Bueno, perdón por la tardanza, de verdad. No sé por qué me está tomando tiempo hacerlo. No sé qué me pasa. Bueno, nada. Tenemos bastante Faberry Juice. Oh, yeah. No tengo mucho más para decir. Ojalá les guste!
Formalidades: Glee y sus personajes son de Ryan Murphy, Brad Falchuk e Ian Brennan. Además de que pertenecen a FOX, o lo que sea.
Lenght: ~4400
Capítulo 27: "Eh, Eh" (Lady Gaga)
- Oh, Dios -se escuchó salir de entre la línea de lockers rojos del cuarto de las duchas de las mujeres-. Más rápido.
Rachel estaba arqueada hacia atrás, con la cabeza apoyada en la línea de compartimientos, con los ojos fuertemente cerrados y la boca ligeramente abierta. Entre sus piernas se lograba divisar una cabeza con cabello dorado, moviéndose para delante y hacia atrás, unas blancas manos aferradas a bronceados muslos expuestos a la vista, acariciándolos suavemente mientras un brazo tostado se estiró y se enganchó a la nuca de la rubia, manteniéndola bien cerca de donde estaba trabajando en ese momento.
- Eres tan buena para ésto -dijo, respirando fuertemente. Su cuerpo se puso rígido-. Oh, Dios. Oh, Dios. Te amo. Dios.
- ¡Demonios, Q! -dijo alguien. Quinn despegó su cara de la entrepierna de la morena y miró hacia su izquierda, Rachel se volteó, tapándose automáticamente sus partes privadas. Ambas estaban rojas y sudorosas. La pesadilla de Rachel se hizo realidad: Santana se iba a burlar de ella para siempre. No era que le irritaba que Santana la molestara; ya no. Además, la latina había dejado de molestarla (bajado su nivel de molestia, a decir verdad). Pero que la molestara haciendo referencia al acto sexual con Quinn, definitivamente iba a ser humillante y nunca iba a ver el final de esas bromas. Dios-. No tenía ni idea -siguió Santana, cruzándose de brazos mientras sonreía con una ceja arqueada-. Solías ser tan santurrona. Estoy impresionada. De verdad.
- ¿Podemos irnos? -preguntó Rachel, molesta y avergonzada (más avergonzada que molesta, a decir verdad), acomodándose la pollera y cruzando sus brazos protectivamente.
- De ninguna manera. Ustedes no se van a ninguna parte -dijo Santana. Quinn la miró confundida-. Vamos a entrar al gimnasio de natación. Puck nos está esperando.
- ¿Qué? ¿No se supone que no tenemos que hacer éso? -preguntó Rachel confundida.
- Es exactamente por éso que vamos a entrar -dijo Santana en tono de obviedad. Quinn la miró entrecerrando los ojos. La latina los puso en blanco-. Además, hace demasiado calor hoy como para no hacerlo. Admítelo, enana -la rubia la miró ferozmente-. Lo siento, se me hizo costumbre.
- ¿Entonces vamos a ser nosotros cinco nada más? -preguntó Quinn.
- No. Están Tina, Mercedes y Kurt. Los únicos que pudimos alcanzar que andaban rondando el colegio a estar horas.
- ¿Y cómo se supone que vamos a nadar si no tenemos la ropa adecuada para la situación? -preguntó Rachel.
- ManHa... -Quinn la miró otra vez-. Berry. Berry ¿Okay? Ya entendí -dijo mirando a la rubia y luego volvió su mirada a la morena, que le sonreía a Quinn, agradecida-. Puedes nadar en ropa interior. O desnuda -dijo moviendo las cejas sugestivamente. Rachel miró a un costado, poniendo los ojos en blanco mientras meneaba la cabeza levemente-. Es tu decisión, cariño. Quizás si Q te ayuda, no tendrás ningún problema sacándote la ropa -Rachel se puso más colorada.
- Ya es suficiente, Santana.
- Sí, sí. Vamos -dijo la latina riendo mientras salía de allí. Rachel se acercó a Quinn y le susurró, todavía con los brazos cruzados defensivamente sobre su pecho.
- Estoy de verdad agradecida de que la hayas escondido, Quinn. Pero me gustaría que me devolvieras mi ropa interior -Quinn sonrió.
- No queremos que los demás te molesten -dijo, haciendo visible la mano que tenía escondida detrás de su espalda, que tenía las panties de la morena.
- Muchas gracias -dijo, mientras se la colocaba.
Atravesaron el colegio y luego el campo de football, siendo ésta la ruta más rápida, en vez de bordearlo, tratando de no evidenciar su presencia; tarea imposible, a decir verdad, porque estaban caminando por el medio de las 120 yardas -estaban caminando sobre la yarda 48 en realidad- de verde y plano pasto sintético; sin nada contra lo que poder ocultarse.
Cuando llegaron a la puerta del gimnasio, alguien las llamó. Era Puck, escondido al costado del edificio. Les hizo señas para que lo siguieran y en un abrir y cerrar de ojos estaban dentro.
- ¿Por qué tardaron tanto? -preguntó Puck algo molesto-. Las estuve esperando por años.
- No seas tan exagerado -dijo Kurt.
- Pregúntale a Q y a Berry -respondió Santana, riendo. Puck se volteó a verlas. Rachel desvió la mirada, cruzando más fuerte los brazos y Quinn le dió una bofetada al hombro de la latina.
- Au -dijo lentamente Santana, tocándose donde la rubia le había pegado.
- Oh, Dios mío. Ustedes lo hicieron -dijo Puck riendo.
- ¿Hicieron qué? -preguntó Kurt, frunciendo el ceño.
- De verdad no quiere saber -le dijo Mercedes.
- Oh, Dios mío -dijo Kurt, tapándose la boca y cerrando los ojos al darse cuenta, asqueado.
- Ustedes de verdad no pueden mantener sus manos fuera de la otra -rió otra vez el chico del mohicano.
- ¿Podemos dejar de hablar de ésto? -preguntó Quinn algo molesta.
- Si, por favor -dijeron Rachel y Kurt al mismo tiempo.
- Hace calor. Nademos -dijo la morena, intentando cambiar de tema.
- Estoy contigo en ésta, Berry -dijo Santana.
Se empezaron a sacar la ropa y de repente todos se quedaron en silencio cuando Rachel se sacó la remera. La morena se dió vuelta, mirando a su alrededor, extrañada por la ausencia de ruido.
- Demonios -dijo Puck, mirándola anonadado con su remera negra a medio sacar.
- ¿Qué? -preguntó asustada Rachel, tapándose el torso con su remera.
- Ustedes dos siguen sorprendiéndome -dijo Santana.
- ¿Qué se supone que significa éso? -preguntó la morena, sus cejas caídas de frustración.
- Significa que tienes un cuerpo increíble -dijo Quinn. La morena vió a Puck, Santana y Brittany asentir mientras la rubia se acercaba a darle un beso en la mejilla, provocando que sonriera.
- Ciertamente un cuerpo increíble, debo admitir -dijo Kurt.
- Gracias -le sonrió Rachel.
- De cualquier manera, ella está conmigo -dijo Quinn, abrazándola por la cadera desde atrás de manera posesiva-. Y estoy hablando con ustedes dos más que nada -dijo, mirando al chico del mohicano y a la latina, que puso los ojos en blanco.
- Lo que sea -dijo Santana, tirándose de cabeza a la pileta.
- Espera, San -dijo Brittany, que saltó detrás de ella.
- Éso es lo que yo llamo refrescante -dijo haciéndose el pelo para atrás mientras flotaba en el medio de la pileta.
- Quinn, ya me puedes soltar -dijo Rachel, zafándose para poder seguir sacándose la ropa mientras reía.
- Es sólo que... Van a ver lo que sólo yo veo -Rachel rió nuevamente, dándose la vuelta, todavía con los brazos de la porrista alrededor de su cadera, y la miró, enrollando los suyos al cuello de Quinn.
- Ellos van a ver lo que sólo tú puedes tocar -dijo, uniendo sus labios con los de Quinn-. Y saborear, si vamos al caso -dijo sonriendo, mientras dejaba salir su lengua para probar los labios de la rubia.
- Señoritas, por favor -escucharon a Kurt decir desde la piscina.
- ¿Y si vamos a tu casa? -preguntó Quinn, Rachel rió-. O a la mía.
- ¿Estamos con ganas? -preguntó sarcásticamente Rachel-. Quedémonos y luego tú puedes hacer lo que quieras conmigo. Cuantas veces quieras.
- Es que no se si voy a ser capaz de resistir la necesidad de violarte aquí y ahora. Tienes puesto tu conjunto negro -dijo Quinn, lamentándose y mordiéndose los labios, divirtiendo a Rachel, que la miraba con una ceja arqueada y las pupilas ligeramente dilatadas. Ella tampoco podía esperar, a decir verdad, pero éste tipo de oportunidades, seamos sinceros, rara vez se prestaban. Debía aprovecharla, ahora que estaba logrando hacer nuevos amigos.
En cuanto Rachel se quitó la pollera, a Quinn se le secó la boca y, si bien los del club Glee sabían acerca de Rachel y ella, las cosas que pensaba hacerle no se podían ni hacer en público ni ser dichas en voz alta sin correr el riesgo de ser arrestado.
- Fabray. Cierra tu boca que estás babeando -dijo Santana con el disgusto claro en su rostro. Quinn sacudió su cabeza levemente y se quitó la ropa. Puck silbó y ella puso los ojos en blanco.
- Noah Puckerman -gritó Rachel, lanzándole una mirada feroz al chico del mohicano.
Ahora entendía lo que decía Quinn.
. . . .
- Tengo que admitir que si deciden tener hijos juntas, van a salir hermosos -dijo Mercedes de manera pragmática.
- Tan linda estructura ósea -suspiró Tina.
Rachel miró a Quinn, sonriendo. La porrista le señaló para que se acercara.
- Cuélgate de mi cuello -dijo, poniéndose de espaldas a Rachel para que la morena pudiera subirse a la espalda de la rubia. En cuanto la Diva estuvo correctamente posicionada, Quinn nadó como pudo hasta llegar a una altura donde pudiera hacer pié y caminó hacia atrás hasta que se topó con la pared lateral. Santana y Puck competían a ver quién llegaba más rápido a la otra punta de la piscina. Quinn y Rachel se quedaron ahí, la rubia escuchando la respiración de la morena en su oído izquierdo y el ruido de las pequeñas olas chocándose contra ellas y contra la pared. La porrista estaba acariciando los muslos de la Diva que estaban fuertemente enrollados alrededor de su cadera.
La morena lanzó un grito ahogado y Quinn sonrió.
- ¡Quinn! ¿Qué estás haciendo? -le preguntó, sorprendida, en voz baja.
- Aprovechándome de la situación -dijo, mientras su mano se deslizaba bajo la cintura de las panties de Rachel, guiando a sus dedos al pequeño manojo de nervios. Automáticamente la morena apoyó su rostro contra el recodo del cuello de Quinn, acallando así sus gemidos, sus brazos firmemente enrollados en su cuello, para sostenerse. Era bastante erótico. Quinn podía escuchar los gemidos y la respiración pesada de la morena justo al lado de su oído. Éso la estaba excitando bastante, pero necesitaba calmarse y terminar el asunto. Hacer a Rachel acabar. Siguió apretando y haciendo círculos con sus dedos sobre el clítoris de la Diva y, con un poco más de presión, su cuerpo se puso rígido y luego se relajó. En cuanto sintió los labios de la morena dejar un beso en su hombro, Quinn resumió su posición anterior, acariciando suavemente bronceados muslos mientras (apenas, casi nada) volvía a prestar atención a lo que sucedía alrededor de ellas.
- Me las vas a pagar -dijo Rachel, con su cabeza todavía hundida en el cuello de la rubia.
- No puedo esperar- dijo Quinn.
. . . .
- ¿Por qué se están desvistiendo todos? -preguntó incómoda Rachel, las gotas de agua todavía cayendo por su torso.
- Porque tus panties están mojadas -dijo Santana, y Rachel se quedó petrificada. ¿Se habrá dado cuenta de lo que le estaba haciendo Quinn en la piscina? Si lo hizo, no dijo nada-. Y no quieres mojar tu ropa. Además, es incómodo estar mojado.
De cualquier manera, Rachel seguía incómoda con la idea de desnudarse en frente de ellos. Miró a la rubia, que mágicamente ya se había cambiado, y ésta la miró y le sonrió.
- Yo te cubro -dijo acercándose. Cuando estuvo a escasos centímetros de ella, le susurró, mirándola lascivamente-: Desvístete para mí -Rachel sonrió cómplice, arqueando una ceja, y se deshizo lentamente de las panties; agarrando la pollera que tenía Quinn en su mano. Lo siguiente fue el corpiño, que la rubia se lo desabrochó voluntariamente, pasando sus manos sobre sus pechos un par de veces-. Estaba tratando de secarlos.
- Lo que tú digas, cariño -dijo Rachel, sonriendo otra vez mientras sacudía la cabeza y arqueaba una ceja. La porrista le pasó la remera y se la puso, pasando luego a ponerse sus soquetes y sus zapatos.
- Toma -le dijo Quinn, pasándole el sweater con el dibujo del búho en el pecho-. Póntelo.
- Oh, no -dijo la morena, poniéndoselo debajo del brazo y sacudiendo la cabeza-. Allá afuera hace calor.
- De verdad deberías ponértelo.
- No, está bien, Quinn -dijo, agarrándole la mano y dirigiéndose a la salida.
- Bueno, como quieras -respondió. En cuanto salieron, una refrescante brisa los acarició y Rachel suspiró satisfecha. En efecto, la había pasado bien; pero no podía esperar a llegar a su casa para arrancarle la ropa a la rubia y vengarse.
La venganza iba a ser dulce. Oh, sí.
- ¿Está fresco, Berry? -preguntó Santana.
- Definitivamente, sí, Santana. Muy amable de tu parte por preguntar -dijo Rachel, sonriendo. Quinn se detuvo y detuvo con ella a la morena-. Quinn ¿Qué sucede?
- De verdad quieres ponerte ese sweater.
- Quinn, ya te dije que no. Hace calor.
- Rachel ¿Sabes lo que pasa cuando uno tiene frío? ¿Cómo reacciona el cuerpo ante el frío? -preguntó Quinn. La morena no sabía a dónde quería llegar con éso. Por supuesto que sabía.
- Sí. El cuerpo comienza a generar calor, empezamos a sudar, los vellos se erizan... No entiendo a dónde quieres ir con todo ésto -Quinn se quedó callada por dos segundos y luego señaló a su pecho. Rachel miró hacia abajo pero no notaba nada distinto-. ¿Qué?
- Rachel... -dijo Quinn y se acercó-. Tus... Pezones. Se ven.
- Oh...
- Exacto.
- ¿Qué tiene?
- No sé -dijo, con una pequeña inflexión al final-. Santana te va a molestar porque se... Ven -Rachel rió.
- Quinn. Santana nos encontró con tu cabeza entre mis piernas -la porrista se puso colorada ante la mención-. Creo que no hay nada más humillante. Además, la erección de los pezones es una reacción totalmente común y corriente en el cuerpo humano, así que no hay de qué avergonzarse.
- Eres increíble -dijo Quinn sonriendo fascinada.
- Lo sé. Y me amas.
- Absolutamente.
- Ven aquí -dijo, abriendo sus brazos y gesticulando con sus manos para que se acercara. La rubia se aproximó y ella la capturó con sus brazos, mirándola a los ojos y luego dándole un beso.
Cuando se separaron, miraron a su alrededor. Los chicos ya no estaban.
. . . .
Boy, we've had a real good time,
and I wish you the best on your way,
eh, eh.
I didn't mean to hurt you,
I've never thought we've fought out of place.
Eh, eh.
I heard something that I love no one,
But my friends keeping telling me that something's wrong,
then I met someone.
And ey,
there's nothing else I can say,
eh, eh, eh, eh
There's nothing else I can say,
eh, eh, eh, eh
I wish you never looked at me that way,
eh, eh, eh, eh
There's nothing else I can say,
eh, eh.
Not that I don't care about you
it's just that things got so complicated.
Eh, eh.
I met somebody cute and funny,
got each other and that's funny.
- Perfecto, Rachel -aplaudió el señor Schue. La morena sonrió mientras los demás aplaudían. Miró a Finn, que la estaba observando, en su rostro se dibujó una pequeña sonrisa. Bien, pensó Rachel. Caminó hacia la rubia y se sentó a su lado.
- Bueno, compañeros miembros del club Glee, quiero comunicarles que están todos invitados a la celebración de mi cumpleaños -dijo Kurt, parándose y caminando hacia el frente de la clase-. Si, si, ya se. Sé que están súper agradecidos y contentos de que los bendiga con la invitación, pero no hace falta que lleven regalos. Sé que no tienen ni la menor idea de que cosa me tendrían que regalar, a excepción de Mercedes -dijo, sonriéndole a la chica-, que también se libra de comprarme un regalo; así que simplemente necesito que cada uno de ustedes me de diez dólares.
- ¡¿Diez dólares? -preguntó Puck al lado de Quinn. Kurt puso los ojos en blanco por lo exagerado de su reacción.
- Yo no te tengo que dar dinero ¿No? -preguntó Finn-. Dado que vivimos juntos.
- Lo siento, Finn. Sin excepciones. Vamos, vacía tus bolsillos -dijo, abriendo y cerrando su mano, que estaba extendida hacia el QB. Finn metió la mano en sus bolsillos y comenzó a juntar billetes.
- Feliz cumpleaños adelantado -dijo Rachel, sonriéndole a Kurt mientras le daba el dinero. El chico la miró y le sonrió.
- ¡¿Treinta dólares? -preguntó sorprendido.
- Quince de parte mía y quince de parte de Quinn -respondió la morena. Kurt le sonrió a la porrista. Luego desvió su mirada hacia las manos de la morena y la rubia unidas sobre la falda de la Diva, su sonrisa volviéndose aún más grande.
- Estoy de verdad contento de que ustedes dos estén juntas -Quinn y Rachel intercambiaron miradas, sonrientes.
- Gracias -dijeron al mismo tiempo y rieron.
- Ustedes dos son tan asquerosamente tiernas -dijo Santana, cruzada de brazos y con el ceño fruncido.
- Muy tiernas -les sonrió Kurt una vez más y luego siguió recolectando dinero. El señor Schue e incluso Brad contribuyeron-. Gracias, Brad. Es de verdad muy amable de tu parte.
- ¿Cuándo es la fiesta? -preguntó Tina.
- Es el sábado -respondió Kurt sentándose en su lugar.
- ¿Y por qué nos avisas hoy? -preguntó Brittany confundida.
- Es muy fácil, mi querida amiga. Hoy hay rebajas en el centro comercial.
- Señor Schue, antes de terminar la clase me gustaría cantar una canción -le dijo en voz baja Quinn.
- Por supuesto, Quinn. Pasa adelante, es tu casa.
- Gracias -le dijo y se posicionó delante del pizarrón, sonriente-. Esta canción se llama Lucky Star. Ya algunos deben saber de quién es.
- ¿De quién es? -le preguntó en voz baja Mercedes a Kurt, inclinándose hacia su lado.
- De Madonna, por supuesto -sonrió mientras le respondía. Rachel también sonrió, porque no sólo sabía de quién era, sino también de lo que hablaba la letra de la canción. Oh, Quinn, pensó la morena.
You must be my lucky star,
'cause you shine on me wherever you are.
. . . .
- ¿Así que soy tu estrella de la suerte? -le preguntó la morena luego de la reunión con el club Glee.
- Así es -sonrió, junto con la morena.
- Hola -dijo Puck, apareciendo detrás de ellas, sonriendo con su ceja arqueada.
- Puck, ya te lo dije. No vamos a tener un trío -dijo la morena y Quinn rió. Rachel la miró levantando su ceja y sonriéndole satisfecha-. Contigo.
- ¿De qué te estás riendo? -le preguntó a la rubia, haciéndose para adelante.
- De nada. Tranquilo, Pucky Puck.
- De cualquier manera, no es por éso por lo que vine aquí -dijo un poco molesto, metiendo sus manos en los bolsillos frontales de sus vaqueros.
- ¿Entonces para qué? -preguntó Quinn.
- Porque hemos estado separados. En mayor parte porque has estado con Rachel; así que quiero entrar a su círculo.
- Puck, no vamos a tener un trío -insistió Rachel otra vez, cruzándose de brazos.
- Éso no es lo que quiero decir -dijo molesto, incapaz de encontrar las palabras correctas para expresarse. Nunca fue un chico de utilizar palabras, igualmente.
- Me extrañaste ¿No? -preguntó sonriendo Quinn.
- Si -respondió él, mirando hacia el suelo y pateando una roca imaginaria.
- Perdón por éso -se disculpó-. Es sólo que desde, tu sabes, el campamento, he estado muy ocupada.
- Me pregunto de quién será la culpa -dijo sonriendo cómplice con la rubia.
- De Rachel, por supuesto -respondió la porrista de manera pragmática.
- Ah, ¿Entonces es mi culpa? -dijo un poco molesta. Se volvió a cruzar de brazos y cerró los ojos, moviendo su cabeza secamente hacia la derecha, sacando de su vista a los Gemelos Fantásticos.
- En parte...- dijo, acercándose a la morena, que la miró con los ojos abiertos como platos y luego se fue de manera aireada-. Oh, sí.
- Definitivamente vas a tener sexo de ira -dijo Puck.
- Totalmente -dijo la rubia, asintiendo mientras veía a la morena desaparecer detrás de una esquina.
- Ése es el mejor tipo de sexo que hay.
- Es bastante excitante, en realidad.
- Ni me digas -dijo Puck.
- Mira, Puck. Estoy de verdad arrepentida que he estado distante. Te prometo compensártelo.
- Está bien. Me conformo con éso -dijo sonriendo-. Ahora ve a ligar con tu novia hasta dejarla inconsciente.
. . . .
- Rachel, ven -decía la rubia, caminando detrás de una, al parecer, furiosa morena.
- No, Quinn. Claramente soy la razón de tu distanciamiento con Noah. ¿Por qué no vas a comer un helado con él y me dejas sola?
- Quizás lo haga -respondió.
- Quizás deberías.
- Rachel... -suspiró la rubia.
- No -dijo y sintió como una fuerza la agarraba por los tríceps y la tiraba contra los casilleros de manera algo violenta, cerrando los ojos en el proceso, sin tiempo de reaccionar.
- No me das la espalda cuanto te estoy hablando, RuPaul -le dijo y Rachel la miró anonadada y asustada. Quinn sonrió en sus adentros. Unas lágrimas cayeron de los ojos de la morena y el rostro de Quinn cambió por completo, la preocupación dibujándose en su cara. Entró en pánico cuando la morena se zafó de sus manos y se fue. Oh, no. Oh, no, pensó Quinn. Quizás todavía no era tiempo de bromear con éso-. No, Rachel, espera. No era éso lo que quería decir-. Oh, demonios. No, no, no, no, no. La porrista corrió hacia la Diva y se interpuso en su camino, intentando que la mirara a los ojos, pero la cantante la evadía.
- ¿Qué quieres? -preguntó molesta.
- Rachel, no era éso lo que quería decir.
- Entonces ¿Qué querías decir? -preguntó, tirando sus brazos.
- Pensé que íbamos a tener sexo iracundo y por éso comencé a hablar como la HBIC. No quería lastimarte y menos hacerte llorar. Pensé que te iba a... Estimular, que te hablara así.
Rachel se la quedó mirando y luego desapareció detrás de la puerta del baño de mujeres. Quinn se quedó ahí, respirando profundamente; al parecer no le había gustado mucho que la llamara así. Empujó la puerta levemente, con la palma de la mano y entró cabizbaja. Observó que Rachel estaba parada en el medio del baño, mirándola.
- Perdóname -le dijo-. ¿Estás bien?
- Si -dijo Rachel y se quedó callada, como ahogando algo. Quizás un grito.
No. Una risa.
De repente, las paredes del lugar amplificaron el sonido de las carcajadas de la morena, que se balanceaba de atrás para delante, con sus manos fuertemente posicionadas sobre su abdomen, con sus ojos cerrados. La porrista no entendía por qué se estaba riendo, en realidad. La Diva dejó salir un suspiro contento y se secó una lágrima con su dedo índice derecho.
- Caíste -le dijo. Oh, no. ¿Qué le había querido decir?
- ¿Qué?
- Te lo creíste ¿No? -rió otra vez-. Soy tan buena. Puedo llorar cuando quiera ¿Sabes? -rió una vez más, divertida por la expresión desorientada de su novia.
Guau. Qué raro que se sentía pensar en Quinn de esa manera. Su novia. Su media naranja.
Se sentía bien.
- ¿Lo fingiste todo? -preguntó la rubia, perdida.
- Totalmente -rió. Pasaron dos segundos en los que volvió a pasar lo mismo, perdió la noción de lo que estaba sucediendo pero, antes de que pudiera notarlo, la rubia las había metido en un cubículo de los baños y la tenía atrapada contra la puerta, besándola fervientemente-. La idea... De sexo iracundo... No es tan mala... A decir... Verdad -decía entre beso y beso.
- Concuerdo -dijo, mientras bajaba sus besos al cuello de la morena y desabrochaba la camisa que ésta estaba vistiendo, saboreando el gusto salado del valle de sus pechos. El corpiño le estaba molestando (interceptando, más que nada), así que lo tironeó para arriba y llevó sus labios a uno de los pezones marrones de Rachel.
- Te estás volviendo bastante buena para ésto -dijo en cuanto la porrista se arrodilló frente a ella, besando su abdomen y enganchó sus dedos en la cintura de sus panties, debajo de la pollera, para bajárselas de un tirón.
- La práctica hace al maestro -dijo, mirándola mientras arqueaba una ceja y se relamía los labios.
La cabeza de Rachel se hizo hacia atrás, pegándose contra la puerta que hizo ruido, mientras cerraba los ojos fuertemente, mordiéndose el labio inferior para evitar hacer ruido.
La lengua de Quinn se sentía maravillosamente bien dentro de ella y la Cheerio estaba ciertamente volviéndose mejor en cuanto a la provisión de placer oralmente. Podía sentir su corazón latir fuerte y rápidamente, casi al ritmo de las estocadas de la lengua, y cómo éste golpeaba contra su tórax. Podía sentir todo su cuerpo comenzar a calentarse y ése tirón en lo bajo del abdomen, el delicioso dolor en su palpitante entrepierna siendo aliviado por la lengua de Quinn llegando tan profundamente dentro de ella, haciéndola sentir tan llena. Una pequeña capa de sudor recubría su frente, sus mejillas coloradas notablemente y su mano firmemente enrolladas en el cabello de la rubia, queriendo nada más que aliviar el dolor entre sus piernas.
Quinn podía escuchar los pequeños sonidos que hacía la morena, intentando acallarse en vano. Éso sólo la excitaba más, queriendo cogerla tan fuerte que la partiera en dos. Quería hacerla gritar de placer, incapaz de quedarse callada. Echó un vistazo hacia arriba, el pecho de Rachel subía y bajaba rápidamente, su mano izquierda poderosamente aferrada a la pared, probablemente la única cosa que evitaba que se cayera. Podía sentir los músculos de Rach tirando de su lengua, tratando de que llegara más profundo.
- Más fuerte -dijo y Quinn sacó su lengua, reemplazándola con tres dedos, provocando que Rachel dijera una serie de frases incoherentes y maldiciones, su voz vibrando al ritmo de las estocadas-. Oh, Quinn... -dijo, llevando sus manos a los hombros de la rubia, apretando tan fuerte que tenía miedo de dejar moretones. Pero en ese momento no importaba porque todo pensamiento racional se había ido por la borda cuando la porrista comenzó a golpear duramente y de manera reiterada ese punto específico que la hacía temblar y que debilitaba sus piernas.
- ¿Vamos a tu casa? –preguntó Quinn, dándole una sonrisa burlona. Rachel seguía con los ojos cerrados, su labio inferior capturado bajo sus dientes. Asintió mientras que sentía cómo la rubia le arreglaba la ropa. Subía su ropa interior, ponía su corpiño donde debía estar, le abrochaba delicadamente la camisa y le daba un beso en la mejilla, abrazándola por la cadera hasta que estuviera lista para caminar.
