HOLA CHICAS, GRACIAS POR SUS REVIEWS, HAN DE SABER QUE LA NIÑA EDITORA ANDUVO DE PARRANDA Y RECIEN ME ENTREGO EL CAPITULO QUE LE SIGUE, POR LO QUE RECIEN SALIDITO DEL RECALENTADO SE LOS ENVIO, AHORA LA COSA SE ESTA PONIENDO MAS PELUDA, JAJAJA. POR CIERTO, LES COMENTO QUE SEAN PACIENTES PORQUE HE TENIDO RECIEN ALGUNAS LAGUNAS JAJAJA ASI QUE PACIENCIA, PACIENCIA!

FELIZ LECTURA

Al otro día, Dorothy los despertó temprano, se levantaron, se asearon y dispusieron su desayuno; después el carruaje los dejó en la entrada del colegio, se despidieron con un pequeño beso y se fueron a sus respectivas clases.

Cuando fueron al desayuno Candy platicaba amenamente con Patty y casi nada con Annie, en el caso de Terry repentinamente había surgido una amistad con Stear ya que de Archie apenas y recibía su saludo.

Eran el centro de atención del colegio, los cuchicheos eran más escandalosos y después de clases, cuando estaban por marcharse el tumulto de personas en los jardines era indescriptible; si los jardines hablaran dirían que nunca se habían congregado tantas personas en ellos. Candy salió de clases cargando sus libros cuando Terry salió por detrás de ella y la tomó de la cintura, después le dio un beso en la sien; al salir del colegio, el carruaje de los Andley se encontraba en la entrada, la señora Elroy los había invitado a la mansión para la hora del té; mientras ellas platicaban de cómo le iba a Candy con las clases y reían divertidas, Albert y Terry se encontraban leyendo, puesto que él no había podido hablar con Albert del asunto de Candy estando ella presente .

Cuando llegaron a la mansión George le ayudó a bajar a la señora Elroy y Dorothy a Candy, la señora Elroy mando a Candy y a Dorothy por unas cosas a la habitación que ella había ocupado en su estadía en Londres, mientras Terry, la tía abuela y Albert conversaban.

Albert, ayer Candy tuvo recuerdos, pero no me cuenta mucho acerca de lo que ha recordado. Me dijo algunos pero no son todos, lo sé, algo me lo dice. Me dijo que recordó que los Leagan eran malos con ella y que no tenían por qué ofenderla tanto si solamente ella quería una cosa: una familia – Terry les contaba a grandes rasgos lo sucedido la noche anterior.

Candy comienza a recordar cosas y todas tal cual sucedieron pero con un especial rencor, debemos consultar con el Doctor Robson, algo está sucediendo – comentaba Albert quien se notaba preocupado.

Sí Albert, es necesario consultarlo con él para saber si esto es normal –apoyó Terry la propuesta hecha por Albert y continuó – Candy también me dijo que hay algo en lo que nos parecíamos, y es que ambos carecemos de algo: ella quería una familia porque quería amor y yo tuve una familia pero no supo darme amor. Esto se está complicando mucho, me entristeció saber que su propia familia no la amaba como ella quería – dijo Terry mirándolos.

Sí, eso es algo que lamento mucho Terry, por eso no le exijo más, se lo prometí a William y lo estoy cumpliendo, alejaré a los Leagan inmediatamente, no quiero que me recuerde como el verdugo en su felicidad – comentó la tía Elroy.

Entiendo señora Elroy, también hay algo que me llamó mucho la atención; algo pasó con Annie, lamentablemente no puedo darles mucha información, como ya les he dicho, ella no dice nada, pero siente que Annie fue cobarde al no enfrentarse a su madre cuando la obligó a romper toda relación con Candy, ni cuando ella misma fue testigo de los acosos de los Leagan y no dijo nada, piensa que no debió sufrir nunca ese tipo de maltrato porque ella era una niña, ¡una niña pequeña!, ¿me entiendes Albert? – preguntó Terry con tono alterado debido a su poca capacidad para poder ayudar a Candy.

Terry, sé que te preocupa la situación – le hizo saber Albert tratando de tranquilizarlo- pero debemos de esperar, ella recuperará todos sus recuerdos cuando esté lista. No podemos apresurar las cosas, si lo hacemos tal vez sea perjudicial para ella.

Lo entiendo Albert, pero acaso ustedes ¿no la han notado un poco extraña?

¿Extraña?, Terry no te entiendo – respondió Albert.

Si William, ella está abatida, a pesar de que conversa perfectamente en realidad está triste – le hizo saber la señora Elroy.

Efectivamente, desde ayer la noto triste – y arriesgándose a llevarse un reto por parte de la señora Elroy, Terry solicitó - señora Elroy ¿puede disculparnos unos momentos? deseo hablar con Albert en privado.

No se moleste Terry, iré a ver a Candy no se vaya a meter en líos…otra vez – sonrió y se retiró.

Ya estando los caballeros solos Terry prosiguió:

Albert sé que le tienes mucha confianza a Candy, pero te voy a contar algo muy íntimo para ella, te pido que seas muy discreto con esto, ¿de acuerdo?

¿Es necesario Terry? – le preguntó él incómodo.

Por favor, sólo escucha: después de que se había quedado dormida fui a escribirte la nota y cuando regresé y entré a la habitación ella estaba a medio levantar, se encontraba muy triste, me acosté a su lado y me dijo que si no iba a… intimar con ella, obviamente le contesté que yo preferiría dejarla descansar y a esto me contestó, "¿ya no me quieres…?"- dijo él con todo el dolor que esa pregunta le causó.

¡Con que ha vuelto a decirlo…! – dijo Albert sorprendido.

¿Cómo? ¿Ya lo ha hecho antes? – preguntó Terry asustado.

En ocasiones cuando le daban sus crisis llegó a renegar de su fe, llego a tener la idea de que Dios no la quiere y que por eso la hace sufrir. El Doctor Robson piensa que los recuerdos vuelven de golpe y eso la altera demasiado, pero pienso que no es así. Cuando los recuerdos regresan también lo hacen los sentimientos negativos, es por ello que debemos cuidarla demasiado y debemos cuidarnos de los comentarios…- Albert le explicó a Terry.

Por lo visto tu tía se siente demasiado culpable por ello, hay cosas que a sus otros nietos no les permitiría hacer que con Candy pasa por alto – agregó Terry sonriendo.

Si, en efecto Terry, pero no puedo hacer nada por ella. Candy ha visto su dignidad pisoteada y no creo que vuelva a ser la misma. Mi tía me contó del altercado con Elisa, piensa mandarla a California con sus padres, ha tomado este asunto con una seriedad que si la hubieras conocido antes no la creerías – le contó asombrado por el cambio que había dado la señora Elroy.

Ya un poco más relajados acerca del tema…

Por cierto ¿qué estará haciendo Candy que tarda tanto? – preguntó Albert curioso.

Creo que ahí viene – le dijo Terry carcajeándose porque al parecer traía algo entre sus manos.

Albert, Terry miren Puppet de pirata, qué lindo se ve – dijo ella mostrándoselos.

Candy ven aquí, no puedes salir descalza – le gritó la señora Elroy.

Pero si no estoy descalza, además no piso el suelo si no el césped – corrigió Candy.

Princesa…¿qué son esos modales, para eso te mando al mejor colegio de Londres? – le dijo Albert.

¡Ay Albert! No estoy en la escuela, así que ahórrate tus sermones – dijo sonriéndole.

Candy…respeta a tu padre – la recriminó Terry cuando se le había escapado la mofeta.

¡Hey Puppet! Ven aquí aún falta la pata de palo – la siguió hasta la casa.

Bueno, creo que eso es lo único que no podremos cambiar de Candy, ¿verdad Terry? - preguntó Albert doblándose de la risa.

Si, por lo visto le encanta meterse en problemas – dijo Terry con cierta admiración de que Candy se recuperaba demasiado pronto.

¡Ayyy! – gritó ella.

¿Se ha caído? Vayamos a ver qué sucedió – dijo Terry comenzando a correr.

¡¿Candy estás bien? – le preguntó Albert asustado.

¡Ouch! Sí, sólo que no me fijé por dónde pisaba, me duele – señalando las asentaderas.

¡Qué extraño…! – dijo Albert en tono irónico - Candy, ya no puedes andar haciendo travesuras – terminó por reprenderla.

Lo mismo me decía la Hermana María, desde los diez años, "Candy ya no tienes edad para hacer travesuras, Candy eres toda una señorita" – respondió ella imitando a la Hermana María.

¡Recordaste a la Hermana María Candy! Ella y otra señorita te criaron en el orfanato – le informó.

¡Es verdad!…pero a la otra señorita no la recuerdo – le dijo risueña y un poco adolorida.

Tómalo con calma, ya recordarás – la tranquilizó Albert.

Bueno señora Grandchester vayamos a asearla que la señora Elroy nos reprenderá a los dos si no vamos a la sala de té – Dorothy la ayudó a levantarse.

Está bien, vamos – la siguió.

Ya en la habitación de Candy.

Terry…- lo llamó Candy.

Sí, ¿qué pasa pecosa? – le respondió volteándose hacia ella.

¿Me amas? – preguntó Candy muy seria.

Por supuesto que te amo – le contestó abrazándola.

¿Así de traviesa como soy? – le dijo haciendo un puchero y a punto de llorar.

Así exactamente – le contestó Terry poniendo su barbilla sobre la cabeza de ella.

Porque quería decirte algo…yo también te amo Terry y te voy a dar lo que tus padres no te dieron, mucho amor y seguridad – le dijo con apenas una sonrisa.

Terry no podía creerlo, ella le confesaba que lo quería tanto como para darle lo que sus padres no quisieron darle.

Terry, necesito que me creas; también tendremos una familia y tus hijos se parecerán a ti o a mí, pero ellos te querrán mucho, te lo aseguro – dijo sonriéndole.

Candy, cada día que pasa estoy tan seguro de mi amor por ti que no me arrepiento de haberte buscado y sentir que para mi estabas viva, tan viva que vivías en mi corazón. Gracias Candy por ser parte de mí… Te amo – le dijo estrangulando un suspiro.

Yo también te amo Terry

Lo sé pecosa.

Salieron con rumbo a la sala de té, abrazados y tomados de la mano, es como la señora Elroy y Albert los vieron entrar.

La tarde fue amena después de unas horas, antes de la cena se despidieron, Terry fue ahora el que sedujo y amó a Candy dos veces esa noche, cualquier cosa que hubiese sucedido afuera no la oyeron, Candy se acurrucó cerca de su cuerpo y se quedaron dormidos.

Al otro día cuando llegaron al colegio vieron en una de las bardas a una señora de edad, tratando de subir por ella con la ayuda de su equipaje. Candy le dijo a Terry que fuera ayudarla y después ella se acercó por los jardines del colegio para ver si se les ofrecía algo.

Terry ¿Dónde estás? – lo buscaba en los árboles cerca de la pared.

Aquí Candy – susurró él.

Señorita, me puede decir ¿dónde puedo encontrar a Patricia O´Brien? – preguntó la señora que había visto hace unos momentos.

Señora…- dijo ella.

Ya sé que soy señora, no necesitas decírmelo, estoy muy acabada pero aún tengo fuerzas – le demostró que cargaba su pesada valija.

No me mal entienda, quiero decir que soy señora, me he casado recientemente – Candy le enseñaba la argolla de matrimonio.

Ah, ya entiendo, pero… ¿tan joven?, ¿cómo te llamas querida? - le preguntó sorprendida.

Candice… Candy Grandchester señora…-corrigió su nombre.

Martha, soy la abuela de Patty, encantada – dijo ella sonriente.

Venga, la llevaré con ella – Y dirigiéndose a los dormitorios Candy sólo agregó -Cuídate amor, te veo en el desayuno – se despidió de él mandándole un beso a la distancia.

De acuerdo preciosa, que le vaya bien señora Martha – Terry se despidió de ellas.

Gracias por ayudarme con la valija joven Terry – la anciana agradeció la ayuda ofrecida por el joven y no perdió oportunidad de halagar la masculinidad del chico - Que buen mozo es tu marido – dijo sonriéndole en demasía.

Muchas gracias, y dígame ¿qué hace usted aquí abuela? ¿Por qué no avisó a Patty de su llegada? – preguntó ella curiosa.

Precisamente por eso, Patty no sabe que estoy aquí. Quería conocer el lugar donde mi nieta estudia, siempre tuve maestros en casa y nunca disfruté de un día de colegio, vine para saber qué es lo que se siente – le contaba Martha.

¡Dios mio! A Patty le va a dar un colapso nervioso – le decía riendo ya que se imaginaba la reacción de Patty al ver a su abuela.

Lo aseguro, mi nieta es un poco nerviosa.

Hemos llegado abuela – le dijo cuando ya estaban frente a su puerta.

Toc, toc

Adelante – Patty dio el acceso a su habitación.

¡Hola Patty! – saludó Martha.

¡Abuela!, ¿Qué haces aquí? – le preguntó Patty sorprendida.

Vine a visitarte, ¡a qué otra cosa podría venir! – respondió Martha caminando hacia ella, Candy entró y cerró la puerta.

Pero no puedes quedarte, me reprenderán si estás aquí. Candy ¿por qué viene contigo? – le dijo exasperada.

Calma Patty o morirás de los nervios, Terry ayudó a Martha a entrar al colegio, la traje aquí porque quiere verte. Sólo hay que cuidar que las hermanas no se enteren.

Pero Candy si me descubren me echarán – respondió alterada.

Calma Patty no seas tan exagerada, vamos, conozco un lugar en donde puede quedarse – le enseñó la habitación a la que se dirigían.

¡Ah sí! ¿Dónde? – le preguntó Patty.

En mi habitación, recuerdas la que está al final del pasillo. Aún la tienen reservada para mí. Sólo bastará para que ella descanse y tú pienses cómo le vas hacer; Patty deja el miedo y que Martha disfrute unos días en el colegio, ¿de acuerdo? – le rogó tomándole de las manos.

Sí…creo – dijo ella ruborizándose.

Patty…vámonos, ya va a comenzar la clase. Abuela Martha quédese aquí y nosotras regresaremos con comida.

Salieron de la habitación y se dirigieron a sus respectivas clases…

Gracias Candy, no sabría que hacer sin ti – dijo Patty abrazándola.

No te preocupes Patty, entremos.

Patty, Candy ¿dónde se habían metido? – preguntó Annie - La clase va a comenzar.

Después del desayuno, Candy y las chicas le llevaron algo de comer a Martha, aunque fue rapidísimo porque su segunda clase comenzaba en diez minutos, además Annie se sorprendió muchísimo cuando vio a la abuela de Patty en su habitación. Candy llevó a Martha a la habitación que ocupó antes de casarse, ella se había maravillado pues tendría todo eso para ella sola, había cosas que Candy debía hacer primero antes de dejarla segura.

Cuando iba a entrar a su segunda clase, Terry la llamó con un silbido.

Candy…Candy, ven.

¿Qué pasa? – dijo ella un tanto asustada.

¿Cómo está la señora Martha? – le preguntó preocupado.

Muy bien, se encuentra en la que era mi habitación, pensaba avisarle a Mary Jean para que se dé una vuelta por aquí – le comentó a Terry.

No pecas, la vas a preocupar. Será mejor que no te metas, solo da algunas recomendaciones a Patty y Annie y que ellas se encarguen, ¿no lo crees? – le recomendó el castaño.

Por supuesto, te veo al rato, aun faltan las clases más difíciles de este día – le dijo ella.

Está bien pecosa, pórtate bien – le sugirió Terry.

Tú también, nos vemos… – y antes de que se fuera Candy lo llamó - ¡Terry!

Dime.

¿Vendrás por mi? – le preguntó Candy.

Por supuesto…- contestó él con tono seductor.

Así pasaron las horas, Candy iba caminando saliendo de la biblioteca ya que se llevaría algunos libros para realizar algunos de sus deberes, por lo que Terry la miraba parado desde una de las columnas que adornaban la puerta de la entrada a los dormitorios de las chicas. De pronto y sin darse cuenta Elisa caminaba con las hermanas rumbo a la dirección, era claro que por alguna razón la Hermana Grey había mandado a llamarla, por supuesto ella no pensaba desperdiciar la oportunidad, así que pidió un favor a las hermanas.

Hermana Margaret, puedo despedirme de Luisa, es mi única amiga en el colegio - le pidió "amablemente" Elisa.

Está bien Elisa, te esperamos fuera de la oficina de la madre superiora – le informó la hermana Margaret mientras se alejaban de ahí.

Si hermana, gracias.

Candy estaba absorta en sus asuntos que no se daba cuenta de lo que pasaba a su alrededor.

Oh creo que debí haber sacado el otro libro también, pero si no sé, Terry me ayudará – pensaba en voz alta.

Felicidades Candy… al fin conseguiste deshacerte de mí, estarás muy contenta – asustó a Candy cuando esta iba a bajar por las escaleras.

¡Elisa!, ¿cómo estás? – la saludo sin prestarle atención.

¿Pretendes burlarte de mí?, Neil no se va a ir sin darte tu merecido, ¿qué fue lo que le hiciste a Terry para que lo obligaras a casarte con él? – le preguntó Elisa con doble intención.

Terry veía la escena y caminaba lo más aprisa que podía cuando oyó esa frase. Nunca hubiera imaginado lo que Candy respondió.

Elisa, creo que pierdo mi tiempo contigo, debo hacer muchos deberes como para contestarte. Así que si me disculpas…– le contestó ella sin más.

Terry intuyó que Elisa no se quedaría tan parca como aparentemente se veía, así que corrió y justo cuando Candy había bajado algunas escaleras, la empujó, por fortuna Terry se encontraba a unos cuantos escalones delante de ella para ayudarla.

¡Cuidado Candy! – Terry la alertó.

¡Terry! – gritó ella al sentir que perdía el equilibrio.

Estás bien pecosa, no te pasó nada ya te tengo – le dijo abrazándola.

Elisa Leagan, eso que acabas de hacer no le gustara a tu familia – le advirtió Terry.

¿Crees que me importa mi familia?, cuando ella me quitó a Anthony y luego a ti, todos la quieren y a mí me detestan, ¡respóndeme tú! ¿qué te dio a ti para que te obligara a casarte con ella? – volvió a insinuar un doble sentido. Anda dime, la Tía Abuela no está por aquí para proteger a Candy ni para cuidar su memoria – dijo Elisa mordazmente, Candy se sorprendió cuando la oyó, se había dado cuenta.

Elisa no te permito que le hables así a Candy – sonó la voz alterada e impasible de la señora Elroy.

¡Eh… pero tía yo solo…! – trató de articular palabra cuando se vio interrumpida.

George – lo llamó la señora Elroy.

Si señora Elroy – se presentó ante ellos.

Ya tienes a Neil, llévatelos de mi vista, no los quiero ver a ninguno de los dos, esta tarde se embarcarán para América –sentenció - ¿Candy estas bien?

Sí, solo un poco asustada, eso es todo – le respondió Candy. En realidad no sentía las piernas y sintió que los ojos le pesaban demasiado.

Terry llévala a su habitación.

Empezaron a caminar cuando se escuchó - ¡Candy…!- gritó Terry cuando ella apenas caminó un poco… Candy se había desmayado.

Aprisa Terry, hay que llevarla a su habitación, Hermana Margaret las sales – ordenó, finalmente el actuar rápido en sus crisis era lo más importante.