Capitulo 5: Peligroso mortal

Bella Pov

Hace tan solo unos días que supe que mi amado Edward, el padre de mi hija Nessie, se comunicaba con ella a través de sus sueños.

Sé que mi hija puede revivir animales muertos o curar sus heridas, tiene poderes extraordinarios e increíbles.

Pero una maldición la persigue… cuanto más poder desarrolla, más peligroso se me hace esconderla de los mortales.

Tengo miedo de que alguien malvado pudiera descubrirla y quisiera arrebatarla de mi lado utilizando sus poderes para un mal sin límites.

Hoy era un día lluvioso y nublado en Canadá, no podíamos salir por la neblina asique decidí cocinar.

Estaba preparando unas galletas en casa con Nessie ya que la neblina tapaba todo el camino, realmente daba miedo salir afuera.

Estaba ansiosa esperando noticia de Edward, esperaba que mi hija volviera a hacer contacto con él para que nos diera una noticia alegre. La noticia de su vuelta a la tierra como un mortal.

Sentí un sonido estremecedor que provenía de entre los árboles, me asusté y me asome por la ventana de la cocina a ver si algún humano estaba merodeando mi casa.

Renesmee estaba recostada dormitando mientras yo tomaba coraje y salía a investigar. Tome una linterna y me asomé en el porche de la cabaña. Inspeccioné un poco pero no vi nada por la neblina, estaba comenzando a anochecer y eso me daba escalofríos, era una noche espeluznante.

Estaba a punto de entrar cuando la voz de una niña me dejó paralizada.

–¡Ayuda! –grito una niña.

–¿Donde estas?– pregunté mirando para todos lados.

–Ayúdenme por favor –suplico la voz de la niña que se iba acercando cada vez más.

–Espera –grite –Tomaré mi abrigo e iré por ti– dije preocupada mientras tomaba mi abrigo.

Cerré la puerta con llave dejando a Nessie durmiendo dentro y caminé por la neblina tomando la linterna con fuerza entre mis manos.

El frio era demasiado intenso, mis labios se congelaban y se cuarteaban, comencé a tener miedo… una presencia comenzó a inquietarme.

Quise regresar a la casa, pero ya no veía el camino, no podía ver ni a dos centímetros de mi rostro, no se veía nada, ni mis propios pies.

–Te tengo– dijo una voz aterradora tomándome del cuello y rápidamente sentí como me desvanecía sin poder defenderme.