¿Qué me pasa?

"Kagome está tratando de provocarte, quiere ponerte celosa para que así vuelvas con él. Es lo que siempre hace; hace años también lo hizo, cuando se puso de novio con Kikyo. Él mismo te lo confesó una vez… recuérdalo."

Pero a pesar de que sabía eso, no podía evitar que aquel sentimiento de rencor creciera en su corazón. Y lo peor era que no podía esconderlo. Cada vez que se encontraba con Inuyasha y Kikyo en alguna parte, y ella andaba con Leonardo, terminaba de mal humor. Tal vez el italiano creía que se ponía así por tener que ver a su ex, sin embargo era por verlo con… otra.

Y ahora se encontraban frente a la mansión donde había vivido tantas cosas en el pasado, y de daba cuenta de que no estaba segura si haber ido había sido la mejor idea. Leonardo la tomó de la mano. Tragó saliva, no quería herir a ese maravilloso hombre con sus sentimientos. Volteó el rostro y le mostró la sonrisa más fingida que había dado en toda su vida. Porque la verdad es que estaba demasiado nerviosa, y algo molesta.

Comenzaron a subir la escala de piedra, y el guardia que estaba en la puerta les pidió la invitación. Eso era nuevo, pues para las fiestas era el señor Taisho quien recibía a los invitados. Kagome le entregó el sobre y el hombre los dejó entrar. Ya en el vestíbulo había mucha gente, de seguro en el salón habría muchas más. Caminaron a través de todas la personas y llegaron a la sala, donde Kagome pudo ver a los señores Taisho. Fueron hacia ellos y cuando éstos se dieron vuelta para verla, sus ojos se abrieron como plato y prácticamente se le tiraron encima para abrazarla.

-¡Kagome, que gusto verte por fin! – le dijo Izayoi mientras la abrazaba. La mujer seguía igual que siempre, hermosa y llena de amor para dar a todos.

-Lo mismo digo – contestó la azabache con una sonrisa en el rostro. Luego tomó a Leonardo de la mano y lo atrajo para presentarlo – les presento a mi novio, Leonardo Monticello.

-¿Monticello? ¿Tienes algo que ver con Cristales Monticello?

-OH, sí, su familia es la propietaria – contestó Kagome por él.

-Vaya, muy buenos objetos hacen ahí, felicitaciones muchacho – dijo Inu no Taisho con apreciación.

-Muchas gracias, señor.

-Bueno, diviértanse, chicos. Creo que vi a Sesshomaru y a los demás en la terraza, para que sepan.

La pareja se dirigió a donde les habían indicado y efectivamente estaban sus amigos ahí. Saludó a todos, partiendo por Sango, quien la hacía dar una vuelta sobre sí misma para que exhibiera el hermoso vestido amarillo que llevaba puesto. Y la verdad es que Inuyasha, quien estaba ahí pero algo apartado, casi se atraganta con su bebida al ver la espalda descubierta de Kagome. Tragó fuerte, se sintió mareado por la sensualidad de la chica, pero prefirió mirar hacia otro lado.

Aunque la chica amaba torturar su mente, se acercó a él, obviamente por cortesía, a saludarlo y lo besó en la mejilla, para luego voltearse y volver con su novio, mientras le mostraba su espalda desnuda.

-Iré por algo de beber – dijo Kagome -, mi amor, - y lo resaltó para que Inuyasha se enojara - ¿quieres que te traiga algo?

-Aún no, cariño, pero ¿no quieres que vaya contigo?

-OH, no, yo puedo ir sola.

Pero lo que Leonardo, ni ninguno de los presentes, sabía, era que quería despejar un poco su mente. Pues no esperaba ver a Inuyasha tan guapo con ese traje como lo estaba esa noche, y de cierta forma le recordó al sueño que tiempo atrás había tenido. Y lo peor de todo fue que su truco para torturarlo, se había ido en contra, pues apenas sus labios tocaron la piel masculina, un fuerte escalofrío recorrió su espalda. Aunque en eso si podía fingir que estaba bien, que no pasaba nada, claro, no por mucho rato.

"Lo que sientes es sólo algo pasajero, es porque te diste cuenta de que quiere sacarte celos, no lo quieres de verdad" Se decía una y otra vez, para poder convencerse de ello.

Llegó a donde estaban servidas las bebidas, la verdad es que no tenía el deseo de beber alcohol, aunque le ayudase a despejarse, claro siempre había la posibilidad de hacer alguna estupidez que era un riesgo que no estaba dispuesta a correr. Sin embargo, algo de tranquilidad tenía, pues no veía rastros de Kikyo en ninguna parte, y eso ayudaba a que no volvieran los celos a ella.

-Miren nada más a quien ha traído el viento – dijo una voz conocida detrás de la muchacha, quien se volteó.

Nota mental para Kagome: Si quieres tranquilidad emocional, no vayas a una fiesta en la mansión Taisho.

-¿Qué haces aquí, Yumi? – dijo con desprecio.

-Vine a saludar a mi queridísima hermana, ¿algo de malo hay en eso? – contestó con fingida inocencia.

-Primero que todo, no soy tu queridísima hermana, puede que haya sangre que nos una, pero eso es lo único, y segundo, me refería a la fiesta.

-Ay, Kagome, siempre tan mala conmigo – dijo "dolida" – Aún trabajo con el señor Taisho, por si no sabías, era obvio que estaría aquí. – Kagome en esos momentos quiso matar al hombre por no decirle – Y veo que viniste con tu novio, bastante guapo está.

-¡Quita tus putos ojos de él! – bramó con rabia.

-¡Ay, ¿por qué tanta agresividad?

-No, Yumi, no se volverá a repetir la historia.

-¿Aún me odias porque Inu te dejó por mí? – preguntó con una muy fingida ingenuidad la cual hizo enfurecer aún más a Kagome.

-Tú lo hechizaste, él jamás quiso irse contigo.

-Cae en la realidad, hermanita, él me deseaba, se enamoró de mi, y de seguro aún siente lo mismo – escupió con arrogancia.

-¡No es cierto, él no está enamorado de ti! – le dijo casi en un grito, aterrorizada porque lo que ella decía fuese real.

-Kagome, ¿veo celos? – Preguntó con picardía – ¿Aún sigues enamorada de él?, pensé…

-Cla…claro que no – interrumpió – yo tengo novio.

-Y bastante sexy además.

-¡Aléjate de él! Te lo advierto, no lo mires, no le hables, ni se te ocurra respirar el mismo aire.

-Eso lo veremos – contestó con una sonrisa misteriosa, para luego voltearse e irse.

-¡Yumi! – pero ésta ni intención tuvo de volver.

Desapareció entre la gente antes de que Kagome pudiese ir por ella. Lanzó un suspiro frustrado y se dispuso a volver con sus amigos a la terraza. Pero al llegar ahí, vio que ni Leonardo, ni Inuyasha estaban, cosa que la preocupó, no sabía qué podían llegar a hacer esos dos.

-¿Y Leonardo? – preguntó mirando en ambas direcciones, en busca de su novio.

-Fue a buscarte – contestó Miroku - ¿no lo viste?

-N…no – respondió y miró hacia adentro para encontrar al italiano, mas con todas esas personas, se le haría imposible.

Pero luego de esperarlo por diez minutos, decidió ir por él. Al parecer el número de personas en el interior se había multiplicado, había el triple de las que había cuando llegaron. Mientras buscaba, se topó con Bankotsu y Kikyo quienes se besaban apasionadamente. "Já, maldito mentiroso, no te funcionó el plan" pensó ella recordando cómo Inuyasha había querido sacarle celos con ella. Aunque de cierta forma sintió alivio de que no hubiera nada entre ellos.

Sin embargo todos aquellos pensamientos quedaron atrás cuando vio frente a ella, a unos tres metros, a Leonardo charlando felizmente con su queridísima hermana. Sintió como si todos a su alrededor desapareciera y sólo estaban ellos, Yumi coqueteándole, moviendo su cabello para llamar la atención del italiano y él riendo de quizás qué cosas. No fue consciente de que en ese momento la jalaban de la muñeca para sacarla de ahí, no podía quitar los ojos de la pareja, hasta podía sentir que su corazón se estaba helando. Sólo notó que se había alejado de la escena cuando unos fuertes brazos la acorralaron contra la pared de lo que parecía ser un baño, y una intensa mirada dorada la hizo alucinar.

-Me parece que alguien te está engañando allá afuera – le susurró él al oído con voz ronca, haciéndola estremecer. Mas no podía mostrar debilidad.

-Creo que el que está engañando aquí eres tú – Inuyasha levantó una ceja, y siguió mirándola fijamente. Sus rostros estaban a pocos centímetros, y ella podía sentir su aroma varonil envolverla -, me querías hacer creer que estabas con Kikyo.

-Puede que sea cierto… ¿acaso estás celosa?

-No estoy celosa – dijo, y luego se arrepintió de haber respondido tan rápido – y no es cierto, porque la acabo de ver con Bankotsu y estaban muy acaramelados besándose.

-Idiotas – bramó bajo, mas ella pudo escucharlo.

-¿Puedes dejarme? Debo ir a correr a esa perra de MI novio – ladró e inmediatamente el albino entrecerró los ojos, mirándola ¿desafiante?

-Deberías parar de intentar provocarme, Kagome – la forma en que dijo su nombre causó en ella un nuevo escalofrío.

-No estoy tratando hacerlo.

-¿Ah no? ¿Así que ponerte ese vestido fue mera casualidad?

-El hecho de que yo use cierta ropa no es para ocasionar en ti algún tipo de perturbación, para que sepas, es para LEONARDO.

-Pues él está afuera coqueteando con Yumi – contraatacó él al tiempo en que rosaba su nariz con la de ella y provocaba nuevamente un hormigueo, aunque esta vez, en ambos.

No obstante la ira y el odio que tenía hacia la rubia eran tan grandes, que opacó toda turbación que había en la habitación. Empujó un poco al chico y salió del baño en busca de su novio y la arpía esa. No iba a dejar que esa chica le quitara lo suyo otra vez.

Como era de esperarse, seguían parados en el mismo lugar, de la misma forma. Serpenteó hasta donde estaban, con la expresión más fría que se había visto en ella en mucho tiempo. Y al verla, Leonardo no pudo evitar tener algo de miedo, aunque trató de fingir.

-OH, cariño, ahí estás – dijo -, mira ella es…

-Yumi, lo sé. – Lo interrumpió y la rubia le lanzó una sonrisa victoriosa – Quiero irme, no me siento bien.

-¿En serio? ¿Te duele algo? – preguntó preocupado.

-Sólo quiero irme, ¿sí?

-O…OK – respondió el italiano, extrañado por la actitud de su novia. Se volteó hacia Yumi para despedirse – fue un placer conocerte, nos vemos pronto.

-El placer fue mío, Leonardo – comentó ella y se acercó para darle un empalagoso beso en la mejilla. Kagome, enfurecida, se alejó de ellos, para caminar hacia la entrada.

Leonardo la alcanzó sólo cuando ya estaba ella fuera del auto del chico, esperando a que abriera la puerta. El viaje de regreso al departamento de Kagome fue silencioso y muy incómodo además. El italiano no entendía que le ocurría a la muchacha, aunque temía preguntarle y ella lo mandara a freír monos. Al llegar al edificio, decidió acompañarla hasta arriba, ya que de alguna forma tenía que sacarle el motivo de su molestia, ya que sabía que todo eso de que se sentía mal era mentira.

-¿Qué ocurre? – le preguntó una vez dentro del apartamento.

-Nada – respondió ella tajante, mientras se quitaba los zapatos.

-No me mientas, has estado muy callada y distante, algo te pasa – pero a pesar de eso, ella se rehusó a hablar - ¿es por esa joven? – Preguntó de pronto, al recordarla - ¿Yumi? – y al decir su nombre, pudo notar como el cuerpo de ella se tensaba – Por favor, es agradable, pero no tienes por qué preocuparte…

-¡¿No tengo que preocuparme? – Explotó – Claro, todo empieza así. Ella conoce a mi novio, le coquetea sin que él se dé cuenta, y en menos de un mes, él me deja…

-¿Ella es…?

-OH, bravo, Leonardo, te daré un diploma por descubrirlo – dijo con sarcasmo.

-No hay necesidad de ser irónica. Y además yo no soy como Inuyasha, Kagome.

-No, eso ya lo tengo claro – respondió molesta.

-¿Qué…? – aunque no pudo finalizar la pregunta, porque su teléfono comenzó a sonar. - Ciao?... Sí, soy yo… ¿Qué? OH, pobre viejo… OK, saldré en la mañana, arrivederci – Leonardo se sentó en el sofá y tomó su cabeza entre sus manos, lanzando un suspiro frustrado.

-¿Qué pasa? – cuestionó preocupada.

-Mi abuelo… está en el hospital, debo partir mañana.

-Iré contigo – dijo decidida. Ya el enfado se había ido al verlo tan angustiado.

-No, estás por empezar tus proyectos con Onigumo, y además has estado mucho tiempo lejos, debes quedarte – Kagome se sentó a su lado y lo abrazó.

-Te extrañaré…

-Cariño, no volvamos a discutir – pidió con voz triste – no hemos hecho otra cosa desde que llegamos a Japón…

-Pero Yumi…

-Sabes que te amo sólo a ti y que jamás te dejaría por ella sabiendo lo que te hizo.

-¿Lo prometes? – preguntó con lágrimas en los ojos.

-Claro, mi amor.

Los siguientes días a la partida de Leonardo no fueron un gran suplicio, Kagome estuvo muy ocupada haciendo sus tratos con Onigumo, con quien trabajaría de ahora en adelante para las publicaciones de sus libros. El hombre se había puesto en contacto con Steven, y juntos coordinarían todo. Estas largas horas que pasaba planeando sus próximos proyectos, publicaciones, y lo demás, la ayudaba para distraerse del hecho de que Leonardo estaba al otro lado del mundo. Sin embargo cuando él llamaba, todos los días a la misma hora, no podía evitar sentirse culpable porque no lo estuviera extrañando tanto como lo debería hacer.

Una tarde, el joven la llamó para pedirle que llevara ciertos papeles a la oficina para que se los mandaran por fax. Leonardo, aunque estuviera en Italia, seguía administrando la empresa desde lo lejos y necesitaba algunas cosas que se le habían quedado en el departamento. Confiaba en Kagome para entrar en él y que no se perdiera nada, así que por eso se lo pidió. Luego de mucho rato de búsqueda, y unas cuantas llamadas, la muchacha por fin salió del edificio y se dirigió a Cristales Monticello, donde le mandarían al italiano lo que necesitaba.

No sabía por qué no sentía esa satisfacción de haberlo podido ayudar, y tampoco por qué ni siquiera le interesaba por qué era tan importante. Culpable, exacto, se sentía culpable porque no extrañaba a Leonardo, culpable porque quería volver el tiempo atrás, culpable porque quería que cierto albino la estrechara entre sus brazos…

De repente, el día se nubló, y a pesar de ser verano, se podía notar a lo lejos que se avecinaba una gran tormenta. Bueno, al menos la lluvia la castigaría por pensar en esas cosas, ya que no pensaba tomar un taxi para ir a su casa, quería caminar. Una bocina sonó tras de sí, mas no quiso voltearse.

-¡Hey rebelde! – Dijo alguien, y no pudo evitar temblar al escuchar aquella voz - ¿No crees que el tiempo no está como para caminar por la calle?

Kagome simplemente roló los ojos y se encogió de hombros, como respuesta a Inuyasha.

-Ven, te llevaré a tu casa – invitó él, con el auto al lado de ella.

-No, gracias, quiero caminar – contestó con tono cortante.

-No seas terca, sube al auto – sin embargo ella se rehusó y continuó caminando – tendré que ir por ti.

Ante la advertencia, Kagome no tuvo más remedio que suspirar rendida y caminar hacia la puerta del copiloto, para subir al vehículo. Ya dentro, Inuyasha partió, y un muy incómodo silencio los invadió a ambos. Kagome se sentía cada vez peor, pues iba en un auto con el hombre que estaba causando todo eso en ella.

-¿Qué ocurre? – preguntó de pronto él, al verla tan deprimida.

-Nada.

-Tu rostro me dice lo contrario…

-Es sólo que… Leonardo se fue a Italia – obviamente no le iba a revelar el verdadero motivo de su frustración.

-¿Por cuánto tiempo?

-No lo sé, su abuelo está delicado de salud y no sabe cuánto estará allá, pues debe administrar la empresa también…

-OH, bueno, pero no te deprimas – odiaba verla así, tan frágil y triste, y lo peor, triste por Leonardo, no por él – te ves más linda cuando sonríes.

Kagome no hizo ningún comentario al respecto, sólo se limitó a seguir mirando por la ventana, mientras comenzaba a llover. Y otra vez vino el maldito silencio. Inuyasha condujo por unos diez minutos más, hasta que llegó al edificio de ella.

-Eh… gracias por traerme – le dijo ella algo nerviosa.

-No fue nada – contestó con una sonrisa.

En ese momento Kagome se dio cuenta de que debía probar de una vez por todas de que Leonardo era el hombre para ella, y no el albino con quien estaba en ese instante. ¿Pero cómo? Tal vez si lo besaba… no, eso sería imposible, pues si lo hacía, de seguro el chico la perseguiría hasta el fin del mundo, y si resultaba ser que él no era con quien debía estar, sería un gran problema para su relación con el italiano. Quizás sólo necesitaban hablar… tranquilamente como no lo habían hecho en años.

-¿No quieres… quedarte a cenar? – preguntó ahora más intranquila que antes. El corazón de Inuyasha dio un bombeo fuerte por la emoción, pero se volteó hacia ella con gesto despreocupado.

-Bueno… eso sería oportuno.

Inuyasha tomó el paraguas que tenía en el asiento de atrás y luego bajó del auto para ir a abrirle a Kagome y que así ella no se mojara. Aunque le habría excitado que lo hiciera. Entraron a la lujosa construcción, montaron el ascensor y subieron hasta el séptimo piso, donde vivía ella. Al entrar al loft, Kagome le indicó que se pusiera cómodo, mientras ella servía la comida.

Un vez sentados, el chico no pudo evitar sentirse en la gloria cuando probó un bocado de la cena. Estaba realmente exquisita, se veía que la muchacha había mejorado en la cocina con el tiempo. Se detuvo a observarla un momento, todo en ella era diferente, pero seguía siendo la misma hermosa chica a quien amaba con locura. Y en eso recordó algo de un par de días atrás…

***Flash Back***

El timbre de su departamento sonó cuando estaba arreglando los últimos detalles de un plano que debía entregar. Sabía que haciendo eso se distraería del dolor que llevaba por dentro. Era la segunda vez que renunciaba al amor de Kagome en un mes, ya lo había decidido, la dejaría en paz, ya no quería causarle sufrimiento o dolor, era lo que menos merecía en esos momentos.

Se levantó a abrir y vio a Miroku, parado con un cierto aire de reproche en su mirada. Se volteó y volvió a su computador para seguir con lo que hacía, dejándole libre paso al ojiazul para que entrara o saliera.

-¿Ni siquiera me dirás hola? – preguntó Miroku algo molesto.

-Hola – respondió sin siquiera mirarlo - ¿Qué te trae por aquí? No vienes a mi casa desde uf, años.

-Pues eso es porque no me has invitado.

-Ay, por favor, no te pongas chica para discutir. Dime que pasa – dijo, esta vez sí viéndolo a los ojos.

-Vengo a ayudarte.

-¿Con qué?

-Kagome.

-Llegas tarde – sentenció Inuyasha volviendo al trabajo – el tren Higurashi ya se ha ido, y sin mí.

-Se van a casar, Inuyasha – declaró Miroku, y al instante el cuerpo del albino se tensó, mas fingió estar bien – Leonardo planea pedírselo pronto.

-Vaya – dijo "sin mucho interés" – así vivirá cómodamente.

-¿No piensas hacer nada?

-Dime por qué lo haría.

-¡Rayos, Inuyasha! La sigues amando como antes…

-Él podrá darle mucha felicidad consintiéndola en todos sus caprichos – comentó tratando de ignorar el comentario anterior.

-¡Maldita sea! ¡¿Quién eres tú? ¡El Inuyasha Taisho que yo conozco no se rinde así de fácil! ¡¿Dónde está él?

-¡Se ha ido! – Dijo al instante en que se levantaba de la silla - ¡Se fue en el mismo instante en que me arrebataron el corazón de Kagome!

-Por si no te acuerdas, es tu culpa.

-Sí, lo sé, pero la vez que intenté remediarlo, me mandaron al cuerno – confesó frustrado mientras se sentaba en el sillón y tomaba su cabeza entre sus manos.

-Escucha – Miroku se sentó a su lado – me agrada Leonardo, es muy simpático, sin embargo, todos seguimos creyendo que ustedes son el uno para el otro.

-No lo sé, Miroku, aún si digo que la sigo amando, no puedo decir que ella también siente lo mismo.

-Debes averiguarlo. Ya pudiste conquistarla una vez, cuando decía que te odiaba, ¿quién te dice que no podrás ahora?

***Fin Flash Back***

-¿Por qué me miras así?


Jeje, me encanta dejarlas con la duda jejejeje capitulo dedicado a Dubbhe que me ha estado preguntando toda la semana, jajaja ya ven q no me demore tanto en subirlo, pero ahora tendran que esperar para el siguiente, porque estas dos semanas q vienen NO tengo tiempo de escribir, y se los digo en serio, LOS ESTUDIOS ME TIENEN COLAPSADA!

Bueno y q les parecio? Kagome esta dudando... que hara? :O excelente pregunta jejeje, solo yo lo se muahahaha y q piensan de Yumi, no es una PUTA? ARG como la odioooo! Irá a dejar de una vez por todas a Kag en paz? q creen?

Gracias por sus lindos comentarios, y ven, yo sabia q no les gustaria el lemon entre Kag y Leo, solo mis kerida amiga makita lo keria... maka, calma, talves por ahi habra algun lemon...

Emm eso, dejen sus opiniones, y denme animo para estas semanas de agotador colegio :( besos, y nos vemos ojala pronto

MRS Taisho-Potter