Sangre
Estaba… ¿confundido?
Bueno, para que negarlo, era una posibilidad que estuviera confundido, y no podía decírselo a nadie, mas que al mismo violonchelo, pero como su confusión (o fuera lo que fuera) era exagerada, no era capaz de hablarle al chelo ni en clave de Fa, ni en clave de Sol, y mucho menos en Clave de Do. El idioma de la música, el cual él decía dominar, ahora le parecía ilegible y se había convertido prácticamente en un sordo, con muñones al final de sus brazos en lugar de dedos.
Suspiró. Un suspiro de cansancio, de incertidumbre, de saber que te metiste en un enorme problema y que tienes que salir de el antes de que explote sobre ti. Un suspiro de esos, cuando sabes que estas jodido.
Ese problema, tenia nombre y apellido: Diva "Goldsmith".
Dejo caer ambas manos como si sostuviera enormes bloques de acero en cada una, así como también dejo caer el arco al piso del chelo, sin importarle que se maltratara. Volvió a suspirar, como sintiendo que había traicionado a su instrumento al hacer eso, o como si lo hubiera insultado u ofendido, pues no podía pensar en otra cosa que no fuera el Arabesque para arpa de Debussy, ejecutada por Diva. Ahora el chelo le parecía demasiado inferior con sus simples cuatro cuerdas.
Tomo un poco de fuerza, y recogió el arco del piso. Lo tomo en la posición adecuada sobre las cuerdas, dispuesto a tocar Sarabande de la suite no.1 de Bach, pero tan solo toco la primera nota, y no pudo haber sonado cosa mas horrorosa y desafinada, con un horrendo sonido chirriante, incluso peor que cuando comenzó a aprender.
-Dios…- murmuro Hagi sorprendido de su fallo, sus oídos desequilibrados y sus manos casi temblorosas, como si tuvieran miedo de estar poseídas por algún ente desconocido que no le permitiría tocar nunca mas -"Tocare lo que sea"- pensó entonces, volviendo a poner el arco sobre las cuerdas y lo primero que pudo y único que se le ocurrió tocar fue… ¿Estrellita?
-No es cierto…- se dijo él, cerrando los ojos como si no quisiera ver (cuando en realidad se trataba de escuchar) al reconocer de inmediato el primer compás, sin saber por que había comenzado a tocarla, y se detuvo de golpe –Demasiado fácil- susurro, por consiguiente, aburrido, y después ese pensamiento, le arrebato una diminuta sonrisa… no debía de burlarse de esa pieza. Después de todo, con piezas como esas y simples canciones de cuna es como había comenzado. Todos los músicos comenzaban así, solo para después burlarse de las mismas piezas que los iniciaron en la música, creyendo que habían nacido con el conocimiento del instrumento y la música. Que vanidad.
Volvió a tocarla ya sin dudar, después de todo, con cosas como esas había aprendido, no había nada de que avergonzarse.
Pasó un rato, y siguió tocando piezas extremadamente fáciles, de principiantes. De alguna forma, le hacia sentir que era aquel niño que estaba aprendiendo, y que seguía viviendo en el Zoológico. Que mas daba, le traía buenos recuerdos, le recordaba que en ese entonces aun no conocía a la fatal Diva y el mayor de sus problemas era complacer a Saya al tocar, y la mayor duda que podía tener, era sobre la rara medicina que la joven tomaba diariamente. Esos eran todos sus "problemas" en aquel entonces.
-¿Y a ti que te pasa?- le pregunto alguien detrás de él. Hagi se detuvo de golpe y volteo, encontrándose con Saya, que sonreía un tanto confundida, casi sarcástica.
-¿Qué te ha dado por tocar algo tan fácil? Que yo sepa tocas a la perfección las seis suites de Bach, y lo que sea. Y la numero cinco es tu favorita, siempre la tocas- le dijo Saya parándose frente a el, como si de nuevo fuera su maestra. Hagi de pronto la recordó vestida con los enormes y caprichosos vestidos de aquella época.
-Si, es mi favorita. Tu me la enseñaste, pero hoy no puedo tocar nada de eso- contesto con la misma seriedad de siempre, sin cambios en su rostro ni en su voz.
-¿Quieres que te enseñe?- pregunto ella con algo de sarcasmo y burla, riendo un poco de su olvidado conocimiento sobre el chelo.
-Ah, quieres desquitarte- dijo Hagi levantando las cejas con cierto tono cómico en la voz, recordando la vez que Saya confeso que le molestaba que él tocara mucho mejor que ella, y él, con todas las buenas intenciones del mundo, le había ofrecido su ayuda para perfeccionar su habilidad, la cual ella rechazo ofendida y enojada, pero de pronto, Hagi miro de nuevo su arco, y cuando levanto la mirada, ya no estaba Saya.
-¿Qué?- murmuro sorprendido, encontrándose completamente solo en la habitación y sin rastro de que hubiera estado alguien mas. Hagi llamo a Saya un par de veces mientras la buscaba con la mirada, pero ni rastro de ella, como si jamás hubiera estado ahí hablando con él.
Hagi se pregunto si estaría alucinando, o simplemente todo era un delirio, una broma pesada y de mal gusto, producto de su caótica confusión, y los recientes hechos.
Estaba furiosa, y sentía unas ganas tremendas de matarlo, ya fuera lentamente o de un solo movimiento, pero quería matarlo de la forma que fuera. Desaparecerlo así nada más. Dios, pocas veces había estado tan pero tan enojada. Sentía que las venas le explotarían en cualquier momento solo de la ira que sentía y se le acumulaba por dentro. En su vida, la habían humillado de esa manera tan descarada e insolente. Tan vulgar y nauseabundamente correcta.
¿Quién carajo se creía para rechazarla de esa manera? El desgraciado tenia suerte de que una mujer como ella se fijara en él, y todavía el estúpido se ponía exigente, escudándose en su estúpida fidelidad a su hermana. Era tan asqueroso, que sentía que en cualquier momento se le saldrían las vísceras por la boca.
-¡Estúpido!- vocifero con fuerza dando un manotazo, abriendo la llave de la bañera -¡Mil veces estúpido! ¡Imbécil! ¡Eres un tonto Hagi!- grito iracunda de nuevo, mientras con brusquedad ataba su cabello para evitar que se mojara al entrar a la bañera, que rápidamente se había llenado de agua.
Pateo el piso con sus pies descalzos, y sintió la picazón del golpe en sus plantas, pero no le importo. Tenia que hacer cualquier cosa para calmarse, o los impulsos de su enojo la dominarían y eso lo arruinaría todo, y aunque era un lujo que se podía permitir antes, ahora no tenía más opciones que tragarse su bilis.
Se calmo un momento, y respiro profundamente. Toco el agua que ya se había acumulado en el jacuzzi. Estaba bien fría, y cuando termino de llenarse por completo la tina, se metió en ella lentamente.
El agua helada, a contrario de lo que siempre pasaba, no la relajo ni un instante, y sus músculos seguían igual de tensos, al igual que el dolor de cabeza le martillaba el cráneo, así que alargo su brazo hacia una cajetilla tirada en el piso del baño, y saco un cigarrillo. Lo prendió, y cerró los ojos mientras sacaba el humo de su boca, aun con los ojos cerrados.
Al cabo de un rato y después de que se consumieran los tres cigarros que se había fumado, se quedo dormida dentro del agua.
No sabía por qué estaba enojada. Solo lo estaba, pero lo estaba tanto y sin saber por qué, que solo sintió unas tremendas ganas de acostarse y ponerse cómoda, así que se limito a quitarse la ropa y la tiro por ahí en el piso, metiéndose semidesnuda a la cama hasta quedar profundamente dormida, aunque le había costado varios minutos lograr conciliar el sueño.
No supo cuanto tiempo paso dormida, pero de pronto abrió los ojos de golpe, como si hubiera tenido una pesadilla, y entonces la recordó.
En ese momento solo vio un montón de luces prendiéndose y apagándose en medio de una gran y densa oscuridad repetidas veces, como si estuviera en medio de la pista de baile de una disco, y de pronto, en medio de la oscuridad que se iluminaba por segundos, vio su figura desnuda y de espaldas frente a ella. Frunció el entrecejo confundido y miro sus brazos. ¿Cómo podía estar ella misma, frente a ella? Aun confundida, se "miro" de nuevo, y de entre sus piernas, vio como escurría sangre.
Se irguió en la cama, asustada y agitada por la visión, y con una extraña incertidumbre recorrerle el pecho con un desagradable ahínco. Se quito las sabanas de encima de un solo movimiento, como si estuviera poseída y las arrojo al suelo casi con coraje, mientras se paraba, y miro hacia las sabanas tiradas, que estaban manchadas de con unas gotitas de sangre.
Al ver eso, negó con la cabeza repetidas veces, y camino hacia el espejo. Observo su cuerpo semidesnudo en el reflejo, y a su entrepierna emanando sangre que escurría en largos y gruesos hilillos por el largo de sus piernas, manchándole los muslos, las pantorrillas y los pies.
Sintió miedo, y después un fuete dolor en el vientre. No tenia ni idea de que pensar en ese momento, hasta que miro el reflejo de su rostro, pálido y perdido.
-No… No…- susurro casi tranquilamente, como tratando de pensar que seguía dentro de la pesadilla –Sangre…- murmuro de nuevo bajando la cabeza para ver el charco de sangre que se formaba bajo ella –Mis bebes- dijo aterrada.
Despertó de pronto, de golpe, casi como si se hubiera caído de un abismo y se le hubiera machacado el cuerpo al caer, y miro el agua. Estaba roja parcialmente, había figuras rojas y volátiles danzando dentro del agua cristalina. Abrió los ojos desmesuradamente tapándose la boca con una mano, y como si se tratara de un zombie y salio de la tina, como si su cuerpo estuviera siendo poseído por alguien más, y camino desnuda fuera del baño, hacia el espejo, donde se miro confundida.
Su entrepierna emanaba sangre sin control, casi a borbotones.
-¿Estoy menstruando?- se pregunto consternada mirando su reflejo y el charco que se formaba entre sus pies, ya manchados y que se mezclaba con el agua que escurría por su cuerpo, al igual que vio el camino de manchitas rojas que había dejado sobre el piso –No puede ser…- susurro llevándose ambas manos a la cabeza.
-Pero… si estoy embarazada…- se recordó ahora llevándose ambas manos a la boca, a punto de gritar.
Camino hacia el baño con la vista nublada y con una agonizante debilidad cayéndole sobre la cabeza y los hombros, susurrando que no podía ser, que era imposible.
-Hagi- murmuro horrorizada, llamándolo desesperada.
-Saya…- dijo de pronto Hagi, con una extraña sensación en el pecho, si extraña, terrible, pero familiar. Se levanto de la silla enseguida, movido por el terrible presentimiento que se había apoderado de él. No sabía que era lo que estaba pasando, solo sabía, que era grave, muy grave, y tenia la clara certeza de que algo malo estaba apunto de suceder.
Podía reconocerlo, cuando su sangre hervía desesperada, como las llamas del averno, cuando algo así estaba pasando, o estaba apunto de pasar. Lo sabía y lo recordaba perfectamente, porque hace pocos días, experimento la misma sensación, algo que casi lo lleva a la muerte.
Con una rapidez inhumana impulsada por ello, corrió como alma que lleva el diablo a la habitación de Saya.
Se encontró con la puerta cerrada y con llave. No tenía necesidad de llamar, sabía que algo estaba pasando, así que se ahorro tiempo y de una patada abrió la puerta y entro como caballo desbocado llamando a Saya a gritos. La luz de la lámpara solo alumbraba parcialmente la habitación, todo lo demás estaba a oscuras. Estuvo a punto de prender la luz, cuando miro confundido hacia el piso en su afán de encontrar a Saya de inmediato, pero lo que vio, lo dejo helado, casi paralizado y con la mano elevada a mitad del camino para encender la luz.
En el piso, a unos pasos de él, había salpicaduras de sangre, así como las huellas de unos pies desnudos entintados en rojo.
-¿Sangre?- susurro Hagi, mirando algunos charcos. ¿Qué demonios había ocurrido ahí? Se pregunto paralizado ¿Será que otra vez Saya había perdido el control y había atentado contra su vida? ¿O había tratado de matar a alguien? Pensó asustado por las consecuencias, cuando, acercándose a la cama de Saya, vio impregnada en las sabanas tiradas las manchas rojizas de sangre fresca, al igual que en el colchón, centrándose sobretodo en el medio del lecho.
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué había sangre? se pregunto Hagi, cuando dirigió su mirada a una de las puertas de la habitación, la del baño, que se encontraba semiabierta. Camino silenciosamente hacia ella, y llamo a Saya una vez más. Mientras más se acercaba, comenzó a escuchar unos raros murmullos que se acentuaban a cada paso. Susurros imposibles de entender y demasiado bajos incluso para su oído, pero sabia que eran susurros de agonía y ayuda, eso era indudable.
Abrió lentamente la puerta del baño, y la escena lo dejo perplejo.
Saya estaba dentro, tirada en el suelo y recargada hacia la pared, arrinconándose como si estuviera esperando la muerte, con la mirada perdida hacia quien sabe donde, como si de una demente encerrada se tratara. Solo traía puesto una delgada blusa lila de tirantes y unas bragas del mismo color, pero parcialmente rojas, manchadas de sangre. Las manos y piernas de Saya estaban en el mismo estado, y todo su cuerpo temblaba.
-Saya ¿Estas bien?- pregunto preocupado Hagi, caminando hacia ella con cuidado, pero ella parecía no advertir la presencia de su caballero y seguía mirando a un punto perdido en el aire, susurrando cosas inteligibles.
-Saya…- la llamo Hagi de nuevo, inclinándose a un lado de ella tratando de no hacer ningún movimiento brusco. Después de todo no sabía que estaba pasando exactamente, y no podía arriesgarse a que la situación hiciera pasar a su ama por otra crisis -…Saya- volvió a llamarla después de unos segundos esperando una respuesta en vano, cuando, al fin, esta lo miro temblando y con los ojos inundados en angustia.
-Estoy perdiendo a mi bebes, Hagi- susurro con la voz quebrada y a la vez, demasiado lejana, como si un fantasma se hubiese robado sus cuerdas vocales –Estoy abortando. Mira la sangre- dijo entrecortadamente, apuntando al piso manchado como si estuviera apuntando a un asesino, para después mirarse las manos ensangrentadas y temblorosas.
Hagi frunció el ceño confundido. Extremadamente confundido. ¿Cómo que embarazada? Saya jamás había estado embarazada. No existía el aborto que ella mencionaba con tanta angustia, al contrario, lo único que estaba sucediéndole, era que estaba menstruando, concluyo por lógica Hagi, dándose cuenta en pocos segundos de que la sangre que había visto no era de ninguna herida, si no que provenía de la entrepierna de Saya, como le sucedía a todas las mujeres fértiles de determinada edad al no ser fecundadas, y las reinas quiróptero no eran la excepción.
No sabía porque Saya estaba actuando de esa forma tan extraña. Era como si no supiera lo que le pasaba o jamás lo hubiera experimentado antes, cuando, por obvias razones, desde los doce años más o menos el periodo menstrual se presentaba en su cuerpo una vez al mes, y así hasta la fecha, a menos que quedara embarazada. Pero lo que lo dejaba pensando, era que Saya no estaba mintiendo, su mirada era irrefutable y no había mentiras ni falso drama de por medio. Realmente estaba asustada, porque según ella, estaba en pleno aborto.
-Saya… no tienes nada- le dijo Hagi tomándola de los hombros suavemente para que lo mirara –Solo tienes el periodo. Jamás has estado embarazada- le explico con lentitud para que comprendiera la naturaleza de lo que le sucedía.
-¡No! ¡¿Qué no lo ves?! ¡Estoy abortando!- vocifero exaltada la joven, dando un par de puñetazos al piso.
-No… no, no puede ser. No. ¡No!- exclamo desesperada la joven, corriendo al baño y dejando en el piso una estela de manchas rojas que no dejaban de emanar de su entrepierna.
Siguió susurrando que no podía ser, y busco con desesperación en un mueble celeste del baño, algo que pudiera ayudarla a detener la hemorragia, pero sabía que nada le serviría.
No podía estarle sucediendo eso, no podía ser por que estaba embarazada, no podía estar abortando, se repetía una y mil veces con la preocupación golpeándole el pecho y la conciencia.
Lo que había hecho estaba mal, terriblemente mal, pero tuvo que hacerlo, pensó tratando de consolarse a si misma, pero lo que mas miedo le daba, el arrepentirse.
Después de varios minutos de forcejeo y arduo trabajo de convencimiento, Hagi logro hacer que Saya se calmara y hacerla entrar en razón. Ella se había quedado mirándolo confundida, como si no supiera que hacia él ahí con ella, ni porque estaba así, toda llena de sangre. Había preguntado que había pasado, cuando un fuerte dolor en el vientre la hizo retorcerse de dolor y enseguida, al ver sus piernas manchadas de sangre, se dio cuenta de lo que estaba pasando en su cuerpo.
Roja de vergüenza como en su vida lo había estado, miro a Hagi y le ordeno entre enojada y apenada que saliera de su habitación inmediatamente. Este, aunque entendiera lo que estaba sucediéndole y realmente no le molestara, no trato de tranquilizarla por que sabía que seria en vano y solo se ganaría más gritos, y solo haría que Saya se sintiera aun más avergonzada y probablemente se llevaría de premio una buena y certera bofetada, así que opto por salir de la habitación rápidamente. Cuando se calmara hablaría claro con Saya, para aclarar todo el asunto y saber como es que, por unos momentos, la había encontrado tan fuera de si, hablando de un embarazo inexistente, pero solo cuando se calmara. Sabía que una mujer "en sus días" podía ser aun más temible que cien quirópteros hambrientos en busca de comida.
Pero lo entendía, en parte, aunque por ser hombre jamás lo hubiera experimentado. Realmente debía de ser una lata el aguantar al menos cinco o más días el constante dolor en el vientre, los frecuentes dolores de cabeza, y por supuesto la incomodidad de la sangre y tratar de evitar los "accidentes".
Sí, definitivamente debía esperar a que se calmara lo suficiente, por que de lo contrario podía ganarse el odio de Saya por el resto de sus días.
Después de varios minutos, Saya abrió la puerta de su habitación, ya vestida y limpia después de una rápida ducha, con un cómodo pijama de algodón color verde manzana. Había preferido ponerse el pantalón suelto que el short, y la blusa de tirantes que hacia juego. Ya bastante piel le había enseñado a Hagi, además estaba tremendamente avergonzada por lo sucedido. El que Hagi la encontrara diciendo cosas sin sentido y llena de sangre menstrual, era un recuerdo que la avergonzaría por el resto de su vida, pero sabía que él estaba preocupado por ella, y estaba conciente de que él estaba fuera su habitación esperándola y ver como se encontraba. Por mucha pena que tuviera y sin saber como hablarle o simplemente como verlo a la cara sin ponerse roja, no podía dejarlo ahí afuera como perrito abandonado, así que respirando profundamente antes de abrir la puerta.
Con la mirada un poco baja, se encontró a su caballero de frente a ella.
-Pasa- dijo Saya con desgano, esperando que Hagi no se lo tomara a mal, pero este estaba conciente de la vergüenza que Saya estaba pasando aunque a él le diera igual si ella estaba en sus "días" o no, pero con discreción entro a la habitación, y por supuesto, esperando una explicación al insólito comportamiento de su ama.
-No es que quiera molestarte, Saya… Pero, ¿Que fue lo que te sucedió?- pregunto él con el tono mas suave y comprensible que pudo plasmar en su voz. Saya se sentó en la cama, a la cual, ya le había cambiado las sabanas y por supuesto, le había dado una limpieza rápida a las partes del piso que se habían ensuciado, antes de hacer entrar al caballero.
-Pues… veras, no se como explicarlo sin que suene como una locura…- comenzó a hablar la joven, la cual miro un momento a su caballero antes de proseguir, y este le mando una mirada que le decía que no había problema, que solo dijera lo que tuviera que decir y sin omitir nada, además, ella ya sabía que no podía tener secretos con él, su caballero se daría cuenta tarde o temprano de cualquier cosa que le sucediera, así que Saya sin muchas opciones, se tranquilizo un poco, estaba segura de que él la entendería fuera lo que fuera, así que tomando un poco mas en confianza, comenzó su relato.
-Estaba muy enojada, no se por qué, pero me fui a dormir, y de pronto tuve una pesadilla muy rara, me desperté, me levante y vi que… bueno, tú sabes- dijo llevándose una mano a la frente, avergonzada, mientras los colores se le subían irremediablemente a la cara. Hagi, entendiendo el asunto sin más palabras, asintió esperando a que ella prosiguiera –Bueno… no se por qué, me asuste mucho, y de pronto sentí como si… sentí sin razón alguna que estaba abortando. De pronto se me vino a la mente la idea de que estaba embarazada- dijo confundida y balbuceando un poco, como si ni ella misma entendiera el relato que contaba.
-Era como si no fuera yo. ¿Cómo iba a estar abortando, si nunca he estado embarazada? El asunto es que, en ese momento, sentí todo lo contrario, ni siquiera me sentía como yo, era como si estuviera en un sueño y me estuviera viendo a mi misma, pero al mismo tiempo como si no fuera yo… lo siento, no encuentro la manera de explicarlo mejor- se excuso la joven, pero Hagi comprendiendo la situación aun mejor de lo que ella misma lo hacia, o al menos trataba de hacerlo lo mejor que pudiera, le dijo que no se preocupara.
-Entonces, te digo que me asuste, y lo único que pude hacer fue arrinconarme en el suelo- añadió, terminando así lo único que podía contar de lo que había pasado. Era la única explicación que su cabeza podía encontrar a un episodio de locura que jamás había experimentado, y esas, eran las únicas palabras de coherencia que su lengua podía formular.
-Tal vez…- hablo Hagi después de un largo silencio, acercándose a Saya -… sentiste algo parecido que, quizás, Diva estaba sintiendo. Dicen que algunos hermanos gemelos, si uno enferma, el otro sufre los síntomas- comento sobre la popular creencia, que no se sabe aun a ciencia cierta, de las extrañas conexiones magnéticas, psicológicas, telepáticas o sabrá Dios que sea, que se dice tienen los gemelos. Saya pensó que si podría ser, pero entonces recapacito en sus palabras. Ósea, si ella estaba sintiendo lo síntomas de un aborto… ¿Entonces su hermana estaba…?
Pero no pudo preguntar ni decir nada, porque un grito desgarrador quebró el silencio, viajando a trabes del aire, filtrándose por todo el lugar con una histeria enfermiza.
El escalofriante alarido le puso los pelos de punta a Hagi y Saya, que enseguida miraron hacia todos lados, convencidos de que se trataba de algún espíritu o algo por el estilo, cuando después recapacitaron en la estupidez que estaban pensando, y mientras el grito seguía retumbando por todos lados y haciendo un eco helado en sus oídos, se dieron cuenta de que la que gritaba, en realidad era Diva.
¡Uf! Cuanto me ha gustado este capitulo. Y mil disculpas por la tardanza, me estoy mudando ya, ademas de que estaba reeditando los capitulos, ya saben, quitando cosas aqui, agregando otras alla, arreglando dedazos y mejorando la narracion.
Bueno, como sea, y como pueden ver, en este capitulo Diva y Saya pareciera que "intercambiaron" sus almas o una cosa así. Se dice que los gemelos, cuando uno se enferma, el otro padece los síntomas, obviamente no es nada comprobado, pero es una creencia muy socorrida y me base en ella para hacer este capitulo. Se que pude herir la sensibilidad de algunos lectores al hablar de "cosas de las que no se hablan" como la menstruación, si fue así, me disculpo. La verdad no se si las hembras de quiróptero puedan menstruar, pero se que casi todas las hembras de seres vivos sobre la tierra tienen algún tipo de aviso cuando estas pueden procrear, así como cuando no son fecundadas, ¿Pero que mas da?, es solo ficción, pero desde mi punto de vista Diva y Saya deberían menstruar, aunque creo que jamás presentarían menopausia.
Como sea, para explicar un poco lo que sucedió pues se que puede estar algo confuso. Saya comienza a menstruar, ya saben empiezan los dolores y el sangrado, mientras Diva tiene los síntomas de un aborto "espontáneo", ya verán después de lo que hablo. Saya obviamente esta ligeramente trastornada y saben que ella puede perder el control y más si se trata de su hermana, así que Saya entra en un tipo de delirio, algo así como los síntomas del "trastorno psicótico breve", es mas, sospecho que ella puede padecer un poco de ese trastorno. Y bueno, retomando lo otro, al estar Diva abortando, Saya sufre los síntomas, creyendo que la que esta embarazada es ella y que ha entrado en fase de aborto, confundiendo el periodo con eso. Sobre el presunto aborto de Diva hablare de eso hasta el siguiente capitulo y se llevaran yo creo que una sorpresita más de uno.
Bueno, no tengo nada mas que explicar, así que doy gracias a los que me han dejado reviews, y ya saben, si ven algún tipo de OoC o cosas como esas en el fic, favor de avisarme. A veces me dejo llevar por la historia y me da cosa no darme cuenta si dejo en OoC a algún personaje, sobre todo a Hagi y quizás Diva, que son los mas propensos.
Me despido
Agatha Romaniev
