Esta vez hemos tardado un poco más en actualizar, pero como habíamos sido buenas hasta entonces espero que nos perdonéis jajaja. Como veréis al inicio del capítulo ha pasado un poco de tiempo, es una transición que era necesaria para el desarrollo de la historia.
Esperemos que disfrutéis de la lectura y muchas muchas gracias por leernos y por dejar vuestras opiniones. Esperamos más sobre lo que está sucediendo. Saludos.
Capítulo 28
Habían pasado dos meses, dos largos meses que habían sido una tortura. Emma veía a su profesora todos los días en clase, apenas la miraba y no habían hablado, pero era imposible evitarla completamente. Le dolía verla día tras día, recordándole lo que había pasado, lo que sentía por ella, el engaño, y todo lo demás. Además, Regina tenía una actitud fría hacia ella, la trataba con la misma indiferencia con la que trataba al resto de los alumnos, y sólo se dirigía a ella como "Señorita Swan" cuando necesitaba que respondiera algo sobre literatura. Por suerte, sus clases particulares habían quedado suspendidas desde el primer momento, y sus padres no la molestaban más de lo acostumbrado.
Habían roto, ya no había solución posible para ellas, no hablaban y no se veían fuera de clase, la situación era la adecuada para empezar a olvidarse de su profesora. Hasta le había pasado algo que Emma pensaba que nunca le ocurriría después de estar con Regina: había empezado a salir con un chico. Su nombre era August y se acababa de mudar a la casa de al lado, era dos años mayor que ella, y trabajaba con su padre en un taller de coches. Era alguien a quien definitivamente sus padres no aprobarían por su estatus social, pero era el chico más amable, cariñoso y bueno que había conocido nunca.
Emma lo conoció a los pocos días de la mudanza del chico, él se había presentado de forma encantadora e hizo un par de comentarios que hicieron que la rubia sonriera, algo que no hacía desde antes de terminar con Regina. Desde entonces, August, disimuladamente, había buscado excusas tontas para verla: pedirle azúcar, ayudarle a cortar el césped o incluso sugerirle que fuera su guía para conocer Storybrooke.
A lo largo de esas pocas semanas, Emma rechazó cuatro veces invitaciones para salir a cenar, al cine o pasear. Pero al quinto intento del chico aceptó y desde entonces habían empezado una especie de relación. No habían tenido sexo, pero se besaban, se cogían de la mano y pasaban largas horas hablando de cosas de su edad. Emma no lo había buscado, pero había surgido sin más. August se había convertido en un apoyo para ella, la trataba como una princesa, cuidaba de ella, y era lo que la joven necesitaba en ese momento.
Aunque en su corazón seguía estando Regina, cada beso, cada caricia, cada momento íntimo con su novio, le recordaba a su profesora, era inevitable compararlos. El chico no le hacía sentir cosquilleos por cada parte de su cuerpo, ni le hacía sentir la mujer más deseada del mundo. Pero conseguía, sólo en algunos breves instantes, que el dolor que sentía disminuyera levemente. Y eso, era algo más que valioso para Emma en ese momento.
Los dos últimos meses de Regina habían sido horribles, nunca se había considerado una persona muy sensible, ni de las que lloran, pero era prácticamente lo único que había estado haciendo desde lo que había sucedido con Emma.
Era una tortura ir a clase día tras día, no sólo por ver a la joven rubia y saber que la había perdido, sino por darse cuenta de lo mal que había actuado y el daño que le había hecho a una chica de 17 años.
Era difícil tratarla como si fuera una más, simulando que nunca la había querido, que nunca habían vivido esos momentos tan especiales juntas. Pero era la adulta, y era lo que tenía que hacer, dejarla ir, si no podía tenerla no podía seguir atándola, y tratarla con indiferencia era lo mejor que podía hacer por Emma.
Muchas veces moría de ganas de acercarse a ella después de la clase, como hacían antes, sólo para preguntarle qué tal estaba, o para decirle que estaba haciendo un buen trabajo en los exámenes. Pero al final nunca era capaz de hacerlo.
Por otro lado, Cersei había ido a visitarla tres veces en las últimas semanas, nunca volvía tan seguido, pero era consciente de que pasaba algo y se notaba que quería estar pendiente de ella. Cuando su novia estaba en casa y tenía que besarla o tener relaciones con ella, ya no era capaz de sentir nada. Toda esa situación cansaba a Regina, le preguntaba qué hacía todo el rato y si estaba bien o no. La profesora estaba convencida de que Cersei tenía miedo de que con toda la situación volviera a recaer en sus problemas de juego. Y sí, se le había pasado por la cabeza varias veces coger el coche e irse al casino más cercano, pero se había controlado.
El verano y las vacaciones estaban cerca, y Regina no sabía si era peor o mejor no ver a Emma día tras día. Acababa de aparcar y se dirigía al interior de la escuela cuando vio pasar a la rubia cogida de la mano de un chico. La profesora sintió cómo su corazón se paraba a causa de un pinchazo fuerte en el pecho.
Emma y August se habían parado frente a la puerta, el chico había insistido en acompañarla esa mañana, y cuando se disponía a despedirse de él se dio cuenta que Regina los había visto. Se quedó parada unos segundos, hasta que reaccionó, beso la mejilla de su novio y le dijo adiós con la mano mientras entraba en la escuela. Aunque seguía molesta por todo, no quería hacerle daño a la morena.
Regina pasó por el baño antes de ir a la clase, se le había acelerado la respiración, como si fuera una especie de ataque de ansiedad. Apoyó las manos sobre el lavabo y miró su rostro en el espejo intentando concentrarse para respirar con tranquilidad. No pensaba que fuera capaz de ponerse así, pero estaba claro que todavía no había asumido que Emma y ella ya no tenían nada y podía empezar a salir con alguien. Aunque había pasado tan poco tiempo que le había pillado completamente por sorpresa, estaba claro que la rubia no lo estaba pasando tan mal al fin y al cabo. ¿Habría significado algo para ella toda su relación o sólo había sido un juego para la adolescente?
Zelena salió de uno de los baños y la vio en ese estado.
-¿Pasa algo señorita Mills?-
Regina carraspeó y se enderezó mirando a su compañera de trabajo.
-Nada, voy a clase, hasta luego- cogió su bolso y salió dirigiéndose al aula de Emma.
Entró dentro, como se había retrasado 5 minutos, ya estaban todos los alumnos y hablaban animadamente unos con los otros sin notar la presencia de la profesora. Sólo la joven rubia la miraba en silencio. Regina estaba demasiado enfadada ese día como para tolerar cualquier tontería. Dejó sus cosas sobre la mesa, cogió el borrador y golpeó con fuerza en la pizarra haciendo un gran ruido. Instantáneamente, todos los alumnos se callaron y giraron sus cabezas para mirarla sorprendidos.
-¿¡Ahora van a prestarme atención!?- preguntó alzando la voz. Cogió un montón de folios y empezó a repartirlos -Examen sorpresa- anunció obteniendo quejas generales.
Emma no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Pero a pesar del enfado y la rabia con la que Regina hablaba, pudo notar que sus ojos estaban brillantes, como si hubiera estado llorando. Sabía que tenía algo que ver con el hecho de su entrada con August.
La profesora repartió folios a todos y empezó a dictar las preguntas, todo aquello sin mirar ni una vez a Emma. Luego se sentó en su escritorio vigilando que nadie copiara y haciendo caso omiso de las miradas odiosas que algunos alumnos le dedicaban.
El examen era bastante complicado, pero Emma no tuvo ningún problema en terminarlo antes de tiempo. Levantó su cabeza y se dirigió a la morena.
-Profesora Mills, ya terminé, ¿puedo salir?-
Regina fijó la mirada en ella.
-¿Acaso ha escuchado el timbre?- dijo fríamente.
-No, pero como ya he terminado con mi examen pensé que podría...- dejó la frase a medias porque la profesora le cortó.
-No, no puedes, ¿te crees distinta al resto o qué?- esa pregunta hizo que varios alumnos dejaran su examen para escuchar la discusión.
Emma levantó sus cejas sorprendida.
-No, soy igual al resto-
Se quedaron mirándose fijamente durante unos segundos, hasta que Regina apartó la vista.
-Y los demás sigan con el examen ¿o quieren que les suspenda?- los que estaban con la cabeza levantada volvieron a agacharla, excepto Emma, que seguía mirándola.
Unos minutos después sonó el timbre, los alumnos se fueron levantando y entregando el examen mientras se quejaban en voz baja. Todos salieron, y por primera vez en mucho tiempo, Emma se quedó esperando.
-¿Esto fue por mí?- se levantó acercándose a la otra mujer con los brazos cruzados.
-¿A qué se refiere señorita Swan?- dijo haciéndose la tonta mientras guardaba los papeles en su cartera.
-A nada, supongo que simplemente se levantó con ganas de tratar mal a sus alumnos y de paso darles un examen sorpresa, ¿cierto?- la ironía bailaba alrededor de las palabras de Emma.
-Soy la profesora, puedo hacer lo que me plazca, ¿hay algún problema con eso?- dejó lo que estaba haciendo para mirar a la rubia con las cejas levantadas, como retándola.
-¡Haga lo que quiera! ¡Simplemente haga como siempre lo que quiera!- dijo Emma alzando la voz justo antes de coger sus cosas y salir de ahí.
Zelena apareció tras ella y se apoyó en el marco de la puerta con una gran sonrisa de superioridad.
-No sé si debo culpar a la alumna o a la profesora...-
Regina resopló, el día no podía ir a peor.
-¿A qué te refieres?-
-A la forma en la que te habló tu alumna y la ausencia de sanción por tu parte- caminó hacia el interior lentamente, sus tacones resonaban en el aula y se sentó sobre la mesa de un alumno -¿Algo que alegar?-
-La señorita Swan suele ser una alumna modelo. Tuvo un mal día y se le fue el tono, pero no veo necesario tomar medidas- ni estando enfadada con Emma quería causarle problemas en la escuela -¿Tienes algún problema con mi método, Zelena?-
-Ya os he encontrado en varias situaciones extrañas, y si cometió una falta debe ser castigada para que no vuelva a suceder-
-¿Situaciones extrañas? Simplemente noto que está más avanzada que el resto e intento potenciar su inteligencia, ¿es eso un problema?-
-Ya la he visto salir llorando de aquí y ahora la veo gritando como loca, ¿te parece normal eso? Quizás es algo que deberíamos comentar a la directora- Zelena no dejaba de sonreír.
-Son adolescente, siempre tienen problemas- se colocó el bolso en el hombro -Tengo otra clase en cinco minutos, ¿querías algo más?-
-Nada más... te voy a estar vigilando de cerca Regina-
-Como quieras- dijo intentando no sentirse preocupada, pero por dentro moría de nervios. Salió del aula con miedo de que aquello pudiera perjudicarla a ella, o peor aún, dificultara la entrada de Emma en la universidad.
