Ni los personajes ni la historia me perteneces, la historia es de Carolina Andújar y los personajes de Masahi Kishimoto yo solo me dedico a hacer la adaptación por entretenimiento.
Al igual que en la anterior historia sabrán que yo siempre me demoraré un poco en actualizar dado que saben que yo no cuento con suficiente tiempo pero en estos momentos estoy haciendo lo posible para poder adelantar lo más que se pueda la adaptación la cual espero que les guste y me acompañen dado que esta historia será aun más larga que nuestra amada Vampyr y por consiguiente me gustaría recibir más apoyo que en nuestra anterior historia y también informarles que 6 Romeos 1 Julieta se encuentra actualmente PAUSADA, con la posibilidad de que no sea actualizada hasta el próximo año ya que la chica con quien elaboraba la historia desapareció de la plataforma. Para más información los invito a que vean el Mensaje importante que dejé en la misma historia y pido perdón por las demoras y molestias causadas a todos mis lectores por si este inconveniente los ha incomodado o molestado.
CAPÍTULO 28: Melisma: Monjes del Císter parte 1.
- In- La voz de Deidara me sobresaltó. Me miraba con tanta tranquilidad que temí que fuese a morir de repente.
- ¡No te duermas de nuevo!- le pedí- ¿Tienes sed?
Él asintió, lo que me llenó de alegría.
- Estoy mejor- dijo, con claridad- Me siento consciente.
Sostuve el saco de cuero que contenía el agua sobre sus labios pálidos y bebió poco a poco.
- ¿Te duele mucho?- pregunté.
- Lo inimaginable- dijo, intentando sonreír, y supe por su voz que ahogaba un gemido- Pero estamos fuera de Amegakure. Me siento feliz.
- ¡Yo estoy feliz de que hayas despertado!- exclamé- Deidara, no puedo darte de comer alimentos sólidos, espero que no tengas hambre aún- dije, apesadumbrada- Tampoco puedes beber vino.
- Está bien, solo tengo sed- dijo.
Le di más agua y él suspiró, entrecerrando los ojos.
- El cofre que recuperaste en la logia subterránea ¿Lo trajiste?- preguntó.
- Claro que sí- respondí- Está envuelto en mi abrigo. Di lo demás a los franciscanos.
- Por lo que veo, también adoptaste su estilo de vestir- rio, y apretó los labios con un gesto de dolor.
- Es un buen disfraz- susurré, poniéndome el dedo índice sobre los labios- Hasta el cochero cree que somos monjes.
- Me gusta- murmuró- Estás irreconocible.
- Tú estás hecho un verdadero mártir- dije, apesadumbrada- Deidara ¿sabías que Tenten sobrevivió a la noche de bodas?
- Escuché tu conversación con el cochero- dijo, tomando aire con lentitud- Tenten no sobrevivió, pero sí se levantó para beber sangre después de ser inhumada. Sai fue el primer vampiro viviente, y Tenten la primera vampiresa muerta. Sin embargo- agregó, deteniéndose unos segundos a causa de un espasmo de dolor- en cuanto comprendió que había sido transformada en una inmortal inferior, odio a Sai por haberla matado durante la ceremonia, pues ya nunca sería tan poderosa como él.
Entonces se interrumpió y me pidió que lo ayudase a incorporase un poco. Estaba sudando a causa del dolor y sujetó mi mano con fuerza. El doctor Dosu había dicho que era importante mantenerlo despierto en la medida que fuese posible, pero me sentía culpable obligándolo a hablar. Se lo dije, pero Deidara insistió en retomar la conversación, alegando que lo ayudaba a despejar la mente.
- Tenten juró descubrir el secreto de su amante por sus propios medios- prosiguió, pronunciando con lentitud- pero a duras penas si logró que el diablo le revelara un rito especial para iniciar a tres vampiros a los cuales solo se los podía matar con la desaparecida cruz Patriarcal.
- ¡La condesa Karin y sus dos aliados, Neji y Fū!- balbucí.
- Los mismos- dijo, tragando en seco- Vendieron sus almas al demonio en vida, nutriéndose de sangre bajo el tutelaje de Tenten, para levantarse de sus tumbas como vampiros. Tenten se valió de ellos para instituir su propia secta, en perpetua imitación de Sai, siempre deseando sobrepasarlo. Había aprendido del maestro de la envidia.
Enviar a esos tres vampiros al infierno fue casi imposible para los valientes humanos que se les opusieron. Sé que conociste a Sasori Akasuna, cuya familia tuvo la desgracia de ser objeto de la infatigable persecución de la condesa durante varios siglos.
- ¡Sí!- exclamé- También leí todo el libro de Sakura Haruno. Lo envié a la parroquia del padre Itachi junto con la carta que le escribí a Sakura, pero en él decía que una bruja había sido la instructora de la condesa Karin en las artes negras.
- Lo sé- dijo, llevándose la mano a la herida- Era Tenten.
Deidara se quedó quieto unos momentos y supe que debía descansar.
- Perdóname, te he hecho hablar demasiado- dije, preocupado. Será mejor que guardes reposo, no quiero que la herida se abra de nuevo.
Deidara estuvo de acuerdo y cerró los ojos.
- No dejes de hablarme- murmuró- Me hace bien escucharte.
- Tengo una carta de Sakura- dije- ¿Quieres que la lea en voz alta?
- Por favor. Pero antes dame un poco más de agua.
Así lo hice. A pesar de su lamentable palidez, el tinte grisáceo de su tez se estaba disipando. Tomé la carta y leí de modo que solo él pudiera escuchar:
"Querida Ino:
Fue un alivio recibir tu carta ¡He estado muy preocupada por ti! Gracias por enviar de vuelta el manuscrito de nuestro libro, esperaba recibirlo personalmente de tus manos en nuestra boda, de todos modos, me alegra que me hayas escrito a la parroquia del padre Itachi, nuestro queridísimo sacerdote y amigo. Si hubieras enviado la carta a Sunagakure no la habría leído en semanas y el tiempo apremia.
Sasori está albergándose en la parroquia y yo en el internado, pero los veo a él y al padre Itachi casi a diario. Por el momento, debo discutir algunos asuntos con la directora de Konoha no tōjō pues, como sabes, me hice benefactora de la institución y procuro estar al tanto de sus reformas.
A causa de la humedad, la señorita Samui ha tenido algunos problemas con la cripta que está bajo la capilla del internado (sí, donde reposaba el cuerpo de Rin, Q.E.P.D.): uno de los muros laterales se agrietó y, según Sasori, parece que hubiera un recinto hueco tras el mismo, lo cual no es normal. La señorita Samui deseaba simplemente reforzar las estructuras de la cripta y resanar el muro, pero estoy intentando convencerla de que nos permita traer un equipo de excavación. Presiento que puede ser de gran importancia.
He ido, como siempre, a visitar el árbol marcado con la Cruz, que es hijo de mi árbol. A veces me parece como si me hablara, Ino. Está tan lleno de vida, tan alto y tan fuerte que parece que fuese un árbol mucho más viejo. No puedo negar que siento, cuando lo miro, que Dios le concedió una gracia especial, no solo por la madera de la cruz bendita que reposa bajo el tronco en el cofre, sino por lo que representa en sí.
El padre Itachi es de la opinión que es hora de trasladar la cruz Patriarcal a una iglesia y lo apoyo en su parecer. Aun si debía permanecer escondida en el lugar indicado por el monje en el Mapa, no está segura, y menos con tantos vampiros rondándola. Me refiero, por supuesto, a los cultos luciferinos que han intentado apoderarse de ella, y en especial al Vampyr Sai. Por cierto, espero que nadie en Iwagakure pueda darle a conocer tu paradero, y en especial que ese buen muchacho Yagura que te brindó su ayuda este sano y salvo.
Sasori está revisando cuidadosamente la biblioteca del padre Itachi con la esperanza de encontrar puntos en común entre Ha no jiin y los primeros Vampyr, así como cualquier recuento histórico que pueda llevarnos a develar el misterio del árbol de la vida
Por favor, intenta venir a Konohagakure cuanto antes. No estaré tranquila hasta que estés rodeada de fuertes protectores. Recuerda, Ino que en nosotros tienes una familia. Sal pronto de Amegakure. Con afecto y eterna amistad, Sakura."
- Ah, la señorita Haruno- murmuró Deidara-—Hice lo posible desde el reino de la muerte para que la encontraras en Mizu no Kuni. Sabía que ella y Akasuna te ayudarían.
- ¿Sabías ya quiénes eran?- pregunté, sorprendida.
- Sin duda- respondió, entreabriendo los ojos- Seguía los movimientos de Sai y Tenten desde el reino de la oscuridad, y llegué a conocer muy bien a sus aliados y opositores. Sasori es descendiente de mi hermano, su familia tiene vínculos con la casa real de Deidara.
Aun si él y Sakura jamás conocieron a mis enemigos personales sino a los tres discípulos de Tenten, estos últimos probaron ser tan sanguinarios como su maestra. Te conté que Tenten tomó el trabajo de bruja. Vivió toda una generación en el castillo de la condesa Karin haciéndose pasar por su doncella.
Lo cierto es que quien mandaba allí era Tenten. Karin Kyūketsuki, Neji Hyuga y Fū obedecían todos sus designios; eran sus esclavos espirituales. Cuando Karin y sus secuaces fueron descubiertos y sentenciados por sus crímenes, Tenten también fue condenada a la horca y ejecutada. Por supuesto, no murió, pues se trataba de Tenten: su corazón debía ser atravesado por una estaca.
La noche siguiente, Tenten salió de la tumba que estaba grabada con su nombre como si nada hubiese pasado. Neji y Fū salieron del cementerio transformados en vampiros inmortales y la condesa tuvo que morir en su celda y esperar a que sus restos fuesen inhumados para levantarse transformada en un demonio viviente.
Se interrumpió un minuto para recuperar el aliento y decidí pedirle al cochero que se detuviese en cuanto alcanzásemos el siguiente poblado para cambiar las vendas de Deidara y encontrar una posada en que nos brindaran un plato de sopa, ya que Deidara no podía consumir alimentos sólidos. Ahora pensaba, contra todo pronóstico médico, que iba a recuperarse muy pronto: lo decisivo había sido salir de Amegakure.
- ¿Sabes quién es el sacerdote que realiza misas negras en Amegakure?- le pregunté a Deidara en un susurro.
Él asintió.
- ¿Podrías ayudarle al padre Zōsui a conseguir pruebas para que las refiera a los investigadores de Mizu no Kuni?
Deidara rio con dolor por entre los dientes:
- Yo fui quien envió las pruebas a la comisión eclesiástica de Mizu no Kuni, In. Lo hice de forma anónima. No te preocupes, todas serán verificadas y, si Dios lo quiere así, muy pronto perderá todos sus beneficios y será juzgado.
- Solo dime que no se trata del padre Ebizō y estaré tranquila- pedí.
- El padre Ebizō es un buen hombre. Descuida, está de nuestro lado. Por otra parte, ya no tengo más que mi intuición para protegerte, In.
- Creo que quien necesita protección eres tú- dije, sonriendo- Solo deseo que lleguemos a Konohagakure sin contratiempos.
- Tendremos que pasar la noche en uno de los caseríos- dijo- Será mejor que te hagas con una estaca.
La idea de tener que enfrentarme con algún vampiro durante la noche era terrible, pero ya no tenía la daga de Kurama y sabía que era mejor estar prevenida. Hacia mediodía el cochero se detuvo en un pequeño poblado subalpino en el que conseguí que una de las campesinas, una robusta mujer de pañolón blanco, me vendiese un tazón de sopa de patatas y puerros que di a Deidara mientras el cochero bebía un jarro de cerveza y comía un almuerzo confortante en la taberna.
- Cielos, In- dijo Deidara tras tomar unas cuantas cucharadas- la comida se siente en verdad mucho más pesada en el cuerpo físico. Y el sabor... el sabor es fascinante.
Aun si no pudo beber más de medio tazón, se lo veía feliz. Le cambié los vendajes y comprobé, con gran alegría, que la herida estaba secando.
- Vas a ponerte bien muy pronto- dije.
Tras lavarme las manos y la cara en un pequeño arroyo, regresé al coche para comer algo. Había encontrado un tronco relativamente afilado entre las plantas que pensé me serviría de estaca.
- ¿Qué te parece?- le pregunté a Deidara.
- Si el cochero tiene un cuchillo, podrás pulir la punta mientras viajamos- respondió.
Comí pan con queso y un pedazo de pastel de carne, que estaba frío pero muy bueno. Mientras el cochero regresaba, le pregunté a Deidara qué había sido de Tenten tras salir de la tumba por segunda vez.
- En tanto que Karin Kyūketsuki se dejaba morir de hambre tras la condena de confinamiento en su castillo para acercar el momento en que Lucifer la levantaría de la tumba como vampiresa inmortal, Tenten buscaba el modo de matar a Sai para adueñarse de su poder. En ese entonces, Sai ya había comenzado a propagar las ideas naturalistas que serían los cimientos del culto demoníaco que deseaba fundar, ideas que eran necesarias para que la adoración de la Naturaleza reemplazara en el momento oportuno la adoración de Dios.
Satanás buscaba, pues, que la adoración de la creación sustituyera la del Creador para que algún día el hombre terminase por adorarse a sí mismo, que es lo que pretende asegurar por medio de Chōjūrō y que ya ha impulsado a través de Sai y la secta homicida. Todo lo anterior permitiría a Sai, claro está, tener miles de subordinados incondicionales que lo mantuviesen en el poder como vampiro supremo y amigo predilecto del demonio en la tierra.
Tenten intuyó, pues, que de algún modo la destrucción de Sai debía llegar por medio de uno de los más preciosos símbolos de adoración a Dios, y llegó a la conclusión de que este símbolo, aunque terreno, tenía que provenir de la fuerza primordial opuesta a aquella que anima, de modo artificial, a los vampiros. Por lo tanto, se concentró en el hallazgo de una fuente de vida custodiada por los ángeles del Cielo desde la expulsión de Adán y Eva del Paraíso.
- El árbol de la vida- dije.
- Sí- replicó él, con dificultad- Sin embargo, si el mismo diablo no puede acceder al árbol que está en el paraíso, mucho menos podría una esclava del primero aproximársele y ella, a diferencia de otros demonios, aún tenía un cuerpo físico y por lo tanto estaba atada a la tierra.
Tenten se dijo que debía hallar algún tipo de manuscrito que le brindase información adicional acerca del árbol divino, y para ello debía recurrir a los guardianes tradicionales de la ciencia sagrada, encargados de la transcripción, traducción y preservación de los mayores misterios de la religión.
Estos son, como bien lo sabes, los monjes. Como al demonio le complace cualquier tipo de profanación, guio a Tenten hasta el monasterio de Ha no jiin, hacia donde peregrinaban por aquellos días dos monjes cistercienses de gran sabiduría y bondad.
Uno de ellos había sido designado por el papa para recopilar y estudiar algunos antiguos manuscritos que hacían alusión al árbol de la vida los cuales, precisamente, llevaba consigo el monje a Ha no jiin para dedicarse al trabajo que le habían encomendado durante el duro invierno.
Unos golpes en el vidrio lateral me sobresaltaron: era el cochero, quien había retornado. Aliviada y riendo de mí misma, le pregunté si había disfrutado su almuerzo.
- La comida de Uzushiogakure no es tan buena como la de Hi no Kuni- dijo- pero me harte de cerveza ¿Lista para proseguir, hermana?
- Por supuesto- respondí. El cochero me resultaba simpático- ¿Hacia qué hora piensa que llegaremos al poblado donde hemos de pasar la noche?
- Estaremos allí alrededor de las siete de la noche- dijo, y ocupó su lugar en la parte frontal del coche- Usted descuide, conozco al posadero y ninguno de nosotros tendrá que dormir en la diligencia. Quizá nos topemos con ese muchacho Chōjūrō, pues allí lo dejé.
- Vaya- dije, tragando en seco- no sé si desee conocerlo después de todo lo que me contó- Tal vez logre convertirlo con su fe, hermana- rio él.
- Si Dios me lo concede- dije, atemorizada- Disculpe ¿no tendrá un cuchillo que pueda prestarme? Quiero labrar este tronco durante el viaje para entretenerme- dije.
- ¿Usted? ¿Una mujer? ¡Qué rareza! Tengo una navaja, si le sirve. Tenga cuidado ¿eh? Recién la hice afilar- respondió, extendiéndome un estuche de cuero que contenía una navaja de bonito mango tallado.
Le agradecí con una sonrisa y volví a cerrar la ventanilla que nos comunicaba con él para que Deidara pudiese continuar con la historia. El cochero entonó una alegre canción que supuse debía ser típica de su región natal y espoleó los caballos: las montañas de Konohagakure estaban ya muy cerca y pronto iniciaríamos el ascenso. Acomodé mi manta lana para que le sirviese de almohadón a Deidara y así pudiera incorporarse un poco. Él se aclaró la garganta y continuó:
"Poco después de que la condesa Karin se levantara de la tumba y matara, ya transformada en vampiresa, a la esposa del joven antepasado de Sasori Akasuna con quien estaba obsesionada, se dirigió a Konohagakure en compañía de Tenten y sus cómplices tras las huellas de los monjes que portaban los manuscritos deseados.
Aun si Karin, Neji y Fū eran más poderosos que Tenten tras su transformación, su maestra tenía muchos conocimientos que ellos no, y seguían reverenciándola como suma sacerdotisa e intermediaria entre ellos y el demonio. Tenten ordenó que todos partiesen a las montañas de Konohagakure pues su prioridad era, por encima de todo, acrecentar su poderío personal.
Los monjes surcaban entonces la densa cadena montañosa sobre dos mulas, encomendados solamente a la voluntad de Dios, sin abrigo que sus pobres hábitos y sin más armas que la fe. Por la misma devoción que ambos profesaban al Altísimo, presintieron que un gran peligro se acercaba por influencia del maligno y, temerosos de caer por uno de los muchos despeñaderos en la oscuridad, decidieron pasar la noche en una pequeña cueva en lo alto de la montaña.
Como hacía tanto frío en la cumbre y el viento helado soplaba se consideraron privilegiados por hallar un montón de leña seca en el interior de la cueva y dedujeron que esta había sido ya refugio de otros peregrinos. Encendieron, pues, una fogata, y decidieron tomar turnos para vigilar la entrada y dormir, respectivamente.
El más viejo de los dos se extendió junto al fuego con la alforja en que guardaba los manuscritos bajo su cabeza y el monje más joven se arrebujó en su túnica de espaldas a las llamas tibias, orando sin cesar para que aquello que los estaba siguiendo se marchara sin hacerles daño. Un par de horas después las mulas rebuznaban como enloquecidas y el centinela supo que deseaban alertarlo.
Despertó entonces a su compañero y cada uno tomó una antorcha de la fogata. Expectantes, ocuparon posiciones a la entrada de la cueva junto a las mulas, con los ojos fijos en el reflejo de la blanca nieve del exterior. Minutos después, cuatro figuras de rostros pálidos y ropas oscuras aparecieron en la distancia.
Temblando, los monjes reconocieron en sus ojos maléficos la presencia del diablo. Eran Neji, Fū, Tenten y la condesa Karin quienes se acercaban a ellos.
- ¡Atrás, en nombre de Cristo!- ordenó el Císter mayor a los demonios encarnados que gesticulaban a solo una decena de metros para aterrorizarlo.
- Entréganos tus manuscritos y solo mataremos al joven- respondió Tenten con la voz que caracteriza a las vampiresas tentadoras, animal y altisonante a la vez.
- Saca el agua bendita de tu alforja- susurró el monje mayor al más joven- Estos vienen en pos de Satanás para destruir la palabra de Dios.
El joven entregó su antorcha al viejo, quien a su vez formó una cruz con ambos maderos encendidos. Acto seguido, el joven se dispuso a encontrar la botella donde llevaban el agua bendita.
- ¡Marchaos, hijos de las tinieblas!- exclamó el viejo, enfrentándose a los cuatro vampiros.
- Eso jamás- dijo Neji, el vampiro de carnes blandas y rostro alargado, con una carcajada capaz de paralizar de terror al más valiente- No sois más que seres mortales. Vuestros cuerpos, aunque débiles, nos servirán de alimento esta noche.
- Nuestras almas irán al Padre Celestial- respondió el monje, haciendo acopio de valor- ¿Qué habrá para vosotros cuando Dios os castigue?
- Allí será el llanto y el crujir de dientes - gimieron los cuatro al unísono, sus ojos llenos de odio, rechinando los colmillos afilados.
- ¡No me digas!- lo interrumpí- ¿Los vampiros saben que les espera el llanto eterno?
- Lo saben muy bien- dijo Deidara- por ello hacen tanto daño como pueden mientras llega el Juicio Final.
- ¿Qué pasó después?- pregunté.
- El viejo monje, viendo que los cuatro demonios de dientes afilados estaban a punto de abalanzarse sobre él, dijo a su compañero en secreto que salpicara las llamas con agua bendita.
De inmediato, el vapor se difundió hasta la entrada de la cueva, impregnando a los vampiros, quemándolos y encegueciéndolos.
- ¡Ahora!- dijo el monje viejo a su compañero, y ambos se precipitaron contra los vampiros, rociándolos con agua bendita y obligándolos a retroceder hasta el borde del abismo.
Los vampiros lanzaban manotadas enfurecidas hacia los monjes, pero el poder del líquido sacramental les hacía tanto daño que tropezaban entre sí, y tres de ellos rodaron por el despeñadero. Tenten, quien era la más malvada, se sostuvo sin caer, profiriendo imprecaciones contra los hombres que de forma tan inocente la habían derrotado.
Al final, sacando fuerzas de su propia perversidad, arremetió contra el viejo monje con las garras extendidas y estuvo a punto de clavarle los dientes en el cuello, pero el más joven se lanzó contra ella y, de un golpe, la arrojó a la oscuridad del barranco.
Como ninguno de los dos monjes conocía la naturaleza de los enemigos a los que acababan de enfrentarse, esperaban que en cualquier momento volvieran a aparecer, quizá volando sobre sus cabezas. Por lo tanto, corrieron de vuelta a la cueva y permanecieron orando hasta el amanecer con la botella de agua bendita entre las manos. No podían adivinar a dónde habían ido a parar los cuerpos de los demonios que los habían atacado e ignoraban si sus cuerpos eran reales o ilusorios.
Lo cierto es que los tres primeros habían rodado hasta el fondo del abismo, haciéndose daño considerable pero inferior al que el agua bendita les había causado. Por su gran poderío, solo estuvieron malheridos y muy debilitados hasta que, muchos días después, se alimentaron de sangre humana de nuevo.
Tenten, en cambio, aterrizó a la entrada de una gran caverna de hielo, con tan mala suerte que su corazón fue atravesado por una estalagmita. Murió entre espantosos quejidos maldiciendo a dios, a los monjes y a Sai, quien no la había hecho una vampiresa lo suficientemente fuerte como para no morir de forma tan fácil.
Su alma, que ya se había degradado de humana a demoníaca, fue arrebatada de inmediato por Satanás sin que un solo acto de piedad se adeudara en su favor. Fui testigo de que, aun en el umbral de la muerte, el demonio ya le cobraba en tortura y sufrimiento el poder que le había dado en la tierra. Pocas veces vi un alma más sucia y malvada cruzar las puertas del infierno."
- Supongo que si Chōjūrō busca su cuerpo en las cumbres de las montañas de Konohagakure, los otros vampiros jamás se molestaron en recogerlo.
- Tenten se les apareció en forma espiritual a sus tres pupilos y les prometió muchos favores a cambio de venganza, pero no les dijo dónde estaba su cuerpo. En realidad, poco le interesaba ya, pues su corazón maldito había sido traspasado y sabía que no podía ser reanimada hasta el Juicio Final. También se manifestó ante Sai, jurando aumentar su poder si él encontraba una forma de hacerla encarnar de nuevo para engendrar juntos al hijo de Lucifer.
- ¿Así que Chōjūrō busca en vano?- inquirí- Según dices, no le serviría de nada encontrar el cuerpo de Tenten.
- Mal paga el diablo a quien bien le sirve- replicó Deidara, con un espasmo de dolor- Estoy convencido de que el demonio solo está poniendo a prueba la disposición para el mal del muchacho. Además- agregó- Sai tampoco podría hacer que Tenten encarnara.
- ¿Ah, no? ¿Qué hay del rito de la noche de bodas?
- Tú y yo manipulamos la profecía de la secta, In. Aun si Sai pudiera cumplir con todos los requisitos, la verdad es que tú no fuiste enviada por Lucifer para satisfacer sus planes de procreación.
- Eso no me tranquiliza en lo absoluto- dije, tragando en seco- Tú mismo has comprobado cuán eficaces son los ritos demoníacos de Sai.
- Cierto- dijo él- Lo que importa, de todos modos, es evitar a toda costa que sepa dónde estás.
- Cuéntame qué ocurrió con los monjes después de su encuentro con los cuatro vampiros- le pedí, extrayendo la navaja del estuche para labrar la punta de la estaca- Confío en que hayan alcanzado su destino.
"Al despuntar el alba examinaron el abismo, pero este era tan profundo que no podían ver más allá de unos cuantos metros, así que partieron arriando sus mulas. Poco tiempo después, los tres vampiros sobrevivientes llegaron a las inmediaciones del monasterio para vengarse de los monjes, causando lo que se conoce como la peste negra de Konohagakure.
Sin embargo, los dos peregrinos ya habían alertado a los hermanos cistercienses y a la población, por lo que muchos se salvaron. Además, los monjes de Ha no jiin documentaron todos sus encuentros con los seres que los acechaban, y sus métodos para ahuyentarlos resultaron tan efectivos que en poco tiempo lograron hacerlos partir, derrotados.
Los monjes cistercienses del siglo XVII fueron expertos cazadores de vampiros, tanto que una legión de soldados no habría logrado la mitad que ellos, pues el demonio no los intimidaba. Karin Kyūketsuki. Fū y Neji Hyuga siempre recordaron con profundo odio el monasterio que llegó a conocerlos tan bien, al punto de reducirlos a la posición de perseguidos.
Todas las víctimas de los vampiros fueron liberadas después de muertas: sus cabezas fueron seccionadas y sus corazones removidos del pecho e incinerados para evitar que sus cuerpos fuesen utilizados por el demonio en la posteridad. En aquella ocasión, la condesa y los suyos habían desangrado a más de un centenar de personas con el propósito de vengar a Tenten, aumentando así la población de vampiros de modo que los monjes no pudiesen controlarlos.
Fueron, aun así, vencidos y humillados, y se marcharon de Konohagakure jurando retornar algún día. Sai, en contraste, ha sido siempre muy cauteloso desde que obtuvo la inmortalidad terrenal. Sus impulsos no son los de un animal hambriento, como lo eran los de la condesa y los suyos. Él posee la inteligencia del mal, y sabe esperar y planear como ninguno: es por esto que nunca ha sido descubierto y no existe literatura al respecto de él que no sean meras especulaciones de la secta que fundó."
- ¿Qué ocurrió con el trabajo que el papa le había encomendado al monje y los documentos relacionados con el árbol de la vida?- inquirí, pelando un gran trozo de la punta de la rama.
- Están en la biblioteca de Mizu no Kuni- respondió, tomando aire con lentitud- El monje realizó una labor tan exhaustiva como hermosa. Lo más bonito de todo, sin embargo, fue la revelación que tuvo cuando terminó de escribir.
- ¿Qué revelación?- pregunté.
- Esto no lo vi yo pues, en aquel entonces, por el hechizo de Sai, no Podía atestiguar ninguna manifestación divina desde donde estaba, pero pude escuchar la conversación en la que el viejo monje refirió el evento a un fraile visitante de Kusagakure que había llegado hasta Ha no jiin, justamente, siguiendo a la condesa Karin.
- ¡Ah! ¡Sakura hablaba de él en su libro!- exclamé.
- Sí- dijo él, sonriendo y enseñándome sus dientes blancos. Estaba muy bello cuando sonreía a pesar del dolor- El fraile de Kusagakure era cercano confidente del antepasado de Sasori Akasuna que mencioné hace un rato, y por ello estaba al tanto de los resultados del pacto de la condesa con el diablo.
"Nunca supo de Tenten pero pudo rastrear a Karin Kyūketsuki hasta Konohagakure y así conocer al monje que se le había enfrentado en aquel despeñadero de las montañas de Konohagakure con Dios como aliado y los vampiros como enemigo en común, los dos monjes pronto entablaron una gran amistad.
El viejo monje encargado de recopilar y proteger los manuscritos del árbol de la vida le narró al otro, como te decía, un evento en particular que le dio gran regocijo. Aconteció que, recién acabado su trabajo, vio una luz dorada que llegaba desde el cielo para iluminar el punto más alto de la colina que estaba frente a su celda en el monasterio.
En ese momento sintió que su corazón vibraba de dicha y escuchó una voz dentro y fuera de sí que le decía:
- Me placería, que plantaras un árbol en el lugar que te indiqué. Lo que allí siembres será bendito y las asechanzas del demonio no prevalecerán contra su fruto.
El monje plantó, entonces, con gran ilusión, un pino en aquella colina. Su amigo, el fraile de Kusagakure, realizó un plano del monasterio y marcó con una X el lugar exacto donde crecía el pino, seguro de que aquel pedazo de tierra había sido tocado por la mano de Dios"
- Ahora comprendo por qué, aun si la llegada de la condesa a Konoha no tōjō causó la caída del árbol, un nuevo pino creció de la nada en el mismo lugar. Oh, Deidara, creo ahora más que nunca que estar cerca del árbol te ayudará a sanar.
- Debería ser un lugar de peregrinación. Es solo que, al ser un internado y no un monasterio, nadie podría protegerlo eficazmente.
- ¿Sabes algo del lugar escondido que está junto a la cripta de Konoha no tōjō?
- Nada- dijo- Dejé de observar a los monjes para dedicarme a Sai. No sé por qué ha puesto tanto empeño en averiguar el donde crece el pino. Por suerte logré hacer que tu prima lo olvidara en el baile de la señorita Biwako antes de que le proporcionase más información, pero es evidente que Sai sospecha que está en el bosque del antiguo monasterio.
- Cuánto quisiera conocer la forma de acabar con él- dije- ¿Nunca has tenido siquiera un indicio del modo en que se le puede dar muerte?
- No- respondió, con aire preocupado- Lo ideal sería que la tierra se abriese y lo tragase, pero supongo que es mucho pedir.
Le di la razón. Ambos estábamos muy cansados, así que me tendí su lado usando mi capa de almohada y dejé que mis ojos se cerraran. Deidara tomó mi mano en la suya y el sueño me venció en pocos minutos. Cuando desperté, el cielo se había oscurecido. Sobresaltada, me incorporé y verifiqué que Deidara estuviera respirando.
- Gracias a Dios- suspiré, observando que su pecho se movía.
El camino por el que el cochero guiaba los caballos era muy estrecho y estaba cubierto de nieve. Abrí la ventanilla para ofrecerle comida y vino, y él detuvo el coche unos instantes para alimentarse.
- Gracias, hermana- dijo- Tenía hambre.
- ¿Cree que tardaremos mucho en llegar a la posada?- le pregunté.
- Una hora a lo sumo- respondió, masticando con la boca abierta- al menos cesó de nevar.
- ¡Qué bien!- dije, temblando- Espero que tengan una buena chimenea.
- Cúbrase, hermana- aconsejó- Yo tengo un sombrero de piel y un abrigo apropiado para estar a la intemperie, pero su hábito no basta para el clima de estas montañas.
Cerré la ventanilla y, tras ponerme el abrigo, bebí de la otra botella de vino y comí el resto del pan, el queso y el pastel de carne. Le di algo de agua a Deidara y me cubrí con la manta de lana, frotándome las manos para calentarme. Estaba asustada por la imperante oscuridad y temía que Sai u otros vampiros nos saliesen al encuentro de repente como habían hecho Tenten y la condesa con los monjes. Jamás había visto a Sai actuar sin algún tipo de afectación hacia mí: siempre había representado un papel pero estaba segura de que, de revelarse tal y como era en el momento del ataque, podría matarme del miedo.
Tal vez lo conocía un poco más que otras personas gracias a la primera agresión, que había sido tan subrepticia como anónima, y su transformación al matar a Kankuro Uzuki mientras yo lo observaba escondida tras los árboles de su patio. Aun así, Sai no se había acercado a mí con la intención de matarme hasta el momento. Recordé que, a veces, su mirada parecía la de una mujer cruel y serpentina y me estremecí pensando que quizá en él se habían fundido los principios masculino y femenino del mal. Después de todo, Jūbi era una especie de bestia hermafrodita que Sai adoraba.
Una lámpara de aceite colgaba del lado izquierdo de la parte frontal de la diligencia pero no ayudaba mucho a la iluminación sino que más bien arrojaba sombras sobre la nieve. El suelo estaba blando y amortiguaba el peso del coche, que no saltaba tanto a pesar de lo escarpado del terreno. Recé sin parar suplicando la protección de Dios mientras palpaba la estaca, cuya punta estaba ya perfectamente afilada. No entendía cómo hacía el cochero para distinguir el camino en la negrura de la noche: el doctor Dosu había conseguido, en verdad, el mejor guía posible para nosotros. Tras largo tiempo de mirar por la ventana imaginando que Sai saltaba hacia nosotros desde la ladera, divisé unas lucecillas dispersas en lo alto de una colina. Contenta, me acerqué a la ventana y golpeé el vidrio suavemente con el puño.
- ¡Sí, hermana!- gritó el cochero- ¡Ese es el poblado!
Era una visión preciosa: las ventanas de las casas se hacían más nítidas conforme avanzábamos y el humo de las chimeneas flotaba sobre los tejados.
- ¡Deidara, despierta!- llamé- Ya estamos aquí.
El coche ascendió por la colina y nos detuvimos frente a una gran casa de madera de pino cuyas pequeñas ventanas irradiaban cálida luz.
- ¡Esta es la posada, hermana!
El viento aullaba sacudiendo los abetos de un lado al otro. Abrí la puerta lateral y salté fuera de la diligencia. El cochero y yo fuimos por el posadero, un hombre alto y amable que hablaba mi lengua natal con acento extranjero. Él nos ayudó a sacar del coche a Deidara en la improvisada camilla de palo y lienzo sobre la que lo habíamos subido.
Dentro de la casa nos recibió su hija, una joven muy bonita de unos trece años de edad quien nos mostró una pequeña habitación donde pusimos a Deidara. Pedí que instalasen un catre al lado de su cama para poder cuidarlo durante la noche pero, como no tenían uno, la hija del posadero me asistió en improvisar un colchón con varios edredones de plumas.
La casa era hermosa y caliente, y en el salón principal ardía un gran fuego alrededor del cual estaban sentados varios hombres. Noté, en especial, los alegres cojines, tapetes y cortinas de tonos rojos, verdes, azules y blancos. Un gran reloj cucú con motivos de flores y pinos colgaba sobre la chimenea.
- Todos nuestros visitantes dicen que es la casa más bonita del lugar- comentó una niña un poco mayor que la primera, pero tan guapa como ella. Adiviné que eran hermanas- Por eso tenemos buena fama y los esquiadores y alpinistas prefieren quedarse con nosotros. Además, la comida de mamá es la mejor.
- No puedo esperar a probarla- dije, sonriendo. Mi estómago rugía de hambre y Deidara había comido mucho menos que yo, así que le pregunté a la niña si su madre habría cocido algún puchero esa noche.
- Siempre- dijo ella, sonriendo- Yo la ayudaré a alimentar al monje enfermo. La verdad, hermana, parece un rey herido.
Pensé que la niña era suspicaz.
- Gracias- dije, sorprendida- ¿Cómo te llamas?
- Chōchō- respondió, en su idioma- Mi hermana y yo somos las niñas más inteligentes de las montañas de Konohagakure. Sabemos sumar y restar.
- Es un hogar definitivamente sorprendente- comenté, riendo un poco para mis adentros. Lo cierto es que la chiquilla era muy simpática.
- ¡Y usted es la monja más bonita que he visto!- dijo- Debería casarse con el monje y ponerse un lindo vestido.
Reí ante la confusión de la niña y fuimos por la sopa para dar de comer a Deidara. Olía tan bien en la cocina que me habría quedado allí gustosa. Al llegar a la habitación nos encontramos con que el cochero y el posadero habían llevado a Deidara al cuarto de baño para que se refrescara, lo que les agradecí profusamente. Estaríamos perdidos sin su ayuda, pues yo no podía levantarlo ni sostenerlo.
- Insistió en caminar por sí solo y lo ayudamos a regresar- dijo el cochero, acomodándolo en la cama.
- Vaya terquedad- dijo el posadero- Ni que fuese soldado.
Arqueé una ceja y miré a Deidara con fingida desaprobación.
- No puedo depender de ustedes todo el tiempo- dijo, sonriendo.
Chōchō me ayudó a cambiarle los vendajes, pero no había sangrado en todo el camino.
- ¿Qué le pasó?- preguntó la niña.
- Alguien trató de matarme- dijo él- Sin embargo, estoy sanando muy pronto.
Era cierto: salir de Amegakure había sido un milagro en lo concerniente a la salud de Deidara. Comí un plato de queso fundido y pan en la habitación, y entonces recordé que había dejado la estaca en la diligencia, por lo que dejé a Deidara comiendo con Chōchō mientras salía.
Nuevamente les agradezco a todas y cada una de esas personas que me comentaron con la intención de que siga haciendo la adaptación del segundo libro, gracias a todos ustedes es que se esta haciendo posible este gran Proyecto el cual está teniendo mismo apoyo en todo su sentido y así poder seguir con él y no dejarlo en algo que pudo haber sido y no fue, por eso a todos los que siguen esta historia les pido un humilde comentario para saber sus opiniones y si desean o no seguir leyendo este proyecto el cual actualmente va por MITAD para que se vayan haciendo a la idea de cuanto le hace falta.
Nuevamente les quiero recordar a todos los lectores que se pueden sugerir que personaje desean leer hagamos esto un proyecto colaborativo, díganme a quien quieren ver y yo con mucha felicidad lo pongo, pero recuerden que si el personaje ya ha salido en la otra temporada acá no lo hará pero si es uno que apareció momentáneamente puede que si aparezca acá. En pocos palabras los personajes que tuvieron mucha relevancia en Vampyr acá no podrán aparecer dado que ellos podrían volver a mostrarse en otro momento más adelante de la historia
Otra vez gracias a todos por hacer posible este proyecto que requiere de mucho trabajo. Esto es gracias a ustedes y para ustedes. A parte les pido perdón por posibles faltas de ortografía o si pasé por alto algún nombre o detalle argumental, por la falta de tiempo escribo la adaptación tarde en la noche que es cuando peor esta mi vista y concentración, así que me puedo equivocar más, otra vez perdón y gracias por su apoyo no solo en esta, sino en todas las plataformas.
