Capítulo 28

«Escuchen bien lo que voy a decir porque no pienso repetirlo» dijo ella «¡A partir de hoy, Marian ya no trabajará más en esta hacienda y le está terminantemente prohibido poner los pies en mis tierras!»

«Patrona…»

«¡Cállese porque no he acabado!» Regina la interrumpió «Quien permita la entrada de esta mujer en mi propiedad, se verá en la calle»

«Por favor, patrona…no tengo a donde ir» dijo ella

«¡Eso es su problema! Tiene una hora para recoger sus cosas y desaparecer de aquí, en caso contrario, iré a la policía y la acusaré de invadir mi propiedad. ¿A qué está esperando? ¡Fuera de aquí!» exclamó, y en llanto, Marian se retiró.

La multitud permanecía en silencio, y aunque desconocían la razón de lo que acaba de pasar, ninguno se atrevió a cuestionarla, todo lo contrario, escucharon cada palabra atentamente y callados.

«De ahora en adelante, David sería el capataz de la hacienda. En mi ausencia, deberán obedecerle a él en lo que respecta al trabajo»

«¿Yo también estoy despedido, patrona?» preguntó Robin

«No…¡aunque se lo merecía después de lo que hizo!» dijo ella «Solo era eso lo que tenía que decir, así que vuelvan a sus casas» añadió, y entre murmullos, los trabajadores fueron desapareciendo «David y Margaret, acompáñenme a la casa»

En su despacho, Regina orientó a Margaret y a su esposo, David, sobre todos los asuntos relacionados con la hacienda y que ellos tendrían que tratar con el todo el cuidado posible, ya que ella no pretendía aparecer asiduamente.

«Gracias por la confianza, patrona. Prometo que pondré lo mejor de mí para que esta hacienda continúe produciendo y siendo la mejor de la región» dijo David

«Espero que no me decepcione. Ahora puede comenzar a trabajar»

«Sí, señora, con permiso»

«Margaret…gracias por haber viajado a la capital a contarme todo lo que había pasado»

«Solo cumplí con mi obligación, patrona. Y le agradezco la confianza depositada en mí y en mi marido»

«Tome…si sucede alguna emergencia, llámeme a mi móvil o a mi oficina»

«Sí, señora. Ah, ¿sirvo la cena en su cuarto o en el comedor?»

«No quiero cenar, no tengo hambre. Puede retirarse»

«Con permiso, patrona»

El cansancio provocado por el viaje acabó por proporcionar a Regina una óptima noche de descanso acompañada con bellos sueños donde Emma era la actriz principal. Al despertar, esbozó una simple sonrisa mientras la imagen de la mujer que amaba se formó en sus recuerdos. El deseo de regresar lo más rápido posible a los brazos de Emma la empujaron a levantarse temprano y orientar a cada uno de los responsables de cada asunto de la propiedad. Al final de la tarde, todo parecía estar de acuerdo a lo que deseaba y por esa razón, volvería a Augusta en cuanto amaneciese.

«Patrona…gracias por no haberme dejado sin trabajo» dijo Robin

«¡Mejor que salga de mi vista antes de que me arrepienta! ¡Y que sepa que ya di órdenes para que descuenten de su salario todas las cabezas de ganado que mató, idiota!»

«Solo hice aquello porque estaba enamorado de ella y se aprovechó de eso» se justificó él

«Espero que haya aprendido la lección. Ahora vuelva al trabajo»

«Sí, señora, con permiso»

A la mañana siguiente, según lo pensado, Regina volvió a Augusta. Su cuerpo ya manifestaba los síntomas de la nostalgia, no veía la hora de llegar al sitio que tanto amaba: los brazos de Emma.


«Hola…¿hay alguien en casa? ¿Víctor? No sé por qué aún gasto saliva…vive en el trabajo» decía Lily mientras entraba en el apartamento.

Mientras arrastraba su maleta hasta el cuarto, Lily se detuvo al encontrar una camisa blanca sobre el respaldo del sofá. Al coger la prenda, percibió que se trataba de una camisa femenina, y aunque se imaginaba que podría pertenecer a alguna novia de su hermano, no dudó en aspirar el agradable perfume que de ella emanaba. Aunque le había gustado el olor, volvió a colocar la camisa en el mismo sitio y continuó con sus pasos, sin embargo, se asustó cuando al abrir la puerta, se deparó con una bella cabellera rubia derramada sobre las almohadas.

«Solo puedo estar soñando…» murmuró, mientras sus ojos recorrían el cuerpo parcialmente cubierto por las sábanas.

Con los ojos fijos en la angelical figura dormida en su cama, Lily hizo mención de acercarse, sin embargo, se detuvo cuando Emma se movió en la cama, y sus largas piernas desnudas quedaron a la vista en toda su belleza. Contrariamente a lo que antes pretendía, esa vez intentó retroceder, pero, cuanto más lo intentaba, menos los conseguía, y en un momento de distracción, acabó tropezando con su propia maleta y como consecuencia, Emma se despertó con el ruido.

«¡Disculpe! No quise despertarla» dijo Lily y ante la incomodidad de Emma, optó por presentarme rápidamente «Me llamo Lily…soy la hermana de Víctor»

«Ah…oh, disculpe. Estoy en su cuarto, en su cama y…»

«No se preocupe…quédese tranquila. ¿Es la novia de mi hermano?»

«No, no…claro que no. El Dr. Víctor me ayudó a resolver unos problemas y me ha dejado su apartamento por algunos días hasta que yo consiga un sitio. Por cierto, me llamo Emma» explicó ella, estirando la mano

«Un placer, Emma. ¿Y sabe por dónde anda mi hermano?»

«Está de viaje, pero no se preocupe…ahora mismo le dejo el cuarto libre…»

«¡De ninguna manera! Me quedaré mientras en el cuarto de Víctor» dijo ella, y sin que pudiese evitarlo, sus ojos se fijaron en el expuesto cuello de Emma

«¿Acaba de llegar?» preguntó Emma, bastante avergonzada

«Solo hace unos minutos…»

«Voy a tomar un baño y después preparé la cena…imagino que tiene hambre»

«La verdad es que sí, pero no se moleste…»

«Es lo mínimo que puedo hacer por invadir su cuarto» dijo ella, y su sonrisa con hoyuelos por poco no derrite a la mujer que tenía delante.

«Ya que usted va a tomar un baño, voy a hacer lo mismo»

«Claro…nos vemos dentro de un rato en la cocina» dicho eso, Emma se metió en baño mientras Lily se dirigió al cuarto de Víctor.

Mientras se desvestía, Lily se preguntaba qué tipo de problemas le habría solucionado a Emma su hermano, y sobre todo, por qué razón le habría ofrecido el apartamento. A pesar de conocer poco a los amigos de Víctor, nunca había mencionado aquel nombre, tampoco se había mostrado tan atento con alguien hasta el punto de marcharse de viaje y confiarle su vivienda. Sus pensamientos fueron interrumpidos por el timbre de la puerta. Aunque se encontraba cubierta apenas con la ropa interior, caminó apresuradamente hacia la puerta, sin embargo, se detuvo al lado del sofá, y se puso, sin miramientos, la camisa de botones de Emma.

«¿En qué puedo ayudarla?» preguntó Lily, y la sonrisa que traía en los labios se deshizo ante la seriedad de aquella mujer que la observaba.

«¿Dónde está Emma?» preguntó Regina, e instintivamente los puños se cerraron cuando se dio cuenta de que la camisa que llevaba puesta aquella desconocida pertenecía a su mujer.

«Emma está en el baño…y yo estaba a punto de hacer lo mismo. ¿Va a esperar o quiere dejar un recado?» preguntó, y sin proferir ninguna palabra, Regina se marchó.

Para Emma, el resto de la noche pasó de forma tranquila, a pesar de resultarle extraño la ausencia de Regina, ya que la reunión de padres tendría lugar a la mañana siguiente y ella garantizó que estaría presente. De cualquier forma, optó por no darle mayor importancia, a fin de cuentas, Zelena era la tía de Henry y podría perfectamente encargarse de ese asunto también. La cena junto a Lily fue más agradable de lo que había imaginado, ya que la hermana más joven de Víctor tenía la misma simpatía que él, aunque era realmente lo opuesto con respecto a la seriedad. Al ser cuestionada sobe los supuestos problemas que Víctor la ayudó a superar, Emma no dudó en contarle la verdad, y así como imaginaba, no la juzgó como tantos hacían, todo lo contrario, le dejó claro que en su lugar hubiera hecho lo mismo.

Antes de dormir, Emma llamó a Henry y tras un beso de buenas noches, colgó la llamada.


Regina se levantó de su cama cuando los primeros rayos de sol atravesaron los cristales de las ventanas de su cuarto. Aunque el viaje de regreso a Augusta había sido cansado, casi no consiguió dormir debido a los recuerdos de la noche anterior. Emma estaba en compañía de alguien y ni siquiera la había llamado para saber sobre su vuelta. Una vez más los celos se apoderaban de su mente, y como consecuencia, no podían pensar con claridad, tampoco apartar las dudas de su cabeza. Tras un baño caliente, se dirigió derecha a la escuela, donde tendría lugar la reunión de padres para la fiesta escolar de final de curso.


Todos los profesores ya se encontraban en sus sitios, incluso la dirección y Zelena, dueña de la institución de enseñanza. Padres y madres se estaban acomodando en el auditorio mientras los últimos detalles eran inspeccionados.

Emma intercambiaba algunas palabras con Zelena cuando Regina llegó. Su presencia imponente desprendía poder y refinamiento, una discreta elegancia y el más inflexible grado de exigencia. La dura expresión en sus facciones no pasó desapercibida por Emma, mucho menos por Zelena, sin embargo, a juzgar por el pésimo humor que nunca había hecho gala de esconder, ninguna de ellas se preocupó mucho.

Zelena dio comienzo a la reunión explicando cómo, dónde y cuándo se realizaría la fiesta. Además de celebrar la Navidad, sería también la clausura del año lectivo. EL director y vicedirector tomaron la palabra después, y solo entonces se la concedieron a los padres y madres que tenían dudas y sugerencias.

«¿Alguien más tiene algo que decir?» preguntó Zelena, sorprendiéndose cuando Regina levantó la mano «Diga, señora Mills» dijo ella. A pesar de que el parentesco entre ellas era conocido por todos, Zelena mantuvo las formalidades en aquel momento.

«No estoy de acuerdo en que la señorita Swan dé clases en esta escuela» dijo ella, y por algunos instantes, Zelena perdió el habla. Emma, por su parte, a pesar de la expresión claramente desconcertada, imaginó, inocentemente, que se trataba de una broma, aunque sabía perfectamente que Regina no era de las de bromas, principalmente ante tanta gente.

«¿Y podemos saber la razón de eso?» indagó Zelena

«No creo que una ex presidaria sea la persona adecuada para enseñar a niños…» dijo ella

El impacto de aquellas palabras golpeó a Emma de lleno y tuvo que agarrarse al borde de la mesa para no caer delante de todos. El asombro manifiesto en su cara era desconcertante, y sus ojos eran charcos verdes deseando que todo aquello no fuera sino una pesadilla. El dolor le rasgaba los músculos mientras luchaba para no llorar.

«Lo siento, mucho, señora Mills» dijo Zelena, con una mezcla de desconcierto e incredulidad «La señorita Swan pasó por el mismo proceso que todos los profesores de esta institución, y si hoy está aquí, es porque tiene capacidad para ello. ¡Y en cuando a su pasado, no existe ninguna regla o ley que la impida dar clases en cualquier institución, sean escuelas, institutos, universidades, públicas o privadas!»

«¡Entonces, no me deja otra salida que sacar a mi hijo de esta escuela!» exclamó Regina

«¡Estoy de acuerdo con la señora Mills!» dijo otra mujer «¡No tendremos otra salida sino retirar a nuestros hijos de esta escuela!»

«Como quieran, señoras. Nadie está obligado a mantener a sus hijos en esta institución, pero la profesora Emma se queda» dijo Zelena

«No será necesario sacar a los niños de la escuela» dijo Emma, manifestándose por primera vez. Su voz fallaba, y su corazón era golpeando hasta el fondo por la rabia que nublaba el rostro de Regina. Se sentía mal y juraba que en aquel momento, no aguantaría escuchar nada más de la boca que días atrás la besaba y le juraba tanto amor. De esa forma, Emma se tragó las lágrimas, pues sabía que ya iba a llorar bastante por una, dos o incontables noches «A partir de hoy ya no trabajo aquí. Con permiso» dicho eso, caminó deprisa hacia la salida

«Emma…» Zelena intentó detenerla, sin embargo, en cuestión de segundos, Emma ya se encontraba fuera de su alcance.


La fina lluvia que caía esa mañana cenicienta en Augusta parecía haber contribuido al caótico tráfico de ese miércoles. El ruido irritante de las pitas de los vehículos resonaba insistentemente, pero el único sonido que Emma lograba escuchar era el proveniente de las palabras de Regina. Aturdida, se llevó la mano a la boca como si intentase tragarse o, por lo menos, ahogar el llano, sin embargo, el dolor explotó en su pecho acompañado de un torrente de lágrimas. El aire helado pareció anestesiarle el cuerpo, pero no ofreció alivió alguno a su dolor, por el contrario, su propio cuerpo la traicionó haciéndole perder el equilibrio y caer de rodillas. El asfalto no se apiadó de su piel y le rasgó la carne. Un fino hilo de sangre, mezclada con el agua de la lluvia, se deslizaba por las pequeñas heridas de sus rodillas, pero nada de aquello importaba o provocaba aquel dolor lacerante que el comportamiento de Regina había ocasionado. El tan soñado camino, que deberían recorrer juntas, ahora estaba cubierto por los pedazos de su corazón, y Regina los colocó de manera estratégica para que tropezase, cayese y se quedara herida para siempre.


Bueno, ¿quién dijo que las cosas se estaban resolviendo? Esta Regina es una cabeza dura, pero sinceramente, y aunque sé que le está haciendo mucho daño a Emma, yo le tengo lástima a Regina, porque esos celos enfermizos no muestran otra cosa sino la baja autoestima que tiene. Cuando una persona muestra estos celos, es porque no confía, ya no en la otra persona, sino que no confía en sí misma para ser suficiente para la otra persona. Como Kathryn la engañó, piensa que ella no es suficiente para nadie, y eso hace que vuelque su frustración en cualquiera que tenga al lado, como una barrera para que no la hieran. No me acuerdo de lo que ocurre en los capítulos que vienen ni cuánto tardará en darse cuenta del error cometido por sus celos e irracionalidad, pero recuerdo que sí nos tocará sufrir un poco.