Canción: Enamorado tuyo/ El cuarteto de Nos

-*La nueva*-

La mañana del viernes estaba templada, el viento estaba fresco, aunque había un lindo sol matutino calentando a los más quisquillosos. La cafetería había sido abierta al horario de siempre, pero las chicas, ese día, tenían más expectativa. Estaban esperando a que el mediodía les trajera a su nueva compañera de trabajo. No la conocían, y además, había apareciedo en la carretera en sospechosas circunstancias, pero esperaban que les cayera bien y que hiciera más ameno el trabajo.

Tenten limpiaba la barra en donde había sido derramada accidentalmente una bebida, Sakura estaba ocupada atendiendo una mesa llena de viejitos que venían a Tokio de viaje y eran muy festivos, Karin estaba ocupándose del dinero e Ino estaba encerrada en el baño.

Había estado toda la noche intentando calmar los nervios de su hermano, que estaba tan ansioso como asustado. Había organizado, para ese mismo mediodía, un almuerzo con Kurotsuchi para comentarles a sus padres que pensaba contraer matrimonio. Kumiko Yamanaka estaba que saltaba de feliz, había estado toda la noche anterior cocinando, limpiando y jodiendo a Inoichi para que preparara un traje elegante para la jornada siguiente. Ambos habían decidido cerrar la floristería que usualmente atendían, para poder asistir a tan importante acontecimiento. Deidara no les había dicho nada, aún, sobre casamiento, pero les había informado que había formalizado con Kurotsuchi y que, por eso, quería presentarla oficialmente a la familia. Ninguno de los señores Yamanaka se había mostrado impresionado, era obvio lo que los dos sentían mutuamente desde muy pequeños, sólo que nunca lo habían admitido abiertamente.

Pero, a Ino no le hacía ninguna gracia la noticia, ella estaba mucho menos emocionada que su madre; y no era porque no se sintiera feliz por su hermano, pero Deidara estaba que se quitaba el pelo de la cabeza, cada vez que notaba que faltaba menos tiempo para dar las noticias. Deidara siempre había sido muy libre, el hecho de casarse era algo muy serio para él, igual que para Ino, y el hecho de tener un niño, aún más. Deidara había planeado formalizar con Utsukuchi mucho antes de enterarse de que sería padre, pero él pensaba hacer las cosas con calma, tranquilo y pausado. Pensaba salir con Kurotsuchi bastante tiempo antes de decir una sola palabra en su casa.

Ino se había pasado la noche consolando a su hermano, que, muerto de nervios, había llorado, pateado cosas y se había reído. Estaba tan desequilibrado que Ino pensó seriamente en llamar a un especialista. Por momentos, Deidara, sonreía y pensaba en lo feliz que sería al cargar por primera vez a su pequeño, se emocionaba a la leve mención de que a Kurotsuchi le creciera la barriga, y la imaginaba vestida de blanco para la seremonia y se volvía loco de contento; y por otro lado, se ponía tenso cuando imaginaba lo mucho que le costaría mantener una familia, que tendría que conseguir un trabajo mejor y que Kurotsuchi se pondría histérica y susceptible con el embarazo. Para Ino, sin embargo, Deidara estaba haciendo las cosas bien. Le había caído un niño del cielo y estaba comportándose de forma responsable, había buscado un buen lugar para vivir con su familia y estaba haciéndose cargo de una situación adulta. Aún, cuidándose, utilizando métodos anticonceptivos y siendo responsable, había decidido tener al niño y hacerse cargo de todo.

Ino pasó saliva nerviosa. Ella no creía ser tan responsable como su hermano, si algo similar le sucediera, gritaría, lloraría y hasta pensaría seriamente en cortarse las venas, dramáticamente, en la bañadera, aunque al final no lo haría...

Había estado toda la mañana sudando y encerrándose en el baño cada cierto tiempo para lavarse la cara y las manos, los nervios la hacían temblar. No era por Deidara que se sentía de esa forma, pero... ¿Qué dirían sus padres al enterarse que serían abuelos... Por parte de sus dos hijos? Si a Deidara le había fallado el cuidado, bien a ella también podía pasarle. Llevaba cuatro días de retraso en su período, aunque no había confirmado nada, pero se sentía tan nerviosa como nunca.

Suspiró y salió del cuarto de baño, en cuanto puso un pie en el comedor público de la cafetería, la gente ya se estaba retirando, Tenten barría la entrada y las demás culminaban el primer turno de El Refugio, cerrando por fin.

Después de haber almorzado, la chica nueva, llegó y tocó la puerta de vidrio que fue abierta por Sakura, quien la saludó con una sonrisa amable. Tamaki pasó, se sentó en uno de los taburetes y esperó a recibir indicaciones después de haber saludado a las demás chicas y de haberse presentado con Tenten. Sakura se dirigió al armario de escobas, debajo de las escaleras, y tomó de allí un uniforme extra. Uno que Kizashi Haruno había preparado para Tamaki a pedido de su hija.

—¡Bienvenida! —Le dijo tendiéndole la blusa amarilla, el pantalón negro y el cartelito con su nombre, todo listo para ser utilizado.

—¡Oh, muchas gracias! —Tamaki lo tomó en brazos y lo abrazó como si lo hubiera deseado toda la vida— Haré todo lo que pueda. Me esforzaré —Les sonrió animada—. Estoy muy ansiosa por empezar, ¿Qué se supone que tengo que hacer?

—Tu horario de trabajo comienza a las dos de la tarde y termina al anochecer; no tenemos un horario fijo de cierre pero suele ser en torno a las siete de la tarde, cuando empieza a caer la noche y empiezan a aminorar los clientes. También trabajarás los fines de semana por la mañana y luego desde las dos de la tarde nuevamente, pero en fines de semana cerramos antes. Para las cinco ya estarás libre.

—Perfecto —Asintió Tamaki.

—Nunca olvides traer puesto el uniforme, por hoy te puedes cambiar allí —Ino señaló el baño.

—Dentro de uno de los bolsillos del pantalón tienes una libreta que podrás conservar, cada una de nosotras tiene una —Siguió explicando Sakura—. Es por si alguien pide muchas cosas y no puedes recordarlo. En la primera página están los datos que necesitarás para retirar tu dinero de tu cuenta bancaria.

—Tu trabajo consistirá en atender las mesas, siempre con una sonrisa en la cara y con el mejor humor posible; debes prestar especial atención a las dos mesas que estarán colocadas afuera, porque desde aquí, a veces es dificultuoso saber si las ocuparon o no... Por eso la puerta es de vidrio —Explicó Tenten sonriendo animada.

—Lo más desagradable es limpiar los baños, pero te aseguro que nuestros clientes no suelen ser sucios —Dijo Karin con aspecto cansado—. Nos vamos turnando para hacerlo pero no suele ser repugnante.

—¡Eso es genial, ya he trabajado en una cafetería en el pasado! Seguro que se me dará bien.

—Espero que te sientas cómoda —Saludó Sakura nuevamente, y Tamaki le sonrió agradecida.

Cuando volvieron a abrir, Tamaki se comportó con muchas energías. Atendió varias mesas juntas y también la barra, aunque no se ocupó del dinero porque aún no tenía la confianza de las demás para hacerlo.

Temari y Shikamaru entraron hablando en voz baja y con mala cara, Shikamaru parecía hastiado y se sintió curioso cuando vio a una chica nueva en el local. Se sentó a una mesa doble, lejos de las miradas de la mayoría y Temari se sentó con él, de notable malhumor. Tenten se acercó a recibir la orden de compra y Shikamaru pidió un café cargado, tenía aspecto de estar cansado, aunque eso no era inusual.

Temari, sin embargo, le pidió una tarta de frambuesa y un batido frutal, con una sonrisa y como si todo le cayera bien derepente. En cuanto Tenten se marchó, volvió a su aspecto hosco y miró a Shikamaru con los ojos entrecerrados.

—¿¡Y bien, Nara?! ¿Quieres que me disculpe con tu machista madre? ¿Vas a intentar convencerme otra vez?

—No, de hecho... —Pararon la conversación para que Tenten acomodara de forma amable los pedidos sobre la mesa antes de retirarse— Hablé con mamá, le dije que te quiero demasiado como para que lo arruine. Así que tratará de no volver a molestarte —Temari enrojeció y clavó la vista en el pastel.

—¿Qué? —Preguntó casi sin voz.

—Sí, ni tú ni yo queremos que esta farza acabe, Temari. Era sólo cuestión de tiempo para que mi madre empezara a chillarme que eres una mala mujer; le tuve que insistir en que estoy enamorado y, entonces, no me joderá. Porque mamá quiere sobre todo que yo sea feliz, son esas cosas raras que tienen las madres.

—Entiendo... ¿Es parte de tu plan, verdad?

—Por supuesto... —Temari no levantó la vista, aunque seguía ruborizada.

Ino recibía el pago por una malteada a una señora mayor que iba paseando con su pequeño nieto; la rubia le sonrió agradecida antes de despedirse y rápidamente, sumergirse en sus pensamientos. Cuando su madre se enterara que iba a ser abuela podía reaccionar de dos maneras: O saltar en una pata, de alegría, o querer romper todo de la ira. Su madre era impredecible. Ino se llevó, distraídamente, una mano al vientre y cambió rápidamente la dirección de su mirada para dejar de pensar en aquello. Deidara iba a ser padre, ella no. Ella era joven y tenía toda una vida por delante, un hijo, en aquella situación, no sería ninguna bendición. Ella no podía estar embarazada. Subió la mirada y se encontró con los ojos de la chica nueva, que se dirigía a ella agradablemente.

—Necesito una bebida gaseosa de cola y una de limón para la mesa dos —Pidió de forma animada—. Me la estoy pasando de maravilla.

Ino le forzó una sonrisa y se apresuró a pasarle lo que le pedía, en ese mismo instante, un castaño al que deseaba ver entró por la puerta buscándola. Tamaki lo miró y lo reconoció de inmediato, era el chico que había cantado aquella hermosa melodía durante su viaje en coche. Ino había ido sentada en sus piernas pero él se las había ingeniado para tocar la guitarra y cantar de igual forma.

Ino le entregó las cosas a Tamaki y miró al castaño que se le acercaba sonriente. Un nudo se depositó en su estómago sin la certeza de que se iría.

—¡Kiba! Necesito hablar contigo... —Dijo la rubia antes de que él pudiera hablar.

Él la miró extrañado pero asintió, algo temeroso.

—Está bien...

—Tenten ¿Puedes quedarte en la caja un segundo?

La china, que andaba por allí cerca, se acercó algo anonadada a la caja y su compañera salió tomando a Kiba de la camiseta.

—Gracias por esto... —Susurró Tamaki viéndolos salir por la puerta de vidrio hacia la acera y continuó con su trabajo.

Ino y Kiba salieron y se alejaron un poco por la cuadra, para tomar distancia de El Refugio.

—¿Qué te pasa? —Dijo Kiba riendo mientras era arrastrado por la rubia. Ella no contestó— ¿La chica que estaba ahí, es una nueva empleada? No sabía que estaban buscando gente... —Siguió hablando mientras caminaba, trastabillando, por donde Ino lo arrastraba. Ella siguió sin responder hasta que doblaron a la esquina y frenó. Kiba estaba algo preocupado pero sonrió, de igual manera, para ocultar su nerviosismo— ¿Qué ocurre, Ino? Si me querías para ti sola no era necesario que me arrastraras así —Habló enérgicamente, con un tono de sarcasmo, mientras se acercaba para besarla en los labios.

Ella le corrió la cara bruscamente y Kiba se alejó sin llegar a concretar el beso.

—Es algo importante. No quiero asustarte pero...

—Ya me asustaste —Confesó el otro dándole espacio a la joven.

—Mira... Hace un tiempo que tengo un atraso en mi período menstrual. Es eso.

—¡¿Qué mierda?! Ino pero si nosotros siempre nos protegimos —El muchacho empezó a sudar y miró a los lados para asegurarse de que nadie en la calle los hubiera oído. Comenzó a maldecir por lo bajo y se miró los pies, notablemente atormentado— ¿Estás segura que...?

—No, Kiba... No estoy segura de nada —Se cruzó de brazos la rubia—. Sólo sé que siempre fui muy regular y siempre me vino en tiempo y forma. Y ahora... Se está atrasando unos días —El joven la miró con ojos grandes y la pupila perdida—. Mira: es normal que a una mujer se le retrase el período unos días, o que se adelante. Las causas pueden ser muchas, pero a mí nunca me ha pasado. Sólo quería que lo supieras... y...

—¡Hazte una maldita prueba! —Pidió él aterrorizado— Mi madre me cortaría las pelotas si tuviera un hijo antes de casarme.

—No eres el único con una madre paranoica, Inuzuka —Se quejó ella—. Para colmo mi hermano va a ser padre, sería sumamente ridículo que yo también lo fuera.

Kiba sonrió nerviosamente.

—Tal vez es eso... Tal vez te estás sugestionando... Tal vez es un embarazo psicológico o algo así...

—¡No estoy loca!

—No digo que lo estés. Algunas mujeres sufren de embarazos psicológicos... Sólo... Mira... Hazte una prueba —Kiba se llevó las manos al cabello y lo revolvió incómodo. Volvió a mirar por sobre su hombro para asegurarse de que nadie miraba la escena—. Ya tengo bastantes problemas por el momento como para que esto siga ¿entiendes?

—No eres el único. Es sólo que es temprano, aún, para una prueba de embarazo. Son apenas unos días... Debería esperar un poco más.

Ambos se quedaron mirando el uno al otro sin saber qué decir, pero con tormentas individuales de pensamientos en el cerebro.

Tenten terminaba de entregar el cambio a un hombre cuando Ino volvió a entrar a la cafetería. Tamaki y Sakura también estaban allí cerca, Karin atendía a una solitaria persona. No había muchos clientes, sólo unas pocas mesas estaban ocupadas.

Ino entró sola y se dirigió al mostrador para volver a ocupar su lugar detrás de él. Kiba no entró con ella.

—Ino... —Le sonrió Tamaki acercándose— ¿Ese chico es tu novio?

—No, claro que no —Contestó la otra como si espantara una mosca. Sakura y Tenten la vieron algo rara pero no pudieron decir nada al respecto porque en ese momento entró un muchacho de cabello largo con un libro gordo bajo el brazo.

—¡Ey! —Saludó alzando una mano. Tenten le sonrió y salió disparada detrás de él.

Neji se sentó en una mesa para dos personas, al lado de las ventanas, Tenten se acercó a tomar el pedido y le sonrió.

—¿Cómo estás? —Preguntó sonriéndole con simpatía, él le devolvió una media sonrisa.

—Bien ¿Y tú?

—También. ¿Qué vas a pedir?

—Dos batidos —Contestó mirándola.

—Bien ¿Esperas a alguien o te los traigo de inmediato? —Se extrañó la chica notando que él venía solo.

—Estaré con alguien... O eso espero. Quiero un batido de vainilla y fresa... Y el otro de tu elección, te invito a acompañarme —Le propuso seriamente sin dejar de hacer contacto visual.

Tenten se quedó sin aire y lo miró como si no hubiera escuchado bien. Poco a poco, el color invadió su rostro, pero intentando estar calmada, contestó:

—Claro. Muchas gracias, hoy no hay tanto trabajo —Dio media vuelta y se dirigió a la barra donde les pidió a las chicas los batidos y les contó brevemente, y en voz muy baja pero emocionada, que Neji Hyuga la había invitado a sentarse con él. Todas le sonrieron animadas, incluso Tamaki, que comprendió de inmediato los sentimientos de la extranjera.

Tenten se fue caminando con velocidad hacia la mesa que la esperaba y se sentó frente a Neji después de entregarle la bebida. Ella se puso la suya, de limón y kiwi, junto a su mano derecha para tenerla al alcance.

Neji colocó el libro que llevaba sobre la mesa. La encuadernación era vieja, dura y firme, de color celeste y unas palabras en dorado, decoradas con una hermosa caligrafía, se ubicaban en la parte superior de la portada: «Familia Hyuga». Era un álbum de fotos. Neji lo abrió en la primera hoja, pero no dejó que Tenten viera nada, buscó algo en específico y, al estar satisfecho con su búsqueda, volteó el álbum para que ella lo mirara. Una foto familiar quedó a la vista, ocupaba toda una carilla, era una fotografía grande: Había sido tomada en navidad, el árbol se podía distinguir detrás de todos los que ocupaban el primer plano. Un hombre igual a Neji pero más maduro estaba en el centro de la foto, sonreía a la cámara y tenía esos hermosísimos ojos aperlados; a un lado de él había una bella mujer de cabello corto, de color negro, y de ojos marrones. Entre los brazos de la mujer había una hermosa niña, pequeña y de aspecto inocente, tenía el pelo castaño y los ojos relucientes iguales a los de Neji; y el propio Neji también estaba en la foto, pero diez años más joven, siendo apenas un puberto de doce años de edad. A Neji no se lo veía tan cómodo como a los demás, pero de todas formas se notaba feliz. Era una felicidad que el Neji actual pocas veces dejaba ver. A Tenten los ojos se le humedecieron al pensar en las dolencias de ese joven muchacho, pero no dejó que lágrimas abandonaran sus ojos, no quería parecer una chiquilina. Miró a su compañero a la cara y notó que éste le sonreía.

—Esos son mis padres: Hizashi y Mika Hyuga. Y mi hermanita Hiki.

—Eran muy bellos... —Contestó Tenten sin saber qué más decir.

—Sí, esa navidad la pasamos de maravilla... Mamá todavía no estaba embarazada de su tercer hijo.

—La verdad es que mi familia no fue tan unida como la tuya lo fue... ¿Sabes? ahora que estoy tan lejos de donde nací, hace tiempo que no veo al resto de mi familia.

—Tal vez puedas ir a visitarlos algún día.

—Sí... tal vez —Tenten suspiró.

—Tal vez pueda acompañarte —Tenten volvió a mirar a Neji, aunque éste, ahora, tenía la vista en el álbum. Ella se ruborizó y sonrió emocionada.

—Mira, ahí están Temari y Shikamaru —Susurró Kankuro señalando a su hermana mientras entraban a El Refugio. Sai no estaba con ellos, se había quedado ayudando a su hermano con varias cosas en su nuevo hogar. Independizarse era mucho más difícil de lo que cualquiera de dos hubiera supuesto. Gaara y Kankuro entraron, e Ino, que seguía en su propio mundo, atendió su orden. Sólo pidieron un par de cervezas y se irían, de nuevo, a visitar a Sai y a Shin. Ino los atendió rápidamente, sin siquiera incomodarse por la presencia de ambos jóvenes punks, y los dos chicos saludaron a su hermana y a su cuñado, rápidamente, para después notar la presencia de otra conocida.

Gaara caminó hacia Matsuri que estaba sentada en una mesa con su amiga Sari y otras más. Al llegar a su lado, las cuatro chicas levantaron la mirada. Matsuri le sonrió, las otras, miraron de ella a él pícaramente.

—¿Está todo bien, Matsu? —Preguntó Gaara con su típica voz ronca y baja.

—Sí, las cosas con papá están solucionándose de a poco —Contestó la otra que ya había vuelto a vivir en su casa.

—Me alegro mucho por ti —Gaara le sonrió débilmente pero fue interrumpido, de inmediato, por su hermano mayor, que le hizo sustituir la sonrisa por seriedad en un segundo.

—¡Gaara! Habla con tu novia después, ya vámonos que nos están esperando.

Gaara suspiró y contó mentalmente hasta diez mientras sus mejillas se sonrosaban un poco. Kankuro caminó hacia él para arrastrarlo a la salida y Matsuri se dirigió al hermano castaño.

—Kankuro, ya déjalo en paz. Además ¿Por qué siempre dices que soy su novia?

Kankuro se sonrió mientras empujaba a su hermanito menor a la salida.

—Porque nunca se había interesado en nadie más que en ti. Eres especial, Matsu... Si fueras otra ya te habría hecho alguna maldad.

—No haría nada... —Habló Gaara en voz baja mientras caminaba siendo arrastrado por su hermano mayor.

—¡Envíale mis saludos a Sai! —Gritó Matsuri alzando la mano— Dile que espero que todos sus asuntos familiares mejoren rápido.

Gaara y Kankuro se quedaron unos segundos parados frente a la puerta para contestar.

—¿Cómo sabes lo de sus inconvenientes?

—Temari me lo dijo...

Los hermanos miraron a la rubia de forma fulminante y ésta les sonrió, luego salieron veloces por la puerta. Las chiquillas que estaban con Matsuri comenzaron a murmurar, histéricas, velozmente sobre la suerte que tenía la involucrada en haberse topado con Gaara Sabaku No. Ino, por su parte, se apoyó en la barra después de oír la conversación y se quedó, nuevamente con la mirada perdida y mucho en qué pensar: Un posible embarazo, un sobrino en camino, los nervios de Kiba, el trabajo, y también en Sai... En lo mal que había actuado ella con él.

Después de un par de minutos, las chicas se levantaron entre risitas cómplices y se dirigieron a pagar los productos consumidos. Ino las atendió, mientras Tamaki se dirigía a limpiar la mesa que habían desocupado.

—¿Has estado bien? —Preguntó Ino amablemente mientras hacía, en automático, el cálculo necesario y recogía el vuelto de la caja registradora.

—Sí, muy bien.

Las jovencitas se retiraron y Tamaki se acercó a Ino, que seguía bastante dispersa.

—¿Necesitas ayuda, Ino? —Preguntó la chica preocupada.

—No, no te preocupes...

—Te ves algo distraída ¿Es por el chico con el que hablaste hoy? ¿Pasó algo entre ustedes?

Ino la miró reparando por primera vez en el gesto preocupado que Tamaki había hecho y negó con la cabeza. Tamaki no tenía la culpa de lo que sus hormonas estaban generando, tenía que ser agradable con la chica nueva.

Le sonrió.

—No, no pasa nada entre Kiba y yo, lo juro... Son otras cosas las que tengo en la cabeza. No te preocupes, no es nada grave.

Tamaki asintió, aunque se quedó cerca por si su compañera de trabajo necesitaba auxilio.

Chouji entró a la cafetería acompañado por Naruto. No habían venido juntos pero se habían encontrado algunas cuadras antes y se habían acompañado. Chouji venía de su casa, había estado cocinando junto a su madre; Naruto, por su parte, había conseguido un tiempito de descanso en el trabajo, pero, en seguida, debía volver. Resultó que sus horarios eran muy cambiantes, Jiraiya lo llamaba todo el tiempo necesitando asistencia. El trabajo no era tan agotador como los horarios. Tenía poco tiempo para dormir y para descansar durante la semana, pero el trabajo no era difícil, se trataba de firmar documentos, rellenar planillas, hacer llamados y responder correos; Naruto estaba contento con su trabajo y sus padres también estaban felices por el logro de su hijo; el problema era que, ahora, no podía dormir por una considerable y saludable cantidad de horas.

Chouji se sentó con Shikamaru y Temari que seguían en la mesa desde esa tarde, bebiendo diferentes batidos y comiendo algunos tentempiés. Naruto saludó con la mano a los jóvenes y se sentó en una mesa más alejada, donde escondió la cabeza entre los brazos y esperó a que alguien se le acercara a atenderlo.

Su prima fue quien llegó y lo miró entre preocupada y fastidiada.

—¿Vas a pedir algo Naruto?

—Un café, bien cargado... con muucha, cafeína —Aclaró alargando la palabra para que se notara que la necesitaba. No miró en ningún momento a Karin, siguió con la cara reposada entre los brazos.

Si hubiera sido por él, se habría pasado sus pocas horas libres en su casa descansando, pero Karui le había mandado múltiples mensajes para pedirle una reunión de carácter urgente. Ésta no tardó en llegar, llevaba una boina escarlata en la cabeza y una camiseta sin mangas de color blanco, lo que más resaltaba era su guitarra en la espalda. Omoi la seguía con poco ánimo, mordiendo nerviosamente su chupetín. Ambos se sentaron a la mesa que estaba ocupada por Naruto y éste levantó la vista. Karin le entregó el café a su primo y los dejó solos para que hablaran.

—¿Qué era tan urgente? —Preguntó Naruto con voz ronca debido al cansancio y bebió un sorbo de café.

—Con Darui pensamos... —Empezó Karin, pero Omoi la interrumpió.

—Es una locura...

Karui puso los ojos en blanco y prosiguió.

—pensamos que ahora que trabajas en una radio, podrías promocionar nuestra banda ¡Naruto, piénsalo! Podríamos empezar a tocar en distintos lugares y... hasta llegar a la fama.

—No puedo promocionarlos, apenas soy un asistente... Y soy nuevo, no van a darle importancia a una propuesta mía.

—¡Inténtalo, idiota! Además eres amigo de la Hinata esa...

—Ella ya bastante me consiguió este puesto, no voy a abusar nombrándola todo el tiempo para conseguir beneficios, Karui, no puedo hacerle eso... —Interrumpió Naruto, algo ofendido, volviendo a beber su café.

—No pasará nada si le dices a tu jefe: Oye, ¡qué tal si promocionas mi banda, Hinata estaría contenta!

—Él sabría que no es así —Naruto miró hacia la mesa enfurruñado—. A Hinata no le gusta el rap.

Karui puso los ojos en blanco.

—¿¡Qué importa?! Es una gran oportunidad no podemos desaprovecharla... Naruto ¡Nunca tuvimos tantas posibilidades de triunfar en algo! No jodas, puedes hacer algo bueno por nosotros —Insistió la chica tironeando de la ropa a su rubio amigo.

—No lo sé... Eso sería como traicionar a Hina. Ella me consigue un trabajo y yo lo uso para volverme famoso... No me gusta.

—¡No estarías traicionando a nadie! No seas tonto. No podemos desaprovechar esta oportunidad.

Naruto suspiró mirando hacia abajo, poco convencido, y Karui insistió.

—Por lo que cuentas, Hinata es una buena persona... Ya la conocí un poco en tu casa de campo, sé que estaría dispuesta a ayudar.

—Sí, ella es genial —Sonrió Naruto—. Siempre estará ahí para darme una mano en lo que necesite pero no me parece honesto hacer algo así. Al menos, me gustaría primero hablar con ella.

—Sí, eso... Ve a darle unos cuantos besos y después nos promocionas.

Naruto se ruborizó un poco.

—Hinata sólo es mi amiga.

—Eso no quita toda la mierda que sientes por ella. Te la pasas como idiota hablando maravillas de ella ¡Pues, demuéstrame qué tan maravillosa es y promociónanos!

—Yo no siento nada por Hinata... —Habló despacio Naruto bebiendo su último sorbo de café y dejando la taza en el centro de la mesa. Karui volvió a poner los ojos en blanco por tercera vez consecutiva.

—Sí, claro... Y yo soy Heidi.

Naruto la miró divertido.

—No tienes nada de Heidi.

—Y tú no tienes nada de no sentir nada por Hinata... Ponte manos a la obra.

—¡Es que no siento nada por Hinata! ella es mi amiga y la aprecio pero no hay nada más.

—No importa cuánto lo niegues, Naruto, se te nota. Eres como ese tipo de la canción de «Enamorado tuyo», intentando esconder lo que es evidente.

Naruto volvió a sonreír, algo incómodo.

—Esa canción habla sobre una mujer enamorada de un hombre que no la quiere.

—Claro que no. Tonto.

—¡Ya basta por favor! —Quiso parar Omoi.

—A ver... Sabelotodo ¿Y de qué habla la canción? —Preguntó Naruto haciéndose el listo. Karui se inclinó un poco hacia él.

—Sobre un hombre que intenta esconder sus sentimientos. Porque es un cobarde, como tú.

Omoi se sobó las sientes.

—¿Cómo terminamos hablando de esto? —Se preguntó nervioso, pero Naruto y Karui siguieron con la discusión.

—No es esa mi interpretación...

—Entonces deberías oírla una vez más —Karui sacó su guitarra y comenzó a rasguearla dispuesta a ganar la pelea—: Y si te parece que yo estoy enamorado tuyo, eso es un invento intuyo, no des crédito a murmullos. Porque casi nunca llamo para decir que te amo y más de una vez lo hice a un número equivocado. Casi nunca nadie dice que yo estoy enamorado tuyo... —Empezó a cantar con su hermosa voz, perfeccionada con los años. Algunos de los clientes se quedaron observando y Tamaki e Ino que estaban en la barra también lo hicieron—Raramente desespero por tenerte aquí a mi lado, y eso no significa que tenga un significado. Si piensas que amor yo siento, por favor no hagas pamento, no comentes con tu gente sobre nuestro asunto. Casi nunca nadie dice que yo estoy enamorado tuyo.

La chica se saltó el estribillo que no le parecía tan importante como para mencionarlo y pasó directamente a la siguiente estrofa. Naruto se hacía el distraído pero escuchaba con atención.

Casi nunca veo la foto, tuya, en mi celular. Sigue ahí por la pereza que me da apretar «borrar», no estoy tan obsesionado, vale como aclaración. Si piensas que es por eso que yo canto esta canción. Casi nunca nadie dice que yo estoy enamorado tuyo.

—Ya, ya... ¿Sabes qué? Me tengo que volver al trabajo —Se levantó, Naruto de la silla con la intención de dejar todo el asunto allí. Pagó su bebida y se marchó saludando a Shikamaru, a Chouji y a la novia de Shikamaru, a la cual no conocía. Caminó por la vereda mientras la tarde llegaba a su punto final pensando en su banda... Y pensando más que nada en Hinata, y en esa tonta canción que ahora no se podía sacar de la cabeza.