28» No valer la pena
22 de Enero del 2016
4:21 p.m.
Hogar de Bruce Goodman
-¡¿Desde cuándo se conocieron?! ¡¿Como estuvo?! ¡¿Quien era ella?! ¡Cuenta conmigo, que guardo secretos!
Era increíble pensar que quien me hostigaba era Jake. Mi hermano se hallaba de brazos cruzados y mirándome con algo de desconfianza, mientras que Alfred solo se mostraba curioso por los eventos. Por otro lado, Dean solo se dedicaba a comer bocadillos del refrigerador.
-¡ANDA DÍ ALGO! Oh...tiene novio. ¡Tiene un novio, es por éso que...!
Fue incontrolable. Con mi mano derecha abierta en una palma, dí una fuerte palmada en la frente de Jake, haciendo que cayera sobre el sofá.
-No preguntes por cosas cómo ésas. -respondí enfadado.
-¡Anda! ¡Y yo te cuento de lo que me ha pasado! -habló de nuevo, con aquél característico brillo en los ojos que solo los cachorros pondrían.
-No me interesa éso. -respondí harto de sus propuestas.
Haciendo rabietas, similares a las de un niño pequeño, comenzó a patalear y gritar. Demandaba saber quién era mi cliente, pero permanecí en silencio. No tardó mucho para que se agarrara de mi pierna, y tuviese yo que arrastrarlo por la casa.
-Oye, no estás mal como barredora, Jake. Tu trasero si que limpia. -dijo Dean con risas.
-¡Mejor usemos tu enorme trasero! -respondió Jake con enojo, siguiendo con su puchero.
-No. Además, a como vas... "tendrás mucha cola que te pisen".
Seguido de éste chiste, podría haber jurado ver el rostro de Jake convertirse en el de un mandril furioso, y saltar a la acción contra Dean.
Usando ésta oportunidad, me salí de la casa y me dirigí a la parada de autobús, esperando poder tomar un transporte a la escena del crímen.
No tardó mucho para que Bruce me alcanzara en una camioneta oscura que podía reconocer. Se paró justo enfrente de la parada, y abrió la puerta trasera.
-Sube. Será más sencillo si te llevo yo. -dijo él, mientras que volvía a ver al frente.
-¿Robaste la camioneta de Dean? -pregunté extrañado.
-Claro que no. La pedí prestada. -respondió mientras sonreía.
Pensándolo por un momento, subí y dejé que manejara hasta el lugar donde habían ocurrido los hechos.
-Cámbiate. Recuerda que irás en calidad de abogado. -dijo Bruce, mientras seguía conduciendo.
-¿Me trajiste un cambio de ropa? -dije con una risa algo reservada.
-De hecho si. Es la bolsa a tu lado.
Abriendo la bolsa con cuidado, noté las ropas: pantalón de vestir y chaleco negro, con zapatos igual de negros y una camisa celeste.
-¿Acaso ésto lo seleccionó Jake? ¿O fue Alfred? -pregunté en tono de broma, mientras veía los ojos de mi hermano por el retrovisor.
-De hecho, fuimos los dos. -dijo fuertemente una voz detrás de mí.
Saliendo de la parte de atrás y de los asientos, aparecieron Alfred, Jake y Dean. A excepción de Alfred, Jake y Dean sonreían como niños que apenas habían hecho una travesura.
-¿Es en serio? -dijo Bruce mientras miraba por un momento para atrás, también con una expresión cansada.
-¡No nos dice nada! -habló Jake.
-¡Así que descubriremos la verdad! -completó Dean el pensamiento de Jake.
-En fin... -dije mientras exhalaba y me quitaba la ropa. -Lo único que quieren es saber quien es ella.
-¡Y por cuanto tiempo anduvieron! -agregó Jake con emoción, mientras que acercaba su rostro de manera amenazante a Ian.
-¡Y cómo estuvieron sus citas! -añadió Dean, siguiendo el mismo patrón de comportamiento de Jake.
-Además...¿que fue de los beeeeesoooos? -al final dijeron los dos a unisono, mientras que se juntaban y abrazaban, creando una parodia de una imagen romántica.
-Oops, luz roja. -dijo Bruce al mismo tiempo que frenó súbitamente,
El par alegórico se estrelló contra mi asiento, y a la vez chocaron sus cabezas. Mientras, mi rostro se estampó contra el compartimento central entre los asientos delanteros.
-¡¿Que rayos fue éso?! -preguntó Jake irritado.
-Ah...les aconsejo que se pongan cinturones de seguridad. -dijo Bruce, volteando a la parte de atrás con algo de seriedad.
-Vaya, vaya...tenemos una gran luna llena. -dijo Dean con una risa, mientras veía como Ian trataba de zafarse de la zona entre los dos asientos.
-En vez de éso, podrían ayudarme. -respondí enfadado, mientras que con la mano izquierda me levantaba un poco el desabrochado pantalón de la parte de atrás.
Acelerando nuevamente, me logré zafar y choqué contra el asiento donde me hallaba. Esta vez, mirando hacia atrás, ví que Jake y Dean se estamparon contra el asiento al mismo tiempo, mientras que Alfred iba relajado y leyendo el mismo libro que le veía varias veces.
-Como dije, les aconsejo que se pongan el cinturón de seguridad. -aconsejó de nuevo Bruce, ésta vez con una voz más melodiosa.
-¡O-oye! ¡Recuerda que estás manejando MI camioneta! -dijo Dean con algo de enfado.
-Y debes recordar quién es tu superior. -respondió de nuevo melodioso y sonriente.
-¡Y tú, debes recordar el motivo por el cuál manejas ÉSTA camioneta! -se entrometió Jake, mientras que sonreía maliciosamente.
De cero a cien, noté un cambio drástico en el humor de Bruce al voltear a ver a Jake. Su mirada era de desesperación, miedo y enojo...
-Ehh... ¿Podré terminar de vestirme? -pregunté, mientras me sentaba un vez más en mi asiento y terminaba por subirme el pantalón y abotonar mi camisa.
Fue cerca de una hora de viaje. Pasamos por la autopista, salimos de la ciudad y fuimos con rumbo hacia las afueras de la ciudad. Pasamos un par de bosques...
Fue un viaje relativamente ,tranquilo, excepto por una petición que siguió constante durante el trayecto...
-Háblame de ella. Háblame de ella. Háblame de ella. Háblame de ella. Háblame de ella. Háblame de...
Jake seguía insistente con su petición. Dean se había rendido desde las primeras veinte veces que lo había dicho, y Bruce seguía manejando, aunque fueron solo un par de veces las que él habló para también hacer la misma petición. Inhalé una gran cantidad de aire por mi boca, y di una exhalación melancólica.
-Su nombre es Jessica Mercer... -dije con algo de incomodidad.
-¡SI!...ok, prosigue. -se limitó a decir Jake, mientras que con sus dos manos, sostenía el respaldo y me miraba con tal emoción, tal cual un perro al ver comida o su juguete favorito.
-Mercer... -susurró mi hermano, mientras que volvía a prestar atención al frente.
-Estudió abogacía conmigo. Por ella, pasé un par de exámenes, y unas maravillosas vacaciones. La conocí un día, caminando por la entrada de la facultad. Se había cambiado de escuela debido a ciertos problemas, y terminó ahí. Recuerdo que un año después, nos regalé un par de argollas de plata, inscritas con la fecha en la que nos conocimos y nuestros nombres. Tenía pensado ponerle alguna frase, pero en aquélla época, con lo cursi que era, escribí mejor su nombre porque, como le dije a ella: "Tú eres mi promesa".
Jake se echó a reír un momento a carcajadas, mientras que se tornaba completamente rojo.
-¡EN VERDAD, QUE CURSI! -dijo, mientras soltaba otra carcajada.
Dean solo tenía una sonrisa en su rostro, mientras que Alfred ahora tenía mi atención y dedicaba su tiempo a seguir oyendo mi historia.
-Y entonces, otro año después...terminamos.
En ése momento, Jake soltó una mini-carcajada, seguida de un abucheo. Por otro lado, Dean ahora se mostraba algo extrañado.
-¡Eso te pasa por ser un enamoradizo! ¡Te enamoras demasiado rápido! -dijo él con seguridad.
-Eso fue lo que pensé. Que le incomodaba, a pesar de pasárnosla increíble...pero...
-¿Pero? -ahora preguntó con algo de curiosidad, mientras que levantaba una ceja.
-Todo...todo éso ocurrió por su hermana.
-Ah...ya entiendo. La típica hermana que sonsaca a su hermana porque sale con alguien que también le gusta: Sí. Ya me ha pasado. -añadió con un tono melodioso.
-Igualmente, éso pensé al principio...hasta que me enteré que era porque su hermana tenía que viajar a distintos hospitales, debido a una condición médica...
Ahí fue cuando su risa se apagó y se empezó a tornar poco a poco en una mueca de incomodidad y arrepentimiento, mientras que Dean se mostraba más dolido de lo que creí que él llegaría a ser.
-¿De casualidad...su hermana se llamaba Emily? -preguntó Bruce.
-Sí. Emily Mercer. -respondí. -Nunca la vi en persona...solo fotografías. Pero... ¿tú como...?
-Llegamos. -dijo Bruce, mientras que daba vuelta en un camino y salía poco a poco hacia lo que parecía ser un sendero que llevaba hacia denso bosque.
El bosque estaba lleno de vida y de color. El aire era fresco, y el olor a pino en los árboles era algo deseable: incomparable a aquella broma de aromatizante que Bruce tenía en el baño.
No tardamos mucho en aquél verde bosque para entonces salir a un prado. Un prado amplio donde había una cabaña grande a la distancia, además de un grupo de personas ahí. Lo más característico de todo el lugar, era que enfrente de aquella cabaña, había un prado de flores pequeñas: rosas, blancas, amarillas y violetas. Todo un prado hermoso...por la extraña excepción de que, en el centro, había un contenedor largo de metal, el cuál estaba rodeado por flores de color azul oscuro y celeste.
Bajando de la camioneta, pude ver que el grupo de cuatro personas vestidas con trajes formales se dirigían hacia nosotros.
-Bruce. Bruce. -repetí su nombre dos veces, mientras que aquellas personas se nos acercaban.
-Espera Ian. -me dijo mientras hacía un gesto con su mano.
Enfrente de nosotros ahora se encontraban estas personas: tres hombres vestidos con trajes negros, corbatas y lentes oscuros. Los tres parecían ser la escolta de la cuarta persona: una mujer de cabellera lacia plateada y celeste, ojos celestes y piel clara; la cuál vestía una falda formal que le llegaba por encima de la rodilla, unas botas cafés que le llegaban debajo de la rodilla, un top de color cobalto, seguido de lo que parecía ser una bata de científico que traía abierta.
-Señorita Weaver, es un gusto que-
-Doctora Kirsten Weaver para usted.
