Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.

Muchisímas gracias por más de 500 reviews. En Reflexiones tengo unas palabras de agradecimiento.

Este capítulo se lo dedico a:

Gunter

El pingüino de Hora de Aventuras adivino un pequeño juego de facebook donde inste a los interesados a encontrar la referencia en el capítulo 27 a Harry Potter.

En la charla entre Lin y Kuvira, esta ultima dice que Lin es como un dragón durmiendo y nunca hay que hacerle cosquillas a un dragón dormido. Un clara referencia al lema de Hogwarts. Felicidades.

Cecy Codina que ha estado de cumpleaños hace poco. ¡Felicidades!.

Contraluznocturno. Wordpress. Com ← SIN ESPACIOS . No me sean descuidados, que igual terminan en una pagina turco-chipriota o algo así

Gracias a todos los que dan Follow y Favorites, pero en especial a los que se han molestado en dejar unareview o postear un MP:

RoseLangley02 (primera sin dudas y con un review que me saca un sonrojo. Muchas gracias por todo) Rarie-Roo (fraguando tyzula lntamente) HanelBlamuTanu (yo mantequilloso xD) paolaBlackGoldSaw (Ahora le toca el turno a Asami. Disfruta) Jiore(típica charla incomoda entre jefe y subalterno) . Zaruko Hatsune (Si tu lo apruebas es excelente.) Adri Sato (Para el próximo vuelven a encontrarse), DeathInnocent (Fresón llega para salvar el día) Berry 92 (Muchas gracias por el cariño),Soulwolf dark (este capítulo es totalmente fuera del hospital) Niofuyuyima32 (Muchas gracias por la felicitación) AlexandraArcher (Para mi mostrar la vida cotiadiana de los personajes los hace más humanos y que podáis empatizar con ellos.) tristanshadowsanchez ( muchas gracias y bienvenido. Espero que dejes más reviews y gracias por la primera ) lay05 (en breves veremos más de esos puntos. Ya veras.) Zakuro Hatsune(spero que le agrade su malignidad), Obini (Me encanta que sigas acompañandome con tanto cariño y buenos sentimientos) Love is a wild animal Danirock (Muchas gracias por la felicitación y Tyzula is coming) LupitaAzucena (Muchísimas gracias por dedicarme un rview estando de examenes) AvatarYumiko (Sí, es similar al libro 3 la relación Lin-Opal. Buen punto que lo descubrieses) Maaraya Greyjoy (Espero que luego no me pidas a mi ir a tus exámenes de recuperación si suspendes alguna asignatura. Mucho animo en las clases y de bombero.) guest (Si al final te desmayarás xD ) Murasakii-11 (Voy por menos de la mitad... No, no va a ser tan sencillo) AvatarYumiko (19:30.20:30, horario españa) Berenice (Así les doy familiaridad a los personajes.. Al final acertaron el detalle.) gumilady (agradezco muchísimo que me dejases un review y que comiences a dar amor a otra gente ) Blanche Vest (Eres todo un amor y me alegra hacerte sonreír) Annimo (Lo has pedido y poco a poco será desvelado)Pilaralejandra (no eres la única. Sois bastantes) jaydisita (casi no llegas) Gunter (Felicidades por acertar)

Capitulo 28

Suki se encontraba dando vueltas por los pasillos del hospital, intentando poner en orden sus propias ideas. El olor antiséptico de todo el lugar le resultaba molesto, no le gustaban los hospitales y su permanente entorno esterilizado. No le agradaban los hospitales y procuraba no frecuentarlos mucho, incluso a costa de su propia salud. Era cierto que incluso estando enferma prefería guardar cama a visitar una clínica médica pero si podía aceptar una visita al doctor para prevenir un empeoramiento. Era en las estancias hospitalarias donde en verdad lo pasaba mal porque no soportaba todo esa aura anestésica que envolvía el lugar y que le hacia sentir encerrada en una probeta que la alejaba de los estímulos del mundo exterior.

Todo esto era debido a su infancia, donde tenía que estar quieta, donde no podía toquetear o experimentar, donde no podía mover absolutamente nada sin el previo permiso de su abuela, haciendo que ni su cuarto semejase su cuarto. Su dormitorio era casi una copia del dormitorio de su abuela, con los mismos muebles y hasta las mismas decoraciones para la buena fortuna, alejándola de lo que se supone debía tener, ser o hacer una niña pequeña. No era culpa de la anciana, ella ya había criado a un hijo en tiempos más difíciles y seguramente no contaba con hacerse cargo de su nieta. La mujer de avanzada edad no sabía lo que era el mundo moderno y se había quedado anclada en una época más austera, relegada al recuerdo y a ser casi material de museo.

No es que Suki odiase a su abuela, todo lo contrario, la amaba. Amaba que le enseñase sus primeros acordes, que la cuidase cuando enfermase o que la fuese a buscar al colegio cuando comenzaba a llover de improvisto, portando un paraguas para su nieta. La quería y le dolió cuando murió, cuando la edad no le dio más tiempo y cuando el reloj se detuvo a las cinco de la tarde de aquel domingo. Por eso no le gustaban los hospitales, porque había perdido a alguien que quería y ahora estaba obligada a cambiar de vida y a vivir con sus padres.

Sus padres le dejaron hacer casi lo que quiso, le pagaban sus vicios siempre y cuando al finalizar los semestres tuviese una media alta. Era un trato simple y ventajoso para ella, pero de nuevo no podía decorar su habitación. Ese nuevo dormitorio era como sus padres: modernidad y diseño, relegando lo familiar y acogedor a algo puramente estético.

Por eso también odiaba los hospitales, por lo blanco de aquellas paredes, por lo aséptico, por el mirar sin tocar porque solo los expertos tiene ese derecho.

Necesitaba salir a tomar al aire, antes de empezar a pintar tanta blancura con un rotulador y a hacer lo que hacia con Toph: ser responsable, educada y endiabladamente creativa.

Intentaba envolver su fular de tonos purpúreos en su cuello a modo de improvisada mascara para jugar un doble papel: procurar que nadie le tosa a la cara y que la gente se alejase de la enferma que pululaba con la cara medio cubierta por telas. Ella era diferente a su modo, diferente de todo. Una chaqueta de corte militar, una camiseta ajustada de color negro con letras en amarillo, unos jeans rasgados y una mochila llena de chapas con imágenes divertidas. Eso era ella, una persona responsable y seria con toques rebeldes que deseaba demostrar que el status quo tendría que aceptar su disconformidad.

Era consciente de que en una ciudad tan cosmopolita como aquella su estilo no llamaba la atención y era algo que le encantaba: pasar desapercibida siendo quien era. A nadie le importaba como vistiese fuera del riguroso entorno académico y eso lo amaba. Lo amaba tanto como detestaba sus clases prácticas.

Se aproximaba a la planta baja, porque Kabuki siempre prefería las escaleras ante el miedo de que el ascensor se quedase atascado y su claustrofobia dejase de ser un simple detalle que tenía bajo control para terminar transformándola en un mar de nervios.

Tuvo que abrir el portón metálico que daba a las escaleras para estar por fin en la planta baja. La luz de la entrada impactaba contra las puertas acristaladas del hospital, al tiempo que los enormes ascensores de puertas metálicas se llenaban con visitantes. La sola idea de estar en uno de esos cuatro grandes elevadores encerrada con tantas personas desconocidas le parecía algo similar a una tortura.

El sonido de los teléfonos de recepción se mezclaba con las personas que esperaban en el mostrador preguntando por sus seres queridos, rogando por información y números de habitación. Las maquinas de snacks de la entrada emitían el sonido de aperitivos siendo despachados y algún llanto de infante en la lejanía dejaba entrever parte de la tensión del lugar. Pero lo más sorprendente era que contemplando los ascensores, de pie como una estatua que observa impertérrita el paso del tiempo, se encontraba Azula.

-Hola Chispas – saludó la joven guitarrista para intentar romper los pensamientos que mantenían absorta a su amiga, algo que logró para su fortuna.

-Hola Suki – sonrió, visiblemente avergonzada de haber sido sorprendida – ¿Cómo estas?.

-Bien, ¿y tu?, ¿vienes a ver a Korra? – hacia semanas que su bajista estaba en el hospital y su salvadora no había ido a verla desde que recuperó la consciencia.

-Nada, pasaba por aquí y se me ocurrió venir – comentaba mientras se pasaba mano por el cabello y lo frotaba con cierta intensidad – Pero igual no debo de molestarla.

La joven de cabello castaño observó el nerviosismo de su amiga en forma de un incomoda miríada de leves movimientos que intentaban semejar naturales pero que ensalzaban más su inquietud.

-Sí, claro – replicó la guitarrista de Kiyoshi con cierto retintín.

-Pues sí, ¿vale? – se defendió poniendo un tonó infantil que la hacia ver como una niña que había dicho una mentira pero que tenía que reiterarla para que nadie se diese cuenta de la verdad.

Hay intentos pobres y carentes de sentido que se hacen por desesperación, como el intentar justificarte ante una amiga que sabe de tus horarios laborales, donde vives y donde queda la tetería de tu tío. Suki solamente se limitó a señalar el reloj de pared digital que estaba en la pared paralela y que marcaba la hora y el día de la semana que era. Pese a lo que dijese, la guitarrista de Kiyoshi era una persona con muy buena memoria y sabía que su amiga tenía que trabajar en la otra punta de la ciudad en unas horas. No importaba que el local donde Azula ejercía su segundo trabajo fuera de su tío, ella se esforzaba como cualquier otro y no iba a malgastar sus días libres entre semana sino fuera por algo importante.

-Pues hoy te toca trabajar en unas horas en la tetería de tu tío y esta en dirección contraria – La guitarrista de cabello castaño sabía que había ganado.

Bloqueada, sin saber que decir o que hacer, la joven de mirada severa y ojos ambarinos se negó a observar el reloj que señalaba su amiga, cómo si aquello la protegiese de la evidencia e invalidase lo dicho por Kabuki. Después de un cruce de miradas, Azula sencillamente resopló.

-Sí, vine a verla pero no me siento cómoda viniendo – confesó – Solamente me acerqué porque tengo tiempo más de que sobra.

Sin decir absolutamente nada, sabiendo que a su amiga no se le daba bien exponer sus debilidades, Suki la sostuvo por los hombros y la hizo girar ciento ochenta grados, hacia la salida.

-Acompañame a tomar el aire.

-Mejor – sonrió azorada la joven de mirada halconera – Entre el tonto de Mako y el bloqueo que he sentido creo que necesito un cigarrillo.

-¿Lo has visto? – arqueó una ceja al fijarse que su amiga no tenía ninguna mancha de sangre en su ropa.

-Sí, estaba con mi hermano – contestó al tiempo que extraía la cajetilla de un bolsillo – No llega a ser por Zu-Zu y le hubiera machacado.

-Suerte para Mako – le sorprendía el hecho de que no hubiera golpeado al intento fallido de David Beckham.

La joven peleadora comenzó a trotar un poco y a alejarse de las escalinatas principales para no molestar a nadie al prender el cigarro y poder disfrutar de la charla al tiempo que se guardaba de miradas molestas debido a su mal habito.

-Korra seguro que se alegra de verte – dijo amablemente la joven de ojos rasgados al tiempo que se cubría la boca con el fular. No es que le desagradase el humo del tabaco pero ahora ya tenía en la cabeza la idea de que su prenda le protegía de cualquier cosa.

-No lo sé – replicó al tiempo que inhalaba el humo del tabaco y notaba como este le llenaba los pulmones – Acaba de pasarlo fatal por ese idiota. Zu-zu me contó que entró en un ataque de histeria.

-Sí, ¿y tu hermano?.

-Ha ido a ver a Azul – exhaló el humo como si su boca fuera una chimenea, procurando que el humo no le llegase a su amiga.

-¿Cuanto hace de eso?.

-No lo sé – de contestarle que hacia unas horas de ello, cualquiera podía deducir que ella llevaba más de una hora en el vestíbulo del hospital intentando reunir fuerzas para subir a un ascensor y pulsar el botón de la planta donde su amiga guardaba reposo.

-Mira – en realidad, Kabuki sabía que cualquier cosa que dijera iba a ser inútil – Korrita se alegrará de verte pero tienes que ir con buenas energías.

Una sonrisa sardónica se asomó por los labios de la hermana de Zuko.

-Sin problemas – replicó con fingida aceptación ante una mentira divertida – Soy el alma de la alegría.

-Sabes lo que quiero decir – no iba a luchar una batalla perdida contra la tozudez de Chispas. Antes derribaría el Castillo de Dover a cabezazos.

-En ese caso, mejor otro día – volvió a tomar otra bocanada y a expulsar el humo con vehemencia – Otro día.

-Sí, mejor – aunque ambas sabían que ese día llegaría – Sobretodo teniendo en cuenta que Asami Sato quiere pasarse a verla.

-A ver, es buena samaritana pero muy molesta – a decir verdad, a Azula le molestaba tener que llegar a agradecerle lo de su madre de un modo más formal.

-Mejor lo dejamos estar – solventó Suki – Escuchó los gritos y va a venir para verla. La salvó en su momento y seguirá viniendo hasta que Korra le diga que no vuelva.

-Es una ricachona extraña – argumentaba Azula con cierto asombro – No viene con joyas ni para hacerse la fotografía de rigor con una pobre.

-No podemos juzgar a la gente por unas tonterías como esas – la recriminó la guitarrista mientras luchaba contra su propio y enredado fular.

-Tal vez sí o tal vez no – dijo de forma asertiva – Aunque yo soy lo que soy.

-¿El qué?.

-Una zorra.

-No exageres.

-Bueno – añadía una sonrisa al comentario – Dejémoslo en no recomendable

Si las charlas en aquel lugar eran algo extrañas, las que padecía en ese mismo momento eran cuanto menos dignas de un estudio sobre la somnolencia. La charla del señor Teson, el encargado de recursos humanos, intentaba ser precisa y amena pero resultó ser todo lo contrario. El buen hombre tenía por nefasta costumbre irse por las ramas ejemplos, historias y detalles inútiles puntados con escrupulosa precisión. Era increíble ese nivel de detallismo para explicar algo innecesario, como por ejemplo cuales eran las combinaciones de color más usados en los informes y cuales eran los que gastaban más tinta en la impresión.

Asami dejaba hablar al hombre de galopante alopecia, pese a estar terriblemente aburrida e incluso llegar a pensar en alguna forma de escabullirse de esa hora de tortura mensual. Pese a todo, ella sabía que indagar en los gastos del departamento de recursos humanos era una de sus responsabilidades y estaba convencida de que el hombre que se encontraba de pie ante ella apenas solía tener conversaciones largas. A decir verdad, Teson era una persona eficiente y semejaba no tener mucho contacto humano con nadie, una triste realidad de ciertas personas solitarias en una urbe bulliciosa.

Al fondo de la sala, sentada en el sofá, Kuvira procuraba no atender al punto número ocho del informe mensual de material de oficina que exponía el hombre que vestía una camisa verde celeste a juego con sus lentes y que le hacían semejar una sandía madura. La escolta se esforzaba en parecer profesional, firme e impertérrita, pero incluso a ella se le escapa algún bostezo furtivo. Los ojos esmeralda de la empresaria viajaban por el fondo del lugar, observando el intento de su guardaespaldas por mantener la compostura.

"Incluso tu bostezas" pensó la heredera al cerciorarse de que su escolta tenía debilidades mundanas y no era un robot humanoide con conciencia humana venido del futuro. Antes de darse cuenta, la mujer de lánguido flequillo se levantó del asiento que solía ocupar.

-Si me disculpan – interrumpió la exposición al tiempo que cerraba su chaqueta – Me retiro para preparar el vehículo, señorita.

-De acuerdo – dijo la joven de ojos verdes al tiempo que maldecía la suerte de su subalterna que podía salvarse de seguir padeciendo tal sufrimiento.

Kuvira giró sobre sus talones y salió de la sala, cerrando con suavidad la puerta para después dejar escapar un suspiro de alivio. Nunca había estado tan agradecida de tener que ir a revisar el automóvil de la señorita, siendo esta la mejor justificación de todas. La escolta podía ir a visitar a su fiel compañero de cuatro ruedas y a esperar a las amistades de la señorita. Ty Lee y Zhu Li le habían confirmado a la señorita Sato su intención de acompañarla al hospital, siendo llevadas también por Hollín. A decir verdad las Wan querían hablar antes con su amiga y resultaba bastante más sencillo hablar cómodamente mientras iban de camino al centro médico.

La escolta debía ser rauda para adecentar correctamente el auto para llevar más ocupantes. No era que Hollín estuviese lleno de trastos, ella se encargaba de que estuviera impoluto, pero quería comprobar que le habían dado un buen lavado y lo habían encerado como había pedido. Era normal que los guardaespaldas terminasen por encariñarse con sus armas, incluso que llegasen a ponerle nombre, pero a Kuvira no le parecía agradable el hecho de tenerle cariño a un arma de fuego diseñada para matar porque aunque siempre iba con ella a todas partes, entrenaba con ella, y practicaba con ella, la guardaespaldas rezaba todos los días para no usarla. Ella sabía el peso de disparar a un objetivo vivo y al despertar, mientras comprobaba el arma, rogaba por no tener que usar esa arma mal templada contra nadie. Aquello se lo había enseñado Lin Beifong; apuntar, entrenar, disparar, pero nunca querer matar. Ese era el motivo por el cual apreciaba el auto, porque las transportaba eficientemente por toda la ciudad y no estaba hecho para matar, estaba hecho para conducir.

Al bajar por el ascensor hasta la zona reservada al garaje de la familia Sato y parte de la directiva, la joven de mirada cetrina pudo notar el inconfundible olor a pino de los ambientadores que intentaban enmascarar el olor de la cera y de los característicos gases del motor. Era un olor familiar, un olor de manufactura, de trabajo, de una época donde todo el mundo sabía algo de mecánica y no había nadie que no se librase de abrir el capó de su vehículo para ajustar algo manualmente cada año.

Al doblar la esquina pudo ver a su amigo, reluciente cual pieza de onix humeante. Brillaba tanto que las zonas más oscuras de la pintura grisácea semejaba una noche sin estrellas y las zonas más expuestas al brillo de las luces te llevaba al recuerdo de la luna llena. Con razón Hollín tenía como nombre los restos del humo que ha seguido camino de la penumbra y abandonado a los hombres.

Casi dando saltitos al caminar, como si fuera una niña que va a ver a su perrito por primera vez, Kuvira se aproximó al auto con una sonrisa en el rostro por ver a su compañero de nuevo elegante. No había nadie en la zona pero se escuchaba de fondo el sonido de llaves inglesa golpeteando entre sí como una batería, algo que solía hacer Huu para liberar tensión cuando había mucho que hacer. Sin Due a la vista en la zona de aparcamiento, la escolta supuso que estarían atendiendo otros encargos mecánicos en la zona del taller. Due siempre solía encerar a mano los vehículos para dejarlos relucientes y si no estaba allí para presumir de su tarea, era que sin duda tenían bastante trabajo.

Due era minucioso pero aun así la escolta decidió agacharse y comprobar la calandra del vehículo en busca de algún rastro pasado por alto. Nada, no había nada, solamente podía ver un trabajo de limpieza y abrillantamiento profesional que le hacia recordar el motivo por el cual Due se jactaba de su minuciosa eficiencia.

Alegre por ver a su compañero de fatigas de nuevo hermoso solamente rezaba porque no lloviese demasiado y pudiese de los reflejos que el sol provocaba al estampar su luz contra las curvilíneas partes del auto. Sin embargo, ahora debía de preocuparse de sus obligaciones y preparar su auto para llevar un ocupante en el asiento del copiloto, algo que nunca hacia.

Por fortuna el interior del vehículo estaba igual de limpio y bien cuidado. Los muchachos del taller solían limpiar los interiores, procurando no abrir guanteras ni carpetas, sabiendo de antemano que un contrato de confidencialidad les ataba a no decir ni dar a conocer cualquier cosa encontrada salvo exigencia judicial. No es que en Hollín pudieran encontrar tangas, semen, botellas de alcohol vacías o drogas varias; de hecho tanto Asami como Kuvira eran muy meticulosas para no ensuciar el interior del automovil y siempre procuraban no perder nada. No obstante, quería retirar las tarjetas de repuesto de la visera del copiloto. No importaba que fuera un buen sitio para guardarlas, no quería dar mala imagen o hacer ver que no era lo suficientemente minuciosa.

Una vez comprobado y solucionado cualquier inconveniente Kuvira se sentó en el asiento del conductor y puso un tema de Doug Maxwell para relajar a su jefa después de la extensa homilía en la que un simple balance mensual se convertía. Ese era una de las obligaciones que no le envidiaría a la señorita Sato y que haría entrar en catatonia a más de uno.

La guardaespaldas se recostó en al siento y disfrutó de la melodía hasta que observó otro vehículo salir de la zona de mantenimiento. No se veía al conductor por las lunas tintadas, solamente cuando bajó del auto para abrir la puerta trasera y cuadrar su uniforme se pudo observar a un hombre de unos cuarenta años visiblemente nervioso. No era para menos pues al minuto se observó salir de los ascensores a los que iban a ser sus ocupantes: Hiroshi Sato en persona y Lin Beifong acompañándolo. El patriarca de los Sato rezumaba respeto con cada pisada que daba al suelo. Su barba cuidada, su rostro severo y su expresión corporal de superioridad, hacia que recordase a un monarca medieval regalándole a un plebeyo el poder decir que le sirvió. Por otro lado, la jefa de seguridad de la familia Sato exponía algo en voz alta al tiempo que observaba la periferia del aparcamiento con precisión militar. La joven de lánguido flequillo casi podía distinguir como su superior se quedaba observando fijamente a Hollín, como ladeaba el cuerpo, como entrecerraba los ojos y enfocaba a la matricula. Era como si estuviese comprobando mentalmente a quien estaba asignada dicha matricula. Por increíble que parezca, Lin semejaba sonreír al tiempo que recuperaba una postura más relajada, relajada en el nivel de lo que era para ella esa palabra. Mientras tanto, en el interior del vehículo, Kuvira estaba segura de que su jefa esbozó una ligera sonrisa, sabiendo que era ella quien estaba dentro del automóvil.

No podía distinguir que decían y agradeció cuando se subieron al vehículo de color negro.

"Resulta intimidante", pensó de la escolta del hombre que acababa de ver marcharse en auto, "no se parece en nada a Asami". Allí mismo pudo comprobar que aquel hombre y la señorita solo tenían en común el apellido. Donde la heredera intentaba ser amable y familiar, el progenitor apenas se fijaba en Lin pese a tantos años juntos, lo que hizo que agradeciese aun más el carácter afable de su protegida.

Al par de minutos, dando pesados pasos y cargando un maletín que zarandaba como si pesase un quintal, llegaba Asami. La mujer de ojos esmeralda incluso se atrevió a no disimular un bostezo fruto de la soporífera reunión que había tenido a ultima hora de la jornada. La joven de mirada cetrina estuvo tentada a emular una mueca divertida cuando salió de Hollín y se dispuso a abrirle la puerta a la empresaria, aunque prefirió no arriesgar su fortuna y compadecer en silencio a su superior.

-Veo que la charla ha sido extenuante – intentó sonar lo más neutral posible.

-Me ha hecho un balance de grapas usadas en el mes – sus ojos rodaron y se pusieron en blanco ante el mero hecho de recordarlo – Y como ha aumentado el número de informes grapados debido al número de reuniones.

Con un rostro curioso e incrédulo la mujer de lánguido flequillo y larga trenza se aventuró a preguntar – ¿Cómo sabe cuantas grapas se han usado?.

-Tiene un método – sentenció al momento de entrar al vehículo y reclinarse en los mullidos asientos de Hollín.

-¿Método? – volvía a preguntar la escolta al tiempo que cerraba la puerta del piloto y encendía el motor del vehículo para encarar la rampa de salida – ¿Una maquina que cuenta las grapas o algo así?.

Con un resoplido, acompañado de mucho esfuerzo, la joven Sato expuso aquella formula tan estúpida como quisquillosa.

-Básicamente cuenta las hojas de los informes que han sido impresos y calcula que cuando un informe supera las las veinte páginas se encuaderna – no podía ni creer que estaba exponiendo tal tontería – Así que calcula el número de copias de cada informe y así se aproxima a las grapas usadas. Sin contar una variación debido a un mal grapado que exija volver a grapar el informe.

Al salir del aparcamiento y aproximarse al comienzo del puente contiguo al edificio, la escolta comenzó a intentar llegar a comprender los pormenores cuantitativos de calcular grapa a grapa el gasto de una empresa que facturaba millones al año. No era que se perdiese un motor de aeroplano o que llegasen facturas de diarias con costes desproporcionados, sino que eran grapas. Ni siquiera una caja de grapas, sino que aquel hombrecillo estaba centrando su atención en cada grapa que salía de las grapadoras.

-Es increíble – dijo aunque en realidad querría haber sustituido 'increíble' por 'estupidez'.

La joven de tez marmórea que descansaba en el asiento trasero quiso replicar pero antes de hacerlo observó una extraña indumentaria llamativa que distinguió como uno de los curiosos atuendos de cierta hada sin alas.

-Han sido puntuales – comentó con una sonrisa al ver la divertida y audaz vestimenta de Ty Lee.

A diferencia de Zhu Li, una de las herederas directas que debía formar parte de la junta directiva, Ty Lee tenía esa libertad que daba ser una persona no ligada a la sucesión. Mientras que su prima siempre iba de traje ejecutivo y mostrando su profesionalidad; la bailarina tenía la libertad de saber que para llegar a tener que ocupar un cargo tendrían que fallecer ocho personas antes. El hecho de la imposibilidad, unido a una madre moderna, la convirtió en un alma libre que encontró en el baile su modo de expresividad y una forma idónea de solventar su hiperactividad. Esa búsqueda de la creatividad también provocó que la joven creciese con la misiva de que si algo le gustaba debía de intentarlo y si una prenda le agradaba no debía ceñirse al status quo. En otras palabras, era común que la joven de mirada infantil vistiese como quería, ignorando la moda o tonterías que para ella resultaban aburridas.

Ambas primas eran difíciles de no ver. Zhu Li estaba ataviada con un traje con chaqueta y pantalón, intentando controlar a su prima, la cual estaba haciendo equilibrio en una saliente decorativo. La experta en danza vestía una camiseta ancha de color verde que tenía marcas de cortes intencionados para darle un acabado en punta. A Asami le recordaba al traje que lucía Campanilla en Peter Pan, algo que era aun más gracioso si le sumábamos que vestía uno de esos gorros andinos con largas orejeras y dos pompones en los extremos.

La joven Sato bajó la ventanilla y gritó – Campanilla, Peter Pan, subid a bordo.

Ambas Wan reconocieron la voz y no tardaron nada en distinguir el coche de colo gris apagado con el sello de Future Industries en un lateral. La joven de coletas y cabellos castaño fue la primera en acercarse, correteando para que su prima no le quitase el asiento del copiloto.

-Me pido delante – exhortó la bailarina al llegar a la puerta del copiloto.

-Lo que tu quieras – solventó su prima quien se encontró con que Asami había dejado espacia para que pudiese entrar desde la acera.

La joven heredera indicó a Kuvira que abriese los seguros y cuando ambas entraron, se desató un tornado. Tornado en forma de una Ty lee queriendo toquetear todos los botones de modo y display del salpicadero, llegando incluso a entrar en el ordenador de a bordo.

-¿Para qué sirve este botón? – preguntaba justo antes de pulsarlo sin obtener respuesta alguna. La escolta estaba sufriendo debido al maltrato que su fiel compañero estaba padeciendo.

-Ty, para ya – le recriminó su prima, haciendo que parase ante el mandato. A la experta en danza no le gustaba hacer enfadar a su prima, una hermana para ella.

Ya poniéndose en ruta hacia el hospital, Zhu se afanó en limpiar sus lentes, expulsando vaho para darle un toque de humedad antes de pasar una de tantas gamuzas que siempre llevaba consigo. Estaba nerviosa, Asami lo sabía, la conocía muy como para saber que cuando limpiaba de una forma tan puntillosa el cristal de sus lentes era por algo que la estaba carcomiendo por dentro, y ese algo eran las propias decisiones de la joven de labios rojizos. La joven Sato sabía que era la responsable de aquello y quiso dar el primer paso para llamar a la calma a su amiga.

-Si has venido para darme apoyo o vitar que cometa alguna tontería, descuida.

-Estoy aquí para evitar que hagas eso y más – replicó una vez se había puesto los lentes – Mira, ya has hecho suficiente y es hora de dejarlo.

-Tampoco estoy haciendo nada malo – se defendió no notando el motivo por el cual era reprendida por el simple hecho de una buena acción.

-Te estas inmiscuyendo en la vida de una persona que no conoces y eso no puede acabar bien – argumentó a la vez que le regalaba una mirada comprensiva y le palpaba el hombro para dejar ver que pese a la reprimenda, seguía siendo su amiga.

Era cierto lo que decía pero sentía que tenía derecho a replicar de alguna forma y a no hacer que pensasen que se había convertido en una acosadora pero con dinero.

-Mira, solamente quiero saber que va a estar bien.

-No intentas cambiar de cuarto a una persona bajo un absurdo pretexto por preocupación – inquirió con vehemencia.

Zhu pensaba que su amiga estaba mintiéndose a sí misma al no ver lo malo de sus actos, pero Asami si los veía. Ella sabía que había errado y que había recurrido a algo que siempre había odiado: comprar afecto. Por un momento, habiendo asimilado el motivo de esa acusación, se le revolvió el estomago por culpa de sus propios actos. Había hecho lo que creía mejor para una persona sin consultarla y estuvo cerca de lograrlo, de ignorar una vida y un deseo; estuvo cerca de convertirse en su padre.

-Sí, tienes razón – dijo con la cabeza gacha por la vergüenza.

-Creo que no deberías forzar más la situación – solventó la joven de las lentes antes de escuchar un gruñido cansado procedente de su propia prima.

Ty se había contorsionado para colar su cabeza y sus rellenas mejillas entre ambos asientos delanteros. El gorro andino le tapaba parte de los ojos y le daba un aspecto más gracioso.

-No seas tan aguafiestas – en vez de mirar a una de las dos jóvenes que ocupaban el asiento trasero, movió la cabeza pero el gorro permaneció en su sitio.

-¿No te queda un poco grande ese gorro? – preguntó tontamente tal evidencia.

-Le gustaba y dijo que no importaba porque era lindo abrigaba – contestó la ejecutiva de los Wan antes que la bailarina.

-No cambies de tema – interrumpió la joven de ojos grandes, aunque ocultos tras un gorro – Sami hizo mal y eso ya lo sabemos. Ahora solo debe no hacerlo más.

Con una sensación de indignación, La joven Sato clavó sus mirada esmeraldina en su compañera de asiento.

-¿Por qué se lo has dicho?.

-Eso no importa, Sami – interrumpió Ty – Lo que debes hacer es cuidarla y preocuparte pro esa chica pero sin usar dinero o influencia, sino siendo una amiga y ayudándola como una amiga.

-No es tan sencillo, Ty – interrumpió la mujer de las lentes – Hay gente que quiere aprovecharse.

-Iba a devolverle el dinero que Sami le puso a escondidas – el tono de la bailarina era esperanzador – Eso no lo hace esa clase de personas que tu crees y seguro que si se tratan con cariño serán grandes amigas. Sami es adorable, como tu cuando no gruñes.

-Gracias Ty – regaló una sonrisa la joven Sato antes de agachar la cabeza al observar el ceño profundamente fruncido de la prometida de Varrick.

-Yo no soy una gruñona – Zhu estaba muy contrariada por tal comentario – Tu solo quieres volver a ver a la chica que la salvo.

Lo que pensaba que sería un ataque letal y directo, resultó no fructificar en absoluto cuando aquel hada sin alas sonrió burlonamente y asintió con gracia y cierto ademán de solemnidad.

-Por supuesto – afirmó – Pero también quiero que Sami conozca otra gente, viva la vida y note que sin dinero puede marcar la diferencia.

La chica de las lentes tuvo que agachar la cabeza ante una bailarina que solventó cualquier escollo en su camino para lograr cumplir sus sueños. El esfuerzo de Ty era tal que ni su prima i nadie se los Wan podían discutirle nada. Infantil, decidida, terca y con una sonrisa que ilimunaría una habitación a oscuras; así era Ty Lee Wan.

-Yo conozco a esa chica – comentó despreocupadamente Kuvira con la intención de intentar relajar el ambiente y no centrar el problema en su jefa.

Un chasquido en la mente de la bailarina se hizo notar cunado la escolta que conducía a su lado terminó la ultima palabra. Aquella hadita sin alas no negaba sus deseos y lo que acaba de descubrir le levantaba un interés tremendo. Se movió en su asiento hasta poder observar fijamente a la guardaespaldas, la cual comenzaba a sentir una leve incomodidad ante aquellos ojos almendrados que la observaban casi sin pestañear.

-¿De qué la conoces?.

-Entrena en el gimnasio de un amigo – esos enormes ojos estaban completamente abiertos captando el movimiento de esos labios al responder.

-¿Cual es? – preguntaba Ty esperanzada ante el hecho de descubrir novedades.

-Se llama la Gran B – contestó la escolta – Esta entre la calle Wei y la Tunarum.

-Tal vez debería pasarme y ver que tal – argumentó para sí misma – Depende de como vaya hoy.

-Pero si ya estas en un gimnasio – replicó Zhu Li ante tal locura.

-Igual me apetece cambiar de aires.

Aquel tono pícaro a la par que decidido hizo saltar todas las alarmas de Kuvira, la cual ya veía a esa chiquilla rompiendo corazones en el gimnasio de Bumi o comentando detalles de la vida intima de la señorita Sato con algún asiduo.

-Es un gimnasio centrado en el combate – intentaba quitarle la idea la cabeza antes de que P'Li l aplicase alguna llave.

-Así aprendo autodefensa – y a la par que decía esto iba lanzando pequeños puñetazos al aire con cuidado de no golpear el parabrisas.

No tardaron tanto en llegar y aparcar en la plaza que por fortuna, le habían reservado a la señorita Sato como gesto de buena voluntad. En el fondo, todos sabían que tratar bien a la heredera podía conllevar una cuantiosa donación; algo que ya se estaba tramitando como agradecimiento a tales actos.

Todos los ocupantes del vehículo bajaron y comenzaron a caminar hacia los peldaños de la entrada. Nadie decía nada debido a la leve tensión que había habido minutos antes pero eso iba a cambiar cuando la ingeniera de los Wan rompiese el silencio.

-Sami, tengo que decirte que sigo pensando que la cosa no será como mi prima cree.

-Dejalo, Zhu, que Sami haga lo que quiera.

-Kuvira, ¿tu que crees? – preguntó la joven Sato a su fiel escolta. Ni que decir tiene que la empresaria no sabía de las preocupaciones por las que pasaba el guardaespaldas con todo este tema. Generalmente, un miembro de seguridad jamás expondría su opinión pero con Asami sabía que valía la sinceridad.

-Creo que es un error, señorita – y dichas estas palabras pudo ver el ceño preocupado de su jefa – Después de lo sucedido y temo que manipulen su gran corazón.

-Gracias por tu preocupación – contestó la heredera pero no había que ser ningún genio para saber que mente ya maquinaba lo que tendría que hacer pasado ese día.

Allí, ascendiendo por el cemento de los escalones, la joven empresaria empezó a pensar que habría cambiado de no haber salvado a Korra en su momento, de no haberla visto en su segundo intento, de no haberse acostado con ella, de no haberle guardado el dinero y de no haber insistido en verla tan cotidianamente. Seguramente los retazos tenues de su vida seguirían siendo como velas a medio consumir, procurando no apagarse con el aliento de los escribas que intentar iluminar su lectura con cirios casi agotados. Puede que no hubiera cambiado nada o lo hubiera cambiado todo pero ella sabía una cosa que nadie más sabía; el sentimiento que se despertaba en ella cuando observaba a la joven de tez morena durmiendo en aquella cama de hospital. Un sentimiento de cariño y responsabilidad ante los actos de sus propias decisiones, aquellos que no iba a dejar escapar como el agua de un río entre sus dedos. Ella había salvado una vida y ahora estaban conectadas, por responsabilidad, por amistad, por el hilo rojo del destino o por la divina providencia. No sabría por quien o que, pero lo que si sabía era que quería volver a ver ese ojos llamados zafiros.

Continuará...

Mi fic Kyalin se ha terminado. Primavera en Ciudad República ha sido concluido, quedando solamente en hiatus para algún que otro capítulo especial que lanzará cada par de meses. Espero que los que no lo leían, ahora se animen a hacerlo porque tardará varios meses en tener una actualización.

Lo siento!

Perdonad que no haya encuentro y charla entre Korra y Asami pero es que quería solventar lo que he escrito para aclarar ciertos puntos, profundizar en más personajes, mostrar una jornada laboral de Asami y que así las futuras largas charlas que han de hacerse sean las completas protagonistas del momento, sin nada que haga sombra a tal momento. Esperad solo una semana más y estarán juntas.