28. La reina de Assiah

¡Hola a todos de nuevo! He tardado mucho en actualizar, lo sé. Un curso intensivo de alemán me ha tenido prácticamente secuestrada las últimas semanas y, solo tras la finalización del mismo, he podido ponerme de nuevo a escribir.

Estamos todos con el "hype" del anime y, casualidad, que este capítulo, el más extenso hasta la fecha, esté centrado en una lucha entre un personaje que no está atravesando su mejor momento de popularidad entre los fans y … , ¡eh!, mejor leerlo. Espero que os guste.

Muchas gracias a todos por el apoyo a este fanfic y por seguirme en esta aventura que ya casi llega a dos años.

Los personajes de Blue Exorcist son obra de Kazue Kato y la finalidad de este relato es solo entretener.


"Yukio, ¿qué plan tienes pensado?" –escuchó la pregunta de Kuro en su mente.

¿Planes?

Había aprendido durante su entrenamiento como exorcista a no acudir a ninguna misión sin los objetivos y los medios para lograrlos bien estructurados. Siempre le había funcionado esta forma metódica de planificar una misión hasta que una nueva circunstancia aconteció que hizo que cualquier preparación previa antes de entrar en acción tuviese que ser modificada casi seguro sobre la marcha.

Esta nueva circunstancia se llamaba Rin.

En sus últimos años de servicio activo, antes de su excedencia, la frustración, el enfado y el enojo por el caos que su hermano provocaban habían desaparecido; pues, de alguna forma, Rin le había ayudado a ser mejor exorcista pues le situaba, casi siempre, al borde del abismo en cada misión, teniendo que confiar en la fortuna, más que en su destreza y experiencia, no solo para conseguir el éxito, sino para no morir.

Yukio no podía negarse a sí mismo que durante sus estudios en la universidad había echado en falta la adrenalina que siempre sentía al trabajar con su hermano mellizo.

Y he aquí, que Yukio avanzaba por un pasillo de los cuarteles centrales de la Orden en el Vaticano con el familiar de Rin en su hombro, un sith que confiaba sin dudar en que Yukio iba a ser capaz de salvar a Rin de la ejecución sumaria que durante años siempre había sido retrasada cada vez que Rin salvaba a Assiah de un desastre.

Yukio y Kuro iban acompañados por los tres leales amigos de su hermano mayor: Ruiji Suguro, discípulo de Ruin Rite y el mejor exorcista de su generación; Miwa Konekumaru, no solo profesor de la Academia sino uno de los mejores estrategas de la orden y, por último, Renzo Shima, listo como pocos, temerario y mano infiltrada de Mephisto en más de una de las intrigas en las que el Caballero Honorario tiraba de los hilos.

Con semejante equipo sabía Yukio que no podía fallar.

Aunque había tenido que ingeniárselas para conseguir que la enfermera no les acompañase. Quizá había herido la profesionalidad de ella, al considerar abiertamente que por su bajo nivel como exorcista y, ante la amenaza que suponía el Antipapa, ella no podría defenderse. Pero realmente no podían acompañarle más que los que estuviesen dispuestos a ser acusados de traidores a la Orden si con ello salvaban a Rin Okumura.

No solo su hermano dependía de ellos, sino Shiemi. Si le pasase algo a ella, ¿qué parte sería responsabilidad de Rin y qué parte suya?

Al haber sido un chivato del plan insensato de su hermano y Mephisto, ella había sido detenida, había quedado sola, a merced de un Satán dispuesto a jugar con Shiemi para incordiar con ello a Rin.

Yukio quería creer que podía salvar a ambos, aunque su pesimismo natural, le torturase con la pérdida posible de los dos.

Cuando llegaron a la enfermería, Yukio supo que en los escasos minutos transcurridos desde que abandonaran el cuarto de control, la situación había variado totalmente.

Las alarmas de los aparatos conectados a Shiemi, apenas acallaban los gritos de terror de su hermano de rodillas, abrazado a ella, intentando hacer reaccionar su cuerpo inerte.

Yukio se abalanzó hacia ellos dos y, apartando a su hermano, intentó medir las constantes vitales de ella, negándose a aceptar los valores incompatibles con la vida que mostraban los marcadores.

Mientras trataba de concentrase en medir el pulso periférico, ejerciendo una suave presión sobre la arteria radial situada en la parte interna de la muñeca, no pudo evitar sentir cierta ternura por Rin al notar el alivio que él sintió al tenerle a su lado. Su confianza en él a veces era dolorosa.

-Está poseída – Yukio apenas podía entender lo que le informaba entre gemidos Rin. - Satán la posee.

Mierda, mierda, mierda. Repitió Yukio para sí una y otra vez tratando que no se lo notase como la noticia dejaba en segundo plano cualquier estrategia para salvar a Rin, convirtiéndose en prioritario salvar a Shiemi.

Dejó de tomarle el pulso. La miró conteniendo el aliento. Parecía dormida, relajada, sin que su cuerpo estuviese mostrando todos esos síntomas anómalos que denotaban que su vida corría serio peligro.

Yukio había visto esa calma en otros casos mientras el demonio que habitaba dentro de un cuerpo poseído se preparaba para atacar. No debían perder tiempo.

-Exorcicémosla.

Las pupilas de Rin se dilataron sorprendidas ante la propuesta de su hermano. Mientras contenía un último gemido, apretó la mano derecha de Shiemi que Yukio no sujetaba, y asintió con la cabeza con la determinación firme de exorcista.

-Sí.

Aunque no era la primera vez que ambos hermanos exorcizaban a Shiemi, las circunstancias eran muy diferentes, empezando a que no se enfrentaban a un simple demonio de un jardín.


Al escuchar Shiemi que su cuerpo iba a sufrir la tortura de un exorcismo, le rogó a Satán.

-Déjame libre, cumple tu promesa.

¿Se podía seguir confiando en la palabra del dios de Gehenna?

Ella ya no estaba más en aquel jardín bello, de hecho solo le rodeaba la oscuridad, un vacío a donde sí le llegaban las voces de aquellos que amaba.

-¿Y perderme la oportunidad de ver como mis dos queridos hijos intentan expulsarme de tu cuerpo?

La sospecha de que quizá hubiese perdido para siempre su vínculo con el mundo material, de haber sido engañada, le hizo odiarse a sí misma y dio un grito de rabia mudo al carecer de garganta mientras intentaba una huida imposible.

-Shiemi, no me decepciones ahora.

Aquella voz volvía a hablar dentro de ella.

-Déjame volver con Rin- le suplicó.

Una carcajada cruel.

Shiemi no quería seguir siendo juzgada por Satán, no quería ser su juguete, ella era algo más que una pieza necesaria en sus planes para con Assiah.

-Recuerda la interesante charla familiar que hemos tenido en el jardín, Shiemi – le recordó la voz de Satán.

Shiemi trató de impedir que de nuevo el dios de Gehenna controlase su mente, pero él poseía hasta la más pequeña célula de ella y, así con mucho pesar, mientras ella intentaba mover su cuerpo intentando librarse del control de Satán e impedir que Yukio y Rin la exorcizaran, el dios de Gehenna la obligó a rememorar, para vergüenza suya, cuando ella había perdido la seguridad en sí misma al tomar Satán la forma de su más querido amigo.

No era la primera vez que reducía su fuerza para recuperar el control de su cuerpo obligándola a revivir cómo ella le había permitido poseerla.

Un instante estaba en la oscuridad, al siguiente volvía a estar en aquel jardín maravilloso recreado por Satán sin ningún recuerdo de lo que iba a ocurrir después.

-¿Yuki-chan? – había preguntado Shiemi cuando ante ella el dios de Gehenna acababa de metamorfosearse de la forma de su abuela a la de Yukio. Ella sabía bien que los demonios tenían la habilidad de leer la verdad en los corazones de las personas.

Él le había dicho "Shiemi, yo conozco la verdad que hay en ti, quizá soy el único en toda Assiah y Gehenna que lo sabe. Sé a quién de verdad amas, aunque lo niegues"

-Shiemi – la voz de Yukio tenía la misma tonalidad dulce con que siempre se dirigía a ella pero en el fondo ella podía apreciar la maldad misma del deleite del sufrimiento que a ella le infligía.

Años atrás, le había costado muchos meses en creer en su propia fortaleza, sus amigos le habían hecho ver cuánto valor había dentro de sí. Y justo con ese conocimiento de su valor, despertaron también otros sentimientos que no esperaba.

Poco a poco, la amistad con Rin se fue convirtiendo en algo más profundo. Aunque quizá sin la ayuda de Izumo, seguiría sin notar el efecto que cada mirada dirigida a Rin causaba en él.

La admiración que siempre había sentido hacia Yukio no tenía la misma naturaleza que el nudo que le unía a Rin. Aquel enamoramiento infantil hacia el héroe que era Yukio para ella, poco tenía en común con el amor que Rin y ella compartían.

Shiemi se agarró la cabeza con ambas manos mientras la sacudía negando esa duda que Satán había instalado dentro de ella.

Sintió como él se las agarraba y al abrir con sorpresa los ojos vio la falsa cara de Yukio tan cerca que su nariz tocaba la suya.

-Déjame que te bese.

No era una petición, era una notificación de sus intenciones. Shiemi trató de soltarse pero Satán la empujó con la rodilla izquierda y ella cayó sobre la fresca hierba poblada de flores. Antes de que ella pudiera incorporarse él estaba tumbado sobre ella.

-Sé que los humanos dais mucha importancia al gesto de besarse en los labios. Tus dudas sobre cuál de mis hijos amas serán despejadas de este modo.

Ella sintió que la sangre le subía a la frente con el solo pensamiento que Satán la besase. ¡Además con la apariencia de Yukio!

-¡Es obsceno! ¡Eres su padre!

Nada más decirlo Shiemi se arrepintió. Aquel ser no tenía el mismo concepto de la moral que ella, y sin duda que ella lo remarcase solo le haría que aumentar su diversión. No se equivocó.

-¿Tan obsceno como estar enamorada de mis dos hijos al mismo tiempo?

Solo cabía una réplica. Mirando fijamente a los ojos incandescentes de Satan, le dijo con toda la valentía que pudo reunir:

-Yo amo a Rin. Yo me voy a casar con él. Yo creo en él.

Los labios que ya bajaban hacia los de ella para robarle un beso prohibido, dibujaron una abierta sonrisa de complacencia.

Le agarró de la nuca y tiró de ella, con inesperada delicadeza, mientras él se retiraba hacia atrás para permitirle sentarse frente a él.

-Mírame a los ojos, dulce Shiemi, y dime "No te quiero, Yukio". Dímelo y te dejaré libre.

Aquello era cada vez más humillante.

-Yo no puedo decir eso porque quiero a Yukio como amigo…

-¡Chist! –le puso un dedo en los labios Satán y fue a replicarle divertido, cuando ella notó como cambiaba de idea y perdiendo su rostro toda aquella arrogancia de quien se cree ganador, imitó a la perfección la forma de hablar su querido Yuki-chan:

-Shiemi, tú sabes que siempre te he amado.

Era tan perfecto, tan real.

La soltó y aprovechando su perplejidad, se valió más de su dominio de la situación.

-Si Rin nunca hubiese aparecido en la Academia, seríamos solo tú y yo.

Aunque Shiemi sabía que no era Yukio a quien tenía delante no podía dejar de pensar que quizá sí eran los verdaderos sentimientos de él a los que Satán estaba poniendo voz.

No podía negarlo. Sin darse cuenta la mano derecha de ella se apoyó en su pecho al notar como éste empezaba a latir más fuerte.

Recordó cómo tras su ruptura con Rin, Yukio siempre había estado allí apoyándola con ese cálido sentimiento en su mirada. A pesar de su consternación hacía ella, de sus palabras de consuelo, de su confianza en que ella y Rin se reconciliarían, siempre sus ojos hablaban de lo que él realmente sentía al verla tan triste: ese cálido sentimiento era esperanza.

-Yuki-chan –sollozó ella el nombre de quien, ahora ella era consciente, tanto la amaba en silencio.

Aquello era lo que Satán había perseguido cuando había tomado la forma de Yukio. No era que ella le confesase unos sentimientos amorosos por Yukio sino que ella fuera consciente de lo que él sentía por ella.

La amaba tanto que la había dejado que se fuese con quien ella había elegido. Sabía que un enfrentamiento con su hermano mayor solo habría que causarle dolor a Shiemi y él solo quería verla feliz. ¿Cómo no lo había visto antes? ¿Y ella se consideraba amiga suya? De nuevo le había vuelto a fallar llevada por su egoísmo.

Satán complacido se puso en pie.

-Si lo deseas llora, sé que eso os hace sentir mejor.

Cruel, frío, sin un ápice de comprensión.

Shiemi quería llorar, por su puesto, de impotencia, por su estupidez y su egoísmo, pero no lo haría delante de él. Sus lágrimas solo las vertería delante del verdadero Yukio. Pero si los pensaba con más detenimiento ¿Acaso él merecía como pago a su amor desprendido ser su paño de lágrimas?

-No lloraré delante de ti.

Satán ladeó la cabeza mirando con mucha curiosidad a Shiemi quien sentía como las lágrimas le picaban en los ojos causándole mucho dolor.

-Compruebo que no me equivoqué.

Sonó como un veredicto y en ese momento Shiemi notó, con incredulidad, como la zozobra desaparecía de su cuerpo.

-Esas lágrimas, querida, no te favorecen.

¿Le estaba manipulando sus estados de ánimo?

-Déjame marchar – le pidió ella y notó con pesar como su determinación anterior había desaparecido.

-Humm. Realmente ya he averiguado lo que quería de ti. – Esa forma de apoyar la mano en su mejilla, mientras meditaba, le recordó tanto al señor Pheles que por un segundo dudó que no fuera un juego del director de la rama japonesa. Pero era absurdo. El nunca sería tan cruel para hacerse pasar por Satán. Siempre había sido considerado con ella. Si había semejanza, naturalmente, era porque él era su padre. Como también lo era el padre de Rin y Yukio.

Si alguna vez había ella creído que ella comprendía los motivos del odio de Rin a Satán, desde ese momento lo reconsideraba totalmente tras conocer en primera persona de su crueldad. Entendía más que nunca a Rin.

-Si me he tomado la molestia de crear este espacio puente entre Gehenna y Assiah ha sido para algo más que para juzgar tus cualidades como reina.

¿Cualidades como reina? ¿Espacio puente?

-Orgullo, bondad, firmeza y valentía, las cualidades que debe tener la reina de Assiah.

-¿Reina de Assiah?

-¿No me has asegurado con vehemencia hace unos instantes que te vas a casar con Rin? Yo le he nombrado rey de Assiah, así que tú serás la reina.

Shiemi estaba tan confundida que Satán soltó la carcajada que llevaba tiempo reprimiéndose al ver su rostro de perplejidad.

-Vamos, Shiemi, no estropees ahora la buena imagen que me he forjado de ti ¿No era el objetivo de Rin el poderme tener delante para derrotarme? ¿No creó ese portal en mi honor?

-¿Tú estás aquí porque Rin creó el portal?

Satán abrió los brazos mientras ponía un mohín confirmando lo evidente.

-Yo no puedo acceder a Assiah cuando me apetece, pues me tienen tanto miedo desde aquel incidente que se encargan de cerrar todos los huecos por donde yo me pudiera colar. Pero siempre hay resquicios, cuerpos listos para ser mi recipiente, humanos que me invocan o simplemente, hijos que crean portales como ofrendas en mi honor.

Aquel incidente.

En aquel jardín donde la temeridad y la prudencia de Shiemi estaban siendo puestas a prueba por Satán, ella no se contuvo al exponer un hecho:

-Tú mataste a muchos en la Noche Azul.

-¿Te crees todo lo que cuentan? –Replicó Satán con ironía.

Shiemi tragó saliva para no amedrentarse al preguntar:

-¿Qué pasó realmente en la Noche Azul?

Satán rechazó esa pregunta mientras se reía para sí burlándose de ella.

-Sé que ya lo sabes y encuentro muy aburrido no sorprenderte con nueva información.

Shiemi no iba a dejar perder esa oportunidad.

-Me gustaría conocer tu punto de vista.

-¿Mi punto de vista? – Repitió Satán sin ocultar su fastidio - ¿Te interesa de verdad? ¿Conocer cómo lo vivió el villano?

Sus preguntas impertinentes le habían puesto a la defensiva y un demonio que se siente incómodo puede atacar. Shiemi tenía que calmarle. Era algo básico del entrenamiento para enfrentamientos cuerpo a cuerpo con demonios, pero, en ningún manual había instrucciones de cómo actuar en caso del tener enfrente al dios de Gehenna.

¿Qué podía decirle para tranquilizarle? ¿Qué podía agradar a Satán? ¿Quizá …?

-¿Qué eres tú?

Así de sencillo y simple.

Satán pareció gratamente sorprendido.

-La curiosidad humana – saboreó con deleite las palabras.

Shiemi no pudo evitar sonreír por su atino al encontrar la forma de mantener el control en una situación tan adversa.

El Satán disfrazado de Yukio se puso de cuclillas delante de ella y con un entusiasmo perturbador le ofreció:

-Te propongo un trato: te lo contaré a cambio de tu cuerpo.

Shiemi se abrazó a si misma recordando sus palabras libidinosas cuando aún con el aspecto de su abuela le había hablado de castigar a Rin utilizándola a ella.

Pero Satán chasqueó su lengua con cierto disgusto.

-Una propuesta tentadora, dulce Shiemi, que debo rechazar pues, aunque sea solo tu mente quien está aquí, es alto probable que engendrase un vástago en ti – Satán la agarró cuando ella hizo un amago de huir -Por muy atrayentes que sean las perspectivas de realizar mi prometido castigo a Rin por su desobediencia, sería un error estratégico en estos momentos. Quiero que Rin me obedezca y acepte, mansamente, el trono que le he ofrecido, sin que a las ganas de vengarse de mi por la muerte de aquel necio sacerdote, se una la obligación de restaurar su honra mancillada.

Shiemi dudó aún sin creerle pero al comprobar que no hacía ningún movimiento de aproximarse hacía ella, se permitió relajarse un poco.

-¿A qué te refieres entonces con lo de mi cuerpo?

-Eres una exorcista, ¿acaso no has aprendido para qué necesitamos los demonios vuestros cuerpos?

Shiemi estaba demasiado rebasada por todo lo que le estaba pasando para poder centrarse pero se obligó y con la pista de ser exorcista, pensó en qué hacían los exorcistas: luchar contra demonios, demonios que…

Dio tal grito todos los pájaros del jardín emprendieron el vuelo espantados.

-¡¿Quieres poseer mi cuerpo?! Pero entonces, yo, yo…

-No morirás –le aseguró Satán parando su terror creciente volviendo a doblegar su voluntad- No será una posesión real. Jugaré con la mente de Rin y con todos los que están presentes, haciéndoles ver que te poseo pero simplemente será no sera real. Además, mientras no muestre mis llamas, mi poder de destrucción no será completo.

Se interrumpió y clavó sus ojos aterradores en la misma alma de Shiemi.

-Aunque bien es cierto que tú soportas las llamas de Rin, me pregunto si también aguantarías las mías.

Shiemi consiguió soltarse de él y empezó a arrastrase hacía atrás en la hierba intentando reunir fuerzas para poder levantarse y huir.

-¿Crees que puedes escapar de mi dominio? Este lugar no es material, Shiemi, no hay salida porque yo no la he creado.

El cuerpo de ella empezó a temblar. No quería morir, no así. No quería que Rin cargase con su muerte en su consciencia.

-¡Qué complicado es que un humano crea en mi palabra! –y Shiemi le chocó el suspiro de resignación que soltó Satán – Quizá te convenzas al saber que hace unas horas creé esa misma alucinación con un guardia del Vaticano y Rin me creyó.

A su pesar, aquella información picó la curiosidad de Shiemi.

-¿Poseíste a un guardia suizo?

-Samael heredó mi poder de crear otras dimensiones, y eso es lo que yo hice. En ese espacio temporal el guardia murió, pero en esta sobrevivió y sigue ileso. Pero yo no llegaré a tanto contigo, Shiemi, no tendrá que crear otra realidad en la que tú no mueres, en el momento tu cuerpo muestre el primer síntoma de daño, pararé. Te doy mi palabra.

La palabra de un demonio. Ella sabía que no podía confiar en él.

-¿Tengo posibilidad de negarme? – trató de que su voz sonase firme, valiente, no quería que él la siguiera considerando una débil.

Ella notó un nuevo sentimiento en sus ojos incandescentes mientras la observaba. Algo que muchas veces había descubierto en las miradas de sus compañeros durante las misiones cuando ella conseguía un objetivo a priori irrealizable: admiración.

-Shiemi, tú tienes tal aurea de realeza que hasta un dios puede declinar ejercer su poder absoluto si tú se lo pides. Confía en mí y te contaré todo lo que quieras saber. Sabrás la verdad.

Saber la verdad.

Si ella averiguaba la verdad podía ser tan útil a Rin y a Yukio.

A Yukio se lo debía por el daño que ella le había provocado durante tantos años al ser una ignorante de sus verdaderos sentimientos hacia ella.

-¿Confías en mí? – le preguntó Satán adivinando que Shiemi dudaba.

Shiemi sabía que no habría marcha atrás.

Recordó el determinado rostro de Rin mientras en la capilla de la Basílica de San Pedro le contaba su plan para vencer a Satán.

Conoce a tu enemigo y vencerás.

Por Rin, por Assiah, aceptó el riesgo.

-Está bien, confío en ti, quiero saber la verdad desde tus labios.

Se arrepintió nada más decirlo cuando instantáneamente el rostro de fingida bondad de Satán mudó a la perversión.

-Precisas las palabras elegidas.

La boca de él encerró la de ella y aunque, pasada la primera sorpresa ella quiso apartarle algo se lo impidió.

Todos los humanos soñamos con ser besados de una forma especial, que los labios de la otra persona nos hagan sentir un deleite dulce en cada uno de los nervios de nuestro cuerpo mientras el deseo nos embriaga. No tiene nada que ver con el amor ni con los sentimientos, es el placer crudo y directo. Ser besado por un dios puede arrasar el alma de un ser vivo hasta someterlo por completo. Shiemi, a pesar de su voluntad firme, no era más que una humana y Satán disfrutó de esa victoria haciendo que ella pudiese conocer la esencia misma de un dios.

Le traspasó todo el conocimiento.

Ese conocimiento hizo que Shiemi cayese en la locura.

Satán rompió su beso y se recreó en el vacío abierto por su revelación en la cordura de Shiemi.

Sus manos acariciaron con lentitud el cuerpo de una Shiemi muerta de mente disfrutando cada sensación que llegaba a sus yemas mientras le hablaba con casi ternura:

-Demasiado preciosa eres para dejarte perder.

Volvió a besarla pero al no obtener ninguna reacción se sintió desilusionado.

-Compruebo que no es tu cuerpo lo que encuentro bello, sino el espíritu que vive en él. Con tu mente destrozada, no eres más que un juguete roto. Pero yo puedo arreglarte.

Acercando su boca a su oreja derecha le susurró:

-Quizá te enfurezca el pensar que te he engañado pero no tengo más remedio que hacerlo.

Sujetó la barbilla de ella con ambas manos y trató por última vez de descubrir algo de vida inteligente tras aquellos enormes ojos que miraban al vacío.

Nada.

La volvió a besar mientras le decía:

-Solo dejaré en tu mente este mensaje que solo recordarás cuando te quedes a solas con mi hijo Rin: Si se niega a cumplir mi deseo de que sea rey, yo le ofreceré el trono de Assiah a otros, y me encargaré de que arrasen este planeta

Profundizando en su beso borró todo lo que había quebrado su mente.

Las pupilas dilatadas de ella se contrayeron brillando con enfado.

-Bella e inteligente, Shiemi – dijo él burlón mientras ella le apartaba de un empujón y se limpiaba los labios con asco.

-¡¿Por qué me has besado?! ¡No eres más que un demonio pervertido!

Satán se complacía de haber sanado su locura pero ella lo interpretó como insana diversión.

-¿Y tú parte del trato? Hay mucho que quiero averiguar sobre ti.

-No, ahora. Cédeme primero tu cuerpo.

Y Shiemi asistió, sin poder evitarlo, pero siendo consciente de cada detalle, a como Satán poseía su cuerpo, llenando de terror tanto a Izumo como a Rin al tomar el control de su cuerpo material en la enfermería de los servicios centrales de la Orden en el Vaticano.

Shiemi rezó y rezó para que su cuerpo no fuese demasiado fuerte.

Cuando notó la sangre desbordando sus pulmones y brotando de su boca, sintió el alivio al comprender que el fin de la posesión se acercaba.

Satán pareció querer cumplir su palabra al proclamar: "Creo, querida niña, que hemos llegado a tu límite. Como acordamos, te permito vivir para que cuentes tú misma el resto".

Shiemi interpretó que sí iba a contestar a sus preguntas sobre él y además le permitía contárselo a los demás.

Shiemi se equivocó.

La aparición de Yukio, sus intenciones de exorcizar al mismo Satán, hizo que el dios de Gehenna quisiese alargar su diversión y con ello el sufrimiento de Shiemi, ignorando los ruegos de ella.


Yukio no había perdido ni un segundo para preparar el exorcismo.

El cuerpo de Shiemi yacía en un círculo purpura para evitar que pudiese escapar durante el ritual. Él se situó a los pies de ella, mientras que Rin detrás de su cabeza intentaba recordar que solo comportándose profesionalmente podía ayudar y salvar a su novia.

Koneko y Bon a los lados intentando que el terror que, a pesar de los años de servicio, la revelación de contra quien iban a luchar para liberar a Shiemi les había dominado, no les impidiese su cometido.

Realmente, pensaba Shima mientras valoraba la situación, a él ya no le necesitaban. Por supuesto, le sobrepasaba, igual que los demás, el conocimiento de que Satán estuviese dentro de Shiemi. Sin embargo, tenía que tratar de disimular el entusiasmo que le provocaba la posibilidad de poder tener al dios de Gehenna delante de él. Shima vivía al límite, los demás no.

Su intentó relajar el ambiente tenso creado por las graves reacciones tanto de Koneko como de Bon con un comentario jocoso sobre si las máquinas podían medir tanto poder satánico junto, solo consiguió un comentario hiriente de Bon por vanalizar aquella complicada situación.

Comprobando que hasta Rin no estaba para bromas, se autoatribuyó la tarea de atender a una traumatizada Izumo.

Se sentó a su lado en el suelo donde ella contemplaba todos los detalles de la preparación del exorcismo sin haberse ofrecido en ningún momento a participar.

Le recordaba tanto a aquel episodio vivido por ambos en los cuarteles de los Illuminati. Pero él, ahora, ya no tenía que comportarse como un traidor villano.

-Kamiki, tranquila, ya verás cómo pronto Shiemi será libre.

Ella le clavó la mirada. Sus ojos no tenían miedo, sino pesar.

-Rin ya no es más quien nosotros conocemos. Ahora él es un rey de Gehenna, es el Antipapa.


Notas:

- Si no he profundizado más en los sucesos de la Noche Azul es porque creo que en el arco que estamos viviendo en el manga se nos va a explicar, espero, qué pasó durante ese incidente que tanto nos intriga desde los primeros capítulos del manga.

- Admito que aún no llego a comprender del todo el concepto de los Baal y Satán que Samuel nos cuenta en el último capítulo del manga, así que en mi historia sigo con la combinación de concepto entre dios oriental y diablo occidental en que me he basado para mi recreación de Satán.

- Amron: Muchas gracias por tu entusiasta review. Me alegro que te esté gustando tanto y espero que lo que continua te siga entreteniendo.

- Lina: Permíteme que conteste aquí tu review de "Planes de Futuro", espero que la puedas leer. Gracias por tus amables palabras y deseo que mis otras historias también te hagan pasar buenos momentos.

- Gracias de nuevo a todos los que me seguís.

- Por último informaros que he añadido en mi perfil mi usuario en Tumblr y en Twitter.