Hola! Primero, otra vez gracias por sus review en el cap anterior, leo cada uno de sus comentarios y sé que su gran reclamo es lo que tardo en actualizar, me gustaría subir más rápido, pero hago algunas cosas más que sólo escribir, además los caps son bastante largos (me atrevería a decir que dos o tres veces más largos que la mayoría), por lo que sería imposible subir a diario como me pedían, lo que si, es que puedo hacer un esfuerzo y subir una vez por semana, les parece?
Ya, las dejó con éste que es más largo que el anterior, todo por sus review!
Capitulo Veintiocho: Por ti
-¿Qué está pasando aquí?-preguntó una sorprendida Santana acercándose a paso rápido-.
Beth y Celeste se voltearon casi al mismo tiempo.
-Les hice una pregunta-expresó la latina-.
-Mamá…-.
-Tía San…-.
Ambas rubias se volvieron a mirar, las chispas que había dejado su discusión aún eran palpables en el ambiente.
-Estoy esperando-dijo Santana con una mano en la cadera- ¿Por qué se dieron de cachetadas? Y no intenten mentirme porque las he visto-agregó-.
Beth de pronto se sintió estúpida e inmadura, o sea, tenía sus razones, unas que creía muy válidas para haber enfrentado a Celeste, sin embargo, era la adulta en esa situación y se había puesto al nivel de una chica de diecisiete años.
-Bajen y entren al estudio de Kayle, voy en unos minutos-les ordenó Santana y comenzó a bajar la escalera-.
Llegó al jardín aún consternada por lo que había visto. No entendía que razón podría haber llevado a Beth y Celeste a pelear, nunca habían sido particularmente cercanas, eso era cierto, pero tampoco habían demostrado alguna animadversión por la otra.
-Quinn, ven conmigo-exclamó llamando la atención de todas ahí- Carpentier vamos a utilizar tu estudio-agregó-.
Kayle le dio una media sonrisa y afirmó con la cabeza dando su innecesaria autorización, porque aquella frase había estado totalmente ausente de signos de interrogación. Quinn se levantó de su puesto con el ceño fruncido, no entendía que necesitaba Santana hablar con tanta urgencia que la había sacado de esa agradable conversación.
-¿Qué pasa, S?-preguntó siguiéndole el paso hasta el estudio-.
-Es lo mismo que quiero saber yo, que es lo que pasa-respondió la latina-.
Quinn alzó una ceja y su desconcierto aumentó al entrar al estudio y ver a su hija con la cabeza baja mirando el suelo, en el sofá del frente estaba Celeste en la misma posición.
-Estaban arriba discutiendo y se dieron unas cachetadas-le contó Santana después de cerrar la puerta-No me han dicho la razón de su pelea-agregó cruzándose de brazos-.
La rubia abrió ligeramente su boca, sus ojos iban entre Santana y su hija. No pudo evitar recordar que ella misma había protagonizado unas cuantas peleas con una López, lo que le produjo una pequeña sonrisa divertida que borró ante la severidad en la mirada de su mejor amiga.
-¿Beth?-inquirió-.
-Mamá…-susurró Beth avergonzada-.
Porque claro, estar ahí, como una niña castigada a los treinta años no era una situación en la que pensó se encontraría.
-¿Nos dices que ha pasado?-preguntó la rubia avanzando para sentarse junto a ella, Santana hizo lo mismo, pero se ubicó del lado de Celeste-.
-Tuvimos una diferencia-respondió Beth-.
-Claro, una diferencia-ironizó Celeste-.
Y se volvieron a mirar la una a la otra con una furia que era contenida sólo por las dos "adultas" en esa sala.
Celeste miró a su madre.
-La perfecta Beth me acusó de estar saliendo con James y Charly al mismo tiempo e insinuó que lo hacía porque estaba interesada en quedarme aunque sea con uno para asegurarme la vida por el dinero que tienen-soltó Celeste- Así que si me vas a pedir que me disculpe por haberle dado una cachetada no lo haré, la tiene bien merecida-agregó con convicción la mayor de las López dirigiéndose a su madre-.
Santana abrió los ojos y desvió su mirada de inmediato hacia Beth.
-¿Tú le dijiste eso a mi hija?-inquirió con su voz cargada de reproche la latina-.
-Tía San…-.
-¿Sí o no, Beth?-la presionó-.
-Sí-respondió la rubia-.
-Beth…-susurró dolida Santana, como si esas palabras no se la hubiese dicho a su hija sino a ella misma- No lo puedo creer…-agregó levándose, caminando para calmar su ira, porque el amor que sentía por Beth la contenía para no decirle palabras hirientes-.
Quinn no estaba encontrando las palabras para defender a su hija, no entendía como había podido llegar a esa conclusión tan inverosímil, menos llegar al punto de pelearse así con una chica mucho menor que ella, era tan impropio de Beth actuar de esa manera, además, aunque fuese cierto ¿Qué la habría llevado a involucrarse en una situación ajena? ¿Por qué se lo había tomado tan personal? Había algo que no le calzaba, había algo que sentía que Beth no le estaba diciendo.
-Cariño, ¿por qué le has dicho eso?-preguntó cauta Quinn, no quería que Beth se sintiera atacada-.
Y aunque no sintió que su madre estuviera atacándola, Beth estaba perdiendo los nervios.
-¿Qué nadie se ha dado cuenta que ambos se desviven por ella? ¡¿Qué hasta se pelearon por su culpa?!-inquirió Beth con fuerza-.
-Si se pelearon fue por un mal entendido, no por mi culpa-se defendió Celeste-.
-Claro, un mal entendido… ¿Así te llamas a ti misma?-.
Beth no estaba por ceder, porque no era justo que la apuntaran a ella como la villana en aquella situación.
-Beth, detente, sabes que te amo como a una hija, pero no voy a tolerar que trates así a Celeste, es mi pequeña, mucho más pequeña que tú por si no lo recuerdas-expresó Santana-.
A Beth no le dolió tanto lo que dijo, sino como lo dijo. No tenía recuerdos de que su tía San le hablara de esa manera antes.
-Tu pequeña no es tan inocente como lo parece, anda a los mimos con James, subiendo fotos con él y luego se escabulle para besarse con Charlotte ¿O lo vas a negar, Celeste?-preguntó levantándose-.
Celeste bajó la cabeza y suspiró profundo, no era la manera en la que quería que su mamá supiera que estaba comenzando algo con Charly, claro que no, sin embargo, debía decir la verdad para aclarar esa situación donde la perfecta Beth la estaba intentando hacer ver como una rubia trepadora.
-No, no lo voy a negar-respondió y se levantó también, no le gustaba sentir las miradas sobre ella hacia abajo, la hacían sentir pequeña-.
Santana frunció el ceño y aguantó el aire.
-Pero no es como lo has dicho-aclaró- James es como un hermano para mí y él me ve de la misma manera, tú no lo entiendes porque te fuiste de aquí y no creciste con nosotros, al parecer tampoco te das cuenta que él está loco por ti, quizás si fueras menos estirada y prejuiciosa…-.
-Celeste…-susurró Santana-.
La rubia revoloteo los ojos.
-El punto es que ninguno de los dos está interesado en el otro, lo que hayas visto lo interpretaste mal, muy mal… y sobre Charly…-respiró profundo- La amo desde siempre, no es un secreto para nadie, la amo y ella a mí…no tengo porque dar detalles de lo que está pasando entre nosotras, sólo diré que he esperado esta oportunidad por mucho tiempo y no haría algo tan estúpido como tontear con James arriesgándome a que Charly me mande a la mierda…-agregó Celeste produciendo un silencio sepulcral con sus palabras-.
Beth tomó aire, si estuviese en un juzgado en este momento estaba segura que habría perdido el caso. Sin embargo, había algo que seguía dándole vueltas en la cabeza.
-¿Puedo hablar a solas con Celeste?-preguntó Beth-.
Quinn afirmó con la cabeza, sabía que su hija se había dado cuenta de su error, así que tomó del brazo a Santana y salieron de ahí. Beth levantó el mentón y se quedó a unos pasos de distancia.
-Soy lo suficientemente madura para reconocer cuando me equivoco, y lo he hecho contigo, así que lo siento, siento haberte acusado de esa manera, sin embargo, creo que ambas sabemos que éste mal entendido no es un accidente, algo me dice que fui engañada de alguna manera…-.
Celeste no quería dejar en evidencia a James, pero Beth tenía razón, si había llegado a esa misma conclusión errónea que Charly, había sido por las acciones de ambos que las habían llevado a pensar eso. No había sido un mal entendido, aquella situación se había dado con cierta intencionalidad y ahora debía afrontar su parte de responsabilidad.
-¿Te sientes atraía hacia él, no es cierto?-preguntó Celeste-Por eso me enfrentaste de ésta manera…-agregó-.
Beth se removió incomoda.
-Es un chico-respondió-.
Celeste le dio una media sonrisa.
-No estás respondiendo mi pregunta-presionó-.
-A mi manera si la estoy respondiendo-expresó la rubia más grande-.
-Vale, no estás por reconocerlo, pero si no fuera así, dudo que me hubieses enfrentado así, te lo tomaste personal perfecta Beth…-agregó con tono triunfal Celeste-.
Beth bufó frustrada, odiaba haber quedado en evidencia ante una adolescente.
-¿Por qué lo de las fotos?-preguntó intentando tomar el control de la situación-.
-¿Y por qué no? ¿Además no estás algo grande para andar stalkeando? Y más a alguien que consideras un chico…-razonó con cierta malicia la mayor de las López, quería a toda costa que Beth aceptara lo atraída que se sentía por James-.
-¿Qué es eso de stalkear?-inquirió casi para sí misma y giró la cabeza en negación se había cansado de la situación- Sabes, ya está, me disculpo contigo y me salgo de esto, no voy a volver a caer en jueguitos de chicos-agregó molesta y comenzó a caminar para salir de ahí-.
Mientras en el jardín estaban Santana y Quinn un poco más alejadas de las demás.
-¿Por qué no estas molesta?-preguntó Santana-.
Quinn sonrió divertida.
-¿No te parece gracioso? Sólo un poco…-dijo, agregando lo último ante el ceño fruncido de su mejor amiga-Vamos S, nosotras cuantas veces nos peleamos así…-.
-No es lo mismo-sentenció de brazos cruzados-Beth ha sido muy dura con Celeste-.
-Lo sé y creo que también te diste cuenta que estaba arrepentida, se dejó llevar, quizás por primera vez "la perfecta Beth" como la llama tu hija, se dejó llevar…-.
Santana suspiró.
-Dale, olvidemos esto, sólo fue algo sin importancia, además si se pelearon así es culpa nuestra, lo llevan en sus genes-bromeo Quinn-.
Y produjo la primera sonrisa en Santana después del incidente. En eso vieron como Beth salía del estudio e iba al jardín, se acercó primero a Rachel, luego a las demás en una clara despedida.
-Beth-la llamaron casi al mismo tiempo.
-Me voy-expresó-.
-Cariño, ya está olvidado no tienes por qué irte-le dijo Quinn-.
-No quiero llegar tarde a D.C.-excusó-.
-Beth, lo que dice Q es cierto, ya está olvidado, ha sido una tontería-argumentó la latina-.
Beth levantó la mirada, estaba herida, sin duda, estaba herida.
-Intentaré viajar para acción de gracias-expresó con decisión-.
-¿Lo intentaras?-inquirió Quinn-Pensé que…-.
-Lo intentaré mamá, es lo mejor que puedo prometer ahora-.
Cerró aquella conversación con un beso medio dado a cada una y comenzó a salir de aquella gran mansión.
-¡Beth! ¡Beth!-exclamó corriendo detrás-¿No te despides de mí?-agregó James-.
Beth cerró los ojos, ese chico era la última persona que quería ver en ese instante.
-Lo siento, no estabas en el jardín y ya debo irme-expresó como débil respuesta-.
-¿Estás bien?-preguntó frente a ella, al lado de la puerta de su auto, a donde necesitaba poder entrar-.
-Lo estoy, sólo quiero irme ya, no quiero encontrarme con atascos por el camino-contestó-.
-¿Segura? Pareces molesta-.
-James, ¿puedes dejar que me vaya? Con la persona que menos quiero hablar en este momento es contigo-le dijo en un tono agresivo-.
James abrió los ojos sorprendido ¿Qué había hecho ahora? ¿Por qué Beth le estaba hablando así?
-¿Puedo saber al menos que hice ahora para que me hables así?-inquirió con su tono herido-.
Beth soltó aire, miró hacia el cielo y luego sin ya nada más que perder le contestó.
-¿Qué pretendías con esas fotos con Celeste? ¿Sacarle celos a alguien?-preguntó mirándolo fijamente a los ojos, alzando esa ceja que produjo esa reacción que quería-.
James se puso nervioso de repente, abrió la boca pero las palabras lo habían abandonado totalmente y ninguna fue capaz de salir con coherencia.
Beth le dio una media sonrisa, había unido los puntos, ésta vez de manera correcta.
-Quería creer que me había equivocado contigo, pero no, no eres más que un chico…-sostuvo en un tono frio-.
Beth "reina del hielo" Fabray, podrían haberle dicho algunos al escucharla usar ese tono.
-Que estés bien-agregó Beth y abrió la puerta de su auto para salir a toda velocidad de aquella mansión.
James se quedó estático viendo cómo se iba. Algo le dolió en lo profundo, le dolió tanto que estaba seguro que algo dentro de él se había roto.
Una semana y unos días más tarde, Celeste y Niza iban saliendo de la escuela camino al estacionamiento, habían tenido un duro entrenamiento de porristas, se acercaba una competencia y tenían práctica en doble jornada. Celeste había rechazado otro par de invitaciones al baile ese día, su hermana había tratado de convencerla para que fuera con ella y Dylan, algo entre amigos, sin estúpidos chicos que te molesten, había dicho la morena, pero Celeste no tenía ganas, ya suficiente tenía con ese famoso comité de organización y todo el tiempo que le estaba quitando, tiempo que podía pasar con Charly.
Charly, su guapa y encantadora, Charly…suspiró y una tonta sonrisa se formó en sus labios, se habían visto poco, es cierto, pero habían aprovechado cada segundo y lo mejor era que la morena ni había mencionado alguna fecha para volver a Berlín, lo que era bastante auspicioso para sus pretensiones.
-¡Oh dios!-exclamó agregando un chillido de emoción Niza-.
Celeste no entendió la impresión de su hermana, no hasta que miró en dirección a su auto. Mierda. Lo que le faltaba, que algún estúpido chico hubiese decorado su auto con estúpidas rosas cursis para invitarla al baile, ahora no sólo tendría que rechazarlo sino que limpiar todo ese desastre. Se quedó justo al frente para analizar los daños y cuanto demoraría en quitar todo eso, el capó estaba con pétalos de rosas celestes –un lindo detalle, pensó la rubia- entre los asientos delanteros un ramo de rosas del mismo color y atrás un oso blanco de considerables dimensiones con un moño celeste que sostenía un globo que decía "¿Irías al baile conmigo?.
Vale, se había tomado sus molestias, pero la respuesta sería la misma, porque había una sola persona con la que ella iría y esa persona no estaba interesada en esas tonterías…cerró los ojos intentando darse fuerzas para decirle que no a quien fuera…
-Entonces… ¿Me dejarías acompañarte al baile?-le dijo-.
Celeste abrió los ojos de inmediato y se dio la vuelta para asegurarse que no estaba soñando, que esa voz, era su voz.
Charly tenía una media sonrisa nerviosa y entre sus manos una solitaria rosa celeste, caminaba hacia ella a paso lento, tomando fuerza para enfrentar aquella locura que había hecho, apostando su reputación de chica mala en esa escuela que había dejado siendo casi una leyenda, sabía que había un montón de personas a su alrededor observándolas y que la mayoría de ellas aún no se creían que Charlotte Carpentier fuera la responsable de tamaña cursilería.
Llegó hasta ella quedándose a centímetros de su cuerpo y le ofreció aquella rosa, Celeste la tomó aun sin caer que Charly, su chica despreocupada y poco dada al romanticismo haya hecho todo eso por ella, aquello que por supuesto ya no le parecía cursi, sino romántico, totalmente romántico.
-Por favor, dime que sí, porque estoy segura que Niza se cansó de sacar fotos y ahora nos está grabando, si me dices que no y lo sube a youtube seré el hazme reír de todo el mundo-bromeo Charly para sacarse los nervios-.
Celeste afirmó con la cabeza.
-Sí-respondió apoyándose en su pecho-.
-¡Ha dicho que sí!-exclamó Charly en tono alto recibiendo silbidos y vítores-.
Celeste sonrió, joder, cuando pensaba que no podía amarla más, Charly hacia cosas como esa, la tomó de la solapa de su chaqueta de cuero con decisión y la acercó hasta juntar sus labios, la besó sin importarle nada ni nadie.
-¡Wooow!-exclamó Niza sin soltar su teléfono celular, había documentado toda aquella invitación-.
-Niza ya es suficiente-le dijo Celeste sonrojada y escondiendo su rostro en el pecho de Charly-.
Su hermana dejó de grabar y se subió al auto para darles algo de privacidad.
-Gracias…-susurró levando la mirada para ver sus ojos verdes- No pensé que podías llegar a ser tan cursi…pero me ha encantado-.
Charly frunció el ceño.
-No es cursi…es tierno o algo así, cualquier cosa menos cursi, yo no soy un cursi, soy ruda-expresó para defenderse-.
Celeste levantó su mano y con su dedo pulgar e índice hizo el gesto de que lo era un poquito.
Charlotte revoloteo los ojos.
-Sólo un poco-aceptó a regañadientes-.
Y Celeste rió.
-¿Vienes conmigo?-preguntó acariciándole la cara-.
-No puedo, estoy con algunas cosas-respondió vagamente y recibió un puchero de parte de su rubia-Es algo así como importante, pero te prometo que pasaremos todo el fin de semana juntas…-.
-Es martes, quedan tres días para el fin de semana-dijo refunfuñando-.
-Valdrá la pena la espera-susurró en su oído-Te lo aseguro-.
Celeste sintió como el calor se apropiaba de su cuerpo ante esa insinuación y le dio un pequeño beso antes de separarse, aceptando tácitamente esa propuesta.
-Te llamaré en la noche-le dijo Charly-.
-Estaré esperando y que te vaya bien en eso importante-Le deseo, sabiendo que Charly muchas veces necesitaba espacio para sus cosas y no estaba por agobiarla, no ahora que iba todo tan bien.
Celeste se subió al auto donde la esperaba su hermana, Niza la miraba intensamente, con una sonrisa divertida en sus labios.
-¿No pensabas contarme que por fin cruzaste la línea con Charly?-inquirió haciéndose la ofendida-.
Celeste metió la llave y encendió el auto para ir a casa, Niza había puesto todos las rosas en el asiento de atrás, también los pétalos esparcidos por el capo.
-Cel-la presionó la morena-.
-No es tu asunto-respondió con una media sonrisa-.
-¡Claro que es mi asunto!-exclamó-He sido yo quien te ha tenido que soportar toda deprimida o idiota…-.
-Tienes que soportarme porque soy tu hermana, es parte de tu trabajo-respondió la mayor sin que nada pudiera borrarle la sonrisa-.
-Vamos, dime ¿ya le entregaste tu V-card?-preguntó alzando sus cejas-.
-¡Niza! ¡Que ese no es tu asunto!-exclamó y un tono rojo se apropió otra vez de sus mejillas-.
El viaje lógicamente no fue tranquilo, Niza no se rendía con facilidad pese a su negativa de entregarle detalles sobre lo que tenía con Charly, cuando llegaron a casa, le ayudó a llevar todos sus regalos hasta su habitación, luego se separaron. Celeste se dio una ducha con agua tibia para relajar sus músculos después del duro entrenamiento, luego se tendió en la cama y sin quererlo se quedó dormida.
Cuando se despertó vio que eran pasadas las siete de la tarde por lo que sus mamás ya deberían estar en casa. Iba bajando las escaleras cuando comenzó a escuchar murmullos…
-¡Oooohh! ¡Qué lindo!-.
Celeste pudo identificar la voz de su mamá Britt, otros murmullos le siguieron a ese hasta que llegó a la cocina.
-Hola-saludó nerviosa y fue a darle besos a sus madres-.
Santana estaba picando verdura mientras en la isla de la cocina estaban Britt junto a Niza sentadas frente a la morena, ambas levantaron inmediatamente la mirada cuando entró.
-Así que cambiaste de opinión-expresó la latina poniendo énfasis en su labor con el cuchillo-.
Brittany miró a su esposa y se levantó para abrazarla por la espalda, la conocía tan bien y sabía que para su latina era más difícil de aceptar que para ella que sus hijas comenzaran a salir con alguien.
-Niza…-susurró Celeste en tono acusador-.
-Fue un muy lindo detalle el de Charly-comentó Brittany sintiendo como su esposa se volvía a tensar, sentía cada reacción de su cuerpo al tenerla abrazada-.
-Lo ha sido-respondió Celeste sin quitarle la mirada a su mamá Santana- ¿No hay problema que vaya con ella, cierto?-preguntó hacia la latina-.
Quien sólo hizo una negación con su cabeza.
-¿Podrían usar algo de tú nueva colección?-preguntó Britt hacia su esposa-.
Santana volvió a usar su cabeza para responder, ahora afirmando.
Brittany puso su mano sobre la de su mujer para detener su labor con el cuchillo, Santana al levantar la mirada se encontró de lleno con los ojos celestes de su mujer que en silencio la invitaban a la conversación, instándola a que dejara de usar sólo su cabeza. La latina suspiró y miró a su hija mayor.
-¿Están de novias?-Inquirió la latina en un tono duro, Britt le apretó levemente la mano para que fuera con más suavidad-.
-No-respondió Celeste-.
Santana volvió a afirmar con la cabeza.
-Si no quieren usar algo de mi colección podemos ir de compras ésta semana-expresó la latina-.
-Mamá-dijeron ambas al mismo tiempo-.
Santana les dio una media sonrisa pretenciosa, sus hijas se dirigieron a sus brazos, haciéndose lugar entre ella y su esposa.
-Eres nuestra diseñadora favorita-le susurró Celeste-.
Unos días después, Kayle estaba terminando su jornada en la oficina, con el paso de los años se había acostumbrado a dividir su vida en dos trabajos, el apoyo incondicional de su mujer y la excelente labor que cumplía Quinn en la Compañía le habían permitido seguir siendo médico, lo que agradecía enormemente.
Dos golpes en su puerta la hicieron levantar su cabeza.
-Hola, no te esperaba-Saludó Kayle levantándose de su silla-¿Quieres un café?-.
Santana afirmó con la cabeza y se sentó frente a ella, la doctora llamó a su secretaria que no tardó en entrar con lo pedido.
-¿Vas a hablar o sólo viniste a mirar lo guapa que sigo siendo?-bromeo Kayle-.
-Idiota, tengo una reunión con tu esposa en unos minutos y decidí pasar aquí antes para saludar-habló la latina-.
Kayle bebió un sorbo de café y la observó con detención, no le creía del todo que haya pasado sólo para saludar.
-Suéltalo-le dijo Kay-.
-¿Sabías que tu hija invitó a la mía al baile?-inquirió-.
-Sí-.
-¿Y que están comenzando a salir?-.
-San, han salido desde hace años…-expresó la doctora haciéndose para atrás hasta apoyarse en el respaldo de la silla-.
-Es diferente ahora- rebatió la latina-.
Kayle sonrió divertida, que suegra escalofriante que le había tocado a su hija.
-Ahora se besan…-aseguró Santana desviando la mirada visiblemente incomoda-.
-¿Y cuál es el problema?-preguntó Kayle fingiendo inocencia-.
-Tú hija es una jugadora, lo sabes, y Celeste tiene un cartel sobre su frente que dice que aún es virgen, si esto termina mal ya sabemos quién será la que sufra-aseguró la latina-.
Kayle tomó aire.
-Charly la ama y…-.
-Pero eso no ha evitado que se acueste con cada chica que le mueve el culo-interrumpió la latina-.
La doctora tuvo que tomar aire otra vez, aquella aseveración la había hecho sentirse levemente ofendida.
-¿Y qué quieres que haga? ¿Qué le prohíba a Charly "salir" con Celeste? Me mandará a la mierda y encontraran la forma de verse de igual manera-Le dijo Kay-.
-Lo sé, sólo quiero poner en antecedente ésta conversación…-.
Kayle frunció el ceño.
-Ya sabes, es como un "te lo advertí", no puedo decir que le cortaré las bolas si hace llorar a mi hija, pero encontraré algo que cortarle, algo que le haga mucha falta- amenazó la latina con total convicción- Ahora voy con tu esposa, fue bueno hablar, Carpentier, me siento más tranquila-Agregó levantándose y saliendo de su oficina-.
Kayle se quedó con el ceño fruncido y una media sonrisa de incredulidad, sólo Santana López era capaz de ir a su oficina sólo con el fin de amenazar a su hija. Sólo Santana López podía salir impune de una conversación como esa.
Quinn llegaba más temprano de lo habitual de la oficina, le encantaba su trabajo y sentía que todos los esfuerzos que había hecho en algún momento valían la pena, era la vicepresidenta, la primera en la historia de Carpentier Company, que no llevaba el apellido de la compañía familiar.
No alcanzó a poner su abrigo sobre el perchero cuando su hijo llegó hasta ella con visible agobio en su expresión.
-Hey- dijo haciéndole cariño en el cabello y dejándole un beso en la mejilla-¿Todo bien?-.
Dylan bajó la cabeza y comenzó a jugar con sus dedos.
-¿Podrías hablar con mamá?-preguntó en un tono bajo-.
Quinn frunció el ceño.
-¿Qué pasa con Rachel?-preguntó la rubia-.
Dylan tomó aire, había intentado manejar por sí mismo aquella situación pero lo que le acaba de decir su mamá Rachel lo había terminado por superar.
-Está demasiado emocionada con lo del baile, he tenido cinco pruebas con el esmoquin y otras tres de camisas… y ahora me acaba de decir que mandó a comprar mi corbata a Italia… ¿no tendré que ir por ella, cierto? Porque tengo exámenes y no me da tiempo de ir a buscar una corbata a Italia…-explicó agotado, en su tono estaba marcado el ruego, la necesidad de ayuda para manejar a su siempre intensa madre-.
Quinn quiso reír, ella también se había dado cuenta que Rachel estaba particularmente emocionada con que Dylan fuera al baile pero al parecer ya se estaba pasando un poco.
- Tranquilo, no tendrás que hacerlo, yo hablaré con ella… ¿dónde está?-.
-En el estudio-respondió-.
-Sube a terminar con tus deberes, te avisaré cuando esté lista la cena-.
-Gracias mamá-susurró lanzándose a sus brazos-.
Quinn caminó hasta el estudio que le servía de oficina en busca de su esposa, al abrir la puerta escuchó como hablaba aireada por teléfono, podía reconocer su italiano así que podría deducir que esa llamada era por la corbata de la discordia, se acercó con sigilo y la abrazó por la espalda, dejando un suave beso en su cuello. Rachel pareció relajarse entre sus brazos y bajó el nivel de discusión, esa que se prolongó sólo unos segundos más.
-Hola…-susurró la rubia dejándole más besos en el cuello-.
-Hey…llegas temprano-respondió volteándose-.
-Las ventajas de ser mi propia jefa-respondió y puso sus manos en cada costado de su mujer, aprisionándola entre la mesa y su cuerpo, la actriz le pasó las manos por el cuello, acariciándole esos cortos mechones rubios desordenados-.
-Tenemos que hablar de un asunto-comenzó Quinn-.
-¿De qué?-.
-Estás agobiando a Dylan con lo del baile…-le dijo suavemente, con los años claramente había aprendido a hablarle a su esposa-.
-Claro que no-negó poniendo una mano en su pecho en gesto ofendido-.
-¿Mandar a comprar una corbata a Italia?-inquirió la rubia-.
Rachel desvió la mirada.
-No saldrá de tu salario, Fabray-respondió e intento salirse de los brazos de su esposa pero Quinn no se lo permitió-.
-Cariño, es el primer baile que tiene en la secundaria y será el último al que vaya si lo sigues agobiando con pruebas de trajes y compras en el extranjero, sabes cómo es, estoy segura que si aceptó ir es sólo porque Niza le insistió-expresó la rubia intentando hacer entrar en razón a su esposa-.
-Ese es el punto, irá con Niza, su madre, tu mejor amiga, es diseñadora por si lo olvidas, se fijará en cada detalle y no quiero que mi hijo desentone-se excusó la actriz-.
Quinn sonrió y le pasó sus dedos por su mejilla.
-No lo hará, es un Fabray-expresó-.
Rachel se relajó un poco más.
-Está bien, no lo seguiré agobiando, pero la corbata ya está encargada así que no puedo hacer nada con eso, llegará en unos días…-agregó con suficiencia-.
-¿Ninguna prueba más de trajes?-.
-Ninguna más-aseguró revoloteando sus ojos-.
-Te amo-.
-También yo, Fabray-.
-Quizás esta noche pueda demostrarte cuanto te sigo amando señora Fabray-le susurró la rubia en su oído-.
-Eso me gustaría mucho, porque ya no lo recuerdo…-respondió la actriz-.
Quinn se distanció unos centímetros y le dio su mejor expresión de ofendida.
-¿Qué? Es cierto…-Aseguró Rachel-Estar casada con una ejecutiva importante ha tenido sus desventajas-agregó-.
Quinn aprovechó su posición y la levantó hasta dejarla sentada en el escritorio. Rachel se sorprendió cuando sintió las manos de su mujer vagar por sus muslos, la rubia amaba que la actriz siguiera usando faldas cortas.
-Quinn…-susurró en vano para intentar detenerla-.
Sus provocaciones habían surtido efecto inmediato y ahora ya nada detendría el resarcimiento del orgullo herido de una Fabray.
Celeste y Charly estaban sobre la cama de la rubia regalándose mimos y besos, estaban recuperando con creces esos días que habían pasado sin verse. Celeste en un movimiento audaz se puso sobre ella, sin dejar de besarla y tocarla, amaba pasar sus dedos por ese abdomen bien definido, sentir como se tensaba ante su toque, como la sostenía con más fuerza por sus muslos descubiertos, se había dejado el uniforme de porrista con ese propósito, notaba como esos ojos verdes destellaban cuando la veía con el.
-Cielo…-susurró-.
-Te extrañe, tendrás que quedarte conmigo esta noche-respondió acomodando su cuerpo sobre ella, apoyando su cabeza en su pecho-.
-Tentador-dijo Charly-.
-¿Cuan tentador?-preguntó con voz baja colocando sus manos sobre su pecho, acariciando ese pequeño tatuaje que adoraba mirar-.
-Demasiado-respondió sin una pisca de duda-.
Celeste sonrió con suficiencia.
-Necesito una ducha-dijo comenzando a levantarse- Los entrenamientos de porristas van a matarme, siento cada musculo adolorido-.
Charly le dio una media sonrisa y no perdió el tiempo recorriéndola de pies a cabeza.
-Te esperaré abajo…demasiada tentación pensarse desnuda bajo el agua-expresó Charly-.
Celeste se acercó para darle otro beso sintiendo en su cuerpo aquellas palabras brutalmente sinceras, sabía que delante de sus madres tendría que contenerse de besarla, más por Santana que por Brittany.
Charlotte bajó y siguió camino hasta la cocina, Celeste le había comentado que Santana con Niza iban a llegar más tarde porque estaban con las pruebas del vestido y todo eso, así que cuando entró sólo se encontró con Brittany, de espaldas lavando unas frutas.
-Deja a Santana y fúgate conmigo-le susurró Charly abrazándola por la espalda, apoyando su mentón en el hombro de la rubia-.
Brittany soltó una sonora carcajada.
-¿No estoy algo grande para ti?-respondió-.
-Para el amor no hay edad-respondió con voz dramática Charly dejando sus manos en la cintura de la bailarina-.
-Eso es cierto, el problema es que estás enamorada de una rubia que no soy yo-agregó Britt divertida, siempre había sentido un cariño especial por Charly, le encantaba esa personalidad que tenía-.
-No lo puedo negar, las rubias son mi debilidad…-.
-No es suficiente con mi hija, ahora también te quieres levantar a mi mujer, Carpentier-exclamó Santana quien iba entrando con su hija menor a la cocina-.
Charlotte se separó de Brittany para mirar a Santana.
-Hola para ti también-dijo Charly sonriendo-.
-¿Y Celeste?-preguntó Santana dándole un beso en la boca a su mujer-.
-Necesitaba una ducha, estuvimos en algunas actividades sudorosas antes que llegaras-dijo en claro tono de broma Charly-.
Pero bromear con eso no fue una buena idea ya que Santana le dio un fuerte golpe en el brazo.
-¡Era una broma!-Exclamó Charly con sus manos en alto-¿Dónde quedó tu sentido del humor, Santana?-preguntó-.
La latina la dio una mala mirada.
-Tía Santana, cambié tus jodidos pañales- le rectificó-.
-O suegra-comentó Niza que estaba riendo igual que su mamá Britt-.
-Niza-le advirtió Santana-.
-Hola-saludó Celeste quien captó que algo estaba pasando ahí-¿todo bien?-.
-Claro-respondió Charly acercándose a ella-.
Las mujeres López se pusieron en la labor de preparar la cena, una vez lista se sentaron todas en la mesa.
-¿Tendré que preocuparme por lo que uses en el baile?-preguntó Santana en dirección a Charly-.
-¿No?-inquirió dudosa, había estado ocupada en otras cosas y ni había pensado en cómo debía ir vestida el día del baile-.
-Porque si te apareces vestidas con esos jeans viejos que sueles usar te mandaré de una patada en el culo de vuelta a tu casa-expresó en tono firme la latina-.
-Mamá…-dijo Celeste-.
-¿Qué? Siempre anda vestida como si no tuviera dinero para comprarse algo nuevo, si por lo menos usaras algo que no tuviese alguna mancha de pintura…-.
Charlotte sonrió, Santana siempre encontraba los defectos en ella y podía entenderlo, la conocía el suficiente tiempo para saber que ni el más perfecto prospecto sería suficientemente bueno para Celeste y claro, también sabía que ella estaba muy lejos de ser perfecta.
Pero mejoraría, lo estaba intentando, ser lo mejor que podía ser para Celeste.
Parece que había minimizado todo el asunto del baile, no parece, realmente lo había minimizado, porque faltando cuatro días para ese día no tenía una jodida idea de que usaría o que corsage comprarle a Celeste o en que irían hasta allá.
En resumen, Charly no tenía una jodida cosa lista. Suspiró. Quizás si no se hubiese saltado cada baile mientras estuvo en la escuela ahora tendría una idea de que hacer, no sólo de hacer, sino de hacer algo realmente bueno para sorprender a Celeste.
Apoyó su frente sobre su notebook totalmente agobiada, llevaba por lo menos un par de horas sentada en el suelo del salón.
-Hey… ¿todo bien?-preguntó Francis recién llegada de la oficina-.
-Hola mamá…-respondió desanimada-.
-¿Qué pasa?-preguntó-.
Charly levantó la cabeza y ante ella encontró su salvación, porque si alguien sabía de cómo vestir bien y comprar el corsage correcto, esa era su mamá Francis.
-Necesito tu ayuda, así como urgente…muy muy urgente-expresó parándose del suelo y sentándose en el sofá-.
Francis se sentó al lado de su hija.
-¿En qué?-preguntó-.
-En todo, no tengo una jodida idea de que usar o que corsage comprarle a Celeste-respondió-.
Francis sonrió divertida, era primera vez que Charly le pedía ayuda en algo como eso, su hija nunca fue lo que ella pensó que sería. Cuando nacieron los mellizos, la rubia creyó que su hija sería su compañera de compras, su cómplice en el gusto por la moda, su modelo, pero Charly no podía estar más lejos de eso, no le importaba lo más mínimo como lucia, odiaba ir de compras y nunca había querido ir a un baile, por lo que ahora veía la oportunidad de asesorarla y no la dejaría pasar.
-¿Sabes de qué color es el vestido de Celeste?-preguntó-.
-No, ¿es importante eso?-.
Francis rodó los ojos y buscó su teléfono celular.
-López-dijo-.
-Dime…-dijo Santana-.
-¿De qué color es el vestido que usará tu hija en el baile?-preguntó directa-.
-Blanco-respondió-.
-Perfecto, es muy combinable-.
-Preocúpate de que tu hija esté a la altura-le advirtió-.
-Eso ni lo dudes-.
La rubia colgó el teléfono ante la atenta mirada de su hija.
-Levántate, nos vamos de compras…-le ordenó-.
Charlotte cerró los ojos y suspiró profundo.
-¿No podemos hacerlo desde aquí?-preguntó mostrándole las pestañas abiertas de su notebook-.
-¿Quieres mi ayuda o no?-.
Charly se levantó de mala gana, sabía lo que venía, su madre suelta de compras por Nueva York era más amenazante que Godzilla subiendo los edificios de la ciudad o sino que le preguntaran a la pobre tarjeta.
Pasaron por innumerables tiendas de diseñador, Charlotte había perdido la cuenta de cuantos trajes se había probado bajó la escrutadora mirada de su mamá. Ahora estaba sobre una tarima con otro vestuario puesto.
-Me gusta-dijo Francis-.
Charly le miró el precio a aquel traje y casi se cayó de la tarima de la impresión.
-Creo que esto está muy sobre mi presupuesto-dijo-Podría usar el que me compraste para la última fiesta de compañía o tomar prestado algo del closet de mamá-agregó-.
-Ni lo pienses, sobre mi cadáver Santana López encontrará algún detalle en cómo vas vestida-Expresó con decisión-.
-Vendí algunos cuadros que tenía expuestos en Berlín, pero esto vale demasiado dinero y sólo lo usaré una vez-reclamó Charly-.
-¿Puedes dejar hablar como si no fueras una Carpentier?-le pidió Francis marcando la exasperación en su tono-.
La rubia le hizo un gesto a la vendedora para que se acercara.
-Nos lo llevamos-le dijo y le pasó su tarjeta-.
-Mamá no, yo lo compraré-.
Pero ya era demasiado tarde.
-Me invitarás un café-.
Después de que les entregaran su compra pasaron por una cafetería para sentarse por algunos minutos, Charlotte sentía como sus pies le palpitaban de tanto caminar aun llevando zapatillas, no entendía como su mamá estaba como si nada llevando en los pies esos condenados tacos de mínimo quince centímetros.
-Gracias-dijo Charly-ahora sólo falta el corsage y el medio de transporte-.
-Tú ocúpate del corsage, yo veré quien las lleve-.
Charly sonrió de medio lado.
-Fue un lindo detalle como invitaste a Celeste-.
-¿Cómo lo sabes?-preguntó-.
-En ésta gran familia no hay secretos, cariño, pensé que lo sabias-contestó-Me gusta Celeste, siempre me ha gustado-agregó-.
-Lo sé-.
-El único detalle es que tendré que compartir a mis nietos con Santana, pero el saber que llevarán nuestro apellido me consuela-.
Charly casi escupe el café que tenía en la boca.
-Mamá… ¿no te estarás adelantando un poco?-.
Francis revoloteo los ojos.
-Sólo apresúrate en pedirle que sea tu novia, lo demás se dará solo-expresó con convicción-.
Charlotte miró al cielo buscando paciencia, la necesitaría.
Había llegado el día y en las casas de todas el caos reinaba, algunos de los chicos lo llevaban con más estoicismo que otros.
-Mamá por favor, llegaré tarde a buscar a Niza-le pidió Dylan a Rachel-.
La actriz le estaba arreglando la corbata, esa carísima corbata que se veía perfecta en su hijo. Se alejó unos centímetros y lo observó con suficiencia, se veía espectacularmente guapo y no lo decía como madre.
Quinn estaba en el salón bebiendo un café con James, quien se había ofrecido de chofer para los chicos, estaba vestido con un traje oscuro y había comprado una de esas gorras que usaban los choferes, el mayor de los Carpentier se había tomado muy en serio su papel.
-¡Por fin!-exclamó la rubia levándose acompañada de James-.
-Mira lo guapo que está-dijo Rachel con orgullo-.
Dylan había optado por un traje negro, camisa blanca y corbata de seda verde esmeralda, ese color lo eligió para combinar con Niza, ese asunto de combinar al parecer era muy importante. También le había dicho su madre que resaltaba sus ojos haciéndolos ver más verdes que cafés.
-Te ves genial-alabó James- Y ya es hora de irnos, a las damas no se les hace esperar-agregó-.
Dylan sonrió, por fin iba a salir de su casa, aunque antes de eso tuvo que soportar las mil y una fotos que su mamá le sacó.
-Tranquilo campeón, todo irá bien-le dijo James que podía darse cuenta de sus nervios-
-No quiero que me deje por alguien más, no ésta noche-expresó Dylan dejando ver ese miedo que lo había estado atormentando desde que recibió la invitación-.
-Confía en ti, demuéstrale que estando contigo no necesita a nadie más-le aconsejó-.
Dylan suspiró y botó todo el aire que tenía en sus pulmones.
-Vamos, ve por tu chica-lo alentó estacionando el auto-.
Caminó a paso lento hasta llegar a la puerta de la residencia López-Pierce, tocó el timbre una vez y sintió como los pasos iban hasta la puerta.
-Justo a tiempo, Fabray-expresó Santana recibiéndolo, inspeccionando detenidamente su aspecto-.
-Hola Tía San-saludó entrando-.
-¡Niza!-exclamó Santana-.
Brittany bajó, ambas habían estado ayudando a sus hijas a prepararse, la rubia se ubicó junto a su mujer abrazándola por la espalda.
-Prepárate porque luce muy hermosa…-le advirtió Britt-.
Dylan quiso decirle que para él Niza se veía hermosa cada día, pero antes que pudiera decir alguna palabra vio como la morena bajaba a paso lento las escaleras… suspiró, debió tomar las palabras de Brittany y haberse preparado porque estaba seguro que justo en ese momento estaba babeando sobre su exclusiva cortaba.
-Te ves hermosa-susurró, aunque más que decirlo lo moduló-.
Una tos fingida lo sacó de su ensoñación y al levantar la mirada se dio cuenta que su tía Santana le estaba apuntando a la cajita del corsage, claro, debía abrirlo y dárselo a Niza.
La morena ya estaba junto a él y abrió los ojos gratamente sorprendida cuando Dylan sacó una gardenia para ponerla en su muñeca. Ese detalle había sido asesorado por su mamá Quinn y al ver los ojos de Niza agradeció seguir su consejo.
-Berry me llamado toda la tarde para recordarme de sacarles muchas fotografías y mandárselas-dijo la latina con voz de agobio-Llamaba una vez más y la mandaba a la mierda-.
Dylan y Niza comenzaron a posar juntos, él se veía mucho más nervioso, a Niza posar se le daba natural, lo hicieron por algunos minutos hasta que el castaño sintió dolor en sus ojos con tanto flash.
-¿Nos vamos?-preguntó Dylan ofreciéndole el brazo-.
-Claro-respondió-.
Si hace unos días le sorprendió sentir ese antebrazo fortalecido, esta vez, lo tomó con confianza, sin dejar de mirarlo, estaba realmente guapo, muy bien peinado y con su impecable traje.
James los estaba esperando y les abrió la puerta trasera de su auto.
-Que hermosa señorita tengo el honor de llevar esta noche-expresó galante-.
-Gracias James-.
Dylan esperaba que el camino a la escuela fuera suficiente para lograr calmar sus nervios, para ahuyentar sus miedos y tener la confianza que hacía falta para no permitir que nadie alejara a Niza de él esa noche.
Charlotte al ver la flamante limosina frente a ella pensó que debió saber que cuando su mamá Francis le dijo que se ocuparía, sería a lo grande, tan grande como el vehículo en el que se estaba subiendo después de resistir toda la atención de sus mamás, los besos y los arreglos a su vestuario una y otra vez.
El camino se le pasó rápido, podía aceptar que estaba nerviosa, nunca había hecho algo así y temía hacer algo estúpido que echara a perder todos los avances que estaba teniendo con Celeste.
Celeste…su preciosa rubia de ojos chispeantes, ahora que tenía la dicha de poder besarla y tocarla no sabía cómo había aguantado tanto tiempo sin hacerlo, como había podido negarse a ella, a esa felicidad que le producía ser la receptora de todas sus atenciones. Sintió como la limo se estacionó y con toda la seguridad que su cuerpo pudo albergar se bajó para caminar hasta la puerta, tocó el timbre y esperó.
Santana era la encargada oficial de abrir la puerta a las "citas" de sus hijas y como Niza ya había salido, sabía perfectamente quien estaba detrás de la puerta. Ya tenía pensado el comentario mordaz que le diría, sólo que cuando abrió su cabeza le jugó una mala pasada.
-Kayle…-susurró la latina-.
Charly sonrió sorprendida, sabía del impresionante parecido que tenía con su madre, todos se lo recordaban, sin embargo, ver a la gran Santana López-Pierce traicionada por sus recuerdos le divertía particularmente.
-¿Recuerdos de los viejos tiempos?-preguntó Charlotte sin borrar la sonrisa pretenciosa de su cara-
Santana giró su cabeza en negación, claro que estaba acostumbrada a Charlotte y su parecido con Kayle, pero pasaba que la hija de la doctora tenía un estilo muy diferente a su madre lo que producía que se distanciara de su parecido. Sin embargo, esa noche, con su impecable traje de pantalón negro ajustado, blusa blanca con botones oscuros y chaqueta blanca con ribete negro, maquillada y bien peinada era sin duda la fotografía de Kayle Carpentier.
-Tranquila, no le diré a Britt que te acordaste de mi mamá-Le dijo de manera cómplice Charly, haciéndole un guiño-.
-Pasa-dijo Santana- ¡Celeste!-exclamó intentando de alguna manera salir de esa embarazosa situación-.
Charlotte dio un pasó adentro y saludó a Brittany, que al parecer estaba con Celeste arriba porque venía bajando las escaleras.
-Prepárate-le dijo la rubia alzando sus cejas-.
Charly le dio un guiño seguro, nadie apreciaba más que ella la belleza de Celeste, en cada momento del día incluso cuando recién habría sus ojos por la mañana. Sin embargo, no estaba preparada para verla lucir tan espectacularmente hermosa, su impresión fue tanta que la caja con el corsage fue a dar al piso haciéndola despertar de su ensoñación.
-Lo siento…yo... lo siento…-se disculpó nerviosa recogiendo la cajita y levantándose justo cuando Celeste estaba frente a ella-.
-Qué guapa estás…-le susurró jugueteando con la humita desecha que llevaba alrededor del cuello de su camisa-.
-Joder Cielo…-murmuró perdiéndose en toda ella, sobretodo en su escote, ese que con esfuerzo sostenía sus pechos sobresalientes-.
Celeste, como había adelantado su mamá, llevaba un vestido blanco que se ajustaba de manera correcta en sus curvas, tenía un escote pronunciado y era corto para dejar a la vista sus piernas delicadas, su atuendo terminaba con unos tacos del mismo color que la hacían verse casi de la misma estatura que Charlotte.
-Levanta la vista, Carpentier-le dijo Santana dándose cuenta donde estaban los ojos de Charly-.
Celeste revoloteo los ojos.
-Vámonos-le pidió la rubia-.
-Claro-aceptó ofreciéndole su brazo y la escoltó hasta la puerta de la limosina-.
-Wooow, te estás luciendo, Carpentier-dijo Celeste-.
-No me puedo llevar el crédito por esto-reconoció-Fue idea de mamá Francis-.
-¡Temprano de regreso!-exclamó Santana alzando la voz-.
- Entra ya-le exigió Britt tomando a su mujer del brazo y llevándola hasta el salón como una niña pequeña-.
-¿Qué?-inquirió la latina sintiendo la mirada intensa de su mujer-.
Brittany la hizo sentarse en el sofá y luego se puso a horcajadas sobre ella.
-Nada, sólo quiero poder disfrutar de una noche de sexo salvaje con mi esposa…-susurró en su oído, pasando sensualmente la lengua por el lóbulo-.
-Mmm…-balbuceo-.
-Ahora que estamos solas no tendré que reprimirme los gritos…-añadió en tono bajo la rubia-.
Santana sonrió con orgullo, con ese que le daba seguir sacándole gritos de placer a su mujer después de veinte años de casadas.
En la limosina, Charly no podía dejar de mirarla, es que se veía tan hermosa que estaba segura que si intentaba hablar no saldrían más que palabras incoherentes.
-Deja de mirarme así-le pidió con sus mejillas adquiriendo un tono rojizo-.
-No puedo-respondió tomando su mano y besándole cada nudillo-No puedo dejar de hacerlo…-.
Celeste se volteo y cambio su mano por sus labios.
-Me has hecho olvidarme de esto-expresó la morena abriendo la cajita, le había costado tanto decidirse pero finalmente había optado por algo que creía seguro-.
Dentro había una orquídea celeste con flores blancas silvestres alrededor.
-Es muy lindo-expresó la rubia dándole su muñeca para que se la colocara- También tengo algo para ti-agregó abriendo su pequeño bolso-Es una de las que pusiste en mi auto-.
Celeste había cortado una de las rosas y con cariño se la puso en la solapa de la chaqueta.
-Perfecta-sostuvo una vez puesta-.
Al llegar a la escuela, sintieron como las miradas se concentraban en ellas y los murmullos se expandían a su paso, la impresión era el sentimiento más palpable dentro de esa masa de personas que se abrían paso para dejarlas pasar como si de la realeza se tratara.
-¡Que entrada!-exclamó Niza acercándose a ellas junto a Dylan-.
-Pero que hermosa estás, princesa…-alabó Charly-Vas a tener que cuidarla muy bien Dylan-.
-Lo estoy intentando-expresó y ciertamente lo estaba haciendo, la estaba cuidando y aquello no estaba siendo fácil con tanto chico loco por ella-.
-¿Ponche?-preguntó Charly-.
-Claro-respondieron las hermanas López-.
-Yo te ayudo a traerlos-se ofreció Dylan-.
Niza le dio una sonrisa a su hermana, la veía muy feliz.
-Creo que el ochenta por ciento de las mujeres heteroflexibles de esta escuela te envidian esta noche-bromeo la menor de las López-.
Celeste había seguido con su mirada a Charly pero al momento en que su hermana habló la desvió hacia ella.
-Lo sé-aceptó la rubia- Se ve jodidamente guapa…-añadió con voz baja, ronca, por todo lo que Charlotte se estaba produciendo-.
-Joder hermanita, si mantienes tus bragas en su lugar por el resto de la noche será todo un milagro-expresó Niza-.
Celeste rio.
-Quizás no las quiera mantener en su lugar-le dijo haciéndole un guiño y Niza puso su mano en la boca para reprimir el chillido-.
-Señoritas-dijo Charly y les entregó sus ponches- Creo que hicieron un gran trabajo en el comité, el gimnasio luce genial-alabó-.
-No fue fácil con Caroline Walker en el comité pero logramos imponer la opinión de la mayoría-comentó Celeste-.
-¿Walker? ¿Cómo Brooke?-inquirió Charly, quien se arrepintió de inmediato de su inocente comentario-.
-Sí, es su hermana-contestó Celeste entre dientes- de hecho Brooke está de chaperona en alguna parte-agregó dándole una mirada de advertencia a Charlotte-.
-¿Quieres bailar?-preguntó para sacarse ese momento incomodo de encima-.
La rubia sólo afirmó con la cabeza, Dylan aprovechó el impulso y le ofreció su mano a Niza, quien la recibió encantada así que ambas parejas comenzaron a bailar en el centro de la pista.
-Intentaré no pisarte-susurró Dylan en su oído disculpándose antes de tiempo-.
Niza sonrió.
-Relájate…-le pidió pasando sus manos por su cuello mientras él las descansaba en su cintura-¿Ya te dije lo guapo que está hoy? Hay chicas que no te han quitado la mirada en toda la noche-.
-No me importan las otras chicas-expresó demasiado sincero-.
Niza se distanció unos centímetros para verlo a los ojos, aquella confesión la había tomado desprevenida. Dylan volvió a romper los centímetros, para quedar en la anterior posición y siguió moviendo sus pies al son de la suave melodía.
-¿Te moléstate conmigo?-preguntó Charly en el oído de su rubia acompañante-.
-No-respondió cortante-.
-Cielo…-le dijo y tomó distancia para verla a los ojos- No puedo hacer nada con mi pasado, pero si con el presente y estoy dando todo de mi para no decepcionarte-añadió con toda la sinceridad que podían trasmitir sus ojos verdes-.
Celeste le acarició la mejilla y se acercó hasta sus labios para dejarle un casto beso.
-Lo siento, a veces no me puedo controlar y odio a cada mujer con la que estuviste-aceptó a regañadientes-.
Charly sonrió.
-No te rías, no es gracioso-le advirtió la rubia-.
La morena tomó aire.
-Te amo, eres a quién he amado durante toda mi vida, creo que me enamoré de ti el día que mamá me coló a la sala de recién nacidos y te vi por primera vez…-le dijo con convicción-.
Celeste pareció relajarse ante esa confesión, sabía que Charly lo estaba intentando, estar esa noche juntas en ese baile era una prueba de ello y ese intento ya lo valoraba muchísimo.
-Te amo también, tan profundamente…-susurró en respuesta la rubia-.
Otro beso más se unió a los que ya se habían dado y a los que se darían en esa prometedora noche que insinuaba ser el comienzo entre ellas, un comienzo de verdad, marcado por la sinceridad de sus sentimientos por la otra.
Niza reía junto a Dylan, que se estaba esforzando realmente mucho por seguirle el paso a la hábil bailarina que era su acompañante.
-Creo que ésta canción me está superando-reconoció el menor de los Fabray-.
-¿Quieres ir a sentarte?-preguntó-.
-¿No te molestaría?-.
Niza negó con la cabeza y llegaron hasta una mesa, cuando estaban a punto de sentarse alguien los interrumpió.
-Niza, necesito hablar contigo-le dijo su "casi novio" Nick-.
-¿Te molesta que salga unos minutos?-preguntó Niza a Dylan, quien giró la cabeza en negación-.
-Porque tienes que pedirle permiso a ese perdedor-le susurró el rubio a la morena-.
Quien frunció el ceño ante esa frase y una vez que llegaron a las afueras del gimnasio procedió a aclararle algunas cosas.
-Primero, no le pedí permiso, fue una cortesía, Dylan es mi acompañante esta noche y segundo no lo llames perdedor-expresó fuertemente-.
-Es lo que es-aseguró-.
Porque a Nick McAllan no le gustaba perder ni en la más mínima de las discusiones.
-¿Qué querías hablar conmigo?-inquirió-.
-Me habría gustado que viniéramos juntos, no he podido ni bailar contigo-expresó en un tono más conciliador-.
Niza sabía que Nick podría tener cierto derecho a estar molesto, pero no tenía por qué tomarla con Dylan, quien si estaba ahí era por ella, porque se lo había pedido explícitamente.
-Un baile-dijo Niza-.
Nick le dio su sonrisa ganadora, esa que usaba cuando anotaba algún gol por su equipo de lacrosse.
Dentro del gimnasio, Celeste y Charly se habían acercado a Dylan a verlo solo sentado en una mesa perdiéndose en su teléfono.
-Hey ¿y mi hermana?-preguntó la rubia-.
-Se fue con Nick-respondió visiblemente mal humorado-.
Ambas chicas se dieron una mirada.
-Iré a buscarla-dijo la mayor de las López-.
Mientras Charly se sentó al lado de Dylan.
-Hey, vamos, no te rindas así de fácil- lo alentó-.
El castaño sacó su mirada del teléfono y procedió a guardarlo en su bolsillo.
-No pasa nada, yo sabía que esto pasaría y aun así acepté su propuesta- expuso- él es todo lo que ella quiere y juntos serán la próxima pareja de oro de esta jodida escuela-agregó-.
Charly puso la mano sobre su hombro.
-¿Qué tiene que tú no? ¿Es deportista? No es la gran cosa, Dylan, cualquier puede meter una jodida pelota en una arco o lo que sea-argumentó-.
-Lo dice la capitana del primer equipo de hockey de esta escuela en ganar un Nacional-ironizó Dylan, quien de inmediato se dio cuenta que no era Charly con quien tenía que descargarse-Lo siento…no quise sonar así…-.
-No pasa nada, entiendo tu frustración…-.
-¿La entiendes? ¿No has tenido acaso a todas las chicas que has querido?-preguntó-.
Charly se removió incomoda de la silla, aquello podría ser cierto, de hecho lo era, había tenido a cada chica que había querido, pero ninguna de ellas era Celeste, la única que de verdad había querido.
-Charly Carpentier-Expresó-.
La morena sabía quién era incluso antes de levantar la cabeza para mirarla.
-Brooke-saludó-.
-Iré por algo de beber-expresó Dylan-.
Y Charly quiso gritarle que no, que no la dejara sola con esa mujer que inmediatamente se sentó a su lado.
-De todas las personas que pensé podría encontrarme aquí ésta noche, tú no eras una de ellas-expresó la rubia de fríos ojos azules-.
-Vine con Celeste-aclaró de inmediato-.
-Lo sé, las vi llegar…pensé que no te iban estas cosas o eso me dijiste cuando te pedí venir juntas para nuestro Prom queen-expresó en un tono fuerte, casi acusándola-.
-Es diferente ahora-.
Brooke se acercó hasta tomar su mano, un gesto que Charlotte rechazó de inmediato.
-Vamos, no te hagas la difícil, podemos terminar muy bien esta noche-le aseguró sin alejarse en claro tono de insinuación-.
-No, gracias-rechazó con voz firme-.
-¿Te vas a perder una noche de buen sexo por quedarte con una niñita que sabes que no te va a saber complacer?-inquirió con el orgullo herido-.
Los ojos verdes de Charlotte destellaron de ira y le dio una risa medida rebalsada de burla.
-No era buen sexo-Aseguró-.
Y aquello tomó por sorpresa a esa rubia que acostumbraba tener siempre lo que quería o a quien quería.
-Ella sólo quiere ser lo que yo fui en esta escuela-sostuvo intentando salvaguardar lo que le quedaba de orgullo-Es una pobre copia-.
Charly volvió a reír.
-No, no lo es, porque a diferencia de ti que te acostabas con quien fuera para ser popular, Celeste ha sido la reina sin querer serlo ni esforzarse, ella tiene toda la dignidad que tú nunca tuviste-aseguró con total decisión y se levantó- Permiso, iré por mi chica-.
"Mi chica" esas dos palabras le dolieron más a Brooke que todas las anteriores.
Al levantar la mirada cuando se paró de la silla, se dio cuenta que Celeste la miraba fijamente y no con la mejor de sus expresiones así que apresuró el paso para llegar hasta ella.
Celeste había encontrado a su hermana bailando con Nick, al acercarse notó de inmediato que Niza no se encontraba cómoda con la excesiva cercanía que estaba teniendo el rubio con ella, por lo que no fue difícil tomarla de la mano y sacarla de ahí con una mínima explicación, al caminar de vuelta a la mesa se encontró con esa escena que la había enfurecido.
-Déjame explicarte-le pidió Charly de inmediato tomando su mano-.
-No hay nada que explicar-expresó intentando fingir que no le había afectado-.
Pero aquello era jodidamente difícil porque aquella mujer no era cualquier mujer, Brooke había sido su pesadilla personal en su primer año de secundaria, había sido la reina y hacía lo que se la daba la gana, incluyendo humillarla por cualquier mínimo error en sus entrenamientos con las porristas.
-Sabes cómo es, no le di atención ni nada, lo juro…Cielo, no quiero que nadie nos arruine la noche-le rogó-.
Celeste afirmó con la cabeza y pasó sus manos por su cuello, tenía que confiar en ella, debía enterrar su pasado si quería que las cosas funcionaran entre ambas.
Niza había seguido su camino buscando a Dylan, lo cierto era que a los segundos de comenzar a bailar con Nick se había arrepentido, el chico había aprovechado la música lenta para intentar sobrepasarse y pegarla demasiado hacia él, por lo que agradeció la llegada de su hermana que le permitió salir de los brazos del rubio para ir donde de verdad quería estar.
-Hey, ya regresé-le dijo al encontrarlo sentado en la barra-.
-Puedes volver con él si lo quieres, me da igual-expresó sin poder contener su tono ni mirarla a los ojos-.
Niza se cruzó de brazos.
-¿Te da igual?-inquirió-.
-Si-.
-Mírame a los ojos y dime que te da igual-le ordenó-.
Dylan levantó la mirada y puso sus ojos prácticamente verdes en los azulados de ella.
-Me da igual-repitió haciendo un gran esfuerzo, sacando toda la fuerza de su lado Fabray para acentuar el tono neutro en su voz-.
-Pues a mí no me da igual, quiero bailar contigo no con él, así que podrías hacerme el favor de levantar tu trasero de esa silla para ir conmigo-expresó fuertemente-.
Dylan se sorprendió con esa declaración y sin poder evitarlo se vio a si mismo siguiendo su orden, Niza lo tomó de la mano y entrelazo sus dedos hasta llegar a la pista de baile.
-No me da igual-reconoció viéndola a los ojos-.
-Lo sé-dijo la morena con una media sonrisa-.
Niza sintió inmediatamente la diferencia, Dylan la tomaba con suavidad y cuidado, como si fuera de cristal, mantenía una distancia respetuosa y en ningún momento había intentado algo que la incomodara, era un caballero en todo el sentido de la palabra y agradecía haber tomado la decisión de ir con él, porque lo que le supo a excusa en algún momento, había sido la mejor idea que pudo haber tenido.
Se acercó un poco más apoyando su cabeza en su pecho.
-Gracias por venir conmigo-le susurró-No quisiera ningún otro acompañante-.
Dylan sonrió, esa noche al parecer iba ir mucho mejor de lo que él esperó.
Como todos habían predicho la corona fue puesta en la cabeza de Celeste, quien subió al escenario y les dio unas palabras de agradecimiento, breves, porque no era algo que deseara particularmente, lo que deseaba era seguir bailando y teniendo a Charly sin quitarle las manos de encima, sí, eso deseaba con todas sus fuerza. Tuvo que bailar una canción con el chico que habían elegido rey, ese torpe chico que la pisó dos veces y no sabía dónde poner sus manos.
Bufó.
Charly siempre sabía dónde poner sus manos.
Una vez terminada esa tortura le hizo un gesto a su chica que iba al baño y volvía enseguida, necesita un retoque de maquillaje, quería seguir luciendo hermosa, quería que Charlotte no mirara a nadie más que no fuera ella ni por un segundo.
-Pequeña López-dijo-.
Y Celeste la vio por el reflejo del espejo, no había otra persona que la llamara así, no usando ese tono despectivo.
-Hey Brooke-respondió guardando el maquillaje en su pequeño bolso-.
-Así que por fin la atrapaste…-expresó poniéndose justo al frente no dejándola salir-la pregunta es… ¿Por cuánto tiempo?-agregó con veneno-.
-No tengo ganas de una discusión contigo, así que porque no te mueves y me dejas salir-le exigió levantando el mentón y dándole su mejor mirada López-.
-Vaya, la pequeña López ha crecido y ya no me teme-dijo burlándose-.
Celeste también rio.
-¿Y por qué habría de hacerlo? No eres más que un penoso recuerdo que vuelve a la escuela porque ha sido la mejor etapa de su vida-atacó- es bastante triste-.
Brooke enderezó su postura.
-Disfrútala mientras puedas, porque ambas sabemos que la monogamia no es algo que se le bien, menos estando con alguien como tú, que no va a ofrecerle más que algunos besos que terminaran por aburrirla-.
Brooke salió de ahí con el ego más que dañado, Celeste se intentó limpiar la desconfianza que le habían producido las palabras de esa desagradable mujer. Salió en busca de su chica que estaba junto a su hermana y Dylan y recordó sus palabras, nadie les arruinaría esa noche, nadie.
Ese baile había sido quizás mucho más de lo que todas esperaban, así que las hermanas López iban con sus respectivas parejas de regreso a su hogar. Celeste miraba de reojo a Charly y con las palabras de Brooke aun dándole vueltas por la cabeza se lanzó hacía ella poniéndose a horcajadas.
-Hola…-susurró la rubia-.
-Hola…-respondió sujetándola de la cadera-.
Atacó sus labios con una intensidad que tomó por sorpresa a Charly, quien sin dudarlo respondió a su beso intentando infructuosamente ponerle calma a la situación. Si bien la morena no había dejado el lugar que tenían sus manos en su cadera, Celeste la incentivaba a tocarla como ella misma estaba haciendo, desabrochando con apuro los botones de su camisa.
-Hey…tranquila-le pidió Charly deteniendo el avance de sus manos-.
Pero Celeste no pareció escucharla porque intentaba seguir con su labor, presionando más su cuerpo contra ella, moviendo sus caderas suavemente para que sus centros se unieran en un baile demasiado erótico para la fuerza de voluntad de la morena.
-Cielo, por favor…-rogó con su voz ahogada por el placer-.
-Tócame…quiero ser tuya… y que tú seas mía...lo deseo tanto...-susurró en su oído pasando su mano por su pecho ya casi totalmente descubierto-.
-Cielo, no aquí… ya estamos por llegar a tu casa-.
-Llévame a otra parte…-le exigió-A cualquier otra parte-.
Charlotte levantó la vista y vio la decisión en sus ojos que destellaban dorado evidenciando su excitación. Joder, también estaba excitada y sus húmedas bragas la instaban a seguir las instrucciones de Celeste e ir a cualquier otro lugar, pero su lado más racional, ese que sacaba a relucir en contadas ocasiones le decía que lo correcto era ir lento, que Celeste no era otra chica y tenían todo el tiempo para estar juntas, para estar segura que su rubia quería que fuera la primera.
-Cielo…por favor-repitió poniendo ambas manos en sus hombros para distanciarla con suavidad-.
Pero aquella suavidad no sirvió para calmar a su ego herido por el rechazo. Así que volvió con rabia y frustración al lugar que había ocupado antes de lanzarse hacia ella.
-Cielo…-intentó hablar Charly-.
-Tengo dos teorías sobre este rechazo-la interrumpió la rubia-La primera es que no quieres acostarte conmigo porque ser la primera tiene cierta responsabilidad y ambas sabemos que a ti no te gustan las responsabilidades-expresó y aunque Charlotte intentó decir algo en su defensa continuo hablando-La segunda es que aunque me amas no te provoco lo suficiente, tiene sentido, hemos crecido juntas no represento una novedad-
-Celeste, no es…-.
Pero la limosina se detuvo y Celeste no le dio tiempo para refutar nada, ya que tomó su bolso y salió echando humo hasta su casa. Charlotte cerró los ojos, ¿cómo es que había jodido la noche en los últimos minutos?, no entendía y al parecer Celeste tampoco quería entender sus razones.
Le marcó al celular un par de veces mientras llegaba a su casa, pero no le contesto, tampoco respondió sus mensajes por whatsaap, entró a su casa y en vez de irse a su habitación fue al bar y sacó una de las botellas de whisky de su mamá Kayle, la abrió y de la botella bebió un largo trago mientras caminaba hasta el jardín, no hacía demasiado frio para estar quedando poco de otoño, se ubicó en el sofá balancín que tenían y fijó su mirada en loa arboles que adornaban en extensión parte de esa gran mansión.
Suspiró.
Si por lo menos la hubiese dejado explicarse, apoyó la cabeza en el respaldo y con las piernas se dio vuelo, intentó beber otro trago pero el movimiento produjo que parte del licor fuera a dar a su camisa.
-¿Qué tal fue la noche?-preguntó-.
Charly levantó la cabeza y vio a su mamá Kayle frente a ella.
-Parece que no muy bien si te estas bebiendo una de mis botellas de whisky de veinticinco años-agregó con su ceño fruncido-.
-Te compraré otra-expresó-.
Kayle se sentó a su lado.
-Claro, me compraras otra con mi propio dinero-bromeo quitándole la botella y bebiendo un trago-Dime… ¿Qué pasó?-.
Charlotte le volvió a quitar la botella y bebió un largo trago antes de comenzar a hablar.
-Toda iba bien, perfecto…-suspiró-hasta que veníamos de regreso…Celeste, ella…quería…-.
Ciertamente había confianza entre ella y Kayle, la doctora tenía más información de la que deseaba sobre las aventuras de su hija, por lo que no entendía porque le estaba costando tanto hablar ahora.
-Celeste quería…-repitió Kay instándola hablar-.
-Quería ir a otro lugar…tú entiendes…para…ya sabes…-tartamudeo dándole una mirada a su mamá-.
-Oh-exclamó Kayle y tomó la botella para beber-.
Esa botella que se seguiría pasando una a la otra varias veces más.
-Y le dije que no, joder, le dije que no y estaba tan molesta, dijo que no me provocaba lo suficiente ¿puedes creerlo?, ella me besa y yo ya mojo mis bragas, ¿Cómo puede pensar que no me provoca lo suficiente?-inquirió intentando encontrar la respuesta-.
Kayle cubrió su media sonrisa divertida con la boca de la botella.
-También dijo que ser su primera vez yo lo veía como una responsabilidad y que ambas sabíamos que no se me daban bien las responsabilidades-repitió ante su siempre comprensiva madre-.
-¿Y es cierto?-preguntó conociéndola-.
Charlotte dio otro largo trago y la miró con sus ojos verdes clavados en los de su madre.
-Quizás, no quiero que luego se arrepienta de que sea yo, no es algo que le pueda devolver ¿sabes?-.
-Lo sé, lo sé muy bien-.
-¿Sí?-.
-Claro, tú madre me eligió a mí y joder, estaba más nerviosa que ella, tiritaba-recordó Kayle bebiendo de esa ya conocida botella- Y Celeste tiene razón, es una especie de responsabilidad…-.
-Lo sé, vale, lo sé, por eso no quise que fuera así, yo…yo quiero que sea especial, aunque suene jodidamente cursi, ella se merece algo especial, no hacerlo en la parte de atrás de una limosina o en algún hotel de mala muerte…-expresó con impotencia-.
-No tiene que ser en un hotel de mala muerte, tenemos algunos hoteles bastante cómodos y bonitos que llevan nuestro apellido-bromeo Kayle-.
Charly la miró y sonrió también arrebatándole con fuerza la botella a su madre.
-¿Mamá nunca se arrepintió de haberte dado su virginidad?-preguntó-.
-Joder, eso tienes que preguntárselo a ella-.
-No me lo dirá, ella no habla de estas cosas-.
Kayle rio, Charly tenía razón.
-Supongo que no, esa noche que estuvimos juntas le prometí que nos casaríamos y eventualmente lo hicimos…-.
-La hiciste esperar diez años, siempre lo dice-la interrumpió- Y en medio casi se casa con otro-.
-Ni me lo recuerdes-expresó bebiendo un muy largo trago-.
Charlotte sacó su cajetilla de cigarros y le ofreció a su mamá. Ambas prendieron uno.
-Si tu madre me ve fumando duermo en el sofá ésta noche, me hizo dejarlo cuando se embarazó de ustedes…-.
-No te creo que no has fumado a escondidas en estos veinte años-.
Kayle miró a su hija tan parecida a ella.
-Tal vez uno o dos-respondió-.
Charly rio, era claro quien llevaba los pantalones en el matrimonio de sus mamás.
-Habla con ella, dile cómo te sientes, lo entenderá y también agradecerá que estés pensando más en ella que en ti-le dijo la doctora poniendo una mano sobre su rodilla-.
-Lo intenté, pero no me conteste el teléfono-.
-Dale tiempo, las mujeres López son complicadas-aseguró-.
-Tengo que creerte, algo de experiencia tienes en mujeres López-bromeó-.
-Sólo poco-dijo Kayle sonriendo-.
-¿Quieres escuchar algo divertido?-preguntó Charly- Kayle bebió otro trago sin dejar de mirarla-Hoy cuando Santana me abrió la puerta me dijo "Kayle"-.
La doctora casi escupe el whisky que tenía en la boca, ambas rieron y siguieron hablando, bebiendo y fumando, tanto que a la botella en algún momento de la madrugada sólo le quedaban unos dos centímetros de licor.
Estaban hablando y riendo cuando una tos fingida las hizo detenerse de golpe. Levantaron la mirada al mismo tiempo y se encontraron con una rubia molesta cruzada de brazos y con sus ojos azulados mirándolas fijo.
-Son casi las cuatro de la mañana-Expresó Francis-.
Kayle se levantó de inmediato demasiado rápido para que su cuerpo flagelado por el alcohol resistiera su peso, Charly se alcanzó a levantar y tomarla del brazo.
-Kayle Carpentier ¿estás borracha?-inquirió Francis acercándose a su esposa-.
-No, claro que no-respondió de inmediato-.
Charlotte la observaba aguantándose la carcajada, ella estaba sólo un poco mejor que su madre.
-A dormir ahora ¡ambas!-exclamó con autoridad la rubia-.
-Buenas noches-se despidió Charly dejando un beso en cada una de sus madres-.
Francis tuvo que ayudar a Kayle a subir las escaleras hasta su habitación, también a quitarse la ropa de trabajo que aun llevaba y ponerle el pijama.
-¿No estás algo grande para beber así?-la retó sentándola en la cama-.
-Ya, no te enojes, ven aquí-le dijo tomándole la mano y sentándola en sus piernas-.
-Hueles a tabaco ¿estuviste fumando?-inquirió sabiendo la respuesta-.
-Claro que no, Charly estaba fumando yo no-respondió Kayle con su mejor expresión de ofendida ante lo que había asegurado su esposa-.
Francis no estaba realmente molesta, de hecho ver a su mujer así la estaba divirtiendo un poco.
-¿Te arrepentiste alguna vez que yo haya sido tu primera vez?-preguntó la doctora-.
La rubia la miró desconcertada, no entendía porque le estaba preguntando eso ahora.
-Si te hubieses arrepentido, lo entendería, yo no fui…-.
-Claro que no-respondió Francis interrumpiéndola- Eres el amor de mi vida y por mucho que intenté odiarte en algún momento, nunca lo logré, siempre esperé por ti…-
-Y volví por ti, tardé pero volví…-.
-Y míranos ahora, señora Carpentier-le dijo la rubia con total adoración en sus ojos-Nadie podría decir que no valió la pena la espera…-.
Kayle se acercó para besarla con todo el amor que aún tenía por ella, esa noche se encargaría de volver a consumar su matrimonio, una y otra vez.
Beth estaba recostada en el sofá de su departamento en D.C, miraba las fotografías que su mamá Rachel le habían enviado del baile, su hermano se veía muy guapo también Niza y bueno…James, había un par de él luciendo con orgullo su traje de chofer. Sonrió, no tendría que hacer todo eso que hacía por Dylan, entrenarlo, salir juntos, menos vestirse de chofer para llevarlo al baile, pero lo hacía y una parte de ella amaba que fuera así de atento con su hermano menor.
Quizás debió dejar que hablara ese día, quizás no debió dejarse llevar por su condenado carácter, pero estaba herida y en esos días tuvo tiempo para procesarlo llegando a esa respuesta, le había dolido que jugara con ella.
Y si le dolía era porque el chico le importaba, más que eso, le gustaba de una manera para la que no estaba preparada y Beth Fabray no reaccionaba bien cuando no estaba preparada para algo.
Dejó el teléfono a un costado y se hizo un ovillo en el sofá…¿Qué haría cuando lo viera en Acción de Gracias? ¿Ignorarlo? ¿Hablar con él? Aún no lo sabía y el tiempo se le estaba acabando para decidirlo. Porque aunque le había dejado entrever a su mamá Quinn que no estaba segura de ir, iría, sólo lo había dicho en caliente para mostrar su molestia, porque en el fondo no sería capaz de perderselo, disfrutaba demasiado de los momentos donde estaba toda su familia reunida.
Sonó el timbre y se extrañó porque no esperaba a nadie.
Arregló un poco su ropa frente al espejo que tenía cerca de la puerta y al segundo toque se apresuró en abrir.
-Hola-saludó-.
Beth abrió sus ojos sorprendida.
-Rick-dijo-.
-Lo siento por no llamar, es que estaba en la ciudad y quise pasar por si estabas en casa-expresó el hombre-.
Richard Johnson había sido su relación más larga, tenía algunos años más que ella y ambos pertenecían al partido demócrata, de hecho se habían conocido en una convención, hace ya tres años y medio, habían roto hace menos de un año, en buenos términos, pero aun así no entendía del todo que hacia ahí.
-Traje el vino que te gusta-dijo mostrándole la botella-.
-Pasa-le dijo Beth-.
Beth le dio una mirada con mayor detención, no había cambiado, llevaba un traje oscuro muy a juego con la camisa y la corbata, su cabello oscuro perfectamente peinado, lucía como siempre, como si cada día y a cualquier hora estuviese preparado para alguna reunión.
Rick se ubicó en el sofá en el que antes había estado recostada, ella fue por un par de copas.
-Te hacía en California-comentó Beth-.
-Estoy de regreso, ya sabes, se acercan las elecciones y me trajeron a hacer lo que mejor se me da-respondió-.
"Sacarle dinero a la gente" pensó Beth, aunque Rick prefería que lo llamaran "recaudador".
-¿Te quedarás mucho tiempo?-preguntó Beth sentándose junto a él, Rick de inmediato tomó el sacacorchos y abrió la botella para servirle un poco a ambos-.
Rick sonrió pensando erróneamente que Beth preguntaba porque aún sentía algo por él.
-Si todo sale bien, quizás me quede aquí definitivamente-contestó-.
-¿Qué es que todo salga bien?-inquirió como buena abogada-.
-Si sale reelecto el Senador Thompson, seré su jefe de gabinete, estaría muy cerca de ti en el Congreso-agregó-.
Beth sonrió incomoda.
-Williams siempre tiene algo bueno que decir de ti, tanto que muchos congresistas han pensado en robarte-la alabó-.
-Sólo hago mi trabajo-.
-Lo sé y lo haces muy bien-.
Beth lo conocía lo suficiente para ir dándose cuenta a medida que esa conversación fluía la razón de la visita de Rick.
Algunas copas de vino después la rubia se relajó un poco más, fue recordando lo fácil que era hablar con él, todo lo que tenían en común, lo encantador que podía llegar a ser cuando lo quería.
-¿Y qué planes tienes para Acción de Gracias?-preguntó Rick apoyándose en el sofá, sintiéndose cómodo otra vez en ese lugar que había visitado tantas veces-.
-Iré a Nueva York para estar con mi familia-respondió-¿Y tú?-.
-No tengo planes, ya sabes, mi familia no está tan cerca como la tuya- respondió con el toque justo de lamento en su voz-.
Y Beth supo que aquella idea que estaba por salir de sus labios, sería una mala idea.
Quinn amaba a Rachel, la amaba demasiado y se lo estaba repitiendo desde que abrió los ojos, porque su mujer era una anfitriona muy apasionada y la había levantado a las siete treinta de la mañana el día de Acción de Gracias, ¿para qué?, pues aún no lo sabía, porque más allá de observarla dar órdenes su aporte no se reducía a nada más.
-Cariño, todo ésta perfecto ¿podemos sólo sentarnos a esperar a que lleguen las chicas?-le dijo Quinn con su voz marcada por el cansancio-.
-Claro que no-respondió contando por milésima vez los puestos en la mesa-.
-Sabes, yo sólo subiré a ver si Dylan está listo-le dijo arrancándose de ahí-.
Subió y tocó la puerta y no entró hasta que recibió el visto bueno de su hijo, de inmediato se sentó en la cama.
-¿Estás escondiéndote de mamá?-preguntó divertido Dylan-.
-Por lo que veo estás listo, así que también estás escondiéndote de ella-expresó la rubia-.
Dylan se sentó a su lado, ya listo con un pantalón de tela gris y una camisa verde, había escogido ese color pensando que a Niza le gustaba como se le veía.
-Si también me escondo de ella, ahora reconócelo tú- dijo el castaño-.
Quinn rio divertida.
-Ok, si lo hago, era subir aquí contigo o asfixiarla y no quiero ir a la cárcel por asesinar a mi mujer, además una vez pasado el momento la extrañaría muchísimo…-reconoció sonriéndole-.
-Ya llegaran las tías y se relajará un poco-dijo consolándola-.
-Eso espero-.
Dylan era el encargado oficial de abrir la puerta, así lo había decretado Rachel y así lo había cumplido hasta que llegó la familia López-Pierce y abandono su lugar por ir tras Niza, por lo que cuando el timbré sonó por tercera vez fue James a reemplazarlo, ya que estaba ahí cerca y no creyó que sería mala idea.
Pero si la había sido.
Porque tras esa puerta estaba Beth, buscando las llaves que no había conseguido encontrar por lo que Rick había tocado el timbre.
-Hola-saludó serio James y dándoles el lugar para que pasaran-.
Lo recordaba, claro que sí, no era primera vez que el tipo ese iba algún evento familiar, había estado con Beth más de un año, podría decir exactamente cuánto, los meses, los días y las horas, porque había hecho la cuenta hasta ese feliz día que habían roto.
-James-susurró Beth sintiéndose terriblemente mal al ver su expresión-.
Porque ya antes de llegar ahí sabía que invitarlo había sido una mala idea, lo sabía.
Entraron al salón donde estaban todas con copas de ponche y hablando animadamente, al verla junto a Rick se hizo el silencio, uno profundamente incómodo.
Beth quería hacer un hoyo y enterrarse, así que agradeció cuando el timbre volvió a sonar desviando la atención de ella.
Por la puerta entraba la familia Clayton-Foster.
-¡Hola Familia!-exclamó Alison-.
Todas la miraron a ella y al pequeño Holden que ya corrían has los brazos de su tía Kay, el pelirrojo de profundos ojos azules ya tenía diez años, era el príncipe de aquella familia por ser el más pequeño o eso hasta ahora, porque Sophie llegaba hasta donde estaba su mujer con una pequeña niña de unos dos años en sus brazos.
-Sorpresa-dijo Alison-.
Todas se miraron, joder, Alison y su uso de la palabra sorpresa era bastante poco indicativo de lo significaba.
El silencio otra vez, al parecer ese Acción de Gracias iba a tener muchas más sorpresas de las que esperaron en un primer momento.
Vieron que si era largo? La verdad es que tengo muchas ideas para seguir, algunas que harían la historia más larga de lo que creí en un primer momento, así que quiero saber, cuanto más están dispuestas a leer? la hacemos más larga o la acortamos?
Saludos y nos leemos en unos días!
