Hey Readers! Lamento haberme tardado tanto, pero es que la historia está por terminar y le estoy echando el doble de ganas con cada cap nuevo.
Gracias a las personas que dejaron reviews para "Where Did You Go?", en verdad se los agradezco:
"KutisHN", "Nessie Cullen Jazz", "Flor McCarty O' Shea", "Lili4ever", "I'amVampireDelDistricto12", "Nelita Cullen Hale", "Dnisse", "Isa Cullen", "Gertrude", "¿Guest?" & un gracias muy MUY especial para "Tany Cullen" pues a pesar del poco tiempo que tiene (por sus tareas y deberes y así) se tomó la molestia de seguir a "Darkest Water" MUCHAS MUCHAS GRACIAS!
También gracias a quienes agregaron a la historia como favorita y a mi como su autor favorito.
Y ahora sí, como lo prometido es deuda, debo anunciarles que el prox cap será "Emmett & Bella's POV" :D
Así que no se lo pueden perder!
Nos leemos en unos días. Gracias de nuevo por el apoyo.
Las quiero, readers!
- Cezi
Capítulo 28: "Broken" - Lifehouse
Broken
Rosalie's POV
- ¿Esto es todo? - me preguntó Edward cuando llegamos al aeropuerto de Seattle.
Asentí con la cabeza.
- Bien. Entonces iré a registrar las maletas. No tardaré.
Sonrió y besó mi frente antes de alejarse.
Decidimos darnos un tiempo lejos de Emmett y Bella. Pasaríamos 3 semanas con los familiares de Edward en Italia. Esperábamos que con la distancia las cosas se tranquilizaran.
Me sentí un poco decepcionada porque no iríamos a Londres después de todo. Pero no estaba de humor como para convivir con mi madre, aún la culpaba por la vida falsa que me había impuesto.
Italia nos daría tiempo para pensar y sanar heridas.
Caminé hasta la cafetería y, mientras esperaba por mi té, llamé por última vez al celular de Emmett para despedirme:
"Hola, este es el celular de Emmett McCarthy. Por el momento no puedo contestar. Deja por favor tu nombre y número para comunicarme contigo. Que tengas buen día"
- ¿Emmett? Es Rosalie. No sé si recibas este mensaje o no pero... sólo quería decirte que me voy a Italia por un par de semanas. Lamento no haberte avisado antes... - suspiré - Aún tengo la esperanza de que logres perdonarme algún día... Te amo. Adios.
Un nudo se formó en mi garganta, pero ya no quería llorar. Edward se preocupaba demasiado cuando me veía así. Suspiré profundamente, dejando atrás las lágrimas y me dirigí a la sala de espera. Nuestro vuelo no debía tardar en ser anunciado.
A los pocos minutos, Edward regresó para sentarse junto a mi.
Sinceramente, conocer a su familia me atemorizaba un poco. Ellos no quisieron asistir a nuestra boda pues sabían que, el único interés de mi madre por Edward, era la herencia que sus padres le dejaron al morir. De seguro tenían un mal concepto sobre mi: una cazafortunas o algo así.
- Rosalie, te lo he dicho miles de veces - dijo riendo - Todo saldrá a la perfección. Mis tios y primas estarán encantados por conocerte.
Lo miré incrédula.
- Disfrutemos estas semanas fuera de Forks. Lo necesitas... Lo necesitamos - sonrió.
Tomé su mano y sonreí también.
Nos esperaba un vuelo de 19 horas. Cuando abordamos el avión, nos dirigimos a la sección de primera clase.
- Sr. y Sra. Cullen. Síganme, por favor - dijo la azafata.
Nos indicó nuestros asientos, no sin antes coquetear un poco con mi marido. El comportamiento de las mujeres alrededor de él me resultaba divertido.
La noche llegó un par de horas después de que despegamos. La mayoría de los pasajeros estaban dormidos.
Una manta cubría mis piernas. Me quité los audífonos de mi iPod y noté que Edward miraba fijamente la ventana.
- ¿Edward? - lo llamé a susurros.
- Dime - dijo volteando a verme.
- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Seguro.
- ¿Cómo fue que te enamoraste de Bella?
Él, definitivamente, no esperaba esa pregunta pues su cuerpo se tensó al instante.
- Vaya. No lo sé.
Guardé silencio esperando una respuesta.
- Bella... Bella es especial. No sé cómo explicarlo. Sentía una extraña necesidad de protegerla. La conocí en el restaurante frente al hospital. Una cosa llevó a otra y comenzamos a frecuentarnos... - suspiró incómodo - Rose, ¿segura que quieres hablar de esto?
Asentí con la cabeza.
Él pensaba que me sentía triste o decepcionada con su respuesta pero, la verdad, es que deseaba saber más de ella.
- Fui a cenar varias veces a su casa - continuó Edward - compartíamos gustos de música, libros, películas. Ella... Ella me enamoró. Así de sencillo. Fue una conexión instantánea, como si estuviese destinado a pasar.
Sus ojos reflejaban un dolor asfixiante, ¿por qué jamás me había dado cuenta?
- ¿Por qué preguntas, Rose? - dijo fingiendo una sonrisa. El dolor paralizaba su rostro.
- Tú estuviste allí para mi con todo el asunto de Emmett, me consolaste, me apoyaste. Siento que yo no hice lo mismo por ti.
- Los dos compartimos el mismo dolor. Estuvimos allí, soportando el dolor del otro.
Tomó mi mano y la besó.
Aparté la manta de mis piernas y me acerqué a él para recargar mi cabeza en su pecho.
Edward nos cubrió a los dos con la manta y, poco después, se quedó dormido.
Traté de conciliar el sueño varias veces pero simplemente no podía. Un plan rondaba mi mente: De regreso a Forks, hablaría con Bella. La convencería de que regresara con Edward, de que lo perdonara.
Rayos de sol me despertaron al día siguiente.
- Buenos días - dijo Edward.
- Hola - bostecé - ¡Vaya!, por un momento olvidé que seguiamos en el avión.
- Sólo faltan 5 horas más.
- ¿Estás bromeando? - dije fastidiada.
Él se rió de mi reacción y me besó en la coronilla.
- ¿Quieres que te pida tu desayuno?
- No tengo hambre. Ammm, ¿quién nos recogerá en el aeropuerto?
- Mis tios: Carmen y Eleazar.
Edward's POV
Aterrizamos casi a las 2 de la tarde. Para mi sorpresa, toda mi familia nos esperaba en la zona de equipaje.
- ¡Edward! - gritaron mis tres primas a la vez y corrieron a abrazarme.
Las abracé con la misma energía y las llené de besos.
Irina tenía 8 años, Kate 10 y Tanya 11. Viví con ellas y mis tios por más de seis meses después de que mis padres murieron, prácticamente eran mis hermanas.
- ¿Cómo has estado? Te extrañamos demasiado - dijo Kate, dedicándome una gran sonrisa.
Sonreí también. Rose estaba justo detrás de mi, mirándome apenada.
Tomé su mano y la acerqué a mi.
- Rosalie, ellas son mis primas Irina, Kate, Tanya y ellos Carmen y Eleazar. Familia, ella es mi esposa: Rosalie Hale.
- Mucho gusto - dijo sonrojada.
Por un momento nadie hizo ningún sonido.
Lo que me había dicho Rose en el avión era cierto, mis tios consideraban, a su madre, una oportunista por obligarnos a casarnos. Pero yo lo negué mil veces diciendo que en verdad estaba enamorado de ella.
Mis primas la abrazaron con la misma efusividad.
- Rosalie, ¡Qué gusto conocerte al fin! - dijo Tanya.
Rose me miró perpleja, en definitiva, no esperaba este recibimiento.
Mis tios también se acercaron a saludarla.
Después, recogimos nuestras maletas y nos fuimos a su casa.
- Lamentamos mucho no habernos presentado a su boda - mencionó Eleazar en el camino.
- Entiendo totalmente. No deben disculparse - sonrió Rose.
Sabía que mi familia la amaría. Rosalie era una mujer encantadora y muy hermosa.
- ¿Por qué adelantaron sus vacaciones? Pensamos que nos veríamos en Londres para Navidad - preguntó Kate, llena de curiosidad.
- Pues porque... - comencé a decir pero Rose me interrumpió:
- Edward me contó cosas maravillosas de ustedes, no quise esperar más para conocerlos.
Rosalie me miró guiñándome el ojo.
Sonreí y besé su frente.
- Bien. Hemos llegado - anunció Carmen un acento italiano.
Su hogar era tal y como lo recordaba: La mansión caoba con el enorme jardín.
- Por favor, pasen pasen - nos invitó Eleazar.
Mis primas nos tomaron de la mano y nos jalaron al interior.
- ¿Este fue tu hogar? - preguntó Rosalie fascinada.
- Ha pertenecido a la familia de mi madre por más de 4 generaciones.
- Es increíble, maravillosa - dijo, mirando por doquier.
- Me alegra que te guste - nos interrumpió Carmen - Permítanme enseñarles la habitación en donde se quedarán.
- ¿Quedarnos aqui? - preguntó Rosalie sorprendida - Disculpe, pero no queremos molestar. Podemos hospedarnos en un hotel.
- No, no. Por favor. Eres la esposa de mi sobrino. Eres parte de nuestra familia ahora. No vamos a permitir que se queden en ningún otro lugar que no sea aqui - sonrió mi tia.
Rosalie, de repente, soltó un par de lágrimas. Su expresión me tomó por sorpresa.
- Disculpen - dijo ella y, sin decir nada, salió de la casa.
Mi tia me miró extrañada.
- ¿Dije algo malo? - lucía asustada.
- Iré a buscarla.
Salí de la casa y la encontré sentada en una de las bancas del jardín, junto a una gran fuente.
- ¿Rose? - grité.
Pero ella ocultaba su rostro con sus manos.
- ¿Rose? ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?
Ella siguió sollozando.
- Rose, me estás preocupando. ¿Qué pasa?
- ¿Por qué accediste a casarte conmigo? - preguntó molesta, mirándome a los ojos.
- ¿Qué? ¿De qué hablas?
- Tienes una familia que te ama, eres un excelente médico, tienes dinero, eres apuesto. ¿Por qué echaste todo eso a la borda? ¿Por qué accediste a casarte conmigo?
- Rosalie...
- Lo único que te he causado son problemas. Tú no debíste casarte conmigo, debiste quedarte aqui, con tus tios, con tus primas que te adoran. Debiste ser feliz con Bella y yo... yo sólo estoy arruinado todo.
- ¡Rosalie! - la interrumpí de golpe - No me arrepiento de nada. ¿Me entiendes? ¡De nada! Sé que jamás hemos vivido como una pareja de esposos, pero no cambiaría nada. Bueno... tal vez sí... como acercarme a ti e iniciar nuestra amistad desde el nuestro primer día en Forks. Por favor, Rose. No lo tomes de esa manera. Somos amigos, ¿o no?
- Lo lamento. Pero... es que creo que yo jamás hubiera podido renunciar a esta familia. Ellos te aman, Edward. En verdad lo hacen.
- Es tu familia también, Rose.
Sonreí y besé su mejilla. Me quedé junto a ella hasta que se sintió más tranquila.
- ¿Podrías darme un segundo a solas? - dijo secándo sus lágrimas.
- Desde luego, subiré nuestro equipaje a la habitación - antes de irme volví a besar su mejilla y me retiré.
Mis tios y primas me esperaban ansionsos en la sala.
- ¿Edward? ¿Qué pasa? ¿Rosalie, está bien? - preguntó Carmen.
- Si. Todo está bien. Es sólo que... se siente un poco triste. Ella jamás ha estado rodeada de sus familiares. La situación la pone nostálgica.
Kate e Irina se miraron por un momento y subieron de prisa al segundo piso.
- Podemos preparar una cena deliciosa para ustedes. Así Rosalie no estará triste - propuso Tanya.
- Por supuesto - se unieron mis tios.
- Se lo agradezco - sonreí - Ahora que lo recuerdo, ¿les molesta si hago una llamada?
Rosalie's POV
Después de disculparme con Carmen por la escena que armé, me guió a nuestra habitación.
- Perteneció a mi hermana, la madre de Edward, cuando eramos jóvenes. La encontrarán acogedora.
Una habitación, que más bien parecía suite, aguardaba tras las puertas; tapizada con colores pasteles, una sala rústica y una hermosa vista.
- Aquí está el baño - señaló una puerta - dejé toallas limpias para que tomes una ducha y bajes a cenar.
Carmen se acercó y me abrazó.
- Eres parte de nuestra familia, ahora y siempre, ¿de acuerdo?
Asentí con la cabeza y sonreí.
- Está bien. Te dejaré sola. Te esperamos abajo.
- Muchas gracias... por todo.
Ella también sonrió y salió de la habitación.
Tomé mi maleta y desempaqué toda mi ropa, acomodándola en el closet junto al baño. Hice lo mismo con la de Edward.
Agarré un par de toallas y entré a bañarme. El agua caliente me relajó pero también trajo recuerdos dolorosos.
- Emmett - susurré.
Para ser sincera, a veces me molestaba estar tan enamorada de él. No había un sólo momento durante el día en que no lo recordara.
Al salir de la ducha, con el cabello aún escurriendo, elegí mi atuendo para la cena de esa noche.
Opté por una blusa blanca de tirantes, un suéter gris holgado, jeans entubados y mis tacones negros Louboutin.
Cepillé mi cabello, apliqué un poco de maquillaje y perfume antes de bajar con los demás.
Para mi sorpresa, todos estaban reunidos en la sala a excepción de Edward y Kate.
- Lamento la tardanza.
- Rosalie, te ves hermosa - dijo Irina, la más pequeña de las tres.
- Tú también te ves hermosa - sonreí.
- Siéntate a mi lado - me pidió Tanya.
- ¡Tanya! - dijo su padre llamándole la atención.
- Será un placer - reí y me senté junto a ella.
Era tan agradable toda el aura que emanaba la familia. Era como la que yo siempre quise tener.
- ¿Un poco de vino tinto? - me ofreció Carmen.
- Si, por favor... Uhmm... ¿Dónde está Edward?
- Oh, Kate le pidó ayuda con unas cosas. Están en el jardín trasero - me contestó Eleazar.
- ¡Es una sorpresa! - anunció Irina.
- ¡SHHHH! ¡Irina! No debías decir nada - dijo molesta Kate entrando a la habitación seguida de Edward.
- ¿Una sorpresa? - pregunté sonriendo.
- Si, era para ti. Pero Irina lo arruinó todo - protestó Tanya.
- ¿Se puede saber qué es? - pregunté de nuevo.
- ¿Por qué mejor no cenamos primero? - propuso Carmen - Pasen todos al comedor. Niñas, vayan a lavarse las manos.
Las tres niñas hicieron una mueca y se dirigieron al segundo piso.
Eran sumamente adorables.
Por un momento soñé despierta: Imaginé el escenario pero con distintos personajes: Emmett y yo viviendo en Italia con nuestras tres hijas. ¡Qué maravilloso sería eso!
- ¿Rose, me acompañas? - preguntó Edward, sacándome de mis pensamientos.
Tomé su mano y nos sentamos juntos en el comedor.
La comida estuvo exquisita. Verdadera gastronomía italiana.
- Dios, jamás había comido tanto como hoy. Carmen, estuvo delicioso. Me encantaría cocinar así.
- Tenemos mucho tiempo, estoy segura que puedo enseñarte varias recetas para que las cocines de vuelta en Forks - dijo ella.
- Eso suena bien - sonrió Edward.
- Bueno niñas, es tiempo de que vayan a dormir. Despídanse de Edward y Rose.
- ¡Falta la sorpresa! - dijeron al mismo tiempo.
Las tres me tomaron de la mano y me llevaron al jardín trasero que albergaba una enorme piscina.
Kate depositó en mis manos un pequeño control remoto.
- Aprieta el botón - me indicó.
Al momento que lo apreté, miles de luces navideñas rodearon el enorme jardín, pero lo que llamó mi atención era un pequeño cartel hecho con crayolas y plumones de colores que decía:
"Bienvenida a la Familia, Rosalie" con muchos dibujos y adornos.
- ¿Hicieron esto para mi? - pregunté llena de felicidad.
- No queremos que te sientas triste. Tú eres de la familia ahora - me dijo Irina.
Me acerqué a las tres y las abracé.
- Es la mejor sorpresa que me han dado. Muchas gracias, niñas.
Contemplamos el cartel y las luces una vez más antes de entrar a la casa.
- Mis amores, es hora de dormir - repitió su madre.
- Buenas noches - besaron mi mejilla e hicieron lo mismo con Edward.
- Buenas noches - dijeron ahora Carmen y Eleazar, dándonos un abrazo.
Luego, subimos hacia nuestra habitación Edward y yo.
- Gracias por el cartel.
- Fue idea de las niñas - sonrió - A propósito, yo también tengo una sorpresa para ti. Mañana lo verás.
Besó mi frente y nos preparámos para dormir.
Edward's POV
Al día siguiente, después de desayunar, Rosalie y yo nos preparámos para salir. Era tiempo de revelarle su regalo sorpresa.
- ¿Debo ir formal o algo así?
- No, necesariamente. Sólo lleva zapatos cómodos.
Me miró incómoda. A Rosalie le molestaba no tener el control sobre las cosas.
Tomé prestado el automóvil de mis tíos y partímos.
En el camino, Rose estaba inquieta.
Cuando me estacioné en frente a la estación de trenes, me miró confundida.
- ¿Vamos a ir a algún lado?
Negué con la cabeza sonriendo.
Me dedicó una mirada asesina y yo me eché a reír.
Caminamos hasta la sala de espera, cuando "la sorpresa" arrivó.
- ¡ROSE! - un grito provino desde el otro extremo de la sala.
- ¿Angela? - Rose dibujó una enorme sonrisa en su rostro - ¿Trajiste a Angela?
- Sé que tenías muchas ganas de verla. Como no fuimos a Londres, la llamé para que nos acompañara por lo que resta de la semana.
- Gracias, gracias, gracias - me abrazó dando brinquitos.
Por un momento recordé a Alice, pero suprimí los recuerdos de inmediato.
Contemplé como las dos se abrazaron por largo rato. Les sugerí llevarlas a un restaurante para que se pusieran al corriente de todo lo sucedido.
- Me marcas a mi celular cuando quieras que pase por ustedes.
- Gracias de nuevo, Edward. Nos vemos en unas horas - me dijo Rose.
Regresé a la casa y tomé un baño. Angela y Rosalie tenían más de 7 meses sin verse, en definitiva iban a tardarse en llamarme.
Pasé el resto de la tarde con mis primas, había olvidado lo mucho que les gustaba tocar el piano así que me uní a ellas.
- ¿Qué es esa pieza que tocas? - preguntó Tanya.
- Se llama "Clair De Lune", mi madre me la enseñó. ¿Quieren aprenderla?
- ¡Si! - dijeron las tres sincronizadamente.
Estaba a punto de oscurecer cuando Rosalie me pidió que fuera por ellas.
Cuando llegué, noté que los ojos y la nariz de Rose la delataban. De seguro había hablado con Angela sobre Emmett. Era eso lo que necesitaba: desahogarse.
Sabía que ella no podía contarme todo lo ocurrido entre ellos, tal vez por vergüenza. Tal vez pensaba que me molestaría por lo que tenía que decirme.
Dejamos a Angela en un hotel cerca de la casa y regresamos con mi familia.
- ¿Estás bien? - pregunté cuando estuvimos solos en nuestra habitación.
- Si, muy bien. Gracias por traer a Angela. Necesitaba verla.
- Sólo quería hacerte la visita más cómoda. Sé que... que lo extrañas.
Ella asintió.
- Tú también la extrañas - afirmó - ¿Tienes noticias de ella?
Negué con la cabeza.
Se acercó a mi y besó mi mejilla.
Rosalie's POV
Nuestro tiempo en Italia se acababa muy rápido.
Navidad era esa noche y yo aún no compraba ningún regalo.
Carmen se ofreció a llevarme al centro comercial. Subí rápido a mi habitación por un suéter cuando el celular de Edward comenzó a vibrar. Él no estaba, había llevado a las niñas a montar sus bicicletas.
Dudé antes de contestar.
- ¿Diga?
- ¿Rosalie? - dijo una voz masculina. La reconocí al instante.
- Seth, ¡qué gusto! Feliz Navidad.
- Una muy feliz navidad para tí también, Rose.
- ¿Qué puedo hacer por ti?
- ¿Estará Edward? Necesito hablar con él.
- Lo lamento, no está. Salió con sus primas.
- Oh, vaya. Olvidé que no estaban en la ciudad. Lamento haberlos molestado.
- ¿Todo está bien? ¿Necesitas algo?
- ¿Podrías avisarle que la junta está programada para el día 2 de enero? Traté de posponerla hasta el día que ustedes regresan, pero el consejo de por sí está molesto por la decisión repentina de Edward.
- ¿Decisión repentina?
- ¿Él no te ha dicho nada? - dudó - Renunció, Rose. Renunció al puesto de Director General del Hospital.
Me quedé en shock por un momento.
- No, no me habló de eso - respondí nerviosa - Supongo que me lo iba a decir cuando regresáramos.
- ¿No tendrán problemas por eso, verdad? - preguntó preocupado.
- No, Seth. No te preocupes, todo está bien. Yo le doy tu mensaje. Feliz Navidad.
- Feliz Navidad, Rose. Suerte
Finalicé la llamada y me quedé pensativa.
¿Por qué él no lo mencionó antes? ¿Lo habrá hecho por Bella?
... Bella... ¡el número de Bella!
Busqué en el directorio del celular de Edward el número de Bella. Tal vez, si tenía suerte, encontraría el número de su casa. Así podría hablar con Emmett.
La visita de Angela me hizo recapacitar. Había una última esperanza para que Emmett y Bella nos aceptaran de nuevo pero... aún no sabía si sería capaz de llevarla a cabo.
¡Ahá! Isabella Swan... y sí aquí está el número de su casa.
Cerré la puerta con seguro y marqué.
Después de varios beeps, contestó una mujer. Supongo que Bella.
- ¿Diga? - su voz era seria, sin vida.
- Hola... ¿se encuentra Emmett McCarthy?
- Salió a trabajar temprano, ¿puedo tomar su mensaje?
...
No supe qué decir y colgué. Esperaba que no rastrearán el número.
Tomé mi suéter y bajé las escaleras para reunirme con Carmen.
Una tarde en el centro comercial fue suficiente para completar mis regalos. Pero no para olvidar lo ocurrido.
Cuando llegamos me encerré en mi habitación y volví a marcar a casa de Emmett. Sólo que esta vez nadie contestó.
Aproveché el tiempo para envolver mis regalos, eran siete: Uno para Eleazar, Carmen, las tres niñas, Angela y Edward.
Al caer la noche, todos nos reunimos junto al árbol y, bebiendo chocolate caliente, abrimos nuestros regalos.
Recibí uno de cada miembro de la familia: Eleazar me regaló un abrigo, Carmen unos aretes, Irina una hermosa taza rosada, Kate un listón de seda para mi cabello, Tanya unos zapatos y, finalmente, Edward me regaló un guardapelo de plata.
- Perteneció a mi madre. Espero que te guste.
Lo abracé y besé su mejilla.
- Es hermoso. Todos los regalos fueron hermosos. Muchas gracias.
Nos desvelamos contando historias divertidas hasta que a las niñas las venció al sueño. Las llevamos a sus camas y después nos dirigimos a la de nosotros.
Cepillaba mi cabello mientras Edward se lavaba los dientes.
- Oh, Olvidé decirtelo. Seth llamó, al parecer no pudo retrasar la junta. Será el 2 de enero.
- En ese caso me iré yo, puedes quedarte un par de días y luego alcanzarme en Forks. ¿Te parece?
- Está bien... Ahmmm, ¿Edward?
- ¿Si?
- ¿Por qué no me dijiste que renunciaste?
Guardó silencio y luego respondió:
- No lo sé... no es importante - salió del baño y se dirigó hacia donde yo estaba.
- ¿Qué vas a hacer ahora?
- Seguir tu plan.
- ¿Mi plan?
- Me dijiste que sería buena idea abrir un hospital para gente de bajos recuros y eso es exacto lo que haré - dijo victorioso.
- Edward, lo estás tomando a la ligera.
- Tranquila, Rose. Todo estará bien. Buenas noches - besó mi frente, dando así por terminada la conversación.
Era la tercera vez que marcaba a la casa de Emmett y nadie contestaba.
¿Habrán salido de la ciudad?
Salí al jardin donde las niñas jugaban a las escondidas. Edward también estaba allí.
- ¿Dónde están Carmen y Eleazar? - pregunté acercándome a él.
- Salieron de compras. Nos encargaron que cuidáramos a las niñas.
- ¡Rose, Rose! - gritó Kate - ¿Juegas con nosotros?
- Está bien - sonreí - ¿A quién le toca contar?
- ¡A Tanya! Corran, corran. Escóndanse - dijo Irina con una risotada.
Pasamos el resto de la tarde divirtiéndonos con las niñas, hasta que llegaron los tios de Edward.
- ¿Rose? ¿Edward? ¿Pueden venir por favor? - nos llamaron desde la sala.
- ¿Qué pasa? - dijo Edward tomando mi mano.
- Les tenemos un regalo a los dos - sonrió Carmen - Bueno, no pudimos asistir a su boda así que queremos recompensarles la molestia... Les compramos boletos para que se vayan por unos días a... ¡Roma!
- ¡¿Roma? - mis ojos se salían de sus órbitas.
- No debieron molestarse - rió Edward.
No podía creerlo. Mi padre pasó la mayoría de su juventud en Roma. Él siempre me contó relatos increíbles sobre la hermosa ciudad. Jamás pude costearme un viaje allá y ahora, de repente, me regalaban boletos para ir a conocerla.
- ¿Ustedes no vendrán? - preguntó mi esposo.
- No, no. Este regalo es exclusivo para la feliz pareja - dijo Eleazar sonriendo.
- No tienen idea de lo que significa para mi. Muchas gracias - me lancé a los brazos de Carmen y ella respondió con un beso en mi mejilla.
- Yo que ustedes me ponía a empacar. Su vuelo sale mañana a primera hora - murmuró ella.
Edward's POV
Rosalie estaba que no cabía de felicidad. Mis tios y primas nos llevaron muy temprano al aeropuerto. El vuelo era de dos horas, por lo que ella no refutó.
- ¿Edward? ¿Puedo hablar a solas contigo un momento? - me pidió Eleazar.
- Claro, tío. Iré a comprar cigarros. Vamos.
Caminamos hasta la tienda de regalos y mientras me atendían, le cedí la palabra.
- Hijo, tú sabes que la herencia que te dejaron tus padres estará allí para el momento que lo necesites. No sé porqué insisten, tú y Rose, en regresar a Forks. Dinero no les falta. Si quieres conseguir un trabajo, conozco un amigo que puede ayudarte. ¿Por qué no se quedan con nosotros? - me propuso.
Me impresionó su oferta.
Hace varias semanas, justo después del "incidente", consideré la opción de regresarnos a Londres y nunca más volver, pero eso significaba alejarme de Bella para siempre. Y estoy seguro que Rose no aceptaría alejarse de Emmett tampoco.
- Agradezco tu propuesta, tío. Pero Rose y yo tenemos una vida hecha en EEUU. No podemos dejarlo todo así como así.
- La oferta está hecha. Espero que en esta semana que estarán solos la concideren.
- En verdad lo aprecio. Hablaré con ella al respecto.
Nos despedimos de todos con un abrazo. No los veríamos hasta un día antes de año nuevo.
- ¿Nerviosa? - le pregunté cuando nos señalaron nuestros asientos.
- Mucho. Aunque estoy más emocionada que nerviosa - rió.
- Tenemos mucho tiempo para conocer cada rincón de Roma, estoy seguro que te fascinará.
- No puedo esperar.
Su comportamiento era adorable. Parecía una niña pequeña.
Siguió parloteando durante el vuelo, hasta que, de repente, guardó silencio.
Contempló la ventana por un buen tiempo. Pensativa. Por un momento pensé que se había quedado dormida hasta que:
- Uhmmm, ¿Edward? - volteó hacia mi.
- ¿Qué pasa?
- Tengo... una confesión que hacer... no es nada malo... bueno, espero que no te moleste.
Asentí con la cabeza para que prosiguiera.
- Llamé a Emmett... busqué en tu celular el número de Bella y he tratado de localizarlo.
- ¿Por qué habría de molestarme? - sonreí - ¿Tuviste suerte?
- No - susurró.
Bajó su mirada hasta sus manos, que descansaban en su regazo, y no la movió de ahí.
- ¿Hablaste con ella? ¿con Bella? - pregunté ansioso.
- Escuché su voz... pregunté por Emmett, ella me dijo que no estaba y, sin decir nada más, colgué.
Sonreí y besé su mano, pero ella aún lucía tensa.
- ¿Hay algo más?
- Si... si lo hay... Lo estuve pensando y... - dijo pausada.
- ¿Rose?
Me miró a los ojos con una expresión seria.
- Quiero... que... - suspiró - ... Quiero que solicitemos el divorcio.
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