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La nueva casa de Shinji Ikari
Romance/Comedia
Autor: Aleksast, 2013
Flashback
En el momento en que él había salido ambas muchachas estaban al borde de la crisis nerviosa, fue hasta después de que el taxi arrancó que ellas salieron a perseguirle sin éxito, no veían qué destino tenía aquél automóvil amarillo y era menor la visibilidad a causa del mal clima que súbitamente hizo caer un montón de gotas de agua densas, con tanta frecuencia que parecían formar una cortinilla interminable.
– ¡Shinji! – Gritó Rei con todas sus ganas, apretando sus puños, cayendo de rodillas bajo aquella tormenta sobre el desnudo concreto de la banqueta, finalmente brotaron sus lágrimas – no me dejes por favor.
– ¡Shinji! – Llamó con la misma intensidad, Asuka se llevaba las manos a la cabeza, la temperatura de su sangre bajó, un vértigo la hizo tener que recargarse sobre la pared – ¿Qué he hecho? ¿Lo he perdido? – se preguntaba, y las últimas palabras que les dirigió le dolieron como clavos en el pecho, repitiéndose en un aullido estruendoso – ¡¿Qué he hecho?!
Ambas se abrazaban a sí mismas, el aire gélido parecía provenir del mismo polo sur ante el estado de shock en el cual se encontraban, el sentimiento de abandono e impotencia se hizo presente, su marcha parecía repetirse en su mente constantemente, mirando al cielo, implorando que no fuera verdad, entendieron al fin que él había quedado dolido, entre las razones, porque habían hecho una absoluta estupidez al hacerle formalizar un noviazgo ante una de las personas más importantes para Shinji, a manera de marcar su territorio, como si él fuera un objeto adquirido, no una persona. En segundo lugar, por insistir que él y Misato habían tenido algo más que una agradable jornada de recuerdos y diversión. En tercer lugar, porque para él, entregar su virginidad a las dos mujeres que más amaba era más que un compromiso, era una promesa de un amor incondicional y duradero. Digiriendo todo esto, desesperadamente volvieron a entrar a la casa, llamando al teléfono que acababa de estrenar, con la esperanza de que contestara antes de partir para siempre y no poderlo encontrar más.
Una, dos, diez, quince intentos sin éxito, uno tras otro, con la firme convicción de hacer que volviera.
– Tiene que contestar… no sé qué es lo que voy a hacer si no vuelve – insistía la alemana, con los ojos enjugados en lágrimas gruesas, que caían sin cesar, rozando esa piel de terciopelo enrojecida – No, no me puedes dejar así … contesta por favor – insistía entre sollozos sin encontrar respuesta.
No me dejes, no me dejes, no me dejes, no me dejes, ¡No! ¿Qué pretendes que haga sin ti? No lo hagas, no me abandones, porque no vivo sin ti, porque me siento vacía, porque soy alguien contigo, alguien que tiene sensaciones, deseos, sueños… pero si tu dejas de existir en mi vida, dejo de ser ese alguien, vuelvo a ser la misma cosa reemplazable que fui antes de conocerte, un objeto, un alma sin razón de ser, ven aquí, por favor…
Sentía la misma angustia que Asuka, sentía que dejaría de tener sentido su existencia y que todo aquello que vivió no había servido para absolutamente nada, que sin él hubiese preferido haber muerto a manos de esas extrañas criaturas con las que se batían de vez en vez, después de todo, una vez derrotado el último ángel, ya no tendría sentido que la siguieran utilizando, y finalmente se encargarían de eliminarla.
– Shinji, contesta… perdóname, perdóname te lo suplico, pero por favor háblame – el teléfono seguía llamando, una veintena de veces más, lo mismo que el de Rei, ambas marcando a un número y sólo un número, y así, reiteradamente obteniendo el mismo resultado.
– Debimos escucharle, debimos creerle… qué sentimiento tan terrible es este… no lo quiero sentir… es esto, ¿eso que llaman tener el corazón roto? – se cuestionaba, en su ofuscación la exasperación por perder al hombre que amaba y le daba sentido a su vida la hacía sacudirse el cabello.
Una vez más, uno, tres, siete, quince intentos sin encontrar la voz que les devolviera el aliento, la lluvia arreciaba y los relámpagos hacían la escena más lúgubre, casi tenebrosa, cruzaba por sus mentes la idea de que él muriera bien por ser alcanzado por un rayo o en un accidente en el taxi, considerando las circunstancias, el que eso fuera posible las llenaba de terror, imaginar tan sólo que él muriera sin poderlo recuperar, que las últimas palabras que escucharan de él sea "olvídense de mí", era demasiado sentimiento de culpa para poderlo soportar.
Después de unos instantes de silencio sepulcral y escandalosos relámpagos que sonaban en la distancia, ese teléfono, el de Asuka, el último en llamar, sonó y ambas abrieron los ojos, con un aspecto similar a alguien con un insomnio de días, irritados de tanto llorar, mirando el dispositivo que sonaba con el identificador de llamada señalando a Shinji Ikari como el remitente. Cuatro tonos dio el teléfono, y la pelirroja, casi desfalleciendo, contestó.
– ¿Shinji? – su voz no era precisamente la más tranquila, tiritaba por la emoción, había esperanza de enmendar el error, o los errores, en el momento en que pensaron que ya no había nada más que hacer, al menos, por ese día.
Fin del Flashback
– ¿Shinji? – Replicó aquella voz al no escuchar respuesta, no se escuchaba con la firmeza habitual, más bien era una voz débil, con miedo que se percibía al otro lado del auricular.
– Asuka – dijo arrastrando cada sílaba con lentitud, sacudió la cabeza y tomó su tiempo para continuar – Llamé por que me preocupaban, para disculparme en primer lugar… Auch – se quejó al sentir una palmada en la nuca, la chica de ojos aguamarina negaba con la cabeza – decía, disculparme por salir abruptamente, y en segundo lugar, para…
– Perdóname, por favor, por lo que más quieras, no me abandones… – imploraba, con lo que le quedaba de voz, ante la mirada escéptica con la que Ikari miraba el aparato.
– ¿Podrías poner el altavoz? Quisiera que ambas escucharan lo que ahora quiero decirles – a pesar de todo su tesitura era firme, como decía Mari, no debía flaquear – Rei, ¿también puedes oírme?
– Sí – se escuchó igual de quebradiza, lo cual hizo entrever que ellas habían llorado todo este tiempo.
Mari asintió, y puso una mano en su hombro en señal de apoyo – Yo las perdono, pero no puedo volver ahora, necesito, yo… tiempo, y no creo que haya sido la forma adecuada de formalizar una relación frente a Misato, así que también a ella le deben una disculpa – sentenció, sin miramientos.
– Regresa por favor, no importa lo que tengamos que hacer o esperar para que lo hagas, necesito saber si volverás, porque cada minuto que pasa es un martirio, la incertidumbre de no saber si regresarás, y no puedo vivir con la idea de olvidarte, porque eso implicaría no tener razón para seguir con vida… lo lamento, lo lamento en verdad… pero no puedo vivir así – Rei se escuchaba sincera, desesperada, temerosa tan sólo de pensar que podría ser rechazada, de que perdería a Shinji para siempre.
– Sé que no es el caso, que debimos confiar en que decías la verdad, pero no me importa más, no puedo vivir si no es a tu lado, no puedo dejar escapar la única oportunidad que tengo de no estar sola, de hacer que mi vida valga algo, que importe para alguien… por lo que más quieras, no puedes marcharte para siempre… te lo imploro, vuelve – Asuka se aferraba, le perdonaría todo a Shinji, todo menos el hecho de que éste se despidiera para siempre.
– No sé qué decir ahora, yo creí que lo mejor era… desaparecer, así no las haría sufrir de esos absurdos sentimientos de celos… denme un momento – Shinji estaba conmovido, puso en silencio el aparato y volvió a mirar a Mari, quien estaba asombrada también. ¿Estaba despierto? ¿Las dos le rogaban por volver, prometiendo hacer lo que él quisiera, con tal de hacerlo? Más allá de esos cuestionamientos, los ruegos tanto de Asuka como de Rei sí hacían mella en el corazón de Ikari, quien en verdad, en lo profundo, quería desesperadamente retroceder en el tiempo y evitar esta situación.
– En serio, ¿qué les haces para que se vuelvan locas por ti y enfermamente desdichadas sin ti? – preguntó ella, limpiándose una lagrimita inoportuna de la mejilla – me convencieron, no sé a ti, ese es amor del que escriben aquellos poetas de antaño, aunque sí que están afectadas, no quiero pensar qué sería de ellas si te hubieras ido conmigo… anda, ya puedes dejar el suspenso y darles el sí, después de todo, no puedo llevarte a Inglaterra durante más de una semana, acabas de empezar el año académico y dejarte en manos de Misato… digamos que no te lo recomendaría mucho. Pero hombre, contéstales, ¡Se van a morir del infarto si no lo haces! Y no soy abogada para defender tu caso, mas recuerda todo lo que te dije, sé firme, no dejes que hagan de un problema una catástrofe – entre bromas y cosas serias, Mari apoyaba el que las cosas se reestablecieran, por el bien de los tres, sabiendo que eso haría muy feliz al cachorrito.
– Ya no lo podía aguantar… no podría con la carga de conciencia de ser la causa de un doble deceso, además, no quiero que sufran más por mi culpa – contestó temeroso, mientras sonreía nerviosamente, con las ganas contenidas al límite, volvió al teléfono, intentando sonar calmado – de acuerdo, regresaré tan pronto como pueda.
Colgó finalmente, no pudiendo evitar sentir una inminente calma al saber que eso las tranquilizaría un poco.
– Eso merece un buen brindis, cachorrito – y en vez de Ginebra, cuya botella ya andaba a la mitad, fue por una botella de cherry brandy y dos copas limpias.
– ¿Brandy a base de cerezas? – Él preguntó al ver la etiqueta – bueno – alzó los hombros y esperó que ella sirviera aquello, de todos modos, tenía curiosidad por probar cualquier cosa que ella tenía en su casa para conocer sabores y aromas.
– Así es, del mismo condado de Kent donde se produce… no podía venir a Japón sin buena parte de las bellezas de mi país, a mí no me gusta para nada el sake o las cervezas japonesas, así que no podía quedarme sin estas delicias – comentaba, sintiendo nostalgia por su casa en Londres, donde tenía una cava que nada envidiaría a un restaurante de altura.
– ¿Y cómo compraste todo eso siendo menor de edad? – A Shinji se le hacía extraño que ella poseyera botellas de alcohol cuando en la gran mayoría de los países estaba prohibido la venta a quienes no cumplían aún los 18 o 21 años de edad.
– Hackeando al gobierno inglés y cambiando mis datos personales, por supuesto cachorrito –
– ¿Hackeaste al gobierno para hacerte pasar por mayor de edad? – Él sorprendido abrió los ojos, impresionado, tragó saliva, pensando con total certeza que eso sería una labor muy difícil de hacer.
– Indeed, little puppy – respondió en su lengua materna perfectamente pronunciada – pero eso es un secreto que el MI5 no debe saber, ellos fueron muy escépticos cuando yo comencé a trabajar a NERV Inglaterra, cargo que me protegió de haber sido investigada, de hecho. Después de todo, no podían tragarse que una futbolista y psicóloga en formación fuera también técnico de investigación de una de las instituciones más importantes del mundo. Esa rama de NERV siempre estuvo distanciada de su central en Japón, de hecho, la mayoría de las subsidiarias no tienen mucho afecto que digamos por su organización madre, porque sus representantes que las visitan creen que son inferiores a la central. En rebeldía, NERV Inglaterra fue la que menos información daba, pero yo tenía contactos en NERV Japón que me daban salto y seña de todo cuanto ocurría, sobre todo gracias a Misato, y yo esa información se la pasaba a la mi superiora. No me bastaría una noche para contarte todo. ¡Ahora brindemos!
– ¿Por Inglaterra? – preguntó Shinji, sonriente al saber que la chica que tenía enfrente era bastante interesante, con muchas historias que contar.
– Dios salve a la reina, por Inglaterra y por nosotros – y ambos chocaron sus copas con delicadeza, tomando el licor con pompa y elegancia – y pensar que esta delicia estaba a punto de ser subastada por unos cuantos peniques… menos mal que la recuperé de alguien con mal gusto. Cada botella cuenta una historia, desde cómo se elabora su contenido hasta donde ha sido transportada, esta, por ejemplo, estaba destinada a ser rematada por una licorería que quebró, yo la adquirí porque el dueño de ese establecimiento es amigo mío, el pobre estaba hecho un balde de agua salada cuando el banco no pudo esperar más para cobrarse la hipoteca, viudo y sin el negocio que tanto adoraba, pero el necio rechazó mi oferta de pagársela a cambio de tener la co-propiedad, supongo que por orgullo, ah, porque la hipoteca sirvió para pagar los gastos médicos de una extraña enfermedad que afectó a su esposa, misma que no cubrían los servicios públicos por los procedimientos tan especializados que eran menester, todo para que no durara ni un mes en el hospital. Pero bueno, él se ha retirado con lo poco que rescató del remate, y ahora ha vuelto a su natal Cornwall.
– ¿Ibas a comprarle la licorería? Qué noble de tu parte –
– Sí, mis padres me dejaron una buena herencia, pero creo que si vivieran y supieran de mi propuesta de negocios me hubieran dicho Are you out of your bloody mind? En fin, ¿Te imaginas tener ejemplares de todos los licores del mundo? No para beberlos ridículamente sin cesar y tener una congestión alcohólica, sino como un trofeo, como un museo… ese es uno de mis sueños – tomó otro trago degustando el líquido color rojo oscuro, que se tambaleaba dentro de la copa – para eso se hicieron, para saborearse, no para beberlos como si fueran agua y ponerse mal. Bueno, bueno, cachorrito, hay algo que quiero mostrarte.
– Espera – y el último sorbo del Brandy de cerezas lo tragó con gusto.
– Ya empiezas a parecer un caballero así, ven, trae tu teléfono también – le dio un pequeño golpecito en la nariz a Shinji – tu maleta te la puedes llevar después.
El chico asintió, tomó las pertenencias que tenía a la mano y siguió a Mari, quien en vestida en shorts y una larga camiseta color marfil resaltaba sus largas piernas, al notar que estaba viendo demasiado tiempo a la chica desvió la mirada y sonrió para sí mismo, no sabía qué hubiera pasado de no haber sido recibido, seguro estaría ya camino a otro país, o al otro mundo en un caso más extremo. En efecto, Mari más allá de su gran personalidad tenía un notable atractivo físico.
– Pero cuando tengas vacaciones debo de llevarte a un lugar cerca del barrio de Fulham, te vas a divertir bastante, no puedo contarte detalles porque es sorpresa, cachorrito, por aquí – indicó ella dando saltitos bajando al garaje, donde un apantallante auto color plata hacía sombra a los que estaban alrededor – contempla esta belleza.
– ¿Ese es tu automóvil? – preguntó Shinji con los ojos bien abiertos y la quijada casi llegándole al suelo.
– Era de mi padre, es un Aston Martin DB5, son contados los que sobreviven, considerando su antigüedad, hay uno edición especial en el museo del automóvil en, irónicamente, Ginebra, Suiza… sube – indicó hacia la puerta izquierda del automóvil.
– De acuerdo – abrió la puerta y pudo percibir el olor a piel de los interiores, y notó que Mari se acomodaba las gafas, arrancando el motor y acelerando, saliendo del lugar una vez que cerró la puerta del garaje con el sistema automático, y tras cruzar una calle repleta de árboles a sus costados, finalmente se incorporaron hacia uno de los libramientos que conducían hacia la carretera – ¿A dónde vamos, gatita?
– Nya, cachorrito, vamos a hacer ronronear a este bebé – y la velocidad aumentó hasta llegar a una vialidad casi sin tránsito, a aquella hora, era poco habitual encontrar carros en ella, con eso en mente, aumentó la velocidad una vez que no había ninguna patrulla, y la adrenalina poseyó a ambos, el tablero indicaba las 80 millas por hora, y todavía no aprovechaba su potencial total – Misato peca de imprudente, a mí no me ha pasado ningún accidente, estoy segura de que le gano con esta lindura.
– Pues este bebé corre mucho, ya vamos a… 140 millas por hora, que es como 225 kilómetros por hora… ay mamá – el auto iba como bólido en recta, llegando a 230 km/h, y llegando a cierto punto donde retornaba hacia la ciudad fue bajando la velocidad.
– ¡Yuppie! – exclamó eufórica mientras con una mano sacudía los cabellos de Shinji – ¿sabes? Hace tiempo que no corría, pero este carrito es fantástico, ahora vamos a tu casa.
– ¿Qué me sugieres para el caso de Misato y el problema aquel? –
– Si ese par de leonas que tienes por novias creen que va a alejarse de ti están muy equivocadas, Misato te quiere demasiado, recuerdo que cuando llegué a Japón tú eras el tema principal de las conversaciones, y es más inteligente de lo que aparenta, así que ten cuidado… trata de no morir mientras me ausento – y agregó un guiño bromista, mientras transitaba con sumo cuidado y calculando distancias, atravesándose entre otros autos para no demorarse, y también para lucirse ante su temporal huésped y héroe – un poco de emoción para el final no hace daño – y cuando menos lo esperaron, ya estaban enfrente de la casa de Shinji Ikari.
– No tengo forma de agradecerte lo que has hecho hoy por mí – dijo Shinji, mirándole directamente, sonriente, igual de sonriente que Mari en cuyos ojos se veía reflejado.
– Ha sido un honor, cachorrito, espero que la siguiente vez que nos veamos no sea en las mismas condiciones y te portes bien ¿eh? Lamentablemente no nos veremos hasta de algún tiempo, pero espero que conserves esa cabecita tuya en su lugar, te traeré cosas de allá, para seguir probando nuevos sabores – el tono alegre de Mari era contagioso, la había pasado bien con el tercer elegido, podría decirse lo mismo en lo que respecta a Shinji. Ambos bajaron de aquel automóvil y frente a la puerta, continuó la despedida.
– Te deseo un buen viaje, que te diviertas mucho, espero tu regreso – dijo Shinji extendiendo su mano a modo de despedida, mas Mari lo abrazó cariñosamente.
– No hagas travesuras cachorrito – le dijo mientras sentía los brazos de Shinji corresponderle con el mismo afecto.
– Te voy a extrañar, gatita – contestó Shinji con sinceridad, se sentía muy bien.
– No me voy por mucho tiempo, Shinji, pero otra ocasión podrás ir conmigo, por el momento tienes muchos pendientes que atender, querido cachorrito – se separó del abrazo dándole otro golpecito en la nariz.
Tocaron el timbre un par de veces, y al poco tiempo se abrió la puerta para ver a dos estupefactas chicas, Mari le dio otra nalgada a Shinji haciendo que entrara de una buena vez.
– Está en sus manos chicas, por favor, ya no lo hagan sufrir tanto – les guiñó el ojo a ambas y cerró la puerta, se rio de nuevo y volvió a su automóvil tarareando "Raindrops keep falling on my head", satisfecha de haber devuelto la felicidad al chico – cuídese, señorito Ikari – musitó, antes de volverse a su casa.
