Chicas, en una semana y publicando 3 capítulos, ando súper inspirada, lo malo será cuando me falten ideas y ahí sí, ni como subir y para subir un capitulo muy forzado como que no, luego no se disfrutaría para leerlo. Bueno, he aquí el siguiente capítulo, disfrútenlo y nos leemos yo creo que el miércoles si es que no me da por subirlo antes.


~ 1 ~

Finos hilos de sangre corrían entre el delicado cuello de la joven de largos cabellos que se encontraba tirada en el suelo. Poseidón se acercó a ella, en su rostro el dios de los mares reflejaba un odio tremendo por ella.

-Escucha mujer- le llamo mientras hacía que la joven le mirara a los ojos con ayuda de su tridente, el cual dejo una fina marca en su rostro –dile a ese idiota, que no envié a su perra a decirme…

-¡Mi señor Hades no puede aparecer ante otros!- le interrumpió, lo único que recibió fue una fuerte patada

-Eres un simple humano y aun así… te atreves a interrumpirme- le dijo amenazadoramente –sabes al igual que yo, que te puedo matar en el momento en que yo quiera.

Arrojo a aquella mujer de nuevo hacia la salida del palacio, en ese momento dos soldados la tomaron y la pusieron de pie a la fuerza, Poseidón se encamino hacia su trono

-Pandora- le llamo –dile a ese Hades, que no necesito unir fuerzas con él, puesto que yo soy el dios más poderoso. Yo solo me encargare de la diosa Athena y gobernare no solo los mares sino también la tierra.

Pandora fue sacada duramente de aquel lugar. En el momento en que las puertas se abrieron se adentraron 8 personas más, 7 varones y una dama… todos ellos revestidos en armaduras, siendo la de la mujer la que más resaltaba; pues esta se encontraba en un color rojo vivo. Todos estos se arrodillaron ante el dios de los mares quien los estaba escrutando cuidadosamente.

-Athena y sus guerreros se han adentrado a mis dominios- comenzó –su deber es acabar con ellos y que no destruyan los Pilares Marinos. De ser así, yo mismo los matare después de matar a Athena

-Si señor- respondieron todos al mismo tiempo

-Gracias a la información que hemos obtenido desde hace tiempo, será muy sencillo obtener la victoria

-Señor Poseidón- le llamo Thetis –por favor, permítame encargarme personalmente de Athena

-No podrás derrotarla Thetis, hay un abismo de diferencia entre ambas

-Pero aun así, no puedo dejar pasar el hecho de que se atrevió a levantar la mano contra mi señor- siguió intentando, Poseidón sonrió ante la actitud de la mujer

-Está bien- respondió –el resto de los Generales… a sus posiciones

-Si señor- todos se pusieron de pie encaminándose de inmediato hacia sus Pilares, unos más nerviosos que otros, pues sabían de la fuerza de cada uno de los Caballeros Dorados.

.

.

No sabias porque, pero de un momento a otro Dhoko había comenzado a correr, apenas lo podías seguir y todo era porque no te había soltado de la mano, a veces te lastimaba el brazo ya que de repente daba vuelta en una esquina sin previo aviso, pero no tenías tiempo para quejarte, el hecho de que él estuviera de esa manera significaba una sola cosa: Problemas.

-¿Por qué estamos corriendo Dhoko?- le preguntaste

-Este Cosmo- te dijo –es uno conocido

-¿De quién?- preguntaste, aun no distinguías un Cosmo de otro

-Sigue corriendo y no te detengas- te indico

Ya no quisiste preguntar más, solo te enfocaste en las ordenes de Dhoko, sin querer de nuevo pensaste en los Dorados que habían partido ellos solos a cada uno de los Pilares, aunque sabias de antemano que ellos estarían bien, al fin y al cabo para ti… eras los hombres más poderosos de la tierra.

,

,

Milo se encontraba de pie, encima de una torre que adornaba aquel sitio, frente a él se encontraba el Pilar del Pacifico Sur y entre él y el Pilar se encontraba Ío de Scylla.

Había esquivado el ataque sorpresa del Marino, gracias a su velocidad, derribar esa estructura no sería para nada sencillo. Al principio había sido atraído por una hermosa joven que se encontraba rezando, siendo las mujeres una de sus debilidades se acercó, pero más allá de la joven, sintió el peligro de haberse acercado tanto.

Había logrado esquivar un ataque del cual no le presto mucha atención, pero sabía que el enemigo que se encontraba frente a él era sumamente peligroso.

-No te será tan fácil destruir este Pilar- le comento mientras bajaba elegantemente las escaleras –aunque…. tampoco sabía que los Caballeros de Athena tenían cierta debilidad por las… mujeres

-Bueno… yo no sabía que los Marinas de Poseidón eran tan débiles que necesitan de ilusiones para atacar- respondió mordazmente mientras su rostro era adornado por una sonrisa altiva

-¿Qué estas tratando de decirme?- le pregunto molesto

-Que eres un cobarde- le respondió

-Me llamas cobarde cuando eres tú el que está encima de un pilar- le reclamo Ío

-Tienes razón- le respondió Milo mientras bajaba de un salto a tierra firme, comenzó a caminar para estar a una distancia prudente del General –hagamos esto más fácil, tú no te interpones en mi camino y yo no te hago daño

-Yo creo que mejor te mato y asunto resuelto- le respondió Ío

De un momento a otro Ío se encontraba detrás de Milo, este se agacho para evitar la patada que su oponente le quería propinar, pero eso no fue solo para esquivar, Milo dio una barrida para que Ío perdiera el equilibrio, pero para el General Marina eso no fue una sorpresa pues con el apoyo de su mano pudo elevarse para comenzar a las alturas para comenzar a atacar.

-Inhalación Vampírica- este ataque tomo a Milo por sorpresa, lo último que vio fue como unas llamas azules en formas de pequeños murciélagos habían sido invocadas por Ío y se habían estrellado contra su persona.

Pero con lo que no contaba Ío era de la velocidad de Milo, pues al querer invocar el mismo ataque fallo, Escorpión esquivo este ataque con una velocidad impresionante, reunió apenas fuerzas para poder dar un salto y quedar a la altura de Ío, este se quedó impresionado por el plan de ataque del Escorpión Dorado.

Milo de inmediato comenzó a golpear a Scylla, este apenas tenía el tiempo suficiente para poder bloquear los ataques de su enemigo.

-Aguja Escarlata- escucho que Milo había nombrado su ataque, así que sin perder más tiempo se alejó de él. Cuando piso tierra firme se alejó un poco más, pues Milo ya se encontraba frente él.

Apenas cruzaron una mirada y se lanzaron el uno sobre el otro, una danza de golpes y patadas por parte de ambos había comenzado. Ambos atacaban y defendían al mismo tiempo, algo que dificultaba que el otro convocara algún ataque para poder lastimar a su oponente. De pronto las manos de Scylla se rodearon de un aura verde así como su armadura, Milo sabía que estaba en problemas, pues ahora los golpes de Ío habían cambiado.

Estos golpes se habían rodeando de un remolino de agua violento, ambos puños y piernas estaban acompañados por este pequeño fenómeno, que ahora el Escorpión sabía que eran peligroso, pues uno de ellos había rosado su mejilla y ahora un fino hilo de color carmesí resbala por este. Se alejó de dos saltos, pero de pronto sintió una fuerte opresión.

-Estrangulación de la Serpiente- escucho susurrar a su enemigo, la energía de Ío había formado una serpiente que aprisionaba el cuerpo de Milo

-No creas…- Milo reunió toda su fuerza y con ayuda de su Cosmo se liberó de aquel ataque -¡que con eso me vas a vencer!

-Valla, parece que ya te enojaste- le siguió incitando

-Estúpido- Milo alzo su mano derecha y la uña de su dedo índice se tiño de rojo –Aguja Escarlata

-Gran Tornado- contraataco Ío.

Dos tornados se formaron de la nada y se estrellaron contra el cuerpo de Milo quien salió disparado hacia una torre la cual resulto estrellada. De inmediato se puso de pie y comenzó a atacar a Ío, este no había prevenido que Milo se recuperaría rápidamente. Un golpe tras otro, estos estaba impregnados de fuerza, si algo había en diferencia, era que Milo tendría la ventaja, sino, se encargaría de que así fuera.

.

~ 2 ~

.

Ángelo salió disparado contra el fuerte Pilar de océano Ártico. Sabía de antemano que no podía dejarse vencer, pero el hombre que se encontraba frente a él era un conocido.

Lo había visto de lejos cuando habían estado en el Santuario, pensó por un momento que había desistido de su entrenamiento o tal vez había muerto, era algo que no le importaba en lo absoluto, pero frente a él se encontraba Isaac, antiguo alumno del Caballero Dorado Camus de Acuario.

-Si tu maestro te viera niño, estaría muy decepcionado de ti- le comento a modo de burla, esto provoco que el General de Kraken

-¡No necesito de ese imbécil!- grito muy molesto

De las palmas de su mano salió un rayo de energía blanca la cual llamo Ataque Aurora, Cáncer lo esquivo muy sencillamente, miro al suelo por donde había pasado aquel ataque, el piso se encontraba totalmente congelado. Ese niño ya había estado jugando mucho con el Cangrejo Dorado.

Así que haciendo uso de su velocidad se colocó detrás de él y comenzó a golpearlo a puño limpio, Isaac deseaba muy en el fondo esquivar aquellos ataques, pero no era posible, su velocidad era sumamente menor a la de Cáncer.

De una sola patada que dio de lleno en el abdomen de Kraken lo mando a estrellarse contra un pilar pequeño el cual cayo enseguida debido a la fuerza que este llevaba.

-Quédate ahí mocoso- le llamo Ángelo mientras se encaminaba para tomar el triente –por respeto a Camus no te voy a matar- así que con toda la tranquilidad posible que lo caracterizaba le dio la espalda

Ángelo no pudo observar el rostro de coraje que Isaac tenía, pues aun este no se daba por vencido. Así que sin pensarlo dos veces se puso de pie y dirigió su ataque a Cáncer, este sintió aquella energía que iba directamente hacia su cuerpo, únicamente alzo su mano izquierda para atrapar aquel ataque, esta se rodeó de un destello blanco. Sonrió arrogantemente, como solo él sabía hacerlo.

-¿Este es tu… Polvo de diamante?- pregunto burlonamente Ángelo

-Imposible- susurro Isaac para volver a atacar de la misma manera una y otra y otra vez, Ángelo solo se dedicaba a saltar de un lado a otro, esquivando el ataque de una sencilla manera -Ataque de aurora- invoco el Kraken, observando que Ángelo se había quedado atrapado entre un pilar y una roca.

Sonrió ante el sonido de la explosión, no había oportunidad alguna para que pudiera escapar de aquel ataque. Tan ensimismado se encontraba que no sintió la presencia de Ángelo detrás de él, solo recibió una patada en la espalda, Ángelo apareció delante de él y con otra patada más lo arrojo hacia los aires.

Isaac cayó pesadamente contra el suelo, apenas estaba comenzando a ponerse de pie cuando sintió una fuerte presión. Tarde se dio cuenta de que estaba rodeado de unas ondas de energía, Isaac se pudo dar cuenta de que había nubes con formas de rostros. De un momento a otro Cáncer chasqueo los dedos, estas ondas que lo rodeaban explotaron.

-Agujero Negro- menciono Ángelo cuando observo a Isaac tirado en el suelo –no es una técnica muy poderosa, pero te mantendrá quieto unos momentos

De nuevo comenzó a acercarse hacia el tridente y se detuvo una vez más para atrapar el Polvo de Diamante de Isaac, este se encontraba respirando agitadamente, estaba cansado.

-Escucha niño- le volvió a llamar –he visto muchas veces el Polvo de diamante de Camus, y este no se le parece en nada- comento

-¡Cállate!

-Incluso ese chiquillo… como se llama- pensó Ángelo en el otro discípulo de Camus que había visto días atrás –Ese pato barato domina mejor esta técnica que tu- termino de decirle

-¡No me compares con ese idiota de Hyoga!- le grito mientras Ángelo ensanchaba mas su sonrisa sarcástica

-Ah sí, ese era el nombre del rubiecito- comento Ángelo, de nuevo atrapo el Polvo de Diamantes de Isaac –tranquilo mocoso, que con esto es imposible ganarme

De un momento a otro la furia de Isaac volvió a aumentar, eso logro que su velocidad aumentara de igual manera, tomando inclusive a Ángelo por sorpresa. Los golpes que le acertaban era certeros y fuertes, Ángelo apenas y podía defenderse de estos, ademas Kraken había dejado de atacar solo con su fuerza, ahora después de cada tres puñetazos libera el Polvo de Diamante, esto había enfriado algunas partes de la armadura de Cáncer.

Se liberó de los golpes de Kraken, pero lo había perdido de vista, de pronto de la nada este apareció frente a él, recibiendo de lleno aquel Ataque de Aurora, mandándolo a estrellarse contra un pilar y caer fuertemente al suelo.

.

.

Dhoko te había arrojado hacia una roca, ordenándote vía Cosmo que te quedaras ahí, sin salir pasara lo que pasara.

-Miren a quien tenemos aquí- escuchaste la voz de una mujer –a un perro faldero de Athena

-Cuida tus palabras mujer- respondió Dhoko –aunque es extraño que Poseidón haya dejado salir a su concubina, haciendo que se exponga

-¡Insolente!- le recrimino aquella mujer, bueno, hasta tú te hubieras enojado si alguien viene y te dice que eres amante de tal o cual –Cuida tus palabras

-¿En dónde está tu señor?- le pregunto directamente, pero ella rio

-Si quieres saberlo… sígueme- le ordeno

De pronto escuchaste que comenzaron a alejarse de ti. Saliste de ahí para comprobar que efectivamente, Dhoko te había cambiado por la rubia oxigenada. Así que sin más, decidiste desobedecer para tratar de alcanzarlos.

Claro que te era difícil tratar de mantener la velocidad que ellos llevaban, demasiado rápidos para tu gusto, pero al menos ya tenías una gran condición y estar corriendo durante largos periodos de tiempo no era un trabajo para ti. Claro que tardaste pero por fin habías llegado, pues la voz de Thetis resonaba.

-Se dice que seguir a una sirena es firmar tu sentencia de muerte- escuchaste decirle a Dhoko, o eso esperabas pues la voz de Libra no sonaba –ahora Caballero, morirás bajo la ilusión de la Trampa de Coral; mientras, yo me encargare de tu princesita

-También se dice que el encanto de las sirenas no funciona con mujeres- comentaste mientras salías a la luz, pues la roca en la que te encontrabas escondida no te iba a servir de mucho

-Athena

-Veo que hasta el poderoso Dhoko cae ante el encanto de una sirena

-Así que decidió salir de su escondite- te dijo amenazadoramente –muy bien hecho Athena, me ahorraras las molestias de andarte buscando.

Ni siquiera te dio tiempo a hacer algo más, pues Thetis se lanzó contra ti, trataste de cubrirte el rostro con tus brazos, pero eso fue lo que aprovecho ella para darte un patada en el centro de tu cuerpo, la cual hizo que te estrellaras fuertemente contra una roca, caíste estrepitosamente al suelo.

-Quien lo iba a decir- escuchaste que se acercaba ti –que la misma diosa de la guerra no sabe cómo llevar a cabo un combate. Qué triste- cuando sentiste que estaba lo suficiente cerca de ti trataste de golpear sus piernas para que cayera con tu brazo pero ella esquivo fácilmente el golpe –Tranquila Athena, ¿que no te han dicho que no es bueno hacer trampa?

-Cállate- le respondiste mientras te ponías de pie

-Deberías rendirte y entregarle el Control de la Tierra al señor Poseidón, es la única persona… no; es el unido dios, que es capaz de controlar el mundo

-¿Te paga lo mismo si te pasas la vida alabándolo?- le preguntaste sarcásticamente, en ese momento recibiste un golpe en el centro de tu pecho el cual te mando directamente al suelo

-¡Cállate!- te ordeno Thetis -¡Tú no sabes nada acerca del amor que siento hacia mi señor!

-Si esto sigue así, no voy a ser capaz siquiera de ayudar a Dhoko- pensaste mientras tratabas de incorporarte, ese último golpe si había sido muy fuerte

Cuando te incorporaste miraste alrededor, pero no había rastro alguno de Thetis, y eso te tenia preocupada, pues no podías seguirle el paso teniéndola de frente mucho menos si ella se escondía. De pronto sentiste peligro, miraste desesperadamente por todos lados, pero una mancha se extendía en el suelo… era la sombra de Thetis quien ahora te atacaba por aire. Apenas pudiste esquivarlo, pero de nada te sirvió pues Thetis se colocó a lado de ti para darte una fuerte patada que te mando a volar unos metros, pero eso no fue suficiente, pues Thetis apareció detrás de ti para arrojarte un ataque que no viste pero que te mando a estrellarte contra un coral que quedó destruido, apenas te podías incorporar, respirabas agitadamente.

.

~ 3 ~

.

Ío se encontraba tratando de ponerse de pie, pues apenas había escapado de las patadas agiles de Escorpión, golpes dañinos que eran más que certeros. Sintió que su vista se nublaba y comenzaba a perder el equilibrio, cayo de nuevo al suelo cuando se había apenas puesto de pie.

-¿Qué pasa Scylla?- le pregunto Milo quien se acercaba poco a poco a su enemigo, se encontraba también agitado -¿Te sientes mareado?

-Cállate estúpido- le respondió, poso su mano sobre su hombro derecho, cuando retiro su mano se dio cuenta de que esta se encontraba manchada de sangre

-¿Sorprendido?- le pregunto Milo –mis ataques siempre han sido certeros, no han fallado

-¡Es mentira!- le grito –jamás sentí el dolor de alguna aguja- pensó para si mismo mientras se ponía de pie a duras penas

-La Aguja Escarlata es un ataque misericordioso- le comento Milo mientras se movía de un lado a otro esquivando los puños de Ío –permite a quien la recibe retractarse de sus pecados, eligiendo la muerte del alma o de cuerpo

-Jamás me rendiré- le dijo mientras trataba de golpear la cabeza de Milo con una patada, se escuchó el ruido de un metal estrellándose contra el suelo

-Deberías de hacerlo- le respondió, un pequeño rio de sangre comenzó a bajar de la esquina de su frente por su rostro, su tiara había caído lejos de donde se encontraba en este momento –ya no hay nada que puedas hacer, el veneno del escorpión ya esta corriendo por tu cuerpo

Dicho esto, Milo acertó dos agujas más en el cuerpo se Scylla, pero este no daba su brazo a torcer. Ío encendió al máximo su Cosmo logrando así que el brillo verde que le rodeaba aumentara más, Milo sonrió y comenzó a encender su Cosmo logrando que su armadura brillara igual o aún más que la de su oponente. De nuevo los golpes de Scylla se rodearon de aquellos remolinos de agua, Milo los esquivaba y los menos peligrosos los detenía él mismo con sus manos, el ataque de la Serpiente era esquivado y en ocasiones la inhalación Vampírica rozaba su cuerpo, había memorizado todos y cada uno de los ataques de su oponente.

Apareció detrás de Ío para comenzar una danza de patadas, pues de entre todos los caballeros de la orden dorada, Milo poseía las patadas más poderosas. Agilidad y fuerza en un solo ataque por parte del Escorpión Dorado era su arma secreta. Tres rayos más de color rojo se incrustaron en el cuerpo de Ío. Este cayo de rodillas, las heridas apenas sangraban pero ya estaban comenzado a dolerle, ardían y le impedían seguir con su combate, alzo su mirada a su enemigo, quien a pesar de encontrarse respirando agitadamente mantenía en su rostro una sonrisa arrogante, alzo su mano y le mostro tres dedos.

-Dos más - le indico Milo –pero la ultima… será la que decidirá si mueres de manera lenta o rápidamente

-Inténtalo Escorpión- le respondió de manera agresiva –de cualquier manera ni siquiera tú; siendo un caballero dorado, podrás derribar ese Pilar

-Contamos con alguien que sabe más de lo que puedes imaginar- le respondió Milo muy seguro del arma que le había confiado Dhoko.

.

.

-¿Quién eres?- le pregunto Shura a la persona que se encontraba frente a él

-Soy Sorrento de Saren- respondió aquel Marina quien se encontraba de pie los escalones que lo separaban del Pilar del Atlántico Sur –y soy el Guardián de este Pilar, Caballero de Athena, te recomiendo que te vallas de aquí junto a tu diosa y se les perdonara la vida

-Jamás- respondió mientras clavaba la espada en el piso –vine hasta aquí junto con mi señora para detener la ambición de Poseidón y no nos vamos a ir hasta que así se haga

-Ya veo- le respondió mientras bajaba los escalones poco a poco –lo has decidió y ahora no hay nada ni nadie que te haga cambiar de parecer

-Así es- dijo Shura –y lo primero que haré para demostrártelo será derribar ese Pilar que custodias

-Antes tendrás que derrotarme

Apenas se dieron tiempo para poder posicionarse, ambos se comenzaron a atacar con todas sus fuerzas, de inmediato la armadura de Sorrento se tiño de un aura rosada mientras que la de Shura se rodeó del característico aura dorada.

Shura bloqueaba con su brazo los ataques que Sorrento daba; no solo con su cuerpo, sino también con su flauta.

Las ondas de fuerza se veían reflejadas con los ataques de ambos, pues algunas rocas que se encontraban cerca comenzaron a desquebrajarse. La velocidad que ambos tenían era impresionante, no había lugar alguno para que se equivocaran pues sería la puerta que ambos necesitaban para poder tomar la ventaja.

Shura no daba algún espacio para que Sorrento hiciera algo más que defenderse, sabía muy bien que sus brazos eran su mejor arma. Tanta era la velocidad que en un pequeño tropezón ayudo a que Sorrento tomara la ventaja, comenzó a usar su flauta como un arma más, pues los golpes que daba con su puño los remataba con este instrumento, sabía de antemano que los brazos de Shura eran peligrosos, y estuvo a punto de probarlo, pues un descuido hizo que el golpe de Shura con su brazo izquierdo golpeara su casco y lo despojara de él, al mismo tiempo Sorrento lo golpeo con la flauta despojándole también de su casco y logrando hacer un corte en la sien izquierda. Después de esto, ambos se distanciaron lo suficiente para observarse y tratar de leer el pensamiento de su oponente.

.

.

Saga caminaba lentamente, sabía que tenía que estar alerta pues estaban en territorio enemigo. Comenzó a subir unas escaleras que le llevarían al Pilar, el cual aún no sabía a qué mar pertenecía. Detuvo su andar, pues una mujer de cabellos largos se encontraba en la cima de las escaleras, con su mirada perdida en algún punto de aquel lugar marino.

Se extrañó de verla ahí, esta mujer comenzó a caminar hacia donde se encontraba el Pilar. Saga no lo dudó ni un solo momento y comenzó a seguirla.

-¡Athena!- grito en el momento en que llego a aquel sitio, la encontró de pie, frente a aquel enorme Pilar. Sin dudarlo un solo momento se acercó a donde se encontraba su diosa, la cual cayó de rodillas antes de que él llegara -¿Qué está haciendo aquí Athena? ¿En dónde está el Antiguo Maestro?

-Saga, oh Saga- le llamo entre cortadamente –Dhoko fue derrotado por un General Marina del dios Poseidón- le respondió mientras tapaba su rostro con sus manos –el señor Poseidón es muy fuerte Saga… ¿Qué vamos a hacer?

-Aun no debemos darnos por vencidos- le respondió mientras se arrodillaba ante su diosa –no debería de llorar, aún estamos nosotros cuatro

-Pero solo son cuatro Saga- respondió –es imposible, sabes que soy demasiado débil, ya me canse de ser fuerte

-Athena… ¿Qué le paso?- pregunto alarmado mientras observaba a aquella frágil diosa, la cual se encontraba con sus ropas manchadas de carmín -¿Qué fue lo que le paso?

-Por eso te digo Saga- le dijo mientras apoyaba sus manos sobre los hombros de su Caballero –no podemos derrotar al señor de los mares, jamás lo haremos…

-Tranquila Athena- le respondió mientras se ponía de pie, le tendió la mano para ayudarle a pararse. Apenas se incorporó Saga actuó de manera inmediata… le dio un buena patada en el centro del cuerpo de la joven mandándola a estrellarse contra un muro de roca solida

-¿Qué te pasa Saga?- le pregunto la joven mientras observaba fijamente a Géminis -¿Cómo puedes ser capaz de golpear a tu propia diosa?

-Tú no eres la señorita Athena- le respondió tranquilamente –pagaras caro por tratar de engañarme

-¡Claro que soy yo! ¡Quien más que yo le entregaría una armadura a tu hermano Kanon de Géminis!- le recrimino

-No sé cómo te has enterado de algo tan íntimo- le comento amenazadoramente –pero se necesita más que la apariencia física para engañarme

-¿Qué?- pregunto sorprendida

-Ella nunca se pondría a llorar por simpleces, ha pasado por cosas más difíciles y jamás ha derramado lágrimas por esos problemas- continuo cerrando más la distancia entre él y ella –nunca, ni siquiera muerta… llamaría a Poseidón anteponiendo la palabra dios o señor y la última… ¡Jamás se rendiría antes de intentarlo!- tomo a aquella mujer con apariencia de la diosa del cuello elevándola hasta su altura -¡No sé quién seas, pero no te voy a perdonar que hayas tratado de hacerte pasar por la diosa por la cual doy la vida!

Sin darle tiempo a que se defendiera e ignorando la cara de terror de aquella mujer, Saga elevo su mano la cual situó a la altura del rostro de ella, de un momento a otro en su palma se concentró una gran cantidad de energía la cual se estrelló de lleno en el rostro. El cuerpo salió disparado unos metros atrás y Saga enfoco su mirada en el Pilar que se encontraba frente a él.

.

.

Te golpeaste duramente la espalda contra una roca, una parte punteada se encajó en tu cuerpo, provocándote un daño aún mayor. Miraste a donde se encontraba un bulto de color rosado, ahí se encontraba Dhoko… hombre tenía que ser, mira que dejar haberse engañado por una mujer… pero eso sí; cuando acabaran de partirle la cara a Poseidón le ibas a decir a Shion para que lo castigara. A su edad y aun cayendo en esas trampas. Te trataste de incorporar pero el dolor que sentías era terrible, Thetis estaba haciendo lo que quería contigo, cuando por fin te incorporaste ella te dio una patada en el rostro el cual te mando a dar unas vueltas sobre el suelo. Trataste de ponerte de pie nuevamente, pero una vez más caíste al suelo, debido a tu cuerpo que se encontraba débil y demasiado golpeado.

Respirabas agitadamente, no podías admitir aun la derrota, aun no… porque si no podías vencer a una mujer, a una Marina de Poseidón, no ibas a poder enfrentarte al mismo dios del mar.

Thetis te levando con ayuda de tu cabello trenzado, pero ya no ibas a dejar que te siguiera tratando de esa manera, si ibas a caer ella iba a caer contigo, al menos tenías la esperanza de que tus Guardianes detuvieran al dios del mar. Con un manotazo alejaste la mano de Thetis y comenzaste a encender tu Cosmo, apenas estaba comenzando la lucha y ahora era el turno de Thetis de sentir el rigor de tus puños. Apenas te había soltado y comenzaste a golpearla tal y como te había enseñado el León Dorado, tus manos se encontrabas revestidos de tu Cosmo y eso Thetis lo sabía, pero no podía evitar los golpes que le propinabas.

-Muy bien Athena, se lo diré una sola vez, sabe que no me gusta esta idea que tiene de estar tratando de aprender a combatir

-Ya Dita, mejor dime lo que tengo que hacer- le respondiste, pues a pesar de que Afrodita no te ayudaba con el entrenamiento físico al menos te daba uno que otro consejo para la batalla, el cual te servía a la hora de entrenar

-Muy bien… si su oponente es mucho más fuerte que tú, usa esa misma fuerza contra él

-¿Por qué?- preguntaste –es lo mismo de siempre, si es más fuerte usa su fuerza, si es más rápido usa su velocidad…- comentaste mientras cruzabas tus brazos –dime algo bueno, algo que de verdad me sirva

-Athena, esto es importante- te dijo a punto de querer estrangularte –usar eso hace que el oponente se debilite

-Deja que te golpee, ya después de analizar los puntos que deja abiertos podrá contraatacar- le interrumpió Kanon quien iba llegando de su entrenamiento

-Kanon- le llamo Afrodita –no le des ese tipo de ideas a Athena… sabes que es capaz de hacerlo

-Cuando haya descubierto todos los puntos abiertos de tu oponente, podrás tomar ventaja- fue lo último que te dijo antes de irse de ahí y dejarte con Piscis

-Y cuando por fin lo haga no pierda el tiempo, ataque con todo lo que tenga- termino de aconsejarte piscis.

Era cierto lo que te había dicho Afrodita y Kanon, había sido un suicidio el haberte dejado que Thetis te tratara como muñeca de trapo, pero ahora venía la tuya. Tus puños no eran tan elegantes como los de ella y también poseían menos fuerza que la de los Dorados, pero le ibas imprimir todo lo que tenías.

Apenas estabas aprendiendo a golpear con tus piernas, tus maestros clave para ello: Milo, Dhoko y Ángelo… aunque uno de ellos se encontraba ahora dentro de una trampa de coral y dos más se encontraban peleando en sabrían los dioses en que Pilares.

Thetis reacciono más rápido de lo que esperabas y te regreso aquellos golpes que le habías estado propinando, te cubriste tal y como te había dicho infinidad de veces Aldebarán, colocando tus brazos en forma de equis sobre tu rostro, tropezaste con una piedra y caíste, pero aprovechaste eso para dar una barrida y derribar a Thetis, funciono pero ella cayo de pie.

También te pusiste de pie, tu Cosmo ardió aún más, comenzaste a correr contra Thetis, cuando sentiste algo dentro de ti, un presentimiento…

-Shura- no supiste por qué, pero el nombre de Capricornio vino a tu mente, distrayéndote momentáneamente de tu combate

-¡Muere Athena!- escuchaste que grito Thetis y recibiste el ataque de la sirena, el cual te envió a estrellarse de nuevo contra una pared de roca.

.

.

-Serenata Mortal- escucho que así llamo Sorrento a su técnica, observo que comenzó a tocar su flauta, la cual doblego a Shura.

Este comenzó a sentir un escalofrió que se extendió sobre todo su cuerpo. Las ondas de la música emitida por la flauta de Sorrento se encargaron de drenar la energía de Shura, el caballero de Athena no podía defenderse ante un ataque así, tapo sus oídos para poder escapar de la melodía pero en ese momento Sorrento se acerco a él y con un ligero golpe lo mando a volar.

-Desde este momento te lo digo Caballero de Athena- le comento cuando Shura cayó estrepitosamente sobre el suelo –ni siquiera perforando tus tímpanos podrás liberarte de mí melodía

-¿Por qué me dices esto?- le pregunto Shura mientras se incorporaba

-Para que la pelea esta equilibrada- le respondió con mucha simpleza –si puedes sobrevivir a mi Clímax Mortal, no opondré resistencia, de lo contrario… morirás por el uso de esta técnica.

-Ya te lo dije- comento Shura –no me voy a rendir, mi deber es el de destruir este Pilar y no me voy a ir hasta que lo haga

-Entonces… pelea Caballero

.

.

Poseidón se encontraba mirando fijamente el Pilar Central que se encontraba en el Centro de su Palacio Submarino. Sabía de antemano que tenía la batalla ganada, pues la pelea que había tenido contra Athena en su mismo Santuario le había dado la respuesta que tanto buscaba… Athena se encontraba débil, sin saber pelear y mucho menos sin saber cómo utilizar su Cosmo.

Unos pasos lo alertaron. Sabía que esas presencias no pertenecían a sus Marinas o a la mujer que servía a Poseidón y mucho menos a los Caballeros que había llegado a sus dominios junto a Athena.

-¿Qué es lo que quieren simples humanos?- pregunto aun dándole la espalda a sus oponentes.

-Debe de morir Emperador de los Mares, como lo han hecho sus hermanos- le comento uno de ellos, Poseidón giro para verlos mejor

-7 humanos para acabar con el más grande de todos los dioses- comento mientras comenzaba a caminar a donde se encontraban sus enemigos -¿acaso creen que me pueden poner una mano encima?

-¡Contra él!- ordeno uno de ellos y los 7 se pusieron en marcha para atacar a Poseidón por todos los ángulos, sin darle oportunidad de que se escapara

-¡Estúpidos!- grito Poseidón, una barrera azulada se formó alrededor de él aprisionando a todos los enemigos

Aquellas personas ya no pudieron salvarse del ataque del dios de los mares, Poseidón encendió su Cosmo al máximo, provocando que los cuerpos de ellos comenzaran a quemarse por la energía de él, haciendo notar el abismo de diferencia que había entre ellos. La barrara de Poseidón desapareció haciendo que los cuerpos de estos cayeran al suelo sin vida.

Poseidón los miro como si estuviera viendo insectos que habían caído por algún insecticida, camino hacia el exterior para poder admirar de más cerca aquel Pilar, si llegaban a fallar su guerreros sería imposible que derribaran ese, pues él era el guardián de ese Pilar y ni siquiera Athena podría vencerle en su propio juego.

-Si tan solo lo supieras Athena- dijo en voz alta mientras hacía aparecer su tridente entre sus manos –esta batalla la tenías perdida desde el día en que reencarnaste

.

.


Ahora si chicas, la respuesta que todas atinaron era la Acera o la Calle como suelan decirle. Otra, otra… bueno, después se las dejo porque hoy es un día muy especial para todas las chicas y mujeres… ¡FELIZ DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER! Pásenlo bien chicas y recuerden que son el motor del mundo