron a caminar hacía la salida más cercana tratando de hacer el menor ruido posible. Los tres se envolvieron en sus capas y se colocaron las capuchas para ocultar sus rasgos. Susan, por su parte, se había tomado muy en serio toda la operación y al igual que cuando entro a la torre de Ravenclaw se cambió el color de cabello y ojos. Para esta ocasión azabache. Ron creía que era una exageración.
-Filch cierra las puertas pero no es nada que un alohomora no pueda abrir.- dijo Harry. –O eso espero...-
En el mundo de origen de Ron la seguridad había sido reforzada después de que Sirius ingresó a Hogwarts, pero aquí Pettigrew no había hecho nada similar, todavía.
-Funcionara, no te preocupes- dijo Ron.
-Y si no funciona. Rompemos un vidrió, le echamos un reparo y corremos lo más rápido que podemos- dijo Susan tratando de restarle seriedad a todo el asunto.
El corredor por el que caminaban estaba bastante oscuro. A un lado tenía una línea de armaduras y al otro lado tenía una sucesión de ventanas por las cuales ingresaba la débil luz de la luna. Afortunadamente llegaron a la puerta sin cruzarse con nadie ni escuchar ruidos extraños.
Cuando llegaron a la puerta se aseguraron de que no hubiera nadie en el corredor antes de abrirla.
-Alohomora- susurró Ron y la puerta se abrió.
Escaparse del colegio era la parte fácil. Lo que venía a continuación era lo difícil.
Lo que encontraron al abrir la puerta no lo esperaba ninguno de los tres. Detrás de la puerta estaba esperándolos una muy enojada chica castaña con uniforma de Ravenclaw, era nada más y nada menos que Hermione Granger.
-Me han decepcionado- dijo Hermione mirándolos severamente con sus ojos castaños.
-¿Hermione?- dijo Susan sin poder creerlo. –¿Como...?-
-¿Se piensan que soy sorda?- dijo Hermione enojada –Estuvieron planeando durante semanas todo el asunto del mapa a dos metros de mi... Sé exactamente que tan adelantados van con ese objeto mágico altamente ilegal y sé que es lo que pensaban hacer hoy. ¡Es que acaso están Locos!-
Ron por su parte estaba sonriendo.
-¿Es que acaso dije algo gracioso Ronald?- dijo la chica mirando duramente a su futuro esposo.
Ron seguía sonriendo y Hermione lo seguía mirando severamente.
-Me alegra que estés con nosotros- dijo Ron dándole un súbito abrazo.
Toda la situación le recordaba a los viejos buenos tiempo en su mundo. Hermione enrojeció y pareció quedarse sin palabras ante el abrazo del chico.
-Y...Yo no vine a acompañarlos- dijo Hermione una vez que Ron la soltó. –Vine a decirles que den medía vuelta y vuelvan a sus salas comunes.¡Si los atrapan los pueden expulsar!- y agregó en su tono más mandón -¡Vamos den la vuelta!-
Hermione permaneció firme en su lugar señalando hacía adentro del castillo. En ese momento se escucho un ruido que provenía de la otra punta del pasillo y que les recordaba mucho al paso arrastrado de Filch.
-Mejor no.- dijo Harry empujando suavemente a sus amigos –Filch viene hacia aquí, rápido no tenemos mucho tiempo...-
Susan no necesito más argumentos y se lanzó hacia fuera. Ron tampoco se demoró un segundo, tomo a Hermione de la mano y la llevo hacia fuera. Una vez que estuvieron todos en la parte exterior del castillo, Harry cerró la puerta.
-Rápido, vamos hacía ese grupo de árboles.- indicó Harry.
Los cuatro chicos corrieron hacia el punto donde indicaba Harry y quedaron cubiertos, de la delatora luz de la luna.
Cuando se detuvieron Ron volteó para asegurarse que nadie los había visto y alcanzó a ver a través de las ventanas un débil resplandor que se acercaba a la puerta por la cual habían salido.
-Escóndanse, rápido- susurró Ron –Filch está por llegar a la puerta...-
Susan se tiro cuerpo a tierra y se quedó muy quieta, Harry utilizó un bloque de granito y Ron y Hermione se escondieron detrás del tronco de un árbol.
El celador abrió la puerta y permaneció cinco minutos completos parado en la puerta sosteniendo su lámpara de aceite sobre su cabeza, escudriñando el exterior antes de volver a entrar. Los chicos no salieron de su escondite hasta que no vieron a que la luz de la lámpara se alejo lo suficiente.
-Eso estuvo cerca- dijo Ron todavía sosteniendo la mano de Hermione.
-Claro que estuvo cerca Ron.- dijo Hermione –Porque te piensas que vine por ustedes.-
-Me alegra que vinieras, Hermie- dijo Susan sonriendo –Me estaba aburriendo de ser la única chica en todo este asunto.-
-No estoy metida en esto- dijo Hermione frunciendo el seño –Vamos, volvamos antes de que realmente estemos en problemas.-
Hermione trato de arrastrar a Ron pero el pelirrojo no se movió. No podía seguir a su futura esposa ya que necesitaba desesperadamente tener un mapa propio y la única forma era esa.
-¡Ron!- dijo Hermione algo dolida.
-Lo siento Herms...- dijo Ron tratando de tener el mayor tacto posible –Tu debes volver... no quiero que te metas en problemas... pero yo tengo que hacer esto.-
Hermione pareció meditar un poco todo el asunto. Era evidente que ninguno de los tres pensaba retirarse.
-Muy bien- dijo Hermione finalmente. –Estarás contenta Susie, de que ya no eres la única chica en esta desastrosa expedición.-
Hermione supo que había hecho lo correcto cuando, a pesar de la oscuridad, vio que el rostro de sus tres amigos se iluminaba. Rápidamente los tres le dieron un abrazo y parecían muy aliviados de que este con ellos. En ese momento Hermione noto que no había soltado la mano de Ron desde que habían salido del castillo. La castaña, muy sonrojada, soltó inmediatamente la mano Ron ya que no creía que estuviera bien ese nivel de familiaridad entre amigos.
Ron no dijo nada el rostro de su futura esposa le dijo que cualquier cosa que dijera sería para peor, lamentablemente.
Los cuatro comenzaron a caminar hacia el bosque prohibido. Cuando llegaron al borde se detuvieron por unos segundos. Delante de ellos tenían se alzaba una impenetrable oscuridad, a unos cientos de metros se veía la casa de Hagrid iluminada por la luz anaranjada de velas y lámparas, alzándose como un faro.
Los primeros metros que se adentraron en el bosque fueron tranquilos. Los ruidos eran los normales para un bosque. Cuando estuvieron seguros de que nadie los vería encendieron unos lumos con sus varitas.
-¿Por donde buscamos?- susurró Hermione.
-Vamos a donde Harry encontró al unicornio asesinado- dijo Ron –Seguramente andan siempre por los mismos lugares.-
-Es una posibilidad- dijo Harry mientras comenzaba a orientarse –Vamos...-
Después de unos veinte minutos de adentrarse en el bosque llegaron al pequeño claro en el cual Harry había visto por primera vez a Voldemort.
-Estoy casi seguro que era por aquí- dijo Harry.
Los cuatro se dispersaron y comenzaron a tratar de encontrar rastros de un unicornio.
Hermione recordó cuando tenía seis años y había ido de campamento al Parque Nacional de Exmoor. Ella había visto bambi un mes atrás y estaba desesperada por ver un venado. Los días pasaron y el animalito no se digno a aparecer. Finalmente su padre se cansó de esperar y tomo cartas en el asunto. Provisto con un mapa, una brújula y un par de prismáticos se adentró con sus hijos en una zona boscosa del parque seguido de sus hijos. Hermione recordaba perfectamente el sigilo con el que les había enseñado a moverse y les mostró que era lo que había que mirar para poder encontrarlo, una ramita rota, pelos en la corteza de un árbol, hojas pisoteadas. El trabajo había tenido resultado y después de veinte minutos consiguieron acercarse a un venado.
Hermione se acerco a un árbol y observó la corteza. Había un par de cabellos blancos y en el suelo una serie de huellas que parecían ser de caballo que salían del claro.
-Por aquí- dijo Hermione siguiendo el rastro y adentrándose más en el bosque.
Harry, Ron y Susan la siguieron de cerca unos cuantos metros hasta llegar a un claro más pequeño que el anterior, donde se detuvieron a buscar nuevas pistas.
Pero, la atención de Ron fue atraída por otra cosa. Un sector del suelo estaba cubierto de cenizas frías, pequeños restos de carbón y huesos rotos de aves. Ron hubiera pensado que fuego había sido hecho por centauros, pero un hallazgo le demostró que estaba muy equivocado. Entre las cenizas encontró un pedazo de tela sucio, roto y algo chamuscado, que no debería tener más de diez centímetros de lado. A pesar del estado en el que se encontraba Ron podía reconocer los antiguos colores del tejido: negro y blanco dispuesto en rayas. Era parte de una túnica de Azkaban. Ron se puso súbitamente pálido al pensar a quien podía llegar a pertenecer.
Lentamente Ron saco su varita y comenzó a escudriñar los alrededores. Solo el silencio y la oscuridad parecían estar presentes en el bosque. Por su parte Susan, Harry y Hermione estaban ocupados buscando pistas.
Ron volvió a observar los restos del fogón. Por el estado del lugar nadie había ahí en semanas. Eso lo tranquilizó un poco, y sin decir nada, guardo el pedazo de tela en el bolsillo. La varita permaneció en su mano.
-Creo que es por acá- dijo Hermione sin parecer muy segura.
-No hay mejores pistas.- dijo Harry –Y tu tienes un talento innato como rastreadora...-
-Claro que no- dijo Hermione enrojeciendo –Mi papá me mostró que es lo que hay que observar...-
Ron no quería estar en el lugar del que fuera perseguido por el padre de Hermione en este mundo.
Los cuatro chicos siguieron un estrecho sendero que habían hecho los animales al caminar y llegaron a un pequeño arroyo que seguramente terminaría desaguando en algún punto del lago.
-¡Miren ahí!- susurro Hermione señalando a la parte superior del arroyo.
Cuando Susan, Harry y Ron voltearon pudieron ver a unas decenas de metros magnifico unicornio blanco.
-Bien hecho Hermie...- dijo Susan y agregó –Creo que es un macho. Las hembras son más pequeñas generalmente-
Los cuatro empezaron a bordear el arroyo con el mayor sigilo tratando de hacer la menor cantidad de ruido posible. Ron, sin embargo, iba más atento a lo que pudiera salir de la oscuridad que al unicornio.
Lamentablemente el unicornio los escuchó y se alejó adentrándose todavía más en el bosque. Pero eso no hizo que Harry, Susan, Hermione y Ron se detuvieran sino que se apresuraran por llegar. Finalmente el unicornio se detuvo después de un par de cientos de metros y comenzó a beber agua del arroyo tranquilamente.
-Creo que nos dejara acercarnos- dijo Harry con cautela.
-Vayan ustedes yo vigilo- dijo Ron que no quería bajar la guardia, un segundo.
-Tranquilo auror Weasley- dijo Susan. –No creo que vaya a pasar nada malo.-
Hacia mucho tiempo que nadie llamaba a Ron de esa forma. De cualquier forma no bajo la guardia. Se habían adentrado demasiado en el bosque para su gusto.
Harry, Hermione y Susan se acercaron al unicornio. El animal parecía haber decidido que los chicos no representaban ninguna amenaza.
-¡Que bonito que eres!- dijo Hermione acariciando el costado del animal. –¿Nos permitirías cortarte unos cabellos de la cola?... Te aseguro que es por una buena razón.-
El animal miro a Hermione y pareció asentir con la cabeza.
-Creo que eso fue un sí- dijo Susan. –Yo me encargo-
Harry por su parte se unió a Ron que estaba algo alejado de la escena.
-Ron, estás preocupado por algo.- dijo Harry. –¿Que es lo que pasa? Parece que no vez el momento de largarte de acá.-
Ron no estaba seguro si compartir lo que había encontrado.
-No creo que tu quieras quedarte aquí mucho tiempo más- dijo Ron esquivando la pregunta.
-Claro que no- dijo Harry –Pero parece que algo te altero desde que entramos.-
Ron decidió no seguir ocultando cosas, sabía que Harry lo odiaba.
-Creo que Pettigrew estuvo acampando en el claro en el que estuvimos antes- susurró Ron.
Susan había dejado su mochila en el suelo y comenzó a atar la cola del unicornio con un cordón, seguramente para asegurarse que los para que la cola formara una especie de ramillete.
-¿Estás seguro?- dijo Harry, mientras apretaba un poco más fuerte su varita.
-Casi...- dijo Ron –Era un campamento viejo, debería tener un par de semanas...-
Susan había terminado de atar el cordón y estaba buscando un par de tijeras en la mochila. Hermione, mientras tanto trataba de mantener al unicornio calmado.
-Más o menos para la época que te encontraste con ese misterioso sujeto en los pasillos.- dijo Harry.
A Ron no le gustaba que Pettigrew estuviera en el bosque prohibido. Evidentemente había decidido no utilizar los pasadizos que unían la escuela con Hogsmead. Había utilizado el camino largo pero seguro, bordeando las murallas y adentrándose en el bosque hasta las montañas, donde las murallas están menos vigiladas y cruzando el territorio centauro. Ron descartaba que los centauros le avisaran a Dumbledore sobre la presencia de Pettigrew. Los dementores podían controlar el perímetro, pero, en su forma animaga no les llamaría la atención.
En ese momento Susan cortó la cola con unas tijeras que parecían ser de peluquería.
-Ahí esta...- dijo la pelirroja sosteniendo el ramillete de cabellos.
A continuación lo guardo en su mochila y saco unos caramelos que se los dio al unicornio.
-Un premio por portarte tan bien- dijo Susan dándole los dulces.
El unicornio parecía encantado con los caramelos y golpeo suavemente a Susan con el hocico pidiéndole más.
-Tengo unos más...- dijo la pelirroja poniendo más caramelos en su mano –Pero te harán mal a los dientes.-
El unicornio no pareció importarle demasiado y comió los últimos dulces de Susan en un abrir y cerrar de ojos.
Repentinamente el unicornio se agitó y comenzó a correr adentrándose en el bosque.
-¿Qué lo habrá asustado?- se pregunto Hermione.
-No quiero averiguarlo- dijo Harry preocupado -Junten todo y larguémonos de aquí-
Ron estaba completamente alerta. El bosque era un lugar peligroso, con o sin Peter Pettigrew.
-Esperen falta algo- dijo Susan.
-¿Que falta?- dijo Ron algo nervioso.
-El compás... necesito activarlo para tener el primero de los seis puntos de referencia- dijo Susan.
-Podemos hacerlo en el borde del bosque...- dijo Hermione.
Si lo activaban aquí esa porción del bosque quedaba dentro del mapa. Eso significaba que si Pettigrew decidía volver a su antiguo campamento podrían verlo.
-No, hazlo aquí- dijo Ron. –Pero trata de apurarte.-
Susan saco un cilindro hexagonal, hueco en el centro y que terminaba en punta marcado con Runas a los costados.
-Muy bien- dijo Susan –Según lo que decía el libro el compás va a lanzar tres destellos. El primero al activarlo uno cuando esté a la mitad del proceso y otro cuando termine. Estos destellos dejan fluorescentes a los seres vivos por un par de segundos... así que, no se asusten.-
-Creo que es una mala idea.- dijo Hermione. Seguramente tenía razón.
Susan dejo el artefacto parado sobre una piedra con manos temblorosas y lo golpeo con su varita. Parecía bastante nerviosa. Después de unos segundos hubo un destello azulado y el compás permaneció levitando a unos pocos centímetros del suelo.
-¡Funcionó!- dijo Susan emocionada.
Todos se miraron y desprendían un brillo azulado, que resultaba muy extraño. Pero mientras lo chicos se miraban entre si Ron noto algo que le helo la sangre. Una docena de metros por encima de sus cabezas, entre los árboles, vio un brillo azulado que bajaba lentamente sobre sus cabezas. La criatura era bastante grande tenía cuerpo redondo y una serie de patas a los costados. Sin pensarlo dos veces le lanzó un sectumsempra no verbal. La maldición estuvo tan bien apuntada que partió la criatura por la mitad y cayo al suelo con gran estruendo.
-¡Merlín!- dijo Susan asustada hasta la medula. –¿Q...Que demonios es eso?-
-Una acromantula- dijo Ron algo pálido.
Ron estaba preocupado. No sabía bien donde estaba pero era evidente que estaba cerca del nido de Aragog.
-¿Falta mucho Susan?- preguntó Ron sintiendo una terrible urgencia de largarse de ahí.
-Podemos detener el proceso pero perderíamos lo que tenemos...- dijo Susan mientras miraba como el compás levitaba y giraba sobre su eje.
Ron lamentaba el momento que había querido mapear ese sector.
-Nos vamos...- dijo Ron.
-Espera...- dijo Harry que estaba observando uno de los pedazos de acromantula. –Susan ¿tienes un frasco?-
Saco de su mochila un frasco donde había llevado los caramelos y se lo entregó a su amigo.
-Mi mamá siempre se queja de que el veneno de acromantula es bastante costoso...- dijo Harry –Puede sernos útil en el futuro... quien sabe cuando vemos otra de estas cosas.-
-¡Eso es justamente lo que me preocupa!- dijo Ron molesto. –Pueden aparecer más-
Harry había vaciado uno de los colmillos con bastante rapidez llenando la mitad del frasco y se dirigió al otro colmillo para repetir el procedimiento.
-Está bien- dijo Harry cerrando el frasco –Ya termine... Vamos.-
En ese momento el compás lanzó otro resplandor indicando que había llegado a la mitad del procedimiento. Nuevamente los cuatro amigos despidieron un color azulado.
-Les aseguro que no es perjudicial para la salud.- dijo Susan, tratando de levantarles un poco el animo.
Pero esta vez, al igual que la anterior, no fueron los únicos en adquirir ese color fluorescente. Todo alrededor de ellos, y por encima de sus cabezas se podían ver enormes arañas fluorescentes que se acercaban. Estaban rodeados.
-¡Oh Dios!- dijo Hermione.
A pesar del temor Ron observó con orgullo que ninguno de sus tres amigos se había quedado paralizado por el miedo sino que sacaron sus varitas y se prepararon para defender.
Antes de que pudieran siquiera organizarse, una decena de arañas se lanzaron contra ellos.
-¡Diffinto!- dijo Hermione. Cortando a la acromantula más cercana.
El hechizo a pesar de ser menos poderoso que el sectumsempra fue perfectamente ejecutado y dejo fuera de combate a la criatura.
-¡Depulso!- dijo Susan y una araña salió despedida contra un árbol para no volver a levantarse.
Harry por su parte apunto hacía arriba y de un bombarda despejo el cielo de dos arañas que estaban bajando sobre ellos.
-Júntense en el medio- grito Ron tratando de ordenar la defensa –Espalda contra espalda...-
Hermione, Harry y Susan se formaron rápidamente. De esa forma podían defenderse sin ser sorprendido por detrás. Los cuatro chicos rechazaron oleada tras oleada, pero cada vez se les estaba haciendo más difícil. Se hizo evidente que necesitaban escapar.
-Serpensortia- dijo Harry varias veces lanzando un par de víboras bastante molestas y agregó en parsel. –Ataquen a las arañas, no las dejen pasar.-
Las víboras se lanzaron contra una de las arañas pero las acromantulas eran bastante difíciles de matar. Las serpientes de Harry estaban muriendo muy rápido pero les estaban dando a Harry y a sus amigos un respiro.
-¡Rápido las escobas!- dijo Harry.
-No tengo escoba- dijo Hermione mientras lanzaba otro hechizo a una araña.
-No te preocupes cariño- dijo Ron sin pensarlo –Tu vienes conmigo.-
Hermione tomo nota mental para decirle más tarde a Ron que no se refiriera a ella de esa forma. Harry Ron y Susan tomaron sus escobas justo cuando la última de las serpientes caía bajo los colmillos de las arañas y se transformaba en humo.
Antes de que pudieran despegar cuatro arañas se lanzaron al mismo tiempo sobre ellos, un poco más atrás venía una nueva oleada avanzando sobre los cuerpos de sus compañeras caidas.
-Bombarda- dijo Ron volando a la primera acromantula por los aires.
-Braquium Emendo- dijo Susan.
El hechizo que utilizo Lockhart para desaparecer los huesos del brazo del Harry del mundo de origen de Ron. Tuvo un efecto sumamente desagradable en un ser que tenía un exoesqueleto.
Harry y Hermione despacharon otras dos arañas con otros Bombarda. Ahora con el paso libre. Harry, Ron y Susan se elevaron por los aires. Hermione iba agarrada fuertemente a la cintura de Ron y cerró los ojos ante el súbito ascenso.
Afortunadamente llegaron a la cima de los árboles. Sin ningún contratiempo y el último destello del olvidado compás les mostró un horrible escenario, donde había por lo menos cuarenta años rondando el lugar en el que habían estado.
-Accio Compás- dijo Susan y el compás voló hasta su mano. Una vez que lo tuvo la chica lo guardo en su mochila.
-No entiendo porque no esperamos en el aire mientras el compás trabajaba.- dijo Hermione.
Ron pensó que Hermione tenía mucha razón.
Las tres escoban comenzaron a avanzar, tranquilamente una junto a la otra, rumbo a las luces de Hogwarts. Ninguno tenía muchas ganas de apurarse.
-Estuvo cerca- dijo Ron lanzando un suspiro.
-Demasiado.- dijo Harry pesadamente –Jamás hubiera querido hablar parsel otra vez....-
-No hay nada de malo en hablar Parsel- dijo Hermione, que seguía fuertemente abrazada a Ron -Nos diste el tiempo necesario para poder tomar las escobas.-
-Lo se...- dijo Harry. –Pero...-
-Pero nada. Te defendiste muy bien hoy...- dijo Ron. –De hecho todos lo hicieron muy bien...-
Ron estaba orgulloso. Los tres chicos habían salido sin un solo rasguño del ataque de un ejercito de acromantulas, sin duda serían excelentes luchadores. En el caso de Harry y Hermione fue un alivio ver que poseían las mismas habilidades de combate que en su mundo de origen y en el caso de Susan fue una grata sorpresa, ya que había pocas brujas que pudieran defenderse como lo había hecho la chica.
-Y tenemos la cola de unicornio y el primero de los seis puntos del mapa- dijo Harry satisfecho.
-Y salimos vivos- dijo Hermione lanzando un suspiro y apoyando su cabeza en la espalda de Ron.
Los chicos avanzaron sin apurarse y al cabo de unos minutos llegaron a donde comenzaban los terrenos de Hogwarts. Se habían desviado bastante de su punto de salida y estaban bastante cerca de las puertas del colegio.
-No cero que sea una buena idea entrar por la puerta principal- dijo Hermione. –Podríamos volar hasta nuestras salas comunes.-
-Eso funcionaría en tu caso y en el de Ron- dijo Harry –Susan y yo tenemos la entra un poco más complicada.-
-Yo no tanto- dijo Susan –Las ventanas de las habitaciones dan al acantilado del lago. Puedo golpear la ventana hasta que Hannah o Megan se despierten y me abran.-
-Bueno en ese caso.- dijo Harry –Yo soy el único que tengo problemas para volver.-
-No te preocupes Harry- dijo Hermione –No te dejaremos solo.-
Susan y Ron compartían la idea de Hermione.
-Por cierto Hermione...- dijo Harry intrigado -¿Cómo fue que supiste donde encontrarnos?-
Hermione sonrió aparentemente estaba esperando esa pregunta por parte de sus amigos.
-Se reunirían en la sala de trofeos y los espere en la salida más cercana.- dijo Hermione como si fuera la cosa más sencilla del mundo. –Era un suicidio esperar dentro... Filch estaba dando vueltas todo el tiempo.-
Ron sonrió al pensar que su futura esposa tenía talento para evadir los problemas.
Harry, Ron Hermione y Susan comenzaron a caminar sigilosamente, rumbo a la puerta por la cual habían salido, a lo lejos se veían los dementores custodiando las puertas. Estaban demasiado cerca para el gusto de Ron.
-Apurémonos.- dijo el pelirrojo –No me agrada tener a esa cosas tan cerca.-
-A mi tampoco me simpatizan.- dijo Harry –Pero no corramos... no quiero darles una excusa para que vengan.-
Los cuatro chicos comenzaron a caminar sigilosamente hacia el muro del castillo. Lamentablemente tenían que cruzar todos los jardines. Los primeros metros los hicieron a paso rápido, pero después de unos metros aflojaron el paso.
-Me cuesta poner un pie adelante del otro- dijo Harry haciendo un esfuerzo por no detenerse. -No pensé que estuviera tan agotado-
-Fueron demasiadas emociones- dijo Hermione sonando también cansada.
Los cuatro chicos siguieron caminando trabajosamente
-Saben... Podríamos haber muerto, ahí afuera...- dijo pesadamente Susan.
-Tengo frío...- dijo Hermione con un hilo de voz.
Ron comenzó a sentirse muy desanimado, extrañaba a sus hijos, extrañaba poder abrazar a Hermione sin temor a como reaccionara y lamentablemente no parecía que las cosas fueran a mejorar. Pensó que el frío que sentía nunca se iría y todas las dudas que tenía desde que había llegado a ese mundo comenzaron a asaltarlo nuevamente. Pero, desde el fondo de la mente de Ron algo le dijo reaccionara. Él conocía esa sensación de desesperanza que lo estaba invadiendo perfectamente.
El pelirrojo dio media vuelta y observo como un grupo de dementores se acercaban lentamente hacia ellos. Parecían estar decidiendo si los atacaban o no, y Ron sabía cual sería la decisión. Debían llegar al castillo lo antes posible.
-Cambio de planes...- dijo Ron. –¡Huyamos de aquí!-
Harry, Hermione y Susan se dieron vuelta vieron como los dementores se acercaban, más decididos que antes, hacia ellos.
Hermione subió nuevamente a la escoba de Ron. Una vez que estuvo acomodada los tres chicos patearon el suelo y en menos de un segundo escobas para levantar vuelo. A pesar de que Susan tenía una escoba más vieja, que no era tan veloz como las nimbus, y la escoba de Ron cargaba a dos, el cuarteto pudo poner unos metros de distancia que les devolvió algo de temperatura y alegría.
Viendo que la fuente de calor y felicidad que habían encontrado estaba escapando los dementores comenzaron a perseguirlos. Harry, Ron y Susan comenzaron a bordear el castillo a toda velocidad tratando de llegar lo antes posible a una puerta, cualquier puerta.
Los dementores no querían perderlos y dos más se le sumaron cortándoles el paso, al frente y por el costado.
-¡Cuidado!¡Suban!- dijo Harry tirando del mango de su escoba para subir y escapar al helado aliento de sus perseguidores.
Susan y Ron recibieron la advertencia a tiempo y evitaron estrellarse contra el dementor. Pero mientras iban elevándose en línea recta Ron, que iba en tercero en esa carrera contra la muerte, sintió que Hermione estaba aflojando su abrazo, como si las fuerzas la abandonaran. La verdad era que los dementores estaban cerca, demasiado cerca y era muy difícil mantenerse conciente.
-¡Herms!¡sujétate fuerte!- dijo Ron desesperado.
-Ron...- escuchó que Hermione lo llamaba con hilo de voz. Estaba perdiendo el conocimiento.
No iba a perderla por nada del mundo. Podía irse este universo y los entes de este universo al demonio pero no la perdería.
Necesitaba un recuerdo feliz. Ron recordó un momento muy especifico, cuando Rose y Hugo eran pequeños, Hermione y él les estaban leyendo cuentos muggles antes de irse a dormir.
¡Expecto Patronus! pensó Ron con todas sus energías. Y un terrier plateado salió de la punta de su varita, para defenderlos del ataque de las malignas criaturas. Ron no perdió un segundo y lo envió directamente hacia atrás, a contener a los dementores. Rápidamente la brisa helada pareció entibiarse y Ron sintió como Hermione se aferraba más fuerte a él.
Ron observo que Harry torcía un poco su rumbo hacia fuera y a continuación, sin pensarlo dos veces, se lanzaba a toda velocidad contra una ventana del último piso. Segundos antes de impactar contra el cristal lanzó un hechizo destruyendo el cristal. Susan, esquivo algunos vidrios que caían y siguió la trayectoria de su amigo, pasando a través del hueco creado por Harry, y Ron, queriendo poner distancia con los dementores, siguió a la chica de Hufflepuff.
Con la velocidad a la cual venía ninguno pudo controlar bien sus escobas. Los cuatro terminaron cayendo y rodando por el duro suelo de piedra. Harry que venía con más impulso no se detuvo hasta chocar la pared.
-¿Están bien?- pregunto Harry levantándose trabajosamente. –Ron, Susie, Herms... contéstenme-
Harry vio a sus tres amigos tirados en el piso rodeados de vidrios rotos y por un momento pensó lo peor.
-Estoy bien- dijo Susan adolorida sin moverse mucho.
La chica tenía un feo raspón en la mejilla y los pantalones rotos en las rodillas, por donde también sangraba.
-Y...Yo también- dijo Hermione desde el suelo. –Algo aturdida pero bien-
Hermione parecía haberse golpeado un poco, pero por suerte no era nada grave.
-Condenadamente bien- dijo Ron lanzando un suspiro de alivio. Se encontraba tirado boca arriba en el piso de piedra junto a Hermione.
Ron había amortiguado la caída de Hermione y estaba seguro que se había roto una costilla.
Mientras estaban levantándose un dementor apareció flotando frente a la ventana observándolos detrás de su capucha, pero no entro, no podía. A razón el patronus de Ron se mantenía debajo del marco, escondido de la vista de sus amigos, pero negándole la entrada.
Antes de que pudieran decir algo escucharon pasos que se acercaban apresuradamente. Ron vio aliviado como tres patronus un cisne, un perro grande y un lobo se colocaba entre ellos y el dementor. Ron, aliviado, elimino su propio patronus. El dementor viendo que no había nada que atrajera su interés se retiro.
Ahora los cuatro chicos se voltearon a ver quienes eran, los que los habían rescatado. Ron tenía una idea, aproximada. Eran la misteriosa Alexandra Rydberg, y los intrépidos Remus Lupin y Sirius Black.
-Merlín- dijo Sirius pálido como la cera –¿Están bien?-
Remus comenzó a observarlos y comprobó, aliviado, que ninguno había sufrido el beso del dementor.
-No lo puedo creer- dijo Sirius recordándoles mucho a la profesora McGonagall –Está vez se pasaron... Ya tuvimos problemas con John, Fred, George y Lee, antes de medianoche ¡Y ahora ustedes! ¡Que demonios tienen en la cabeza!-
Harry nunca había visto a Sirius tan molesto en toda su vida.
-Deja los reproches para después Black.- dijo Rydberg sonando preocupada. -Primero debemos llevar a estos niños a la enfermería.-
-¿Y tu que haces despierta?- dijo Sirius mirando sospechosamente a la profesora. –¿No tendrás nada que ver en esto?-
-¡¿Como te atreves a decir eso?!- dijo Rydberg indignada y parecía a punto de golpear a Sirius.
El Licántropo se colocó, rápidamente, entre su amigo y la profesora sabiendo que no era el momento de discusiones estúpidas.
-Sirius, yo no creo y tu tampoco que Alexandra este implicada en nada esto- dijo Remus tranquila pero firmemente –Su habitación al igual que las nuestras están a la vuelta del corredor y debe haber escuchado el estruendo que armaron Harry, Ron, Hermione y Susan... Además, por la bata, el camisón y las chinelas, se nota que estaba durmiendo.-
La profesora se sonrojo y, pudorosamente, tomó los bordes de la bata color verde que estaba usando y los acomodó para que la cubriera mejor.
Sirius murmuro algo que se parecía a una disculpa y se volvió a los cuatro chicos.
-Vamos a la enfermería- dijo seriamente el auror –Una vez que madame Pomfrey diga que están bien... van tener mucho que explicar.-
Ron jamás había visto a Sirius ni en este mundo, ni en su mundo de origen tan enojado. Aunque sabía que si estuviera en a posición del padrino de su amigo reaccionaría de la misma manera.
Los profesores ayudaron a los chicos a levantarse. Susan, Harry, Hermone y Ron tomaron sus cosas y comenzaron a caminar trabajosamente hasta la enfermería. Todos estaban algo afectados por el encuentro por los dementores. Cuando llegaron Madame Pomfrey comenzó a administrar chocolate caliente.
-No se preocupen chicos- dijo Rydberg afectuosamente –En menos de un segundo los Madame Pomfrey los hará sentirse mejor.-
La enfermera prefirió que los cuatro se quedaran en las camas de la enfermería y, a pesar de las quejas de los chicos, no dio el brazo a torcer. Una vez que los cuatro estuvieron acomodados Sirius se cruzó de brazos y comenzó con su interrogatorio.
-Muy bien... explíquenme que demonios estaban haciendo afuera- dijo Sirius seriamente.
Ninguno le contesto.
-Me imaginaba que no habría respuesta...- dijo Sirius sonando cansado.
El auror sabía que estaban metidos en un asunto turbio. Excepto Hermione los tres estaban cubiertos con capas oscuras e incluso la chica de Hufflepuff se había cambiado el color de pelo y ojos, evidentemente para poder camuflarse mejor en la oscuridad. Sirius decidió modificar su forma de preguntar. Debía decir algo que los forzara a dar una explicación.
-Miren, sé que están en una edad difícil...- dijo Sirius sonando comprensivo –Son amigos desde hace años... son chicas y chicos... que están empezando a ser hombres y mujeres... los sentimientos empiezan a aparecer, las hormonas hacen todo más difícil...-
Ron no pensaba abrir la boca, sabía que Sirius los estaba pinchando para que hablaran. Y la técnica tuvo resultado.
-¡No!¡No es nada de eso!- dijo Hermione enrojeciendo y abriendo los ojos desmesuradamente. –Nosotros no estábamos haciendo nada... nada de eso... somos solo amigos.-
-¿Entonces que hacían a las tres de la mañana afuera?- preguntó Sirius rápidamente a la chica de Ravenclaw.
Hermione apretó los labios fuertemente.
-Estábamos planeando una broma.- dijo Harry antes de que alguien dijera algo -John y a los gemelos siempre bromean diciendo que hay algo entre Ron y Susan, y Hermione y yo-
En esa frase había algo de verdad, los gemelos siempre bromeaban con Ron y Susan, pero nunca con Hermione y Harry. Eso último era invento de Harry y sus amigos lo sabían pero les pareció mejor no contradecirlo.
–Pensábamos dejar una escrituras en la pared del colegio que no se pudiera borrar, bien alto y con letras grandes... Por eso llevamos las escobas.- continuó Harry -Iba a decir "Este Halloween: Futura boda de John Potter con Fred y George Weasley" Pero antes de que pudiéramos siquiera comenzar a escribir aparecieron los dementores y tuvimos que escapar... y ya vieron como término todo...-
Harry había hecho su mejor actuación, había mezclado verdad con mentira y había dado una buena razón para estar afuera con las escobas. Alexandra, Remus y Sirius no le creyeron una sola palabra. Lamentablemente, por más buena que fuera su historia, Harry no podía pasar una mentira a una astuta Slytherin, y a los dos merodeadores.
-Esa clase de actos vandálicos hacia las instalaciones de Hogwarts es severamente castigado- dijo la profesora de Runas, mientras se preguntaba que estaban haciendo afuera realmente.
-Coincido- dijo Sirius.
Remus que no podía creer lo que escuchaban sus oídos.
–Además perderán puntos... como mínimo cien- continuó el auror.
Sirius jamás había estado tan asustado y enojado en su vida. No podía creer que su ahijado se hubiera expuesto de esa forma a los dementores. James y Lily se volverían locos cuando se enteraran que su hijo estuvo a punto de perder su alma.
-Hablaremos con sus jefes de casa en la mañana.- dijo el licántropo. –Para ver cual va a ser el castigo...-
-A menos que haya una buena razón para que estuvieran afuera- dijo Sirius dándoles una última oportunidad para hablar.
Los tres profesores recibieron nuevamente solo silencio como respuesta.
-Muy bien. Espero que recapaciten sobre lo que han hecho, las consecuencias de sus acciones podrían haber sido peores que la muerte.- dijo Remus –Nos veremos mañana.-
Los tres profesores dieron media vuelta y se fueron de la enfermería.
-Snape me va a decapitar.- dijo Harry una vez que estuvieron solos. –Literalmente...-
-McGonagall también va ser creativa con su castigo.- dijo Ron, que a pesar de tener la mente de un hombre adulto todavía temía un poco a su profesora de transformaciones.
-Más de cien puntos...- dijo Hermione que parecía estar en shock. –Cien puntos...-
-Tranquila Hermione- dijo Ron intentando calmar a su futura esposa –Todos perdimos la misma cantidad así que no altera nada de el torneo de las casas...-
Lo dicho por Ron pareció consolar un poco a Hermione. Cien puntos menos para todas las casas era lo mismo que si no les hubieran restado nada.
-Eso el lo único bueno- dijo Hermione –O mis compañeros de casa no me hablarían nunca más.-
Ron no le tenía mucha confianza a los Ravenclaw. Las águilas habían tratado bastante mal a Luna en su mundo, y por su bien esperaba que no se les ocurriera hacerle algo parecido a Hermione.
-Tu eres la que más puntos les llevas.- dijo Harry –Si te dicen algo, diles que no contestaras nunca más una pregunta en clase y fíjate que cara te ponen.-
Ron no pudo evitar sonreír. La idea del chico de pelo color azabache era buena, muy buena.
-No te preocupes Hermione, Lisa y Padma son tus amigas.- dijo Susan –Ya vas a ver que no te dirán nada sobre los puntos,- y agregó algo más preocupada -si no que solo querrán saber que hacíamos nosotras dos, con dos chicos después de medianoche.-
Susan imaginaba que tendría que pasar por el mismo interrogatorio con Hannah y Megan, sus compañeras de cuarto y amigas en Hufflepuff.
-¡Oh Merlín!- dijo Hermione, ya que sabía que era muy probable que lo que decía Susan ocurriera.
¡Ey!¿Qué es lo que hago tan temprano de vuelta? Paso una semana del la última vez que subí un cap...
Bueno acá les dejo otro capítulo y espero que les guste. Como pueden ver hay un poco más de acción. La verdad es que se me hizo bastante fácil de escribir y ayudo muchísimo que dispusiera del tiempo necesario (después de mitad de febrero voy a tener muy poco así que no se acostumbren).
Prometo que va a haber un poco más de acción en las siguientes clases del club de duelo. Para compensar tuvieron un poco de pelea en el bosque prohibido y dementores.
Además Hermione volvió a la acción y el cuarteto supero su primer y más grande obstáculo en la construcción del mapa. Además Ron encontró algo que podría indicar la presencia de Pettigrew en el bosque.
Sirius por su parte se enojo bastante. Es medio raro pensar en Sirius enojándose con Harry pero me imagine que si bien no tendría ningún problema con una broma inocente, no le va a causar mucha gracia que casi pierda el alma con un dementor.
Dato colgado de Relleno: John Potter es el hermano mellizo de Harry y el verdadero niño que vivió en este fic que he inventado. A pesar de tener la responsabilidad del mundo mágico en sus hombros no se lo toma nada en serio y lo único que parece importarle por ahora es divertirse lo más posible con los gemelos.
A pesar de que muchos pueden pensar que todo fue una confusión y Harry es realmente quien derroto a Voldemort cuando era un bebe. Debo decir que no es así. Yo explique un poco que fue lo que paso pero deje algunos datos afuera que volverán a aparecer más adelante.
En cuanto a la personalidad de John me lo imagino como alguien que no es sumamente agradable. Tiene una tendencia a hacer bromas un tanto crueles (como la que le hizo a su hermana) y es algo creído. A su favor tiene que su familia es lo que más quiere en el mundo y consiguió aceptar que su hermano estuviera en Slytherin.
Bueno creo que eso sería todo por ahora.
Dejen sus comentarios.
Saludos! Besos! Abrazos! Y demás formas de demostrar afecto.
Salvatore!
