1998. Abril

Sirius tenía al pequeño Teddy Lupin entre sus brazos. No más que una bolita de carne rosada con una mata de pelo azul muy divertida.

Los ojos ambarinos de su amigo estaban cargados de amor y miedo. En su lugar ¿qué hubiera sentido?

El nacimiento de un hijo debería ser motivo de alegría, pero el padre de Tonks llevaba desaparecido desde primeros de años, como él, un número algo de nacidos muggles.

Pero de eso nada sabía el pequeño Teddy, aquel precioso niño de pelo azul que a todos hacía sonreír con sus cambios espontáneos, como si supiera que en esos momentos oscuros necesitaran un poco de color.

Remus había sentido un fuerte alivio cuando constataron que el niño no había heredado su licantropía pero sí la metamorfagia de su madre.

—Querría que su padrino fuera Harry—dijo Tonks mientras acariciaba la cabecita de su hijo—¿Crees que le gustará?

—Se morirá de alegría—imaginó a su propio ahijado ser padrino y la idea le encantó, sabía que ese niño sería todo un consentido.

—Cuando todo esto pase, haremos una celebración por todo lo alto—comentó Remus acariciando a su esposa.

Ambos se miraron, desconocían el paradero de Harry, pero sabía que seguían con la búsqueda de los Horrocruxes.

Ellos esperaban luchando en cada resquicio que encontraban, los mortífagos cada vez se sentían más impunes en ese clima inseguro, con un Ministerio de su lado.

Pero El-que-no-debe-ser-nombrado lo esperaba, Harry era el eslabón suelto en su plan. Con Harry de por medio podría destrozar todo lo que había creado. La profecía más que nunca era importante, no sabía si era cierta o no pero el mago oscuro lo creía y era motivo más que suficiente para desestabilizarlo.

Con los Horrocruxes destruidos sería vulnerable, de nada servía matarlo cuando parte de su alma seguía almacenada en objetos ocultos.

La misión de los chicos era crucial, hasta que no los hubieran destruidos todos no saldrían a la luz. El plan era una vez destruidos atacar con todo los apoyos que tenían.

En ese momento solo les quedaba aguantar, resistir y plantar cara cada vez que tenían ocasión.

El niño entre sus brazos lloriqueó, y Sirius volvió a la realidad.

La puerta se abrió de golpe, era George Weasley.

—Noticias, noticias de Harry—dijo con una sonrisa brillante.

—Los han visto salir de Gringotts sobre un dragón—todo el mundo está revolucionado.

Remus y Sirius dejaron a madre e hijo para recopilar más información.

Un dragón, Gringotts, Merlín bendito ese chico era único creando expectación.

Esperaba que alguien hubiera tomado una fotografía que inmortalizara el momento.

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Bueno como os prometí hoy capítulo doble, este y el anterior (marzo y abril)

Se van a caer de culo cuando se enteren de quien iba acompañado.

Bueno, pues la semana que viene toca Batalla Final, aún la estoy escribiendo y tiene tela, mucha tela.

Después nos quedará un epílogo, todas las historias necesitan un epílogo, jejejej. Me estoy aficionando a ellos demasiado como recurso.

Hasta la semana que viene.

Besos, Shimi.