Para no perder la costumbre. Nada me pertenece, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de Drotuno, yo solo traduzco.
Y no podía faltar mi compañera de aventuras. Gracias a mi querida amiga Erica Castelo por ayudarme una vez más.
Capítulo 28 – Outtake
BELLA
La opaca luz de la mañana de invierno entró por las ventanas, y abrí un ojo. Viendo cajas desempacadas y todas mis pertenencias en completo desorden, sin mencionar una hora muy temprana en el reloj, me volví a acurrucar en mi almohada. No quería levantarme. Levantarme significaba que pronto mi esposo subiría en un avión, y no podía acompañarlo hasta dentro de unos cuatro días.
Levantarme de la cama significaba que al menos tenía intentar desempacar en nuestra nueva casa. Una respiración profunda trajo con ella el olor a aire del océano, pintura fresca, y algo completamente irresistible—café. Que Dios bendiga el maldito programador.
Sin embargo, nada de eso importó cuando cálidos y fuertes brazos me echaron hacia atrás contra piel desnuda y músculos. Todo mi cuerpo reaccionó. Simplemente no pude evitarlo. Después de estar casada por cerca de tres años, todavía estaba irremediablemente enamorada del hombre que en este momento estaba pegado a cada centímetro de mi cuerpo debajo de las sábanas.
"Edward," dije entre mi aliento, mi voz rasposa por apenas haber despertado.
"Shh, chica hermosa. Escucha," me susurró en mi oído, pero podía oír y sentir la sonrisa contra la piel de mi cuello y luego en mis hombros desnudos al mismo tiempo que sus manos comenzaron a moverse. "Todo lo que puedes escuchar son las olas."
Me reí entre dientes, dándome la vuelta en sus brazos para ver el rostro que adoraba. Me acercó, y pude sentir lo que había provocado toda la atención ahora atrapado entre nosotros, y murmuré en aprobación. Levantando mi mano, pasé mis dedos por su cabello. Un verde dulce y cariñoso me devolvió la mirada, y no por primera vez desde que lo conozco me pregunté cómo había sido tan malditamente afortunada.
Edward seguía siendo el hombre dulce y de naturaleza tranquila que había conocido en la biblioteca de la universidad Edgewater. Seguía siendo la cosita considerada, inteligente y humilde que siempre había sido. No importaba que estuviésemos juntos desde nuestro primer año de universidad, que viviéramos y trabajáramos juntos, o que nos acabáramos de mudar a Playa Glenhaven, a una casa que su hermano había diseñado y construido para nosotros. Seguía siendo mi Edward, a pesar de que ahora era un autor exitoso—su serie de libros de los elfos había explotado en popularidad.
No, mirándolo fijamente en ese momento, seguía viendo al chico que me miraba como si fuera lo mejor que le había pasado en la vida, pero era al revés.
"Solo las olas, Bella," reiteró contra mis labios, lo que me hizo sonreír, y también me hizo estirar mi mano para tocarlo.
Piel suave, hombros anchos, incluso sus viejas cicatrices—no había nada que no amara de él. Un Edward de veinticinco años, era hermoso. Las mujeres en todas partes se desmayaban por él. Había perdido un poco de esa apariencia de niño con cara redonda que tenía en la universidad y era toda una belleza masculina, con su mandíbula afilada, largas pestañas y una barba ligera. Pero nada era más lindo que su sonrisa. Y tenía tantas versiones de ella—la educada para el público; la lenta y carnal; la feliz y radiante; la dulce e incrédula; la torcida y cómplice. Fue esta última la que estaba recibiendo en este momento, como si supiera exactamente lo que estaba haciendo cuando sus manos presionaron mi espalda baja, solo para deslizarse a mi trasero y apretarlo, pegándome a él. Sin importar que todo el mundo le dijera lo guapo que era, solo me veía a mí—nada de eso había cambiado.
"Voy a extrañarte," le susurré, rodándome sobre mi espalda, y él se movió conmigo.
"Son solo unos días, chica hermosa, nos reuniremos en el aeropuerto. Yo voy a recogerte."
Asentí, tratando de no pensarlo demasiado. En lugar de eso, me centré en lo fluidas y fáciles que eran las cosas entre nosotros. Edward apoyó una mano junto a mi cabeza, su frente cayendo en la mía. Sus caderas empujaron un poco hacia adelante, provocando que los dos jadeáramos levemente por la sensación.
"Por favor, amor," me suplicó en un susurro.
No le respondí con palabras sino con mis manos agarrando su rostro. Años de conocer el cuerpo del otro nos permitió movernos, tirar y empujar justo dónde queríamos, lo necesitábamos. Hubo besos en los labios, piernas enredadas, gemidos por más, y susurros para no hacer ruido.
Una vez que se deslizó dentro de mí, mi cabeza cayó hacia atrás a las almohadas. Sus labios aprovecharon la oportunidad, presionándose en mi garganta expuesta mientras susurraba contra mi piel.
"Te sientes muy bien, Bella," dijo entre su aliento a medida que empezamos a encontrar el ritmo, caderas encontrándose una y otra vez, pero lo hicimos de forma profunda, lenta, lánguida. "No podía irme sin esto, hermosa. Solo… lo necesitaba…"
Él quería que durara— hacer el amor en nuestra pequeña y tranquila burbuja en la que habíamos despertado—pero sabíamos que no sería así. Los graznidos de las gaviotas ya habían empezado a escucharse en la playa, lo que significaba que la casa despertaría pronto, y lo lento y constante había empezado a remontarse a algo más rápido, con un propósito.
"Muy cerca, muy cerca," jadeé, mis ojos rodando dentro de mi cabeza cuando se levantó con una mano y la otra se deslizó entre nosotros para tocarme dónde él sabía que perdería completamente el control.
"Sí," siseó contra mis labios. "Me encanta cuando te corres para mí."
Los temblores en mi estómago se intensificaron, provocando que todo dentro de mí explotara en torno a él, mis piernas y brazos prácticamente lo encerraron al derrumbarme. Edward me siguió, enterrando su rostro en mi cuello.
"Te amo," dijo pesadamente entre su aliento, dejando besos húmedos aquí y allá en mi cuello y oreja.
"Te amo, Edward," le dije, rodeando por completo su cabeza con mis brazos y cerrando mis piernas en torno a él. "Tal vez solo me quede contigo."
Se rio entre dientes, rodándonos en nuestros costados. "Me gustaría, pero al menos tengo la mayor parte de la mañana. Mi vuelo no sale hasta en la tarde." Cuando asentí con tristeza, sus ojos se enternecieron. "Solo unos cuantos días, y te reunirás conmigo, Bella. Era la única forma en que funcionaría—"
"Mam, mam, mam…"
Los dos sonreímos, mirando hacia el monitor de bebé, dónde vimos movimiento en la pequeña pantalla de video.
"Pa, pa… ¡Mam!"
"Aprovechar el tiempo lo es todo," Edward bromeó con una risa profunda y suave. "Yo me encargo de esto, chica hermosa. Lo necesito antes de irme. Vuelve a dormir si quieres, cariño." Salió de la cama, acercándose de nuevo a mí para dejar un beso en mi frente antes de ponerse unos jeans.
"Si vas afuera…" Comencé a decir, pero me interrumpió un gran bostezo.
"Lo sé, cariño. Está frío. Yo me encargo."
Me reí bajito cuando Edward dejaba la habitación. Dándome la vuelta sobre mi costado, mis ojos se desviaron una vez más hacia la pantalla del monitor de bebé. Tragué saliva espesa por las emociones que parecían abrumarme cuando veía a mis dos guapos chicos. Charles Edward Cullen—aunque, lo llamábamos Chase—era una rolliza dulzura feliz y balbuceante de catorce meses. Era todo perfección, saludable y amado. Y probablemente estaba demasiado mimado, aunque culpaba a las tías, tíos y abuelos por eso. Sin mencionar al hombre entrando a la habitación.
"Hola, Chase," Edward le canturreó a su hijo, levantándolo de la cuna. "¿Qué tan sucio estás esta mañana?"
Con unas risitas, sacudí mi cabeza. Al ver a Edward ahora, era casi imposible recordar el brutal y doloroso ataque de pánico que había tenido cuando me enteré que estaba embarazada. Habíamos estado casados un poco más de un año e incluso estuvimos hablando sobre hijos. El libro de Edward había saltado a la fama, y el segundo estaba en camino. Se había hablado de un programa de televisión o película, de modo que no se trataba del dinero o proveer para su familia. La parte dolorosa fue cuando Edward estaba aterrorizado de convertirse en su padre. Mi corazón se rompió ese día, porque a pesar de que Edward se había hecho fuerte y había superado muchas cosas de su niñez, el miedo que había adornado su hermoso rostro había sido difícil de ver.
"Bella, yo…" Fulminó con la mirada el palito en su mano, las dos líneas claras, brillantes y rojas. "Yo… Yo… no sé…" Su voz se apagó, sacudiendo su cabeza una y otra vez.
Edward se sentó pesadamente en la orilla de la cama, sus ojos apenas apartándose del palito en su mano, y el alma se me cayó al suelo. Difícilmente se podía escuchar un sonido en nuestro diminuto departamento arriba de la librería.
"Edward, cariño… pensé que esto era algo que queríamos los dos," susurré, moviendo mis pies con nerviosismo.
Estaba tan callado, tan quieto, y su rostro estaba un poco rojo. Cuando al fin encontró mi mirada, esos hermosos ojos verdes estaban llenos de lágrimas.
"Bella, yo… voy a joderla. Yo… no sé… ¿Qué pasa si soy como mi papá?"
El sollozo que me desgarró fue fuerte y lastimó mi pecho, y en un momento, estaba de pie entre sus piernas con su rostro acunado entre mis manos. "¡Esa mierda es imposible, Edward! ¡¿Me escuchaste?!" Lo insté a que me mirara a los ojos, y cuando lo hizo, planté besos en su frente. "No te pareces en nada a él, cariño. Desde que te conozco, ni una sola vez me has dicho una palabra despectiva, incluso cuando estabas molesto. Si alguien en este maldito planeta sabe lo que las palabras hirientes pueden hacer, eres tú, cariño. Y si alguien sabe cómo mostrar amor… Oh, Edward… de verdad, ese eres tú."
Ahora mis lágrimas fluían libremente porque esto era muy real y muy intimidante. Quería y ya amaba al bebé que habíamos creado, y si Edward no, o cambiaba de opinión, lo haría completamente sola. Lo perdería, y eso era aterrador porque lo amaba muchísimo. Eso nunca cambiaría.
"Edward," lo presioné, mi visión borrosa. "Necesito s-saber si… si tú no quieres…" Cuando no pude hablar, algo en Edward despertó, y me sorprendí al verme en sus brazos y su regazo.
"Mierda, mierda, mierda," repitió, moviéndonos al centro de nuestra cama. Sus brazos estaban temblando a mi alrededor mientras me apretaba casi demasiado fuerte. "No permitas que la joda, Bella. No me dejes. No puedo… Si la jodo, si lo lastimo… o a ella…" Sus manos sacaron mi rostro ahora rojo y cubierto de lágrimas de la curva de su cuello. "No quiero arruinar a nuestro bebé, Bella. No quiero convertirme en él."
Otro sollozo se me escapó, y agarré su rostro y lo besé. "¿Crees honestamente que te lo permitiría?" Le pregunté con incredulidad, sorbiéndome la nariz cuando se congeló por un momento. "Edward, nadie ama de forma más hermosa y desinteresada que tú. De hecho, joder, la única forma en que arruinarías a nuestro hijo será mimándolo en demasía… oa ella…"
"Nuestro hijo," susurró, al fin calmándose un poco. "Vamos a tener un bebé…"
Ahí estaba. Esa increíble sonrisa comenzó a crecer en su rostro, pero cayó igual de rápido que comenzó. "Lo siento, amor. Es solo que… Por un segundo, pensé… Qué tal si, ¿sabes?" Pasó saliva con nerviosismo, pero las tiernas caricias en mi rostro mientras limpiaba mis lágrimas me dijeron que estaba más calmado. "Estoy asustado, pero…" Hizo una pausa, sus manos extendiéndose en mi estómago. Sus ojos fijos ahí también. "Estoy aterrorizado, pero nosotros lo hicimos." Su tono de asombro y sorpresa, y todavía asustado, pero una vez más, la sonrisa comenzó a curvear su rostro.
"¡Lo hicimos!" Solté una pequeña risita, sorbiéndome la nariz al mismo tiempo. "Nos divertimos haciéndolo también," le dije bromeando.
Su risa fue fuerte y hermosa. "Sí, así es," susurró, volviendo a bajar la vista a su mano sobre mi vientre. "¿Qué hacemos ahora, chica hermosa?"
Risitas de bebé me trajeron de vuelta al presente, y sonreí al escuchar la risa profunda de Edward mientras cambiaba el pañal de Chase, luchaba con piernitas rechonchas para vestirlo, y le hacía cosquillas en la parte inferior de sus deditos. Él era mejor siendo un papi de lo que reconocía, porque amaba con todo su corazón. Y en el momento que sostuvo a su hijo en sus brazos, fue esclavo de nuestro niño.
Una vez que Edward vistió a Chase, lo llevó abajo, lo que significaba que había perdido mi capacidad de escuchar sin que se dieran cuenta.
~oOo~
Debí haberme quedado dormida de nuevo, porque me desperté abruptamente con una rápida inhalación. Echando un vistazo al reloj, gemí al ver la ahora que había desperdiciado, pero me forcé a salir de la cama y entrar al baño.
Me duché y me vestí, preparándome para el viaje al aeropuerto en breve. Edward iba a volar hoy a California para unas entrevistas y una firma de libros. Estaría recorriendo la Costa Oeste e iba a ser en Seattle que nos iba a recoger a Chase y a mí en Sea-Tac. Tal vez mi esposo había mejorado mucho con relación a su pasado, pero el volver a Washington lo inquietaba, por lo que quería estar ahí con él.
No había habido intento alguno de contacto por Carlisle. El pastor Liam trató de vigilarlo, pero después de que el papá de Edward hubo terminado su sentencia en la casa de rehabilitación, prácticamente había desaparecido de la faz de la tierra. Liam asumió que se había mudado a Olympia para estar con cierta mujer con la que había estado por mucho tiempo, o que ella se había mudado a Seattle, pero nadie estaba seguro. Mi suposición era que Carlisle se había asociado con la gente equivocada, pero mientras el bastardo abusivo se mantuviera lejos de Edward, Emmett y Alice, yo estaría perfectamente bien. Ellos eran mi familia— al ser Alice ya verdadera parte de la familia cuando se casó con Jasper. Todos habían continuado con sus vidas y eran felices y estaban prosperando— incluso Emmett y Rose esperaban su primer bebé en marzo o abril. El que Carlisle viniera y mancillara eso me encabronaría como nunca.
Me serví una taza de café, sonriendo al ver la evidencia del desayuno que los chicos habían compartido, pero fueron los chillidos de felicidad que venían de afuera los que me llamaban.
Esquivé cajas que todavía tenían que ser desempacadas pero que esperarían hasta que regresara del aeropuerto. Algunas cosas esperarían hasta que Edward regresara a casa en un poco más de una semana… si el caos y desorden no llevaban mi TOC al borde de la locura.
A través de las puertas de cristal deslizantes, la playa se extendía hacia la derecha y hacia la izquierda hasta donde podía alcanzar mi vista. Había casas cerca a cada lado, pero estaba tranquilo, privado. Salí al porche trasero a la fría y nublada mañana de invierno, soltando risitas contra el borde de mi taza al mismo tiempo que me enamoraba una vez más.
Edward llevaba jeans y una camiseta térmica gris, pero había vestido a Chase de una forma adorable—unos pequeños pantalones cargo en color caqui, una camiseta de fútbol de color azul y blanco, y un gorro de lana de rayas azules y blancas. Nuestro hijo era una encantadora combinación de los dos. Tenía unos grandes ojos verdes y unos adorables hoyuelos cuando sonreía, pero su cabello era delgado—pelusa de pato, como Edward lo llamaba— por lo que su cabecita calva tendía a enfriarse. Me encantaba que el color que podía ver saliendo era oscuro como el mío pero tenía un tono rojizo intenso en él como el de Edward.
Chase estaba chillando de risa mientras Edward trataba de mantenerlo en pie para dejarlo caminar en la compacta arena húmeda de la playa con sus adorables tenis pequeños. Chase se estaba acercando cada vez más a poder hacerlo solo, pero todavía no. Edward en la playa era algo digno de ver, no porque fuera alto, guapo, con la fría brisa del mar haciendo volar su cabello, sino porque ahora le encantaba. La primera vez que lo conocí, el miedo al agua lo dominaba, pero desde que había dado ese primer paso enorme hacia la playa cuando nos acabábamos de mudar juntos, se había liberado de ese miedo. Incluso nuestra pequeña boda había sido en la playa justo a un lado del malecón, y fue Liam quien la llevó a cabo. Así que, sí, estaba increíblemente orgullosa de Edward, sobre todo cuando lo veía pasar ese reciente amor por la playa y el agua a Chase.
Cuando mi hijo me alcanzó a ver, se iluminó. Su sonrisa era parecida a la de Edward, que era un destello cegador de felicidad y dulzura, haciendo que todo su rostro se arrugara por ella.
"¡Mam, mam, mam!" Me llamó, un puñito abriéndose y cerrándose repetidamente.
Edward se carcajeó, mirando hacia arriba desde su posición encorvada al guiar a nuestro hijo, pero luego lo cargó en sus brazos. "Ahí está mami," le canturreó a Chase, besando un lado de su cabeza y caminando hacia mí. "Hola, chica hermosa." Besó mis labios, riéndose cuando Chase estiró sus brazos hacia mí. Me lo pasó, tomando la taza de café. "Intentamos dejarte dormir, así que salimos para hacer ruido."
Riendo, besuqueé todo el rostro de Chase, bajando por su cuello, solo para escucharlo reír incontrolablemente. "¿Estabas siendo ruidoso, peque?"
"¡No!" Respondió con fuerza con la risa que amaba, haciéndose una bolita.
Edward dejó la taza de café en el barandal del porche, rodeándonos con sus brazos. "Odio dejarlos," susurró contra mi frente, plantando besos ahí. "No te excedas al desempacar, cariño. ¿De acuerdo? Si necesitas ayuda, llama a Emmett o Jasper. Prometieron que estarían pendientes de cómo estabas."
"Estaremos bien. Mamá y tía Jane vienen mañana para robarse a Chase durante el día, y también Alice, creo. Aunque, tengo que estar en la librería abriendo para el lanzamiento de tu libro." Le sonreí, tomando su guapo rostro entre mis manos. "Estoy muy orgullosa de ti, Edward."
Su brillante sonrisa apareció en seguida, y distrajo su atención del cumplido al besar la cima de la cabeza de Chase. "Cuida de mami mientras no estoy, peque. Espero un reporte completo cuando aterricen en Seattle."
Sonriendo, sacudí mi cabeza. "Los amo a los dos con locura."
Edward se rio suavemente, acercándonos a él y abrazándonos con intensidad. "También te amamos, chica hermosa."
"Vamos, quiero acurrucarme con mis chicos antes de que te vayas, y tienes que terminar de empacar," le dije.
Sabía que llevarlo al aeropuerto sería difícil, pero también sabía que Chase y yo lo encontraríamos en solo unos días. Lo habíamos hecho antes cuando el primer libro despegó inesperadamente justo después que nació el bebé, así que lo podíamos hacer de nuevo.
~oOo~
EDWARD
Me recargué en la pared del aeropuerto, esperando que la cinta trasportadora se encendiera. Maldición, extrañaba a mi familia. Los últimos días habían estado ocupados con entrevistas y firmas de libros, pero entre más me acercaba a Washington, más ansioso me ponía. Cierta mierda simplemente no desaparecía.
California había estado bien, a pesar de las reuniones y entrevistas. Mi libro Elfos de Lenora terminaría como un programa de televisión, lo que apenas podía comprender. Todavía había contratos qué discutir y más libros por venir, pero había dejado L.A. sorprendido y humilde por el entusiasmo que mi vieja historia había conseguido. Tuve que asistir a dos firmas de libros en Oregon, tanto en Portland como en Salem. Sin embargo, al estar parado en medio del aeropuerto Sea-Tac, suspiré profundamente a los sentimientos que me embargaban.
Le había dicho a Bella hace mucho tiempo que nunca volvería aquí. Y en realidad, este viaje no era por elección. Era por negocios, pero no podía evitar recordar algunas cosas del pasado. Tampoco podía evitar mirar continuamente por encima de mi hombro. Estábamos malditamente cerca de dónde toda la mierda mala había sucedido. Estábamos malditamente cerca de mi papá, y estaba realmente feliz de que Bella se hubiera ofrecido a encontrarme aquí para los días siguientes.
Carlisle Cullen había desaparecido. Liam, que de vez en cuando me daba noticias, había perdido contacto con él unos años atrás, no mucho después de que había dejado la casa de rehabilitación. No me importaba; estaba perfectamente contento con mi vida, con mi esposa y mi hijo, con mi familia allá en Florida. Él nunca había sido un padre para mí, de modo que el perder el contacto no era malo. Incluso si hubiese intentado comunicarse conmigo, se hubiese encontrado con nada.
El carrusel del equipaje se encendió, y la gente comenzó a entrar poco a poco, y fue entonces cuando la sonrisa se extendió en mi rostro, porque mi hermosa chica atravesó el gentío con mi niño en sus brazos. Los encontré en medio de la enorme sala, encontrando la mirada de mi esposa por encima de la cabeza de mi hijo.
"¡Mira, Chase… papi!" Le susurró, sonriendo en mi dirección, y la cabeza de mi hijo se levantó de pronto de su hombro para mirar alrededor hasta que finalmente me vio.
"¡Pa-ii, pa-ii, pa-ii!" Me llamó, estirando sus brazos para alcanzarme.
"¡Hola, peque!" Canturreé, tomándolo de los brazos de Bella, pero me incliné y besé sus labios. "Hola, chica hermosa," le susurré. "¡Dios, los eché de menos!"
"Te echamos de menos," dijo Bella, acurrucándose en mi cuello cuando mis brazos los rodearon a ambos. "Al parecer no soy tan buena contando historias como tú, papi, así que la hora de dormir en las últimas noches fueron… malhumoradas."
Soltando una carcajada, miré a mi hijo. "No seas tan exigente con mami, peque."
Mi hijo sonrió con esos hoyuelos e inocencia, sacudiendo su cabeza diciendo que no.
"Una audiencia difícil, cariño. Lo siento," le dije en broma a mi esposa, incapaz de quitarle los labios de encima una vez más. "¿Cómo estuvo el lanzamiento en la librería?"
"El mejor día que hemos tenido, Edward," dijo Bella con una carcajada que estaba mezclada con orgullo y asombro al mismo tiempo. "En serio."
Mientras recogíamos el equipaje documentado de Bella y la silla de Chase para el coche y su carriola, dejé varios besos en su cabeza. Los había extrañado a los dos. Maldición, nunca creí que pudiera amar tanto. Había sido abrumador y atemorizante, pero en el momento en que puse los ojos en mi hijo, era un hombre completamente diferente.
Dos cosas pasaron por mi mente el día que nació. Una fue que mi Bella era la mujer más fuerte y asombrosa que había conocido en mi vida, y nunca podría agradecerle por la vida que me había dado. Y la segunda… que yo no era nada parecido a mi padre, ni una maldita cosa parecida a él. Mientras que él odiaba el tan solo ver a sus hijos, yo apenas si podía dejar a mi hijo el tiempo suficiente para tomar una siesta. No podía dejar de besarlo, hacerle cosquillas, disfrutar de las pequeñas cosas que Chase hacía o de seguir confesando mi amor a las dos personas más importantes en mi vida. No, no era mi padre. Todo con relación a ser un padre lo había aprendido de mi madre y luego de Renee, Charlie y tía Jane.
Una vez dentro del coche rentado, me volví hacia Bella antes salir del estacionamiento. "Cariño, el hotel está justo a un lado de la librería donde se supone que esté por las siguientes horas. Si quieres, puedes evitar el caos…"
Bella sonrió. "Y tus excesivamente apasionadas fans," dijo bromeando, acercándose para besar mis labios. "De hecho, eso sería perfecto. Chase necesita una siesta, y yo una ducha por estar en el avión. Podemos reunirnos contigo cuando termines, Edward."
Sonriendo, la besé otra vez. "Bien, y comeremos algo. Liam quiere vernos cuando estemos en Port Angeles durante las firmas de pasado mañana, así que esta noche somos solo nosotros tres."
Chase balbuceó emocionado mientras viajábamos por la ciudad, pero poco a poco el parloteó cesó, y estaba dormido para cuando nos detuvimos en el hotel. Acarreé maletas y las cosas del bebé arriba a la habitación de hotel mientras Bella cargaba un bebé agotado. Una vez que lo acomodó en la cama rodeado de almohadas, los besé a los dos y luego me dirigí a la librería.
~oOo~
Las firmas de libros eran agitadas y algunas veces una locura, pero esta había sido divertida. Hubo fotos y un montón de risas, sin mencionar que firmé mi nombre más veces de las que podía contar. La fila comenzó a reducirse cuando casi terminaba mi tiempo. Cuando uno de los empleados de la librería dijo que había terminado, levanté la vista para ver quién quedaba.
Mi esposa estaba ahí con Chase en sus brazos, y él estaba mordiendo uno de sus juguetes. Les sonreí pero firmé los últimos tres libros de la fila, al fin poniéndome de pie para estirarme. Los dos se veían que habían tomado una siesta y un baño.
Bella, que había estado preciosa la primera vez que posé mis ojos en ella en la universidad, ahora era simplemente hermosa. Tenía más edad, y a pesar de que pensaba que tener a Chase había cambiado su cuerpo, seguía siendo perfecta para mí. Más de una vez había bromeado con ella sobre que ahora teníamos cicatrices iguales en nuestros estómagos, lo que siempre la hacía reír, aunque tendía a hacerlo mientras besaba cada centímetro de su piel desnuda.
"¡Pa-ii!" Chase chilló, con babas goteando del juguete, su barbilla y su puño regordete.
Lo cargué de sus brazos, sosteniéndolo en el aire y pretendiendo que lo hacía volar como un avión, solo para escucharlo reír. Moviéndolo a mi cadera, me incliné para besar los labios de Bella y luego su frente, mis ojos mirando alrededor. En la esquina lejana de la librería en la ventana del escaparate, vi lo que me pareció un rostro familiar. Fríos y oscuros ojos azules encontraron los míos, trayendo con ellos una oleada de sentimientos—ineptitud, odio, miedo, y luego finalmente, indiferencia. Por un breve momento, no podía entender que estaba viendo a mi padre. Había pasado tanto maldito tiempo desde que había estado en la misma habitación que él que casi no lo reconocí. El tiempo no había sido amable con él. Pero cuando me enderecé, se había ido. Frunciendo el ceño, caminé hacia dónde había estado, pero no vi a nadie.
"¿Edward?" Me preguntó Bella, alcanzándome en la enorme ventana que daba a la acera y la concurrida calle.
"Lo juro, Bella… pensé que había visto…" Mi voz se apagó, y en la acera a la distancia, vi de nuevo a quien pensé era mi padre. "Creo… que mi papá estuvo aquí," le dije en un susurro, "pero tal vez era mi imaginación." La miré. "Ya sabes, por estar aquí y…"
El rostro de Bella era fiero. "Será mejor que te deje en paz, Edward. Conociéndolo, va querer tener parte en todo esto," prácticamente gruñó, girando un dedo alrededor señalando la librería y mi firma de libros.
Podía comprender lo que estaba pensando. Él había sido despojado de todo, y ahora mi nombre era conocido. "Eh, puede intentarlo, chica hermosa, pero nos vamos ir por la mañana. Vamos, tus hombres están hambrientos. ¡Mira, está empezando a comerse sus dedos!" Jadeé, agarrando la muñeca de Chase y dándole una ligera sacudida. Cuando pretendía masticar ruidosamente su mano, estalló en risitas.
"Mis chicos tontitos," dijo con un suspiro, sonriendo con calidez. "Vamos. Iremos a comer."
~oOo~
"Gracias, señor Cullen," la mujer me dijo, agitando su mano cuando le regresé su libro después de garabatear mi nombre dentro de la cubierta.
Otra copia aterrizó frente a mí, pero fue la voz la que me hizo sonreír. "Tu madre estaría enojada porque has vendido más que ella."
Sonriendo, levanté mi cabeza para ver a Liam, y sin importar que había una docena más de personas que quedaba en la fila, me puse de pie para estrechar su mano y abrazar al hombre.
No pude evitar reírme una vez más cuando añadió. "Esa es una total mentira, Edward. Sería la primera en las firmas."
"Cierto," concordé fácilmente, echándome hacia atrás para mirarlo. Había envejecido, por supuesto, pero se veía bien. Había más canas en sus sienes y estaba vestido de forma casual, pero sus ojos ocultaban algo duro en ellos.
"¿Qué?" Le pregunté.
Miró alrededor pero luego se acercó. "Tengo algunas noticias, hijo."
"Muy bien, bueno, ¿puedes esperar un momento por aquí? Bella debería llegar pronto."
"Claro," cedió, empujando mi libro más cerca. "Mi meta es tener todo toda la serie firmada, chico."
Sonriendo, sacudí mi cabeza. Hice lo que me pidió, escribiendo por dentro un agradecimiento personal para él. El resto de la fila estaba poniéndose ansiosa, pero avanzó rápidamente una vez que Liam se apartó para pagar. Estaba firmando el penúltimo libro cuando sentí un tirón en mi pierna. Bajando la vista, me reí entre dientes al ver a mi niño levantándose solo, usando un fuerte agarre en mis jeans.
"Pa-ii…"
"Hola, peque. Llegas tarde a la fiesta."
Tuve que reírme al escuchar los cariñitos de las mujeres en la habitación, algunas de pie esperando, otras solo comprando, pero cuando puse a mi hijo en mi regazo, estrelló sus manos sobre la mesa, dándole esa sonrisa radiante con hoyuelos a todo el mundo. Se quedó contento en mi regazo por el siguiente par de autógrafos, y luego me puse de pie con él en mis brazos cuando la fila por fin se vació.
Encontré a Liam y Bella a un lado, y besé los labios de Bella. "Gracias. Necesitaba un asistente al final."
Su risa fue hermosa cuando se acercó a reajustar el gorro de lana de Chase y su chaqueta. "Cuando te vio, fue como tratar de sujetar a un cerdito engrasado, cariño. Simplemente no se quedaba quieto."
"Ese es un hermoso niño, chicos," Liam nos felicitó, sacudiendo su cabeza en asombro, pero se rio un poco cuando Chase extendió su mano para agarrar su dedo. Cuando encontró mi mirada, había un dejo de tristeza ahí, pero pareció deshacerse de él. "Necesitamos hablar, hijo."
"Está bien. Hay un restaurante italiano justo al otro lado de la calle."
Cuando estuvimos sentados en una cabina con Chase en una silla alta en el extremo, Liam apoyó sus codos sobre la mesa y frotó su rostro. "Ayer recibí una llamada, chicos."
"¿De quién?" Apenas pregunté en voz alta, porque tenía miedo de que hubiese sido mi papá, ya que estaba bastante seguro que había estado en la librería de Seattle.
"De Jay Jenks. El abogado de Carlisle," declaró rotundamente, arrugando su nariz. "Jenks sabía que tu padre no tenía permitido hablar contigo o tus hermanos. Y también sabía que yo estaba en contacto con ustedes con regularidad, así que la mayor parte de la información que te he dado ha venido de él."
"¿No tenía permitido…?" Bella notó el tiempo de la palabra antes que yo, y la miré antes de mirar nuevamente al viejo amigo de mi madre. "¿Qué pasó?" Le preguntó, dejando un puñado de Cheerios en la bandeja de Chase para mantenerlo felizmente ocupado.
"Tu padre, Edward," Liam comenzó a decir despacio, mirando a Chase por un momento. "El cuerpo de tu padre fue encontrado en la bahía ayer por la mañana." Cuando mis cejas se dispararon hacia arriba, él asintió. "Fue… golpeado severamente, tenía dos heridas de disparos en el pecho, uno en la cabeza, y múltiples huesos rotos—principalmente en sus dedos."
"¿Qué… Umm," comencé a decir, viendo a la mesa con el ceño fruncido mientras acomodaba mis cubiertos por un segundo. "¿Por qué? ¿Cómo? Ni siquiera estoy seguro de querer saber esto, Liam," solté al fin, y luego el recuerdo de verlo me golpeó. "Acabo de… juro que acabo de verlo en Seattle hace tres días. Estaba en la librería."
"¿Se acercó a ti?"
"No. No, se fue."
"Sabía que acabaría con la gente equivocada," susurró Bella, sacudiendo su cabeza. No fue como si se lo estuviese diciendo a alguien en particular, porque estaba centrada en Chase.
"Eso hizo, Bella," Liam estuvo de acuerdo, asintiendo ligeramente. "Por lo que Jenks pudo averiguar con sus contactos en el departamento de policía, Carlisle dejó la casa de rehabilitación al mismo tiempo que otro hombre. Siguieron las reglas, trabajaron juntos en una tienda de comestibles, pero cuando se fueron, dejaron el trabajo y la fachada. El tipo era jefe de una gran pandilla o familia del crimen, y necesitaba un médico clandestino que pudiera curar a sus miembros en caso de que necesitaran atención médica. Carlisle era perfecto. Imagino que el dinero era mucho; drogas y prostitución y ventas de armas siempre representan mucho dinero. Tal parece que los encabronó."
"Jesús," susurré, pasando las manos por mi cabello. "¿Cómo? ¿Cómo los encabronó?"
Liam sonrió con tristeza, sacudiendo lentamente su cabeza. "En realidad, Carlisle nunca respetó a nadie, y nunca pudo cerrar la boca cuando debía. Eligió a la chica equivocada para gritonear y darle una paliza—estuvo a punto de matarla—y sucede que era la prima del líder. Apenas si estaba sobrio o vestido cuando lo sacaron a rastras de la habitación del motel."
"Entonces… espera," Bella le pidió. "¿Fue a ver a Edward y luego huyó a hacer… lo que sea que hizo con esa mujer?"
Los dos la miramos, ninguno de los dos respondimos, porque al parecer eso era exactamente lo que había pasado. Fue como si el verme lo hubiese lanzando en picada. Sentado en esa cabina, pude recordar cada insulto que el hombre me había escupido, incluyendo lo mucho que odiaba el hecho de que fuera idéntico a mi madre.
"Sí, probablemente lo hizo, chica hermosa," dije con un suspiro profundo, entrelazando mis dedos con los de ella debajo de la mesa. Mirando una vez más a Liam, simplemente dije, "Él se lo buscó."
Liam sonrió con suficiencia. "Lo hizo. Aunque, necesitan que alguien reclame el cuerpo."
"No seré yo. Y que no lo entierren junto a mi madre," le dije con firmeza en el último momento.
Mi viejo amigo sonrió. "Eso me imaginé, y no lo hice. Va a ser cremado."
Antes de que pudiera preguntar, añadí, "Y yo le diré a Emmett y Alice. Tampoco les importará, así que…" Encogí un hombro, recordando las palabras de Tanya de hace tanto tiempo. "Algunas personas son simplemente… tóxicas. Él era una de esas personas. Entiendo que haya venido de una infancia horrible, pero en lugar de superarla, permitió que lo absorbiera por completo. Nos trató como si fuéramos los culpables de lo que había pasado, e hizo de mi infancia algo horrible.
"Mi peor miedo era volverme como él, pero en vez de eso, hice el amar a mi hijo y a mi esposa mi objetivo en la vida, darles lo que perdí cuando murió mi madre. Y ya no podía tenerlo en mi vida. No hay absolutamente nada tóxico en mi vida. Hice lo que mi madre quería para mí—escuela, una carrera, una hermosa esposa y un hijo. Emmett pronto va a abrir su propia firma de arquitectura, y Alice está trabajando para alcanzar una buena posición en el museo. Los dos están casados y felices, y pronto Emmett tendrá su propio pequeño. No. Simplemente… no."
Sacudí mi cabeza, mirando a Chase, que estaba jugando con un Cheerio antes de meterlo a su boca. Decirle a él las cosas que mi padre me había dicho me harían sentir enfermo. Pero también, finalmente había entendido por qué mi madre había querido irse simplemente. No podía imaginarme poner a Chase en una situación donde toda fealdad pudiera rodearlo, aplastarlo. También sabía que nunca tendría que tomar esa decisión, porque Bella era la personificación del amor, del hogar, de la felicidad. Acercándome, planté mis labios a un costado de su cabeza, susurrando que la amaba.
Mirando de nuevo a Liam, le dije, "Gracias por decirme, pero todos nos lavamos las manos de él cuándo empacamos en la casa de Forks. Eso no ha cambiado."
Liam asintió, su mirada pasando de mí, a Bella y a Chase, que estaba bebiendo de su vasito para bebé. "Esme tiene que estar sonriendo de orgullo justo ahora," susurró, su ceño frunciéndose un poco. "Esto… esto era lo que quería para ti, para Emmett y Alice. Y me siento feliz de verlo."
Miré a Bella, pensando en cómo mi madre la hubiera amado, cómo estaba seguro que si mamá estaba cuidado de mí, tenía que haber sido responsable por mi Chica de la Biblioteca, pero si creía eso, entonces muy dentro de mí, tenía que creer que podría haber tenido algo que ver en el destino de mi padre. Tal vez el verla en mi apariencia fue lo que lo hizo perder el control después de todo este tiempo. Quizás fue el saber que lo habíamos borrado de nuestras vidas, pasando a cosas excelentes, exitosas, que nada de lo que nos había hecho nos había detenido. Tal vez la culpa y el odio y todo lo demás en medio simplemente lo golpearon al mismo tiempo, apoderándose de él. O tal vez ella intervino, deteniéndolo de tratar de acercarse a mí una última vez. Nunca lo sabría, y en realidad no quería saberlo.
"Edward, ¿estás bien?" Bella me preguntó, inclinando un poco mi rostro para que pudiera verla a los ojos.
Asintiendo, besé sus labios. "Sí, señora. Estoy bien. Estoy mejor que bien. Estoy…" Mi voz se detuvo porque la palabra "libre" vino a mi mente, pero ya me había librado de mi padre hace mucho tiempo antes que consiguiera que lo mataran. "Solo estoy listo para ir a casa, chica hermosa."
Sonrió, mirando a Liam cuando se rio entre dientes de nosotros. Pero cuando me volvió a mírame, asintió. "Yo también, guapo."
Le sonreí y luego a mi hijo, que estaba balbuceando inocentemente alrededor de su puño mientras nos veía con ojos grandes que eran iguales a los míos. Ellos eran mi hogar. Hogar era nuestra nueva casa en la que todavía teníamos que desempacar, que vería una enorme Navidad este año, y que guardaba todo lo que era precioso para mí. Hogar era Florida, con un clima cálido, aire de mar, amigos y familia que no cambiaría por nada. Hogar fue lo que encontré inconscientemente en el momento que puse un pie dentro de la pequeña biblioteca de la universidad hace años.
Sonreí al ver a mi esposa, asintiendo una vez. "Sí, definitivamente estoy listo para ir a casa."
¡A ver, a las tres! Una, dos, tres… ¡Awwwwwwww! Y colorín colorado, el cuento se ha acabado. Espero que hayan disfrutado de este final. ¿Qué les pareció Chase? Un pequeño bookward. Y el "papito querido" recibió el final que se merecía, muerto por la gente mala con la que se rodeé, gente como él. Muchas gracias por acompañarme en una más de mis traducciones, por sus reviews animándome a seguir. Ahora, como siempre, les voy a pedir un último favor. Si me dejan un review las amaré por siempre jajajaja, pero más que nada me gustaría pedirles que le dejen uno a la autora original de esta historia, Drotuno, ella es un amor y se merece que le dejen unas palabras de agradecimiento. Si saben inglés, adelante, pongan lo que quieran, si no, pueden poner algo así:
Opción 1: Hello, I want to thank you for write such a beautiful story. I read the Spanish translation and I loved it.
Opción 2: Hi! I write you this to thank you for allow the Spanish translation of this amazing story. You're a great author.
Solo copia y pega :) y no olviden añadir: Greetings from (su país de origen) o su nombre, para que FF no les marque error o les diga que ya escribieron eso. El link de la historia está en mi perfil.
PD. Para las que no se hayan dado cuenta, les aviso que ya empecé a subir otra traducción de nombre 'Sear', échenle un vistazo a ver si les gusta.
