Anzu siempre vuelve *cejas cejas* En cuanto a esa gente, ya descansa en paz, ni te preocupes. Ya te venía bien volver, Sweet, que me tenías abandonado, jum. Cuidado con ese batido de coco.


Lacey

Aquello era lo que me faltaba. Ya no podía más con todo lo que estaba pasando. Ver cómo Sheryanna des convertía en un montón de polvo y que aquella mujer repugnante saliese de ella había provocado que sintiese arcadas. Necesitaba relajarme. Pero la única chica que había en aquel momento en la casa era Ruby. Me imaginaba que, al pedirle un masaje, lo haría de forma torpe. Nada más lejos de la realidad. Las manos ágiles de la mujer lobo se desplazaban por mi anatomía con destreza.

Por supuesto, aquello pronto dejó de ser un masaje. Sus labios comenzaron a ocuparse de mis pechos, gemí, disfrutándolo. Quizá Ruby debía ser la bestia que había estado buscando todos aquellos años. Tendría que conformarme, porque era la única que parecía no tener ninguna intención de ir a ninguna parte. Estiré las piernas y sus manos comenzaron a acariciar mi sexo con dulzura. Subió los labios y nos besamos. Yo estaba triste, y ella lo sabía, por eso trataba de consolarme.

Le di un azote, provocando que se estremeciera y nos reímos un poco, la empujé y tomé la iniciativa, mordiéndole el cuello y apretando sus pechos. Fue entonces cuando estuve segura de que me quedaba con ella. Sabía que no habría otra bestia esperándome. Y entonces la puerta de la habitación se abrió de par en par y Ginger lanzó un bufido.

_ Me has dejado tirada_ Exclamó. Me puse en pie, mirándola a los ojos. Estaban aterradoramente fríos._ Me has dejado tirada para venir a tirarte a este chucho pulgoso. Apenas unos momentos después de ver morir a mi madre.

_ Ginger... entiéndeme... estaba asustada._ Traté de defenderme.

_ Yo también estaba asustada... y tú como madre tenías que haber estado allí. Pero no estuviste... ¿Sabes lo que significa eso?

_ ¿Qué significa?_ Pregunté, tragando saliva.

_ Significa que no eres mi madre. Significa, que eres una humana más... una zorrita, a decir verdad.

No me había percatado de cómo el rabo de Ginger había serpenteado hasta mi espalda hasta que fue demasiado tarde y me rodeó, atándome. Lancé un quejido que se convirtió en un grito al sentir como su ensanchada punta entraba directamente en mi culo. Ruby intentó defenderme, pero Ginger, con una facilidad pasmosa, la tomó del cuello y la lanzó fuera de la habitación.

_ Tú y yo solas estaremos mejor._ Dijo, acercándose.

Empecé a temblar sin remedio. La humanidad que pudiese tener Ginger heredada de mí en aquel momento parecía estar ausente. Era la más pura expresión de un demonio. En aquel momento sólo la herencia de Shery prevalecía.

_ Ginger… Sé que ha sido duro perder a Shery así… pero lo que piensas hacer no te ayudará._ Mascullé, ahogando mis gemidos.

_ No quiero que me cuentes historias. Estoy harta de ellas… ahora quiero oírte gemir como una zorra… que es lo que eres.

Noté como algo dentro de mí me impedía morderme el labio y empecé a gemir indecentemente. Mi culo estaba siendo perforado como nunca lo había sido. Pero la cosa no acabó ahí. Vi como del rabo de Ginger surgía una bifurcación, que siguió los pasos del final original y se introdujo hasta lo más profundo de mi sexo.

Me encontraba babeando. Babeando como una posea. Mi hija sólo se reía mientras hacía desaparecer la ropa que llegaba, me tomaba del pelo con desprecio y llevaba mis labios a la entrada de su sexo. No necesité indicaciones o coacción para empezar a devorarlo gustosa. Era mi naturaleza, y era tonto luchar contra ella. Lamí y mordí como una posesa. No me importaba estarme follando a mi propia hija… de hecho, eso era lo que más me excitaba.

Ella lanzó un sonoro grito cuando llegó al orgasmo, manchando todo mi rostro de flujo. Toda mi dignidad y mi cordura se perdieron cuando sentí como una serie de orgasmos se adueñaba de mí. Humillada, emputecida y a la vez satisfecha levanté la mirada, mirando a Ginger, que lucía unos enormes cuernos como su madre. Sus ojos estaban completamente negros cuando me tomó del cuello y me elevó por los aires.

_ Has cumplido muy bien tu función, madre._ Las dos terminaciones de su cola salieron de mí, provocando un sonido de succión. Yo no dejaba de chorrear._ Y ha sido divertido follar contigo… pero se acabó.

Noté como su mano comenzaba a apretar mi cuello, y empecé a sentir cómo se me acababa el aire. La miré a los ojos, suplicando piedad. Pero ella no me la concedería. Nunca me necesitó. Sólo me mantuvo viva porque me encontraba divertida. No me quería, nunca me quiso. Dudaba que Ginger fuese capaz de amar. Cuando cerré los ojos, una última vez, tuve un último y triste pensamiento que, probablemente, si es que existía algo tras la muerte, me acompañaría toda la eternidad.

Sólo había sentido verdadero amor una vez… y había matado a la mujer que había sido. Bella amó, Bella sintió su corazón latir por alguien de verdad. Pero, mientras mi cuerpo desmadejado caía al suelo, y la vida se apagaba de mis ojos, una verdad quedó clara. Ginger tenía razón. Lacey sólo era una zorra.

Maléfica

Estábamos tumbadas sobre la cama, riéndonos. Era maravilloso estar juntas otra vez. Y lo cierto es que me moría porque Anzu me recordase que era suya. De hecho, había intentado volver a intimar en cuanto habíamos llegado a casa. Pero ella me había dicho que no podía, que estaba agotada y que necesitaba reponerse. Había vuelto de entre los muertos, había que concederle eso.

Nos quedamos dormidas sobre la cama, acurrucadas y contándonos historias. Desperté algunas horas después y me la encontré despierta en el sofá junto a la cama, con aguja e hilo en las manos. Nunca la había visto coser, aunque la forma en la que el hilo comenzaba a brillar mientras ella lo enhebraba me daba escalofríos.

_ ¿Qué estás haciendo?_ Pregunté.

_ ¿Recuerdas que te dije que Emma y Regina acabarían con Ginger?_ Me dijo, sin dejar de entrelazar el hilo.

_ Sí._ Dije, bostezando._ ¿Qué tiene que ver eso con lo que haces?

_ Bueno… agilizo las cosas._ Me guiñó un ojo._ Cuando termine estos trajes Emma y Regina podrán acabar con esto de una vez.

_ Necesitas dormir._ Le insistí.

_ Dormiré cuando haya acabado._ Me miró a los ojos._ Sólo quiero acabar con esto de una vez… y que podamos ser libres para hacer lo que nos venga en gana. No soportaría que volviesen a apartarte de mí.

_ ¿Es que siempre sabes que decir?_ Me quejé, mordiéndome el labio._ Vale… pero cuando acabes prométeme que me dejarás que te mime.

_ Podrás mimarme cuanto quieras, prometido.

Ingrid

_ No deberías estar haciendo esto… No sé cómo me has convencido._ Le dije, mirándola a los ojos.

_ No me culpes a mí de tus propios deseos… Ya estaba bien de ser unja frígida… ¿No crees?

Alcé una ceja, mirando a Zelena a los ojos. Aún me costaba entender cómo me había convencido. Pero después de su última discusión con Regina me había empujado contra una pared para besarme. Y lo admito… aquello me gustó. Pero el cómo había pasado de esto a estar tumbada en la cama con ella aún se me hacía confuso.

_ Aún puedes irte si no quieres._ Me dijo, sonriendo.

_ Sí que quiero._ Alcé una ceja.

Zelena se rió, incorporándose, y me besó en los labios. Ella había metido en mi cama, desnuda, y yo simplemente había acabado dejándome llevar. Noté como empezaba a quitarme el vestido, y me dejé hacer, acariciando su piel esmeralda. Juraría que aquella mañana no tenía aquel tono, pero ahora estaba completamente verde. Y lo admito, lo encontraba atractivo.

Mis manos encontraron su culo, y empecé a sobarlo con ansias. Mordí su labio, como castigándola por tomarse el atrevimiento de quitarme el vestido y dejar expuesta mi lencería. No es que Zelena fuese a ver algo que fuese nuevo para ella, pero aun así yo tenía mi orgullo.

Zelena se rió y, con un rápido movimiento, sentí como mi sujetador se caía al suelo. Sus labios rojos no se dignaron a darme tregua, liberando a su ávida lengua que, sin hacer uso de sus captores, comenzó a recorrer mis pechos. La mano izquierda pronto se le unió, pellizcando hábilmente para hacerme estremecer.

La mano derecha, en cambio, se fue directa a por la joya de la corona, y empezó a acariciar mi sexo sobre mis recatas bragas. Sabía que de quererlo bien podría haberme dejado sin ellos, pero lo que quería era precisamente que la tela me hiciera estremecer.

Me caí sobre la cama y me dejé hacer, mirándola con desafío. Zelena sabía bien cómo tocar a una mujer, y la primera vez que llegó a morderme di un respingo, porque no me lo esperaba. Zelena sabía bien cómo usar la sorpresa, porque ese respingo me hizo estremecer.

Subió de nuevo las manos y pasó un buen rato masajeando mi pecho. Cada vez sentía mis pezones más duros, pero ella seguía masajeando, mirándome con una sonrisa perversa. No pude evitar frotar mis muslos en busca de algo de placer. Y cuando cerré los ojos, Zelena hizo a un lado mis bragas y comenzó a jugar con dos de sus dedos en mis entrañas.

Intenté pegar un chillido, pero Zelena me silenció con un beso y me dejé hacer. Finalmente la mujer de piel esmeralda bajó y comenzó a besar mis otros labios. Yo me sujeté en el cabecero, gimiendo de placer. Parecía que, con todo, nuestro conflicto había tenido un final feliz.

Emma Swan

Me resultaba imposible. Según Regina era un hechizo sencillo. Tan sólo tenía que concentrarme y en teoría debería poder mover aquella pluma de encima del escritorio. Pero yo me veía incapaz de hacer nada. Llevaba horas mirándola, y sin embargo seguía en su lugar, completamente estática. Bufé y dejé caer la mirada. Me sentía como una inútil.

_ No puedo, Regina._ Dije, mirándola a los ojos._ Está claro que la magia no es lo mío.

Regina se acercó y me puso la mano sobre los hombros, mirándome con ternura. Estaba claro que ella no perdía la esperanza, a pesar de que yo ya lo había hecho hacía rato.

_ Al principio siempre es más difícil. Pero créeme, merecerá la pena. Acabaremos con Ginger y podremos irnos._ Me aseguró._ Aunque tenga que pasarme años aquí dentro contigo.

_ Por suerte para vosotras, no sois las únicas impacientes por iros.

Alcé la vista y vi a Maléfica en el umbral de la puerta, con un montón de ropa en las manos. La dejó sobre la mesilla y nos miró alternativamente.

_ Anzu dice que es cosa vuestra encargaros de Ginger. Os ha cocido estos trajes. Dice que con ellos vuestra magia fluirá mejor._ Regina tocó el que, al parecer, era para ella, que parecía lycra negra._ Si me lo permitís a mí me parece hacer trampa… pero llegadas a este punto todo me parece poco para acabar con esa cosa.

_ Nosotras tampoco hemos sido nunca amigas de las normas._ Sonreí y cogí el traje._ Los usaremos. Dale las gracias a Anzu de nuestra parte. Nos ocuparemos a partir de aquí.

_ Está bien… y no los rompáis… Anzu se ha pasado toda la noche cociendo._ Dijo, subiendo el tono antes de salir.

_ Voy a estar ridícula con esto._ dijo Regina, mirando el traje.

Efectivamente, era lycra negra, con adornos morados en la zona del pecho, brazos y piernas. Yo me mordí el labio y le dediqué una sonrisa.

_ Pues yo lo veo muy sexy…_ Confesé._ Cuando acabemos con toda esta historia podemos darles otro uso.

_ Anda, cállate y vístete._ Dijo, mientras comenzaba a quitarse la americana.

La verdad es que en este punto de vida ver a Regina desnudarse y no aprovecharlo me parecía una pena. Pero me callé y cogí mi atuendo, que era bastante similar. Lycra dorada… decididamente eso me lo iba a poner en la cama. ¿Anzu acaso pensaba en cosas sucias mientras formaba esas costuras en aquel momento invisibles? Me quedé en ropa interior y finalmente me lo puse encima, tal como Regina. Tenía algunos adornos de color azul, donde Regina tenía los de color morado. Estaban a la par.

_ Bueno… inténtalo otra vez, Emma._ Me pidió Regina.

Suspiré y miré a la pluma. Deseé con todas mis fuerzas que se moviese, pero en su lugar, el escritorio que lo sostenía fue el que salió despedido contra una pared, tirando una estantería llena de libros. Di un respingo y Regina me miró.

_ Bueno, ahora tenemos que trabajar en tu precisión._ Se acercó y me robó un beso. Cada vez estábamos más cerca.