NA: ¡Holaaaaa! Perdón por haber tardado tanto en actualizar, me ha sido muy difícil escribir este capítulo. Hay bastantes puntos clave para la historia que no podía pasar por alto ni escribir a la ligera. Espero que al menos os guste un poquito :)
Capítulo 28: Good and bad news.
Los días habían ido pasando sin una mejora considerable por parte de Draco. La tensión entre él y Angélica no había desaparecido por completo, pero al menos ahora era soportable. Hermione podía ver en los ojos de Draco todo el esfuerzo que ponía en su recuperación, y aunque no podía negar que la fisioterapeuta parecía poner todo su empeño en cada ejercicio, él no había vuelto a sentir nada.
La visita de sus padres aquella mañana le dio la excusa perfecta para salir de la zona de cuidados intensivos y darse un paseo por el hospital. Últimamente necesitaba dejar la mente en blanco más a menudo, y la única forma que encontraba de hacerlo era recorriendo aquellos interminables pasillos de paredes blancas y suelos de brillante mármol. Creía que había conseguido dejar de pensar en todo cuando sintió la urgencia de dejarse caer en algún lado. No se había alejado demasiado, pero sus piernas habían empezado a temblar ligeramente y las palmas de sus manos ahora se encontraban completamente sudadas. Se sentó con torpeza en el primer asiento que encontró y se permitió cerrar los ojos un momento. No quería admitirlo porque se había prometido una y mil veces mantenerse fuerte… pero sus esperanzas iban mermando a medida que pasaban los días y sus piernas no reaccionaban a los estímulos.
Era duro. Joder, todo aquello era muy duro. Y lo peor era tener que ver la frustración en el semblante de Draco cada vez que Angélica salía por la puerta, eso era lo que peor llevaba. Al menos aquel día volvería a ver a Julie, lo cual sabía que le haría tremendamente bien. Había llegado de España por la noche y ahora Alex estaba yendo a buscarla a su casa.
—¿Estás bien? —dijo una voz mientras una inesperada mano se posaba en su espalda con cuidado.
Hermione no sabía cómo había llegado a inclinarse de esa forma en el asiento. Casi se doblaba sobre sí misma a la vez que sus manos cubrían totalmente su rostro, ahora mojado por lágrimas silenciosas. Se encontró con una cara conocida al levantar la mirada.
—Percy —dijo mientras se ponía derecha y sorbía por la nariz. Había empezado a secarse las lágrimas con el dorso de la mano cuando el pelirrojo le tendió un pañuelo de papel—. Gracias. ¿Qué haces aquí?
—Trabajo aquí —respondió el hermano de su ex novio encogiéndose de hombros—. ¿Y tú? ¿Ha pasado algo?
Fue en ese instante cuando se obligó a serenarse, no podía volver a la habitación de Draco y arriesgarse a que sus hinchados ojos delataran que había estado llorando. Se quedó mirando la bata blanca del chico antes de morderse un labio y suspirar.
—Mi novio ha tenido un accidente. Está en cuidados intensivos.
Percy se sentó en el asiento de al lado sin quitar la mano de su espalda.
—Vaya, siento oír eso… ¿Está fuera de peligro?
Que alguien se parara justo delante de ellos en ese momento ayudó a Hermione a evitar contestar esa pregunta. No tenía ganas de hablar de ello, mucho menos de dar detalles sobre su situación. Ambos miraron a la vez a esa persona.
—¿Te conozco? —preguntó Ginny al chico que se sentaba a su lado.
—No lo creo —respondió Percy mientras se levantaba. Luego se giró hacia Hermione, quien todavía se secaba las lágrimas con su pañuelo—. Trabajo en Anestesiología. Si necesitas cualquier cosa me encontrarás allí.
Hermione asintió con la cabeza y ambas amigas vieron al chico alejarse y desaparecer doblando una esquina.
—¿Quién era ese? —quiso saber Ginny.
—Nadie —respondió Hermione, poniéndose en pie—. El hermano de Ronald.
Los ojos de su amiga se abrieron mucho debido a la sorpresa.
—¿Y qué hacía acariciándote la espalda?
—Supongo que sólo me consolaba.
—¿Qué te pasa? —su amiga parecía no haberse percatado de sus lágrimas hasta ese momento.
—Draco no mejora —su voz se quebró un poco al final, pero Ginny se apresuró a darle un tierno abrazo reconfortante.
—Todo va a ir bien —le susurró al oído—. Resurgirá de sus cenizas. Confía en mí.
Hermione respiró profundamente contra el cuello de su amiga. Inhalar el olor de su cabello era extrañamente relajante, de alguna forma la retraía a los buenos momentos de la infancia, esos que no puedes olvidar por más tiempo que pase… y de repente parecía haber recuperado el sosiego y la tan valiosa calma.
Fue cuando se separaron que pudo ver en la distancia a Julie soltar la mano de Alex y salir corriendo hacia ella. Cuando llegó y sus cuerpos impactaron, sintió calidez. Cariño, pureza. Todo lo que Julie era y todo lo que había extrañado desde que se fue. Era bueno tenerla cerca de nuevo, un agradable soplo de aire fresco.
Cuando el atardecer hizo acto de presencia y todos empezaron a irse, las enfermeras entraron en la habitación para la revisión diaria. Hermione saludó al padre de Luna, apoyado en el marco de la puerta, y entró en su habitación sin llamar. La había estado visitando a diario en su intento por conseguir que recuperara las ganas de seguir luchando, y aunque había sido leve, podía apreciar una mejora en su actitud. Ahora sonreía un poco más, y la fantasía oculta en sus ojos a veces asomaba por ellos y dejaba ver un brillo especial a su paso.
—Que sigas por aquí no es bueno —le dijo la chica mientras Hermione se sentaba a su lado—. Ojalá un día dejes de venir.
—¿Por qué dices eso?
—Porque eso significaría que Draco se ha recuperado —respondió—. Me alegraría saber que podéis seguir viviendo un sueño lejos de este infierno.
Hermione contuvo el aliento de manera inconsciente. Ya conocía su opinión sobre aquel hospital, lo consideraba una cárcel de la que no podía escapar. Incluso una vez le había confesado que prefería pasar su último día en la calle que seguir allí encerrada. Podía entender su desesperación, la veía en Draco cada vez que lo miraba… y la sentía ella misma en su piel con el paso de las horas.
—Si Draco se recuperara vendría con él para despedirme, ya te lo prometí. Pero no creas que te librarías de mí tan fácil —le dijo con voz suave mientras esbozaba una sonrisa—. Estaré aquí para ver cómo te levantas de esa camilla de una vez. Porque lo harás.
La confianza en las palabras de Hermione no logró plasmar ni una emoción en el rostro de Luna, que miraba a un punto del suelo de manera distraída.
—Puedo morir en cualquier momento.
—No puedes.
Aquello sí que hizo que sus labios se curvaran hacia arriba por un momento. Luego se movió un poco en su cama, incómoda por los cables que la rodeaban.
—Sí, supongo que no puedo. Todavía tengo varios asuntos que zanjar antes de irme.
—¿Como vivir?
—Algo más importante que eso —dijo ella—. Como disculparme. No podría soportar dejar este mundo sin haberlo hecho.
—¿Con quién tendrías que disculparte?
Luna cerró los ojos. Su respiración era tan suave que parecía estar soñando. No los abrió de nuevo para responder.
—Se llama Theodore Nott —dijo, acariciando aquel nombre con su voz casi infantil—. Nos vimos durante un par de meses, creo. Perdí la cuenta.
—Creí que nunca habías tenido novio —comentó Hermione.
—Nunca lo fuimos. Simplemente salíamos a pasear y a tomarnos de la mano. Ni siquiera llegamos a besarnos. Si lo prolongué fue porque realmente me gustaba, pero un día me asusté al pensar que estaba llevando aquello demasiado lejos y le dije que no podíamos volver a vernos. Prácticamente se lo grité a la cara junto con otras cosas que no sentía en realidad y de las que me arrepiento. Vi decepción en sus ojos, una profunda tristeza que no se comparaba con la que estaba sintiendo yo, y puedo decirte que a mí me dolió en lo más profundo de mi… de mi corazón. Me gustaría poder explicarle por qué hice aquello —Luna abrió los ojos y la miró con tristeza—. Un par de días después me ingresaron y nunca he tenido la oportunidad de volver a verlo.
Después de aquello las chicas se quedaron en silencio, pero Luna cambió el tema de conversación sin previo aviso, como hacía siempre. Siguieron hablando como cada noche hasta que el padre de la rubia llamó a la puerta e informó a Hermione de que los enfermeros acababan de abandonar la habitación de Draco. Esta se despidió del hombre y se dirigió a la habitación de su novio.
—Hola —dijo al pasar—. ¿Cómo ha ido la revisión?
—Como siempre —respondió Draco, que siguió con la mirada a Hermione mientras cruzaba la habitación y buscaba algo en su bolso—. Rutinaria y aburrida.
Cuando Hermione encontró lo que buscaba, lo alzó para que pudiera verlo.
—Tengo que hacer una llamada, enseguida vuelvo.
Y sin darle tiempo a preguntar, salió de la habitación y se alejó lo suficiente como para que no pudiera oírle en el pasillo. Buscó a Julie en la lista de contactos y esperó pacientemente a que contestara la llamada.
—¡Hola —la voz de su amiga siempre le resultaba reconfortante—. ¿Cómo estás? ¿Ha pasado algo?
—Hola Julie, no, no ha pasado nada —se apresuró a decir. Un mechón ondulado cayó por su rostro—. Es que necesito que me hagas un favor.
—Claro, ¿de qué se trata?
Hermione cerró los ojos un instante. No sabía si estaba haciendo lo correcto o si debía meterse donde no la habían llamado, pero algo en su interior le urgía a tomar cartas en el asunto, a no quedarse con los brazos cruzados.
—Theodore Nott. Necesito que lo busques y lo contactes por las redes sociales —hizo una pausa para tomar aire. Sabía que pedir algo así era un poco extraño, incluso intrusivo. Cabía la posibilidad de que su amiga no quisiera ayudarla, y aunque era totalmente comprensible al menos debía intentarlo—. ¿Harías eso por mí?
Julie dejó pasar un puñado de segundos antes de responder.
—Por supuesto —dijo finalmente sin hacer ninguna pregunta.
—Gracias —una leve sonrisa escapó de entre sus labios—. Mañana te explico todo un poco mejor.
—Estupendo, nos vemos mañana entonces.
Hermione le dio las gracias una vez más antes de colgar y volver tras sus pasos.
—¿Qué ocurre? —preguntó Draco cuando la vio entrar en la habitación—. Tú nunca usas tu móvil.
Ella terminó de cerrar la puerta antes de volverse hacia él.
—Nada, tranquilo. Solo le estoy haciendo un favor a Luna.
Él se quedó mirando los oscuros surcos bajo sus ojos.
—Pareces cansada.
—Sí, estoy algo cansada.
—Ven —le dijo Draco, acariciando su mejilla cuando se acercó a su cama—. Deberías irte unos días. Seguro que te viene bien ir a casa y descansar.
Ella negó con la cabeza y se inclinó un poco para darle un beso en la comisura de los labios.
—Ya te he dicho que no voy a irme y no puedes hacer nada para obligarme. Además, mañana es Navidad. Quiero pasarla contigo.
—Siento no tener regalos para ti.
—No necesito nada más que a ti.
Hermione le sonrió, dejó el móvil sobre el sofá y se agachó frente a su mochila para hurgar un poco en ella. Él se la quedó mirando mientras se desnudaba para ponerse el pijama. Sus ojos cristalinos acariciaron su cuerpo con la mirada.
—Ese pijama no es la lencería de la otra vez —comentó él con una sonrisa.
—Ponte bueno y volverás a verla —dijo Hermione mientras se sentaba a un lado de su camilla. Los dos se miraron durante unos segundos antes de que Draco suspirara.
—Sabes que lo estoy intentando, ¿verdad?
—Sí —la voz de Hermione era rotunda—. Sí que lo sé.
Draco frunció un poco el ceño, sumido en sus propios pensamientos. Ella le dejó tiempo para que ordenara sus ideas en silencio.
—A veces pienso que no seré capaz de lograrlo.
—No digas eso —le suplicó ella—. Por favor, no digas eso.
—No lo digo yo, Hermie —su voz era casi un susurro—. Lo dicen los médicos. Les oigo hablar en las revisiones cuando creen que no estoy escuchando.
—Ellos no saben nada —le dijo ella, entrelazando los dedos con los suyos sobre la cama—. Vas a conseguirlo, no me importa lo que digan.
—¿Pero y si no lo hago? —Draco estaba sereno, aunque en su interior ardía una molesta llama de incertidumbre sobre su futuro.
Hermione se levantó para coger su teléfono móvil del sillón. No sabía si terminaría desesperando al intentar navegar en internet con semejante ladrillo, pero pasados unos minutos consiguió llegar a donde quería. Se sentó en un lado de la camilla y apoyó la cabeza en el pecho de Draco, manteniendo el teléfono a la altura de sus cabezas. El vídeo tardó bastante tiempo en cargarse y se quedó pillado unas tres o cuatro veces, pero ambos pudieron ver de nuevo esa escena bajo la lluvia de la que eran protagonistas.
—Si no lo consigues —susurró Hermione cuando el vídeo terminó—, yo seguiré queriéndote como el primer día.
Draco movió la mano para atrapar su rostro en ella. Su tacto era cálido, agradable. Luego la atrajo hacia él para besarla.
—¿Seguirás a mi lado aunque ya no puedas presumir de tener un novio sexy que te lleva en moto a los sitios?
Hermione se rió, pero dejó de hacerlo al percatarse de que él no lo hacía. Draco sólo sonreía levemente, con un atisbo de nostalgia en la mirada. Que su moto hubiera quedado destrozada le dolía más de lo que podía llegar a imaginar, era consciente de ello. Siempre había sido algo característico de él, una seña de identidad de la que estaba tremendamente orgulloso… Y ahora ya no estaba esperándole en la puerta. Fue en ese momento en el que recordó el pequeño regalo que había comprado unos días atrás, mientras hacía tiempo para verle en el estudio.
Hermione se levantó tan rápido que lo hizo sobresaltar. Cogió el chaquetón que llevaba puesto aquel día y buscó en sus bolsillos hasta encontrar aquel pequeño paquete. Volvió sobre sus pasos y se acomodó de nuevo a su lado.
—Debería dártelo mañana, pero creo que ahora es el momento perfecto —dijo, tendiéndole el regalo—. No es mucho, pero creo que te gustará.
Draco arqueó una ceja mientras lo cogía.
—¿Me has comprado un regalo de Navidad?
—Lo compré hace unos días, pensaba traerte algo más de España pero… —Hermione vio cómo trataba de abrirlo con una sola mano, ya que la escayola le impedía mover el otro brazo. Resultaba muy gracioso desde fuera—. Dame, ya lo abro yo.
La chica abrió el paquete de papel y sacó un llavero del que colgaba una pequeña moto idéntica a la suya. Draco abrió mucho la boca mientras la tomaba entre los dedos. Era una copia en miniatura de la moto que nunca volvería a montar. Un suspiro escapó de entre sus labios.
—Feliz Navidad, Draco.
Hermione besó su cuello y acto seguido apoyó la frente en él. Draco la rodeó con el brazo mientras todavía sostenía aquel pequeño pero hermoso regalo.
—Feliz Navidad, mi amor.
Contra todo pronóstico, el día de Navidad fue bastante entretenido. Sus padres les sorprendieron trayendo regalos para ambos, al igual que Ginny, Alex y Julie. El señor Lovegood también llamó a su puerta para regalarle una bonita rosa sin espinas. Hermione se sintió como hacía tiempo que no se sentía, extrañamente bien. El cariño y aprecio que su familia y amigos le mostraban la hacían sonreír constantemente y regalar abrazos por doquier. Aquel día estaba más que feliz, estaba pletórica, y el rostro de Draco irradiaba luz con tan solo mirarla.
En un momento que tuvieron a solas pudo explicarle a Julie por qué necesitaba encontrar a ese tal Theodore Nott. Ella lo entendió perfectamente y le prometió que intentaría dar con él lo antes posible.
Cedric la llamó después de comer para desearle unas buenas Navidades y disculparse por no haber ido más a visitarla. Él y su familia habían vuelto a su ciudad natal para pasar aquellas fechas con su familia, lo cual era completamente comprensible. Después de colgar, Ginny la llevó a una esquina y terminó confesándole que estaba empezando a sentir algo por ese chico tan extraño, pero también que le asustaba dar el primer paso porque todavía tenía muy presente lo sucedido en la casa de la playa de las Patil. Hermione sabía que a su amiga no le sería tan fácil superar el trauma, pero tal vez la compañía de un buen chico le devolviera la confianza en sí misma. Quizás al ser tan opuesto a ella lograra hacerla sentir cómoda después de todo. En un momento dado miró a Draco por el rabillo del ojo mientras seguía escuchando a su amiga. Sí, los polos opuestos estaban destinados a atraerse.
Estaba atardeciendo cuando la enfermera con cara de sapo entró en la habitación sin llamar. Los allí presentes dejaron de charlar animadamente para verla con el ceño fruncido. La mujer contó a todos con la mirada e hizo una mueca de desaprobación que provocó que su cara se arrugara más de lo que estaba.
—¿Pases de visitante? —inquirió Umbridge. Los seis visitantes se miraron entre ellos antes de que Hermione y sus padres enseñaran los suyos. Luego señaló a sus amigas y al primo de Draco con el dedo—. ¿Y los vuestros?
—No tenemos —respondió Alex.
—¿Y cómo habéis pasado? ¡Sólo tres visitantes por paciente! Se va a enterar esa Jennifer de lo que es hacer bien su trabajo… —murmuró por lo bajo antes de exclamar—. ¡Vosotros tres, fuera!
En los días siguientes la tal Jennifer no se movió del mostrador de la entrada ni un minuto. Pedía los pases y los verificaba antes de dejar pasar a nadie, daba igual que hubiera salido tan solo diez minutos a la cafetería. Todo aquello impedía que sus padres y amigos vinieran cuando quisieran y pasaran el día con ellos, ahora debían planificarse y repartirse las visitas. Sin duda alguna esa amargada de Umbridge debió poner firme a la chica en cuanto la encontró.
Hermione estaba sentada en el sillón mientras leía el libro que había comprado días antes con la intención de leer en el avión. Su teléfono estaba guardado en lo más profundo de su bolso. Desde que en esos días había recibido un nuevo mensaje de un número oculto no tenía ninguna intención de volver a cogerlo. Había decidido no abrirlo por el bien de su salud mental, ya tenía suficiente presión con la incertidumbre de qué sería de Draco el día de mañana… pero había veces que no podía quitarse el tema de los mensajes de la cabeza.
Draco y su primo hablaban sobre sus asuntos cuando este último se despidió alegando que había quedado con Julie para ir a comer. Al parecer lo de esos dos iba en serio.
—¿Qué día es hoy? —preguntó Draco cuando la puerta se cerró.
Hermione colocó el separador entre las páginas y puso el libro a un lado. Había contado todos y cada uno de los días que llevaban allí, no le hacía falta pensar en la respuesta.
—Veintinueve de diciembre —dijo ella. Luego se le quedó mirando un momento—. ¿Por qué?
Draco le sonrió ladeadamente.
—Porque voy a necesitar que me hagas un favor…
—¿Qué favor?
—El treinta y uno es el cumpleaños de Alex...
—No voy a ir a ningún sitio —le interrumpió Hermione de manera rotunda.
—Es mi única familia —se quejó, rodando los ojos—. ¿No puedes ir unas horas a comprarle un regalo de mi parte?
—El cumpleaños de tu primo te da la excusa perfecta para conseguir que salga de aquí, ¿verdad? ¿Por qué te empeñas en que me vaya?
Draco volvió a dedicarle una sonrisa tan perfecta que le hizo perder el raciocinio durante unos segundos.
—¿Por qué siempre descubres mis intenciones?
Hermione se levantó del sillón para sentarse en el borde de la camilla.
—Porque eres muy predecible. Llevas pidiéndome que me vaya a casa desde el primer día.
—Solo quiero que sigas haciendo tu vida fuera de este hospital —confesó—. El problema es mío, no tuyo.
—El problema es de ambos —corrigió ella, poniéndole una mano en la pierna y empezando a acariciarla suavemente a través de la sábana—. Si necesitas que le compre un regalo a tu primo lo haré, pero no lo hagas por mí, porque mi lugar está justo a tu lado. Siempre y para siempre.
Los rostros de ambos estaban a escasos centímetros de distancia. Draco la miraba a los ojos con dulzura y sorpresa.
—¿Qué acabas de hacer? —preguntó.
—¿Cómo?
—Tu mano…
Ninguno dejó de verse a los ojos en ningún momento. El corazón de Hermione empezó a latir más y más fuerte a medida que asimilaba aquel par de palabras. Con un débil temblor apoderándose de repente de su cuerpo, Hermione volvió a deslizar la mano por la sábana para acariciar su pierna. Lo hizo lentamente, casi con miedo. ¿Era posible que…?
—Tu mano —volvió a decir Draco—. Tu mano, siento tu mano.
Hermione no podía dejar de mover la pierna mientras esperaba sentada en el banco que había frente a la habitación de Draco. Había salido corriendo a avisar a la primera enfermera que pasara por allí en cuanto comprendió el hecho de que había sentido su caricia, de que su cuerpo había reaccionado ante aquel estímulo. Nunca se había mordido las uñas, pero esa tarde se estaba quedando sin ellas. Tanto el médico como Angélica habían llegado corriendo y se habían encerrado en la habitación para comprobar su evolución. Unos cuantos enfermeros cargados con informes también habían entrado a toda prisa. A ella no le habían permitido quedarse a pesar de haberlo pedido por activa y por pasiva, y con cada minuto que pasaba se sentía más y más ansiosa. Necesitaba que alguien le explicara qué significaba que hubiera vuelvo a sentir sus piernas, por mínimamente que fuera.
Su pecho ardió en ansiedad lo que pareció una eternidad, pero por fin el médico salió y se dirigió directamente a ella. Hermione se levantó de un salto y corrió a su encuentro.
—Buenas noticias —comentó él con una sonrisa malamente disimulada—. Hemos comprobado que efectivamente empieza a tener sensibilidad en las piernas, y aunque es ínfima es una señal de que el tratamiento y la rehabilitación están funcionando. No sabemos todavía si la recuperará total o parcialmente, pero lo que es seguro es que va a mejorar en los próximos días.
—¿A qué se refiere con recuperar la sensibilidad parcialmente? —se apresuró a preguntar.
—A que es posible que recupere cierto grado de sensibilidad, pero no el suficiente como para volver a caminar por él mismo —Hermione tomó una bocanada de aire al escuchar aquello—. No quiero dar un diagnóstico antes de tiempo, pero puedo decirte que esto se da en muy pocos casos. Sin embargo, debes saber que existe la posibilidad.
Ella asintió, ahora con más calma.
—¿Puedo verlo?
—Todavía estamos realizándole pruebas para saber de qué manera proceder con su caso. Hay que actuar rápido ante el primer indicio de sensibilidad por parte del paciente, pero todo lo que debemos hacer va a llevar su tiempo —indicó.
Hermione asintió de nuevo y el hombre volvió sobre sus pasos para regresar a la habitación. No le importaba lo que tardara, ella esperaría lo que hiciera falta. Ni siquiera se le pasaba por la cabeza la posibilidad de ir a su casa a descansar por muy agotada que estuviera. Quería estar allí cuando todas esas personas salieran de su habitación y ella por fin pudiera volver a verlo.
—¿Hermione Granger?
La voz de aquella mujer no le resultaba familiar, pero reconoció a la policía en cuanto giró la cabeza para verla. Los mismos agentes que la interrogaron el día del accidente volvían a estar frente a ella. ¿Tendrían noticias sobre el accidente? ¿Habrían encontrado a la persona que se dio a la fuga? Había muchas preguntas amontonándose en su cabeza de repente, pero optó por mantener la calma y responder a la única pregunta que le habían hecho.
—Sí, soy yo.
—Síganos, por favor —le dijo el hombre.
Demasiadas emociones en un día. Hermione empezó a sentirse ligeramente mareada mientras caminaba hacia la sala de espera donde la llevaron la última vez. Necesitó sentarse en cuanto llegó. Se dejó caer en un asiento mientras sentía un hormigueo por todo su cuerpo, como si la tensión se le hubiera desplomado sin previo aviso.
—¿Qué ocurre? —logró preguntar.
—Hemos estado investigando el caso de su novio, tomando testimonio a las pocas personas que pasaban por allí y analizado las cámaras de seguridad de los negocios cercanos —respondió la mujer con seriedad.
El hombre sacó unas fotografías de una carpeta y se las tendió. Una expresión de horror inundó el rostro de Hermione cuando las miró. Eran imágenes del accidente, lo que estaba viendo era a Draco siendo atropellado y saltando por los aires. No pudo evitar llevarse una mano a los labios, tampoco que sus ojos se humedecieran ligeramente.
—Es imposible reconocer al conductor y la matrícula fue tapada intencionadamente, por lo que tampoco es posible verla, aunque sí que puede apreciarse que se trata de un Ford —continuó el hombre—. Sería de gran ayuda si reconoces el coche. Pensamos que ha sido un atropello planificado, y este tipo de casos suele darse en el entorno de la familia, los amigos y los conocidos.
Hermione estaba horrorizada. Acababa de olvidar por completo la buena noticia de que Draco al fin estaba mejorando, aquellas fotografías tan duras sobre el atropello habían hecho que su estómago se revolviera una y mil veces. Se forzó a mirarlas con detenimiento a pesar de que por su rostro resbalaban unas gruesas lágrimas. Ver el momento exacto en el que Draco impactaba en el suelo era casi desolador, pero un pequeño detalle no le pasó desapercibido a pesar de tener las emociones a flor de piel. Una pegatina en la parte trasera del vehículo le hizo abrir mucho la boca de la sorpresa. Había dicho que se trataba de un Ford, ¿verdad?
Tragó saliva para evitar mostrar la rabia que invadía su cuerpo en aquel momento.
Sí, sí que conocía ese coche. Claro que lo conocía.
¿Me dejas un review? :D
Cristy.
