Searching for Levi / Buscando a Levi
Escrito por
Blessende / Traducción por Maru de Kusanagi

Capítulo 28: Guns and Roses (armas y rosas)

~.~

El universo, todo el universo cósmico, la tenía con Eren. No había duda de eso. La señora en la oficina administrativa de la universidad le hecho un vistazo, mirándolo por encima de sus gafas de marco de alambre y de esa manera. Ah, él conocía esa mirada. El fruncimiento altanero de la nariz, el chupar las mejillas para adentro y darle a Jaeger la breve e infame mirada de 'No vales mi tiempo, hijo'. Lo miró a él y al cabestrillo de su brazo con tanto entusiasmo como el que tendría por crías de búfalos.

'¿Rugby?' le preguntó ella y, antes de que él pudiera formular una respuesta, ella sacudió la cabeza, en desacuerdo consigo misma. 'No, no tienes el físico.', repuso ella, los ojos divagando por sus hombros. 'Mn, no, no, no podrías haberte roto el brazo haciendo rugby.'

Ella consideró el siguiente elemento en su lista de posibilidades.

'¿Fútbol?... Nah, no creo que tengas los reflejos para eso. Debe haber sido una paliza', concluyó al fin. 'Sí, definitivamente un alborotador.'

Eren frunció sus ojos turquesa y le golpeteó el escritorio, tratando de llamarle la atención.

'Sabe, señora, puedo oírla.'

Ella lo miró con sorpresa. '¿Sí, señor Jaeger? ¿Qué puedo hacer por usted?'

Eren sacó un papel del bolsillo de su chaqueta. 'Lo que puede hacer es explicarme por qué me fue enviado esto hoy.'

La señora Hoffman, con su redecilla en el cabello, cárdigan rosa y anteojos de marco de alambre, miró el papel y se encogió de hombros. 'Ése es el cronograma para sus exámenes recuperatorios.'

El color voló de su rostro.

'¿Mi qué?'

'Exámenes', le aclaró la mujer. '¿Usted recuerda, esas pequeñitas cosas que necesita aprobar para graduarse? Su primer examen es mañana. Buena suerte.'

Eren levantó el brazo con cabestrillo.

'¿Y cómo pretende que escriba con esto?'

La señora Hoffman le dio una mirada ácida.

'La universidad conseguirá un escriba para ti, querido. Alguien que escriba el examen mientras usted dicta. Eso es, si le queda algo de materia gris útil para dictar.'

Genial, ahí iba su primera excusa. '¿Y quién es mi escriba?'

La señora abrió un registro y repasó una lista de nombres.

Por favor, que sea Armin, por favor que sea Armin. Limpiaré mi cuarto. Mierda, también lavaré la ropa. Solamente, por favor, por el amor de Dios, deja que sea Armin.

'Jean. Jean Kirstein.'

Gracias universo. También te odio.

Eren palideció. '¿Puedo cambiarlo? ¡Cualquier persona está bien!'

'Lo siento. Es el único asistente disponible.'

Le devolvió el cronograma y, mientras Eren comenzaba a alejarse mascullando maldiciones, oyó a la señora Hoffman llamarlo.

'Señor Jaeger, por cierto, ¿qué le pasó a ese brazo suyo?', preguntó ella, sus ojos brillando detrás de sus gafas.

Eren se detuvo y la miró, manteniendo el rostro impasible. 'Ah, me electrocuté mientras salvaba la Tierra de un invasor gigante de Titán.'

La señora Hoffman lo miró largamente.

Y, entonces, rió.

'Sigues leyendo comics, ¿eh?', dijo, volviendo a sus tareas administrativas con un educado sacudón de cabeza.

Cuando Eren volvió a su cuarto, descubrió a un visitante esperándolo afuera, apoyado contra la pared como si fuera el rey y aquel su territorio soberano. Jean no había cambiado mucho desde sus días de la infancia. Su rostro seguía siendo anormalmente largo, su cabello seguía siendo de un mohoso color rubio ceniciento, y tenía esa repelente arrogancia en su aura, por lo tanto de ahí provenía el apodo de 'caracaballo'. Aunque, de vez en cuando, Eren se sentía inclinado a cambiarlo a cara de verga. ¿Por qué, a pesar de todos estos años, ambos seguían descubriendo imposible llevarse bien?

Al acercarse Eren, Jean levantó una mano a modo de saludo.

'Eh', dijo el hombre que vestía una remera oliva con remiendos. 'Así que, parece que seré tu escriba la semana que viene.', observó.

Eren le clavó la mirada y metió las llaves en la cerradura y abrió presuroso la puerta.

Jean esperó la respuesta a su saludo, pero nunca la obtuvo.

'Eh, ¿qué onda con esa mirada?' le recalcó jean. '¿Es manera de tratar a tu benefactor?', preguntó el rubio ceniciento, cruzándose de brazos. Se removió en el umbral del cuarto de Eren, tratando de husmear el interior. 'Digo, deberías estar agradeciéndomelo, Jaeger. Aquí estoy, empleando mi valioso tiempo libre en ayudarte de verdad-'

La puerta se cerró cerca de Jean, casi golpeándole la nariz.

Se frotó el miembro con delicadeza y miró la puerta cerrada con desprecio.

'Bien, Jaeger. Sólo trataba de hacer una pequeña charla. También vine a recordarte que el examen de Mecánica Clásica es mañana.', gritó a la puerta, esperando que el hombre lo pudiera oír. 'Sala Coral. Diez en punto. Prepárate bien, y buena suerte. Rayos, vas a necesitar toda la suerte posible conmigo cerca.'

..-..

Eren se quemó las pestañas toda la noche.

No literalmente.

Pero Eren decidió desvelarse y estudiarse todo. Con la ayuda de, obviamente, los apuntes de Armin, el santo. Su escritorio era un desastre de papeles apiñados, referencias y apoyos que no podía usar. Podía derrotarlo. A este monstruo de dos cabezas, que eran una Jean Kirstein y la otra cabeza Mecánica Clásica. Belcebú y Moloch, era como le gustaba decirles. E iba a hacer a Jean comer el polvo. Estaba seguro de eso.

Sus ojos verdes se movieron furiosamente sobre cada línea en los apuntes, absorbiendo, asimilándolo y, rogó a Dios, que pudiera recordar algo mañana. En algún punto, sus ojos comenzaron a cerrarse y se descubrió quedándose dormido. Así que, ahora, tenía una tercera cabeza que derrotar. Y, quizás, esta sería la más difícil de todas.

Era la tercera cabeza de Cerbero, y se llamaba Sueño.

Eren revolvió en sus cajones, tratando de conseguir algo que masticar. Chicle, una menta, cualquier cosa que hiciera su mandíbula moverse y lo mantuviera despierto. No halló nada que lo ayudara a derrotar a Morfeo (1), pero sí encontró otra cosa.

Una polaroid.

Y deseó nunca haberla hallado.

Era una de las dos fotos que había tomado dos años atrás. Había tenido que, literalmente, sobornar a Reiner para que les tomaras esa foto a los dos. Bajo la foto, Eren había garabateado una frase en el reverso.

La cara de Rivaille cuando sonríe.

Algo se apretujó en su interior y en un repentino estallido de ira, Eren arrojó la foto a la papelera. Se pasó los dedos por los cabellos y volvió su atención a los apuntes de Armin, determinado a no sentirse culpable al respecto.

La ley de gravedad dice que un cuerpo…

La ley de gravedad…

La ley…

Eren se tumbó contra la silla, y soltó un suspiro. Se inclinó debajo de su escritorio y recuperó la polaroid, tomándola suavemente de sus bordes. La puso en su libro de texto y miró larga y atentamente. Al hombre de ojos grises, suspendidos en el tiempo. A sí mismo, suspendido en el tiempo.

Eren apoyó la cabeza en una mano, preguntándose qué estaría pensando Levi aquella vez. El peso del sueño tiraba de sus parpados y Eren se descubrió con pensamientos delirantes.

'Me enseñaste como luchar. Me guiaste en cómo controlar mi ira y en escoger mis batallas. Me mostraste como confiar en mis amigos y colegas. Incluso como amar, Levi… pero olvidaste enseñarme la más importante de todas las enseñanzas…' Eren habló en el silencio de su dormitorio, bajo la luz de su lámpara de escritorio. 'te olvidaste de enseñarme como arreglar un corazón roto. Porque eso es lo que necesito ahora. Para olvidarte. Y lo intento de verdad, sabes. ¿Tienes idea de por qué es tan jodidamente difícil? Porque, donde sea que mire, allí estás. Y sigo teniendo tu voz en mi cabeza… cuando sé… que probablemente ya te lavaste las manos de este mocoso.'

Tuvo nuevamente la sensación de un nudo, y cerró las páginas del libro, enterrando la polaroid dentro. Volvió a los apuntes y parpadeó para ahuyentar el sueño. No, no ahora. Tenía otros monstruos que derrotar.

..-..

La señora Hoffman se metió los auriculares de su iPod en las orejas y se sentó detrás del sucio escritorio del celador, tras haber puesto la atención en el reloj sobre su cabeza.

'Una hora, señor Jaeger, señor Kirstein. Una hora, y recogeré la hoja de respuestas.' Dijo ella, apoyando los pies encima del escritorio y cruzándolos a la altura de los tobillos. Y entonces, ella se dedicó por completa a su lista de reproducción.

Eren y Jean intercambiaron una mutua mirada de desprecio.

Jean se volvió a la hoja en blanco.

'Nombre', leyó. 'Ah, ésa me la sé. Bastardo Suicida, ¿no?'

'Ey', dijo Eren, sonando molesto. 'Más te vale que no escribas eso.'

'Sí, sí. ¿Cuál es tu número, bocón?'

Eren lo miró con sospecha. '¿Cuál… número?'

'El de estudiante, claro, idiota.', le masculló Jean en respuesta. '¿Pensabas que te invitaba a salir?'

Eren frunció el ceño al insulto, pero lo dejó pasar. '643120'.

El rubio ceniza puso un tono profesional. 'Muy bien. La primera de las consignas va así-'

Eren le quitó la hoja, maldiciéndolo. 'Jean, no puedo escribir, pero puedo ver. No necesito que me lo leas en voz alta, como si fuera un nene de dos años en jardín maternal.'

Jean alzó las manos, derrotado. 'Seguro. ¿Quieres leer? Anda, adelante. Tú mandas.'

Miró mientras Jaeger leía el pergamino y se quedaba en un extraño, contemplativo silencio.

'La respuesta es g + m1 + m2 por r.', respondió Eren al fin. A pesar de la ferocidad en sus ojos, un bostezó se le escapó y sacudió la cabeza para mantenerse alerta.

Jean lo miró, mitad admirado y mitad sorprendido.

'Se supone que debes escribirlo', repuso el castaño con fastidio.

Jean tomó la birome y, tras darle a su colega una mirada, escribió, diciendo palabras en voz alta.

No lo sabe.

Eren dejó escapar un fiero rugido, que resonó en el vacío del aula.

'¡Qué diablos, eres un escriba! Haz la mierda que se supone hacen los escribas, imbécil. ¡No me pasé la noche en vela para fallar este semestre mierdoso!'

Jean lo observó atentamente, como si hiciera introspección en el rostro de Jaeger. Procedió a garabatear lo que Eren acababa de decir como una respuesta a la consigna dos.

'Me llamó imbécil', dijo. 'Y llamó al semestre mierdoso', concluyó Jean prolijamente.

Eren hundió su rostro en las manos. Con un suspiro, dejó que su cabeza cayera sobre el escritorio.

'Gracias', dijo, y su voz, extrañamente, no cargaba la fuerza del odio de antes. 'Adelante y cágame. Digo… que más queda…', pero, extrañamente, Eren nunca terminó lo que quería decir.

'Tercera consigna', anunció Jean, pero no obtuvo respuesta del bulto a su lado. Jean hizo una pausa y miró a su despeinado colega castaño. Su cabeza estaba perdida en la protección de un brazo. 'Tercera consigna', repitió Jean, aclarándose la garganta y hablando un poco más alto esta vez.

No hubo sonido alguno del chico a su lado.

Jean le acercó su birome y removió algunos mechones de cabello de la cara de Jaeger.

Casi rió.

Eren Jaeger se quedado dormido.

Jean lo miró largo rato. El chico se veía en paz y menos nervioso cuando dormía. Ja, sorprendente para un chico que había estado rugiendo un minuto antes. Dándole a la señora Hoffman y al reloj una mirada furtiva, Jean arrancó la primera hoja de respuestas y empezó una nueva.

No sabía siquiera por qué estaba haciendo el examen del idiota por él. Quizás, Jean se sentía culpable por haberlo dejado plantado el otro día. O, quizás porque Eren casi se veía desconsolado desde que había regresado.

Pero aquí estaba, haciendo el examen por él.

El universo trabajaba de formas extrañas y misteriosas.

Decidió dejarlo así.

..-..

Jean Kirstein recogía su bolso de los casilleros afuera de la Sala Coral, cuando oyó furiosos pasos retumbando hacia él.

'¡POR QUÉ no me despertaste, imbécil! Oh, Dios, ¿por qué?', demandó Eren, sonando completamente lívido.

Jean se encogió de hombros mientras cerraba el casillero.

'Relájate. Te hice el examen. Conseguirás una decente B, no te preocupes.'

Para su sorpresa, eso pareció agravar aún más al otro joven.

'¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? Estudié toda la noche para ello', vociferó el castaño, y algo brilló en los ojos de Eren. Un descubrimiento lo embargó. 'Ah, lo capto. Te gusta que la gente te deba favores. ¿Es así como funciona para ti, caracaballo? No necesito tu lástima. ¡Sólo despiértame la próxima!', tras decir eso, Eren recuperó sus libros del casillero y salió dando pisotones por el pasillo.

Jean observó mientras algo se deslizaba de uno de los libros de Eren, y flotaba hasta caer al piso.

'Eh, se te cayó algo', le gritó Kirstein, pero Jaeger ya estaba lejos como para oírlo.

Jean se agachó a levantar el objeto y le dio la vuelta.

Era una foto.

De Eren y un hombre que nunca había visto antes.

'Interesante', murmuró Jean para sí mismo, rascándose la barbilla pensativamente.


1 En realidad, aquí decía Sand Man o 'hombre de las arenas', personaje que se supone sopla arena en el rostro de la gente para inducirle el sueño.