—Encontrarle Un Uso Mejor—
Esto de ir y venir, de aquí para allá, (arrastrándose en otras palabras y en su pensamiento), hasta hace dos días era lo común y corriente que viene sucediéndoles desde hace cuatro meses y está bien, ya se va haciendo a la idea de que va a ser más tarde que pronto, el encontrar los dichosos horcruxes, que tantos dolores de cabeza les ha traído a los tres.
Pero como que desde hace medio día, específicamente desde el momento en que el maldito guardapelo tocó su pecho, una comezón lo ha comenzando a invadir, la sangre poco a poco ha ido aumentando de temperatura, hasta casi bullirle en las entrañas y no, no se quiere enojar, no se debe enojar, porque ya sabe que esto es lo normal y están juntos, no los puede dejar solos, ni a Harry, ni a ella, pero esas estúpidas ganas de enojarse ya lo inundan por completo y no evita pensar que estaría muchísimo mejor en la comodidad de la sala común de Gryffindor que acá, pasando hambre, frío y miedo, en una misión suicida, con sus dos mejores amigos.
El ver a Harry dormir tan cómodamente sobre su cama, mientras él está fuera, nadando entre pensamientos que no debe pensar y con ganas de enojarse más, no le ayuda mucho. Al contrario, lo cabrea más.
—Dulces sueños ha de tener el niño ¿eh? —. Le dice a Hermione en el momento en que se sienta en una de las sillas, mandando al cuerno su tarea de hacer guardia.
La castaña le lanza una mirada tierna a su pelinegro amigo, que, por fin en varias semanas puede pegar el ojo sin tener pesadillas y vuelve su mirada a quien tiene al lado. El guardapelo brilla bajo la bufanda café que Ron lleva enrollada en su cuello.
—Trae acá—. Hermione se gira hacia el pelirrojo y le quita el objeto que lleva colgando. Al tiempo que deja de sentir ese peso caliente sobre su pecho, Ron puede volver a respirar tranquilamente y aunque el coraje ha remitido mucho, todavía le queda tantito como para hacer enojar a su amiga.
La joven no se coloca el collar alrededor de su garganta, para malos ratos, ya ha tenido su dosis diaria y no se le antoja tener una cuota adicional, así que mejor lo deja bien escondido dentro de su bolso. Si, tal vez sea una insensatez dejarlos por allí, dentro de la tienda, arriesgando y se pierda lo que tratan de destruir, pero está segura que por unos minutos, no pasará nada malo.
Sale al exterior ha seguir la guardia que el pelirrojo ha dejado. La tarde ha caído hace rato y las estrellas asoman por el horizonte. No hace frío, pero lleva tanto tiempo viviendo bajo el cobijo de los árboles, que es una costumbre el cargar con varias capas de telas sobre ella.
Casi una hora después, Ron la encuentra con la mirada perdida en el manto oscuro que tienen arriba. Se sienta a su lado y también alza su cabeza para observar lo mismo que ella. Y los dos ven cosas distintas. Ella, los millones de focos de luz, que los iluminan. Y él, la inmensidad de lo infinito que se expande por todo lugar, y se siente conquistado por ese cielo oscuro cuajado de la pura luz blanca de las estrellas.
—Discúlpame.
— ¿El qué? ¿Qué estas aquí, congelándote el trasera conmigo? —. Le dice Hermione con una sonrisa que es para él, pero que está posada en el cielo. Ron ríe. Con esa risa jovial y gloriosa que no le ha escuchado desde la boda de su hermano.
— ¿Sabes?—. Le pregunta ella un rato después.
— ¿Qué?
—Vivir así como lo hacemos nosotros tiene sus ventajas—. Ron arqueó una ceja, escéptico.
—No todos duermen bajo el amparo de las estrellas—. Luz dorada, inundada de brillo plateado es lo que reflejan los ojos de Hermione en el momento en que los posa sobre la cara de Ron. Y le cree. Sabe que es cierto. No toda la vida va a tener la oportunidad de dormir al aire libre, bajo un cielo estrellado, y con ella a su lado. O quien sabe en un futuro no muy lejano.
Drabble exprés surgido en diez minutos de lluvia, no planeado. ¿Reviews gentecita linda y hermosa? Gracias, nos vemos pronto.
Madame 28/06/11
