28. Cariño, adivina quién es el nuevo Ministro

Sirius apareció en el corredor de chimeneas del Ministerio. En cuanto pudo ser consciente de estar allí, se quedó helado. El pasillo estaba atestado de periodistas y fotógrafos de diversas publicaciones y noticieros de la prensa, radio y televisión mágica. Al verle, se abalanzaron sobre él. Oía sus voces pero no entendía nada de lo que decían, ya que las palabras se amontonaban sin llegar a comprender las preguntas, aunque él tenía una ¿Desde cuándo era tan famoso? Estaba completamente rodeado y se sentía bastante confuso, necesitaba salir de allí y encontrar a Dumbledore.

- Por favor, déjenme pasar – Pidió Sirius en voz alta – Se lo ruego, déjenme pasar

- Apártense, apártense – Gritó una voz desde el fondo. Los periodistas se volvieron. Era Kingsley Shackebolt haciendo aspavientos con las manos para que dejaran en paz a Sirius – Ven por aquí, rápido

- Voy – Contestó él, voz en grito. Vio que a su lado estaba Arthur con cara de alucinado

- Se les contestarán las preguntas pertinentes en una rueda de prensa, en torno a una hora, hora y media. Por el momento dejen de molestar o les evacuaremos de aquí - Kingsley cogió del brazo a Sirius y se le llevó a paso ligero de allí, seguidos por Arthur Weasley. Se metieron en una sala vacía y comenzó de nuevo a hablar – La situación es la siguiente: Al parecer Fudge llamó a Krum esta mañana para que se presentara en su despacho a las ocho de la tarde de hoy. La noticia de su agresión al hijo de Malfoy había llegado a sus oídos, y le ordenó que acudiese para hablar seriamente de las consecuencias que eso le iba a acarrear. Al hombre lo mandaron esperar en el despacho hasta que el Ministro volviese del entierro, al parecer fue una orden que dejó a su secretaria. Nadie más estaba en el despacho. Fudge llegó y le anunciaron que Krum le estaba esperando. Según la señora Violet Binn, la encargada de dejar pasar a Krum, oyó como el Ministro le recriminaba su comportamiento con rudeza, ella no oyó en ningún momento a Krum pero lo que sí oyó fue un grito de súplica y luego el estruendo. Cuando abrió el despacho para ver qué ocurría, se encontró a Fudge muerto y a Krum con la varita en la mano

- ¿Le dejaron pasar con la varita? – Preguntó sagazmente Arthur

- Eso parece, lo cual me es un tanto extraño

- ¿Y cómo es que se han enterado los medios tan rápido?

- Eso es lo más sospechoso de todo – Contestó Kingsley – Estaban convocados para las nueve de la noche, Fudge quería comunicar algo y me temo que aparecieron todos pensando que sería su renuncia

- ¿Cuál es la versión de Viktor? – Le preguntó Sirius

- Él asegura que estuvo esperándole pacientemente en su despacho y que notó en varias ocasiones que no estaba solo pero pensó que serían imaginaciones suyas. Dice que no notó que le robaran la varita del bolsillo pero que al ver aparecer a Malfoy fue a echar mano de ella y no estaba, la tenía el susodicho. Entendió que Malfoy le decía a Fudge que el error cometido no tenía perdón y le lanzó la maldición imperdonable, el Avada Kedavra. Evidentemente cayó fulminado, luego Malfoy le dedicó una sonrisa y le lanzó la varita. Él la cogió y Violet Binn entró en ese momento

- ¡Vaya! – Exclamó Arthur – Ese sí que es un buen plan

- Ni que lo digas, con un movimiento se ha cargado dos problemas – Comentó Sirius

- ¿Entonces debo creerle? – Preguntó Kingsley – No digo que no merezca mi confianza, él es un miembro de La Orden y antes de entrar como profesor a Hogwarts, tuvo misiones importantes, en las que puso su vida en juego y de las que salió más que airoso

- No creo que Viktor atentara contra la vida del Ministro

- Pero sí que atentó contra la de un muchacho, Sirius. Ahora está siendo analizado por unos psicomagos de San Mungo y su primer dictamen es que está algo perturbado

- ¡Cómo para no estarlo! ¡Han asesinado a un mago en su presencia y encima le cargan el muerto! – Dijo comprensivamente el señor Weasley

- Hemos tenido casos, aún más sorprendentes, de magos muy cercanos a nosotros que militaban en las filas del Innombrable

- No me lo recuerdes

- ¿Qué dice Dumbledore? – Preguntó Arthur

- De momento, ya sabéis como es, no se pronuncia claramente pero yo no puedo quedarme parado – Kingsley se dirigió a la puerta – Debo cumplir con mi deber y más en un caso como este. No diré que Fudge últimamente tenía muchos amigos y que los que al parecer tenía, no eran los más recomendables, así que esto mueve muchos hilos. Habrá investigaciones en todos los departamentos, ya te lo aviso Arthur, el protocolo manda auditoria total para investigar todas las posibles causas y los posibles sospechosos

- Es compresible – Admitió el funcionario

- Os llevaré con Dumbledore porque esto no acaba aquí, si alguien no se hace cargo del Ministerio inmediatamente, se desatará el pánico en la comunidad mágica

- Eso me temo

Los tres salieron del cuarto y tomaron el ascensor. Llegaron a la planta en la que se hallaba el despacho del Ministro. Allí la gente corría de un lado a otro, unos con tazas de té, que derramaban por el suelo, otros llorando y prácticamente todos muy alarmados. Vieron a Dumbledore hablando con la secretaria del Ministro. La pobre mujer temblaba de los pies a la cabeza y ni las palabras tranquilizadoras del anciano podían calmarla. Al verlos, el director de la escuela se disculpó con ella y la dejó sentada en su silla, hecha un mar de lágrimas.

- Ya les he puesto al corriente

- Perfecto, Kingsley ¿Hay algún lugar en donde podamos hablar tranquilos?

- Como no sea el mismísimo despacho de Fudge

- ¡Buena idea! – Exclamó Dumbledore – Así será más fácil

Entraron los cuatro y cerraron la puerta. La estantería detrás de la mesa principal tenía un destrozo considerable. El olor inconfundible de aquella maldición todavía se podía respirar en el aire. Sirius se contrajo un poco, le era repugnante, jamás podría dejar de asimilar ese olor a la noche en que mataron a sus mejores amigos.

- Intentaré convencerte de la inocencia de Krum

- No es que me tengas que convencer a mí, es que hay que someterle a juicio y no le puedo soltar hasta entonces. Por mucho que él sea inocente, es sospecho principal de un caso de asesinato y no puedo soltarle siendo la víctima el mismísimo Ministro de Magia

- Entonces intenta meterle en un lugar bien protegido que no sea una cárcel – Pidió con amabilidad Dumbledore – Él no lo ha hecho y estoy convencido que dice absolutamente la verdad

- ¿En qué te basas?

- En las posiciones de los implicados – Contestó el anciano – Claramente se ve donde murió Fudge – Dijo señalando la silla caída delante de la estantería destruida – Y los médicos le han reconocido y dictaminado que fue una Avada Kedavra directo al corazón. Por la posición que dice la Señora Binn que Krum tenía en el despacho al entrar ella, es medianamente imposible que lo hiciese él. Viktor se encontraba a tres pasos del Ministro, a su derecha. De haber sido él, Fudge estaría muerto cerca de la ventana. Además han llegado los forenses y han dictaminado la dirección de envío. Hay muchos métodos para que estas cosas se aclaren en un juicio. Malfoy se ha quedado atrás, en los años en los que Barty Crouch no investigaba, como es debido, el asesinato de un miembro de la comunidad mágica

- Pero ha demostrado claros signos de violencia esos últimos días

- Es por otro asunto – Aclaró esta vez Sirius – Fue su manera de responder a una pérdida de alguien importante para él. Cree que por culpa de Draco Malfoy, Hermione Granger y Virginia Weasley han muerto y... bueno, él tenía un cariño especial hacia la primera de ellas

- Seguro que Lucius Malfoy organizó todo esto – Intervino Arthur Weasley – Lleva su sello, muerte a bombo y platillo

- ¿Por qué citaría Fudge a Krum a esas horas y qué quiso decir con: "No tiene perdón el error cometido"?

- Anoche intentaron entrar en el depósito en el que supuestamente descansaban los cuerpos de las dos jóvenes pero yo les hice cambiar a última hora – Explicó Dumbledore – Sabía que Tom quería los cuerpos de las Guardianas de Hufflepuff y de Ravenclaw, así que no dije a nadie que los trasladaba, aunque sólo sabían donde estaban los aquí presentes, Remus Lupin y Fudge

- Que el Ministro hiciese migas con Lucius Malfoy, es una cosa, pero que fuese espía del Innombrable, es otra muy distinta. Ni que decir tiene que no posee en su brazo la marca

- Eso no demuestra nada, amigo mío – Observó Dumbledore – A Fudge hace mucho que se le escapaban los asuntos importantes de las manos y quería aguantar en el poder como fuese. Creo que quiso obviar el hecho de que Malfoy fuese un mortífago a cargo de Voldemort y se quedó con lo mucho que le podía ofrecer, su apoyo dentro de ciertos ámbitos y, por supuesto, dinero, mucho dinero

- ¡Adónde hemos llegado! – Se escandalizó Kingsley

- En cuanto al error cometido, está claro que a Tom no le ha hecho nada de gracia perder, por partida doble, a los dos jóvenes, por eso ha asesinado al culpable de su segundo fracaso – Continuó Dumbledore – Malfoy le dijo esta mañana que citara a Krum para que se hiciese justicia y le debió de decir a Fudge que había encontrado indicios de que Krum era un traidor dentro de Hogwarts, por eso la prensa está aquí. A Fudge le gustó la idea de volver a desprestigiarnos y acató las órdenes al dedillo. Malfoy eligió a Krum porque no iba a permitir que el que había machado a su hijo quedara impune, así que decidió cargarle el muerto a él. Sin duda trazó un buen plan

- Todo esto hay que demostrarlo – Dijo tajante Kingsley – Pero haré lo que me pides, le pondré vigilancia y le alojaremos en un lugar seguro

- Gracias

- Ahora el otro asunto ¿Han llegado todos? – Le preguntó a Dumbledore

- Sí, eso creo

- ¿De qué habláis? – Preguntó Sirius

- Del nombramiento del nuevo Ministro hasta las próximas elecciones

- Yo lo veo claro – Intervino el señor Weasley – Ahora las riendas las debe coger el Viceministro

- Se ha negado en rotundo – Explicó Dumbledore – No seré yo quien le insista, quien ocupe el cargo ahora debe estar lleno de un gran sentido común y del deber

- La política no es lo mío, no me gusta ni el trabajo de despacho

- No te preocupes, Kingsley, no están mis ojos posados en ti, aunque he de decir que deberías planteártelo para las próximas elecciones, serías un buen candidato

- Me halagas pero no, prefiero seguir con mis chicos

- ¿Has hablado con Amos Diggory? – Preguntó Arthur

- Lo íbamos a hacer ahora, he convocado una reunión – Dumbledore miró su reloj y añadió - Por la hora que es, debe estar a punto de comenzar, así que bajemos

A los cinco minutos Sirius se vio en la antigua sala de juicios, a donde llevaban a los mortífagos para que confesaran y para sacarles nombres. Él nunca llegó a pisarla, a él le llevaron directo a Azkaban. Los bancos estaban repletos de magos y brujas que hablaban del suceso. La mayoría de ellos parecían no estar demasiado apenados pero sí muy conmocionados. Dumbledore tomó la palabra.

- Hemos venido aquí, esta trágica noche, para elegir a la persona que se ocupe del Ministerio hasta las próxima elecciones. Disculpadme si no me ando por las ramas pero todos sabemos que el tiempo es importante, ya que tenemos una jauría de periodistas a las puertas esperando noticias y si no queremos que se vayan inventando unas, es mejor no demorar esta cuestión ¿Hay algún voluntario? – Dumbledore esperó inocentemente que se levantara alguna mano pero nadie hizo el más mínimo movimiento – No podemos dejar a la comunidad mágica sin representante y menos en estos momentos

- Debería hacerse cargo el vice... – Dijo una voz

- No pienso ocupar el cargo e incluso dimito del mío – Contestó el aludido provocando un griterío

- ¡Eso es una irresponsabilidad!

- ¡Silencio! ¡Silencio! – Calmó Dumbledore – Tampoco podemos culpar a nadie de no querer asumir semejante riesgo, es normal que no queráis veros en el punto de mira

- Tú serías perfecto para el cargo – Dijo una bruja muy anciana

- Gracias, Margaret, pero no entra dentro de mis planes, nunca lo ha hecho, mi labor está con los muchachos en el colegio, ellos son el futuro y prefiero ocuparme de ese trabajo – Se disculpó el director de Hogwarts

- ¿Por qué no nombramos a La Unión de las cuatro Sangres? – Propuso Amos Diggory

- Ella tiene una misión propia – Excusó Dumbledore – Debe ser alguien que conozca el funcionamiento del Ministerio

- ¿A quién propones tú? – Le preguntó un mago que estaba sentado al lado de la bruja que propuso a Dumbledore, se veía igual de anciano que ella

- Bueno, yo propondría a Arthur Weasley pero no sé si él quiere asumir semejante responsabilidad

Hubo un murmullo en el cual se podían oír palabras como: "Es un gran mago" "Destaca por su humanidad" "Jamás se corrompería". Sirius miró a Arthur y le dijo al oído: "Ya sabemos porqué nos ha hecho venir". Él sonrió y le contestó algo que casi le provoca una carcajada a Sirius: "Si llego a casa esta noche siendo Ministro, Molly me pone a dormir en la alfombra".

- Bueno, Arthur ¿Qué dices?

- Yo no puedo asumir esta responsabilidad... solo – Miró a Amelia Bones y a Amos Diggory, a quien conocía desde niños y en quienes confiaba plenamente – Si ellos me ayudan...

- Entiendo – Asumió Dumbledore – Amelia, Amos ¿Os parece bien?

- Confío en Arthur y estaré orgullosa de ayudarlo y trabajar con él mano a mano – Contestó la primera con determinación

- Lo mismo digo, Arthur – Dijo Diggory – Quien sabe si podremos librar al mundo de este monstruo que mata a nuestros hijos

- Bien, votemos a favor y en contra. Si sale mayoría, Arthur Weasley será nuestro nuevo Ministro de Magia

Las más de doscientas varitas que allí había, se movieron para hacer aparecer un papel en el aire con su decisión. En medio de la sala apareció una urna de cristal, encima de una mesa alargada, que se fue llenando poco a poco hasta que hizo un sonido agudo de campana, anunciando el final de la votación. Sirius se levantó para hacer los honores, aunque un poco a regañadientes, no quería ser él el que estuviese en el centro de la sala con todos los ojos posados en él. Fue abriendo las papeletas y enunciando las votaciones, que se contabilizaban en unos números luminosos suspendidos en el aire con sus enunciados. Al terminar la última papeleta, las votaciones quedaron así: A favor: 193 votos; en contra: 3 votos; nulos: 4 votos; abstenciones: 3 votos.

- ¿Entonces podemos presentar a los medios de comunicación al nuevo Ministro de Magia? – Preguntó contento Dumbledore

- Claro – Arthur Weasley se levantó de su asiento y le dio la sensación de que el peso de su cuerpo había aumentado – Gracias a todos. Ahora no es momento de discursos pero me veo en la obligación de decir que intentaré proteger a la comunidad mágica como si de mi propia familia se tratara. Cuando queráis estoy dispuesto a dar la cara

- Sabrás manejarles a la perfección, Arthur

- Eso espero, Sirius

En la recepción del Ministerio se había dispuesto un atril enfrente de un buen montón de hileras de sillas escalonadas, tanto enfrente, como a los lados. No había ni una sola butaca vacía. El lado derecho estaba preparado para la prensa, con una zona en donde ellos pudiesen escribir con sus vuelaplumas y con otra en donde todos los fotógrafos estaban de pie para intentar coger la mejor imagen. El resto eran para los empleados del Ministerio. Todo estaba preparado para recibir al nuevo mandatario. El responsable de comunicaciones les había dictado las normas de la rueda de prensa, se les daría la vez y podrían realizar una sola pregunta.

Con algo de temor interno pero simulando un remanso de paz por fuera, Arthur Weasley se subió al atril. Saludó cortésmente a todos y comenzó su discurso anunciando la terrible noticia del asesinato de Cornelius Fudge. Luego con mucha educación y aún más tacto, les habló de la necesidad de mantener la calma, ya que desde ese momento, él y su equipo, se responsabilizaban del Ministerio y la comunidad mágica. Fue así como se presentó como el nuevo Ministro de magia. A Arthur le hubiese gustado tener a su mujer cerca, aunque fuese para que le tirara una sartén a la cabeza por loco, pero aun así nunca la había echado tanto en falta.

Tuvo que contestar un sin fin de preguntas, algunas con respuestas directas y otras con evasivas hasta que estuviese mejor informado pero en todas ellas se mostró directo y claro. Los que estuvieron allí, se llevaron la impresión de que el nuevo Ministro era lo que se veía, que no tenía segundas intenciones y que trabajaría para levantar la deteriorada administración que se había llevado en los últimos años. En general, Arthur Weasley había causado una muy buena primera sensación.

Los funcionarios se fueron marchando en torno a las cuatro de la madrugada, eso no les libraba de volver a su siguiente jornada a la hora establecida. La prensa tardó algo más en irse, ya que no contentos con la declaración del Ministro, también querían saber sobre la vida de Sirius Black y de su nueva esposa. Esto le causó una fuerte impresión al aludido, que se limitó a responder que todo les iba bien. Cuando estaba a punto de deshacerse de ellos, llegó un funcionario nocturno del Departamento de Misterios. El hombre llegaba pálido y no paraba de levantar los hombros y negar con la cabeza. Fue directo hacia Arthur y Dumbledore, que estaban hablando de cómo había salido todo.

- Perdonen pero creo que tienen que ver algo en mi departamento

- ¿Qué ha pasado?

- Cuando he vuelto me he encontrado, en una de las salas, con lo que creo que son veinte mortífagos – Informó el buen hombre – Entré por equivocación y me los he hallado puestos allí en un estado... no sé cómo describirlo

- Kingsley – Llamó Arthur – Coge a algunos de tus hombres, tenemos un problema en el departamento de Misterios

- Voy

Al oírlo Sirius, fue hacia ellos perseguido por el último reportero. El joven era un periodista del Profeta que se alegraba de la mala suerte que había tenido por haber pasado inadvertido hasta entonces, ahora ¡tendría su primera exclusiva!

- ¿Qué sucede Ministro?

- Aún no lo sabemos

- ¿Puedo acompañarles? – Preguntó el chico entusiasmado

- Me temo que no - Contestó Arthur – Pero si se queda, le informaremos luego

- Entonces no me muevo de aquí – Se despidió de ellos, que ya marchaban detrás de Kingsley - ¡No se olviden de mí!

Era una escena dantesca. Estaban en una sala de piedra completamente vacía. No había ventanales, sólo la alumbraban cuatro grandes antorchas puestas en las esquinas, dejando escapar una luz amarillenta contrastada con las sombras oscuras y móviles. Dispuestas en cinco hileras y perfectamente alineadas se encontraban las tallas.

- ¿Qué significa esto? – Preguntó Arthur contemplando la más cercana sin disimular su desconcierto

- Me temo que son los mortífagos que no encontraste esta tarde, Sirius – Contestó Dumbledore – Ahora entiendo que dijera que estaban tomándose un descanso

- Les puedo asegurar que emiten calor humano – Intervino el pobre funcionario – Traje el detector de magia en objetos y el gráfico que da es claro, son mago convertidos en...

- Estatuas de arena – Terminó diciendo Sirius asombrado – Les ha convertido en esculturas

- Y me temo que sin derecho a roce – Agregó Dumbledore

- ¿A qué te refieres? – Preguntó Arthur

- A que no podemos moverlos o tocarlos porque se derrumbarán, sólo ella puede hacerlo – Explicó el anciano – Hace mucho tiempo que no veía algo como esto. Os aseguro que no es nada fácil hacerlo, no es una simple transformación lo que veis aquí, lleva un conjuro muy complicado de magia antigua, por eso sólo ella es la que puede deshacer este hechizo

- Entonces le diré a Emy que arregle esta situación

- Ella no lo ha hecho a malas, Arthur, sino ellos no estarían en un lugar donde el agua, el viento o el sol les pueda desmoronar. Aunque me temo que Emy no estará predispuesta a volverlos a la normalidad

- Fijaos en sus expresiones – Dijo Kingsley acercándose a ellos – Sólo les dio tiempo a sacar la varita a cinco de ellos, el resto tiene o la mano en el bolsillo, o a medio camino

- Sí, por sus caras se puede ver que no le iban a hacer cosquillas – Soltó Sirius con aire de mala leche – Veinte, veinte ella sola ¡esta me va a oír!

- Y no sólo eso, les ha arrancando las mangas a todos para que viéramos que son mortífagos – Dijo otro de los aurores

- Estarás orgulloso de ella ¿no? – Le preguntó Kingsley a Sirius – Se ha planteado dejar el colegio para ser aurora, porque le hago un hueco inmediatamente

- Por encima de mi cadáver ¿me oyes? – Contestó Sirius de mala leche – Es que ni se lo menciones, porque está tan loca como para aceptarlo

- ¿Nos llamas locos?

- No, amigo mío, pero mi mujer está mucho mejor donde...

- Donde tú la puedas vigilar – Terminó la frase Dumbledore

- Pues sí. Ya la perdí una vez como para dejar que vuelva a correr riesgos innecesarios

- Que por otro lado tú corres – Agregó Arthur

- ¿Es que estoy sometido a alguna clase de juicio? – Expuso Sirius – Esta no es su misión, su misión es estar al lado de Harry y creo que con eso ya generamos bastante adrenalina

- Está bien, está bien – Calmó Dumbledore – No te enfades. Debes entender que ella es una mujer muy independiente y muy eficaz. Su temperamento no le alejará de los problemas

- No, ella va hacia los problemas, como su hermano y como su sobrino, por eso estoy yo aquí para intentar que no se acerque demasiado

- Pero si tú eras peor que James – Exclamó Kingsley

- Tú lo has dicho: yo ERA peor – Hizo una pausa mirando a las estatuas – Ahora no lo soy. Tengo responsabilidades y una de ellas es cuidar a los muchachos, sobre todo a Harry

- Hablando de él – Interrumpió Dumbledore - ¿Se quedó con Ron esta noche?

- No, está con Emy en la casa

- ¡Ah! – El anciano intentó no cambiar su expresión para no alarmar más al protector marido – Por esta noche no creo que ya puedas hacer nada más aquí. Ve y descansa, mañana por la mañana nos reunimos en el despacho, si te parece bien, Arthur

- Excelente, todos estamos cansados y será mejor que nos retiremos para mañana ser un poco efectivos en nuestras obligaciones ¿Os parece a las doce? Kingsley tú también y avisaré a Amos y a Amelia

- Está bien, jefe – Sonrió Kingsley - ¿O debo llamarle señor Ministro?

- Prefiero "jefe" de todas, todas – Sonrió Arthur pero su expresión cambió casi al instante - ¡Cuándo se lo diga a Molly!

Molly Weasley había desistido de estar en la cama. No podía dormir y se ponía nerviosa dando vueltas como una tonta entre las sábanas. Se hallaba en la cocina, sentada frente a la gran mesa mirando la chimenea y con una gran taza de chocolate caliente entre las manos. Se había preocupado de que su hijo Ron descansara bien y lo logró poniendo un pequeño frasco lleno de líquido morado, camuflado bajo su cama. Eso le permitió vigilarle mientras dormía, acariciarle el pelo y la cara y besarle en la frente sin que él le dijese que dejara de tratarle como a un niño ¿Qué era sino eso? Una madre nunca quiere ver a sus hijos sufrir como lo había visto ella aquel día, una madre haría lo imposible para calmar semejante dolor. Molly se había dado cuenta de cuánto amaba su hijo a Hermione y eso le llenaba de una inmensa alegría. Desde pequeños sabía que acabarían juntos, como sabía que Ginny y Harry serían tarde o temprano novios. Simplemente las chicas estaban hechas para ellos, al igual que los chicos eran los adecuados para ellas.

Sonreía cuando la chimenea se encendió y de ella salió su marido. Él la miró mientras se sacudía el polvo de la ropa. Su mente estaba un tanto atascada y no daba con la mejor manera de dar la noticia. Ella se puso en pie sin decir nada y lo abrazó. Su marido estaba en casa, eso era lo que importaba. Se separaron después de un beso y se sentaron de nuevo en la mesa de la cocina, uno frente a otro. Arthur rompió el silencio adoptando una extraña voz inocente e infantil.

- Cariño, adivina quién es el nuevo Ministro

- ¿Quién? - Preguntó expectante ella

- Yo

Eran las seis y media de la mañana. El silencio invadía la casa, no tanto la tranquilidad, no suele visitar la casa de los Weasley y mucho menos cuando los gritos de congoja de la señora se colaron hasta en el último rincón.


Pedro I: Hola! la respuesta a tu comentario es un claro y rotundo sí. Pienso terminar esta historia, de hecho estoy en ello, aunque he de decir que lo mío me está costando ¿quién me mandaría a mí alargarme tanto y complicarlo de semejante manera? Gracias por estar ahí. Besucos

Ionela: ¡Sí que llevas años leyendo fics de Harry, tantos como yo al menos! Comencé a escribir al año de descubrir los fics. Parece que de eso haya pasado una eternidad, aunque a veces es como si no supiese a dónde se fue el tiempo. Una mañana me levanté y las palabras se habían ido. Ahora quiero llamarlo "atasco mental". Lo bueno es que Harry, Emy y los demás han seguido conmigo durante todo ese tiempo, permitiendo mi silencio y esperando, como diría Becker, la mano de nieve que sepa arrancarlas. Ahora ya están aquí, acampando a sus anchas entre mis dedos, un tanto atrofiados por no ejercitarlos pero bien dispuestos a terminar lo que un día empecé. Es necesario para mí. De esa manera sabré que estoy preparada para buscar nuevas historias, aunque no tengan que ser mostradas pero sí escritas ¿Podrías aclararme una duda? ¿A qué te refieres con: "ese gran spoiler, que tengo ganas de saber como se da lugar"? Eso no lo he entendido y me da curiosidad. ¡Oye! Me has dejado alucinada, sí es cierto que he editado el fic. No me gustan las faltas de ortografía ni de puntuación, soy chica de letras, el problema es que leerse a una misma se hace mitad con la vista, mitad con la memoria, y a veces se suelen pasar alguna que falta. Por último decirte que me alegro un montón al saber que cuento todavía con tu cariño de lectora. Gracias de corazón. Besucos.

Paolac78: No te preocupes, hay locuras necesarias, lo importante es sentir y si lo he logrado, ya me tienes con una sonrisa de oreja a oreja. Besucos