Número de palabras: 463.


Capítulo 2.10

Preocupación

Mientras más pasa el tiempo, más es el sentimiento que Touya sentía.


Le resultaba extraño, inquietante, sentía que no podía controlar más y hablaría, Touya se comportaba de una manera poco usual en él, se sentía tan distante y eso no le agradaba a Touko, más bien, le preocupaba.

No había casi reacciones por los actos que Touko hacía o decía, no comentaba mucho nada, los regresos a casa estaban más llenos de silencio, como si algo estuviera entre ellos. Ése día Touko visitó de sorpresa al chico, la madre de él la invitó a pasar inmediatamente, informando que Touya se encontraba en su habitación, por lo que subió las escaleras con su permiso y se dirigió a su destino, no sin antes su madre avisar a Touya desde abajo que Touko estaba en casa.

La chica de ojos azules tocó la puerta y la abrió cuando Touya la invitó a pasar, lo encontró acostado sobre su cama, el Touya que conocía hubiera abierto la puerta por su cuenta, Touko cerró la puerta y se dirigió hacia su amigo.

No se dirigieron palabra alguna, Touko sólo actúo, se tiró encima de Touya sin vergüenza alguna, sorprendiéndolo un poco, más que todo por la cercanía que tenían, tanta que podían sentir la respiración del otro.

—¿Qué tienes? —Se atrevió a preguntar Touko, con una mirada sumamente triste.

El chico se tardó mucho en responder esa pregunta, sabía que le estaba haciendo daño a su amiga, era algo que jamás se perdonaría, pero sus sentimientos eran confusos, sentía que perdía a su amiga por un tercero, uno a quien no podía evitar pensar que era muy molesto.

Sin mediar palabra sólo acercó su mano hacia la mejilla de Touko y la miró con una sonrisa y mirada triste.

—No sabría cómo explicarte —Manifestó—. Sólo puedo decirte: que estaré bien, ¿vale? —Touko asintió intentando convencerse a sí misma de que así sería.

—Más te vale… sino… no te lo perdonaré —Dijo mientras se recostaba sobre su pecho y apretaba la camisa de Touya.

El chico de ojos marrones intentaba controlar lo que en verdad quería hacer en ese momento, consolar a Touko, pero de una manera que no estaba permitida a un amigo, menos que no era correspondido (desde su punto de vista).

—¿No deberíamos estudiar para el examen de mañana? —Intentó cambiar el tema el chico, con una sonrisa no del todo sincera.

Touko se levantó y asintió con una muy pequeña sonrisa.

Quizá eso era lo mejor, no decir nada, Touya se estaba convenciendo de eso, aunque cada día sentía mucho más por Touko, empezando a creer que se había enamorado hasta un punto en el que no puede sacarla de él mismo tan fácilmente, no podría, así de simple.